La persona a la que Ginny Z se había dirigido era Amelia Bones. La señora Bones estaba ansiosa por saber cómo el muchacho había sobrevivido. Respiró y convocó el libro para empezar con el capítulo que le tocaba leer

Cuando el mismo llegó a sus manos, se aclaró la garganta y dijo: Capítulo 25. El heredero de Slytherin.

-Es un hombre- empezó Bill.

-¿Por qué lo dices?- preguntó Ron asombrado interrumpiendo a su hermano.

-Porque el nombre del capítulo es "el heredero"- contestó Bill.

-Es algo así- replicó Harry.

-Más o menos- agregó Albus P porque para él, Ginny si había sido algo consciente.

Amelia curiosa siguió.

Se hallaba en el extremo de una sala muy grande, apenas iluminada. Altísimas columnas de piedra talladas con serpientes enlazadas se elevaban para sostener un techo que se perdía en la oscuridad, proyectando largas sombras ne gras sobre la extraña penumbra verdosa que reinaba en la estancia.

-Salazar estás obsesionado con las serpientes- afirmó Helga con un poco de miedo.

-Bueno, es que me gustan- se defendió Salazar.

-Pueden gustarte pero la cámara debe reflejarnos a todos- dijo un poco ofendida Rowena.

-Lo hace, la cámara es muy grande- replicó Salazar. (1)

Muchos quedaron sorprendidos por esto y Amelia siguió.

Con el corazón latiéndole muy rápido, Harry escuchó aquel silencio de ultratumba. ¿Estaría el basilisco acechan do en algún rincón oscuro, detrás de una columna? ¿Y dónde estaría Ginny? (Qué preguntas tan difíciles y tétricas pensó Albus P mirando a su papá con bastante admiración.)

Sacó su varita y avanzó por entre las columnas decora das con serpientes. Sus pasos resonaban en los muros som bríos. Iba con los ojos entornados, dispuesto a cerrarlos com pletamente al menor indicio de movimiento. (Muy inteligente y alerta de su parte pensó Alastor.) Le parecía que las serpientes de piedra lo vigilaban desde las cuencas va cías de sus ojos. Más de una vez, el corazón le dio un vuelco al creer que alguna se movía. (Lo hace también puede captar algunas impresiones mágicas desde el exterior de la cámara para mostrármelas pensó Salazar.) (2)

Al llegar al último par de columnas, vio una estatua, tan alta como la misma cámara, que surgía imponente, ado sada al muro del fondo. (Soy yo pensó Salazar.)

Harry tuvo que echar atrás la cabeza para poder ver el rostro gigantesco que la coronaba: era un rostro antiguo y simiesco, con una barba larga y fina que le llegaba casi has ta el final de la amplia túnica de mago, donde unos enormes pies de color gris se asentaban sobre el liso suelo.

-Eres tú, sal- afirmó Helga

-Exacto, ya me dí cuenta- replicó Salazar y agregó para calmar un pocos los ánimos- le faltó decir que soy muy galante.

-No lo eres- comentó Rowena con sorna.

Amelia miró al hombre, parecía que había intentado bromear. Luego miró a los bromistas empedernidos y se sorprendió de no ver en ellos un atisbo de sonrisa, de hecho le asustó lo serios que estaban. Después volvió al libro y continuó leyendo.

Y entre los pies, boca abajo, vio una pequeña figura con túnica ne gra y el cabello de un rojo encendido. (-Eres tú, mamá- murmuró Valery Z. La mencionada asintió mientras veía a su versión joven sonreír tensamente frente a la palmada tierna de Bill.)

¡Ginny! —susurró Harry, corriendo hacia ella e hin cándose de rodillas—. ¡Ginny! ¡No estés muerta! ¡Por favor, no estés muerta! —Dejó la varita a un lado, cogió a Ginny por los hombros y le dio la vuelta. Tenía la cara tan blanca y fría como el mármol, aunque los ojos estaban cerrados, así que no estaba petrificada. Pero entonces tenía que estar...—. Ginny, por favor, despierta —susurró Harry sin esperanza, agitándola. La cabeza de Ginny se movió, inanimada, de un lado a otro. (Debió ser horrible para mi amigo pensó Ron con impotencia.)

No despertará —dijo una voz suave.

Harry se enderezó de un salto.

-Me asustó de muerte- dijo Harry.

-¿Quién era?- preguntó Sirius que tenía un mal presentimiento.

-Ya lo dice- terminó Hermione con un poco de miedo mientras le agarraba la mano a Harry para poder calmarse.

Un muchacho alto, de pelo negro, estaba apoyado con tra la columna más cercana, mirándole. Tenía los contornos borrosos, como Harry si lo estuviera mirando a través de un cristal empañado. (Que comparaciones las del señor Potter, me encantan pensó Kingsley.) Pero no había dudas sobre quién era.

Tom... ¿Tom Ryddle?

Ryddle asintió con la cabeza, sin apartar los ojos del rostro de Harry. (Un fanático más. Pero no ha envejecido, eso es extraño pensó Charlus con enojo.) (3)

¿Qué quieres decir? ¿Por qué no despertará? —dijo Harry desesperado—. ¿Ella no está... no está...?

Todavía está viva —contestó Ryddle—, pero por muy poco tiempo. (Maldito bastardo, Harry tiene razón no merece que tengamos miedo a su nombre pensó furioso Ron.)

Harry lo miró detenidamente. Tom Ryddle había estu diado en Hogwarts hacía cincuenta años, y sin embargo allí, bajo aquella luz rara, neblinosa y brillante, aparentaba te ner dieciséis años, ni un día más. (Buena observación, sigue así muchacho pensó alentando Alastor.)

¿Eres un fantasma? —preguntó Harry dubitativo.

Soy un recuerdo —respondió Ryddle tranquilamen te— guardado en un diario durante cincuenta años. (Solamente se logra con magia negra pensó Godric mientras Salazar pensaba algo tengo que hacer con mis futuros herederos.)

Ryddle señaló hacia los gigantescos dedos de los pies de la estatua. Allí se encontraba, abierto, el pequeño diario ne gro que Harry había hallado en los aseos de Myrtle la Lloro na. Durante un segundo, Harry se preguntó cómo habría llegado hasta allí. Pero tenía asuntos más importantes en los que pensar. (Tiene razón, primero tiene que sobrevivir pensó Sirius.)

Tienes que ayudarme, Tom —dijo Harry, volviendo a levantar la cabeza de Ginny—. Tenemos que sacarla de aquí. Hay un basilisco... No sé dónde está, pero podría llegar en cualquier momento. Por favor, ayúdame... (Me parece que el maldito no te ayudará pensó Bill con furia provocando que sus ojos se encendieran como si fuera a matar a alguien con la mirada.)

Ryddle no se movió. Harry, sudando, logró levantar a medias a Ginny del suelo, y se inclinó a recoger su varita. (No debí dejar mi varita tirada, que tonto fui pensó Harry.)

Pero la varita ya no estaba.

¿Has visto...?

Levantó los ojos. Ryddle seguía mirándolo... y juguetea ba con la varita de Harry entre los dedos. (Que mal que suena eso pensaron Neville y Frank.)

Gracias —dijo Harry, tendiendo la mano para que el muchacho se la devolviera.

Una sonrisa curvó las comisuras de la boca de Ryddle. Siguió mirando a Harry, jugando indolente con la varita. (Sigo pensando que suena tremendamente sexual pensaron Neville y Frank.)

Escucha —dijo Harry con impaciencia. Las rodillas se le doblaban bajo el peso muerto de Ginny—. ¡Tenemos que huir! Si aparece el basilisco...

No vendrá si no es llamado —dijo Ryddle con toda tranquilidad.

-Por lo tanto, él sabe quién es el heredero- comentó Reg.

-Debe ser él- sentenció Caro con enojo.

Antes de que alguien le preguntara a la muchacha como lo sabía, Amelia continuó leyendo.

