Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Nolebucgrl, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Nolebucgrl, I just translate.


A todos los chicos de los que me enamoré

Capítulo 23

A pesar de que en teoría Alice debería estar en problemas, la mandé a casa de Lauren para que pasara allá el día. Papá estaba trabajando otro turno extra, Edward y yo tendríamos la casa para nosotros. Ese hecho hizo que las mariposas revolotearan en mi estómago, pero esta vez eran bienvenidas.

Edward y yo ya habíamos pasado tiempo a solas en su habitación, pero siempre con su madre, y a veces Alice, en la casa. Así que no habíamos llegado muy lejos, sólo algunos besos y tal vez fajes sobre la ropa y cosas así. Hoy no habría nadie que nos interrumpiera. Era excitante y aterrador al mismo tiempo.

No estaba segura de estar lista para llegar hasta el final con Edward. Pensaba que era demasiado pronto para eso. En serio desearía que Rose estuviera aquí para hablar de estas cosas. Quería llamarla, pero en realidad no tenía tiempo, además ¿quién sabe qué estaría haciendo ella justo ahora? Apestaba.

Una mirada a mi celular me mostró que tenía más o menos diez minutos antes de que Edward llegara, así que abrí mi aplicación de Facebook y sonreí cuando lo primero que vi fue una foto de Edward y yo bailando, Angela la había publicado y me había etiquetado. ¡La forma en que él me veía! Y la forma en que yo lo veía a él… ¿cómo es que no me había dado cuenta que me amaba? Estaba ahí en su rostro. Y no hay necesidad de decir que yo lo veía de la misma forma en que solía ver a Jake Ryan.

Y tal vez Rose estaba a miles de millas de distancia, pero note que aún así se las arreglaba para mantenerse al tanto a su manera. Le había dado Me encanta a la foto y dejó un comentario.

¡Dios mío! ¡Te ves tan hermosa! ¿Cuándo creció tanto mi hermanita? Son una pareja preciosa. ¡No puedo decirte lo feliz que me hace verte tan contenta y enamorada! Edward Cullen, si estás leyendo esto, más te vale que trates bien a mi hermana o tendrás que responderme a mí.

Angela ya había contestado su comentario.

Chica, ¡no tienes nada de que preocuparte! Sabes que yo cuido a Bella. Además, ¡ese chico está loco por ella! Justo ahora son totalmente relationship goals. Benjamin Cheney, ¡ve lo que hace Edward Cullen y haz lo mismo para mí!

Me reí de Ang llamando y etiquetando a su novio para asegurarse de que conociera los estándares a los que tenía que llegar. Como si alguien pudiera superar a Edward. Jamás.

Pulse Responder para contestarle a mi hermana.

¡Gracias! Tuve muy poco qué ver con la forma en que me veía. Edward y Alice eligieron el vestido y los zapatos, y la mamá de Edward se encargó del peinado y maquillaje. Edward me trata maravillosamente bien, tan bien que a veces casi no se siente que fuera algo real.

Me burlé de mi comentario. Edward y yo seríamos los únicos que sabrían qué significaba eso.

Pero sí es real, y soy muy afortunada al tener a alguien como Edward amándome. Cualquier otro chico (lo siento Ben) la tendrá muy difícil para intentar igualarlo. ¡Te extraño, y desearía que estuvieras aquí para contarte todo!

Listo. Guardé una copia de la foto y cerré la aplicación justo cuando sonó un golpe en la puerta. Uf. Las mariposas comenzaron a agitarse entonces, pero respiré profundamente y me dirigí a abrirle la puerta a Edward.

Estaba parado en la entrada, se veía tan guapo sin esfuerzo alguno en jeans y un suéter azul. La sonrisa de su rostro se agrandó cuando me vio, y me entregó una solitaria rosa roja. Santo dios, al chico no le faltaban trucos, ¿eh?

Tomé la rosa que me ofrecía, inclinándome hacia enfrente para darle un beso rápido.

—Gracias. ¿A qué se debe esto?

Edward se encogió de hombros mientras entraba en la casa.

—Las cosas cambiaron oficialmente anoche. Pensé que debería conmemorarlo de alguna manera.

