Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor

Hay OOC


[24]


Cenaron muy tarde. El duque no pensaba que iba a pasar tanto tiempo fuera, y Hinata no pensaba que se quedaría dormida tan profundamente.

—La verdad es que no esperaba que se pudiera hacer nada hasta mañana como muy pronto —le dijo el duque cuando se sentaron para cenar en el salón privado—. Pero me he topado con la curiosidad y el celo de Sir Quentin Dowd.

—Ya le había explicado que Sir Quentin era el juez de la zona—. Creo que habría cavado el cementerio entero él sólito si no hubiese habido criados y si no hubiese podido mostrarle la tumba exacta.

—¿Qué es lo que le ha hecho sospechar? No lo entiendo. —Hinata pensó que había repetido varias veces esa frase en el transcurso del día.

—¿Por qué no querría alguien que enterraran a un hombre en el lugar donde murió y era conocido o en el lugar donde vivía su familia? —se preguntó—. Su primo podría haber elegido entre ambas cosas, pero no escogió ninguna de las dos. De hecho, removió casi literalmente cielo y tierra para que el entierro se celebrara en un lugar extraño, donde ninguno de los dos fuera conocido.

—¿Porque alguien habría querido ver el cuerpo?

—Supongo que su familia habría insistido en verlo. Y quizás algunos criados de Byakugan House o amigos de Zetsu en la zona también habrían querido. Su primo no podía arriesgarse a que ocurriera eso, Pero claro, no cubrió bien su rastro, y contó historias contradictorias a diversas personas. Pero me imagino que no esperaba que nadie tuviera la curiosidad suficiente como para investigar más a fondo. Coma.

Hinata miró su plato, aunque no recordaba cómo había llegado la comida a él.

—¿Cómo voy a comer? —preguntó.

—Pues con el tenedor y el cuchillo —replicó él—. ¿Qué siente al ser libre?

—¿Pero adónde ha ido? —insistió ella—. ¿Y por qué? ¿Por qué habría de dejar que su familia pensara que está muerto?

—Sin duda por dinero. Apuesto a que está en algún lugar de Europa.

—¿Y por qué haría Toneri eso? —Hinata torció el gesto—. Fue un plan diabólico. ¿Y todo eso para que me colgaran? ¿Tanto me odia?

—Ya sabe cuál es la respuesta. Nunca tuvo la intención de dejar que la colgaran. Quería tenerla en su poder durante el resto de su vida. Está muy obsesionado con usted, Hinata.

—Pero a mí nunca me ha gustado. ¿Cómo podía desearme, sabiéndolo? ¿Y sabiendo que lo odiaría por obligarme a hacer algo semejante?

—A algunos hombres les basta con tener poder sobre algo que desean —opinó el duque—. A veces incluso parece producirse una emoción especial al ser odiado. No sé si su primo es uno de esos hombres. No lo habría dicho por lo que llegué a conocerlo en Konoha Hall. No parecía diabólico. Pero desde luego sus acciones sugieren que lo es.

—Ojalá no vuelva a vivir conmigo en casa otra vez.

—Hinata. —El duque le tocó la mano—. ¿De verdad espera que ocurra tal cosa? En este momento Sir Quentin está que echa fuego por la boca. Su primo se encuentra en un aprieto muy grave, se lo prometo. No creo que deba temer que vuelva a casa durante mucho tiempo.

—Ah —exclamó ella, y volvió a mirar el plato—. No tengo hambre.

El duque se puso en pie y llamó a un camarero para que les retirara los platos. Ambos permanecieron en silencio hasta que terminó de hacer su tarea.

—Sigo esperando despertarme —comentó ella. Atravesó la habitación y se quedó mirando en dirección a la chimenea vacía—. Fui una estúpida por huir, ¿verdad? Tendría que haber ido a la rectoría tal y como tenía previsto.

—Pero él habría perpetrado el mismo plan —apuntó el duque—, y quizás se habría salido con la suya.

