La historia es una adaptación del libro Until It Fades de K. A. Tucker y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Capitulo 13

—No tenías que hacer todo esto —le digo a mi madre mientras juguetea con el ramo fresco de tulipanes color ciruela que trajo, ahora colocado en una mesa auxiliar.

Con Mike en la corte y la niñera regular de Brenna en la escuela, me encontraba desesperada. Casi lo suficiente como para preguntarle a Garrett. Pero decidí probar con mi madre primero, esperando que dijera que no, porque recoger a Brenna a las tres requeriría perder trabajo, y su jefe es del tipo que descuenta de la paga cada hora perdida.

Sorprendentemente, no solo estuvo de acuerdo, sino que dejó el trabajo al mediodía para ir al Belmont Target por algunos artículos de decoración para "arreglar" mi casa. Si no me hallara tan desconcertada con esta entrevista, podría sentirme insultada.

—No seas ridícula. Necesitabas ayuda.

—Gracias. Tenía miedo de tener que dejarla con Garrett.

—Estoy segura de que a ella no le habría importado.

—No era ella quien me preocupaba.

—¿Me pasas unas tijeras, por favor?

Mamá no llegó solo con flores, sino también con gruesas y cálidas cortinas de lana gris; su razonamiento es que las persianas actuales no ofrecen privacidad suficiente contra todos estos reporteros. Puede "casi" ver en mi sala de estar desde el exterior, incluso con ellas cerradas. No le creo, pero con la posibilidad de que tenga razón, no discutiré.

—Listo. —Retrocede y mira la sala de estar, donde asumimos que el rodaje tendrá lugar—. No es mi estilo, pero no se ve mal con estos toques añadidos.

Esa es la manera de Renee Swan de ofrecer un cumplido. He aprendido que no puedo ofenderme. Y tengo que admitir que sus toques añadidos funcionan bien con mi "decoración" ecléctica.

Eso no significa que la quiero aquí cuando llegue Emmett, que es en cualquier momento. Tendré quizá treinta minutos a solas con él, a lo sumo, antes de que llegue el equipo de noticias.

Es mi única oportunidad de hablar con él, de decirle exactamente qué pasó esa noche.

—Deberías ir por Brenna. Llamé a la oficina para avisarles que la recogerías.

Revisa su reloj con el ceño fruncido. —Está a cinco minutos en auto, Bella. ¿Qué haré? ¿Quedarme en el estacionamiento, haciendo girar mis pulgares? —Agarra el kit de colorante de Brenna y lo mete en el último cajón, justo encima de mi cuaderno de dibujo.

Es obvio que se quedará. —Bien. Estaré en el baño.

—Podría pedirle a tu padre que salga del trabajo y lleve a Brenna a casa, para poder quedarme aquí contigo.

—No, está bien. —Eso pudo haber salido un poco rápido, pero es imposible que haga la entrevista con mi madre en la misma habitación.

Asiente. Me doy cuenta que no es la respuesta que esperaba, pero esto no se trata de ella.

Me dirijo hacia el vestíbulo.

—Espera.

Permanece ahí un momento, sus dedos golpeando contra su muslo. —Supongo que hablarás del señor Philips.

Me preguntaba cuándo me lo preguntaría. —Es probable que Kate Wethers lo traiga a colación.

Traga con fuerza. —Tengo que decir algo.

Aquí vamos.

¿Qué hará? ¿Darme un guión? —No te preocupes, mamá. No diré nada despectivo sobre ti. Les dije que nuestra relación estaba fuera de los límites.

Suspira. —Te iba a decir que tu padre y yo estamos cien por ciento a bordo con tu decisión de hacer esta entrevista. Y espero que digas lo que sientas que es necesario para poder mantener la cabeza en alto. Solamente ten en cuenta que te retractaste de tu declaración, lo que significa que tienes que tener cuidado. Conociendo a esa familia, lanzarían un pleito de difamación contra ti. Yo... —Frunce los labios—. Si pudiera regresar y hacerlo todo de nuevo, aun habría reportado a ese hombre. Pero me gustaría pensar que habría hecho otras cosas de modo diferente. Sé que tú y yo nunca seremos mejores amigas, pero espero

que algún día veas mis intenciones por lo que eran.

