DISCLAIMER: TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHANIE MEYER Y A LA SAGA CREPÚSCULO.
.
¡Hooola de nuevo!
¿Queda alguien por aquí?
Antes de nada pediros disculpas por todo este tiempo sin actualizar. Sé que han sido muchas semanas las que os he hecho esperar pero mi vida está un poco loca (como os avisé en la última actualización) y se me ha hecho imposible ni tan siquiera ponerme a escribir. Sin aburriros mucho solo deciros una vez más LAS ACTUALIZACIONES SERÁN MÁS LENTAS PERO LLEGARÁN. Os pido paciencia y daros una vez más las gracias por vuestra comprensión. Sin más os dejo con Bella.
.
ME GUSTA DISTRAERTE
BPOV
.
Me acomodé en el sillón resguardándome en los brazos de Esme esperando a que Edward explicara su versión de esta enrevesada historia que con cada giro me provocaba más dolor de cabeza y opresión en el corazón.
Edward estaba serio, no apartaba su mirada de mí. Sus ojos verdes me perforaban enviándome un mensaje cristalinamente claro, verdad absoluta.
-La primera vez que supe de él fue el segundo año que estuve trabajando en Swan's. – comenzó a explicar Edward. – Charlie estaba de viaje y al no localizarlo se plantó en las oficinas. Insistió en que era un asunto familiar y urgente, Sue al verlo tan alterado me avisó para que hiciera algo. – reveló.
Cabeceé agradecida por su confesión pensando en todo lo que había pasado durante estos años a mis espaldas.
Mi mente era un caos.
Sentía rabia por no saber y por el chantaje al que mi recién descubierto hermano había sometido a mis seres queridos. Sentía confusión por todo lo que podría haber detrás de esta historia que sospechaba más compleja de lo que me estaban explicando. Pero lo que más me asustaba era la incertidumbre que sentía por mi hermano biológico. Era contradictorio pero tenía una extraña necesidad de conocerlo. Saber qué escondía. Verle la cara. Mirar en sus ojos y saber su historia.
-No hablé mucho con él, insistía en hablar solamente con tu padre. – continuó Edward sacándome de mis divagantes pensamientos. - Cuando Charlie volvió, me confesó lo que estaba pasando. Las llamadas se sucedieron regularmente. No lo he vuelto a ver, pero algunas veces me encargué de todo intentando ayudar a Charlie a liberarse de esa carga. A medida que pasaba el tiempo se iba haciendo más difícil para él. – acabó Edward.
Mis ojos estaban aguados por la impotencia que sentía y el dolor por todas las ocasiones que ese ser sin escrúpulos debió chantajear a mi padre aprovechándose del amor que sentía por mí.
-Dejemos el pasado atrás. – declaré, finalmente, intentando convencerme a mi misma. – Llamaremos a los abogados para que hagan lo que tengan que hacer. Al fin y al cabo ha roto el juego hablando con la prensa. Le vamos a enseñar que no soy de las personas que aceptan chantajes. – afirmé intentando que las dudas no me nublaran el juicio. El chantaje iba a ser una línea roja.
Alice llegó a mi lado de un salto, prácticamente acomodándose encima de su padre para abrazarme fuertemente.
Intenté dejar mi mente en blanco y concentrarme en la fuerza que me transmitía Alice y en el amor puro que estas personas, la única familia que conocía, sentían por mí y yo por ellas.
No sé cuánto tiempo pasamos así, apoyándonos en silencio como tantas veces habíamos hecho durante nuestra vida. La primera vez que nos rompieron el corazón, cuando frustradas no veíamos claro nuestro futuro, cuando Alice suspendió por cuarta vez el examen de conducir… Siempre lo superamos todo apoyándonos la una a la otra.
-¿Podemos hablar en privado? – preguntó Edward acercándose a mí una vez Alice retiró su inquebrantable fortaleza a mi alrededor, había ido a ayudar a sus padres a preparar la cena.
Estábamos solos.