—Sí —reconoció Hinata—. No sé si alguien más podría haber descubierto la verdad. Yo no habría podido. Solo usted. Y no lo habría conocido si no hubiera huido.

Él se quedó a una corta distancia de ella, viendo cómo miraba en dirección al hogar.

—Ojalá no hubiera tenido que sufrir tanto —murmuró él—. Ojalá me hubiera pedido ayuda, Hinata. Ojalá se me hubiese ocurrido preguntarle si necesitaba ayuda. Ojalá hubiese sido diferente.

—Pero no lo fue.

—No.

—¿Por qué ha hecho todo esto por mí? —Hinata volvió la cabeza para mirarlo —. Dígame la verdad.

Él negó con la cabeza lentamente.

—Creo que no podría haber estado más aterrorizada del diablo de lo que lo estaba de usted —confesó ella—, cuando sucedió aquello y en mis pensamientos y pesadillas posteriores. Y cuando volvió a Konoha Hall y me di cuenta de que el duque de Konoha era usted, pensé que me iba morir de espanto.

El rostro de él no dejaba translucir expresión alguna.

—Lo sé.

—Lo que más me asustaban eran sus manos. Y son unas manos bonitas.

El duque no dijo nada.

—¿Cuándo cambio todo? —preguntó Hinata. Se volvió completamente hacia él y acortó la distancia entre ambos—. Usted no se atreve a pronunciar las palabras.

Pero son las mismas palabras que están en mis labios, ¿verdad? —Y vio como él tragaba saliva—. Lamentaré haberlas dicho el resto de mi vida, pero creo que lamentaría mucho más no decirlas.

—Hinata… —empezó él, y le tendió una mano firme.

—Te quiero —lo interrumpió ella.

—No…

—Te quiero.

—Lo que ocurre es que hemos pasado unos días juntos, y hemos hablado mucho y hemos llegado a conocernos. Lo que ocurre es que he podido ayudarla un poco y se siente agradecida hacia mí.

—Te quiero —repitió ella.

—Hinata…

La chica alargó la mano para tocarle la cicatriz.

—Me alegro de no haberte conocido antes de que ocurriera esto. Creo que no habría sido capaz de soportar el dolor.

—Hinata… —insistió él, cogiéndola de la muñeca.

—¿Estás llorando? —preguntó Hinata. Levantó ambos brazos, se los puso alrededor del cuello y apoyó la mejilla contra su hombro—. No lo hagas, amor mío. No quería ser una carga para ti. No quiero serlo. Solo quiero que sepas que te quiero y que siempre te querré.

—Hinata… —musitó él, con la voz ronca por las lágrimas—. No te puedo ofrecer nada, amor mío. No tengo nada que darte. He entregado mi lealtad a otra persona. No quería que sucediera esto. No quiero que suceda. Conocerás a otra persona. Cuando me marche me olvidarás y serás feliz.

Ella alzó la cabeza y lo miró a la cara. Le apartó una lágrima con el dedo.

—No estoy pidiendo nada a cambio —aclaró—. Solo quiero darte algo, Naruto. Un auténtico regalo. Mi amor. No una carga, sino un regalo. Para que te lo lleves allá donde vayas, aunque nunca volveremos a vernos.

Él le cogió la cara con las manos y la miró.

—Estuve a punto de no reconocerte —explicó el duque—. Estabas tan terriblemente enferma, Hinata, y tan pálida… Tenías los labios secos y agrietados, y el pelo sin brillo y sin vida. Pero así es cómo te conocí. Creo que todavía estaría en Londres buscándote si no hubieras ido a la agencia. Pero es demasiado tarde, amor. Llegamos seis años tarde.

El duque inclinó la cabeza para besarla, y la pasión estalló al instante.

—Solo puedo ofrecerte esta noche —levantó la cabeza y susurró—. Mañana te llevaré a tu casa y continuaré mi camino hasta mi hogar.

—Sí.

—Solo esta noche, Hinata.

