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24

Afinidad

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Debido al tamaño relativamente pequeño de la ciudad era muy fácil llegar a cualquier sitio caminando. La disposición de la ciudad de manera vertical, los edificios y locales estaban dispuestos en diferentes pisos como en especie de atrios. Con 100 metros disponibles de altura era fácil disponer a cientos de edificios evitando el hacinamiento.

La pastelería de los padres de Isabella era un local en uno de esos atrios, que daba una vista interesante del resto de la ciudad. Además de la pastelería eran dueños del local vecino, el Café Variation. Hoy el local estaba cerrado, ya que la familia Verkaik celebraba el cumpleaños de Isabella.

Cuando los chicos del escuadrón Ángel entraron fueron recibidos por la hermana menor de Isabella, Sofía. Eran Rossman, Nowak, Betty y Yeager. Rossman ni Nowak intentaron nada con la bella joven, ya la conocían y sabían que el carácter que le faltaba a su hermana mayor ella lo tenía al triple. Sofía se parecía mucho a Ivy solo que tenía el cabello rubio largo hasta la cintura atado en una gran cola de caballo y era pecosa.

"¡Te estas poniendo viejaaaaaaaaa!" dijo Betty tomando a Ivy de los hombros y sacudiéndola. "¡Y gordaaaaaa!"

Isabella le dio un puñetazo en el brazo. Estaba un poquito pasada de peso pero no era para que lo hiciera público. Creía que usando ropa ancha no se notaría, como ahora que llevaba un conjunto hindú que le gustaba mucho y la hacía parecer una hippie.

"¿No hay bebidas?" preguntó Rossman.

"Allá tienen agua," dijo Isabella señalando el baño.

Betty miraba hacia donde estaba Gennadi hablando con los padres de Ivy.

"¿La cosa va en serio?" preguntó Betty de forma cómplice. "Quiero noticias nuevas, hermanita."

"Cuéntanos," dijo Nowak.

"Deja el chisme hombre," dijo Betty, defendiendo a Isabella. "Eso Ivy me lo dirá a mí."

Yelena llegó sola. Doherty también había sido invitado, pero había decidido que no iría, no quería sentirse incómodo o tener problemas con Gennadi, porque la invitación la hizo Isabella y no él.

Estaba vestida con una falda plisada azul que le llegaba casi a los tobillos, una blusa blanca y un chal con un patrón floreado dorado sobre fondo negro con flecos blancos. Le encantaban los chalés, aunque solamente había traído tres, pero en su cumpleaños le regalaron siete más. Llegaba una boina que agregó a último momento, se había dejado crecer el cabello y dejado de teñírselo, y ya se estaba haciendo notorio su cambio, pero la boina lo ocultaba.

Era parte del vestuario que le regalaron en su cumpleaños y que no había estrenado, lo que era obvio, todo el tiempo vestía uniforme y en raras ocasiones de civil. Cuando iba de paseo lo hacía uniformada, tenía tantas ocupaciones que no se tomaba la molestia de vestir otra cosa, pero hoy decidió hacerlo, y menos mal, porque todos los que llegaban no vestían uniforme.

La recibió Eva, la mamá de Isabella, la señora era idéntica a su hija, en realidad sus hijas eran idénticas a ella. Le cohibía un poco que la señora fuera diez años mayor que ella y tuviera cuatro hijos.

"Yelena, ¿cómo estás?" dijo la señora abrazándola y dándole un beso en la mejilla. Era muy afectuosa.

"Muy bien, gracias señora," dijo Yelena. Tenía una buena relación con las familias de sus subordinados más cercanos. A la familia Verkaik era la más cercana, ya que era con la que más había interactuado. Isabella era su hija querida y velaban mucho por ella.

"Feliz cumpleaños," dijo Yelena a Ivy, dándole un abrazo y un beso en una mejilla y luego la otra. Le dio la caja que habían traído bajo el brazo. "Te gustara lo que te traje."

"Jefa, siéntese aquí" dijo Rossman apartando la silla, ya habían juntado dos mesas.

"Me haces sentir incómodo," dijo Max cuando subían la escalera a la entrada del café. Su incomodidad no era física, ya que Kiernan lo llevaba abrazado del brazo, y sentía como la chica le clavaba uno sus suaves pechos en el brazo. Desde lejos se veían como una pareja de enamorados. El vestido con un traje formal pero que le hacía ver casual, ella con una minifalda negra y una blusa que dependiendo del ángulo de la luz era blanca, azul o casi translucida.

"Disfruta el viaje," dijo Kiernan ajustándose sus anteojos oscuros porque aún tenía el ojo hinchado. "No todos los días la mujer más bella de la nave te concede el honor de llevarte a su lado."

"A mí no me conocen, voy a parecer un paracaidistas llegando sin que me llamaran."

"Vienes conmigo y soy amiga de la familia."

"¿No que la conociste hace unos días?"

"Y fueron días intensos, además en una hora se puede conocer a alguien."

Entraron al local, y apenas vio a Isabella se dirigió a donde estaba con sus amigos.

"Hola bella," dijo Kiernan dándole un abrazo, luego se volvió hacia Yelena. "Mayor, buenas tardes."

"No seas tan formal, agarren sillas y vengan," dijo Yelena.

"¿Nos presentas a la joven?" dijo Rossman como si él fuera mucho mayor que ella.

"Soy Kiernan..." dijo haciendo una reverencia. "Él es Maximillian Jenius, pero díganle Max."

Kiernan sin que le invitara se sentó al lado de Isabella, obligando a Rossman a moverse y darle espacio.

"Disculpa, las chicas deben estar juntas," dijo Kiernan. Isabella quedó entre Betty y Kiernan. Yelena quedó al lado de Betty

"Toma Ivy, esto es tuyo."

"Gracias," dijo Isabella, mientras tomaba la bolsa de papel que le daba estaba mirando el contenido y cuando vio a Betty intentando mirar la cerró.

"Déjame ver," dijo y después comentó en tono herido: "Nosotras que lo compartíamos todo, hasta dormimos juntas."

"¡Ivy, no pensaba que fueras de esas!" dijo Kiernan con un exagerado gesto de sorpresa.

"No es eso lo que quiso decir," se defendió Isabella.

"No te preocupes, soy de mente muy abierta," dijo Kiernan agitando la mano restándole importancia.

"¿Que tan abierta?" preguntó Nowak. Ya Betty veía venir una serie de preguntas de doble sentido.

"Todo lo que me permite mi aquelarre."

"¿Aquelarre?"

"Sí, soy wiccana, mi madre es sacerdotisa y voy a heredar su título."