Escuchábamos a los Cullen trastear a lo lejos. Esme y Carlise se habían negado en rotundo a que volviera a mi casa sola después de todas las emociones que había sentido durante esta tarde, así que con su fuerza maternal me había convencido para quedarme a dormir. Edward no desaprovechó la ocasión para hacer lo mismo y Alice, a regañadientes había desistido ya que Jasper salía de viaje al día siguiente y quería estar con él esta noche.
-Claro. – contesté siguiéndolo a la biblioteca. Observaba la espalda tensa de Edward mientras caminaba detrás de él. Lo que tanto me temía al final había acabado sucediendo, la realidad nos había aplastado como una avalancha.
Edward sujetó la puerta por mí sacándome una tenue sonrisa por ese gesto tan nuestro. Me perdí en esa habitación de casa de los Cullen como siempre que entraba. Esme era una lectora empedernida, igual que Carlise. Los libros se apilaban alrededor de cualquier estancia de la casa. Había leído la mayoría, excepto los dedicados a medicina… Definitivamente no compartía la misma pasión que ellos por ese ámbito del conocimiento.
-Estás enfadada y confundida. – declaró Edward situándose a mis espaldas mientras pasaba mis manos, distraída, por las cubiertas de los libros.
Asentí mientras Edward posaba sus manos en mi cadera para darme la vuelta suavemente y así mirarnos cara a cara.
-Quiero que entiendas que nunca fue mi intención ocultarte algo tan importante. Quería ayudar a tu padre. No fue fácil para él llevar ese chantaje a tus espaldas. – me explicó serio.
-Entiendo sus motivos pero no puedo evitar los sentimientos contradictorios. Sé que a todas luces es un caradura, pero a la vez es mi hermano… ¿Y si es el resultado de lo que le ha tocado vivir? Yo tuve mucha suerte con Charlie pero quizás su vida no haya sido fácil. – intenté poner en palabras todo lo que cruzaba mi mente y mi corazón.
-Eso no es excusa para lo que hace. Si pudo encontrar a Charlie para chantajearlo también lo pudo hacer para conocerte. – gruñó Edward intentando controlar su temperamento. Comenzaba a entender el porqué de sus cambios de humor cada vez que le había hablado de mis padres biológicos.
-Sigo pensando que Charlie debió darme la opción de saber de él. Es mi hermano. – defendí determinada de mi postura. – Debió dejarme decidir a mí, al fin y al cabo, era mayor de edad cuando dio señales de vida por primera vez. – insistí.
Edward entornó sus ojos mirándome tan fijamente que podría jurar que pretendía escudriñar mi interior.
-¿Quieres conocerlo, verdad? – preguntó aunque sonaba más como una afirmación. Una vez más Edward demostraba cuanto habíamos cambiado. Hace unos meses éramos unos extraños y ahora era capaz de entenderme casi mejor que yo misma.
Era una idea que se había formado en mi mente a medida que Carlise y Edward me explicaban todo lo que sabían respecto a mi hermano y cada vez estaba más segura que era lo que debía hacer.
-Sí. - Admití finalmente esperando que Edward no me juzgara. - Sigo pensando que lo mejor es dejarlo en manos de nuestros abogados pero eso no quita que quiera conocerlo. Es mi hermano… - repetí aún incrédula por la revelación. - Necesito cerrar ese capítulo por mí misma. Ser yo quien tome esa decisión. – expliqué.
-No me gusta un pelo ese tipo. – gruñó Edward estrechando mi cuerpo contra el suyo. - Tengo miedo que te pase algo o que te haga daño justo ahora que estabas superando la pérdida de Charlie. – dijo Edward preocupado mientras acariciaba mi pelo con gesto serio.
-¿Cómo fue el día que lo viste? – pregunté nerviosa queriendo saber más.
-Estaba nervioso e inestable… No atendía a nada que no fuera saber dónde estaba tu padre – Edward me miraba con unos ojos que conocía perfectamente, estaba sopesando todas las posibles consecuencias. – Las demás veces que he hablado con él ha sido por teléfono y puede dar gracias a ello porque le habría partido la cara por lo que le estaba haciendo a Charlie. – volvió enfadarse. –
-¿Han sido muchas? – volví a preguntar intentando obtener alguna respuesta que calmara mi curiosidad. Alguna respuesta que me digiera que realmente valía la pena.