—Sí.

—Haremos que sea suficiente.

—Sí.

—Haremos que dure toda la eternidad.

—Y más allá todavía…

—Hinata, querida —exclamó él—. La persona a la que reconocí a la salida del teatro Drury Lane fue al amor de mi vida. Ya lo sabes, ¿verdad? —Sus labios estaban unidos.

—Sí, sí…

—Te quiero. Tienes que saber que te he querido desde el primer momento en que te vi de pie entre las sombras.

—Sí. —Ella abrió la boca bajo la suya, y le tocó los labios con la lengua—. Naruto. Quiéreme. Llévate mis miedos.

Él la besó intensamente. Penetró en el calor de su boca con la lengua, amoldó el cuerpo de la chica al suyo con las manos y esperó a que se rindiera totalmente a él.

—¿Sigues teniendo miedo? —le preguntó sin soltarse de sus labios.

—Un miedo mortal. —Hinata mantuvo los ojos cerrados—. A los pasos que van después de este. Pero quiero tenerlo todo contigo, Naruto. Quiero que me toques, quiero tu cuerpo. Quiero tenerte dentro de mí.

Él la volvió a besar y la tocó con las manos. Acarició los pechos redondos y firmes cuyos pezones ya estaban duros bajo su vestido, la cintura estrecha y las caderas torneadas, el trasero suavemente redondeado.

—Hinata —él susurró su nombre en el interior de su boca. La deseaba con un dolor intenso.

—No dejes de tocarme —susurró ella—. Dame valor. Tienes las manos tan cálidas y fuertes dame valor.

Él se inclinó y la cogió entre sus brazos y la llevó a través de la puerta abierta a su dormitorio, colocándola en la cama.

Y Hinata supo que tenía que hacerlo, que no podía retroceder, aunque también sabía que él se habría detenido en cualquier momento en que se lo pidiera. Lo amaba más que a la vida y en aquel instante deseaba más que nada en el mundo que se borrara el recuerdo de una cópula sucia y se sustituyera por un recuerdo de amor.

Pero tenía miedo. Tenía un miedo mortal. Tenía miedo a la mirada intensa y ardiente en los ojos azules de él. Tenía miedo a sus rasgos duros y a la cicatriz que le cruzaba el rostro. Tenía miedo a sus manos, que le cubrían los senos y le acariciaban los pezones con los pulgares y que primero se desplazaron hasta detrás de su cabeza para quitarle los alfileres del pelo y luego se fueron detrás de su espalda para desabrocharle los botones del vestido. Y tenía miedo al cuerpo de Naruto, escondido todavía bajo la ropa.

—Podemos hacer que sea suficiente —afirmó él, mirándola a la cara, con las manos todavía en su espalda—. Podemos hacer que nos baste este amor, Hinata.

Te abrazaré unos minutos más para reunir el valor para dejarte ir.

—No —susurró ella—. Lo quiero todo, Naruto. Lo quiero todo de ti. Quiero dártelo todo de mí.

Él le deslizó el vestido por los hombros, por los brazos, por las caderas y las piernas. Ella observó su mirada cuando a continuación le quitó la camisa, la ropa interior y las medias. Y ella recordó cuando estuvo desnuda ante él, con la ropa doblada en una pila perfecta en el suelo a su lado.

—Hazme olvidar —le pidió ella—. Naruto, hazme olvidar. —Y extendió los brazos hacia él.

—Eres tan hermosa… —suspiró el duque, inclinándose hacia la chica para enterrar la cara en su pelo—. La mujer más hermosa del mundo.

Le acariciaba un pecho con una mano, cálida y de dedos largos. Ella se puso a desabrochar los botones de su chaleco y su camisa. Y él también tenía miedo.

Era una mujer tan hermosa… quería ser perfecto para ella. El duque se incorporó para sentarse.

—Voy a cerrar la puerta —dijo. La luz de dos velas brillaba a través del umbral de la puerta y alcanzaba hasta la cama.