Creo que eso es lo más parecido a una disculpa que obtendré de ella.

Se gira para mirar por la ventana. —Noté que el rollo de papel higiénico estaba casi vacío, pero no sé dónde guardas los extras. Deberías cambiarlo para que tus invitados no se queden sin papel.

—Vale. —Le permito hacer un rápido escaneo de mi cuartito de baño; y, sí, reemplazar el rollo. Y luego me examino en el espejo, de la lusa rosa sedosa de mangas tres cuartos y pantalones color azul oscuro por los que me decidí después de revisar todo en mi armario, algunas cosas dos veces, deseando que todavía tuviera el vestido negro, un verdadero hallazgo milagroso en una tienda de segunda mano. Paso la plancha por mi cabello y uso más maquillaje del que normalmente llevo, pero pensé que la cámara lo desvanecería de todos

modos.

En general, me veo mil veces mejor que cuando Emmett apareció en mi puerta hace cinco días. Sin embargo, ¿estoy lista para esto? La opresión en mi pecho sugeriría lo contrario. En verdad siento el impulso abrumador de llamarlo y cancelar todo el asunto.

—¡Un Escalade negro acaba de estacionarse! —grita mamá desde la ventana delantera.

Ya es muy tarde.

Mi estómago da un vuelco cuando apago el interruptor de la luz y me acerco, para ver a mi madre alisándose el vestido con las manos y pasando un dedo por su cabello mientras mira por una grieta en las

persianas.

—Guau. —Me mira por encima de su hombro con una mirada significativa—. Él es... Guau.

—Sí. Lo noté —digo, tirando de la parte delantera de mi blusa otra vez.

Vuelve su atención hacia el camino de entrada. Y de repente su boca se abre. —¡Mierda!

Mis ojos casi salen de mi cabeza. Mi madre nunca maldice. Nunca. —¿Qué?

—¿Sabías que ella vendría?

—¿Ella?

Los escalones del pórtico crujen, y mamá deja caer su voz a un silbido susurrado. —¡Su madre!

¿Esme Pratt está aquí?

Simplemente miro a la puerta, congelada en el lugar cuando llaman a la puerta.

Por suerte, mi madre mantiene los modales, dirigiéndose a quitar el seguro y abre la puerta. —¡Entren, entren! —Los dirige, su voz más aguda de lo normal, sus dedos que cuelgan en su muslo tiemblan levemente. No creo haberla visto nunca tan nerviosa.

Conteniendo mi aliento y mi vejiga, veo silenciosamente cómo un bulldozer gigante de hombre —en serio, tenía que haber sido un linebacker en una vida anterior— vestido de negro, con la chaqueta abierta para revelar la pistola a su costado, entra y me hace un gesto con la cabeza mientras pasa a mi lado, metiendo la cabeza en cada uno de los dormitorios y el baño, con un auricular en la oreja. Lo escucho decir: —Todo despejado —a nadie que yo pueda ver. No hubo esta seguridad rigurosa en la primera visita de Emmett. Debe ser a causa de ella.

Emmett entra con sus muletas, de inmediato buscándome. El moretón alrededor de sus ojos ha mejorado un poco. Viste una camisa negra de cuello grueso, que le ciñe el pecho de forma halagadora, y unos pantalones carbón que abrazan al resto de él de una manera aún más halagadora, con una pierna enrollada para dar espacio a la escayola.

Se quitó el vendaje de su frente y ahora puedo ver claramente la roja cicatriz de dieciocho centímetros justo debajo de la línea del pelo. Tiene el mismo estilizado que en aquel evento de caridad, con mechones gruesos despejados de su rostro, y aunque aún tiene un rastrojo en todo su rostro, parece que la barba ha sido arreglada.