-Más de las que me hubieran gustado, te lo puedo asegurar. – gruñó separándose de mí caminando hasta la ventana.
Debía dejar de ser irracional y hacer caso a la gente que me rodeaba. Edward y Charlie eran de las personas que más me querían y ninguno de los dos confiaba en ese ser. Tenía que dejar de escuchar esa voz que me decía que fuera clemente con mi hermano pero no podía. Tenía que verlo con mis propios ojos.
Edward se giró y pude ver en su semblante puro agotamiento mezclado con el miedo en su mirada. Se apoyó en la pared sin moverse. Por primera vez lo sentí alegarse de mí, de verdad, y el miedo me inundó.
¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué estaba haciendo sufrir a la persona que más quería?
-Si te pido que no te pongas en contacto con él… ¿Lo harías? – me preguntó en un susurro tan callado que si no fuera por el silencio que nos rodeaba hubiera sido imposible escucharlo.
Lo miré fijamente intentando que mi mente y mi corazón recordaran todo lo que me había costado conseguir lo que tenía con Edward…. Que mi mente irracional se sintiera cohibida por cada poro de mi piel que chillaba que no arriesgara lo que estaba construyendo con Edward por alguien a quien no conocía y que nunca había demostrado nada por mí.
-Necesito hacerlo. – respondí sintiendo como las lágrimas abandonaban mis ojos.
Edward negó silenciosamente. Estaba decepcionado y lo entendía.
-No te entiendo, Bella. – me dijo frustrado llevando sus manos a su pelo enredándolo. - Estás arriesgando tu bienestar por un imbécil. ¡Después de todo lo que te ha costado! – me chilló frustrado.
- ¡Necesito saber! No lo entiendes porque siempre has tenido una familia que te ha querido. – le respondí molesta más conmigo que con él. -
- ¡Y tú también! – me dijo acercándose hasta mi tomándome entre sus brazos dejándonos tan cerca que era casi imposible que alguna parte de nuestros cuerpos no se tocaran.
El silencio cargado de tensión nos envolvió. Nuestras miradas no se desconectaban intentando ganar la lucha por la compasión del otro.
La mano de Edward trazó un camino desde mi cintura a mis brazos para llegar finalmente hasta mi rostro con el que se deleitó depositando una caricia tan suave que si no fuera porque mi cuerpo reaccionaba instintivamente a su toque no hubiera sido capaz de sentir.
-No puedo soportar la idea de verte sufrir de nuevo. – confesó finalmente su miedo reposando su frente contra la mía. – No quiero volver a ser testigo de cómo pierdes tu luz… Lo hice una vez y casi me vuelvo loco. – acabó con la voz afectada.
-Solo necesito que estés a mi lado. – le pedí buscando ese lugar tan mío en su pecho. Apoyé mi cabeza sobre su corazón apretando mis brazos a su alrededor en un fuerte abrazo. – Necesito que me sostengas cuando yo no pueda como aquella noche en el ascensor. –le expliqué lo que necesitaba de él.
Necesitaba que fuera mi puerto seguro.
Mi hogar.
-No me escondas nada. Por favor. – pidió rendido a mis deseos sin movernos.
Dejé un suave beso encima de su corazón como respuesta. Cuidaría de él.
Nos abrazamos en un silencio que había dejado de ser tenso hasta que unos pasos nos anunciaron que alguien se acercaba.
Con un gesto tan simple como unos suaves toques en la puerta antes de entrar deducimos que no era Alice con su impulsividad viniéndonos a buscar.
-¿Todo bien? – preguntó Carlise prudentemente una vez estuvo dentro de la sala.
Miré a Edward de lado intentando ocultar todo lo que sentía por él aunque estaba convencida que hasta un ciego nos pillaría en el intento de negarlo.
-Todo bien papá. – contestó Edward por mí con una sonrisa de medio lado divertida. ¡Me había quedado embobada!
-Vamos a llenar nuestros estómagos entonces. – anunció Carlise con la misma diversión que su hijo. Se dio la vuelta sin esperarnos. Definitivamente, nos había pillado.
