Tradiciones particulares

Aviso: Yo pensé en el mundo de Harry Potter, pero J.K Rowling me ganó y ahora es suyo. Está historia sí es mía.

Ted

Navidades en Hogwarts eran una experiencia totalmente nueva y extraña para Ted. Estaba acostumbrado a que, todos los años, sus padres se los llevarían a Gina y a él a visitar a sus abuelos y familia paterna en Escocia; estando allí, tendría que soportar a sus tías mientras pellizcaban sus mejillas y le decían lo apuesto que estaba.

En Hogwarts no había tías regordetas con dedos cual pinzas, solo una Hestia Jones que estaba más que dispuesta a enseñarle a jugar Quidditch, pese a que ella no era parte del equipo y Ted no podía volar sin romper la mitad de los antiguos ventanales que tenía el castillo. Su torpeza de seguro sería mortal en algún momento.

Las decoraciones alrededor del castillo eran, así como la comida, una de las principales razones por las cuales había decidido quedarse los años siguientes. Todos los profesores habían contribuido con hechizos para hacer que el castillo por dentro pareciese una fortaleza de hielo, con las armaduras entonando villancicos que jamás había escuchado en el mundo Muggle. Las celebraciones serían perfectas de no ser por un simple detalle.

Bueno, más bien una simple persona. Una chica de cabello castaño que nunca tenía un solo mechón fuera de lugar, que siempre reía cubriéndose la boca como si pensará que estaba haciendo algo incorrecto y tenía la costumbre de mirar sobre sus hombros con aquellos ojos marrones repletos de miedo. Esa chica a la que le fascinaba molestar diciendo que su nombre era de estrella, perfectamente sabiendo que era una galaxia, solo por verla corrigiéndole con su ceño fruncido y voz de sabelotodo.

Pese a que Ted adoraba la compañía de Hestia, no podía poner en duda lo mucho que extrañaba a Andrómeda.

La última vez que habían podido verse fue en una reunión secreta en la biblioteca, como ambos ya estaban acostumbrados. Andrómeda le estaba ayudando a terminar un ensayo para pociones, mordiendo su labio inferior en total concentración mientras escribía fácilmente los conceptos en aquel pergamino y le contaba a Ted la forma de realizar la poción, que vista de esa manera, sonaba realmente sencilla.

— Deberías ver todo lo bueno que podríamos hacer en las vacaciones: Jugar en la nieve, escabullirte a las cocinas. ¡Te va a encantar por completo!

Andrómeda había parado de escribir entonces, subiendo sus marrones ojos para verlo: — ¿Haremos quiénes?

— Pues tú y yo, eso es obvio. No creo que tu hermana tenga los ojos encima de ti durante el receso, y muchos chicos de tu casa se van para Navidad.

— ¿No te lo había dicho? Yo también tengo que irme.

Eso había desanimado a Ted completamente, sus planes de pasar el tiempo con Andrómeda estaban por el suelo: — ¿No podrías quedarte un poco? ¿Decirles a tus padres el que no quieres ir a casa?

Andrómeda dejó salir una risita seca, algo vacía, y bajó la mirada de nuevo al pergamino que tenía delante. Ted notó, como siempre que trataban el tema de su familia, el que sus hombros adquirían cierta rigidez y su postura se enderezaba demasiado, así como sus manos adquirían un temblor que trataba a duras penas de disimular.

— Desearía poder decirles que no, pero todos los años organizan una fiesta realmente importante a la que asisten varios amigos de la familia —Su voz resaltaba con sarcasmo la palabra "Amigos", dándole a entender a Ted que tenía un significado distinto— Y mis padres están como locos con que Bellatrix y yo estemos presentes. Además —Se detuvo un poco, como si pensará demasiado las palabras que iba a elegir— mi hermanita ha estado mucho tiempo sola, al igual que mis primos. Solo quiero asegurarme de que estén bien.

— Se han quedado en casa todo el tiempo ¿Por qué han de estar mal?

Andrómeda se encogió de hombros, pero luego pareció entender que esa no era una actitud digna de una señorita y simplemente negó. Ted también había notado que ella hacía eso demasiadas veces, el corregirse automáticamente si hacía o decía algo que no se veía refinado o aristocrático: — No es por eso, obviamente en casa jamás estarán mal. Tenemos dinero, comodidades, tienen juguetes y comparten tiempo juntos. Es solo que… bueno, en el caso de Sirius, él tiende a decir cosas sin antes pensarlas y eso molesta demasiado a mi tía.

