CAPÍTULO 13

Ni siquiera el maquillaje pudo hacer desaparecer las ojeras de Bella. Llevaba dos noches sin pegar ojo y no era solo debido a la sobredosis de azúcar provocada por el helado o las largas charlas con Jessica durante esos dos días. Era porque no podía dejar de pensar en su discusión con Edward. ¿Por qué no la entendía? ¿Tan difícil era de comprender lo mal que le hacía sentir que le negase ir a su casa? Eran lo suficiente íntimos para tener sexo, cenar e ir al cine, pero no para conocer el lugar donde vivía, algo que es parte de él. A su parecer era lógico que quisiese conocer su casa o… ¿Se estaba comportando como una exagerada?

—Señorita, ¿Cuánto es? —La voz del cliente que estaba esperando a que le cobrarse el libro la sacó de sus pensamientos

—Disculpe, son quince dólares. —Con una sonrisa le cobró su compra y le observó marchar.

Estaba siendo un día bastante tranquilo. Alice había estado toda la mañana con ella, pero en ese momento se encontraba sola. Al parecer, durante la función escolar se encontró de manera fortuita con la directora y comenzaron a hablar. La mujer se mostró interesada por su negocio y acordaron tener una reunión esa misma tarde para negociar unas visitas de los alumnos a la librería y gestionar unos préstamos de libros. Toda una oportunidad para el negocio.

Aprovechando esa tranquilidad, Isabella rellenó su taza de té y se dispuso a actualizar la página web. Cerca de una hora después, la campanilla de la tienda volvió a sonar anunciando la llegada de alguien. Bella apartó la mirada del ordenador y sintió como su estómago se encogía al ver a Edward parado frente a ella.

Después de la discusión no habían vuelto a hablar, ni siquiera una llamada, ni un mensaje, nada. Y ahora estaba allí.

—Hola —Saludó acercándose hasta el mostrador.

—Hola. —Respondió a media voz—. ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en clase? —Era media mañana, por lo que suponía debía estar en el instituto.

—Terminé hace media hora. Te he traído esto, —Dijo dejando una cajita de cartón delante de ella—. Nadie rechaza un tentempié a media mañana.

Isabella tomó la cajita que le ofreció y enarcó una ceja al descubrir el contenido.

—¿Un brownie de fresa y plátano? —No pudo evitar estremecerse al recordar cuando ambos disfrutaron del dulce por primera vez, el día que se reencontraron en aquel taller.

—Pensé que te gustaría, además, me pareció que sería de ayuda a la hora de pedirte disculpas.

Isabella apartó la mirada del dulce y la clavó directamente en esos ojos verdes que la miraban atormentados

—Lo siento. El otro día me comporte como un capullo. En realidad, no sé qué me pasa, pero siento, que cada vez que estoy contigo, el imbécil que llevo dentro se abre paso y hace su aparición.

—Si esa es tu manera de pedir disculpas déjame decirte que no está funcionando.

—No es eso, no quiero decir que tú me hagas ser imbécil, ¡Joder! Yo... No sé cómo explicarme. ¿Ves? A esto me refiero, no sé cómo intento hacer las cosas bien y termino empeorándolas.

—Solo di lo que sientas Edward, sin más.

—Soy idiota y... Tengo miedo, por eso me comporto así. Porque inconscientemente pienso que, si mantengo las distancias contigo, no sufriré.

—Edward, nos hemos acostado, creo que las distancias se han roto.

—Me refiero a nivel emocional, no sólo al físico.

—Edward, yo no voy a hacerte daño.

—No intencionalmente, pero a veces… las cosas no dependen de nosotros. El destino es muy capullo, Bella.

—Pero contra eso no tenemos el control

—Lo sé

—¿Y entonces?

—Quedamos en que esto iba a ser algo sencillo, sin complicaciones.

—Edward, yo no te estoy pidiendo que nos vayamos a vivir juntos, ni que me pidas matrimonio. Sé cuáles fueron los términos de nuestra relación, pero no somos dos extraños. Supuestamente, también somos amigos y necesito conocerte más.

—Créeme, te estoy dando más de lo que puedo.