-¡Es tu culpa! – amenacé a Edward intentando parecer intimidante. – Me distraes siempre. – expliqué cuando alzó sus cejas incrédulo ante mi acusación. Un gesto que se vio rápidamente substituido por orgullo cuando sintió la razón de mi atontamiento.
Sus manos volvieron a apresar mi cara suavemente mientras que con su cuerpo nos impulsaba hasta que mi espalda topó con la pared llena de libros.
-Me gusta distraerte. – Confesó con la voz tan ronca que causó efecto directo en mis instintos.-
Miré la puerta abierta intentando ser prudente pero Edward nublaba mi razón.
-Cuando te muerdes el labio no soy dueño de mí. – murmuró Edward antes acabar con el poco espacio que separaba nuestros labios para sellar nuestras ganas con un beso que me encendió como solo Edward había conseguido hacer.
Nuestras lenguas acabaron luchando una batalla por ganar el control en la que nunca habría un perdedor. Me aferré a Edward fuertemente sabiendo que mis piernas eran débiles ante su hechizo haciendo que un gemido saliera de las entrañas de mi chico. Finalmente estaba dónde quería estar. Con Edward, en un lugar en el que solo nosotros dos importábamos, donde mi mente quedaba anulada y solo existía mi corazón.
-¡Oh vamos Edward! ¡Siempre igual! – la voz indignada de Alice fue la que nos interrumpió esta vez. Nos separábamos para verla con las manos encima de sus ojos. –
-Eres muy susceptible. – Edward no desaprovechó la ocasión para burlarse de su hermana. Nunca entendería cómo era capaz de recuperarse tan rápido de verse sorprendido en una situación delicada.
Sentí la mano de Edward entrelazarse con la mía provocando que mi estómago se llenara de mariposas. Eran pequeños detalles que hacían que todo cobrara sentido.
-¡Vamos, tengo hambre! – nos incitó Alice ignorando a su hermano.
Edward no soltó mi mano hasta que cruzamos la puerta de la gran cocina de los Cullen. Le gustaba la adrenalina pero lo que más disfrutaba era llevarme la contraria. Sabía que no estaba muy feliz con mi postura de mantener para nosotros esta relación. Él sería feliz chillándolo a los cuatro vientos pero no era el momento… Mucho menos ahora con las noticias que habían a mi alrededor. No quería que todo se enturbiara.
Cenamos tranquilos entre bromas y anécdotas que nos permitieron ponernos al día de nuestras vidas. Echaba de menos tener a Jasper en la mesa, disfrutaba de su compañía y de las conversaciones silenciosas que manteníamos mientras Alice era víctima de su verborrea. Había recibido un mensaje suyo disculpándose por no poder estar esta noche con nosotros pero las horas extras y el viaje del día siguiente le habían hecho imposible acercarse hasta la casa de sus suegros.
Alice no tardó en marcharse. Edward y yo nos quedamos tomando un té con Esme y Carlise. No me pasaron desapercibidas las miradas entre padre e hijo, algo me ocultaban pero prefería no seguir indagando más por este día. Ya tenía demasiadas cosas para asimilar, les dejaría que tuvieran sus secretos.
El torbellino de emociones en el que me había visto envuelta me había dejado agotada, así que no tardé en disculparme para ir a dormir. Edward me siguió en silencio. Subíamos las escaleras de los Cullen, hasta las habitaciones que habían sido testigos de nuestra adolescencia, mientras mi mente volaba a la última vez que vivimos una situación así. La noche de la muerte de Charlie. Caí en un pozo del que no fue fácil salir. Incluso a día de hoy no era consciente de cómo había conseguido librarme de la bruma negra que tanto tiempo me acompañó. Seguramente parte del mérito era del hombre de pelo cobrizo que guardaba mis pasos y que de manera silenciosa, primero en la distancia y después más sesudamente, había ido luchando por hacerme los días más llevaderos.
Me apoyé en la puerta de la que había sido mi habitación. Edward se quedó a mi lado extrañado.
-¿No estabas tan cansada? - Preguntó al ver que no me movía intentando alcanzar el pomo de la puerta.