Era demasiado lindo y dulce. Le hice un gesto para que me siguiera a la cocina, donde saqué el florero que me había dado para mi cumpleaños, lo llené de agua y puse la rosa dentro.

Cuando me giré, me estaba viendo con esa misma mirada de anoche, una mezcla de amor, felicidad y tal vez algo de asombro en su preciosa cara. Esa mirada me dio la fuerza para ser valiente.

—Dejemos esto en mi habitación.

Me quité los zapatos, y Edward me imitó. Me ofreció su mano y la tome, guiándolo por las escaleras. Subimos juntos, y señalé las habitaciones.

—Esa es la habitación de papá. La de Rose. Y ahí está la monstruosidad rosa de Ali. —Se rio—. El baño. —Y aquí vamos—. Mi habitación.

Señaló mi habitación con su mano, así que entré primero, dejando el florero con la flor en mi escritorio.

Me giré, él estaba parado en el marco de la puerta, viendo a su alrededor y revisando mi espacio.

—No es mucho… —comencé, pero me callé cuando negó con la cabeza.

—Es increíble. Muy tú.

Miré a mí alrededor, insegura sobre lo qué quería decir con eso. Había recogido un poco luego de mi ducha, no quería invitarlo a un chiquero. O que viera un sostén o ropa interior saliendo de debajo de la cama, o algo más vergonzoso.

—¿A qué te refieres? —pregunté.

Sonrió.

—Paredes moradas. Libros en todos lados. Fotos y pinturas de miedo, asumo que hechas por Angela. —Había acertado con eso—. Fotos de tus hermanas, de tus padres… todas las cosas que te importan están aquí.

Sonreí ante eso.

—En cuanto nos den las fotos del baile, agregaré unas cuantas de nosotros.

Se acercó entonces, y envolvió sus brazos a mí alrededor.

—Eso me gustaría.

Me recargué en él.

—A mí también.

Su mirada fue hacia mi mesita de noche.

—¿Esa es la caja? —preguntó.

—Sí. —No sé por qué, pero me sentí nerviosa cuando me acerqué y la agarré—. Alice puso tus notas aquí. —Levanté la tapa y lo dejé ver todas las notas.

Edward sonrió suavemente.

—Me alegra que las guardara.

Sentí lágrimas en mis ojos cuando me giré hacia él.

—A mí también. Fue una tontería mía el no leerlas.

Negó con la cabeza, tomando la caja y dejándola donde estaba antes de jalarme hacia él.

—No. Entiendo por qué no lo hiciste. Al principio lo hacía solamente para poner celosa a Tanya. No te culpo por no leerlas cuando creías que no eran para ti. —Me apartó el cabello de los ojos—. Debieron ser para ti desde el principio.

No. No iba a arrepentirme de cómo llegamos a estar juntos.

—No me conocías al principio de todo esto. Significa más el que me hayas conocido y te haya gustado lo que viste.

—Amé lo que vi —corrigió, agachándose para rozar mis labios con los suyos—. ¿Las leíste todas?

Me reí y negué con la cabeza.

—No. Pensé en guardar algunas para no tener una sobredosis de dulzura.

Se rio entre dientes.

—Probablemente fue un buen plan. No querría que te desmayaras de nuevo.

—¡Oye!

Lo empujé, lo cual probablemente no le hubiera hecho nada si él no quisiera, pero ya que claramente lo quería, cayó sobre mi cama, llevándome con él. Pues bien. Gracias, Edward, por facilitarme la manera de meterte en mi cama.

—Oye tú. —Me sonrió, se veía muy emocionado consigo mismo, pero ya que yo estaba igual de emocionada, sólo me incliné y lo besé.

Pasamos de la risa a la calentura muy rápidamente. Sus brazos se apretaron a mí alrededor, y mis manos encontraron su hogar lejos de casa en su cabello. Bocas abiertas, lenguas rozándose, y cuerpos que se movían el uno contra el otro, intentando llegar más cerca.

Las manos de Edward se deslizaron hacia abajo, rozando sobre mi culo, lo cual me hizo empujar más contra él. Eso lo animó a agarrar mis nalgas, y empujar hacia arriba, embistiendo contra mí; él estaba duro y caliente y, oh Dios mío, esto estaba pasando de verdad.