Emmett simplemente me mira fijo durante un largo momento, esa misma mirada de asombro aún en sus ojos. Me pregunto si es un reflejo del temor que seguramente se halla en los míos. A pesar de todo, una burbuja de excitación brota dentro de mí.

Estoy tan feliz de verlo de nuevo.

—Hola, soy Renee Swan, la madre de Isabella. —La voz de mi madre aleja su atención.

Él le ofrece un apretón de manos y esa sonrisa genuina. —Es un placer conocerla. —Dios, es tan encantador, incluso cuando no hace nada fuera de lo común. Prácticamente veo a mi madre derritiéndose en un charco. Haciéndose a un lado, lleva una mano detrás de él— ¿Mamá?

El epítome del glamour entra por la puerta.

Esme Pratt.

En mi casa.

Ella usa un vestido de marfil que abraza su figura, y esa figura es como un reloj de arena perfecto en la vida real como lo es en la pantalla. Al igual que su cabello sedoso hasta los hombros, el color de las hebras de maíz, y su rostro impecable. La única joya que lleva es un anillo de boda de diamantes más bien modesto. Me pregunto si incluso trata de verse tan bien y, si es así, cuánto tiempo tarda. Mi madre vino directo del trabajo, así que sigue usando su ropa de oficina: un vestido lápiz azul marino y zapatos sencillos pero con clase, unas joyas de fantasía que conjugan todo el aspecto. Su cabello rubio a los hombros se halla rizado en los extremos y su maquillaje es ligero. Siempre ha sido naturalmente sorprendente, y sin embargo, junto a Esme Pratt, su cabello y su tez parecen aburridos, su vestido desvanecido y mal ajustado.

Esme Pratt ofrece a mi madre —por una vez, sin palabras— una sonrisita cálida y un apretón de manos, antes de pasar rápidamente a buscarme como lo hizo su hijo hace unos momentos.

Y cuando su mirada se fija en mí, sus ojos impecablemente maquillados de inmediato se llenan de lágrimas. Por la tensión en su mandíbula, trata de mantenerlas a raya mientras camina hacia mí, sus tacones marfil a juego hacen clic contra mi suelo desgastado. Estoy segura de que este linóleo nunca antes ha sido adornado por esos zapatos caros. —Isabella —dice alegremente.

Me siento aterrorizada de decir algo estúpido, y por eso no digo nada, simplemente ofrezco mi mano no lesionada cuando llega a mí. La ignora, me abraza, su cabello brillante acaricia mi mejilla, su exótico perfume floral me llena las fosas nasales. Sus delgados brazos, tan definidos como los míos, aunque son de unos cincuenta años, me aprietan con fuerza.

—No sé cómo agradecerte por salvar la vida de mi hijo. —Abro la boca para minimizarla, pero me corta—. Tú también tienes una hija. Así que debes ser capaz de apreciar lo agradecida que estoy.

Eso me hace darme una pausa. ¿Y si nuestros papeles fueran a la inversa? ¿Y si hubiera sido mi hija la atrapada dentro de un accidente automovilístico y esta mujer envolviendo sus brazos a mi alrededor hubiera arriesgado su vida para sacar a Brenna?

Nunca habría sido capaz de encontrar las palabras correctas.

Es extraño que nunca lo haya visto desde ese ángulo, pero Esme Pratt tiene razón. Emmett, ese hombre gigante de pie con muletas para apoyo, roto y magullado, siempre será su hijo.

Finalmente, puedo devolverle el abrazo; una nueva comprensión sin palabras pasa entre nosotras.

Nos separamos justo cuando el chofer de Emmett entra por la puerta, llevando otro elaborado arreglo floral. Una mujer curvilínea y baja, con un corte de pelo bob en su cabello negro, entra tras él, con los brazos cargados de varios contenedores de lo que parecen ser bandejas de comida, y sus ojos exploran mi casa. —Aquí por ahora, Donovan. — Señala con la barbilla la mesa de café mientras se dirige hacia la mesa de mi cocina para descargar sus brazos—. Soy Tanya, la publicista de Emmett.

