Perdón por haber tardado tanto en actualizar, pero la escuela me absorbe demasiado. Sin embargo, debido a la pandemia del covid-19, tendré bastante tiempo para actualizar con regularidad. Escribí un capítulo largo y jugoso a modo de disculpa.
¡Espero les guste!
Disclaimer: Todo lo que te resulte familiar o conocido, ya sean nombres, eventos, acciones, etc. son completamente obra de Rowling o Meyer. Lo demás es puro invento mío.
En cuanto Dumbledore se enteró de lo sucedido, Narcissa pensó que sería reprendida por su mal desempeño; no obstante, cuando el director apareció, sostuvo una larga conversación con Edward en privado, y la rubia esperó a ser llamada para unirse a la conversación, pero eso nunca sucedió. En seguida, el director simplemente se limitó a escuchar la versión de los hechos desde la perspectiva de la joven bruja y de cada uno de los vampiros; y al finalizar las entrevistas, Dumbledore le indicó a la rubia que debido a la ausencia de Carlisle, sus lecciones continuarían como lo tenía previsto, pero esta vez con la ayuda de Rosalie. Narcissa no comprendía del todo lo que Dumbledore estaba haciendo, pero dada la situación y por el bienestar de la misión que quería llevar a cabo, sentía que lo mejor era callar y acatar las órdenes del director.
Durante el trascurso de la semana, Carlisle no se había comunicado y todavía no sabían con exactitud cuándo regresaría, y a pesar de que Alice tenía varias visiones de él, estas cambiaban repentinamente; la vampiro le había comentado a Narcissa que esto se debía que era muy probable que Carlisle se encontrara demasiado disperso o inseguro en sus decisiones, y esto provocaba un cambio abrupto en sus visiones, por lo tanto, no podía saber con certeza dónde estaba ni qué estaba haciendo. La bruja, a lo largo de la semana, notó cómo la preocupación por Carlisle aumentaba, y sentía que los Cullen querían salir en búsqueda de su padre, sin embargo, no lo hacían y trataban de comportarse como si nada pasara. Todo esto solo hacía que Narcissa se preocupara más y más, cada noche miraba por horas por la ventana, implorando a Merlín que Carlisle apareciera o se comunicara con ellos, no solo por sus hijos, sino porque la culpa empezaba a pesarle.
Miércoles por la mañana, Narcissa estaba sentada en el comedor desayunando un plato de avena con fresas y leyendo El Profeta. Tras cada bocado maldecía mil veces el hecho de haberle pedido a los vampiros que dejaran de cocinar para ella, ya que le empezaba a incomodar el hecho de que unos seres con apariencia humana cocinaran su comida; así que tuvo que aprender a cocinar, obviamente utilizando magia, se estaba rebajando demasiado al prepararse por si sola sus alimentos, y no caería tan bajo al aprender a cocinar a la manera de los muggles. Aún tenía algo de dignidad. Y de verdad extrañaba a sus elfos.
-Buenos días. -dijo Rosalie al entrar en el comedor, luciendo espectacular, como siempre. - ¿Qué tal la comida? -preguntó en tono de burla al sentarse frente a Narcissa
-Fantástica, creo que he mejorado bastante en tan poco tiempo. -dijo Narcissa sin despegar la mirada del periódico. La rubia podía sentir la mirada burlona de la vampiro. -Sigo aprendiendo ¿sí? -dijo al mirar directamente a la vampiro, que inmediatamente soltó una carcajada. -Ríete lo que quieras, Rosalie, pero muy pronto seré la mejor en la cocina, eso no lo dudes.
-Y no lo dudo. -dijo Rosalie, sonriendo y mostrando sus blancos dientes. - ¿Algo nuevo con los magos?
-Lo de siempre. -dijo Narcissa cerrando y doblando su periódico. El ascenso del Señor Tenebroso, pensó. - ¿Lista para el día de hoy? Dumbledore no tardará en llegar
-Más que lista. Espero que hoy veas la boda que tuvimos en Argentina. - Rosalie sonrió radiante, Narcissa le devolvió el gesto de manera forzada, claramente la vampiro estaba emocionada por revivir aquel momento.