- Edward… Estamos en casa de tus padres. – le recordé impidiendo que entrara a la habitación.
-¿Y? – volvió a preguntar como si no me entendiera.
-No creo que sea lo mejor que compartamos habitación. – le expliqué como si fuera un niño pequeño al que le tienes que negar un helado por temor a que su cuerpo no pueda digerir suficiente azúcar.
-¿Te distraerías? – añadió como explicación con una mueca orgullosa en su cara. –
-No me gustaría que perdieras el dominio de ti mismo. – le repliqué demostrándole que no era el único que podía usar nuestros puntos débiles como arma.
Los ojos verdes de Edward se oscurecieron por mis palabras. Sin romper nuestra mirada cerró la puerta para apresarme entre sus brazos.
-Bella… - me llamó intentando que entrara en razón acercándose a mi cuello peligrosamente.
-Edward… Quedamos en que lo mantendríamos para nosotros… y tú no lo estás poniendo fácil. – le recordé intentando poner coherencia a la situación aunque no era fácil cuando él estaba entretenido besándome en el punto más débil de mi anatomía.
-Sigo discrepando… Nunca he prometido nada sobre eso… conozco mis debilidades, y tú pequeña, eres la mayor de ellas. Nunca podría prometer mantenerme alejado de ti cuando sé que es imposible. – me dijo antes de besarme.
Me dejé llevar por el beso hasta que sentí que Edward volvía a llevar su mano al pomo de la puerta.
-Sigo pensando que no es la mejor idea. – le paré poniendo mis manos entre las suyas parando su acción. –
-¡Oh vamos Bella! – se quejó rodando sus ojos desesperado.
-Lo superarás Edward. Si hemos estado tantos años tan siquiera sin hablarnos podrás sobrevivir una noche sin mí. – le insistí algo más dulce sabiendo que para mí también sería difícil saber que estaba a unos metros de distancia y no podía dormir envuelta en sus brazos.
-Me vas a volver loco hoy. –remugó antes de besarme y aunque fue más agresivo de lo que normalmente era finalmente claudicó. Le sonreí agradeciéndole que siempre respetara mi opinión aunque no coincidiera con la suya.
-No sonrías tanto… No vas a pasar una buena noche sin mí. Te arrepentirás del exilio al que me estás sometiendo. – bromeó dramáticamente mientras se dirigía a su antigua habitación.
Estaba a punto de abrir su puerta cuando no pude frenarme.
-¡Edward! – le llamé lo más alto que pude sin chillar para no despertar a los demás habitantes de la casa antes de salir corriendo hacia él.
Edward adivinó mis intenciones y me cogió casi en el aire.
-Gracias por ser como eres. – le besé rápidamente. - Gracias tener la paciencia que tienes conmigo. – le besé nuevamente de manera fugaz haciéndolo reír. - Gracias. – le dije antes de besarlo sin prisas. Disfrutándonos. – Buenas noches mi amor. – me despedí volviendo a salir corriendo escondiéndome en mi habitación del impulso de llamarle cómo tantas ganas tenía de hacerlo.
Me duché intentando mantener la mente en blanco y eliminar el estrés que había sentido durante todo el día. Me había propuesto no volver a pensar en mi hermano. Ya le había dedicado bastante tiempo. Necesitaba que todo se enfriara en mi mente y en mi corazón antes de volver a pensar en él.
Cuando me tumbé en la cama que tantas veces había usado estaba rendida, todo mi cuerpo dolía clamando por un respiro.
En la paz de la habitación los recuerdos volvían a mí. Aquí había pasado tantas noches fantaseando con ser lo suficiente valiente como para entrar en la habitación de Edward y declararle lo que sentía. Chillarle que no era invisible, que existía y que me merecía una oportunidad.
Me reí de mi misma mientras daba otra vuelta más en la cama que se me antojaba enorme. Tan solo unos días habían bastado para hacerme adicta al cuerpo de Edward acoplado al mío.
Tantas noches deseando invadir la intimidad de Edward y ahora que lo tenía le cerraba la puerta en los morros.
¡Era idiota!