—Hola. —Frunzo el ceño ante las bandejas.

—Emmett mencionó cuánto te gustó el último ramo de flores. Y sé cómo de desgastantes pueden ser este tipo de cosas, por lo que trajimos comida para facilitarte más las cosas —dice Esme, acariciando mi antebrazo—. Espero que no te moleste.

Tiene una forma elegante de hablar. Creo que podría convencerme de casi cualquier cosa.

—No, claro que no.

Tanya quita las tapas y el aroma de pan recién horneado capta mi nariz, recordándome que en realidad no he comido. Hay comida suficiente aquí para quince personas.

—Isabella, ¿tal vez quieran algo para beber? —pregunta mi madre.

—No es necesario. También trajimos la bebida —dice Tanya, y Donovan reaparece en ese momento con una jarra de Starbucks.

—Realmente estás... preparada. —Y considerada.

—Es por eso que la mantengo cerca. —Emmett le lanza un guiño a Tanya.

—Tienes suerte de que sigues con dolor o te golpearía, con los aros que me pides que salte —se queja Tanya falsamente en su camino por delante de él para detenerse frente a mi sofá, con manos en las caderas, Evaluando el área. Le toma tres segundos notarlo—. No tienes fotos de familia.

—No, las guardé todas. —Miro a Emmett, buscando apoyo.

—Está bien, Tanya. The Weekly ya estuvo de acuerdo con eso.

Pero Tanya frunce el ceño. Parece discrepar. —Acordaron no tener a la niña aquí. Pero necesitamos algo. Un par de fotografías enmarcadas en la mesa auxiliar. ¿Debes tener una de esas?

—Tengo un montón, pero están en un cajón en donde las puse. — No puedo evitar que la irritación se me escurra en la voz. ¿La niña?

Suspira. —Mira, sé que quieres proteger a tu hija. Pero parte de esto es la construcción de una imagen más positiva en los medios de comunicación para ti misma. Estoy segura de que ya has escuchado algunas de las cosas menos que halagadoras que se han dicho de ti...

—Muchas veces —la interrumpo rápidamente en caso de que sienta la necesidad de empezar a enumerarlas.

—Bueno, la mejor manera de...

No pondré el rostro de mi hija en televisión nacional para esfuerzo de publicidad. —Lucho por excluir la emoción de mi voz.

—Pero…

—No.

—La escuchaste, Tanya —dice Emmett, y ese tono serio de nada de tonterías está de vuelta. Sus ojos parpadean hacia mí y le agradezco en silencio con una sonrisa—. Además, creo que la gente se enamorará de ella tal como es.

La boca de Tanya se cierra. Mira furiosamente a Emmett, sin duda descontenta con mi postura y su apoyo. Pero ella también sabía cómo era esto antes de venir aquí. Debió creer que podría influir en mí.

Mi madre parece encontrar su lengua y su nervio. —Si sirve de algo, creo que mi hija hace lo correcto al mantener a Brenna lejos de los focos, y si Kate Wethers quiere que esta entrevista continúe, es mejor que su gente sepa que no irá en contra de los deseos de Bella. —Coge su bolso—. Tengo que recoger a Brenna. Fue muy agradable conocerlos. —Le sonríe primero a Emmett, luego a Esme.

Pero Esme se apresura a tomar su mano gentilmente. —Nos veremos de nuevo. Estoy segura de eso.

Mamá frunce los labios y asiente. Tratando de mantenerse tranquila. Me pregunto si llamará a sus amigas al segundo en que salga por la puerta y gritará como una niña de trece años en un concierto de One Direction. Casi deseo poder estar ahí para presenciarlo.

—Mantente atenta a cualquier reportero que te siga a casa desde la escuela de Brenna —grito detrás de ella mientras sale por la puerta.

Con eso, se ha ido, y los labios de Tanya se hallan fruncidos mientras busca otro ángulo. —¿Tienes alguna foto familiar que estés dispuesta a poner? Tus padres y tú, tus hermanos... —insiste—. En serio necesitamos algo. Un toque personal y familiar.