Desde que había retomado las lecciones bajo la supervisión del director de Hogwarts, Narcissa sentía que Dumbledore no le exigía como debería de hacerlo, la rubia sentía que estaba avanzando y mejorando, pero el director simplemente la limitaba a que buscara los recuerdos de las numerosas bodas de Rosalie y Emmett. Sí, ella pronto se casaría y estaba retomando algunas ideas de las bodas de los vampiros para la suya con Lucius, sin embargo, si quería estar lista para el encuentro con los Vulturi, no podía permitirse quedarse estancada en eso.
Después del desayuno, Narcissa fue a la sala a leer su correspondencia: un ejemplar de la revista Corazón de Bruja, una carta de Bellatrix y, para la sorpresa de la rubia, una de Lucius. Quería abrir primero la carta de su prometido, pero la revista llamó su atención por un titular de su portada:
Lucius Malfoy ¿Infiel?
Sintió un nudo en su estómago, pero tenía que leer el estúpido artículo. Simplemente mostraba un par de fotos de Lucius besándose con una bruja en algún lugar de Norteamérica, y el artículo parecía dar a entender que el compromiso quizá se había roto ya que no había ningún rastro de Narcissa desde hace casi un mes.
-Maldito Malfoy. -dijo Narcissa por lo bajo y lanzó la revista lejos de su vista. La imagen pública de la bruja estaba manchada por la inmadurez de su prometido. Se tapó la cara con ambas manos, no sabía que hacer ni cómo lo manejarían sin ella presente. No sabía nada, pero estaba segura de una cosa: esta locura con los vampiros le estaba costando más de lo que ella estaba dispuesta a ofrecer.
Leyó la carta de su hermana, diciéndole que ella misma se encargaría de todo el asunto y haría lo que fuese necesario para callar a la prensa y llegar al origen del problema. Narcissa suspiró, ella sabía que el problema no eran los reporteros o la estúpida de las fotos, era su infantil futuro esposo. Jamás en su vida se había sentido tan humillada, deshonrada y traicionada, si bien no lo amaba a él, Narcissa amaba su reputación y la ilusión de un futuro prometedor.
- ¿Interrumpo algo? - Narcissa se sobresaltó, Dumbledore le sonreía. Rápidamente dobló la carta de su hermana y la dejó de lado. - ¿Está bien? ¿Dónde están los Cullen?
-Rosalie me dijo que Jasper y Alice fueron a cazar, y creo que los demás andan por ahí, me dijo que estarían revisando su ¿auto? No sé, algo muggle. -Narcissa se levantó. - ¿Quiere té, señor?
El director afirmó, y con un movimiento de varita, Narcissa hizo aparecer en la mesa de centro, una charola con dos tazas de té y galletas. Dumbledore se sentó a un lado de la bruja para comenzar a prepararse su bebida. Narcissa estaba inmersa en sus pensamientos que no notó cuando Rosalie, Edward y Emmett aparecieron en la sala.
-Buenos días. -los saludó Dumbledore. Narcissa observaba como todos comenzaban una conversación casual, mientras ella sentía un gran nudo en su garganta.
- ¿Podemos iniciar? - preguntó, interrumpiendo abruptamente la plática, algo no muy común en ella. Todos la miraron. – Por favor.
-Claro. -dijo Dumbledore, con la gentileza que lo caracterizaba. - ¿Está todo bien? - el director la miró por encima de sus gafas de media luna.
-Si, claro. -Narcissa asintió.
Ambas rubias tomaron su lugar: una frente a la otra, a la vista de los presentes. Rosalie parecía emocionada y sonreía de vez en cuando hacia Emmett. Narcissa sintió una punzada en su estómago y el nudo en su garganta crecía, tenía en su mente las imágenes y podía pensar en todos los chismes que andarían rondando por ahí.
- ¿Narcissa? ¿Me oyó? -preguntó Dumbledore. Narcissa volvía en sí, miró a Rosalie y después al director. - ¿Si escuchó lo que pedí?
-No. -Dumbledore enarcó ambas cejas. – Pero estoy segura de que quiere que busque una boda más, un momento feliz con Emmett ¿Me equivoco? -Narcissa sentía como el nudo en su garganta empezaba a deshacerse, debía seguir hablando. Dumbledore solo la miró. -Usted sabe que puedo hacer más, se lo he demostrado ¿Todos me están castigando por lo de Carlisle? ¡No fue mi culpa! – Sabía que estaba gritando, pero no le importó. -Sabe que me esfuerzo por estar aquí, por estudiar y hacer lo que me pide, lo he hecho al pie de la letra. No me puede poner un tope, no debido a las circunstancias que nos tienen aquí, a todos. -Narcissa apretó con fuerza su varita y fulminaba a Dumbledore con la mirada, el culpable de que su vida se estuviera despedazando poco a poco.