Harry volvió a posar a Ginny en el suelo, incapaz de sos tenerla.

¿Qué quieres decir? —preguntó—. Mira, dame la va rita, podría necesitarla.

La sonrisa de Ryddle se hizo más evidente.

No la necesitarás —repuso. (Es un desgraciado de mierda pensó Hermione P.)

Harry lo miró.

¿A qué te refieres, yo no...?

He esperado este momento durante mucho tiempo, Harry Potter —dijo Ryddle—. Quería verte. Y hablarte. (Otro fanático de porquería pensó Lily furiosa.)

Mira —dijo Harry, perdiendo la paciencia—, me pare ce que no lo has entendido: estamos en la Cámara de los Se cretos. Ya tendremos tiempo de hablar luego.

-Educado hasta la médula- comentó Dorea.

-Aunque el miserable no lo merece- agregó Elizabeth.

-Ese es nuestro nieto- sentenciaron Hugo E y Charlus.

Amelia siguió luego de mirar asombrada al muchacho.

Vamos a hablar ahora —dijo Ryddle, sin dejar de son reír, y se guardó en el bolsillo la varita de Harry.

Harry lo miró. Allí sucedía algo muy raro.

-Ahora hasta creo que Caro tiene razón y Tom es el heredero- dijo con rabia Lunático.

Amelia asintió y continuó.

¿Cómo ha llegado Ginny a este estado? —preguntó, hablando despacio.

Bueno, ésa es una cuestión interesante —dijo Ryddle, con agrado—. Es una larga historia. Supongo que el verda dero motivo por el que Ginny está así es que le abrió el cora zón y le reveló todos sus secretos a un extraño invisible.

-En un maldito- dijo furioso Bill.

-Ginny sólo necesitaba hablar con alguien- siguió Fabián.

-Lo más raro de esta situación es- empezó Charlie y agregó preguntando y dirigiéndose a Percy, Fred, George y Ron- ¿Dónde estaban ustedes?

-Ella no se acercó a nosotros- dijeron Fred y George.

-Yo intenté hacer algo pero ella no tiene tanta confianza en mí- contestó Percy.

-Yo estaba disponible pero por muchas razones, una de ellas culpa de mamá, Ginny no pidió mi ayuda- dijo Ron.

-¿Por qué por mi culpa?- preguntó Molly W confusa.

-Ya hablaremos mamá- contestó Ron. (4)

Amelia continuó.

¿De qué hablas? —dijo Harry.

Del diario —respondió Ryddle—. De mi diario. La pe queña Ginny ha estado escribiendo en él durante muchos meses, contándome todas sus penas y congojas: que sus her manos se burlaban de ella, que tenía que venir al colegio con túnica y libros de segunda mano, que...

-Así que no eres tan diferente de Ron- dijo Caro.

-Se quejan ambos de lo que no tienen. Sin embargo, no se dan cuenta de que hay muchos que no tienen ni casa, ni ropa, ni comida adecuada- explicó Elizabeth (5)

Amelia decidió seguir al ver las caras de la mayoría de los sangre puras.

... —A Ryddle le brillaron los ojos—... pensaba que el famoso, el bueno, el gran Harry Potter no llegaría nunca a quererla...

-Sabes es raro, ni siquiera lo conoces, solo te basas en lo que está escrito en los libros sobre las supuestas aventuras que describen lo que Harry hizo- empezó Caro mirando a Ginny.

-Famoso es sí. Pero hay que pensar que no recuerda que fue lo que lo hizo famoso- siguió Rose mientras observaba a su tía con fijeza.

-Bueno es, a pesar de la infancia que tuvo- agregó por pesadez Albus P.

-En cuanto a gran, no sabías nada de él, como puedes decir o pensar que tiene esa cualidad- aportó Scorpius.

-Para concluir Ginny, si bien Hermione me leyó en los libros, se dio el tiempo de conocerme. Sin olvidar, que yo nunca saldría con una persona que sé que es una fanática- concluyó Harry. (6)

Ginny miró a los que habían hablado con ella y luego miró a su versión grande. Ginny Z asintió de acuerdo con los que habían hablado porque recordaba lo que intentó en su quinto año.

A raíz de ese asentimiento, la niña de doce años escondió su cara detrás de sus manos y Amelia decidió seguir.

Mientras hablaba, Ryddle mantenía los ojos fijos en Harry. Había en ellos una mirada casi ávida.

Es una lata tener que oír las tonterías de una niña de once años —siguió—. Pero me armé de paciencia. Le contes té por escrito. Fui comprensivo, fui bondadoso. Ginny, sim plemente, me adoraba: Nadie me ha comprendido nunca como tú, Tom... Estoy tan contenta de poder confiar en este diario... Es como tener un amigo que se puede llevar en el bolsillo... (Que bastardo ese Tom, burlarse de lo que siente una persona pensó Lily.)

Ryddle se rió con una risa potente y fría que parecía aje na. A Harry se le erizaron los pelos de la nuca.

Si es necesario que yo lo diga, Harry, la verdad es que siempre he fascinado a la gente que me ha convenido. Así que Ginny me abrió su alma, y era precisamente su alma lo que yo quería. Me hice cada vez más fuerte alimentándo me de sus temores y de sus profundos secretos. Me hice más poderoso, mucho más que la pequeña señorita Weasley. Lo bastante poderoso para empezar a alimentar a la señorita Weasley con algunos de mis propios secretos, para empezar a darle un poco de mi alma...

-Tiene lógica. Para muchos las palabras de los importantes, de los poderosos, de los ricos es más valiosa, no importa si están mintiendo- dijo Rose.

-Para muchos los que tienen alguna autoridad tienen razón y deben respetarse sin pensar. Es como si no pudieran reflexionar por sí mismos- comentó Albus P.

-Eso es lo que más odio del mundo mágico inglés. Son como ovejas, no piensan, ni hacen nada por sí mismos- concluyó Scorpius. (7)

Amelia quedó asombrada y pensó nunca dudé de mi padre, ni de mis profesores cuando fui estudiante. Tal vez, es hora de que haga algo diferente para mejorar mi mundo.

Luego de ese pensamiento carraspeó y continuó leyendo.

¿Qué quieres decir? —preguntó Harry, con la boca completamente seca.

¿Todavía no lo adivinas, Harry Potter? —dijo sin in mutarse Ryddle—. Ginny Weasley abrió la Cámara de los Secretos. Ella retorció el pescuezo a los gallos del colegio y pintarrajeó pavorosos mensajes en las paredes. Ella echó la serpiente de Slytherin contra los cuatro sangre sucia y el gato del squib.

-Pero eso es imposible- dijo Sirius.

-Es obvio Sirius que como Ginny fue poseída y es una sangre pura, no se hizo nada. Si hubiera sido alguien como Caro, la habrían suspendido- explicó Reg con furia. (8)

Los Weasley que sabían lo que había pasado bajaron la cabeza dando a entender al resto que lo que pasó es lo acababa de comentar Regulus Black.

Amelia suspiró por la injusticia y continuó el capítulo.

No —susurró Harry.

Sí —dijo Ryddle con calma—. Por supuesto, al prin cipio ella no sabía lo que hacia. Fue muy divertido. Me gus taría que hubieras podido ver las anotaciones que escribía en el diario... Se volvieron mucho más interesantes... Que rido Tom —recitó, contemplando la horrorizada cara de Harry—, creo que estoy perdiendo la memoria. He encon trado plumas de gallo en mi túnica y no sé por qué están ahí. Querido Tom, no recuerdo lo que hice la noche de Ha lloween, pero han atacado a un gato y yo tengo manchas de pintura en la túnica. Querido Tom, Percy me sigue diciendo que estoy pálida y que no parezco yo.

-A pesar de toda la importancia que le das a tus ambiciones- empezó Albus P.

-Eres un buen hermano, y te preocupaste por ella, tío Percy- terminó Valery Z un poco llorosa.