Me aparté, mirando unos ojos verdes desenfocados y una sonrisa de satisfacción.

—Qué caliente —murmuró, estirando la mano para ponerme el cabello detrás de la oreja derecha.

—Mucho. —¿Demasiado caliente? ¿Demasiado pronto? No lo sabía, pero sentía que mi cuerpo palpitaba en todas partes.

—Oye.

Sacudí la cabeza y me concentré en Edward.

—¿Hmm?

—¿Estás bien?

—Estoy bien.

Sonrió y de alguna forma se arrastró hacia arriba para quedar recargado contra la cabecera conmigo todavía pegada sobre él.

—¿Por qué fue eso? —pregunté, curiosa del por qué nos había movido.

Edward estudió mi cara.

—Sólo quiero tener cuidado para no presionarte. Sé que nunca has… —se quedó callado—. Y también quería asegurarme de que no estuvieras enojada conmigo.

¿Enojada con él? ¿Por qué podría estar enojada con él? Excepto tal vez porque no me seguía besando.

—¿Por qué estaría enojada contigo?

Se estiró y agarró de nuevo la caja.

—Por no decirte cuando me di cuenta que Alice fue quien envió las cartas.

Ah. No estaba enojada con él por eso, pero debía admitir que quería escuchar más de lo que él dijera sobre eso.

—¿Por qué no me dijiste?

Se encogió de hombros.

—Primero no pensé que importara. Tú tenías mucho tiempo sin mencionarlo y, bueno, todo salió bien al final, ¿cierto?

Sonreí ante eso.

—En la mejor manera posible.

Me regresó la sonrisa.

—Así que no pensé que importara, y sabía que Alice no lo hizo para herirte. Ella explicó su razonamiento, y fue, bueno, muy lindo si soy honesto. Sólo quería que tuvieras novio y fueras feliz.

Era lindo. Adorable, en realidad. Y era lindo que él pensara que era lindo.

—Le dije que no te diría, pero que ella tenía que hacerlo, especialmente la parte de tomar las notas que yo te había escrito y ella guardado. —Sonrió—. Fui menos comprensivo con eso. Le di como límite una semana después de baile. Supongo que se lo tomó muy en serio.

Tuve que reírme.

—Así fue. Y no estoy enojada contigo por guardarle el secreto. En realidad, pienso que es muy dulce la forma en que ustedes dos se llevan. No creo que muchos novios lidiarían tan bien con una niña de diez años estando con nosotros tanto tiempo.

—Cat es genial —dijo—. Y tal vez algo metiche, pero es una buena niña y te ama mucho. Eso es algo que puedo entender.

Dios. ¿Sentiría que me dan el mundo cada vez que él lo diga? Era increíble cómo me hacía sentir.

—Me alegra que puedas entenderlo.

Edward me movió para quedar ahora sobre mi costado, usando su mano derecha como almohada y quedando de frente a él.

—Hay algunas notas que desearía que no hubiera leído.

Oh, ¿en serio?

—¿Cómo cuál?

Se rio entre dientes mientras comenzaba a buscar entre las notas, gimiendo cuando encontró.

—Como esta: Creo que nunca te he dicho esto, pero también fuiste mi primer beso. Tengo que decir que nuestros besos de ahora le ganan por mucho a ese, pero en aquél entonces me emocioné demasiado, ¡si entiendes a que me refiero! Y tuve que quedarme sentado en ese círculo con una erección, sintiendo como si todos me estuvieran viendo. Oye, tal vez por eso Tanya te odia tanto. Sabe que me excitabas mucho antes de que ella lo hiciera.

Oh. Dios. Mío. Comencé a reírme tan fuerte que empecé a llorar, lágrimas caían por mi cara mientras imaginaba a la pequeña Alice leyendo esas palabras. Mierda. Probablemente debería tener una charla con ella sobre estas cosas. Eso no era ni de cerca tan divertido.

Edward nos giró para quedar sobre mí, sacudiendo su cabeza ante mi diversión.

—Puedes ver claramente por qué esperó que esa sea una de las que no leyó.

Logré recuperar el aliento luego de unas cuantas risas y carcajadas más.