Ted no podía entender la gravedad en aquella situación o el por qué ameritaba que Andrómeda se fuera con urgencia: — Todos los niños dicen cosas imprudentes, te lo aseguro. Mi mamá es una fuente confiable cuando de eso se trata. Él simplemente demuestra pensamiento lógico desde temprana edad, no es algo malo.

— En mi familia el simple hecho de pensar es malo.

Andrómeda abrió los ojos, consciente de que había dicho algo que no debía a alguien que no tenía que saberlo. Ted simplemente se quedó observándola, tratando de pensar en una excusa para poder desviar la conversación a un tema que no fuera incómodo, pero lamentablemente no podía; desde que había recibido contestación a su carta, aquella que envió a Gina antes de ser amigo oficial de Andrómeda, un solo pensamiento recorría su mente de día y noche: A ella la abusaban en casa.

"No culpes a la chica por lo que puede suceder dentro de su familia" Había escrito Gina en respuesta, enviándola no menos de dos semanas después "Cuando se vive en constante miedo es difícil tratar de romper esas barreras, en lugar de deprimirte o juzgarla deberías tratar de ayudarla. Con los casos que has visto de mamá deberías saber que no es fácil crecer y separarse de un familia abusiva".

Ted había eliminado esos pensamientos y simplemente supuesto que los Black eran estrictos en cuanto la educación, no el que podían llegar a maltratar a sus hijas. Pero Andrómeda daba demasiadas señales de necesitar ayuda urgente.

El crecer con una madre psiquiatra lo había enseñado a nunca dejar pasar el que alguien tuviera un momento difícil. Por eso cuando uno de sus compañeros en la escuela primaria se sentía decaído, o parecía que lo pasaba mal, o estaba claramente asustado por algo Ted se les acercaba y hablaba con ellos, tratando de que se sintieran mejor que antes; algunas veces había escuchado cosas horribles provenientes de sus vidas familiares, cosas que reportó de inmediato en la dirección de la escuela para ayudar a los niños que las sufrían.

Con Andrómeda ansiaba hacer lo mismo, dado que sus sospechas apuntaban a una dirección perturbante: Los gestos de terror cuando decía o hacía algo mal, como si esperará que alguien saltará y la golpeará de un momento a otro, la sumisión con que aceptaba ciertas cosas como el que no pudiera manejar su propio dinero, el verdadero miedo que la llenaba solo de pensar que Bellatrix o algún otro Slytherin pudiese verlos juntos y en especial aquellos comentarios que soltaba de la nada que, para cualquier persona con cinco dedos de frente, daban a entender una situación familiar difícil.

Incluso con Bellatrix, quien trataba en lo más posible de solo ver de lejos, podía notar que aquella actitud de matona atemorizante era solo un escudo para ocultar a una chica que también veía sobre sus hombros, pero en lugar de miedo buscaba aprobación.

— Drómeda… ¿Cómo son tus padres?

— Ya te lo he dicho, mi hermana mayor y yo somos más parecidas a papá físicamente dado que ambas…

— No así, me refiero a ¿Cómo son en tú casa? ¿Cómo son al ser padres?

Andrómeda había rodado los ojos, aquella pregunta algo que le parecía bastante ridículo: — Pues como todos los padres, obviamente.

— Y ¿Cómo es eso?

— ¿Te has criado en un orfanato? ¡Estrictos, Ted, estrictos! Somos una familia conservadora, pudiente y por lo tanto tenemos actitudes estrictas para mantener el orden.

— ¿Cómo castigos físicos? —Ted la vio quedarse quieta, su boca abriéndose y cerrándose pero sin dejar escapar ruido alguno. "Bingo" Pensó Ted "La he atrapado" — Es eso ¿No? Tú definición de estrictos es ser golpeada. ¿Cuántas veces lo han hecho? ¿Desde cuándo lo hacen?

— No tengo la menor idea de lo que hablas.

Ted bufó: — Por supuesto que no lo haces. ¿Es a eso a lo que temías cuando te hiciste mi amiga? Si lo descubren ¿Te golpearan? —Andrómeda siguió escribiendo, por lo que Ted le arrebató el pergamino contra todas las protestas— ¡Por un demonio, Andrómeda, dime algo! ¿Lo hacen también con tu primo? ¿Tus hermanas? ¿Es tu mamá?

— Edward, estás siendo un completo ridículo en estos momentos.