"Sabía que solo te faltaba ser bruja," dijo Yelena riéndose.

"¿Son novios?" preguntó Rossman.

"¡Noooooooooo!" dijo Kiernan. "Mi aquelarre solo me permite de novio con quien me vaya a casar."

Max suspiró aliviado, al menos Kiernan no había salido con una de las suyas. Pero se relajó muy pronto, porque Kiernan salió con una de las suyas:

"Solo somos amigos con derecho."

Por suerte Max no estaba bebiendo nada, hubiera escupido.

"Mis respetos," dijo Nowak palmeándole la espalda a Max. "Te estas comiendo algo bueno."

"¡Idiota!" dijo Betty molesta. "¡Crees que las mujeres son objetos!"

"Disculpa muñeca, seré más sensible," dijo Nowak mansamente. Luego le dijo a Max: "felicitaciones por tanta suerte."

"¿Que te pasó?" preguntó Betty. "¿No me digas que Max se pone algo rudo?"

"Fue en la desbandada de la disco la otra noche," dijo Kiernan.

"Dijeron que una prostituta drogada empezó a gritar fuego, y hubieron decenas de heridos," dijo Betty.

Kiernan iba a abrir la boca pero pensó antes de hablar, aunque fue la carcajada de Yelena la que evitó que hablara.

"¿Que es gracioso?" preguntó Kiernan.

"Nada," dijo Yelena agitando. "Es que esa chica debe estar avergonzada."

"Seguro tendría sus razones," dijo Kiernan muy seria.

"Si, seguro es una loca con muchos problemas mentales."

Kiernan se levantó de golpe, asustando a todos.

"¿Qué pasó?" preguntó Betty.

"Necesito ir al baño," respondió. "Ivy, acompañarme."

Unos momentos después la puerta del local se abrió y entró una mujer bastante llamativa. Vestía un vestido blanco que resaltaba su cintura, corto para dejar ver sus piernas, adornadas por medias de nylon semitransparentes. Rematando su vestimenta tenía una chaqueta negra que de ninguna manera desentonaba con su vestido. Llevaba colgado al hombro un bonito bolso que se veía bastante costoso, como todo su atuendo. Caminaba como una modelo, con un pie delante del otro sin perder el equilibrio. Cabe notar que llevaba zapatos de tacón alto.

Los muchachos no podían quitarle la vista a esa hermosa mujer rubia y preguntándose quien era, ya que pocos la conocían incluso dentro de la milicia.

"Sabía que ibas a complacerme," dijo Gennadi a la mujer.

"No te hagas ilusiones," dijo Gina Baltrow en tono prepotente. "Solo pasaba por casualidad y me acorde de la fiesta, creo que tire la invitación en la papelera de algún baño."

"Gracias por venir," dijo Isabella, olvidando las formalidades.

"Descansare un poco y me voy, tengo muchas ocupaciones como para perder el tiempo," le dio una pequeña caja. "Toma, si no te gusta me lo devuelves."

"¿Acostumbras llegar por casualidad a las fiestas con porte de diva y trayendo regalos?" preguntó Gennadi en tono burlón.

"Cállate y búscame un mesa si quieres que me quede."

Isabella abrió la pequeña cajita con lentitud como si dentro hubiera una bomba. Al terminar de abrirla vio una pulsera que relucía con brillo de plata. Tenía grabado un precioso diseño ondulante a lo largo con pequeñas líneas con incrustaciones de color dorado.

"Gracias," dijo Isabella y estuvo a punto de abrazarla, pero la mujer la detuvo.

"No me abraces que la gente empezara a pensar cosas raras."

"¿No trajiste por allí una botella de whiskie?" preguntó Gennadi metiendo descaradamente la mano en el bolso de Gina.

"Debí traer una para rompértela en la cabeza," dijo Gina amenazándole con el dedo.

"¿Quién será esa?" preguntó Rossman mirando como Ivy y Gennadi llevaban a la mujer a la mesa donde estaban los padres.

"No sé, pero no me molestaría conocerla," dijo Nowak.

"Y llevarla a la cama," concluyó Betty sin que se le escapara la mirada morbosa del chico.

"También."

"Deja de soñar," dijo Yelena. "Esa es la jefa de ingenieros. Tiene más rango que yo. Con una mujer con un rango tan alto necesitaras una gran escalera... además de bastante dinero," agregó luego de ver que nada de lo que llevaba encima era barato.

"¡Ándale!" exclamó Nowak. "Y ya estaba haciendo planes con ella," en su mente la tenía desnuda y preparada.

"Parece muy amiga de Isabella y su novio," comentó Kiernan. "¿No tendrán algún tipo de relación pecaminosa los tres?"

"¡No!" dijo Betty riéndose de la idea. "Ivy es una chica decente y seria como para esas cosas."

"Pues bastante seria y le quito el novio a la Sargento Lunney," dijo Yeager.

"¿La gordita gritona del hangar?" preguntó Kiernan. "Esa niña es así por algún trauma... o simplemente es una perra."

"Simplemente le ha ido mal," dijo Yelena. "No la juzgues solo porque te castigó."

"Usted me castigo y la sigo queriendo igual," dijo Kiernan sonriendo y luego agregó: "cuando sea grande quiero ser como usted."

"No me adules, que solo estas aquí porque es el cumpleaños de Ivy, sino estarías en el hangar barriendo la cubierta."

"¡Les va a dar tortícolis si siguen así!" exclamó Betty al ver a sus tres compañeros hombres mirando hacia la mesa donde estaba la rubia.

"Si la quieren conocer la busco," dijo Kiernan en tono inocente.

"¡Noooooo!" dijo Nowak con voz chillona.

"Le digo que le llamas tú. Ten fe y tendrás suerte."

Max se llevó las manos a la cabeza, sabía que Kiernan de un momento a otro saldría con una de las suyas.

"Hola," dijo Kiernan al trio en la mesa, mientas movía una silla para sentarse sin que le invitaran. Afortunadamente los padres de Ivy fueron a ver a unos amigos. "No seas descortés, no me has presentado a tu novio," dijo mirando a Gennadi. "Aunque nos hemos visto antes."

"Bueno, él es Gennadi, ella Gina," dijo presentando a cada uno.

"Si, la dama que está sacando suspiros a los pilotos de aquella mesa," comentó señalando por sobre su hombro. Cuando Gina miró al grupo estrechó los ojos, y los chicos retrocedieron un poco.

"Que sigan soñando," dijo Gina.

"¿De dónde se conocen?" preguntó Ivy.

"Del entrenamiento de armas," respondió rápidamente Gennadi. "Fue la que tuvo peor calificación."