—No —lo detuvo ella.

—Hinata… —empezó el duque, mirándola preocupado a los ojos—. No quiero que me veas otra vez. Soy muy feo.

—No. —Ella lo agarró por los brazos y lo atrajo hacia sí—. Quiero verte.

Tengo que verte. Por favor, Naruto. En la oscuridad tendré miedo.

Él se puso de pie junto a la cama y se desvistió muy lentamente. Y vio como ella lo miraba, al igual que había hecho en la ocasión anterior. Excepto que en aquella ocasión estaba enfadado, y la retaba a mostrar su desagrado, mientras que esta vez esperaba que volviera a darse.

—Naruto —dijo ella cuando finalmente se quedó desnudo junto a la cama—,no eres feo. Ah, de verdad que no lo eres. Pero me alegro tanto de no haberte conocido antes de las heridas… no habría sido capaz de soportarlo. —Alargó una mano para tocarle delicadamente el lado izquierdo, y recorrió con ella el costado y el muslo—. No eres feo.

Él se echó junto a ella en la cama, la miró a los ojos, acarició el cabello azabache que había soltado. Y volvió a besarla.

Hinata extendió una mano a través de su pecho y levantó la otra para explorar los músculos tensos del brazo y el hombro del duque. Recorrió el pecho con la mano y llegó hasta su espalda. La lengua de Naruto rodeó a la suya, la acarició, y a su vez fue acariciada. Y Hinata sintió las manos de él por su cuerpo, cómo la tocaba, cómo la exploraba y excitaba.

Y ya no sintió miedo. Los pechos de la chica estaban turgentes y sensibles al tacto. Las manos de él enviaban dolorosas vibraciones hasta la garganta de la chica, que notaba un dolor muy punzante entre las piernas.

Naruto la había tomado una vez, breve y desapasionadamente. Aparte de esa ocasión, habían pasado muchos años desde que había estado con una mujer.

Quería ser perfecto para ella. Necesitaba sumergirse en ella y soltar su semilla en su interior con unos cuantos empujones rápidos, pero quería ser perfecto para ella.

Puso una mano entre sus piernas, las abrió delicadamente con los dedos, la tocó, la acarició un poco. Estaba húmeda y caliente al tacto. Hinata gimió y se volvió hacia él.

—No te haré daño —murmuró el duque, con la boca apoyada contra la de la chica—. Esta vez no te haré daño, Hinata. Te lo prometo. ¿Sigues teniendo miedo?

—Sí. —Su voz era un sollozo—. Sí, pero ven a mí, Naruto. Ven a mí.

Él se levantó por encima de ella y descendió hasta quedar encima de la chica, con la cabeza vuelta hacia el costado de ella. Y el terror volvió a surgir cuando las piernas de él se colocaron entre las suyas y las abrieron del todo y le puso las manos por debajo para levantarla e inclinarla.

Y a continuación empezó a penetrarla. Su masculinidad cálida y dura se abría paso hacia su interior. Sin desgarros. Sin dolor. Solo las vibraciones y las punzadas a su alrededor y el hecho de que ella esperara a que le pusiera fin. Hinata oyó a alguien gemir.

El duque sacó las manos de debajo de ella y se levantó apoyando los antebrazos.

La miró. Ella le devolvió la mirada. Tenía el pelo extendido como un halo oscuro alrededor de la cabeza.

—Quiero que sea bueno para ti —susurró él—. Quiero que sea perfecto para ti, Hinata. Dime qué hacer. ¿Quieres que termine rápidamente?

Él salió de la chica y volvió a empujar hacia dentro lentamente.

Hinata levantó las rodillas, y colocó los pies firmes en la cama a cada lado de él. Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás. Volvió a gemir. Él la acarició lenta y profundamente, una y otra vez.

Naruto bajo la cabeza para rozar sus labios con los de ella.

—Quiero que sea perfecto para ti —insistió—. Dime cuándo terminar, Hinata. Dime cuándo quieres que termine.