—Sí. Pero… —y me estaba riendo de nuevo, y él se estaba riendo conmigo, lo cual vibraba a través de su cuerpo y hasta el mío, y eso se sentía muy bien.

Cuando finalmente nos calmamos de nuevo, miré su perfecta cara.

—¿En serio te excité? —Quiero decir, tenía que saberlo.

Edward se rio y besó mi nariz.

—Hola, tenía casi trece años. Por supuesto que un beso de una niña linda me excitaría.

¡Ja! Si tan sólo lo hubiera sabido en ese entonces. Bueno, probablemente me habría asustado, si era honesta. Pero también me habría sentido orgullosa, porque así me sentía ahora.

—¿Por qué te ves como si hubieras ganado el Super Bowl? —preguntó Edward, sonriéndome con su cabello cayendo sobre sus ojos.

Estiré una mano para peinarlo hacia atrás, una vez más amando lo suave que era ese desastre castaño.

—Porque me gusta saber que te excité.

La sonrisa se agrandó.

—Lo dices como si fuera cosa del pasado. He estado caminando con una erección la mayor parte del último mes gracias a ti, Swan.

¿En serio? Quiero decir, ¡en serio! ¿Qué tan genial era eso?

—¿De verdad?

Se movió, y entonces sentí… vaya.

—¿Eso responde a tu pregunta?

Oh, sí. De la mejor manera posible. Bueno, tal vez no la mejor mejor, pero era lo más cercano a lo que había llegado. Al menos, hasta ese momento.

—Te ves como si eso te gustara —dijo Edward, y sentí mis mejillas calentarse. Rozó mi mejilla derecha con su pulgar, sonriéndome—. No te avergüences, Bella. Es algo muy bueno.

Dios, eso esperaba. Sentía que todo mi cuerpo vibraba por él.

—Esto se siente bien —le dije, y juro que una mirada casi predadora se asomó en sus ojos, justo como siempre se describía en mis libros.

—¿Sí? ¿Qué tal esto? —Embistió contra mí, su entrepierna chocando con la mía justo en el lugar adecuado y, oh Dios. ¡Sí!

—Muy bien —logré decir mientras él bajaba una mano y levantaba mi pierna izquierda sobre su culo. Su cuerpo encajaba aún mejor con el mío, y gemí cuando se movió de nuevo.

—¿Quieres que te haga sentir todavía mejor? —preguntó, mirándome con detenimiento.

¿Qué estaba preguntando? ¿Quería…?

—¿Te refieres a tener sexo? —pregunté, mi voz se rompió un poco en la última palabra. Dios. Qué vergüenza.

Edward negó con la cabeza.

—No justo ahora.

Oh. Maldición.

Mi cara debió decaer, porque acunó mi mejilla.

—Quiero decir que sí quiero, Bella. En serio que sí. Sólo que sé que todavía no has tenido sexo, y probablemente debería ser más especial que tan sólo hacerlo el día después del baile.

Sé que tenía razón. Y no estaba exactamente lista. Pero…

—También es el día después de que me dijeras que me amas por primera vez.

Edward me sonrió.

—Lo cual fue increíble. Sólo que no quiero tener que estar al pendiente de padres enojados o hermanitas fisgonas todo el tiempo.

¿Todo el tiempo?

—¿Cuánto tiempo tarda? —solté, haciendo una mueca cuando las palabras salieron de mi boca. O sea, él era un adolescente, ¿cierto? Aunque también tenía mucha más experiencia comparada con mi nada de experiencia, gracias a Tanya la puta. Mierda. Él tenía razón. No podíamos hacerlo hoy. Necesitaba ver porno o algo así, aprender algunas cosas más allá de lo que he leído en libros. Esos tenían un límite en lo detallados que podían ser.

Edward se las arregló para no reírse de mi idiotez, aunque podía darme cuenta que se estaba conteniendo. Sus labios se movieron y se los apretó para evitar soltar la carcajada. Estaba bien. Me merecía la risa por eso.

—Bella, estaré más que feliz de mostrarte qué tanto puede tardar cuando lleguemos a ese punto. Sólo llevamos juntos un mes y, en tu mente, en realidad sólo hemos estado juntos desde ayer.