"Es que lo mío no son las armas de fuego. Me pone nerviosa tener cosas grandes y duras entre las manos," justificó Kiernan. Al parecer uno de sus tres interlocutores le vio un doble sentido al comentario y soltó un involuntario ummmmmmm. Gina dio una sonrisa nerviosa por su desliz.

Kiernan estaba sentada al lado de Gennadi y tenía las piernas cruzadas y estaba dándole golpecitos repetidamente en la pierna con la punta del pie. Desde donde estaba Max podía ver lo que la chica hacía, y por suerte nadie más, al menos nadie dijo nada si la miraba. En realidad Nowak, Rossman y Yeager miraban en esa dirección pero concentrados en las piernas de Baltrow. También Yelena y Betty miraban para ese lado pero concentradas en su ropa.

"Vamos a traer los refrescos antes que la gente se empiece a ir," dijo Isabella empezando a levantarse.

"Voy yo," dijo Gennadi tomándola de los hombros para que se quedara sentada. "Sofía y Eva me pueden ayudar."

"Ayudare," se ofreció Kiernan.

"Pero..." empezó a decir Isabella.

"No, no, no, será un placer ayudar."

Ambos fueron al interior de la pastelería, y al rato en lugar de refrescos traían junto a los padres de Ivy el pastel de cumpleaños.

El pastel era bastante grande, no era para menos si se trataba de la hija de los dueños. Ivy sopló la única vela que tenía el pastel, y para las risas de todos la vela se había vuelto a encender. El pastel alcanzaba para que todos comieran hasta tres veces.

"Gennadi, tienes algo importante que anunciar," dijo el padre de Isabella.

"Déjenme adivinar..." dijo Baltrow. "¿Isabella y Gennadi van a anunciar su boda?"

"Gracias por echarme a perder el anuncio," dijo Gennadi.

Igualmente todos le aplaudieron, y los compañeros del escuadrón fueron a abrazar a Ivy, y Gennadi recibió apretones de mano y palmadas en la espalda. Yelena se acercó. Desde que llegó a la fiesta no se había acercado.

"Te quería decir... que..." empezó a mirar en otra dirección y no a Gennadi. "Te felicito."

"Gracias," Gennadi estaba igualmente perdido sobre cómo actuar. Aún seguía herido por... eso que aún no sabía que sentía por Yelena.

"Ojala pudiéramos hablar..."

"Estamos hablando," interrumpió Gennadi. No se estaba sintiendo cómodo.

"No así."

"Entiendo," Gennadi evitaba mirarla también.

"Solo diré que me alegra que seas feliz. Ivy te hará feliz."

"Desearía ser feliz contigo," dijo en voz baja, aparentemente para sí mismo pero lo exteriorizó.

"¿Perdón?" Yelena había escuchado bien, pero quería que le aclarara eso.

"Tú misma lo dijiste, ojala pudiéramos hablar."

De repente Yelena dio un paso y le dio un abrazo, por unos momentos fueron el centro de atención, y Yelena empezó a soltar sin pausas un chorro de palabras en ruso, y puesto que nadie de los presentes entendía ruso salvo Gennadi —en realidad Karpov y otros rusos estaban del otro lado de la habitación—, todo lo que dijo quedó entre ellos. Se quedaron unos segundos más parados abrazados pero sin decir nada, si no hubiera llegado Ivy, hubieran pasado un bien rato así.

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La boda iba a ser muy sencilla. Hubo cierta disputa entre Gennadi y los padres de Ivy, ya que estos querían una boda religiosa, pero Gennadi una boda civil. Luego de días de negociaciones se acordó una boda civil. Influyó un poco que la boda se hubiera planeado con tan poca antelación y que no hubiera una iglesia luterana en la nave.

Para abreviar, la boda se realizó en el local de los padres de Ivy. Isabella lucía un vestido blanco estrecho una chaquetilla igualmente blanca y un sombrero estilo pill box con un bonito adorno en forma de rosa a un costado; Gennadi un traje negro y una camisa con cuello tipo mao. A la fiesta invitaron hasta al gato... o al menos eso parecía por el par de gatos que merodeaban las mesas y que Kiernan miraba sospechosamente.

Nuevamente Yelena estrenaba vestuario, esta vez un vestido verde, un suéter blanco abierto y un sombrero. Para variar Doherty le acompañó, lo cual fue raro, además de que también asistieron Karin Lunney y su hija Jenny, lo cual extrañó a todos, incluyendo a ella misma. La razón fue que Gennadi quería invitar a Karin, e Isabella no la quería allí, pero al final le puso como condición de invitarla que Doherty asistiera con Yelena. El caso fue que Karin ni Isabella cruzaron sus caminos, al igual que Doherty y Gennadi.

"¿Y tú para cuándo?" preguntó Karpov.

"No en un futuro próximo," respondió Yelena.

Yelena y Karpov compartían mesa con sus respectivas parejas.

"¿No será que pretendes abandonarme en un futuro próximo?" preguntó Doherty.

En público limitaban mucho su relación. Aún no sabían cómo tratar con ese limbo del reglamento sobre las parejas en el ejército. Doherty venia de la tradición militar estadounidense donde las relaciones entre oficiales estaban muy limitadas. Yelena venia de la tradición rusa donde ese tipo de relaciones era más aceptadas. Por otro lado estaba el asunto de sus responsabilidades, al tratar con los nuevos reclutas la idea era dar el ejemplo.

Pero Yelena se volvía extrema con sus responsabilidades y ejemplos como oficial y mujer, como el caso de hace unas semanas que había encargado preservativos y los repartió entre el personal femenino a su cargo, obviamente no en público, pero puso una nota en el tablero de anuncios. No podía esperar que las chicas suprimieran sus instintos básicos y evitar que muchas... cogieran como conejos con sus novios, pensando que morirían mañana. Se le acercaron muchas chicas que no se imaginó que los fueran a usar... aunque a unas cuantas tuvo que buscarlas y dárselos prácticamente a la fuerza, con Ivy tuvo más tacto porque la chica se sonrojó hasta las orejas, pero Yelena no se iba a dejar engañar, porque por muy cenobítico que fuera Gennadi, también era un hombre y reaccionaba como tal con una joven muchacha bonita y de buena figura como lo era Ivy.

"Pórtate mal y me vas a conocer de verdad," dijo Yelena dándole un juguetón golpe en el brazo a Doherty.

"Cuídate de Lena," dijo Karpov, "se vuelve una osa cuando se molesta y ha regañado a Generales."

"¿Por eso es la jefa de todos ustedes?" pregunto Katy.

"Obvio," dijo Doherty. "Sus peleas con Maistrov son épicas y siempre sale ganando."