La mujer es implacable, pero tengo que creer que sabe de lo que habla.

—Tengo algunas fotos viejas en una caja de zapatos. Podría desenterrarlas.

El teléfono de Tanya empieza a sonar. —Genial, hagamos eso — dice, al parecer apaciguada, y responde a su teléfono con un corto—: Tanya Denali. —Donovan la sigue mientras ella sale por la puerta principal para atender la llamada.

Dejando a Emmett, a su madre y a mí solos.

Esme comienza a vaciar la bolsa plástica de tazas de papel, tapas y cremas; me pierdo mirándola durante un largo momento, porque por ese momento parece ser cualquier otra madre normal y humana, antes de recordarme a mí misma. —Espere, permítame traer algunas tazas de verdad, por lo menos. —Me apresuro hacia el armario, buscando mis mejores tazas, las que no estén astilladas, agrietadas o cubiertas de frases pegajosas. Básicamente, todo lo que no dice "Encontrada en venta de artículos usados".

—Tienes una casa muy bonita.

Apenas contengo el resoplido. Vivo en un tugurio en comparación a lo que ellos están acostumbrados, y lo sé porque encontré fotos de su casa de Malibu en línea. Ella solo está siendo educada. —Es muy amable de su parte decirlo.

—Lo digo en serio. Es muy pintoresco y... acogedor. Has hecho una hermosa casa para tu hija.

Cuando me giro, veo su mirada vagando por el espacio. Hay algo tan honesto en ella que casi le creo. Pero entonces recuerdo que es una actriz premiada.

—¿Puedo? —pregunta, moviéndose de repente a mi lado y señalando el jabón; su anillo de diamantes brilla, incluso bajo mis luces apagadas.

—Sí. Por supuesto. Considérese en casa. —En silencio agradezco a mi mamá por insistir en que pasará una toalla de emergencia sobre el fregadero.

—Y Emmett, querido, por favor siéntate. No deberías estar de pie — añade por encima de su hombro con esa voz airosa.

—Estoy bien, mamá.

—No, estás pálido, y el doctor te dijo que no estuvieras de pie. Siéntate. —Lo reprende suavemente, acercándosele para arrastrar una silla desvencijada hacia él.

Está un poco pálido. Sin embargo, sigue siendo muy hermoso.

Me ofrece una mirada avergonzada antes de sentarse, haciendo muecas de dolor.

La culpa me abruma. No debí presionarlo para que hiciera esto de inmediato. No debería estar aquí. —Lo siento, debimos esperar unas semanas para hacer esto, hasta que estuvieras mejor.

—Estaré bien.

—¿Te tomaste las pastillas? —pregunta Esme.

—Lo haré después de la entrevista. Me hacen dormir. Lo sabes — dice con una actitud demasiado paciente, como si fuera cualquier cosa.

—Deberías comer algo. —Esme retira una tapa y, saca un plato y cubiertos de la bolsa de plástico. Supongo que son desechables, pero son más lindos que los de porcelana que tengo en el armario—. Ensalada de huevo, ¿verdad?

El rostro de Emmett se tensa, y ella sacude la cabeza hacia sí, riendo entre dientes. —Es tu hermana la que ama el huevo. Siempre me confundo con ustedes dos. Toma, jamón y queso. Y algunas zanahorias al lado. —Coloca en el plato todo y lo pone frente a él, como haría una madre amorosa por su niñito.

Cuando él eleva la vista, y me ve presionar mis labios para tratar de ocultar mi sonrisa, su rostro se divide en una sonrisa amplia.

—Piensas en cómo haces esto para tu hija de cinco años, ¿no?

No puedo evitarlo, me echo a reír.

Esme me guiña un ojo, luego se quita sus elegantes tacones y exige: —¡Come! Antes de que tenga que darte de comer como si tuvieras cinco años.