Sonrió cuando suspiré, porque era una tonta. Todo el tiempo que desperdiciamos cuando pude haber estado avanzando hasta llegar a los momentos calientes con Edward. Ahora íbamos atrasados gracias a mí.

—Fue antes de ayer. Además, pensé que… estamos solos. Nos amamos. No siempre podemos tener este momento.

Sonrió y me besó ligeramente.

—Tienes razón. Y quiero tomar ventaja de eso. ¿Me dejarás hacerte sentir bien?

Esa pregunta era una locura.

—Por supuesto.

—Muy bien.

Sus labios se posaron sobre los míos entonces, y las embestidas comenzaron y, oh sí, ahí estaba el cosquilleo. Cosquilleo que estaba calentando cada parte de mí mientras los labios de Edward bajaban por mi mandíbula y hacia mi cuello. Siguió embistiendo contra mí, chocando contra una parte que parecía estar conectada a todas las demás. Alcé mi otra pierna, envolviéndolas alrededor de él lo mejor posible. Teníamos dos pares de jeans entre nosotros, pero se sentía realmente bien, su zipper golpeaba contra el mío y empujaba contra mí.

—¿Puedo verte? —preguntó Edward mientras sus labios bajaban más, pasando mis clavículas y empujando mi suéter con su barbilla.

¿Podía? Probablemente debería hacerlo si alguna vez íbamos a llegar a esto del sexo.

—Sí.

Lo miré levantarse para sentarse entre mis piernas. Bajó las manos y me preparé para revelarme, pero para mi completa dicha, fue su suéter el que se quitó. Y, oh Dios, era toda una visión. Era delgado, lo cual ya sabía, pero había cierta definición ahí por sus juegos de fútbol. No tenía todo un six-pack, pero podía ver sus abdominales y un poco de vello que bajaba hacia donde estaban sus jeans. Recordaba que mis libros le llamaban el camino feliz.

Edward sonrió mientras lo veía, admirando su bronceado de verano que ya se desvanecía. Definitivamente tenía más color que yo, aunque eso no era difícil. El sol y yo no nos mezclábamos muy seguido, algo que Edward estaba a punto de ver porque volvió a bajar las manos y ahora el que subió fue mi suéter. Alcé los brazos sobre mi cabeza y lo dejé quitármelo, dejándome sólo en un sostén verde azulado que me había puesto con este objetivo en mente luego de decirle que viniera.

—Hermosa —murmuró Edward antes de volver a colocarse sobre mí. Ahora sentía su piel en la mía, y el cielo no podía sentirse mejor que esto.

Nos besamos y nos movimos más, y antes de saberlo, sus manos estaban en mis pechos, rozando sobre el satín antes de deslizar una dentro y rozar mi pezón con su pulgar. Jadeé en su boca y se apartó.

—¿Te gustó? ¿Quieres más?

Las palabras se me escapaban, así que sólo pude asentir. Edward bajó los tirantes por mis hombros, sus dedos se movían lentamente, tocando mi piel todo el tiempo y dejándome la piel chinita a su paso. Sentí ese par de dedos hasta la punta de mis pies. Luego trazó ligeramente sobre las copas, antes de acercar la mano a la parte de en medio y abrir el broce, sus ojos estaban en mí para ver si estaba bien lo que hacía.

Y sí lo estaba. En realidad, estaba más que bien, especialmente cuando sonrió esa dulce sonrisa mientras me lo quitaba. Entonces miró, y vi que se lamió los labios, algo que sentí justo en medio. ¿Haría eso en mí algún día? ¿Querría yo que lo hiciera? Quiero decir, estaba bastante segura que sí, pero tal vez debería investigar eso junto con…

—¡Oh! —Sus labios calientes y húmedos se posaron sobre mi pezón derecho y, santa mierda, se sintió maravilloso. Mis manos volaron a su cabello, tirando mientras su lengua y, oh Dios mío, sus dientes tiraban, raspaban y chupaban con gentileza.

Luego su boca se movió al otro pecho y, oh sí, igual de bien y perfecto. Estaba gimiendo, tirando y moviéndome debajo de él, mi cuerpo intentando llegar a algo que parecía estar fuera de mi alcance. ¿Qué más podría necesitar?