"No hablemos de trabajo," dijo Yelena.

"Y yo que quería hablarte de la entrevista," dijo Katy.

"Precisamente de lo que no quiero hablar."

"El sábado el canal de televisión empieza a transmitir con el certamen y quieren que tu entrevista este en la programación de la semana."

"El otro día vi un conejo," comentó Yelena intentando desviar la conversación.

"No puedes evitarlo."

"Está bien. ¿Pero aun no deciden si será en vivo o grabada?"

"Quieren que sea en vivo, no te preocupes que no tendremos preguntas del público."

"Qué bueno."

"No al aire."

"Siempre que no pregunten sobre tu cabello estarás bien," dijo Karpov.

"Muy gracioso Ivan."

"Quieren que sea el lunes," comentó Katy.

"No puedo evitarlo," dijo Lena recargándose en la silla. "Pero no iré sola."

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Debido a los diferentes problemas que incluían falta de repuestos, castigos y ataques extraterrestres, el entrenamiento de pilotos tenían dos semanas de retraso. Los aprendices habían tenido que pasar más tiempo en los simuladores.

Este día había sido muy largo en preparación de las operaciones sobre el asteroide a partir de mañana, y los aprendices habían pasado el día en el área de entrenamiento. Mañana estarían en el asteroide y necesitaban que los pilotos estuvieran disponibles. Se había decidido que estaban preparados para realizar patrullas de vigilancia.

Ivan Karpov estaba encargado de las simulaciones, inventando cada escenario posible de combate, incluso escenarios imposibles de ganar. A pesar de haber tenido ese retraso en su entrenamiento, pudiera ser que este grupo tuviera más experiencia, ya que algunos han salido en vuelos extras que no habían sido evaluados, como fue el vuelo de Max y Kiernan hacia unas semanas.

Los simuladores eran cajas que pretendían ser cabinas de un avión. Pero proporcionaban imágenes tan realistas que lo único que hacía falta era la sensación de aceleración y movimiento para dar la ilusión del vuelo. Sus cabinas eran accesibles subiendo una escalerilla, que daba la ilusión de estar abordando un avión de verdad.

Kiernan se acomodó en la cabina, y a pesar de no necesitarlo se abrochó el cinturón de seguridad. Para no perder la costumbre. Aceleró y tiró de la palanca para ascender y colocarse a 200 metros del nivel de referencia de la nave. Los Pods estaban espaciados una decena de metros entre ellos, y Kiernan se aproximó rápido y por debajo. La misión de simulador era simple. Un vuelo de intercepción, en solitario, contra un grupo de 5 Battlepod. La aproximación era desde las 3 del enemigo.

Apenas tuvo buen tono disparó un misil al del medio y este cayó incluso antes de que todo el resto del grupo reaccionara al ataque. Los demás empezaron a girar a la derecha, seguidos de Kiernan. Otro no tardó en caer por un segundo misil, seguido de un tercero que venía de frente con intenciones de atacar. La explosión fue tan cercana que el Pod llameante pasó por encima del Valkyrie, haciendo que Kiernan se encogiera a pesar de no ser ningún peligro autentico.

Otro Pod de frente que no sobrevivió al caer por un cuarto misil.

Él ultimo si fue difícil, porque estaba decidido a no morir. Con giros y maniobras el Battlepod intentaba evitar toda persecución, pero Kiernan se colocó a su lado, pasando a modalidad Gerwalk y perdiendo velocidad hizo un medio giro y quedó de costado, disparándole con un misil.

Kiernan se niveló, pero le tomó unos segundos comprender que el Pod no estaba muerto, sino que se elevaba para buscarle. Lo siguiente fue una verdadera pelea de perros, pero el Valkyrie hizo un giro más cerrado, y le disparó al Pod cuando este aún no había salido de la curva.

La pantalla frontal indicaba que disparó 7 mísiles y todos dieron en sus blancos, 100%. Todo el combate le tomó 2 minutos 3 segundos.

"Nada mal, nada mal," dijo Karpov haciendo un exagerado aplauso.

"Pero dejemos que Max nos deslumbre con sus habilidades," dijo Kiernan al bajar de la cabina.

Max le dio una breve mirada, y no dijo nada al tono de Kiernan. Subió a la cabina con rapidez. Despegó como siempre lo hacía, de manera acelerada y muy impetuosa. A 100 metros de la formación, se dio cuenta que eran una mezcla de Battlepod y esos molestos cazas en forma de dardo, que empezaron a reaccionar a su presencia, y uno cayó derribado cuando un misil le dio de lleno. Max iba muy rápido, casi tanto como para virar con libertad. Disparó otro misil, pero los Dardos lograron esquivarlo con gran habilidad.

Pasó de largo y los Dardos no podían darle alcance. Hizo un giro a la derecha, y apuntó con otro misil contra otro de ellos, pero al pulsar el botón, se dio cuenta que el radar empezó a fallar, por lo que su misil al perder su blanco pasó de largo. Sin radar no podría apuntarle a los Pods para darle con los mísiles, por lo que tendría que usar los infrarrojos, poco precisos contra esas cosas. Intentó un disparo contra uno, y el misil le alcanzó por poco, explotando. Había otro a la izquierda, e intentó el mismo juego, pero el misil lo pierde.

Los mísiles infrarrojos son engañados por la estela de calor de los motores de los Pods, así que les era difícil darle al tener que maniobrar para alcanzar su blanco.

Pasó el botón a los mísiles de radar. Sin radar no los podía guiar, pero...

Apenas tuvo a uno en la mira, justo delante de su ventana, disparó. Inmediatamente la voz de la computadora le dijo que no había blanco, pero le misil siguió en línea recta, como hacia al no ser guiado, y le dio.

Max serpenteó, e inconscientemente se movió en su asiento como si físicamente lo afectara la aceleración. Maniobró para ponerse detrás de un Pods, despachándolo con el disparo de otro misil, que apenas recorrió unos 40 metros antes de golpear. El Pod sobreviviente, a su espalda y a la derecha disparó una ráfaga que pasó sobre la cabina. Max empujó la palanca en esa dirección, viendo que el Pod estaba descendiendo. Por unos segundos apuntó al aparato, pero estaba alejándose. Max se acercó lo más posible, y echándolo a la suerte disparó su octavo misil, que por un momento casi falló, pero dio en el blanco cuando el Pod intentaba girar de nuevo, atravesándose en el camino del misil.

Al nivelar el Valkyrie se acomodó en su asiento, mientras el registro le daba un estimado de su eficiencia: 8 mísiles, 6 aciertos, eficiencia del 75%, tiempo 2 minutos 31 segundos.