Blaise Z la abrazó para calmarla, Percy enrojeció por el alago y Amelia decidió seguir.

Creo que sospecha de mí... Hoy ha habido otro ataque y no sé dónde me encontra ba en aquel momento. ¿Qué voy a hacer, Tom? Creo que me estoy volviendo loca. ¡Me parece que soy yo la que ataca a todo el mundo, Tom!

-Que horrible persona- dijo Elizabeth furiosa.

-La verdad que no estás muy alejada de la verdad, abuela- comentó Harry P.

Amelia continuó antes de que los Weasley quisieran quitarle el libro de las manos para poder quemarlo.

Harry tenía los puños apretados y se clavaba las uñas en las palmas. (Con mucha razón pensaron Albus P. Rose y Scorp.)

Le llevó mucho tiempo a esa tonta de Ginny dejar de confiar en su diario —explicó Ryddle—. Pero al final sospe chó e intentó deshacerse de él. Y entonces apareciste tú, Harry. Tú lo encontraste, y nada podría haberme hecho tan feliz. De todos los que podrían haberlo cogido, fuiste tú, la persona a la que yo tenía más ganas de conocer... (Otro loco pensó Hugo G.)

¿Y por qué querías conocerme? —preguntó Harry La ira lo embargaba y tenía que hacer un gran esfuerzo para mantener firme la voz.

-Buenas preguntas, muchacho- dijo Alastor.

-Lo que me parece extraño es que no le grites- comentó Sirius recordando el carácter de la pelirroja que le heredó a su hijo.

-No serviría de nada. A parte, no te olvides de que tiene mi varita- explicó Harry.

Amelia pensó éste muchacho es bueno y siguió con la lectura.

Bueno, verás, Ginny me lo contó todo sobre ti, Harry —dijo Ryddle—. Toda tu fascinante historia. —Sus ojos va garon por la cicatriz en forma de rayo que Harry tenía en la frente, y su expresión se volvió más ávida—. Quería averi guar más sobre ti, hablar contigo, conocerte si era posible, así que decidí mostrarte mi famosa captura de ese zopenco, Hagrid, para ganarme tu confianza.

-Es por eso que Harry casi muere- dijo Lily.

-Pudo haber sido fatal para él, porque no supiste portarte como una sangre pura- sentenció Reg mirando a Ginny. (9)

Amelia continuó porque si bien estaba de acuerdo, no le parecía que este fuera el momento para reclamarle algo a la niña.

Hagrid es mi amigo —dijo Harry, con voz tembloro sa—. Y tú lo acusaste, ¿no? Creí que habías cometido un error, pero... (Porque no creí que el colegio fuera tan intolerante pensó Harry que todavía había tenido algo de esperanza.)

Ryddle volvió a reírse con su risa sonora.

Era mi palabra contra la de Hagrid. Bueno, ya te pue des imaginar lo que pensaría el viejo Armando Dippet. Por un lado, Tom Ryddle, pobre pero muy inteligente, sin padres pero muy valeroso, prefecto del colegio, estudiante modelo; por el otro lado, el grandulón e idiota de Hagrid, que tenía pro blemas cada dos por tres, que intentaba criar cachorros de hombre lobo debajo de la cama, que se escapaba al bosque prohibido para luchar con los trols. (Tremendo humilde el muchacho pensó Jane G con ironía mientras su marido pensaba la fama de Hagrid lo procede.) Pero admito que incluso yo me sorprendí de lo bien que funcionó mi plan. Creía que alguien al fin comprendería que Hagrid no podía ser el he redero de Slytherin. Me había llevado cinco años averiguar lo todo sobre la Cámara de los Secretos y descubrir la entra da oculta... ¡como si Hagrid tuviera la inteligencia o el poder necesarios!

-En eso tiene razón- empezó Slytherin.

-El heredero de cualquier casa tiene que estar en la misma casa que el fundador del cual es heredero- terminó Godric.

Helga, Rowena y Amelia asintieron y la última siguió leyendo.

»Sólo el profesor de Transformaciones, Dumbledore, creía en la inocencia de Hagrid. Convenció a Dippet para que retuviera a Hagrid y le enseñara el oficio de guarda. Sí, creo que Dumbledore podría haberlo adivinado. A Dumble dore nunca le gusté tanto como a los otros profesores...

-Porque es más inteligente que los demás- comentó Minerva furiosa.

Amelia continuó mientras Albus D pensó tengo que agradecerle a Minerva que me defienda así.

Me apuesto algo a que Dumbledore descubrió tus in tenciones —dijo Harry, rechinando los dientes.

Bueno, es verdad que él me vigiló mucho más después de la expulsión de Hagrid, me fastidió bastante —dijo Ryddle sin darle importancia—. Me di cuenta de que no sería pru dente volver a abrir la cámara mientras siguiera estudiando en el colegio. Pero no iba a desperdiciar todos los años que ha bía pasado buscándola. Decidí dejar un diario, conservándo me en sus páginas con mis dieciséis años de entonces, para que algún día, con un poco de suerte, sirviese de guía para que otro siguiera mis pasos y completara la noble tarea de Sala zar Slytherin.

-Esa no es la tarea que creo que le propuse al basilisco- dijo Salazar.

-La tarea no debe ser en contra de ninguno de los estudiantes- siguió Godric.

-¿Cuál cree que es, señor Slytherin?- preguntó Hermione.

-Proteger al colegio de los invasores, sobre todo de los muggles de las Iglesias que quieren atacarlo. Hay que tener en cuenta el momento histórico del que venimos- explicó Salazar.

Muchos lo miraron sorprendidos y Amelia cuando pudo procesar la posible misión del basilisco, prosiguió leyendo.

Bueno, pues no la has completado —dijo Harry en tono triunfante—. Nadie ha muerto esta vez, ni siquiera el gato. Dentro de unas pocas horas la pócima de mandrágora estará lista y todos los petrificados volverán a la norma lidad.

-Dale su merecido, Harry- dijo Ron con ánimo.

-Ya voy, espera un poco- terminó Harry.

Amelia siguió mirando previamente a ambos muchachos.

¿No te he dicho todavía —dijo Ryddle con suavidad—que ya no me preocupa matar a los sangre sucia? Desde hace meses mi nuevo objetivo has sido... tú. (Debí habérmelo imaginado pensó Sirius.) . —Harry lo miró—. Imagina mi disgusto cuando alguien volvió a abrir mi diario, y ya no eras tú quien me escribía, sino Ginny. Ella te vio con el diario y se puso muy nerviosa. ¿Y si averiguabas cómo fun cionaba, y el diario te contaba todos sus secretos? ¿Y si, lo que aún era peor, te decía quién había retorcido el pescuezo a los pollos?

-¿Eso es lo que te importaba?- preguntó Fabián.

-Sí, no quería que se enterara de lo que había hecho- respondió Ginny un poco avergonzada.

-No te importaba el daño que le podría hacer a Harry- comentó Lily enojada con la niña. (10)

Amelia miró un poco disgustada a la niña y continuó leyendo antes de que alguien más hablara.

Así que esa mocosa esperó a que tu dormitorio queda ra vacío y te lo robó. Pero yo ya sabía lo que tenía que hacer. Era evidente que tú ibas detrás del heredero de Slytherin. Por todo lo que Ginny me había dicho sobre ti, yo sabía que irías al fin del mundo para resolver el misterio... y más si ata caban a uno de tus mejores amigos. Y Ginny me había dicho que todo el colegio era un hervidero de rumores porque te ha bían oído hablar pársel...

-¿Cómo supo Tom que Hermione era amiga de Harry?- preguntó Bill un poco decepcionado porque sabía que Ginny había dado esa información.

-Yo se lo dije- contestó Ginny confirmando la idea de su hermano mayor.

-¿Antes o después de que recuperarás el diario?- preguntó Ron.

-Luego- contestó Ginny sintiéndose mal.

-Te das cuenta que ya sabías que el diario era un objeto encantado y seguiste brindándole información- dijo Remus.

