Disclaimer:

La serie Naruto (tanto manga como anime) son propiedad de Masashi Kishimoto. Las letras y citas incluidas en el texto son propiedad de sus respectivos autores.

House of Crows pertenece a SilverShine, yo sólo me ocupo de la traducción.

La imagen de la portada lleva por nombre White Raveny es propiedad de Nat Jones.


Advertencias:

Clasificación M: Contenido adulto tal como lenguaje, sexo, etc.


La Casa de los Cuervos

Capítulo 27

Planes en Movimiento


Debe haber algo que no reconozco,

Hay algo aquí de lo que no me doy cuenta.

Un sol rojo en el cristal de mi ventana

Y junto a mí te veo de nuevo.


La oscuridad invadió cada centímetro de su subconsciente, una manta gruesa e impenetrable que se envolvía alrededor de su cuerpo, sofocándole y escondiendo horrores sin nombre ni forma dentro de ella. Él intentó encontrar algo familiar, algo tangible a lo cual aferrarse-

Pero todo lo que tocaba era esa manita fría y pegajosa cubierta de porquería y sangre.

Kakashi retrocedió con tanta fuerza que se despertó de un tirón y con un escalofrío. Pero incluso a través de la oscuridad de la habitación pudo concentrarse y se dio cuenta que estaba viendo los paneles con motivos en el techo, ese feo horror todavía lo sujetaba como en sus pesadillas. ¿Cómo podía desaparecer la ansiedad cuando no había manera de frenar sus problemas en el mundo consciente? Un suspiro soñoliento a su izquierda hizo girar su cabeza, y automáticamente se encontró buscando esa misma familiaridad suave y reconfortante que añoraba en su sueño. No había deliberación consciente cuando se giró y envolvió el brazo alrededor de Sakura. Con su espalda pegada a su pecho y su nariz enterrada en su cabello, la oscuridad se llenó con culpa y los fantasmas se sintieron un poco más lejos que antes.

Sakura al principio se puso rígida, inicialmente intentando quitárselo de encima entre sueños ya que no estaba acostumbrada a la sensación de dormir en los brazos de un hombre, pero ni siquiera una novicia como ella podría resistirse a esa cálida y seductora calma. Gradualmente se relajó, contenta con el peso de su brazo y la mano descansando en su vientre junto a la de ella. Realmente era ella su ancla. Cuando uno de sus grandes miedos era su seguridad, durmió mejor sabiendo que ella estaba en sus brazos donde nada podía sucederle sin que él lo supiera. Podía sentir su marca de chakra pulsando en su cadera, una pequeña parte de él mismo marcada en su piel que los conectaba incluso estando separados.

Aquí en esta cama era más sencillo pretender que sus dificultades eran parte de la vida de otras personas. Justo ahora eran simplemente dos personas durmiendo, abrazándose, respirando al mismo ritmo. Sin importar cuánto dolor y desconfianza hubiera entre ellos cuando el sol llegara, justo ahora podía imaginar que todo estaba bien. Como debió haber sido.

Somnolientamente, él se acercó más, acariciando con la mano su cadera mientras inhalaba la dulce esencia floral de su shampoo. Así debió ser la primera vez que ella hacía el amor, si él no hubiera visto la forma en que su expresión había cambiado cuando mencionó a Sasuke, y si él no hubiera tenido que rebatir sus preguntas con hostilidad para prevenir que ella pensara demasiado en lo ilógicas que parecían sus acciones durante esa misión. Había demasiadas cosas a las que podía culpar por entrometerse en un momento tal vulnerable: A Sasuke, por existir y ser todavía el primer hombre en la vida de Sakura; su familia, por necesitar protección de Sakura; así mismo, por ser lo suficientemente débil como para sentir celos y ser un idiota con Sakura…

Mientras su mano vagaba sobre su vientre de nuevo, Sakura murmuró algo ininteligible y movió las caderas contra las de él. En su estado semi-dormido su cuerpo reaccionó de la única forma en que sabía cuándo se encontraba contra un trasero femenino moviéndose contra su regazo. Las mantas que habían sido envueltas con tanta seguridad alrededor de ella tan solo unas horas atrás ahora se habían movido para compensar la temperatura tropical en su habitación, y el ligero material de su yukata no representaba realmente una barrera, no cuando él podía deslizar sus manos con tanta facilidad dentro de los pliegues de la tela y pasar los dedos a través de la suave y sedosa piel de su muslo. Ella se movió de nuevo hacia su toque, presionando su trasero en una posición más cómoda contra su creciente erección. Un débil gruñido escapó de él.

La pálida curva de su cuello le invitaba tímidamente, y cuando él se inclinó para probar la luz de luna en su piel ella hizo un sonido apreciativo. Él la deseaba. Él la deseaba tan intensamente como la había deseado meses atrás. Ella desconfiaba de él, pero no tenía idea de lo bueno que él podía hacerlo para ella. Cuán bien se sentiría para ambos cuando él se hundiera en su apretada, tibia cavidad sin la barrera de su virginidad. Todavía podía recordar cómo se sintió estar dentro de ella, sentirla apretándose y temblar alrededor de él cuando ella alcanzó su clímax.

Él estaba sudando. Su corazón estaba latiendo con fuerza contra su espalda y su erección pulsaba apretada dentro de sus pantalones. Su mano se movió a tientas sobre ella, acariciándole el desnudo vientre hacia su cadera. —Sakura. —Susurró, su voz baja y áspera por la necesidad. —Date vuelta.

Los ojos de ella apenas se abrieron y ella dejó salir otro somnoliento y suave sonido mientras se movía a través del movimiento de las manos de él. Inmediatamente presionó la boca sobre la de ella y le movió el muslo para colocarlo sobre su cadera, y con las solapas de su yukata abierta él podía sentir el calor de su carne presionada contra la de él.

Pero sus pantalones estaban en su camino. Con un gruñido de frustración contra su suave boca, él movió la mano y se abrió el pantalón él mismo, bajándose la tela que se interponía para liberar su dolorosa erección. Él rodó las caderas contra ella una y otra vez y tembló ante el increíble placer de su sexo deslizándose contra sus suaves y húmedos pliegues.

Sakura se despertó un poco más ante eso. Estaba vagamente consciente de ser besada tan profundamente que apenas podía respirar, y ser tocada con algo grueso y duro entre las piernas. No podía entenderlo fuera del placer indescriptible. Las objeciones racionales no estaban llegando a ella, no cuando él estaba arrastrándola con tanta facilidad con su boca y la mano que se había metido en el interior de su yukata para sostener uno de sus pesados senos. Ella resolló cuando él frotó con el pulgar su hipersensible pezón y ella hundió las uñas en sus hombros.