No era justo, el vuelo de Kiernan no tuvo problemas, pero él...

Max estaba por bajarse de la cabina, pero volvió a sentarse.

"Lo haré otra vez," dijo mientras volvía a configurar los controles.

"En el combate no hay segundas oportunidades," dijo Karpov. "Y lo sabes bien."

"No pido un favor," dijo con brusquedad. "Señor."

Karpov sonrió pero no dijo nada, le hizo una seña con la quijada al operador del simulador, para volver a reiniciar el sistema.

Misma formación, esta vez Max se fue con toda la potencia y armó el cañón. A lo mejor no era consciente de que se mordía con fuerza el labio inferior, pero eso no le dejó escapar ningún sonido durante el siguiente minuto, específicamente 1 minuto 8 segundos exacto, que le tomó destruir a los 5 Pods con 51 disparos.

Todos se quedaron mirando a Kiernan, que miraba la pantalla de control. Solo levantó la cabeza al verse observada.

"Bueno... ¿pero la idea no era gastar primero los mísiles?"

"Aja... hazlo tú," dijo Karpov a quien la explicación le sonaba a excusa.

Y lo siguiente que se veía era la pantalla del simulador de Kiernan marcando 1 minuto 38 segundos y los 69 disparos. Nada mal pensando que nadie había después en ese día —ni Karpov, ni Takeda, ni hablar de los cadetes— bajaran de los dos minutos, pero esa no era la idea del ejercicio.

"Es todo por hoy," anunció Karpov.

Los aprendices se formaron para recibir la instrucción de las actividades del día de mañana. No entrenarían sino que saldrían a misiones de patrulla.

"Vayan a descansar," dijo Karpov. "Mañana a esta hora estaremos sobre el fulano asteroide, pero va a ser un día largo y los vamos a necesitar. Pueden retirarse."

Los aprendices saludaron y empezaron a retirarse.

Kiernan, Max y Kakizaki esperaron que saliera la mitad de sus compañeros para salir.

"Por fin vamos a salir al espacio otra vez," dijo Kakizaki. "Por lo menos no estaremos encerrados."

"No me interesa mañana," dijo Kiernan aun dolida por estar en segundo lugar.

"Al menos no nos tocará ir al hangar a trabajar," agregó Max. "Vamos a ir a descansar."

"Mira esto," dijo Kiernan dándose vuelta sobre si misma mientras señalaba. "Todo el mundo se fue a ver el concurso y no pretendo quedarme aquí encerrada."

"La Mayor dijo que no tendríamos permisos " dijo Kakizaki.

"A mí me dijo días libres y que trabajaría hasta la hora de la cena pero nada después," miró su reloj y se hizo la sorprendida. "¡Miren! ¡Es la hora de la cena!"

Los dos chicos estaban renuentes, aunque la muchacha tenía razón, porque Yelena no dijo nada de las horas de la noche. Como dirían los abogados, era un tecnicismo y muy conveniente.

Fueron directo al comedor —estaban muertos de hambre—. Luego de un forcejeo con el volante del jeep donde iban para decidir quién conducía, se dirigieron a la ciudad. Kiernan era buena conductora pero iba mínimo a 100 km/h en una zona de 50.

El concurso de belleza empezaba a las 7 de la noche y terminaría a las 10. Realmente el concurso Miss Macross debió haberse hecho hacía meses, durante las celebraciones del despegue de la nave. Por eso había en la nave tanta gente de la farándula como actores —de mejor o peor fama— y el sequito de chicas oportunistas que esperaban ganar como fuera una ventaja para participar —o simplemente encontrar a un viejo con dinero— ya que el título de Miss Macross tenía validez como si la isla fuera un país, y la ganadora competiría en el Miss Universo. Pero los extraterrestres cambiaron los planes, y no fue hasta el plan de apertura del servicio de televisión que se decidió retomar el evento. En su momento Kiernan pensó seriamente en participar, cuando trabajaba de enfermera, pero cuando se iba a inscribir se produjo el ataque.

Llegaron cuando estaban en el desfile en traje de gala.

"Hay gente hasta en el techo," dijo Kakizaki viendo gente hasta sentada en las escaleras.

Debido a su diseño la parte más altas de las graderías estaba justo por debajo del nivel de la calle.

El trio llegó y se quedó en la parte alta. Kiernan había tenido la previsión de traer un termo de agua, que no compartió con sus amigos.

"Me parece una imprudencia hacer un evento así con tanta gente," comentó Max, calculando a ojo como 10000 personas en ese espacio.

"No lo es," dijo Kiernan sacando un par de binoculares del morral que traía. "Ayuda a la gente a calmar sus miedos con algo común. ¿Porque crees que este teatro está enterrado así?"

"¿No había espacio donde ponerlo?"

"El techo se cierra," dijo Kiernan señalando el borde donde se veía el perfil de una placa. "Esas placas salen y se vuelven un techo, y este hueco se convierte en uno de los refugio más incómodos de la nave."

"Participante número once," dijo el presentador. "La señorita Sofía Verkaik."

En ese momento subió al escenario la hermana de Ivy vestida en un traje típico alemán. Era un bonito vestido con falda larga roja con una especie de delantal negro, una chaquetilla negra de tirantes con una blusa blanca debajo ligeramente escotada y el cabello recogido en dos largas coletas, para completar su atuendo llevaba un ramo de flores —naturales— y caminaba como una modelo en pasarela mientras saludaba con una mano extendida.

"La señorita Verkaik es estudiante de administración que cumplirá 17 años en unas semanas. Es originaria de Múnich, Alemania. Comparte su tiempo entre su afición por la pintura en acuarela, sus estudios de administración y su trabajo en el negocio familiar."

"Se ve linda," dijo Max. "Si pierde esta presentación con traje típico es que le hicieron trampa."

"Preferiría que no ganara el concurso," dijo Kiernan. "Es demasiado joven para que pierda su inocencia con la farándula."

"Señores jueces, siéntanse libres de preguntar," dijo el presentador.

"Dicen que es una pintora talentosa," preguntó un miembro del jurado. "¿Qué tipo de pinturas haces?"

"Un poco de todo," respondió Sofía, su voz era incluso parecida a la de su hermana más grande pero más suave si se podía. "Pero me gustan los retratos, paisajes y mucho el realismo."

Y así las 28 concursantes iban pasando, con buena o mala fortuna e incluso una se puso tan nerviosa que dijo una palabrota. Los chicos se sentaron entre las barandillas con los pies colgando de la cornisa.

"Hubieras entrado al concurso," dijo Kakizaki al rato cuando comenzó la segunda ronda del concurso, rememorando la sexy imagen de Kiernan escasa de ropa.