-Lo único que te importaba era que Hermione estuviera fuera para poder ocupar su lugar- siguió Reg. (11)

-Debiste entregar el diario a algún docente- sentenció Caro.

Amelia miró a la chica y pensó esta es sólo una fanática obsesionada. Y debe seguir un tratamiento por haber sido poseída (12). Luego respiró profundamente y siguió leyendo.

»Así que hice que Ginny escribiera en la pared su propia despedida y bajara a esperarte. Luchó y gritó y se puso muy pe sada. Pero ya casi no le quedaba vida: había puesto demasiado en el diario, en mí. Lo suficiente para que yo pudiera salir al fin de las páginas. He estado esperándote desde que llega mos. Sabía que vendrías. (Por culpa de Ginny. No hubiera ido de no haber sido ella secuestrada y no haber estado Hermione atacada pensó Harry recordando como la extrañó.) Tengo muchas preguntas que ha certe, Harry Potter.

¿Como cuál? —soltó Harry, con los puños aún apre tados.

Bueno —dijo Ryddle, sonriendo—, ¿cómo es que un bebé sin un talento mágico extraordinario derrota al mago más grande de todos los tiempos? ¿Cómo escapaste sin más daño que una cicatriz, mientras que lord Voldemort perdió sus poderes?

-Debo admitir que son buenas preguntas- dijo Kingsley.

-Pero menosprecia los poderes de otros que no sean como los de él- terminó Charlus furioso.

-Se deja llevar por lo que le contó Ginny de Harry y sus poderes. Lo digo porque ella no sabe nada de mi nieto- siguió Dorea.

-Y aunque Harry no sea el mejor en el aspecto académico, es un buen mago- terminó Lily con cariño. (13)

Harry se sonrojó y Amelia asintió de acuerdo con las palabras de Lily y siguió con la lectura.

En aquel momento apareció un extraño brillo rojo en su mirada.

¿Por qué te preocupa cómo me libré? —dijo Harry despacio—. Voldemort fue posterior a ti.

-Buena observación- comentó Alastor.

-A parte de que al no responderle nada le das algo de lo que quejarse- dijo Kingsley sonriendo.

Muchos sonrieron y Amelia siguió.

Voldemort —dijo Ryddle imperturbable— es mi pa sado, mi presente y mi futuro, Harry Potter...

Sacó del bolsillo la varita de Harry y escribió en el aire con ella tres resplandecientes palabras:

TOM SORVOLO RYDDLE

Luego volvió a agitar la varita, y las letras cambiaron de lugar:

SOY LORD VOLDEMORT

-Ese hijo de puta es un mestizo, menudo hipócrita- dijo Theo enojado.

-Pero- empezó tentativo Lucius M volviéndose pálido.

-Sigues a un perdedor que además es un mentiroso que no tiene donde caerse muerto- comentó Alastor mirando al rubio y sonriendo haciendo que todos se rieran de Lucius M.

Amelia tuvo que tomar un poco de agua porque de la sorpresa al nuevo dato sobre el tipo que muchos no nombraban se había atragantado.

Ahora muchos entendían porque Harry había dicho a Hagrid en el libro anterior que Voldemort le hizo algo al guardabosque, dado que indirectamente por culpa de Tom, Hagrid fue expulsado.

Cuando se dejaron de reír por la ironía, Amelia que estaba más calmada, siguió.

¿Ves? —susurró—. Es un nombre que yo ya usaba en Hogwarts, aunque sólo entre mis amigos más íntimos, claro. ¿Crees que iba a usar siempre mi sucio nombre muggle? ¿Yo, que soy descendiente del mismísimo Salazar Slytherin, por parte de madre? ¿Conservar yo el nombre de un vulgar muggle que me abandonó antes de que yo naciera, sólo por que se enteró de que su mujer era bruja? (Eso no fue así, Tom pensó Harry P suspirando.) No, Harry. Me di un nuevo nombre, un nombre que sabía que un día teme rían pronunciar todos los magos, ¡cuando yo llegara a ser el hechicero más grande del mundo! (-El mago más egocéntrico del mundo querrá decir- murmuró Fabian a Gideon. Éste último asintió.)

A Harry pareció bloqueársele el cerebro. Miraba como atontado a Ryddle, al huérfano que se convirtió en el asesi no de sus padres, y de otra mucha gente... Al final hizo un esfuerzo por hablar. (Ponlo en su lugar, nieto pensó Hugo E.)

No lo eres —dijo. Su voz aparentemente calmada es taba llena de odio.

¿No soy qué? —preguntó Ryddle bruscamente.

No eres el hechicero más grande del mundo —dijo Harry, con la respiración agitada—. Lamento decepcionarte pero el mejor mago del mundo es Albus Dumbledore. Todos lo dicen.

-¡Harry eres el mejor!- exclamó Lily con una mirada endemoniada.

-Seguro que le cayó como un balde de agua helada- siguió Caro con los ojos brillantes de maldad.

Harry sonrió con el mismo brillo en la mirada que las mujeres y Amelia siguió.

Ni siquiera cuando eras fuerte te atreviste a apode rarte de Hogwarts. Dumbledore te descubrió cuando esta bas en el colegio y todavía le tienes miedo, te escondas don de te escondas. (Mi primo es el mejor pensó Dudley.)

De la cara de Ryddle había desaparecido la sonrisa, y había ocupado su lugar una mirada de desprecio absoluto.

-Se le cayó la entrada triunfal- dijo Reg.

-Eso le pasa por ser un bastardo- comentó furioso Albus P.

-Y por querer matar al padrino- sentenciaron Scorp y Rose.

Amelia decidió seguir.

¡A Dumbledore lo han echado del castillo gracias a mi simple recuerdo! —dijo Ryddle, irritado. (En eso no se equivocó del todo pensó Arthur.)

No está tan lejos como crees —replicó Harry. Hablaba casi sin pensar, con la intención de asustar a Ryddle y de seando, más que creyendo, que lo que afirmaba fuese verdad. (No estaba tan lejos pensó Albus D sintiendo orgullo por el muchacho.)

Ryddle abrió la boca, pero no dijo nada.

Llegaba música de algún lugar. Ryddle se volvió para comprobar que en la cámara no había nadie más. Pero aque lla música sonaba cada vez más y más fuerte. Era inquietan te, estremecedora, sobrenatural.

-Es Fawkes- comentó Caro.

-¿Cómo es que lo sabes?- preguntó Ron dando a entender a la gente que la muchacha había acertado.

-Porque el brillo cegador aparece justo luego de que Harry defendiera al director con mucha determinación- explicó Caro.

Amelia continuó.

A Harry le puso los pelos de punta y le pareció que el corazón iba a salírsele del pecho. Luego, cuando la música alcanzó tal fuerza que Harry la sen tía vibrar en su interior, surgieron llamas de la columna más cercana a él. (-Fawkes y sus grandes entradas- murmuró Caro a Reg. El moreno le sonrió a la chica mientras la agarraba de la mano.)

Apareció de repente un pájaro carmesí del tamaño de un cisne, que entonaba hacia el techo abovedado su rara música. Tenía una cola dorada y brillante, tan larga como la de un pavo real, y brillantes garras doradas, con las que su jetaba un fardo de harapos. (¿Qué será eso? pensó preguntándose Sirius cuyo semblante era de color blanco brillante.)

El pájaro se encaminó derecho a Harry, dejó caer el far do a sus pies y se le posó en el hombro. Cuando plegó las grandes alas, Harry levantó la mirada y vio que tenía un pico dorado afilado y los ojos redondos y brillantes. (Todo lo que es bueno para Harry, brilla pensó Charlus.)

El pájaro dejó de cantar y acercó su cuerpo cálido a la mejilla de Harry, sin dejar de mirar fijamente a Ryddle.

Es un fénix —dijo Ryddle, devolviéndole una mirada perspicaz.