—Entonces, creo que me equivoqué al aceptar nuestro trato, porque tenías razón, no valgo para esto. No puedo acostarme contigo como si fueses un extraño cuando me muero por saber como ha ido tu día, que travesuras han hecho tus alumnos, que te apetece hacer, cenar, ver una película juntos... Hemos vivido esos momentos juntos y sé que tú también los has disfrutado. Pero necesito saber más de ti, Edward. Siento que…ser amigos me sabe a poco.

—Quiero conocer tus luces y tus sombras.

—Bella, eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. Para mí no eres una cualquiera. Mi casa, es mi refugio, mi lugar seguro. Jasper y Alice hace años que no van allí. Es donde me he encerrado como si fuese un lobo para lamerme las heridas. No quiero que pienses que solo te lo he negado a ti. Quiero abrirme, quiero que me conozcas, pero temo que mi dolor te haga huir.

—Edward, no sé qué fue lo que te hizo tanto daño, pero no me voy a ir, te lo prometo. Ya te lo dije una vez y vuelvo a repetirlo ahora

—Yo también quiero más, Bella.

—¿Eso que significa?

—Que estoy dispuesto a abrirme, o al menos a intentarlo. Quiero dejarte entrar en mi mundo, en mi vida

—¿De verdad?

—De verdad. En la tapa de la caja está escrita mi dirección. Te espero esta noche allí, cenaremos y hablaremos. Intentaré descubrirte una parte más de mí, pero sin presiones.

—Para mi es más que suficiente.

—Te veo esta noche. —Aseguró inclinándose sobre el mostrador para acortar la distancia que les separaba e inclinarse hasta lograr besarla.

—Allí estaré.

Bella le observó marchar y contó ansiosa las horas del reloj para que llegase la noche. Cuando al fin el sol se puso y se encaminó hasta el piso de Edward los nervios la envolvieron

. En su interior sentía que esa noche podía cambiar todo. Edward le había prometido intentar abrirse y aunque tenía miedo por lo que pudiera llegar a descubrir, estaba dispuesta a enfrentarlo y luchar por no perderle.

Nerviosa, acarició la botella de vino que llevaba entre las manos y llamó al portero. El sonido de la puerta abriéndose la sobresaltó, estaba claro que Edward no esperaba a nadie más, por eso le abrió directamente. Subió en el ascensor hasta la décima planta y cuando las puertas se abrieron y salió le vio de frente, esperándola.

Llevaba una camiseta de manga corta blanca y unos vaqueros desgastados, Le sonreía insolentemente apoyado de manera casual contra el marcó de la puerta.

—Has venido.

—Por supuesto, ¿Acaso lo dudabas?

Edward le sonrió de nuevo y aprovechó su cercanía para tomarla por la cintura y besarla de manera lenta y tortuosa.

—Bienvenida a mi cueva. —Murmuró contra sus labios.

—¡Idiota! —Respondió golpeando su pecho juguetonamente.

Edward se hizo a un lado para permitirle el paso. Isabella de adentró en el apartamento observando la estancia.

—Lo que es seguro es que no vives como un ermitaño.

El apartamento estaba pintado en color crema que contrastaba con el suelo de madera oscura. Un enorme salón comedor decorado exquisitamente compartía espacio con una no tan pequeña cocina Separadas ambas estancias por una barra americana. Al fondo se distinguían varias puertas.

—La de la derecha es mi habitación, la de la izquierda es el cuarto de invitados y aquella de allí es el baño.

—¿Y esa otra? —Preguntó señalando la única puerta a la que no había hecho referencia.

—Hay solo hay cajas, la uso a modo de trastero.

—Vaya, mucho espacio para una persona sola.

—Fue una buena oferta inmobiliaria. ¿Quieres una copa? —Preguntó cambiando de tema, cogiendo la botella y dirigiéndose a la cocina para descorcharla y llenar las copas

—¿No te sientes solo en un sitio tan grande?

—A veces, pero me gusta el espacio. Odio los lugares pequeños.

Abandonó la cocina y la invitó a tomar asiento en la mesa del comedor, donde estaban dispuestos lo platos.