Esto tenía que ser uno de sus sueños. Ella había tenido tantos con él desde esa noche, incluso luego de que descubriera qué idiota había sido al confiar en él. En algún nivel su cuerpo se rehusaba a perdonarlo, y las memorias del vivido placer que él le había dado regresaban de vez en cuando durante la noche. Pero esto era diferente. Esto era nuevo, y ardiente, y casi sofocante. Se sentía demasiado real. Demasiado visceral.

—Sakura. —Gruñó.

Ella escuchó la tensión y la necesidad en su voz y sintió una respuesta hacer eco en sí misma. Entonces él le levantó aún más la pierna y la acomodó sobre su cadera, y la presión entre sus piernas estaba volviéndose cada vez más alarmante que instintivamente intentó alejarse. Él la detuvo con una mano sobre su cadera, anclándola en su lugar. —Por favor, no. —Susurró él. —No te muevas…

Pero esto era repentinamente demasiado real para Sakura. El ardor penetrante de su carne estuvo fresco de nuevo, claramente salvaje y cada grito de ira y traición se alojó en su garganta. Ella convulsionó, pateando y golpeando y rasguñándole el rostro hasta que él le sujetó las manos y las mantuvo abajo, sometiéndola. Por un momento en el que su corazón se detuvo, ella creyó que era todo. Que él no la dejaría ir. Que él simplemente continuaría.

Y ella no podría detenerlo.

La presión se detuvo. Su agarre se aflojó. Él se recostó en su espalda y Sakura se salió de la cama tan rápidamente que sus rodillas golpearon el suelo antes de que se diera cuenta lo que estaba haciendo. No podía verlo cuando estaba tendido sin hacer esfuerzo alguno para cubrirse. Los segundos pasaron agonizantemente lentos, y todo lo que podía ver ella era el piso oscuro y todo lo que podía escuchar era el sonido de su propio corazón latiendo con fuerza.

¿Qué demonios había sucedido?

Escuchó la maldición tensa de Kakashi mientras se salía de la cama y se movía hacia la puerta del baño. La puerta se cerró con un golpe que casi sacudió la habitación entera. Sakura apretó los ojos con fuerza. Sabía que iba a hacer él ahí y no quería saberlo. No quería escucharlo.

En lugar de eso se levantó sin mucho equilibrio y cruzó la puerta divisoria. Ya había tenido suficiente de esto, y de él, ¡Y de este estúpido arreglo! A tropezones salió al corredor y corrió medio a ciegas a través de la oscuridad, confiando en su memoria y en los cuadros de luz de luna que atravesaban desde la ventana para calcular la longitud del pasillo. Era tentador girarse y entrar en cualquiera de los cientos de cuartos vacíos en este lugar, pero ¿Cuál sería el punto? Kakashi siempre sabía dónde estaba.

Así que siguió corriendo, se movió hacia el sótano y a través del confiable laberinto de túneles y armarios hasta que entró al área de los dormitorios del personal, y cuando llegó a la puerta de su viejo dormitorio la abrió de golpe y la cerró de igual forma como si sintiera una presencia persiguiéndola y casi alcanzando sus talones. Un somnoliento bufido desde uno de los futones le dio la bienvenida.

—¿Quién es? —Kaoru croó.

—¿Sakura? —Aki echó un vistazo hacia ella en la oscuridad.

—Urgh…—Yui sólo se dio la vuelta para ver la pared.

La mirada de Sakura inmediatamente se posó en un futón vacío en el que no había dormido en semanas, pese a ser tendido obedientemente por una de las otras chicas en las noches. Eso era todo lo que necesitaba. Se deslizó dentro de él y puso las mantas sobre su cabeza con fuerza.

—Sakura- ¿Qué sucede? —La voz de Kaoru sonaba cercana y ella sintió que una mano preocupada le tocaba el hombro a través de la manta. —¿Estás bien?

Sakura no confiaba en sí misma para hablar, no cuando todavía estaba temblando con rabia y humillación. ¿Cómo había podido ser tan estúpida como para confiar en que el hombre mantendría las manos para sí mismo? ¿Y cómo ella había deseado por un segundo arrojar todas sus inhibiciones y dejarle continuar?

Si él pensaba que todo entre ellos podía ser arreglado con el sexo, ya podía hacerse a la idea de que sería lo contrario. Pero no era sólo su atrevimiento lo que le molestaba; era que había pasado mucho tiempo desde que alguien le había hecho sentir así de vulnerable.

—Sakura, ¿Qué sucede? —Aki le preguntó. —¿Es Kakashi?

Kaoru resolló. —¿Él no hizo nada, o sí?

Sakura cerró los ojos con fuerza. Sólo escuchar su nombre le hacía sentir avergonzada de nuevo ante la debilidad que él había expuesto en ella. —No es nada. —Se obligó a decir. —Él me regresó, eso es todo.

—Parece. —Yui gruñó maliciosamente, más para sí misma que para los otros. Las otras dos chicas no estaban convencidas juzgando por su silencio, pero Sakura permaneció perfectamente callada. No había venido aquí para causar drama o buscar confort. Había venido aquí porque quizás este era el único lugar en que Kakashi no la molestaría y aunque preferiría dormir sola en una habitación fría y silenciosa donde pudiera llorar y expulsar toda la desesperanza y vergüenza que sentía, aquí entre las otras chicas había una especie de seguridad.

Dios… ¿Cómo había sucedido esto?

Y para su desespero parecía que sólo habían pasado algunos minutos antes de que escuchara pisadas a lo largo del corredor de afuera. Alguien golpeó respetuosamente la puerta antes de abrirla. —¿Yamanaka Sakura está aquí? —Preguntó una de las sirvientas más viejas de las cocinas.

Sakura permaneció bajo sus mantas, determinada a no moverse.

Aki dejó salir un graznido. —¿Quién le llama?

—Adivina. —La sirvienta de las cocinas dijo, como si fuera obvio.

Aparentemente la relación de Sakura con Kakashi era discutida con frecuencia detrás de su espalda. Sabía que pasar cada noche de cada semana en su cama daba la impresión de que él era increíblemente demandante, y también sabía que un montón de gente no aprobaba que una mujer embarazada tuviera tanto sexo con hombres, especialmente con los que no eran el padre. Sakura tenía que sonreír y soportarlo. Él le había metido en apuros con esta relación falsa, dejándola sin chances de negarla o rechazarla.

Hasta ahora.

—No voy a ir. —Gruñó desde los confines de su cama. —Dile que se joda.

La sirvienta de las cocinas se río. —Querida, no le dices que 'no' a un Hatake.

—No dije 'no', dije 'que se joda'.

—Sakura, creí que él te había enviado de regreso. —Aki le susurró.