¿Fawkes? —musitó Harry, sintiendo la suave presión de las garras doradas. (Harry siempre tan lindo pensó Hermione.)

Y eso —dijo Ryddle, mirando el fardo que Fawkes ha bía dejado caer—, eso no es más que el viejo Sombrero Se leccionador del colegio. (No creas que sólo es eso pensó Godric con mirada maliciosa sabiendo lo que Harry pudo sacar del sombrero.)

Así era. Remendado, deshilachado y sucio, el sombrero yacía inmóvil a los pies de Harry.

Ryddle volvió a reír. Rió tan fuerte que su risa se multi plicó en la oscura cámara, como si estuvieran riendo diez Ryddles al mismo tiempo. (Que horrible y espeluznante sensación pensó Lavander mirando a su compañero.)

¡Eso es lo que Dumbledore envía a su defensor: un pá jaro cantor y un sombrero viejo! ¿Te sientes más seguro, Harry Potter? ¿Te sientes a salvo?

Harry no respondió. No veía la utilidad de Fawkes ni del viejo sombrero, pero ya no se sentía solo, y aguardó con creciente valor a que Ryddle dejara de reír. (Una cosa que me hacía sentir mejor y que en ese momento me daba esperanza pensó Harry.) (14)

A lo que íbamos, Harry —dijo Ryddle, sonriendo toda vía con ganas—. En dos ocasiones, en tu pasado, en mi futu ro, nos hemos encontrado. Han sido dos ocasiones en que no he logrado matarte. ¿Cómo sobreviviste? Cuéntamelo todo. Cuanto más hables —añadió con voz suave—, más tardarás en morir.

Harry pensó deprisa, sopesando sus posibilidades. Ryd dle tenía la varita; él tenía a Fawkes y el Sombrero Seleccio nador, que no resultarían de gran utilidad en un duelo. No prometían mucho, la verdad.

-Pero eso no significa que no sirviera para nada- explicó Harry.

-A veces lo que brilla no es oro- respondió Hermione.

Muchos de los que conocían ese dicho muggle entendieron porque lo había dicho la castaña y Amelia curiosa siguió leyendo.

Pero cuanto más tiempo per maneciera Ryddle allí, menos vida le quedaría a Ginny... Harry percibió algo de pronto: en el tiempo que llevaban en la cámara, los contornos de la imagen de Ryddle se habían vuelto más claros, más corpóreos. Si Ryddle y él tenían que luchar, mejor que fuera pronto. (Eso es cierto pensó Valery Z porque tenía miedo por la situación que estaba viviendo su madre.)

Nadie sabe por qué perdiste tus poderes al atacarme —dijo bruscamente Harry—. Yo tampoco. Pero sé por qué no pudiste matarme: porque mi madre murió para salvarme. Mi vulgar madre de origen muggle —añadió, temblando de rabia—; ella evitó que me mataras. Y yo te he visto de ver dad, te vi el año pasado. Eres una ruina. Apenas estás vivo. A esto te ha llevado todo tu poder. Te ocultas. ¡Eres horrible, inmundo!

-Harry tienes tremendo mal genio- dijo Ron con los ojos bien abiertos del asombro.

-Y que tremendas palabras las tuyas muchacho- agregó Alastor.

Amelia iba a continuar y Harry explicó interrumpiéndola:

-Quiero aclarar que no considero a mi madre vulgar. Sólo lo dije porque Voldemort odia todo lo relacionado con ese mundo. (15)

Amelia continuó.

Ryddle tenía el rostro contorsionado. Forzó una horri ble sonrisa.

O sea que tu madre murió para salvarte. Sí, ése es un potente contrahechizo. Tenía curiosidad, ¿sabes? Porque existe una extraña afinidad entre nosotros, Harry Potter.

-¡Harry y tú no tienen nada en común, maldito bastardo!- exclamó furiosa Hermione.

-Calma, amor- dijo Harry acariciándole la espalda para tranquilizarla.

Hermione respiró varias veces para tranquilizarse y le dirigió una mirada a Amelia para que continuara. La pelirroja lo hizo.

Incluso tú lo habrás notado. Los dos somos de sangre mez clada, (Como el cincuenta porciento de la gente mágica pensó asqueado Neville.) los dos huérfanos, (Harry es huérfano por tu culpa, bastardo pensaron Hermione y Ron.) los dos criados por muggles. (Esa fue la brillante idea del imbécil de Dumbledore pensó furiosa Caro.) Tal vez somos los dos únicos hablantes de pársel que ha habido en Hogwarts después de Slytherin.

-Eso no es cierto- empezó Godric.

-Ahora los dos hijos de Salazar van a Hogwarts – siguió Rowena.

-Y los dos hablan pársel- terminó Helga.

Amelia siguió.

Incluso nos parecemos físicamente... Pero, después de todo, sólo fue suerte lo que te salvó de mí. Eso es lo que quería saber.

Harry permaneció quieto, tenso, aguardando que Ryddle levantara su varita. Pero Ryddle se limitaba a exagerar más su sonrisa contrahecha.

Ahora, Harry, voy a darte una pequeña lección. En frentemos los poderes de lord Voldemort, heredero de Sala zar Slytherin, contra el famoso Harry Potter, que tiene de su parte las mejores armas de Dumbledore.

-Parece que ganaron las de Dumbledore- dijo Ron con orgullo.

-Exacto, éste es como Lockhart- siguió Reg.

-Habla demasiado de el mismo- terminó Caro.

Muchos se rieron y Amelia siguió cuando todos los ruidos de risas habían desaparecido.

Ryddle dirigió una mirada socarrona a Fawkes y al Som brero Seleccionador, y luego anduvo unos pasos en dirección opuesta. Harry, notando que el miedo se le extendía por las entumecidas piernas, vio que Ryddle se detenía entre las al tas columnas y dirigía la mirada al rostro de Slytherin, que se elevaba sobre él en la oscuridad. Ryddle abrió la boca y sil bó... pero Harry comprendió lo que decía.

Háblame, Slytherin, el más grande de los Cuatro de Hogwarts. (Ser egocéntrico viene de familia pensó Godric mirando a Salazar mientras éste pensaba no puedo soy una estatua.)

Harry se volvió hacia la estatua. Fawkes se balanceaba sobre su hombro.

El gigantesco rostro de piedra de la estatua de Slythe rin se movió y Harry vio, horrorizado, que abría la boca, más y más, hasta convertirla en un gran agujero. (Por donde saldrá el maldito basilisco pensó con miedo Hermione mientras miraba a su Harry.)

Algo se movía dentro de la boca de la estatua. Algo que salía de su interior.

Harry retrocedió hasta dar de espaldas contra la pared de la cámara y cerró fuertemente los ojos. Sintió que el ala de Fawkes le rozaba el rostro al emprender el vuelo. Harry quiso gritar: «¡No me dejes!» Pero ¿de qué le podía valer un fénix contra el rey de las serpientes? (Mucho más de lo que parece. Fawkes es el Rey de los Fénix en mi opinión pensó Harry agradecido con el ave.)

Una gran mole golpeó contra el suelo de piedra de la cámara, y Harry notó que toda la estancia temblaba. Sabía lo que estaba ocurriendo, podía sentirlo, podía ver sin abrir los ojos la gran serpiente desenroscándose de la boca de Slytherin. Entonces oyó una voz silbante.

Mátalo. (Porque yo soy demasiado cobarde para hacer por mí mismo pensó Albus P fulminando el libro con la mirada.)

El basilisco se movía hacia Harry, éste podía oír su pesa do cuerpo deslizándose lentamente por el polvoriento suelo. Con los ojos cerrados, Harry comenzó a moverse a ciegas ha cia un lado, palpando con las manos el camino. Ryddle reía... (Ya lo agarraré yo por reirse de mi sobrino pensó furiosa Caro.)

Harry tropezó. Cayó contra la piedra y notó el sabor de la sangre. La serpiente se encontraba a un metro escaso de él, y Harry la oía acercarse. (Pobre de mi marido lo pasó horrible pensó angustiada Hermione P.)