-Asumo que vio las fotografías…-Dumbledore le habló con la voz más calmada que la bruja le había escuchado. No se levantó, simplemente seguía sentado y bebiendo de su té, mirándola fijamente.
-Así es. -dijo Narcissa, que con un sencillo hechizo hizo que la revista volviera a sus manos. - Mi prometido anda por Norteamérica tonteando con cuanta mujer se le cruce enfrente, lo conozco, eso es un berrinche. -Rosalie lentamente tomó la revista de las manos de la bruja y la hojeó. – Berrinche que usted me pudo haber ahorrado.
-Dios mío, Narcissa ¿Estás bien? - preguntó Rosalie, con un tono de voz tan dulce que podría empalagar a cualquiera.
Narcissa la miró y examinó: no estaba siendo amable, la vampiro sentía lástima por ella. Rodó los ojos, lo que le faltaba, que un ser como ella sintiera lástima por alguien como Narcissa Black.
-Claro que no, Rosalie. -Narcissa la miró. ¿Cómo había permitido que los vampiros la pisotearan, le gastaran bromas e incluso la culparan por hacer su trabajo? – Gracias a él. -señaló al director- Mi vida se está yendo por el caño: la maravillosa boda que organizaba, la que figuraba ser el evento del año, va en picada por el mal gusto de Anthea Malfoy. Mi hermoso vestido tendrá que terminar de ser confeccionado casi el mismo día de mi boda, y mi padre tendrá que pagar casi el triple por el cambio de planes tan abrupto. -Narcissa sabía que gritaba, sabía que lo que estaba haciendo no estaba bien, pero no le importó en absoluto. -Tuve que detener la búsqueda de mi segunda dama de honor porque de mis pocas amigas, ninguna es lo "suficientemente bonita" para Lucius, y ese lugar era para mi hermana Andrómeda, pero se largó con un asqueroso sangre sucia y me dejó. Y ahora que lo pienso, no sé si Lucius quiere una dama de honor bonita para tirársela y dejarme en vergüenza de nuevo. ¿Saben cuantas cosas dicen de mi ahora mismo? Que mi compromiso se rompió, que me fugué o que estoy embarazada. Parece que mi nombre está más manchado de lo que podría estarlo si usted manda al inútil de Lucius a Azkaban. -Narcissa miraba furiosa al director, pero él simplemente estaba sentado tomando su estúpido te. Ni si quiera le importó lo que dijo del esposo de Andrómeda. -Prefiero mil veces ser la pobre chica cuyo prometido está encarcelado o la estúpida que se casa con el adonis que le es infiel.
Estaba jadeando, había gritado tanto y en tan poco tiempo que el aire le faltó, pero estaba segura de que sus gritos los escucharon hasta el pueblo.
-Narcissa, no es mi culpa que Lucius haya cometido tal indiscreción. -dijo Dumbledore, dejando su taza en la mesa y levantándose. Era demasiado tarde para que Narcissa se retractara, afrontaría lo que fuese con la frente en alto. -Lamento lo de Andrómeda y que no pueda conocer a su sobrina. Pero usted y yo hicimos un trato, y no solo Lucius se mudaría a Azkaban, también su hermana Bellatrix. Estar aquí no solo significa eso, sino también salvar a la comunidad mágica, toda clase de magos. Usted vio las fotos, a ellos no les importó si eran magos sangre pura o no, usted podría ser un eslabón clave para salvarnos a todos.
- ¿A qué costo? Mi vida, mi reputación, mi posición. -Narcissa lo miró fijamente, quería una solución.
-Lucius estará ahí cuando regrese, usted lo sabe, su matrimonio fue arreglado.
-A mi Lucius no me interesa, sé que tiene que estar ahí. Quiero que sepa que pausé todo por esto, que lo más valioso que tengo está en juego. -Narcissa le daba vueltas a su anillo de compromiso. -No me haga estancarme, no me haga estudiar tanto y exigirme, si no me va a pedir que dé lo mejor de mí. Usted sabe de lo que soy capaz, ¿por qué solo me pide buscar momentos felices?