Su conveniente mentirilla blanca se había vuelto en su contra ya. Sakura jaló las mantas con más fuerza y simplemente repitió: —No voy a ir. —Y eso era todo.

No le voy a decir eso. —La sirvienta de las cocinas protestó. —Está de humor para matar.

—Tendrás que decirle eso, porque si Sakura no quiere regresar, ¡No va a regresar! No intentes obligarla porque no quieres lidiar con su mal humor. ¿Qué crees que le hará él a ella? —Aki respondió con un siseo. —Despertaré a mi Tío Karasu si tengo que hacerlo- él no tiene derecho alguno a usar al personal así.

La sirvienta de las cocinas dejó salir un exasperado suspiro. —Bien, pero si termina en mi funeral, ustedes lo van a pagar.

La puerta se cerró de nuevo y otro incómodo silencio cayó sobre el dormitorio. Kaoru gateó para arrodillarse junto al futón de Sakura. —¿Qué te hizo? —Preguntó silenciosamente. —Puedes decirnos, Sakura.

Se había burlado de la segunda kunoichi más fuerte de Konoha, eso era todo. Ahora todo lo que la segunda kunoichi más fuerte de Konoha quería hacer era esconderse bajo su edredón y llorar por toda la dignidad que este estúpido bebé le estaba costando. Nunca hubiera venido aquí si no se hubiera embarazado y no hubiera perdido tampoco su control de chakra. No tendría que satisfacer la locura de Kakashi y nunca hubiera tenido que sentir, ni por un breve momento, lo que se sentía estar a la merced de un hombre.

Ni siquiera Toshio había conseguido encender ese pánico en ella, no cuando siempre había estado consciente de que lo que él le había hecho a ella –real o imaginario- era sólo por elección de Sakura y nadie más. Sin esa elección, ¿Qué demonios era?

Que Kaoru, una chica que había sido sujeta incontables veces a lo real, estuviera frotándole el hombro consoladoramente sólo le hacía sentir más patética. Ella había sido consentida por su sentido de seguridad en sus talentos y lo que la tutela de la Hokage le dio. Estaba acostumbrada a que su fuerza fuera la que decidiera sus propios límites. Estando así de debilitada sólo le quedaba confiar en los otros para saber cuándo detenerse…

Eso le conmocionó.

Pasos vinieron dos veces más deprisa por el corredor. La sirvienta de las cocinas casi sacaba del riel la puerta, luciendo enrojecida y molesta. —¡Les dije que no tomaría un 'no' como respuesta! ¡Nunca había sido sujeta a ese tipo de lenguaje en mi vida! ¡Este es tu problema, lidia con ello! No veo por qué tengo que arriesgar mi cuello.

Rápidamente dejó el lugar antes de que alguien pudiera detenerla, dejando a Aki con pocas opciones a las qué acudir. —Le diré a mi tío. —Susurró de mala gana.

—¿Qué va a hacer él? —Kaoru preguntó. —A él no le importa.

—Quizá detenga a Kakashi… —Aki sonó dudosa. —Sé que no lo aprueba.

—Tampoco creo que apruebe ser despertado a mitad de la noche. —La otra chica le advirtió.

Del otro lado de la habitación, Yui dejó caer las manos contra su edredón con fuerza. —Oh, carajo, ¡Y qué si se puso un poco rudo! ¡Esto es patético! ¡Sólo regresa y déjanos dormir!

—Yui. —Aki dijo con tono de ruego.

—¡No! —Siseó ella. —¡Él la trata como una maldita princesa y ella hace un berrinche simplemente porque algo no salió como ella quería por primera vez! No vengas con esas- él le da su cama y ni siquiera la toca la mayoría del tiempo.

Sakura se asomó bajo las mantas. —¿Cómo sabes? —Demandó. —¡¿Has estado espiándonos?!

—¡Yo limpio su dormitorio! —Yui dijo cortante. —¡Cada mañana sólo un lado de la cama está revuelto y las sábanas siempre están limpias! ¿Qué hacen ahí toda la noche? ¿Tomarse las manos?

El primer pensamiento de Sakura fue que habían pasado por alto eso y en el futuro tendrían que hacer un esfuerzo para ser más descuidados. Su segundo pensamiento era que se jodiera eso; el arreglo fue idea de Kakashi y fue su culpa, él lo había dejado pasar. Pero si esto llegaba a oídos de Karasu…

Mientras ella intentaba formular alguna buena explicación por la falta de desastre en la habitación de Kakashi, algo como que Sakura limpiaba antes de que Yui llegara, Kaoru habló. —Yo iré. —Suspiró.

—¿Qué? —Aki le preguntó con rapidez.

—Yo iré y le diré a él –a Kakashi- que Sakura no irá así que debería dejarla en paz. —Pero lucía tan nerviosa que Sakura salió de las mantas para jalarla cuando ella se paró.

—No tienes que hacerlo. —Sakura dijo con rapidez, no deseando poner a Kaoru incómoda sólo por su propio beneficio.

—No, creo que él es bueno. —Dijo suavemente con un débil sonrojo. —Creo que si alguien le explica a detalle, él lo respetará. —Ella se levantó con una breve sonrisa y cruzó la puerta. —No te preocupes, regresaré en un rato.

Sakura se mordió el labio. —No creo que debas- —Pero Kaoru ya iba lejos de la puerta.

Yui la miró en silencio. —Se está engañando a sí misma. —Dijo con la voz plana. —A Kaoru le aterrorizan los hombres.

—Me pregunto por qué. —Sakura le soltó.

Yui se encogió de hombros y se acomodó de nuevo. —Es débil, eso es todo.


La imagen del hombre que le veía desde el espejo no era una que inmediatamente él reconociera. Raramente tenía la oportunidad de examinar su rostro desnudo ya que las únicas veces en que se quitaba la máscara era para comer, dormir y afeitarse –ninguna que hiciera frente a un espejo, pero a veces uno necesitaba tomar una buena, larga y profunda mirada a uno mismo, y justo ahora él se veía tan sórdido como se sentía.

Se alejó del espejo y se pasó la mano por el cabello mojado con vaguedad, cabello que estaba comenzando a ponerse demasiado largo para su gusto. Pronto sería capaz de atarlo y entonces la transformación en el gemelo idéntico de Karasu estaría completa. Aunque habían comenzado bastantes diferentes, las similitudes estaban creciendo, pero la respuesta a quién había comenzado a emular a quién se le había escapado de las manos por casi veinte años. Kakashi esperaba que no hubiera comenzado a adquirir alguna de las cualidades menos halagadoras de Karasu –como sus dominantes e irrespetuosas actitudes y su sutil forma sádica.

Aunque quizás, juzgando por su comportamiento esta noche, era demasiado tarde ya.