"No voy a mostrar mi bello cuerpo al público en general," dijo tomando un largo trago de agua, estaba sedienta. "Además, un agente siempre tiene que permanecer en el anonimato," levantó los binoculares y apuntó hacia el escenario. "Está nave está llena de agentes enemigos."

Kakizaki le hizo señas cómo preguntándole a Max que quería decir, Max solo le responde indicándole que le falta un tornillo.

Por su parte Kiernan pensaba en las razones por la que no había entrado. Cambió de opinión luego de escuchar las historias de la depravada vida de los famosos en la nave, alcohol a barriles, orgias donde una sola chica o dos —algunas casi adolescentes— y algunos chicos igualmente jóvenes se las veían con grupos de hombres, muchos de ellos viejos y hasta ancianos encumbrados en el mundo del espectáculo. Kiernan no soportaba pensar esas cosas, y prefería esforzarse con un trabajo decente, no importaba que significara posiblemente morir de manera horrorosa, asfixiada, despedazada o quemada en el espacio.

Sofía salió al escenario vistiendo un traje de baño de dos piezas, ya no llevaba las coletas sino el cabello recibido en una cola de caballo atada con una lazo rojo.

"Es delgada, pero está bien equipada," murmuró Max.

"Mejor equipada estoy yo," dijo Kiernan luego de beber un buen trago de agua.

Los tres chicos seguían el concurso y como iban descartando a las finalistas. A la final solo quedaron cinco finalistas, entre las que estaba Sofía.

"La chica del restaurante Nyan-Nyan también es una de las finalistas," dijo Max mirando a las finalistas sentadas en el escenario.

"Pero también Jamis Merin," agregó Kiernan viendo a la famosa actriz de películas y series de televisión sentada entre ellas.

"Pensaba que no lo iban a conseguir."

"¡Muy bien! ¡Si siguen así alguna de las dos lo puede conseguir!" exclamó Kakizaki pensando que el premio estaba entre Sofía y Mimmei.

"No tienen la más mínima posibilidad," dijo Kiernan cruzándose de brazos. "Desde un principio este concurso es un trampolín para aumentar la popularidad de Jamis."

"Es verdad que es famosa, pero es imposible saber quien ganara al final."

"Una actriz famosa como ella debería haber participado como juez. Que este compitiendo significa..."

"Ya veo... ¡La ganadora está arreglada desde el principio!" dijo Max.

"¡No puede ser! ¡La ganadora será escogida por la audiencia!"

"No seas tan inocente Hayao," dijo Kiernan poniendo una mano sobre su hombro y agitándole con más fuerza que la necesaria. "Esto solo es un espectáculo, la única forma que otra gane es que la tengan ya fichada y seguramente no solo será para modelaje o canto y baile. Tiene que tener otros talentos... privados."

En el teatro había un sistema para permitir que el público votara por su favorita. Gran parte del público había votado por Sofía y Jamis en los primeros segundos, luego las cinco finalistas tenían casi la misma cantidad hasta que por fin prevaleció una. Luego de una votación bastante ajustada quedaron en orden de votos Mimmei, Jamis y Sofía.

"Pobre chica, no sabe lo que le espera," dijo Kiernan con una risita y levantándose agarrándose de la barandilla. Parecía que tenía un calambre.

"Siempre piensas lo peor," dijo Max.

"Piensa mal y acertaras."

"¿No será que estas envidiosa porque pudiste haber ganado?" dijo Kakizaki carcajeándose. "Seguramente desplegarías todos tus talentos privados."

"¡Repítelo y te voy a dar un puñetazo donde más te va a doler!" dijo amenazándolo con el puño.

"¡Tu traje típico debió ser la que llevaste a la discoteca! ¡Pero después de la pelea en el callejón!"

Kakizaki empezó a carcajearse con más fuerza y Kiernan le lanzó un puñetazo, pero falló y cayó al suelo y ante la sorprendida vista de sus amigos, la chica quedó tendida con la cara en el suelo.

En ese momento Max se dio cuenta de algo. Agarró el termo del morral y bebió un poco. Le quedaba solo un poco. Definitivamente no era agua. Parecía alcohol etílico en estado puro, aunque con sabor a limón.

Luego de haber recogido a la alcoholizada Kiernan del suelo, los chicos la cargaron y sin mucha ceremonia y delicadeza literalmente la arrojaron sobre una de las bancas del cercano parque.

"La nave se está sacudiendo," dijo la chica que al tratar de sentarse se fue a caer en la dirección contraria y se cayó de la banca.

"Ahora la Mayor si nos va a castigar de verdad," dijo Max suspirando.

"¡Tontos!" exclamó Kiernan mientras intentaba levantarse apoyándose de la banca. "Yo puedo sola."

Al ponerse sobre sus pies volvió a caer al suelo y sus compañeros tuvieron que levantarla.

"¿Que vamos a hacer?" preguntó Kakizaki. "Así no la podemos llevar al cuartel."

"Kiernan, levantaré," dijo Max cuando ponían a Kiernan de pie pero la chica se caía como si sus piernas no soportaran su peso.

"¿Y si llamamos a su compañera de cuarto?"

"Duerme sola."

"Tendremos que llamar a la Mayor."

"No, no, no, no, eso ni de broma."

Los chicos llevaban a Kiernan, cada uno colgándose un brazo sobre su hombro, y se encaminaron al jeep, que dejaron del otro lado del parque.

"No sabía que fuera tan pesada," dijo Kakizaki.

"Bueno, comerá tornillos o gatos... ¡que te puedo decir!"

"¿Que le hicieron a esa muchacha?" exclamó una voz detrás de ellos.

Se espantaron ante la idea de un acusador desconocido que malinterpretara sus acciones.

"Pueden ir a la cárcel por abusar de una mujer indefensa."

"Nosotros... ella..." balbuceó Kakizaki aterrorizado.

"Tranquilo muchacho," dijo el Mayor Gennadi Engel acercándose. Conocía lo suficiente a Kiernan para intuir lo que pasaba.

Gennadi iba con Isabella. Ambos habían estado en el teatro viendo a Sofía y ya estaban retirándose a casa cuando se los encontraron.

"¿Te sientes bien?" preguntó Isabella a Kiernan.

"Esta borracha," argumentó Gennadi apartándole el cabello del rostro a Kiernan.

"Si la Mayor se entera..." dijo Max.

"Y se va a enterar, porque está allá abajo," dijo señalando a la sala de eventos, y podían ver que ya empezaba a retirarse la gente. "Vamos a esperarla."