-Te falta empatía. -dijo Edward, después de varios minutos de incómodo silencio. -Nadie te culpa por lo de Carlisle, y dudo que el mismo Carlisle lo haga. Albus te está dando una lección, porque al parecer eres una bruja que vive en su burbuja…
-Edward, déjame continuar a mí. -Narcissa tenía la boca abierta del asombro ¿Ahora era una niña que necesitaba lecciones de valores? – Sí, si te estaba dando una lección. -Narcissa iba a hablar, pero el director levantó su mano y la miró con remordimiento. -Y sí, vives en una burbuja y lo peor de todo es que lo sabes. No meteré a Lord Voldemort en esto. -La bruja sintió cómo se le erizaba la piel. -Pero tú me comentaste que querías arreglar ese recuerdo de Carlisle, pero hay algo que debes entender: la felicidad no es felicidad pura, en dicho sentimiento siempre convergen otros. Y así sucede con la tristeza, el miedo y demás. Tienes que dejar de lado tu propio juicio, tu propia perspectiva a la hora de entrar en la mente de alguien, no todos vemos el mundo de la misma manera. Si te dedicas a querer arreglar los recuerdos y sentimiento de otros según tu propio criterio, terminarás perdiendo la cordura.
- ¿Por qué nadie me dijo esto antes? -Narcissa se cruzó de brazos
-Porque es una lección que muy pocos saben, porque es algo que los verdaderos legeremantes ponen en práctica. -Dumbledore le sonrió, la rubia le devolvió el gesto de manera débil y poco convencida. -Quería que vieras los momentos más felices de Rosalie porque lo único que sé de ti es que pronto te casarás, quería que vieras otra forma de amor romántico, otra forma de vida en pareja, para que tuvieras otra perspectiva y no te quedaras con la tuya, la de Bellatrix o tus padres.
-Pero si ella no ama a su prometido. -dijo Rosalie de la nada, todos la voltearon a ver, incluso Narcissa, que le dedicó una mirada llena de furia. -Perdón, no quise decirlo así.
-Pero lo dijiste. -Narcissa la encaró. – Claro que amo a Lucius, Rosalie. Y perdón, pero tu no eres quién para comentar acerca de mi vida privada.
-Son más parecidas de lo que creen. -dijo Edward por lo bajo
- ¡Basta, Edward! -Narcissa lo fulminó con la mirada y lo apuntó con su varita, sabía que no le haría ni cosquillas, pero simplemente lo hizo por instinto. - ¡Deja que todos junten el valor suficiente para decirme las cosas a la cara!
-Edward tiene razón, Narcissa. -Rosalie tomó la mano de Narcissa y hizo que lentamente bajara su varita. – Yo sé que no lo amas y no te culpo por ello. Lucius te va a dar una excelente vida, él es rico, el soltero más codiciado ¿no? - Narcissa asintió. -Tendrán una boda hermosa y vivirán en una casa maravillosa. Y lo que es mejor, tendrán bellos bebés rubios. La familia perfecta, vida de ensueño. Pero ¿Qué amas más, a él o la vida que tendrás? -Narcissa iba a contestar, pero la vampiro continuó. - No respondas, todos aquí sabemos la respuesta.
- ¿Qué está pasando? -Narcissa suspiró - ¿Desde cuándo todo esto se volvió una clase de cómo debo llevar mi vida?
-No creo que la intención de Rosalie sea esa, Narcissa. -Dumbledore la miró con tristeza, con pena.
Narcissa miró a cada uno de los presentes, todos reflejaban el mismo sentimiento: lástima
-Dejen de verme así. Usted, Dumbledore, sabe por qué me casaré con Lucius, sabe lo que significa para los Black y cómo tenemos que reponernos tras la desgracia de Andrómeda. Conoce nuestra sociedad, es parte activa de ella. ¿Amor? -Narcissa tomó su anillo de compromiso y se lo enseñó a Rosalie. – Es algo que llegará con el tiempo, o quizá no. Formo parte de una larga tradición de matrimonios arreglados, ustedes no lo sabrían -señaló a los vampiros. -pero para nosotros es importante mantener un estatus de pureza, y es mi deber como Black continuar con esa tradición.