Kakashi suspiró mientras se dejaba caer en el sofá de la habitación principal y metió la mano en su bolsillo buscando una de las cosas que necesitaba justo ahora –un cigarrillo. Él lo encendió y dio una bocanada, y cerró los ojos para concentrarse en la marca de chakra de Sakura. No había señal alguna de ella acercándose. Sus dedos tamborilearon contra el posabrazos del sofá con creciente impaciencia.

La agitación no era sólo cosa de ella, después de todo, la mayoría de las chicas saldrían corriendo y gritando si fueran despertadas así. Sólo que ella parecía estarlo disfrutando tanto como él hasta que repentinamente se puso como una gata salvaje. Y no del buen tipo. Más como el tipo que siseaba y gruñía y convertiría tu cara en confeti por respirar de la manera equivocada.

Sin importar lo que hubiera pasado, era claro que cualquier progreso pequeño que hubiera hecho para ganarse de nuevo su confianza había retrocedido. Él necesitaba verla. No había forma en que él le dejara correr y esconderse bajo su cama para evadirlo. Él necesitaba que ella cooperara con él, sin importar que objeciones encontrara, porque si no lo hacía…

Significaba la absoluta falla de sus planes.

El crujido del piso de madera en el pasillo de afuera le alertó de la presencia de otro visitante. No podía ser Sakura, pero tampoco sonaba como la sirvienta de pies planos que ya había enviado dos veces por ella.

No podía ser…

Kakashi bajó rápidamente el cigarrillo y puso la mano en el ninjato enfundado que había arrojado sobre el sofá cuando había entrado. No de nuevo, pensó. Ser perseguido por fantasmas dos veces en una noche era demasiado, especialmente luego de que hubiera sufrido horrores para encender cada luz y lámpara a lo largo de la habitación para eliminar cualquier sombra que se creara.

Pero la luz sola no sería suficiente para alejar a los fantasmas, y si Obito venía arrastrándose por esa puerta de nuevo él se arrojaría por la ventana y no dejaría de correr.

Sin embargo, cuando su visitante golpeó con timidez la puerta él comenzó a relajarse. Hasta donde sabía, los fantasmas no hacían eso.

—Entra. —Gruñó con precaución y se sintió aliviado cuando una chica viva normal empujó la puerta.

Él la reconoció. Era una de las sirvientas que trabajaba junto a Sakura y probablemente era la misma que él había creído inicialmente estaba embarazada. Su rostro era lindo como la mayoría de las sirvientas en este lugar, pero justo ahora estaba pálido y tenso, y se veía como si estuviera viendo a todo menos a él como si ya le hubiera arrancado la cabeza de un mordisco.

Comparada con la pomposa sirvienta de antes él no tenía el corazón de tomarla contra ella, ni siquiera si no podía eliminar el tono cortante de su voz cuando habló. —Intenta de nuevo. —Le dijo. —Llamé a Sakura.

—Sakura no quiere atenderle. —La chica murmuró. —No esta noche.

—No es negociable. Dile que venga o la arrastraré aquí yo mismo.

Ella lució sobresaltada. —No vendrá. Le ha asustado.

Él bufó. —Nada asusta a Sakura.

Los ojos de la chica se elevaron hasta sus rodillas. —Usted la asustó. —Dijo ella en voz baja. —Sakura es la chica más valiente y dura que he conocido. Ni siquiera estaba genuinamente asustada cuando le atacaron y vio a ese hombre morir. Pero estaba asustada cuando regresó a nuestra habitación un rato atrás. Por favor, no la llame esta noche.

Kakashi la miró de arriba para abajo y supo exactamente qué estaba pensando ella –lo que sin duda era que él había hecho algún acto sexual perverso sobre una pobre e inconsciente embarazada. Y mientras eso estaba demasiado cerca de la verdad para gustarle, él hizo a un lado la culpa y preocupación que sentía. No estaba pidiendo que regresara para continuar lo que habían dejado sin terminar.

Incluso si la memoria de sus ansiosos besos y gemidos era suficiente como para endurecer su verga de nuevo.

—No tienes idea de qué le estoy pidiendo. —Dijo cortante. —Regresa y dile que venga aquí ahora. Es una cortesía. Asegúrate de que entienda que la veré incluso si eso significa que la arrastre del cabello.

—Por favor, señor, ella no vendrá. —Dijo la sirvienta. —¿En verdad es tan importante que sea Sakura?

—¿Qué? —Él no entendía.

—¿Quizá puedo hacerlo yo? —Susurró. —Al menos por esta noche. —Con eso, ella comenzó a jalarse el obi a su cintura. Kakashi no tenía idea de lo que estaba intentando lograr hasta que el obi se aflojó y cayó al suelo… junto con el resto de su ropa.

Su boca se abrió, luego se cerró con prontitud. —Mm.

—Haré lo que sea que usted quiera. —Dijo mecánicamente, viendo al suelo. —Lo que sea que usted pida, señor.

Él torció el gesto. —Creo… que deberías vestirte de nuevo. —Dijo, definitivamente viendo a las partes incorrectas de su anatomía.

Su mirada se movió de nuevo hacia su rostro justo a tiempo para ver la mirada desesperada que le dirigió a él. —Por favor, deme una oportunidad. —Le rogó. —Puedo complacerlo igual de bien- quizá más. Tengo más experiencia que Sakura de cualquier forma. ¡Haré cosas que ella no es capaz de hacer!

Ahora se sentía enfermo. Ordinariamente era más que bueno tener una chica que se quitara la ropa enfrente de uno y demandara ser profundamente revolcada, pero no cuando ella lo decía con la expresión de alguien que tenía un cuchillo bajo su garganta. No necesitó mucho para saber quién le había dado aquellas experiencias, no cuando ella tenía toda la confidencia sexual de un perrito tembloroso.

—Ponte la ropa. —Dijo, viendo con decisión el techo. —No eres ese tipo de chica.

—¡No! —Protestó desesperadamente. —¡Por favor, tómeme a mí, señor! ¡Sakura es mi amiga, y ya tiene muchos problemas por culpa del bebé! Puedo hacer cualquier cosa que usted quiera sólo- sólo déjela en paz.

Él se levantó y tiró lo que quedaba de su cigarrillo en el cenicero de la mesita de café. —Soy muy demandante, no estoy seguro de que puedas seguirme el ritmo. —Le dijo con seriedad.

Ella tembló. —Daré… daré mi mayor esfuerzo para complacerlo.

—Me gusta el dolor. —Dijo él mientras se movía hacia ella. —El mío y el tuyo. ¿Te gusta el dolor?

—Yo… yo puedo aprender a disfrutarlo.

—No, ese no es el punto. No te puede gustar el dolor. Quiero envolver las manos alrededor de la garganta de una chica y no saber si está gritando de placer o por clemencia. ¿Lo entiendes?