Edward se movió entonces, bajando sus labios a mi estómago. Me miró, sonriendo sobre mi piel, y lamió, besó y chupó un poco más. Sus manos estaban, Dios, sus manos estaban sobre el botón de mis jeans.

—¿Puedo? —preguntó, y yo estaba asintiendo antes de que terminara de pronunciar esa simple palabra. Desabrochó el botón y bajó mi zipper.

Comencé a levantar las caderas, para ayudarlo a quitarme los jeans, pero me detuvo.

—Por ahora sólo esto —murmuró.

¿Qué? Pero… ¡oh! Dios mío. Unos largos dedos se metieron en mis jeans, rozando arriba y abajo sobre mi ropa interior de satín, tocándome exactamente dónde todo mi ser gritaba por ser tocado.

Entonces, un movimiento, un deslizamiento, y dos cálidos dedos entraron en contacto con mi húmeda calidez, y nada jamás se sintió mejor que esto. Cada nuevo toque parecía ser mejor que el anterior, pero esto, esta presión, y esos giros y esos movimientos eran todo.

Mis ojos se cerraron con fuerza y mis manos se hicieron puños sobre mi colcha, sosteniéndome porque sentía que todo mi cuerpo flotaba lejos de ahí mientras Edward me tocaba, subiendo y bajando, luego en círculos y yo estaba viendo estrellas, y entonces uno de esos perfectos dedos largos entró en mí y exploté.

No sé por cuánto tiempo me retorcí y me arqueé y me desmoroné debajo de Edward. Eventualmente su dedo, su glorioso y perfecto dedo, salió de mí y abrí los ojos para verlo sosteniéndose sobre mí.

—¿Eso fue un orgasmo? —pregunté, porque al parecer preguntaba cosas tontas de las que ya sabía la respuesta cuando perdía el control de mi cuerpo. Perdida de control corporal; perdida de control cerebral. Los orgasmos eran cosas poderosas.

—Sí —me dijo, viéndose divertido. Pero no podía culparlo.

—¿Por qué rayos tarde tanto en tener uno? —pregunté, totalmente confundida por eso.

Quiero decir, Angela me había dicho que el sexo se sentía bien y era divertido, pero no sabía que se sentía tan bien. Si lo hubiera sabido, habría encontrado la forma de tener uno antes de ahora. Aunque eso habría significado que Edward no habría estado involucrado, y eso habría sido una tragedia. Y no quería a nadie más que a él, así que tendría que haberlo hecho yo misma. Y sabía que yo no sería ni de cerca tan buena como él. Eso no era posible.

—Porque me estabas esperando, espero —murmuró antes de inclinarse para besarme de nuevo.

Sí. Eso era cierto. Me derretí contra él. Se sentía tan bien.

Eventualmente Edward se apartó y rodó hacia un lado. Me giré para quedar de frente a él, porque era hermoso y me acababa de dar un maravilloso orgasmo y todo.

—Gracias —le dije, lo que lo hizo reír en voz baja. ¿Qué? ¿No debería agradecerle por hacerme estallar?

—No tienes que agradecerme, nena. Fue un placer.

Pero no lo fue. Porque yo no había hecho nada para él y probablemente estaba duro por tener una chica medio desnuda gimiendo como estrella porno debajo de él. Era tan egoísta.

Me moví hacia enfrente y lo empujé, haciéndolo girar sobre su espalda.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó cuando me subí sobre él, montando su cintura.

—Me hiciste sentir bien. Ahora es tu turno. —Y de verdad necesitaba poner mis manos en él. Las puse en sus pectorales, comencé a sobar y apretar, probablemente no tan bien como él lo había hecho, pero iba a aprender.

—No necesito un turno —murmuró, pero gimió cuando me agaché y besé su cuello.

Sentí que tenía buena practica con esta parte, besar y lamer su sexy pecho no era un inconveniente para nada. Sus músculos se tensaron bajo mis manos y boca, y fue genial sentir el poder que venía con tener a mi merced a este precioso chico.

Llegué al botón de sus jeans y respiré profundamente antes de abrirlo y bajar el zipper. Me sentía menos segura aquí, así que alcé la vista y encontré sus hermosos ojos viéndome con atención.

—Muéstrame cómo tocarte.

