Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 32 – Azkaban.
Para poder llegar a la temida prisión, Andromeda tuvo que ir primero al Ministerio de Magia. Los civiles no tenían permitido aparecerse en Azkaban, había múltiples hechizos que impedían hacerlo. Por lo que tras llegar al ministerio, un grupo de aurores la condujo hacia una de las plantas superiores, allí tuvo que firmar un documento de confidencialidad, donde le obligaban a guardar silencio sobre la forma de llegar a la prisión.
Eso hizo que se pusiera más nerviosa.
Una vez realizado ese trámite, otro grupo de aurores distintos de los anteriores, la llevo a otra sala. Dos aurores con poco tacto la tomaron de los brazos y sin darle tiempo a reaccionar desaparecieron. Unos minutos más tarde se aparecieron en una enorme nave totalmente vacía excepto por una escoba en el medio. "¿Acaso pretendían que fuera volando?" Llevaba años sin subirse a una escoba.
No tardó mucho en comprender que aquello no era una escoba común para volar, sino que se trataba de un traslador.
–Señora Tonks, cuando le indiquemos, pose su mano sobre el mango de la escoba.
Andromeda espero a la orden tal como le dijeron y cuando llegó el momento toco esa escoba. Un torbellino de imágenes inundó su alrededor y tuvo que cerrar los ojos para evitar marearse.
Cuando volvió a notar suelo firme, abrió los ojos.
La escena que estaba viendo fue una que nunca creyó tener que vivir. La prisión de Azkaban se levantaba delante de ella imponente, apenas le alcanzaba la vista para llegar a ver la cima, pero no hacía falta para ver a los dementores revoloteando alrededor.
–Su varita quedará custodiada por un auror y no se le devolverá hasta la salida. –Uno de los trabajadores de la prisión le cogió la varita sin apenas darle tiempo a reaccionar. –Cuando cruce esa entrada. –Le señalo a la verja que se encontraba en el fondo. –Conoceremos si lleva algunos de los siguientes artículos ilegales; comida, bebida, ropas, artilugios punzantes, así como elementos para realizar cualquier clase de ritual, hechizo o poción. Por lo que si tiene alguno, deposítelo antes o si no será acusada de un delito de desacato contra la autoridad.
Andromeda negó a todo. Lo pensó, pensó en llevar algo para su hermana, pero enseguida desechó la idea cuando conoció las implicaciones que podía suponer.
Dos de los aurores que la acompañaban se pusieron cada uno a su lado y la llevaron hacia la entrada. Los tres pasaron por ella sin problema. No supo porque pero soltó todo el aire que, sin darse cuenta, había estado conteniendo. Pero si creyó que aquello era lo peor, cuando cruzó la verja, lo que vio hizo que la respiración se le volviera a cortar.
Aquel lugar era horrible.
Se escuchaban los gritos y los lamentos de los presos, el agua chorreaba por las paredes y la corriente era mortal. El olor era mareante y la sensación de angustia era mortal. Una vez recorrió un largo pasillo la dejaron en una sala, aunque aquello más bien parecía una celda. Dentro solo había una mesa con dos sillas.
–Espere aquí. –Los aurores cerraron la puerta tras ella y se fueron.
Andromeda se llevó las manos a la cabeza. Las condiciones en ese lugar eran demenciales. No podía ni imaginarse lo que sería estar allí.
Unos minutos después, dos personas abrieron la puerta.
Entre esos dos hombres se encontraba Bellatrix, esposada y con su traje de presa. Se le helo la sangre. Su hermana estaba muy delgada, ese fino trapo que llevaba a modo de vestido permitía percibir como se le pronunciaban los huesos. "Si con solo unos meses esta así… ¿Cómo podrá sobrevivir mucho más aquí dentro?"
–¡¿Andy?! –Bellatrix la reconoció, al menos eso era algo bueno. Temía que ya se hubiera vuelto loca. Le quitaron las esposas y la dejaron libre.
–Black tienes veinte minutos. –Los dos hombres salieron y cerraron la puerta.
Las dos hermanas corrieron a abrazarse y ambas rompieron a llorar.
–¡Yo no he hecho nada! –Repetía Bellatrix una y otra vez.
–Lo sé. Te creo.
Andromeda hizo que Bellatrix se sentase, se veía débil, y le puso su abrigo sobre los hombros. Estaba congelada.
–Estoy intentando hacer todo lo que está en mi mano para sacarte de aquí… –Dijo frotándole los brazos para que consiguiera entrar en calor. –Parece que el mundo se ha vuelto loco.
–Sirius… ¿Le has visto? –Bellatrix no era de las que lloraban con facilidad, pero la situación era propicia para ello. –Solo me han dicho que le acusan de ser un mortífago… ¡¿Quién se cree eso?!
–No entiendo nada de lo que está pasando. He intentado conseguir una visita con él, pero me la han denegado al estar en una zona de mayor control. –Tomó aire antes de continuar. –Le acusan de ser la mano derecha de Voldemort y de entregar a los Potter, así como de la muerte de Peter Petegrew y de una docena de muggles.
Bellatrix abrió los ojos de par en par.
–¿La mano derecha de Voldemort? Un millón de personas se me ocurren antes que el de ser seguidores de esa criatura. ¿Entregar a los Potter? No tiene sentido… Pero bueno, a mi me acusan de formar un grupo torturador con los Lestrange ¿no?
Bellatrix negó. Ver la furia que su hermana desprendía hizo que Andromeda se relajara al ver que esta no había perdido la cabeza.
–Hablaré con más abogados. Todas las pruebas que tienen contra vosotros son inconsistentes.
–Diles que James decidió cambiar a su guardián. –Pero cuando Bellatrix iba a continuar se quedó callada de golpe. –¡Fue Peter! Esa rata es el mortífago, debió ser él el que entregó a James y Lily.
Eso que decía Bellatrix tenía mucho más sentido, pero entonces ¿dónde se encontraba Peter?
–Tenemos dinero en Gringotts, coge todo lo que necesites, para esto, para vosotros. El tío Alphard puede ayudar… Sirius es su sobrino favorito.
Andromeda asintió. No quería contarle a su hermana lo que había pasado con su dinero y como su tío les había dado la espalda.
–¿Tu como te encuentras? –Quería cambiar de tema ya que no sabía si podía mentirle acerca de cómo estaba la situación fuera. –¿Te has podido recuperar de la viruela de dragón?
–Los primeros días tuve mucha fiebre. Fue horrible, tardaron en atenderme una semana, para cuando lo hicieron ya me había recuperado.
Continuaron hablando de la salud de Bellatrix, así de cómo poder demostrar que eran inocentes, hasta que los mismos hombres que antes, volvieron a por ella.
–Black el tiempo se ha acabado.
Las dos hermanas se volvieron abrazar.
–Te sacaré de aquí. –Le prometió.
–Lo sé.
Andromeda observó cómo se llevaban a su hermana. Lamentablemente, esa sería la última vez que la volvería a ver hasta dentro de muchos años.
A/N: ¡Hola! Aquí el fin de estos dos capítulos de transición donde la protagonista fue principalmente Andromeda. A partir de ahora, pasaré a contar la historia otra vez desde el punto de vista de Sirius y Bellatrix, los capítulos sobre la vida en prisión no serán demasiados ya que no veo interesante extenderlos mucho ya que podrían ser muy repetitivos.