Ella asintió en silencio, pero su boca se había quedado abierta, horrorizada por lo que escuchó.

—¿Y aun así sigues ofreciéndote?

De nuevo, ella asintió.

—¿Sólo para evitarle a Sakura el horror de estar conmigo?

Ella se congeló. —No quise ponerlo así, señor…

—Seguro lo hiciste. —Él le dio una fría sonrisita que le asustó más que cualquier mirada de enfado podría. —Crees que soy un monstruo que está sometiendo a Sakura a brutalidades que tú conoces demasiado bien, y estás dispuesta a soportarlas en lugar de ella sólo porque es tu amiga.

—Lo siento. —Susurró ella.

—¿Por ser una buena amiga? Acepto tu disculpa. —Él se agachó y levantó la yukata para comenzar a envolverla alrededor de los hombros de ella y cerró las solapas con su mano, porque tenía la sensación de que si la dejaba así mágicamente terminaría de nuevo en el suelo. La chica era persistente, pero justo ahora se veía confusa. —Creo que puedo confiar en que le llevarás un mensaje a nuestra amiga mutua.

—No… no, estoy aquí para satisfacer sus necesidades. —Le dijo, intentando sacarse de nuevo el yukata, pero Kakashi no se lo permitió. Ambos sabían que era más difícil para los hombres pensar cuando estaban frente a una mujer desnuda.

—Los hombres no tienen necesidades, tienen deseos. —Replicó. —Y los que no pueden controlarse ni siquiera por una noche no deberían ser llamados hombres. Pero la única cosa que quiero esta noche es hablar con Sakura. Tuvimos un malentendido, eso es todo.

—¿Un malentendido? —Repitió con dudas.

—Sí, así que regresa a tu dormitorio y dile que quiero hablar con ella.

—No vendrá simplemente porque le diga que usted quiere hablar con ella. —Y parecía que no le creía que eso fuera todo lo que él quisiera tampoco.

—¿Ni siquiera para disculparme?

Ella se quedó en silencio.

—Te llamas Kaoru, ¿Verdad?

Sus ojos se abrieron. —¿Cómo lo-?

—Ella ha hablado de ti. Siente mucho cariño por ti… es muy protectora. Si supiera que te desnudaste frente a mí me mataría.

—E-estoy segura de que ella ni siquiera-

—Lo haría.

—No-

—Muy dolorosamente.

—¿En serio?

—Sí.

—Ella tiene un carácter muy explosivo…

—Ni siquiera lo has visto en toda su gloria. —Suspiró. —Así que para evitar mi fallecimiento prematuro, ¿Te pondrías de nuevo la ropa?

Kaoru titubeó antes de meter los brazos con lentitud en las mangas y agacharse para atarse el obi. Él sentía que era seguro dejarle componerse la ropa ella misma. Cuando ella le miró seguía todavía cautelosa, pero también había un sonrojo de vergüenza sobre sus mejillas como si entendiera que lo que había hecho había sido completamente inútil e innecesario. —¿No puede simplemente disculparse mañana, señor? —Preguntó. —Estoy segura que ya se habrá calmado para entonces.

—Si lo dejo para mañana entonces ella habrá racionalizado otra docena de maneras para sacarlo de proporción. —Dijo con la voz plana. —Necesito verla inmediatamente. Dile a ella eso. Asegúrate de que lo entienda.

—Señor, no creo que pueda… —Kaoru dijo en voz de ruego. Así como ella lo veía, este par era tan necio como las cabras del bosque tropical. Sakura ya había dejado perfectamente claro que no iba a regresar esta noche para ver a este hombre, pero él estaba haciendo igualmente claro que ella iba a verlo. Una era su amiga y el otro era un honorable invitado de la casa, uno al que no podía arriesgarse a ofender a menos que quisiera ser echada del feudo con tanta fuerza y rapidez que dejaría marcas de fricción a través del patio.

Si todo se reducía a eso, no creía que pudiera defenderse de este hombre por mucho más tiempo. No sólo porque estaba obligada a obedecer, sino porque ella estaba intentando convencer a un experimentado guerrero cuya edad posiblemente doblaba, cuyo rostro cicatrizado y mirada de un solo ojo le ponía nerviosa. Ella lo había visto por ahí antes pero siempre con la máscara puesta, y viendo la personalidad en el rostro debajo de ella, se preguntó sobre su tonto enamoramiento hacia él y cuan insignificante era probablemente para este hombre que había asesinado a tantos.

Pero cuando buscó aquella chispa de crueldad que pensaba vería en los rostros de la gente que era como él… no podía encontrarla. Todo lo que veía era un tipo pasivo de receptividad, como si estuviera abierto a todos los pensamientos e ideas alrededor de él, sin importar de dónde venían, incluyendo a sirvientes de bajo nivel.

Así que cuando él dijo que todo era un malentendido y que todo lo que él quería hacer era hablar, ella quería creerle.

—Tienes razón. Argumentos normales no funcionarán en esa terca mujer. —Él se acarició a consciencia la barbilla y ella escuchó el ruido del crecimiento invisible de su barba. —Ella no se moverá a menos…

Él se interrumpió de nuevo y Kaoru esperó, los dedos de sus pies moviéndose ansiosamente en los confines de sus tabi. —¿A menos?

Ahora él lucía leventemente avergonzado. —Eres amiga de Sakura así que confío en que puedo darte el mensaje, y confío en que no se lo repetirás a nadie más por el daño que podría causar.

Sus ojos se abrieron. —¿Daño?

—Dile a Sakura que yo… —Él titubeó, y luego avanzó hacia ella para susurrarle en el oído como si estuviera preocupado de que alguien pudiera escucharle.

Cuando él retrocedió, los ojos de Kaoru se abrieron todavía más. —Eso es… eso es… Ni siquiera estoy segura de cómo tomará eso. —Susurró. —¿Se… se supone que ella va a creer en eso?

—Posiblemente, posiblemente no. Ella está enojada conmigo justo ahora. —Admitió. —Estoy confiando en que le vendas la idea.

—Está pidiendo un montón, señor.

—Sí. —Dijo con simpleza.

Bueno, entonces eso era todo. —Yo… yo le entregaré el mensaje directamente.

—Gracias, Kaoru.

¡Él sabía su nombre! Kaoru se dejó caer en una profunda reverencia. —Kakashi-sama. —Virtualmente se postró mientras caminaba de espaldas hacia la puerta. Pero antes de que saliera de nuevo le dirigió una última mirada al hombre que se movía de regreso al sofá. —Pero… ¿Qué hay sobre el dolor y eso?

Él se dejó caer de espaldas para retomar su posición anterior y levantó los restos humeantes de su cigarrillo para llevarlo de vuelta a sus labios. —¿Qué hay de eso?