Aunque, al fin y al cabo estábamos en la última planta de la casa y sólo íbamos a dormir. ¿Qué probabilidad había de que nos pillaran juntos?
¡Era idiota! Pensé nuevamente mientras claudicaba y me levantaba dispuesta a colarme en la cama de Edward. Con suerte no lo notaría y me libraría de las bromas a costa de mi cabezonería.
Vencí la poca distancia que nos separaba abriendo con cuidado la puerta de la habitación de Edward. No quería despertarlo aunque una parte de mí deseaba no pudiera descansar si no estaba a su lado. ¡Definitivamente me estaba volviendo loca!
La tenue luz de la mesita de noche anunciaba que mi plan de acurrucarme disimuladamente no iba a ser posible.
-Vaya… mira a quien tenemos aquí. – dijo Edward con una sonrisa de lado mientras dejaba el libro de la Historia Interminable encima de la mesita de noche. No sé cuántas veces lo había visto leyendo sus páginas, estaba segura que se las sabía de memoria.
No le contesté sabiendo que tenía razón en todo lo que me dijera. Le dejaría ganar esta batalla porque no tenía caso ni comenzar a defenderme. Me entretuve mirando la habitación. Era la primera vez que entraba. Las paredes estaban pintadas de azul oscuro y aun colgaban de ellas las medallas que Edward había ganado a lo largo de sus años de instituto. Me llamó la atención un corcho atestado de papeles y cosas que supongo algún día tuvieron un valor sentimental para él. Me acerqué hasta allí intentado dar un vistazo al pasado de Edward y acabé, una vez más, sorprendida.
Entre tanto papel se escondía uno arrugado. Los años habían hecho que perdiera color pero las letras se podían seguir leyendo. Era un recorte del diario que me había publicado mi historia cuando tenía dieciséis años. Ese verano que todo se fue a pique. Esa pelea en la playa de La Push que había roto mi corazón por primera vez en mil pedazos.
-Así que sí lo leíste… - le dije girándome hacia él. Edward me miraba atenta y cómodamente desde su cama.
-Siempre pensé que Brian era un gilipollas por no ser capaz de ver todo lo que Ashley escondía. –contestó mientras alargaba una brazo para que lo tomara y fuera hasta él.
Caminé unos pasos hasta que pude tomar la mano de ese hombre que había conseguido darle la vuelta a mi mundo.
Edward tiró suavemente de mí hasta que estuve encima de él en su cama.
-Buenas noches. – susurré quedadamente mientras dejaba un ligero beso. – Sabía que no estarías pasando una buena noche y he pensado que no me costaba nada venir a hacerte un poco de compañía. – bromeé con él haciéndolo reír.
Inconscientemente llevé mis manos a su boca intentando que no hiciera tanto ruido. Sus carcajadas eran tan discreta como una alarma de incendios en el silencio de la noche.
-Shhhhh. Vas a despertar a tus padres. – le recordé mientras volvía a rodar los ojos.
-Me da igual. – dijo justo antes de cogerme con fuerza para lanzarme sobre la cama para situarse encima de mí. – Pero en algo tienes razón, mis noches son menos noches sin ti a mi lado. – declaró pasando sus dedos por los tirantes de mi camiseta de dormir.
-No sabes la de veces que he soñado con colarme aquí y acabar justo de esta manera. – confesé haciendo que Edward se riera de esa manera tan suya. Divertido a la vez que orgulloso de él mismo.
-Vaya… vaya… ¿Fantaseabas conmigo pequeña? - preguntó sugerentemente mientras sus manos encontraban el inicio de mi camiseta y tiraba de ella para dejar mis pechos al descubierto.
-Continuamente. – continué confesando para deleite de Edward que intensificaba sus atenciones cada vez que revelaba alguno de mis secretos de adolescente.
Gemí cuando sus labios se entretuvieron con mis pechos que estaban más sensibles de lo habitual debido a las caricias que Edward me estaba regalando.
-Bella, cariño, si sigues así serás tú la que despiertes a tus suegros. – me retó Edward tirando de uno de mis pechos obteniendo otra audible respuesta por mi parte.