Ella abrió los ojos y miró en dirección a los suyos. Y vio el cabello rubio, el rostro duro, la cicatriz, los potentes músculos de los hombros, Y sintió cómo sus fuertes muslos abrían los suyos y sintió las punzadas lentas, profundas e íntimas en lo más hondo de su interior. No pudo evitar recordar su primer encuentro con él, pero decidió olvidarlo, dejó que se deslizara más allá de la memoria consciente.

—Creo que el dolor me va a volver loca —le susurró a Naruto—. Y quiero que continúe para siempre.

Pero cuando el duque volvió a descender sobre ella y la rodeó con sus brazos y aceleró el ritmo, ella alzó las rodillas para abrazarse a sus caderas y supo que debía retener ese instante para siempre. Se inclinó hacia él, se tensó hacia él, y esperó a que se quebrara su cordura.

Él sintió que ella se corría, aunque no dijo nada. Y deslizó gustosamente las manos bajo ella otra vez y empujó y se mantuvo en su interior varias veces hasta que sintió que la tensión se reducía y temblaba alrededor del centro de la chica.

—Ahora, amor mío —le dijo al oído—. Ahora. Córrete conmigo ahora.

Y escuchó el extraño grito que profirió Hinata al empujar en su interior una vez más y sintió que él mismo soltaba aliento en un suspiro contra la mejilla de la chica, justo cuando su semilla se diseminó en lo más profundo de Hinata.

Ella se estremeció y tembló a su alrededor y contra él, y se abandonó al momento después del amor, feliz al sentir que el cuerpo del duque la dejaba reposar en la cama al relajarse, feliz de apoyar los muslos abiertos contra los de él, feliz de sentir sus manos sujetándole las caderas, y de sentirlo en lo más profundo de su interior, en la parte que solo le pertenecía a ella y al hombre al que había decidido entregársela.

Había decidido entregársela a él. Solo a él. A él, aquella única vez y para siempre.

Naruto apartó su cuerpo del de ella, se incorporó y la colocó de lado,

atrayéndola hacia él y rodeándola con los brazos. A continuación puso las sábanas por encima.

—Hinata, ¿se han desvanecido los fantasmas? —preguntó, besándola de manera afectuosa y persistente.

—Naruto. —Ella tenía los ojos cerrados. Las yemas de los dedos de una mano le tocaron delicadamente el rostro—. Eres tan hermoso, tan hermoso…

Ella no durmió, y él tampoco. Naruto la abrazó fuerte, mientras le acariciaba el cabello con una mano, y se comunicaba con ella sin palabras. Solo tenían aquella noche. No había tiempo para hablar. Ni para dormir.

Se quedaron tranquilamente abrazados el uno al otro hasta que llegó el momento de volver a amarse.

Hinata se quedó dormida en algún momento justo antes de que amaneciera. El duque le sostuvo la cabeza en el hombro y le acarició la mejilla y la frente.

Miraba hacia arriba, hacia la oscuridad. Las velas del salón se habían apagado hacía mucho rato.

Naruto pensó que sería posible ponerle una casa en alguna parte, quizás en algún lugar que no estuviera muy lejos de Konoha Hall, o quizá cerca de Londres.

Podría visitarla durante días o semanas seguidos. Lo sentiría más como su hogar que Konoha Hall.

Podrían estar casados en todos los sentidos excepto de nombre. Nunca había tenido un matrimonio real con Sakura. Ni siquiera había sido consumado. Podría serle fiel a Hinata. Quizás incluso podrían tener un hijo. O varios.

Debería ser posible. Se volvió para besarla en la frente. Estaba seguro de que podría convencerla. Ella le amaba al igual que él. Se lo había dicho y se había pasado casi toda una noche demostrándoselo.

Quizás una casita al lado del mar. Podrían pasear juntos por los acantilados, azotados por el viento. Podrían pasear por la playa. Podrían llevarse a sus hijos a correr y jugar por la arena.