—¿Era cierto?

—Estaba tomándote el pelo. —Dijo, dándole una bocanada a su cigarrillo y poniendo una mirada pensativa hacia el techo. —Prefiero acurrucarme.

Y luego le dirigió una sonrisa que hizo que el corazón de Kaoru latiera con fuerza de manera poco natural todo el camino hacia el dormitorio del personal.


Sakura miró con cansancio hacia la puerta cuando se abrió y Kaoru entró. Ni siquiera por un segundo había creído que Kaoru conseguiría convencer a ese tarado necio de dejarle en paz, y juzgando por la nerviosa expresión de Kaoru parecía indicar que había supuesto bien.

Lo que no había esperado era que Kaoru, luego de haber marchado a defender el derecho de Sakura a tener paz y quietud por una sola noche, se arrodillara junto a ella y comenzara a convencerla de que fuera.

—Él sólo quiere hablar contigo. —Le prometió.

—¡No! —Sakura jadeó. —¡Se suponía que tenías que decirle que se lo ahorrara!

—Pero creo que lo dice en serio.

Kakashi realmente había trabajado con ella, había puesto a la propia amiga de Sakura en su contra. Pero también un hombre que había nacido con suficiente talento natural para engañar con facilidad por completo a una aldea podría con facilidad convencer a una simple sirvienta de Ame que lo que él tenía que decir valía la pena.

—Él dice que lo siente. —Kaoru continuó. —Parece… que era sincero.

Sakura se giró en su cama y puso las mantas sobre ella para cubrirse las orejas. No quería escuchar que tan arrepentido estaba, sólo quería estar sola y que sus amigos no hicieran el trabajo sucio por Kakashi. ¿Qué esperaba él que hiciera ella? ¿Sonreír y aceptar su disculpa y regresar a su cama? Prefería dejarlo esperando por cual fuera el tiempo que le tomara sentirse genuinamente arrepentido.

—Todavía podemos ir con mi tío. —Aki sugirió de nuevo.

—Todavía podemos callarnos y dejarme dormir. —Yui siseó desde su cama.

Por primera vez Sakura estaba inclinada a estar de acuerdo con ella- como si no estuviera ya muy molesta.

Kaoru se inclinó junto a ella así que su boca estaba cerca de una de las orejas parcialmente cubiertas de Sakura. —Él me dijo que te dijera… que no te tocaría.

Un humillante calor recorrió el cuerpo de Sakura. ¿Kakashi realmente le había dicho lo que había sucedido? ¡¿El hombre no tenía vergüenza?!

—Él dijo que no lo necesitaba. —Kaoru continuó, susurrando en la oreja de Sakura así que nadie más en la habitación podría escuchar. —Porque… ayudé a estimularlo. Él está muy relajado ahora.

Sakura dejó de respirar y por un largo rato se olvidó de cómo comenzar a hacerlo de nuevo. —¿Qué? —Croó peligrosamente.

—Quizá no debí haber mencionado eso… —Kaoru susurró, y cuando Sakura lentamente se giró para encararla notó un raro brillo sobre el rostro de la otra chica. Estaba más brillante, más febril de lo que recordaba estaba antes, y Sakura tuvo el honor de ser testigo del hecho de que Kaoru había regresado de su encuentro al menos dos veces más enamorada de Kakashi.

¿Qué demonios había hecho?

Lentamente, Sakura se sacó las mantas y se puso en pie. Sin mirar a ninguna de las otras chicas caminó hacia la puerta.

—Finalmente. —Yui gruñó.

—¿Adónde vas? —Aki preguntó incrédulamente.

—Voy a hacerme un sándwich. —Respondió con serena compostura.

Instintivamente parecieron entender que meterse en su camino ahora significaría una muerte instantánea y garantizada. Ella se salió de la habitación con sólo un pensamiento en mente: castrar a cierto hombre por el bien de las mujeres, y nada la detendría ahora. Incluso las sombras parecían volar lejos de ella mientras atravesaba los corredores del sótano.

Con cada paso su ira crecía. Justo cuando comenzó a pensar que no había más profundidades en las que ese hombre podría hundirse, él tenía que sorprenderla, ¿No? Entre escuchar su confesión de haber volado los puentes del País de Fuego por petición de Iwa y el Sindicato, verlo asustarse por cosas que no estaban ahí, y tener a una sonrosada Kaoru contándole que a Kakashi evidentemente no le importaba quién le proporcionaba placer sexual, parecía que él estaba intentando hacerla romper los límites.

Bueno, si esa era su intención, había tenido éxito.

Y él sería su primera víctima.

La puerta de Kakashi estaba al final del estrecho corredor, cada vez más cerca. Ella aceleró, su mandíbula y puños apretándose, hasta que estuvo lo suficientemente cerca para tomar la manija y deslizar la puerta con fuerza.

¡Tú! —Gritó ella.

Desde su posición en el sofá, él se apuntó a sí mismo. —Yo. —Aceptó.

—¡No tienes decencia! —Le acusó, cada palabra enfatizada con un temblor de ira. —¡Ningún respeto! ¡Ninguno hacia mí!

Kakashi se levantó con trabajo del sofá. —Estás molesta. —Observó inútilmente. —Escucha-

—¡No, cállate y escúchame por una vez! —Dijo con ira. Era una suerte que esta particular área de invitados estuviera vacía salvo por esta habitación, de otro modo el piso entero hubiera escuchado sus gritos. —¡He tenido suficiente de ti y tus manipulaciones y de tu perversión y de tus trucos sucios! ¡No soy un perro! ¡No puedes patearme un minuto y esperar que regrese arrastrándome obediente hacia ti en el siguiente! ¡Ni siquiera estás arrepentido!

Estoy arrepentido. —Dijo con firmeza. —Sakura, no sabía lo que estaba-

—¡No vine a escuchar excusas! —Le interrumpió. —Kaoru me dijo que tú- y- ella- ya sabes.

—¿Qué ella me dio una mamada? —Adivinó. —¿Sabes que le dije que dijera eso, verdad?

Sus manos cayeron hacia sus costados, sus ojos abiertos. —¿Por qué me tomas, una idiota? ¡Por supuesto que sé eso! No eres de los que hace actos sexuales ilícitos con jóvenes extrañas a las que no conoces, pero ¿Qué?, ¿Esperabas que creyera esa mentira porque me querías hacer enojar tanto que vendría aquí para confrontarte por ello? Bueno, felicitaciones, insultaste tanto mi inteligencia que vine de cualquier modo. ¿Crees que puedes jalar de mis cuerdas como si fuera una marioneta y que no me importaría? ¡No te voy a seguir más el juego, Kakashi! Este 'arreglo' se terminó. Ya no voy a dormir aquí. Solo vine para decirte eso y advertirte que te quedes lejos de mí de ahora en adelante porque somos, si ya te olvidaste, enemigos.