Gimió.

—Eso es tan jodidamente caliente —dijo antes de que su mano derecha tomara la mía. Juntos bajamos un poco sus jeans y nos metimos en su ropa interior, y cerró mis dedos alrededor de él. Él, eso, supongo, estaba duro, pero la piel que lo rodeaba era suave y lisa en cierta forma, y se movía junto con nosotros, mientras nuestras manos subían y bajaban, su mano guiaba la mía mientras él embestía para encontrarse con el movimiento.

—Un poco más fuerte —me indicó, así que apreté un poco mi agarré y me moví más rápido. Su mano se aparto y quedé sólo yo. Mi mano subía y bajaba, y la torcí un poco como él lo había hecho, y fue el turno de Edward para correrse.

Sus dientes se apretaron y sus ojos se cerraron cuando sentí un poco de humedad en mi mano. Dijo mi nombre antes de quedarse quieto. Maldición. ¿Yo me había visto así? ¿De estar tensa a estar completamente relajada y dichosa? Probablemente. Me sentí así.

Saqué mi mano de su ropa interior, y me crucé sobre Edward para agarrar un pañuelo con que limpiarme. Sonreí cuando vi que abrió los ojos.

Sonrió y me jaló hacia él, plantando un enorme beso en mí.

—Gracias.

¿Ves? Era lo correcto decir eso luego de que alguien sacudiera tu mundo. Y yo, Bella Swan, hacía sacudido el mundo de Edward Cullen, luego de que él sacudiera el mío claro. Él era un chico así de bueno, encargándose de mí primero.

—De nada.

Se rio mientras me abrazaba.

—Te amo.

De acuerdo, tal vez eso era mejor que un orgasmo. Pero sólo por poco, porque los orgasmos eran realmente maravillosos. Esperaba tener muchos de aquí en adelante.

—También te amo.

Nos quedamos acostados por un largo rato, sólo disfrutando del estar juntos, piel sobre piel. Sabía que había más cosas por hacer, por explorar, antes de que llegáramos hasta el sexo, pero iba a ser muy divertido el experimentar todo eso, juzgando por lo que había pasado hoy.

La mano de Edward jugaba con las puntas de mi cabello, y tocaba ligeramente mi espalda desnuda. Se sentía tan bien. Probablemente podría quedarme dormida con esa sensación.

—Bella.

—¿Sí? —pregunté, encontrándome con la mirada de Edward.

—No quiero molestarte por decir esto, pero siento que tengo que aclararte algo.

Oh, mierda. ¿Qué?

—Oye —tocó mi mejilla—. No es nada malo. Sólo quería que supieras que esto, justo este momento.

Asentí para que siguiera.

—Es la mejor experiencia que he tenido en mi vida.

Oh. ¡Oh! Él estaba diciendo…

—¿Estar conmigo así fue mejor que con Tanya? ¡Pero con ella tuviste sexo!

Edward se rio.

—¿Y qué? O sea, no mentiré y diré que no lo disfruté en su momento.

Lo fulminé con la mirada.

—Estaría bien si me mintieras sobre eso.

Sonrió, y era imposible enojarme con él, especialmente al estar medio desnudo y ser tan sexy y así.

—Me refiero a que nunca se sintió así de bien ni fue tan divertido. Nosotros nos reímos juntos. Y tú dices cosas locas y maravillosas. Y amo saber que soy el primer chico que te toca así, y el único que te ha visto así. Fue perfecto. —Se encogió de hombros—. Eso era lo que intentaba decir.

Era demasiado lindo para expresarlo con palabras.

—No tengo nada con que comprarlo. Y ambos sabemos que odio que ella haya estado contigo, pero me encanta que pienses que soy mejor.

—Tú eres mejor. En todos los sentidos.

Recordé cómo tenía la esperanza de mostrarle que ahí afuera había chicas mejores que Tanya. En su momento, no tenía idea de que yo sería esa chica mejor, pero estaba muy feliz con serlo. Él ya era el mejor para mí, y yo iba a ser la mejor para él. Toma eso, Tanya. Yo soy la indicada para Edward. Y él era el indicado para mí.


Espero que hayan disfrutado del capi, gracias por todo su apoyo siempre 😉