De repente oyó un ruido fuerte, como un estallido, justo encima de él, y algo pesado lo golpeó con tanta fuerza que lo tiró contra el muro. Esperando que la serpiente le hincara los colmillos, oyó más silbidos enloquecidos y algo que azo taba las columnas.

No pudo evitarlo. Abrió los ojos lo suficiente para vis lumbrar qué sucedía.

-¿Y si te hubiera mirado en ese momento?- preguntó Jane G con miedo.

-Sabía que no podía, algo lo estaba distrayendo- explicó Harry.

Amelia siguió leyendo aunque temblaba un poco de miedo.

La serpiente, de un verde brillante y gruesa como el tronco de un roble, se había alzado en el aire y su gran cabe za roma zigzagueaba como borracha entre las columnas. Temblando, Harry se preparó a cerrar los ojos en cuanto el monstruo hiciera ademán de volverse, y entonces vio qué era lo que había enloquecido a la serpiente. (Debo comprar un regalo para Fawkes pensó Harry.)

Fawkes planeaba alrededor de su cabeza, y el basilisco le lanzaba furiosos mordiscos con sus colmillos largos y afi lados como sables.

Entonces Fawkes descendió. Su largo pico de oro se hundió en la carne del monstruo y un chorro de sangre ne gruzca salpicó el suelo. La cola de la serpiente golpeaba muy cerca de Harry, y antes de que pudiera cerrar los pár pados, el basilisco se volvió. Harry miró de frente a su cabe za y se dio cuenta de que el fénix lo había picado en los ojos, aquellos grandes y prominentes ojos amarillos. La sangre resbalaba hasta el suelo y la serpiente escupía agonizando.

-Fawkes es un genio- dijo Sirius un poco menos pálido.

-Cegó al animal, ahora no puede matar con la mirada- dijo Charlie más aliviado mientras su papá soltaba un suspiro.

Muchos quedaron más tranquilos y Amelia siguió leyendo.

¡No! —oyó Harry gritar a Ryddle—. ¡Deja al pájaro! ¡Deja al pájaro! ¡El chico está detrás de ti! ¡Puedes olerlo! ¡Mátalo!

La serpiente ciega se balanceaba desorientada, herida de muerte. Fawkes describía círculos alrededor de su cabe za, silbando su inquietante canción, picando aquí y allá en el morro lleno de escamas del basilisco, mientras brotaba la sangre de sus ojos heridos.

¡Ayuda, ayuda! —pedía Harry enloquecido—. ¡Que alguien me ayude! (Normal, yo además pediría ayuda desesperado, ansioso, temeroso. Estoy orgulloso de mi sobrino pensó Reg.) (16)

La cola de la serpiente volvió a golpear contra el suelo. Harry se agachó. Un objeto blando le golpeó en la cara. (Y casi tira mis lentes en el proceso pensó Harry.)

El basilisco había lanzado en su furia el Sombrero Selec cionador sobre Harry, y éste lo cogió. Era cuanto le queda ba, su última oportunidad. Se lo caló en la cabeza y se echó al suelo antes de que la serpiente sacudiera la cola de nuevo.

Ayúdame..., ayúdame... —pensó Harry, apretando los ojos bajo el sombrero—, ¡ayúdame, por favor! (Ahora viene lo bueno, toma eso maldito pensó Godric.)

No hubo una voz que le respondiera. En su lugar, el sombrero encogió, como si una mano invisible lo estrujara.

Algo muy duro y pesado golpeó a Harry en lo alto de la cabeza, dejándolo casi sin sentido. Viendo todavía parpa dear estrellas en los ojos, cogió el sombrero para quitárselo y notó que debajo había algo largo y duro. (Casi me mata de un susto cuando me lo relató a los diecisiete años pensó Hermione P.)

Se trataba de una espada plateada y brillante, con la empuñadura llena de fulgurantes rubíes del tamaño de huevos.

-Es tu espada, Godric- afirmó Rowena.

-Exacto- apoyó Godric.

-Ahora está mejor equipado- terminó aliviado Salazar.

Amelia respiró hondo y siguió leyendo

¡Mata al chico! ¡Deja al pájaro! ¡El chico está detrás de ti! Olfatea... ¡Huélelo!

Harry empuñó la espada, dispuesto a defenderse. El ba silisco bajó la cabeza, retorció el cuerpo, golpeando contra las columnas, y se volvió para enfrentarse a Harry. Pudo verle las cuencas de los ojos llenas de sangre, y la boca que se abría. Una boca lo bastante grande para tragarlo entero, bordeada de colmillos tan largos como su espada, delgados, brillantes, venenosos... (No es la mejor historia para antes de dormir razonó internamente Peter.)

La bestia arremetió a ciegas. Harry, al esquivarla, dio contra la pared de la cámara. El monstruo arremetió de nuevo, y su lengua bífida azotó un costado de Harry. Entonces levantó la espada con ambas manos. (Ahora que está más decidido lo va a lograr pensó Caro.)

El basilisco atacó de nuevo, pero esta vez fue directo a Harry, que hincó la espada con todas sus fuerzas, hundién dola hasta la empuñadura en el velo del paladar de la serpiente.

-¡Harry, eso es!- exclamó Seamus alegre.

-No, fue nada- replicó Harry muy rojo.

-No te quites importancia- agregó Remus con amabilidad.

-Después de todo estás allí porque fuiste a ayudar- aportó Kingsley.

-Una cosa que tuviste que hacer porque los adultos son idiotas- terminó Alastor mientras le sonreía al muchacho generando muchos abrazos y silbidos para felicitarlo.

Amelia le dedicó una sonrisa, estaba realmente enternecida porque era un chico muy humilde y sin malicia.

Cuando Amelia pudo continuar con la lectura, lo hizo.

Pero mientras la cálida sangre le empapaba los brazos, sintió un agudo dolor encima del codo. Un colmillo largo y venenoso se le estaba hundiendo más y más en el brazo, y se partió cuando el monstruo volvió la cabeza a un lado y con un estremecimiento se desplomó en el suelo.

-¡Debe ser joda!- exclamó Reg con sorpresa.

-Bueno por lo menos hay un fénix allí- comentó Sirius.

-Lo dice porque como ya se explicó en el libro, la lágrimas de los fénix curan- explicó Remus al ver que muchos miraban confusos a Sirius.

Amelia siguió leyendo.

Harry; apoyado en la pared, se dejó resbalar hasta que dar sentado en el suelo. Agarró el colmillo envenenado y se lo arrancó. Pero sabía que ya era demasiado tarde. El vene no había penetrado. La herida le producía un dolor canden te que se le extendía lenta pero regularmente por todo el cuerpo. Al extraer el colmillo y ver su propia sangre que le empapaba la túnica, se le nubló la vista. La cámara se disol vió en un remolino de colores apagados. (Está entrando en estado shock pensó Elizabeth mientras Lily lloraba por lo bajo.) (17)

Una mancha roja pasó a su lado y Harry oyó un ruido de garras.

Fawkes —dijo con dificultad—. Eres estupendo, Faw kes... —Sintió que el pájaro posaba su hermosa cabeza en el brazo, donde la serpiente lo había herido. (Está curándolo pensó Lily un poco menos llorosa.)

Oyó unos pasos que resonaban en la cámara, y luego vio una negra sombra delante de él.

Estás muerto, Harry Potter —dijo sobre él la voz de Ryddle—. Muerto. Hasta el pájaro de Dumbledore lo sabe. ¿Ves lo que hace, Potter? Está llorando.

Harry parpadeó. Sólo un instante vio con claridad la ca beza de Fawkes. Por las brillantes plumas le corrían unas lágrimas gruesas como perlas.

-No, Herm- dijo Harry P de repente.

-¿Por qué no, amor?- preguntó Hermione P.