—No es gran cosa, pero al menos será una cena decente: ensalada, pollo al horno y mousse de limón. Todo cocinado por mí, excepto la mousse.

—Con unas pizzas hubiese bastado.

—Bueno, no soy un prodigio en la cocina, pero puedo ofrecerte algo mejor que unas pizzas.

Isabella río ante su comentario y comenzaron a hablar de todo un poco: Edward le preguntó por Jessica y Mike, si estaba cómoda trabajando con Alice... Ella, por su parte le interrogó sobre sus alumnos y sus dotes musicales.

—¿Sabes? Por un momento imaginé que tendrías un piano. No sé, pero desde que me confesaste que sabías tocar, te he imaginado haciéndolo.

—Y lo tuve, pero ahora está en casa de mis padres. No tocaba mucho por lo que decidí que se lo llevasen, al menos mi padre le daría más uso que yo.

—¿El también toca?

—Sí, de hecho, fue él quien me enseñó de pequeño. Él también fue profesor de música.

—Vaya, parecéis tener mucho en común. —Apuntó Bella recordando que en una ocasión él insinuó que su relación no era del todo cordial.

—Tal vez ese sea el problema, que nos parecemos demasiado. Mi padre quería que fuese igual que él y eso es imposible. Él es perfecto y yo... Soy un poco desastre, era inevitable que acabase defraudándole.

—Nadie es perfecto, Edward y estoy seguro de que tu padre tampoco espera que lo sea.

—No lo conoces.

—No, pero puedes hablarme de él.

Edward tomó aire y bebió de su copa antes de continuar hablando. Necesitaba infundirse algo de valor para empezar a romper su coraza.

—Carlisle Cullen, según las propias palabras de mi abuela era el yerno perfecto, el hombre que cualquier padre querría para su hija. Se graduó primero de su promoción, fue profesor durante 20 años y lo compaginó con el cargo de director del centro durante quince. Amante esposo, respetable padre de familia, erudito, talentoso y perfeccionista. Cuando nació Emmet, enseguida se dio cuenta de que sería como mi madre; todo corazón, sin embargo, yo... yo soy más racional, por eso intentó educarme a su imagen y semejanza, por eso discutimos tanto, porque ambos debemos llevar siempre la razón.

—Todos discutimos con nuestros padres. ¿Te imaginas lo que fue para mí crecer como hija de un bombero? Jamás fui a una barbacoa en el campo o a ver los fuegos artificiales tranquilamente. Siempre había riesgo de incendio para todo, hasta para encender una cerilla. Ahora es un loco de la agricultura orgánica cosa que desespera a mi madre. ¡Pero si hasta me impedía tener velas en mi tarta de cumpleaños!

—Veo que era un poco obsesivo con el tema.

—Un poco, sí. En fin, como dice mi madre: "cuando seas madre lo entenderás".

Edward se levantó para retirar los platos y servir el postre.

—¿Has vuelto a saber algo de Jacob? —Preguntó Edward cambiando de tema.

—No, y espero no volver a verlo, la verdad. Y ahora, ¿Puedo preguntarte yo algo...?

—Dispara.

—¿Alguna vez has tenido una relación formal? Quiero decir, ya sé que ahora no quieres compromisos, pero no sé si alguna vez lo tuviste. Tampoco quiero que te sientas obligado a responder si no quieres...

—Bella, Bella, para. Si no te callas no podré responder. Te dije que quería más y eso pasa por abrirme a ti.

—Edward no quiero que...

—¡Shhh! —La calló poniendo un dedo sobre sus labios y sentándose a su lado.

—En la universidad estuve con algunas chicas, nada serio, pero en el último año conocí a alguien, alguien importante. —Confesó perdiéndose en sus recuerdos.

Bella observó cómo se abstraía delante de ella. Su cuerpo estaba allí, pero su mente se encontraba a kilómetros de distancia.

—¿Estuvisteis mucho tiempo juntos?

—Tres años y medio, aproximadamente. Fuimos muy felices juntos, al menos los primeros años. Teníamos planes, ilusiones juntos..., Un proyecto de futuro.