-Querida, creo que es necesario que conozcas a Royce. -Rosalie tomó el anillo de Narcissa, lo puso sobre la mesa, y cubrió con sus manos la pequeña mano de la bruja. Edward y Emmett se levantaron de golpe, Narcissa se asustó, pero Rosalie les indicó que se detuvieran. – Albus, ¿Narcissa podría ver la historia del por qué fui convertida?
-Adelante. -Dumbledore se sentó en el sillón. -Narcissa, solo recuerda que eres una mera espectadora, deja tus prejuicios de lado.
-Supongo que no tengo otra opción. -Narcissa respiró hondo, Rosalie apretó levemente su mano encerrada y le sonrió amistosamente. -Legeremens
Debía admitir que extrañaba buscar más a fondo en la mente de alguien. Buscó y buscó, tantos recuerdos, tantos sentimientos. Hasta que lo logró: Royce King II. Lo vio todo, desde que se conocieron y captó su atención, hasta su compromiso y como Rosalie estaba segura de que tendría todo lo que quería; presenció la desgracia que el infame de Royce y sus amigos cometieron, y cómo Carlisle apareció en escena para convertirla. No pudo evitar no ver la venganza que Rosalie llevó a cabo, Narcissa estaba segura de que ella hubiera hecho exactamente lo mismo.
Una vez que terminó, ambas abrieron sus ojos lentamente. Narcissa se percató de que las lágrimas corrían por sus mejillas, al parecer si tenían más cosas en común de lo que creía. No sabía que decir, no tenía ni una palabra en mente.
- ¿Ayudó en algo? - preguntó Dumbledore
-Yo… yo me tengo que ir. -Narcissa se limpió sus lágrimas.
-Por supuesto, volveré para la próxima lección.
Narcissa asintió y simplemente se hizo aparecer en su habitación. Se sentía desorientada, triste y apenada. Se recostó en su cama y no entendía por qué no podía parar de llorar, pero tampoco hizo ningún esfuerzo por dejar de hacerlo. Lloró hasta quedarse dormida.
Se despertó porque alguien llamaba a su puerta, se talló los ojos y se sentó. Notó que el sol estaba a punto de ponerse y que su lechuza estaba recargada sobre su ventana, con una carta atada a su pata.
-Adelante. -dijo Narcissa al levantarse para ver la carta.
Rosalie entró en su habitación con una charola con té y pan tostado, que dejó sobre la mesita de noche y esperó a que Narcissa terminara de leer su carta. La bruja sonrió, guardó la carta en el cajón de su escritorio y fue al encuentro con la vampiro.
-Te traje té y pan, no has comido y no quiero que mueras de inanición. - Rosalie le extendió la taza de té a Narcissa, esta lo tomó y lo olió: era de menta, su favorito.
- ¿Quieres sentarte? - la bruja señaló con su cabeza hacia los sillones que se encontraban cerca de su ventanal, Rosalie asintió y ambas fueron hasta el lugar. -Rosalie…
-No tienes que decir nada, querida. -Rosalie sonrió. -No te disculpes por algo que me pasó a mí hace 40 años. Quería que vieras eso, que supieras que a pesar de no tener un final feliz, mi historia tuvo continuación y lo has visto.
-Y yo quiero que sepas que a pesar de eso, yo no puedo renunciar a Lucius. Él no es Royce. Tal vez no lo ame como debería, pero él es quien me brindará la estabilidad que necesito para mi y mi familia. -Narcissa bebió de su taza y miró por la ventana. -A lo mejor algún día me enamore perdidamente de él.
-A lo mejor no. -Rosalie sonrió de lado. -A lo mejor el hombre que merece tu amor está allá afuera, esperando por ti.
-Espero sea un mago sangre pura. -dijo Narcissa, y ambas rieron. – No creo tener las agallas suficientes, no como Andrómeda. -Narcissa volvió su mirada a Rosalie. -Ella se enamoró de un Hufflepuff hijo de muggles: Ted Tonks. Ella lo dejó todo por él.
- ¿Qué es un Hufflepuff? - Narcissa frunció el ceño, no sabía cómo explicar aquello. -Después me cuentas. ¿Qué pasó con Andrómeda y Ted?