— No es tu mamá, es tu papá —Ted estuvo atento lo suficiente para notar un brillo extraño posarse sobre aquellos ojos marrones— Es tú papá quien lo hace ¿No? Tiene demasiado sentido: Cohibición de desarrollo, prohibición de pensamientos diferentes, siempre hablas de él en voz baja. Es él quien abusa de ustedes ¿No? ¿Ha sido siempre así? ¿Qué tan lejos ha llegado?

Andrómeda se puso inmediatamente en pie, arrojando al suelo la tinta y pluma que tenía en el regazo. Estaba completamente furiosa, sus puños apretados fuertemente a sus costados y parecía querer quemar a Ted con la mirada tan ponzoñosa que le lanzó. Al momento de hablar, su tono era verdaderamente gélido y las palabras cortantes cual guadañas: — Es evidente que un sangre sucia no comprendería en lo más mínimo cómo se comporta una familia de alta clase social mágica. Si no te importa, deseo que dejes de meterte en mis asuntos así como yo jamás lo hago con los tuyos.

Se fue de la biblioteca y no le habló en lo que resto de la semana antes de las vacaciones, pero Ted estaba seguro de sus deducciones. La mayoría de niños eran defensivos a la hora de ser abordados por preguntas en relación a maltrato infantil.

Mientras se intentaba pasar una Bludger, la cual terminó impactando contra un árbol del bosque prohibido, Ted solo podía preguntarse qué tan mal estaba pasando las vacaciones de Navidad con su familia y el hecho de si podría ver algún moretón o cosas peores en su cuerpo.

Y no sabía la razón exactamente, pero aquellas imágenes de Andrómeda siendo golpeada le provocaban unas náuseas bastante alarmantes.

Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Cuando regresó el Viernes antes de la noche buena a su habitación, Ted se encontró con la sorpresa de ver a Bones mirando por el alfeizar de la ventana.

Aunque los dos muchachos nunca entablaban conversación alguna, Ted estaba bastante agradecido por que fuera este chico quien se quedará y no la molestia andante de Smith, con su sonrisita de suficiencia y molestos ademanes de creerse el rey del mundo. Lo bueno de Bones, por lo que Ted sabía, era que el chico era bastante callado y no dejaba el baño desastroso cuando lo abandonaba.

El chico pelirrojo sonrió tímidamente a Ted, como si todavía encontrara incómodo el verlo desde que tuvo que ayudarlo a encontrar el salón de Transformaciones el primer día de clases. Ted le devolvió la sonrisa, sentándose adoloridamente en su cama después de que Hestia lo moliera en su pequeña batalla con bolas de nieve.

Aquella Ravenclaw era verdaderamente competitiva cuando se lo proponía, denotó Ted.

Ambos podrían haberse quedado callados como toda la semana, pero Ted no pudo evitar acordarse el que Bones era sangre pura. Andrómeda le había gritado que él no entendía las costumbres de familias sangre puras de alta clase, y la idea de preguntarle a Smith le daba náuseas por lo cual Bones era una muy buena opción para obtener respuestas verídicas.

Aclarándose la garganta, Ted habló tímidamente: —Bones… ¿Tus dos padres son magos?

El pelirrojo pareció sorprendido ante el que le dedicasen la palabra, pero asintió de igual forma.

Ted se aflojó el cuello de la corbata, claramente incómodo con lo que se estaba proponiendo y ni siquiera sabiendo cómo debía lanzar sus preguntas. No podía simplemente preguntarle si sus padres lo golpeaban, ni mucho menos indagar el si eso era una costumbre popular entre los magos. Obviamente parecería demente y no se vería para nada educado.

Apretó las manos en su regazo y reorganizó algunas ideas que volaban sueltas en su cabeza, de forma que pudiera decirles lo más cortésmente que pudiese: — Las familias en el mundo mágico… ¿Todas tienen formas particulares para educar a sus hijos?

Bones lo miró como si le estuviese creciendo una cabeza de dragón y le hubiese dicho que era el mismo Merlín en persona: — ¿F-f-formas particulares?

— Bueno, ya sabes… tradiciones raras que vengan de familias —Ahora Ted tenía que controlar el sonrojo que se esparcía por sus mejillas ante la idea de verse estúpido— No lo sé, padres que usen violencia…contra sus hijos.

— Mis padres jamás han hecho eso —Bones deslizó sus pies y se quedó viéndolo de frente— Solo familias malas hacen ese tipo de cosas.

— ¿Qué tipo de familias?

Bones abrió sus ojos azules con algo parecido a la molestia, que viniendo de su tímida personalidad, era una nueva faceta: — Familias oscuras, como de los chicos que están en Slytherin. Los Malfoy, los Rosier, los Lestrange, los Black…

Ted se enderezó al escuchar lo último: — ¿Por qué incluyes a los Black? ¿Qué han hecho?