Naruto volvió a frotar la mejilla contra el cabello de ella. Sarada disfrutaría de la playa. Debía llevarla. Konoha Hall quedaba a poco más de dieciséis kilómetros del mar. Tenía que llevarla antes de que terminara el verano, y quizás ir también con Kiba Inuzuka y sus sobrinos. Sarada disfrutaría de la compañía de otros niños.

Nunca podría disfrutar de la compañía de los hijos de Hinata y de él, esos niños inventados que vivían en la casita inventada en un mundo de fantasía.

Podría haber terminado con su matrimonio con Sakura al cabo de un año si así hubiera querido. Pero no lo había hecho. Se había comprometido con los votos que había hecho aunque ella le negara los derechos que lo habrían convertido en un auténtico matrimonio. Se había comprometido porque en aquella época todavía sentía cierto amor por ella. Y lo había hecho por Sarada. Para que ella no fuera una hija bastarda.

Medio compromiso no era un compromiso en absoluto. O pertenecía a Sakura y a Sarada o pertenecía a Hinata. No podía llevar una doble vida. Él por lo menos no.

Abrazó más fuerte a Hinata y continuó mirando hacia arriba.

—¿Qué ocurre? —preguntó ella, volviéndose más hacia él. El duque la besó

lentamente.

—Quiero contarte algo antes de que se haga de día —le comentó.

—Sí.

La inminencia del amanecer se sentía en la habitación.

—A partir de mañana —empezó—, volveré a comprometerme con mi matrimonio. Espero tener la fuerza suficiente para vivir con ese compromiso durante el resto de mi vida, sin más deslices. Eso espero, por el bien de Sarada.

—Sí. Lo sé, Naruto. No tienes que sentir que me debes nada. Acordamos que solo sería esta noche. Y yo no sería tu amante aunque quisieras que lo fuera. Él puso un dedo encima de sus labios y la besó en la frente.

—Eso es lo que quiero explicarte. En cierto sentido, siempre serás mi esposa, más de lo que lo es Sakura. Y físicamente siempre te seré fiel. No habrá ninguna otra mujer en mi cama.

Su dedo continuaba apoyado sobre los labios de Hinata.

—Mi matrimonio solo lo es de nombre, y siempre lo ha sido.

Oyó como Hinata tragaba saliva.

—¿Y Sarada? —susurró.

—Es de Sasuke. Abandonó a Sakura encinta. Yo acababa de volver de Bélgica y todavía pensaba que estaba enamorado de ella, o de la persona que creía que era.

Hinata soltó aire entrecortadamente.

—Desde que nació Sarada ha sido mía —continuó el duque—. Moriría por ella. Si me planteara realmente anular mi matrimonio para estar contigo, no lo haría debido a Sarada. Si tuviera que elegir entre ella y tú, Hinata, y puede que sea así, entonces la escogería a ella.

Ella tenía la frente apoyada contra su pecho.

—Sí, sí —asintió la chica.

—¿Me odias por ello?

—No. —Hubo una pausa larga—. Ese es el motivo por el que te amo, Naruto.

Hay muy poco espacio en tu vida para ti mismo. Te preocupas mucho por el bienestar de los demás. Al principio no lo sabía ni lo esperaba, pero he llegado a verlo cada vez más.

—Y aun así me he tomado esta noche para mí. Es un acto egoísta y un error moral, Hinata, como diría tu amigo el cura. —La besó un instante—. Pero no quiero hablar. Quiero amarte una vez más. Aunque quería que supieras que permaneceré fiel a ti y siempre te consideraré mi esposa.

—Un pedazo de eternidad —murmuró ella, tocándole los labios con las yemas de los dedos—. Ha sido tan maravilloso que no lo puedo explicar con palabras. No lo cambiaría ni por diez años de vida, Naruto. Y todavía queda un poco.

Hinata se volvió boca arriba y extendió los brazos hacia él mientras Naruto se alzaba por encima una vez más.

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Continuará...