27. Control

Lo había conseguido con creces.

El control del volcán de la Isla Kanon ya era completamente suyo.

Le removía las entrañas cada vez que algo todavía serpenteaba por su interior, cambiándole de sitio los pocos sentimientos que creía albergar. Hacía hervir su ardiente sangre cada vez que le apetecía, amenazando con desbordarla sólo por falso placer.

Había aprendido a gobernar sus pensamientos, tamizándolos para dejar pasar únicamente los más esenciales: cazar, comer, dormir y vuelta a empezar.

Se había acostumbrado a respirar otro aire viciado, el cuál se le antojaba mucho más fresco pese acarrear el aroma de azufre que surge del infierno.

Al fin se había convencido que su llegada a la isla le ofrecía el dominio absoluto sobre su vida, que nada ni nadie iba a desmoronarle jamás sus nuevos sueños, aunque éstos orbitaran alrededor de una maldad nefastamente fingida.

Se asumía con esa autoridad absoluta de los seres que están un eslabón más allá de toda la fragilidad humana.

Y en algunos preciosos momentos se lo creía de verdad.

Hasta que acudía a visitarle él.

Hasta que ese cosmos amigo le aceleraba el corazón con cada una de sus esperadas llegadas.

Hasta que dejaba de pensar en oscuro y solamente podía centrarse en las ganas que le nacían de saborear esos labios dispuestos, esa boca traviesa.

Hasta que las ansias de sexo, conversación, cercanía o incluso compañía silenciosa y cómplice le derrumbaban la fachada que tan bien deseaba levantar.

En definitiva...hasta que Asmita irrumpía en su mundo.

Entonces, cualquier rastro de control desaparecía.