-Ahora no es el momento- respondió Harry P dejando a muchos confusos hasta la médula.

-¿De qué hablan?- preguntó curioso Sirius.

-Eh- empezó Harry P.

-Tal vez en el próximo libro, papá- sugirió Albus P.

-Ok, en el próximo libro lo muestro pero no avisaré cuando- respondió Harry P haciendo una promesa.

Viendo que muchos estaban en silencio aunque algunos tenían un semblante curioso, Amelia siguió.

Me voy a sentar aquí a esperar que mueras, Harry Potter. Tómate todo el tiempo que quieras. No tengo prisa.

Harry cayó en un profundo sopor. Todo le daba vueltas.

Éste es el fin del famoso Harry Potter —dijo la voz distante de Ryddle—. Solo en la Cámara de los Secretos, abandonado por sus amigos, derrotado al fin por el Señor Tenebroso al que él tan imprudentemente se enfrentó. Volverás con tu querida madre sangre sucia, Harry... Ella com pró con su vida doce años de tiempo para ti... pero al final te ha vencido lord Voldemort. Sabías que sucedería. (Sabía que iba a querer matarlo alguien cincuenta años mayor que él, maldita porquería pensó Charlus furioso.) (18)

Si aquello era morirse, pensó Harry, no era tan desagra dable. Incluso el dolor se iba...

Pero ¿de verdad era aquello la muerte? En lugar de os curecerse, la cámara se volvía más clara. Harry movió un poco la cabeza, y allí estaba Fawkes, apoyándole todavía la suya en el brazo. Un charquito de lágrimas brillaba en torno a la herida... Sólo que ya no había herida.

Márchate, pájaro —dijo de pronto la voz de Ryddle—. Sepárate de él. ¡He dicho que te vayas! (Que idiota, mandón e imbécil que es ese tipo pensó Theo enojado.)

Harry levantó la cabeza. Ryddle apuntaba a Fawkes con la varita de Harry Sonó como un disparo y Fawkes em prendió el vuelo en un remolino de rojo y oro.

Lágrimas de fénix... —dijo Ryddle en voz baja, contem plando el brazo de Harry—. Naturalmente... Poderes curati vos..., me había olvidado... —miró a Harry a la cara—. Pero igual da. De hecho, lo prefiero así. Solos tú y yo, Harry Pot ter..., tú y yo... (Sí, tú de doce, yo de dieciséis. Tú sin varita, yo con la tuya pensó Albus P con furia por lo arrogante que era Tom.)

Levantó la varita.

Entonces, con un batir de alas, Fawkes pasó de nuevo por encima de sus cabezas y dejó caer algo en el regazo de Harry: el diario.

Lo miraron los dos durante una fracción de segundo, Ryddle con la varita levantada. Luego, sin pensar, sin medi tar, como si todo aquel tiempo hubiera esperado para hacer lo, Harry cogió el colmillo de basilisco del suelo y lo clavó en el cuaderno.

-Eso es, destrúyelo- dijo Scorp.

-Clávaselo hasta el fondo- siguió Rose.

-Y que grite mucho por malnacido- terminó Albus P.

Muchos miraron al trío con un poco de miedo, otros aplaudieron a sus palabras y cuando los aplausos terminaron, Amelia siguió.

Se oyó un grito largo, horrible, desgarrado. La tinta sa lió a chorros del diario, vertiéndose sobre las manos de Harry e inundando el suelo. Ryddle se retorcía, gritando, y entonces...

Desapareció. Se oyó caer al suelo la varita de Harry y lue go se hizo el silencio, sólo roto por el goteo de la tinta que aún manaba del diario. El veneno del basilisco había abierto un agujero incandescente en el cuaderno. (Que largaba un olor tremendo pensó Harry arrugando la nariz.)

Harry se levantó temblando. La cabeza le daba vueltas, como si hubiera recorrido kilómetros con los polvos flu. Re cogió la varita y el sombrero y, de un fuerte tirón, extrajo la brillante espada del paladar del basilisco. (No podría dejarla ahí pensó Harry P.)

Le llegó un débil gemido del fondo de la cámara. Ginny se movía. Mientras Harry corría hacia ella, la muchacha se sentó, y sus ojos desconcertados pasaron del inmenso cuer po del basilisco a Harry, con la túnica empapada de sangre, y luego al cuaderno que éste llevaba en la mano. Profirió un grito estremecido y se echó a llorar. (Que idiota fui. Tengo que disculparme con todos pensó prometiendo Ginny.)

Harry..., ah, Harry, intenté decíroslo en el desayuno, pero delante de Percy no fui capaz. Era yo, Harry, pero te juro que no quería... Ryddle me obligaba a hacerlo, se apoderó de mí y... ¿cómo lo has matado? ¿Dónde está Ryddle? Lo último que recuerdo es que salió del diario.

-Señorita Weasley, ahora sabes lo que pasó- dijo Lily con formalidad.

-Y voy a aclararte una cosa, no quiero que hagas algo que empañe la felicidad de mi hijo- terminó James con tono amenazante.

Ginny apenada asintió sabiendo lo que esa amenaza podría significar (19) y Amelia siguió con la lectura.

Ha terminado todo bien —dijo Harry, cogiendo el dia rio para enseñarle a Ginny el agujero hecho por el colmillo—. Ryddle ya no existe. ¡Mira! Ni él ni el basilisco. Vamos, Ginny, salgamos...

-Sí, porque Ron espera- dijo Ron con una media sonrisa.

-Lo siento, amigo. No pensé mucho en ti esa noche- dijo Harry disculpándose con su amigo.

-No pasa nada, amigo- replicó Ron con una sonrisa abierta de oreja a oreja.

Amelia continuó más aliviada de que hubieran sobrevivido.

¡Me van a expulsar! —se lamentó Ginny, incorporándose torpemente con la ayuda de Harry—. Siempre quise estudiar en Hogwarts, desde que vino Bill, y ahora tendré que irme y.. ¿qué pensarán mis padres? (Bueno no pensaron nada malo, ni me ocurrió nada malo pensó Ginny.)

Fawkes los estaba esperando, revoloteando en la entra da de la cámara. Harry apremió a Ginny. Dejaron atrás el cuerpo retorcido e inanimado del basilisco, y a través de la penumbra resonante regresaron al túnel. Harry oyó cerrarse las puertas tras ellos con un suave silbido.

Tras unos minutos de andar por el oscuro túnel, a los oídos de Harry llegó un distante ruido de piedras.

¡Ron! —gritó Harry, apresurándose—. ¡Ginny está bien! ¡La traigo conmigo! (Buen amigo, siempre pensando en el otro pensaron Helga y Dora.)

Oyó que Ron daba un grito ahogado de alegría, y al doblar la última curva vieron su cara angustiada que asoma ba por el agujero que había logrado abrir en el montón de piedras. (Con mucho esfuerzo, pesaban mucho las malditas pensó Ron.)

¡Ginny! —Ron sacó un brazo por el agujero para ayu darla a pasar—. ¡Estás viva! ¡No me lo puedo creer! ¿Qué ocurrió?

Intentó abrazarla, pero Ginny se apartó, sollozando.

-Fuiste una desagradecida- dijo Bill un poco enojado.

-Ron fue el único de tus hermanos en ir a buscarte y así lo trataste. Eres una hermana totalmente insensible- terminó Charlie. Sabiendo que aunque Ron no lo había demostrado, le dolió la forma en que Ginny lo rechazó.

Amelia continuó mientras Ginny pensaba tengo que disculparme también con Ron.

Pero estás bien, Ginny —dijo Ron, sonriéndole—. Todo ha pasado. ¿De dónde ha salido ese pájaro?

Fawkes había pasado por el agujero después de Ginny.

Es de Dumbledore —dijo Harry, encogiéndose para pasar.

¿Y cómo has conseguido esa espada? —dijo Ron, mi rando con la boca abierta el arma que brillaba en la mano de Harry.