-Juegas sucio. – me quejé casi sin fuerzas mientras intentaba llevar mis manos a su cintura pero Edward no me dejó. Esta noche él tenía el control. Supongo que era lo justo.
-Quizás. – se defendió mientras dejaba un camino de besos por mi pecho bajando tortuosamente lento hasta mi cintura dónde encontró la barrera de mis pantalones. – Recuérdame que queme todos tus pijamas. Solo molestan. – se quejó deshaciéndose de la prenda sin desaprovechar la ocasión para dejar otra de sus tentadoras caricias por toda la piel que encontraba a su alcance.
Volvió a dejar un reguero de besos por mis piernas. No podía contenerme ante su toque mucho menos en silencio.
-Edward…- le supliqué intentando que se apiadara de mí y me dejara, al menos, tocarlo.
-Shhh pequeña… es mi momento de hacerte sufrir un poco. – murmuró antes de morder ligeramente mi musculo para dejar un beso inmediatamente después.
No tardé en sentir sus labios en la parte más intima de mi anatomía. ¡Oh Dios! Edward podía hacerme sufrir siempre que quisiera de esta manera. Mis manos se arremolinaron entre las sabanas intentando controlar lo que estaba sintiendo pero era imposible, sentía mi orgasmo formarse dentro de mí. Mi respiración entrecortada, mis gemidos y mi cuerpo tenso daban buena muestra de ello. Edward no paró hasta que toda mi tensión se liberó como una ola un día de tempestad.
Sentí a Edward separarse de mí para reptar nuevamente por mi cuerpo. Abrí los ojos con dificultad cuando sentí su aliento sobre mi cara.
-Estás preciosa. – Me alabó antes de besarme.
Estaba en el cielo pero sabía que tenía que volver a la tierra.
-Dime que tienes condones que no están caducados en esa mesita. – le pedí casi en una súplica. Hoy más que nunca necesitaba sentirnos juntos. Sabía que había llevado a Edward al límite en varias ocasiones y necesitaba volver a saber que todo estaba bien. Sin palabras que pudieran maquillar la situación. Solo nosotros de la manera más íntima y sincera que teníamos de conectar.
-¿Te proteges? – me preguntó esperanzado. –
-Sí… - contesté. Incluso para mí que nunca había tenido mucha relación con él era sabido que Edward era un obseso del control parental y nunca, jamás, tenía una relación sin protección.
-Quiero sentirte. Si para ti está bien. – me pidió con tanta intensidad que en ese momento le hubiera dado la luna. – Estoy limpio… Y espero no tengas dudas a estas altura que solo estás tú en mi vida. – bromeó.
-Idiota. – le dije acomodándome. – Yo también quiero sentirnos. – le dije buscando nuestra unión.
No tardamos en bailar el más viejo baile de la humanidad.
Siempre conectados. Sin apartar nuestra mirada. Todas las veces que habíamos hecho el amor había sido muy intenso pero definitivamente hoy era completamente diferente. La electricidad era casi peligrosa. Todo chillaba a gritos que esto era diferente. Esto ya no eran dos personas conociéndose, éramos dos personas sabiendo que estábamos destinados. Dos personas que finalmente se habían encontrado después de vagar errantes durante mucho tiempo.
.
[**]
.
NA:
¿Qué os ha parecido? Al parecer la vuelta a Seattle no se lo está poniendo fácil y no paran de salir obstáculos.
En el capítulo anterior muchas estabais a favor de Edward otras defendíais a Bella… Personalmente creo que ambos tienen razón en su perspectiva. Edward sabe la parte más oscura de este nuevo personaje y Bella tiene esperanzas en la parte más humana de él. ¿Qué me decís está pecando Bella de buena persona? ¿Qué os parece este camino que ha tomado nuestra testaruda protagonista? ¿Cómo creéis que le habrá sentado a Edward la negativa de Bella a hacerle caso?
OS PROMETO QUE EL PRÓXIMO EPISODIO LO INTENTARÉ SUBIR EN CUANTO LO TENGA.
Como siempre muchas gracias por todo,
Un abrazo muy fuerte y... ¡Nos leemos en el próximo!