—Y... ¿Qué ocurrió? ¿Por qué lo dejasteis? —Preguntó sintiendo como una pequeña marea de celos se agitaba en su interior. No hacía falta que le dijese el nombre de esa mujer. Suponía que debía estar hablando de Ness, solo alguien que había sido tan importante en su vida podía estar grabado en su pecho.

—No lo dejamos, ella... Falleció.

Isabella se quedó congelada en su sitio, sin lugar a dudas no esperaba esa respuesta.

—Edward, lo siento, yo no...

—Por eso no quiero compromisos, Bella, ni planes de futuro. Porque una vez lo tuve todo y el destino me lo quitó. Por eso quiero vivir el aquí y el ahora, y lo quiero contigo. —Confesó tomando el rostro entre sus manos y mirándola intensamente a los ojos.

—Edward… —Sollozó abrumada por la intensidad tanto de sus palabras como de su mirada.

—Hacía años que no sentía mi corazón latir, Bella. Hacía años que la vida había dejado de tener sentido, que se había convertido en una sucesión de días sin sentido. Pero tengo miedo, miedo a ilusionar me, a pensar que todo tiene sentido, que todo va air bien para que después, en un instante Desaparezca todo, miedo a... Enamorarme de ti.

Isabella se estremeció ante sus últimas palabras. Amor

—No pasará nada, Edward. Iremos paso a paso, ¿De acuerdo?

—De acuerdo. ¿Viviremos el momento?

—Lo haremos y empezaremos en este instante. —Prometió besando su boca y aferrándose a su cuerpo transmitiéndole el deseo de estar con él, deseo que él. Sintió y aceptó tomándola en brazos y dirigiéndose a su habitación. Le demostraría con su cuerpo lo que aún no era capaz de mostrarle con su corazón.

Llegaron hasta la cama e Isabella le empujó para dejarle sentado. Edward la atrapó haciéndola quedar entre sus piernas y se dedicó a desnudarla hasta dejarla en ropa interior, gesto que ella imitó dejándole a él en igualdad de condiciones.

Bella tomó las riendas de la situación y descendió hasta apoderarse del miembro de él y comenzar a besarlo suavemente, introduciéndolo en su boca, acariciándolo con la lengua hasta volverlo loco de placer. Bella sintió como el miembro de él se endurecía dentro de su boca, creciendo en su interior.

—¡Bella, oh Dios! Nena, no aguanto más.

Isabella, liberó la presión de su boca y se sentó a horcajadas sobre él, dejándose caer de manera lenta y tortuosa sobre su enardecido miembro.

Edward se deshizo del sujetador de ella, pues las braguitas ya habían desaparecido antes y comenzó a lamer y besar ambos pechos, arrancando gemidos de placer.

Ambos juntaron sus frentes e iniciaron un suave balanceo, marcando el ritmo que sus cuerpos pedían, buscando alcanzar el orgasmo. Cuando Edward lo sintió llegar, acarició el clítoris de Bella para que le acompañase en su explosión de placer.

Saciados y excitados se dejaron llevar por la tormenta de pasión y lujuria en la que estaban envueltos. Pasaron la noche haciendo el amor, acariciándose y besándose hasta quedar saciados.

Cuando el sueño les alcanzó, Bella se aferró al brazo de Edward que envolvía su cintura. Esa noche, Edward había dado un gran paso, Edward le había mostrado parte de su corazón. Una parte que no esperaba. La muerte de un ser querido siempre es difícil de superar, pero cuando se trata de la persona a la que amas... En parte, ahora entendía su actitud, sus temores…

Puede que le tocase luchar contra los recuerdos de un fantasma, pero estaba decidida a devolver la alegría a la vida de Edward, porque le amaba, ahora lo sabía.

Esperaba que esa noche, esa confesión, ese solo fuera el inicio de la brecha que terminase por romper su corza y quien sabe, quizás ese miedo al compromiso desapareciese por fin.

¡Hola a todos! ¿Qué tal? Pues ya hemos conocido una parte del pasado de Edward, y digo una parte porque aún hay más.

¿Os esperabais algo así?

Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews.

Espero ansiosa vuestros comentarios.

Como siempre nos leemos el martes en Facebook y el viernes en el capitulo.

Saludos.