Te lo explicaré cuando salgamos —dijo Harry, miran do a Ginny de soslayo.

-Eso es muy sabio de su parte- dijo Amelia interrumpiéndose.

-Es que no quería decirle en ese momento lo que pensaba- comentó Harry.

-Es por eso que fue una buena idea- dijo Amelia y luego continuó leyendo.

Pero...

Más tarde —insistió Harry. No creía que fuera buena idea decirle en aquel momento quién había abierto la cáma ra, y menos delante de Ginny—. ¿Dónde está Lockhart?

Volvió atrás —dijo Ron, sonriendo y señalando con la cabeza hacia el principio del túnel—. No está bien. Ya veréis.

Guiados por Fawkes, cuyas alas rojas emitían en la os curidad reflejos dorados, desanduvieron el camino hasta la tubería. Gilderoy Lockhart estaba allí sentado, tarareando plácidamente. (Parece más idiota pensó Reg que se ponía celoso cada vez que nombraban al hombre.)

Ha perdido la memoria —dijo Ron—. El embrujo des memorizante le salió por la culata. Le dio a él. No tiene ni idea de quién es, ni de dónde está, ni de quiénes somos. Le dije que se quedara aquí y nos esperara. Es un peligro para sí mismo. (Un poco de razón tengo pensó Ron.)

Lockhart los miró a todos afablemente.

Hola —dijo—. Qué sitio tan curioso, ¿verdad? ¿Vivís aquí?

No —respondió Ron, mirando a Harry y arqueando las cejas.

Harry se inclinó y miró la larga y oscura tubería.

¿Has pensado cómo vamos a subir? —preguntó a Ron. (Está difícil pero tal vez Fawkes los ayude pensaron Luna y Charlie.)

Ron negó con la cabeza, pero Fawkes ya había pasado delante de Harry y se hallaba revoloteando delante de él. Los ojos redondos del ave brillaban en la oscuridad mien tras agitaba sus alas doradas. Harry lo miró, dubitativo.

Parece como si quisiera que te cogieras a él... —dijo Ron, perplejo—. Pero pesas demasiado para que un pájaro te suba. (Me olvidé de que era superbird pensó Ron recordando cómo habían llamado al fénix antes.)

Fawkes —aclaró Harry— no es un pájaro normal.

Se volvió inmediatamente a los otros—. Vamos a darnos la mano. Ginny, coge la de Ron. Profesor Lockhart...

Se refiere a usted —aclaró Ron a Lockhart.

Coja la otra mano de Ginny.

Harry se metió la espada y el Sombrero Seleccionador en el cinto. Ron se agarró a los bajos de la túnica de Harry, y Harry, a las plumas de la cola de Fawkes, que resultaban curiosamente cálidas al tacto. (-Y sí, es una criatura de fuego, cariño- murmuró Hermione al oído de Harry. El muchacho se sonrojó furioso.)

Una extraordinaria luminosidad pareció extenderse por todo el cuerpo del ave, y en un segundo se encontraron subiendo por la tubería a toda velocidad. Harry podía oír a Lockhart que decía:

¡Asombroso, asombroso! ¡Parece cosa de magia! (Lo es pensó Dudley.)

El aire helado azotaba el pelo de Harry, y cuando empe zaba a disfrutar del paseo, el viaje por la tubería terminó. Los cuatro fueron saltando al suelo mojado junto a Myrtle la Llorona, y mientras Lockhart se arreglaba el sombrero, el lavabo que ocultaba la tubería volvió a su lugar cerrando la abertura.

Myrtle los miraba con ojos desorbitados.

-Con que esa imbécil diga que Harry debió morir, la mato- dijo Lily enojándose.

-Tranquila mamá- dijo Harry para calmarla.

Lily respiró varias veces y se calmó y Amelia siguió leyendo mientras pensaba esa chica olvidó que Myrtle ya está muerta, no se la puede matar de nuevo.

Estás vivo —dijo a Harry sin comprender.

Pareces muy decepcionada —respondió serio, limpián dose las motas de sangre y de barro que tenía en las gafas.

No, es que... había estado pensando. Si hubieras muerto, aquí serías bienvenido. Te dejaría compartir mi retrete —le dijo Myrtle, ruborizándose de color plata.

-Nieto, ya con doce años matabas- empezó Charlus haciendo que Harry se sonrojara de vergüenza.

-Hasta las fantasmas quieren salir contigo- terminó James sonriendo frente al rojo de la cara de su hijo.

-Que graciosos- dijo Harry con impaciencia porque no le interesaba que las mujeres sólo lo miraran porque era famoso o porque se metía en problemas.

Amelia continuó.

¡Uf! —dijo Ron, cuando salieron de los aseos al corre dor oscuro y desierto—. ¡Harry, creo que le gustas a Myrtle! ¡Ginny, tienes una rival!

Pero por el rostro de Ginny seguían resbalando unas lá grimas silenciosas.

¿Adónde vamos? —preguntó Ron, mirando a Ginny con impaciencia. Harry señaló hacia delante.

Fawkes iluminaba el camino por el corredor, con su des tello de oro. Lo siguieron a grandes zancadas, y en un instante se hallaron ante el despacho de la profesora McGonagall.

Harry llamó y abrió la puerta.

-Se terminó el capítulo- dijo Amelia volviendo a dejar el libro en su lugar.

-ya sé que todos quieren que terminemos este libro. No se desesperen ya lo hacemos- dijo Ginny Z.

-¿Puedo elegir quién lee el siguiente capítulo?- preguntó Harry.

-Claro- contestó Hermione P sonriendo a la versión adolescente de su marido.

-¿Puede leer tú?- preguntó Harry mirando fijamente a alguien que estaba sentado cerca de él.


Hola lectores:

Acá les dejo el penúltimo capítulo.

Espero que lo disfruten.

Saludos

Kira

Notas de autor:

1) Es lo que pienso, para mí había más en la cámara que simplemente la guarida del basilisco, dado que la describe como algo enorme.

2) Lo inventé para darle más propiedades a la cámara.

3) Está enojado porque piensa que Tom es parte de un horrocrux. Charlus es un mago sangre pura, debe tener conocimiento de magia negra aunque no la utilice.

4) Es mi idea: Molly fomentó sin querer la obsesión de su hija por Harry además de que el vociferador que le mandó a Ron hizo que Ginny no acudiera a él porque se sintió avergonzada de haber sido felicitada mientras que a su hermano lo regañaran.

5) Esa es mi perpectiva.

6) Harry odia su fama y que se quedara en la historia original con alguien que en cuatro libros no pasa de una fanática, es incoherencia literaria de la escritora. La pareja en cierto aspecto no me desagradaba dell todo, le faltó desarrollo.

7) Eso es lo que pienso.

8) Para mí Ginny se salvó sin ninguna sanción porque sus padres estaban con Dumby y nadie iba a expulsar a una sangre pura.

9) A mi entender Ginny fue en casi toda la saga una obsesionada fanática, uno no puede enemorarse de alguien que realmente no conoce.

10) Si bien creo que Ginny fue una víctima en parte. En ningún libro le dice a Harry que le robó el libro para protegerle, incluso no mencionó eso cuando se hacen novios en sexto.

11) Me dio esa impresión porque luego del ataque de Hermione, se sienta en el lugar de ella.

12) Es lo que debió haber sucedido.

13) Es lo que opino de Harry.

14) Fawkes debe haberle dado esperanzas a Harry.

15) Tom piensa que lo de origen muggle es inferior, por eso Harry le dice vulgar a su madre de origen muggle.

16) Reg ya considera a Harry su sobrino.

17) Harry debió haber estado en estado de Shock cuando lo mordió el basilisco y por eso tarda en entender que va a sobrevivir.

18) Yo pienso que Voldy es un idiota si piensa que es un genio por matar a un chico mucho más chico que él.

19) Lo inventé. Los sangre pura pueden tomar una ofensa o amenaza tan gravemente como para matar a la persona que la emite