— Es más lo que no han hecho —Bones se levantó para sentarse en su cama, la cual quedaba justo al frente de la Ted. El chico, pese a que todavía se veía un tanto incómodo con recibir atención, parecía bastante feliz de ser quien pudiera tener información útil— Mi papá trabaja en el mismo departamento del Ministerio de Magia que Orión Black y dice que el hombre es realmente maniático. Quería obligar a la gente para que apoyaran una reforma que prohibiera el ingreso de magos que no tuviesen origen sangre pura, y dicen que lo ven haciendo negocios en el callejón Knockturn.

— ¿Qué me dices del otro Black? —Ted se esforzó por todos los medios para recordar el nombre del padre de Andrómeda. ¿Seamus? ¿Sean? ¿Flammel?

— ¿Cygnus Black III? —Ted asintió con bastante energía, acercándose un poco al borde de la cama para escuchar mejor— Mi papá lo ha visto algunas veces, cuando sale para ir al Departamento de cooperación Mágica Internacional dónde Black es el director, dicen que es parecido a su hermano pero un poco más…loco. Creo que dos de sus hijas estudian ahora con nosotros, fanáticas sangre pura, sin duda.

Ted hizo todo lo posible por ignorar el comentario sobre Andrómeda, porque el defender que ella no era una loca por la sangre tendría que llevar a muchas explicaciones y eso pondría a su amiga en una posición que no le quería otorgar: — Pero ese tipo de familias, como los Black, ¿Suelen ser crueles al momento de criar a sus hijos?

Bones pareció pensarlo por unos momentos, como si la respuesta a aquello no fuera algo que debiese contestar a diario: — Pues… se saben que son muy conservadores con todo el asunto de la pureza de la sangre. He oído que algunos suelen asesinar a parientes que se atrevieron a mantener relaciones con algún nacido de Muggles o con personas que no están de acuerdo con esas creencias, todo por esa lista súper famosa de los sagrados veintiocho —Ted trataba de no sentirse horrorizado ante todo lo que Bones contaba, pero cada palabra que salía de su boca era un nuevo golpe en el estómago— También son bastante atrasados culturalmente, la mayoría de las mujeres en esas familias son utilizadas para entablar matrimonios y ya. Nunca hacen nada más con sus vidas, según lo que dice mi mamá a ella le parece cruel que les hagan eso a brujas que tienen demasiado potencial.

— ¿L-l-los Black alguna vez han sido juzgados por eso? ¿No hay alguien dentro del Ministerio que se encargue de casos de maltrato infantil?

— No es raro que cosas como esas ocurran en esas casas, Ted. El Ministerio ya está acostumbrado.

— ¡Pero no está bien! —Ted solo podía pensar en Andrómeda siendo golpeada, obligada a casarse con alguien que no quiere o creer en cosas de las que no está segura. Tragando saliva, trataba de borrar las imágenes de ella siendo asesinada solo porque supieran que hablaba con él— Solo porque algo se vea a menudo no significa que esté bien, el normalizarlo lo vuelve peor ¡Alguien debería solucionarlo! Los niños de los Black podrían tener serios traumas, estar siendo abusados, querer acabar con sus vidas…

— ¿Por qué te interesan tanto los Black? No es como si ellos hablaran contigo.

Ted apartó la mirada y la fijó en su baúl, donde la carta de Gina quemaba fuertemente su memoria: — Me preocupa el saber que alguien puede estar en peligro con gente que vive bajo su mismo techo, eso es todo. Mi mamá ayuda a muchos niños Muggles que tienen ese tipo de problemas, yo solo… pensaba que aquí también existían ese tipo de personas.

Bones pareció compadecerse ante aquella idea: — Es difícil hacer algo con toda la influencia que tienen en el Ministerio. Pero supongo que si alguno de los niños de esas familias quisiera ayuda, ya sabes, la pediría ¿No?

Ted sabía que eso no solía ocurrir. La mayoría de niños que su mamá atendía pensaban que se merecían el abuso, que eran cosas normales que solo debían dejar llevar o reaccionaban agresivamente cuando eran cuestionados por ello.

Pese a que el tema no se volvió a tratar en toda la noche y los dos chicos solo se la pasaron jugando a los Gobstones explosivos, Ted seguía sin quitarse aquella horrible idea de la cabeza.

En especial al pensar que Andrómeda estaba en mayor riesgo por su culpa.