Una vez que dijo lo que pensaba se giró antes de que él tuviera una oportunidad de abrir la boca y responder, intentando alcanzar la puerta antes de que él pudiera detenerla. Era esperar demasiado, y se vio obligada a detenerse cuando el cuerpo de Kakashi repentinamente le bloqueó el paso.

—Muévete. —Gruñó ella.

—Lamento haberte asustado. —Dijo con la voz baja. —Y estoy de acuerdo, no debí haber insultado así tu inteligencia.

—No me asustaste. —Le ladró. —Me hiciste enfadar.

Ella intentó empujarlo, pero él le tomó de los brazos y la mantuvo quieta. Inmediatamente ella se encontró de regreso en el cuarto a unos cuantos pasos del oscuro dormitorio con la cama tibia, luchando para zafarse de su agarre. Su pulso se aceleró y ella tragó con fuerza, y mientras sus instintos le decían que se liberara y creara cierta distancia, ella permaneció firme. Ella no iba a correr. Una kunoichi todavía tenía su orgullo, incluso si había perdido todo lo demás.

—Te he visto molesta y te he visto asustada, conozco la diferencia. Nunca hubiera deseado que me vieras así… —Había tristeza en su rostro. Aunque le hizo querer alejar la mirada, nada dispuesta a ver si él estaba tan arrepentido como decía, no podía escapar de la fuerza de su mirada. —¿De qué estabas tan asustada?

—No lo estaba. —Gruñó.

Él suspiró. —Supongo que crees que está bien insultar mi inteligencia, ¿Huh? Sakura, no estaba imaginando cosas, ¿O sí? Estabas respondiendo.

—No quiero hablar de eso. —No quería hablar sobre sus manos en sus pechos ni de su verga presionando entre sus piernas y cuán bien se había sentido en esos momentos antes de que la cordura hubiera regresado a ella. Su mirada se movió y ella intentó retroceder.

Su agarre sobre ella se fortaleció. —¿Te he dado alguna vez una razón para creer que te lastimaría? —Demando.

—Ese no es el punto.

—Entonces, ¿Cuál es el punto?

—Es diferente. —Siseó. —Cuando tú eres el que está siendo dominado y lo que sucede a continuación no depende de ti.

—¿Qué? —La tensión volvió rígidos sus hombros mientras le veía fijamente. Sus manos cayeron lejos de ella. —¿Creíste que iba a violarte? —Jadeó él.

Ella no sabía cómo explicar que no importaba lo que ella creyera que él iba a hacer, era simplemente saber que ella era incapaz de hacer algo al respecto lo que le llenaba con tal pánico. —No me gusta no tener control, es todo. —Murmuró. —Tú no sabes lo que es pasar de ser una de las mujeres más fuertes de la aldea a… nada. Y no puedes simplemente pensar que luego de todo por lo que me has hecho pasar iba a aceptar seguir con algo así.

—No estaba pensando. Tuve un sueño y cuando desperté me moví a tientas… y que tú también lo hiciste.

Su rostro se sonrojó. —Bueno… tampoco estaba pensando. En verdad no sabía que estaba pensando hasta que hundiste tú-

—Bien. Ninguno de los dos es culpable de nuestras acciones. —Dijo, y ella notó algo de vergüenza arrastrándose en su tono como un sonrojo a través de sus palabras. —Sólo digamos que somos víctimas del estrés y dejemos eso atrás.

—Si quieres. —Intentó decir como si no le importara. Cualquier cosa para salir de aquí.

—Así que… —Apuntó incómodamente hacia la puerta divisoria donde estaba el dormitorio. —Puedes volverá la cama.

—¡No nos apresuremos! —Repentinamente explotó. —¡No voy a dormir aquí contigo!

—¡No voy a intentar nada! —Dijo con un tono de ruego.

—¿Cómo se supone que voy a confiar en eso con lo que acaba de pasar?

—¡No quiero intentar nada!

¡¿Qué?! ¡¿Me encuentras repulsiva?! —Lágrimas llenaron sus ojos mientras sus brazos envolvían con vergüenza su vientre. —Eres tan cruel.

Sus manos se levantaron como si intentara acunarle el rostro –o rodearle el cuello- pero él pareció pensarlo mejor y las bajó con rapidez. —¿Podrías escuchar lo que estoy diciendo por una sola vez? —Suspiró. —Te necesito aquí. Estás protegida mientras permanezcas aquí. Y… necesito tu ayuda.

¿Ayuda? ¿Qué tipo de maldita manipulación era esta? —Consideraré quedarme cuando te pongas de rodillas y ruegues. —Dijo gruñonamente. —Mientras tanto haré lo que pueda con mis recursos.

Él no podía detenerla, no a menos que quisiera recurrir a la fuerza, y ella sabía que él no tenía una vena despiadada en él. Así que cuando él todo lo que pudo hacer es verla yéndose sin decir nada, ella se hizo a un lado y lo rodeó para llegar a la puerta. Regresaría a su dormitorio y eso sería todo- al menos por esta noche.

Ella se detuvo cuando escuchó un golpe detrás de sí y se giró.

Kakashi estaba de rodillas en el suelo, sus manos separadas con su cuerpo tan inclinado que su frente casi tocaba la alfombra. Sakura se puso rígida. —¿Qué estás haciendo? —Murmuró titubeante.

—Rogando. —Dijo él.

—Me estás asustando. —Le dijo a la parte trasera de su cabeza. —Detente.

—Lamento si te hice sentir maltratada aquí. Sé que no es fácil para ti, pero te estoy rogando que te quedes. Por favor, perdóname por ser un hombre tan, tan defectuoso porque necesito que cooperes conmigo. No sólo por mi bien, sino por el de Konoha. —Él permaneció perfectamente quieto en su pose de disculpa.

Sakura jaló cuidadosamente el cuello de su camiseta. —No hablaba en serio cuando dije lo de rogarme.

—Yo sí. —Dijo él, levantando su cabeza para verla. —Si es la única manera en que puedo ganar tu confianza.

Sus cejas se levantaron. —¿Por qué demonios necesitas mi confianza?

—Tengo un plan. —Dijo con simpleza.

—Un plan.

—Sí.

Bueno, él siempre parecía tener un montón de planes, pero hasta ahora era raro que él se molestara en compartirlos con ella. Ella se quedó viendo su cabello despeinado sospechosamente mientras su mente corría, intentando descifrar en qué estaba ahora. —¿Y?

—¿Puedo levantarme? —Preguntó.