"¡Noooooo!" chillaron ambos chicos. Le tenían más miedo a Yelena que a otra cosa.

"Bueno, tampoco puede llegar así al cuartel," dijo Isabella.

"Mejor vamos antes que venga Yelena," dijo Gennadi suspirando. "¿En que vinieron?"

"En un jeep," respondió Max. "Lo dejamos del otro lado del parque."

"Déjenme ayudarles," dijo Gennadi. "Esto lo soluciono."

Con un rápido movimiento cargó a Kiernan sobre su espalda. Los chicos empezaron a caminar detrás de ellos, algo envidiosos de la forma que Kiernan lo abrazaba y ponía sus piernas a ambos lados de su cadera. Isabella se sintió incomoda al ver a su esposo cargando de esa forma a otra mujer.

Kiernan se estaba poniendo cómoda y adormeciéndose recargándose de la cálida espalda de Gennadi, teniendo a ese fuerte hombre literalmente entre sus piernas, pensando que alguien iba a ser muy afortunado en un futuro cercano —aunque casado le haría una propuesta que no iba a rechazar—, sintiendo sus fuertes y cálidas manos agarrando sus piernas mientras ella estaba sobre él, aunque a ella no le molestaría estar debajo... pero de repente Gennadi la lanzó dentro de la fuente del parque. Por un momento parecía que Kiernan se había ahogado y llegó al fondo como un ancla —era un metro nada más pero la lanzó de cabeza— pero se incorporó con brusquedad y empezó a dar brazadas y pataleos como si se estuviera ahogando de verdad.

"¡DESGRACIADO!" gritó Kiernan quitándose el agua de los ojos cuando se sentó, escupiendo más agua y retractándose de las fantasías que había empezado a tener. "¿QUIERES MATARME?"

"¿Te sientes mejor?" preguntó Gennadi.

"¡NO ME SENTÍA MAL!" gritó histérica pasándose la mano por el rostro en un intento de quitarse el agua de la piel. Estaba fría. Muy fría.

Gennadi empezó a reírse y los demás chicos también.

"¡Desgraciados!" exclamó mientras les lanzaba agua logrando mojar a Kakizaki de llenó y a Gennadi en las pantorrillas y los zapatos.

"Siempre funciona," dijo Gennadi sacudiéndose los pies.

"¡AYÚDENME!" exclamó intentando ponerse de pie, pero resbaló y volvió a caer de frente en el agua.

"Ayúdenla antes de que se mate," dijo Gennadi, que no movió ni un dedo para ayudarle.

Max y Kakizaki le ayudaron a salir, mojándose un poco también porque la chica estaba chapoteando. Kiernan estaba completamente empapada, intentó exprimir los bordes de la chaqueta de su uniforme que, al ser de tela gruesa, había absorbido bastante agua. Estaba temblando y empezó a frotase los brazos.

"Eso te paso por beber en tus días de servicio," dijo Isabella.

"Gracias Ivy, siempre con tus comentarios acertados," dijo Kiernan.

El viaje al cuartel fue bastante lento, porque al ser un jeep descapotado Kiernan exigía que no fueran tan rápidos, empapada y con la brisa inducida sentía como si su uniforme se enfriara mucho más. Kiernan no dejó de quejarse durante todo el viaje, incluso cuando caminaban hacia el cuartel. El baño de agua fría le despejó la mente pero aun caminaba tambaleándose.

"¿Estarás bien?" pregunto Kakizaki conteniendo las ganas de reírse.

"¡No tengo nada!" dijo Kiernan apoyándose de la pared de la entrada al edificio del cuartel. Todos estaban destinados al mismo cuartel, aunque el personal femenino dormía en pisos distintos.

Al entrar a la recepción del cuartel todos los presentes se les quedaron mirando, más bien a Kiernan, que estaba aún empapada y el cabello se le pegaba al rostro. Goteaba sobre el piso por donde pasaba como un caracol.

"¿No vas a seguir bebiendo?" preguntó Max devolviéndole el morral. "Mañana nos toca volar."

"¡Crees que soy idiota!" dijo Kiernan enojada.

Max se quedó tranquilo pensando que la joven aprendió la lección.

Se hubiera molestado mucho saber que la chica solo pensaba en darse una ducha y luego beberse la otra botella de licor que tenía debajo del colchón.

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Unas horas después, el domingo 25 de octubre en la madrugada, Macross cambio su orientación para apuntar sus motores principales en la dirección de avance y mantenerlos encendidos por cerca de diez minutos. Fue una maniobra más corta que en Saturno porque la diferencia de velocidades en estas regiones eran menores. Al terminar aún estaban a varios cientos de kilómetros del asteroide pero acercándose lentamente para colocarse en órbita al final de la tarde.

Kiernan había llegado temprano al hangar, y alegando que tenía gripe pasó un buen rato pegada a una bombona respirando oxígeno puro para, según ella, aumentar la irrigación sanguínea en los vasos sanguíneos craneales. Cuando Max llegó se dio cuenta que lo hacía para despejar la terrible resaca que tenia de su bebida de anoche.

Max y Kiernan volaban con mucha soltura. Estaba temblorosa a la hora de volar, aunque se desempeñaba mejor en modo Gerwalk. Le encantaba acelerar y detenerse bruscamente en cualquier dirección, lo que le volvía un blanco difícil, ya que al tenerla en la mira se movía en cualquier dirección. En contraste Max se concentraba en cambiar de dirección en todos los ejes en un espacio reducido, si le apuntabas podía moverse en cualquier dirección sólo una corta distancia. En resumen, hacían lo mismo, solo que Max giraba prácticamente en el espacio de una cancha de tenis mientras que Kiernan necesitaba un campo de fútbol. Max se resentía mucho más porque las aceleraciones que soportaba eran mayores, lo que más sufría era el sentido del oído pero él lo soportaba sin inconvenientes. Los pilotos que habían intentado imitarle perdían la orientación, incluida Kiernan que no quería quedarse detrás de él.

Obviamente en el simulador no podían probar estas maniobras, por lo que Gene Doherty cuidaba de que las ejecutaran en la realidad. Los pilotos eran libres de calibrar los controles, los de Max eran muy sensibles, podía girar en una dirección y con solo empujar la palanca en la dirección contraria el Valkyrie se detenía casi instantáneamente. Debido a que esas calibraciones se hacían por software cada piloto podía tener su propio juego personalizado de calibraciones que podía descargarse en un momento. Muy pocos lo hacían por lo tedioso de las calibraciones iniciales, y volaban con la configuración estándar.