Algo acerca de verlos interactuar —la todopoderosa y glamurosa Esme Pratt tratando a su hijo como lo haría una madre dominante y preocupada; el sexy y fuerte Emmett Mccarty, frunciendo la nariz ante el huevo— me relaja por primera vez desde antes del accidente.

—Te tendremos sentada en todo momento… —Riley mira a través de la lente de la cámara que se encuentra inclinada en mi feo sofá floral. Es una de dos cámaras, la otra lista para grabar a Kate Wethers, quien se sentará en una de mis desvencijadas sillas de cocina a la izquierda de nosotros. La que ha sido armada de nuevo varias veces. Juro que eligieron la peor intencionalmente.

El equipo llegó en una Suburban con un logo de THE WEEKLY al costado hace cuarenta y cinco minutos, desde entonces han convertido mi sala de estar en un escenario.

Sigo las instrucciones de Riley, deslizándome por completo hasta que mi espalda toca el sofá.

—Muy bien, listo. Y quiero que gires tu cuerpo hacia Emmett.

¿Girarme hacia Emmett? Me encuentro prácticamente encima de Emmett. Este sofá de dos piezas parece más una silla ahora que él lo comparte conmigo. Sin embargo, han insistido en que nos quieren al lado del otro para la entrevista.

—Más. Que sus rodillas se toquen.

Le ofrezco una sonrisa nerviosa mientras presiono su rodilla derecha con la mía. Si la cercanía le molesta, no lo demuestra. Se hunde en mi sofá, un retrato perfecto de la tranquilidad, como si ya hubiera pasado por cientos de entrevistas como estas. Probablemente es así.

—Sí, eso es perfecto. ¿J? Necesito ajustar la pantalla medio centímetro hacía mí.

Su asistente se apresura a mover la pantalla plateada brillante como le ordenaron. Emmett me explicó que eso ayuda a controlar la luz para evitar sombras y aspectos desfavorecedores. —¿Bien?

Riley le muestra dos pulgares arriba. —Al igual que en el estudio. A pesar de los micrófonos, ya estamos listos. Katie, ¿necesitas un poco más de tiempo?

Kate Wethers, la celebridad de noticias de máxima audiencia y morena despampanante, que he visto durante años agraciar la pantalla de la televisión, se encuentra de pie al lado de la mesa de mi cocina y habla con Esme como si fueran viejas amigas, y tal vez lo son. O tal vez es que Esme es muy fácil de llevar.

—Dame diez. —Le hace una seña a la maquilladora, aunque no sé qué más necesita que le hagan, dado que se ve lista para la cámara.

A mí ya me han puesto polvo, rubor y lápiz labial. Emmett solo se rió y negó con la cabeza cuando la chica trató de disimularle el moretón.

Diez minutos.

Incluso con Emmett a mi lado, donde puedo sentir su presencia, su calidez, su apoyo, no sé si puedo hacer esto. Especialmente porque nunca tuve la oportunidad de hablar con él en privado. No hemos tenido un momento a solas, con Esme aquí, y también el resto del equipo, así que el sudor comienza a deslizarse por mi espalda ante la posibilidad de que él arroje palabras como "heroína" e "increíble" y "le debo todo", y la expresión en su rostro cuando escuche la historia completa.

—Oye. —Me da un ligero codazo—. ¿Necesitas un descanso rápido antes de que comencemos?

—Sí. —Sale como una exhalación—. Pero, ¿tengo permitido moverme?

Se ríe. —Puedes hacer lo que quieras.

—Está bien. De hecho… —dudo, tragando el miedo que crece poco a poco en mi garganta—. ¿Puedo hablar un minuto contigo? ¿En algún lugar que no sea aquí? —Espero poder hablar un poco más en la verdadera entrevista. Gracias a Dios que no se va a transmitir en vivo.

Arrugas llenas de curiosidad atestan su frente —Claro.

Rodeamos todo el equipo y las personas, mientras Emmett pasa con dificultad. No hay muchas opciones para estar a solas por aquí. Afuera sobrepasa los límites y no voy a llevarlo al baño para tener una conversación profunda, así que básicamente o nos vamos al cuarto de Brenna o el mío.