-Se enamoraron cuando estaban en el colegio, no sé exactamente cuándo, porque Andrómeda no compartió toda esa información con nosotros. Pero su relación no podía ser: ella era una de las herederas de los Black, bruja sangre pura y con un gran potencial como esposa; y él es un hijo de muggles que no tenía nada que ofrecerle. Andrómeda no quería la vida para la cual estamos hechas, así que cuando salieron del colegio, a los pocos meses se fugó. -Narcissa sonrió de lado, recordaba ese día como si hubiera sido ayer. -Dejó una carta diciendo que se casaría con Ted Tonks, que no quería más ser una Black,
-Debió de haber dolido. -dijo Rosalie.
-Bastante. En casa de mi tía Wallburga hay un árbol genealógico de los Black. Es mágico, aparecen todos, incluso cuando alguien se casa, el cónyuge aparece y también los bebés que llegan y tienen sangre Black corriendo por sus venas. Así nos enteramos cuándo se casó y cuándo tuvo a su hija, Nymphadora. Vaya nombre ¿no? -Narcissa volvió su mirada hacia el álbum de fotos que tenía en su librero. -Mi tía la borró, pero eso no impidió que notáramos todo eso. -Suspiró. -Andrómeda se enamoró de verdad y lo dejó todo por él, por amor. No me considero tan valiente como para lograr eso.
-No retes al destino, Narcissa. -Rosalie sonrió. -Pero por lo mientras estás aquí con nosotros, descansa de tu vida llena de reglas. Aquí no eres la hija perfecta o la prometida del año, aquí puedes ser tú misma.
-Y yo creí que no te agradaba. -Narcissa le sonrió genuinamente, definitivamente esta Rosalie podría ser su amiga, no la que la ignoraba y la miraba con aires de superioridad.
-Sigues sin agradarme del todo. -Rosalie le guiño un ojo y ambas rieron juntas, sin embargo, Rosalie se detuvo abruptamente y se levantó para mirar por la ventana, completamente sorprendida. -Dice Alice que mires por la ventana.
- ¿Cuándo llegó Alice? -Narcissa se levantó y también miró por la ventana. Se sorprendió tanto como Rosalie, tanto que dejó caer su taza de té. - ¡Carlisle!
Fue por su varita, sabía que Rosalie podía llegar mucho más rápido que ella. Se apareció en la puerta que daba al jardín, justo enfrente de los hijos de Carlisle. Ahí estaba él, cerca de la orilla del risco donde las olas del mar chocaban con fuerza, sonriendo y viéndose perfecto a la hora de la puesta del sol. Narcissa no lo pensó dos veces y se apareció justo frente a él.
-Narcissa…-comenzó él pero no lo dejó terminar, Narcissa le dio una cachetada, sabía que no le dolería en absoluto, pero dicha acción salió de ella casi sin pensarlo.
-Tienes prohibido volver a hacerme sentir culpable. -Pensó que los demás estarían justo atrás de ella, pero cuando se dio la media vuelta, los vio parados justo donde los había dejado. Estaba completamente segura de que Emmett estaba riéndose por lo que acababa de hacer.
-Narcissa. -volvió a decir Carlisle, pero la bruja caminaba de vuelta a la casa, pero se vio interrumpida debido a que él apareció frente ella, frenando su paso. E hizo algo que la bruja no se esperaba: la abrazó. -Gracias.
Se quedó petrificada por unos segundos, pero al reaccionar le correspondió el abrazo. Narcissa había pasado por mucho ese día y no pudo evitar volver a llorar, esta vez en los brazos del vampiro al que había lastimado. Él intentó calmarla, pero ella seguía derramando lágrimas.
-Escucha. -Carlisle se separó, la tomó por ambos hombros y la miró directamente a los ojos. -Te juro por lo mas sagrado que tengo, que es mi familia, que jamás volveré hacerte sentir culpable. -Narcissa no pudo evitar sonreír.
¿Qué tal? ¿Qué les pareció?
Pueden dejarme cualquier duda, comentario o reclamo en un Review :)
Les mando un gran abrazo, y deseo de todo corazón que durante esta pandemia ustedes y sus familias se encuentren bien. Sé que son momentos difíciles, pero pronto pasará. Pura buena vibra.
¡Hasta el próximo capítulo!