—Ah- no. —Dijo con rapidez. De hecho, estaba comenzando a disfrutar de tenerlo en esta posición. —Este es probablemente un avance en ti.

Ella esperó por la mordaz y sarcástica respuesta sobre tomarle una foto para que durara más. Y esperó. Kakashi permaneció perfectamente quieto y callado con toda la reverencia que tenía el ayudante del Amo Zuru. Era tan extraño… ella nunca le había visto reverenciar a nadie, ni siquiera al Hokage, y si no reverenciaba al Hokage, no lo haría para nadie. Ella le había escuchado decir eso al Daimyo del País del Viento luego de rehusarse a reverenciarlo, más que dispuesto a insultar a un régimen mayor de gobierno y causar una crisis diplomática internacional por la mera razón de que arrodillarse ante un líder extranjero implicaría que el Daimyo tenía más autoridad sobre él que su Hokage.

Y aquí estaba él, reverenciándole a ella en una forma en que explícitamente se había rehusado a hacer para los señores feudales.

Sakura tragó con fuerza. —Estás hablando en serio, ¿No? —Murmuró.

—Sí. —Repitió sin ninguna señal de burla.

—De acuerdo, ahora me estás aterrorizando. Puedes levantarte ahora.

Kakashi se puso de pie con un gruñido y apuntó el sofá. —Deberias sentarte.

Esto sonaba serio. Sakura siguió su sugerencia y se acomodó en el cómodo borde del lujoso y suave sofá. Ella no se molestó en esconder su disgusto ante el cenicero lleno de frescas y apestosas colillas de cigarro en la mesa frente a ella, pero Kakashi no lo notó. Él comenzó a caminar.

—Sabes de la misión, ¿no?, y del hecho de que Tenzou reconstruirá los puentes en un día o dos. —Le dijo.

Ella asintió.

—Karasu sabrá de esto antes de que él pueda terminar, y entonces-

—¿Estarás en problemas? —Supuso ella.

—Siempre puedo decir que no estaba consciente de alguien con las habilidades de Tenzou. El problema es que una falla como esta sólo animará a Karasu e Iwa, o ambos, para intentar algo más destructivo y temerario. No estoy seguro de que pueda intervenir la siguiente ocasión.

—No puedes. —Dijo ella, como si fuera obvio. —Te has plantado en medio de una guerra entre dos de las aldeas principales, pensando que puedes evitar que los dos bandos se asesinen. Pude haberte dicho que este era un estúpido plan a largo plazo. Es imposible arruinar cada misión.

—Lo sé. —Gruñó. —Pero Iwa sólo tiene las pelotas de declarar la guerra por el contacto que hicieron con el Sindicato. Les vendemos información, plantamos agentes detrás de las líneas del enemigo para envenenar sus aguas y contaminar su comida… para volar sus puentes. Están dispuestos a pelear sólo porque tienen a alguien empleado para infiltrarse en Konoha y apuñalarlos en la espalda. Si no tuvieran el Sindicato, nunca podrían solos.

—¿Y? —Suspiró ella. —Ellos tienen al Sindicato. Ese es el problema

—Eso puede ser cambiado. —Kakashi le dijo y repentinamente él dejó de caminar para encararla. —Tengo un plan.

—¿Qué plan? —Preguntó con sospecha.

Él titubeó. —Sé de una manera de meterme entre Iwa y el Sindicato. La he descubierto cuando regresé a Konoha hace poco, pero no puedo hacerlo solo. Luego de que Karasu e Iwa sepan que esta misión ha fallado querrán intentar algo más directo… pero en ese punto la confianza de Iwa en nuestro apoyo no será fuerte. Si hay un momento para dar un golpe, es ahora.

—¿Qué tienes en mente? —Ella observó su rostro con cuidado y notó que él estaba calculando tanto como ella.

—La mejor forma en la que puedo pensar requerirá de alguien experto en drogas.

—Hm. —Murmuró. —¿Cómo yo?

—Como tú. —Aceptó.

—¿Estás pidiéndome que te ayude? —Preguntó incrédula.

—Sí. —Le dijo cansado. —Ya me había dado cuenta que sería un milagro si tu aceptaras ayudarme de cualquier forma, incluso escucharme. Pero vale la pena intentarlo, supongo.

Ella arrugó la nariz. —Tienes razón. El pensamiento de ayudarte es algo que cuaja mi sangre, pero si me estás diciendo la verdad sobre querer crear una brecha entre Iwa y tu familia-

—No tengo razón para mentirte-

Yo seré quien juzgue eso. —Le interrumpió. —Si me estás diciendo la verdad, entonces este plan será en beneficio de ambos. En teoría, no debería tener ninguna objeción en ayudarte.

Él asintió.

—Otra más que eres un imbécil que está manteniéndome aquí en contra de mi voluntad que piensa que es gracioso marcar su nombre en mi cuerpo y molestarme en la noche. —Continuó.

Él torció el gesto y asintió.

A veces se tenían que hacer a un lado las diferencias cuando se trabajaba en un objetivo en común. Ella había visto y escuchado la suficiente evidencia como para creer que Kakashi estaba genuinamente interesado en detener el conflicto tanto como ella y el resto de Konoha estaba. Era posible que pudiera confiar en él con esto.

—Si esto tiene éxito, ¿Qué va a pasar conmigo? —Preguntó cautelosa. Hasta donde sabía, él planeaba mantenerla aquí hasta que muriera de edad avanzada en orden de proteger su identidad dentro de Konoha.

—Seremos libres. Los dos. —Dijo con certeza inquebrantable.

Ella buscó en su rostro alguna señal de engaño o manipulación, o de cualquier diminuto signo que delatara que estaba guardándose algo. Sin la máscara, ciertamente era más sencillo de leer, pero eso seguía sin decir mucho. Sakura, sin embargo, siempre sabía cuándo este hombre estaba mintiéndole, incluso si no estuviera consciente de lo que esa mentira involucrara.

No había nada más que honestidad en él ahora.

Con mucha lentitud ella liberó un largo suspiro y se encogió de hombros. —¿Qué necesitas que haga?


Siguiente Capítulo: El Cuervo Parlante


Ah, finalmente Kakashi ha podido ganarse un tanto a Sakura aunque casi lo arruinaba antes de contarle su plan... Por cierto, ¿Qué piensan que podría ser?

Muchas gracias por su paciencia. He intentado arreglar los dedazos de capítulos pasados pero por alguna razón el sitio no me deja actualizar los cambios. Y bueno, estoy en eso. Gracias por seguir leyendo la historia y por sus palabras de animo, me esforzaré para acabar con mayor rapidez los siguientes capítulos (apenas llevo unos 3 adelantados).

¡Espero que hayan disfrutado de este capítulo! ¡Les mando un abrazo y cuídense en esta cuarentena!