El segundo en que entramos al mío y él cierra la puerta, sé que escogí la habitación equivocada debido a mi nivel actual de ansiedad.

Nunca he tenido a un hombre, aparte de Mike, cuando iba a colgar un esquinero en la pared o a ayudarme con Brenna, en mi habitación. Y tener a Emmett aquí…

Sus ojos comienzan a revolotear por el pequeño espacio cuadrado, ligeramente iluminado por la lámpara en mi mesa de noche, hasta aterrizar en la foto que hay de Brenna encima de mi tocador al lado de mis recién lavadas, dobladas y muy poco sexys bragas y sujetador de color blanco. Veo como sus ojos las examinan por un momento antes de alcanzar el marco de la foto.

Él estudia su rostro. —Ella tiene tu mandíbula. Y tu boca. Y la forma de tus ojos. Es básicamente tu mini-yo.

—No tanto pero… casi.

—Es hermosa. —Baja el marco—. El efecto que esto va a tener en ella te preocupa mucho, ¿no es así?

—Son cosas complicadas de las que aún no quiero que se entere. Mientras más rápido termine todo esto, mejor.

—De acuerdo. Eso espero. ¿Te importa si me siento? —Ya va de camino a mi cama, con la misma expresión adolorida en el rostro que tiene cada vez que se mueve.

—Tu pierna te duele mucho, ¿cierto?

—Nah. Está mejorando.

—Mentiroso —susurro, acercándome para sentarme a su lado.

Tal vez es mejor que no lo mire a los ojos para esto.

—Estás muy nerviosa, ¿verdad?

—Nah —le imito.

—Mentirosa. —Sonríe—. Va a salir bien, confía en mí. Kate es una de las buenas, y Tanya se aseguró de que sepa qué está fuera de los límites. No te preocupes. Ella misma me lo dijo, quiere que salgas de esto viéndote como la heroína que eres.

Y ahí va, usando esa palabra de nuevo. —Ves, esa es el tema. — Me doy cuenta de que estoy magullándome la uña, así que empuño las manos para detenerme—. El otro día, ¿cuándo te conté que sucedió esa noche? Como que omití una parte de la historia. Algo importante. —Mi pecho se siente dos tallas demasiado pequeño para que mis pulmones funcionen de forma apropiada. Emmett no dice nada, esperándome—. Cuando llegué allí, tu cabeza colgaba hacia adelante y había tanta sangre. —Cierro los ojos y la imagen aparece—. Coloqué mi mano en tu pecho y pude sentir el latido de tu corazón, así que sabía que estabas vivo. Traté de despertarte. Entonces, cuando el auto se prendió fuego, comencé a gritar y a tratar de sacarte. Fue imposible. Eras tan pesado y tus botas se encontraban atascadas en algo. Te quejabas, pero no te

despertaste. —Un nudo hace que me cosquillee la garganta, y que las lágrimas brillen en mis ojos. Trago con fuerza—. El incendio comenzaba a arder mucho, y a acercarse, y el olor del fuego y tu amigo…

Emmett inhala con fuerza.

—Me di por vencida al intentar sacarte. Me alejé, sabiendo que te encontrabas vivo. La otra noche, dijiste que la mayoría de las personas te habrían dejado ahí. Yo soy una de ellas. Te dejé ahí.

—No, no lo hiciste.

—¡Claro que sí! Estaba a punto de darme la vuelta para alejarme del fuego cuando finalmente levantaste la cabeza. Esa es la única razón por la que regresé. Pero te abandoné. —De repente el peso enfermizo en mis pulmones se hace más liviano, y con cada inhalación, respirar se hace más fácil.

Un alivio agridulce me abruma. Alivio porque ahora Emmett conoce toda la verdad.

¿Pero qué piensa?

Mi corazón resuena en mis oídos por diez largos latidos antes de que hable. —¿Estás bromeando, cierto?

Frunzo el ceño, viendo la mezcla de entretenimiento y simpatía en su rostro.

—Bella. No me dejaste ahí.

—Pero yo…

—No me dejaste —repite—. E incluso si no me hubieras sacado y no hubiera sobrevivido, aun así, no me abandonaste. —Sus ojos se cierran con entendimiento—. ¿Por esto te has estado ocultando?

—Supongo que no ha ayudado mucho. Esto, y ser el centro de atención de nuevo. Pasé por un momento difícil después de ese asunto en la secundaria. Un montón de gente de aquí hacía y decía cosas de mí y de mi familia. De verdad no quería revivirlo, y no quiero arrastrar a Brenna hacia eso. Algún día se va a enterar. Solo quiero que sea a mi manera.

Con un movimiento un poco vacilante, se acerca para pasar un brazo alrededor de mi cuerpo. Tira de mí hacia él, hasta que presiona mi hombro contra su costado. Su otra mano encuentra mi mentón, elevándolo hasta que me obliga a encontrar su mirada. —No dejaré que eso suceda. Y, además, no creo que haya algo malo que alguien pueda decir de ti después de ver esta entrevista.

Siento como mis mejillas se sonrojan al estar tan cerca de él.

—Creo que tal vez estás un poco sesgado.

Su sonrisa triste se disuelve en una deslumbrada. —Tienes razón, estoy completamente sesgado. Podrías hacer cualquier cosa y, aun así, te tendría en un pedestal.

Mi pecho se infla con una ola repentina y abrumadora de afecto por este hombre.

Debo estar hambrienta de conexión humana porque al igual que la otra noche, no puedo evitar hundirme en él, descansar mi cabeza contra su pecho fuerte, tratando de acercarme, deseando que el tiempo se detuviera.

—¿Estás lista para salir y enfrentar al mundo juntos?

—¿O podríamos simplemente quedarnos aquí? —bromeo.

—Eso suena mejor —dice suavemente, en tanto su mirada deambula sobre mi cama y regresa a mi rostro, sus ojos caen a mi boca y no se van.

Como si quisiera besarme.

Deseos tontos para una chica tonta.

Recuerdo sentirme de este mismo modo hace mucho tiempo, sentada en una silla dura de plástico frente a la clase, perdida en las ilusiones inalcanzables de una chica adolescente, en la cual mi profesor de arte podría sentir la misma lujuria por mí que yo sentía por él. Donde tal vez podría escogerme por encima de todas las otras chicas más bonitas en el colegio.

Ese sueño imposible que resultó no ser tan imposible después de todo.

Sin embargo, también se convirtió en una pesadilla.

De repente, un golpe contra la puerta hace que me aleje. Los brazos de Emmett me sueltan, dejándome fría.

—¿Emmett? ¿Isabella? ¿Están listos? —Es Esme.

—Solo un segundo —le dice a su mamá.

—¿Qué tengo que decir cuando llegue a esa parte de la historia?

—El momento de paz se ha ido y mis nervios regresan.

El usa el espaldar de mi cama para ponerse de pie y se acomoda las muletas. —¿Qué quieres decir?

—No lo sé. ¿Qué harías tú?

Cojea en dirección a la puerta, y se detiene delante de ella. Me extiende su mano, indicándome que me acerque.

Dejo de respirar cuando la veo. Vacilante, doy un paso hacia adelante, deslizando mi mano en la suya, sintiéndome mínima en comparación. Es increíblemente amable, y cierra sus dedos sobre los míos. Tirando de mí hacia la puerta y hacia él, levanta la mano para alejar un mechón de cabello de mi rostro. Encuentro su mirada.

Su aliento de menta recorre mi rostro mientras se inclina sobre mí durante cinco largos segundos, algo indescifrable en su expresión.

—Siempre he apoyado la verdad.

—La verdad. —Exhalo un suspiro tembloroso, su proximidad hace que me maree un poco—. Puedo hacer eso.


No puedo creer que les gustara la dinamica y no solo les gusto sino que lograron la doble actualización. Se ahorraron la intriga de la entrevista :D

Espero que lo disfruten