La ventaja de utilizar la configuración estándar era que se podía tener un perfil de consumo de combustible, algo que se estaba volviendo critico en el caso de los motores de maniobra. La cantidad de combustible para esos motores estaba bajando, y a pesar de tener una reserva de tetroxido de nitrógeno y monometilhidrazina, esta estaba bajando a un ritmo alarmante, además que su manejo era delicado por ser tóxicos, tanto que se estaba empezando a producir hidracina y peróxido de hidrógeno como sustitutos, además de reducir la carga estándar de quinientos a trescientos kilos, e incluso doscientos ya que se calculaba como óptimo para una salida de combate más una salida de emergencia. Otro cambio fue reemplazar el helio, que se usaba para presurizar los tanque y empujar los combustibles a los motores de maniobra, con nitrógeno. El peróxido de hidrógeno tenía sus propios problemas de manejo pero no se comparaban con los combustibles hipergólicos.

Otro punto a considerar era el uso del armamento. Para no entrar en detalles, en orden de complejidad estaban los misiles, los micro-misiles y los cañones. Era más fácil producir balas en cantidad que misiles, por lo que la carga de misiles guiados se redujo drásticamente, y en ocasiones los pilotos habían tenido que salir a combatir portando pack de micro-misiles, los cuales no tenían sistemas de guía. Las balas tenían poco peso pero se producían en cantidad, un cálculo reciente dice que se han producido en la nave cerca de 50 mil, sumándose a las 200 mil ya existentes, y que se han disparado 100 mil. Por simple aritmética se ve que en poco tiempo de seguir los combates deberían aumentar la producción para evitar la escasez, pero el metal que puede utilizarse estaba escaseando.

Yelena tenía comisionados varios Valkyrie con la nueva configuración de combustible, y para ponerlos a prueba había asignado varios vuelos de entrenamiento. La diferencia era poca en prestaciones de los motores de maniobra. Kiernan volaba un VF-1A con el combustible original hipergólico, y Max un modelo igual pero con el combustible nuevo.

"¿Qué te parece?" preguntó Kiernan cuando evitaba que Max se colocará detrás de ella.

"Que te vez bien desde atrás," dijo Max.

"Tú también," dijo Kiernan cambian donde golpe a modalidad Gerwalk, frenando de golpe para ponerse detrás de él. Max tuvo que esquivarla, por poco. "¿Quieres que me pegue a ti?"

Max se asustó cuando Kiernan aceleró y se le echó encima, esquivándole otra vez por poco.

"¿Te volviste loca?" exclamó Max acelerando para apartarse.

"¡Un poco!" respondió colocándose a su lado y lanzándose sobre él desde un costado.

Max sabía que no iba a esquivarla por siempre, así que decidió también lanzarse sobre ella. Kiernan se quitó de su camino y frenó para tratar de colocarse detrás.

"¡Te voy a dar por detrás niño!" exclamó Kiernan empujando con fuerza su palanca.

Max aceleró para dejarla atrás, pero Kiernan aceleró también para no perderlo. Max pasó de golpe a modalidad Gerwalk, y esperaba que ella lo esquivara... pero no fue tan rápida.

"¡Max no puedo...!"

Kiernan no pudo apartarse y chocó contra Max. Ambos quedaron ensordecidos por las alarmas. Max había perdido un ala y estaba derramando combustible al espacio. La turbina derecha de Kiernan quedó desecha por el golpe y se desactivó.

De haber estado en una atmósfera el incidente hubiera sido fatal. Max fue guiado para aterrizar de primero. No fue su mejor aterrizaje, ya que sin un ala y combustible pesaba más de un lado que del otro.

"Valkyrie 705, tiene permiso para aterrizar en el hangar 1-4," anunció la Teniente Emma Granger, que en ese momentos estaba encargada del control aéreo.

"Gracias torre," respondió Kiernan controlando su Valkyrie. Con solo una turbina tenía que compensar el desvío a un costado.

"¿Segura que no vas a querer eyectarte?" preguntó Doherty. Si hubiera sido Karpov le hubiera ordenado eyectarse y punto.

"Puedo hacerlo, solo déjenme espacio."

"Si te vas a estrellar que sea afuera."

"No desconfíe de mí."

Kiernan hablaba en tono de broma, pero estaba preocupadísima porque no podía reducir la velocidad. La diferencia de velocidad no era muy grande pero sí bastante importante. Apuntó al portón y mantuvo todas las líneas de indicación en su sitio, siempre empujando hacia un costado para compensar llevar un solo motor.

Dudó un poco al ver que la puerta se agrandaba muy rápido y pensó que era buena idea eyectarse, pero o se decidió al último segundo a no eyectarse o fue muy lenta, el caza entró a toda velocidad por el portón y pasó como una bala por el corredor interno. Tocó con brusquedad el suelo y usando los motores de maniobra evitó volcar. El vacío evitaba que saliera chispas y humo, y al final quedó detenida a algunos metros del final del túnel, cerca de la esclusa de aire, abierta y de donde empezaba a salir el equipo de emergencia.

Sin esperar a que la rescataran... o que su Valkyrie explotara con ella dentro, Kiernan eyectó el techo y saltó fuera de la cabina cuando llegaron los efectivos del equipo de emergencia.

Varios minutos después Kiernan estaba en el hangar. Doherty era un hombre muy paciente y no gustaba de regañar a nadie. Pero hoy estaba al mando, al menos hasta la tarde que viniera Yelena, quien tenía la mañana libre.

"¿Que pasó allá afuera?" preguntó Doherty.

"Me equivoque, señor," dijo Max aceptando la culpa.

"A mí no me lo pareció," dijo Doherty.

"¿Algún problema con los muchachos, Mayor?" preguntó Gennadi, quien esa mañana se reincorporaba de su permiso.

"Un incidente," dijo secamente Doherty, esperando evitar un conflicto.

"Un accidente," corrigió Gennadi. "Voy a necesitar que los Cabos se reporten con el médico para las pruebas de hipoxia si los vamos a mandar afuera."

"Estaban afuera."

"De manera negligente," dijo Gennadi de manera condescendiente. "Debieron ir primero al médico, ¿quién sería el inepto que les ordenó salir?"

Por un momento los muchachos pensaron que Doherty le iba a dar un puñetazo a Gennadi por llamarle inepto. Pero el hombre se relajó, no iba a caer en su juego.

"Muy bien, al médico," dijo Doherty capitulando. "Los quiero en cabina antes de que lleguemos al asteroide. Yelena no les va a perdonar otro accidente."

"Le reportare a Yelena cuando regrese. Debería estar aquí cumpliendo sus responsabilidades."

"Si, vendrá luego," dijo Doherty, para luego agregar con intención: "Anoche nos dormimos tarde y le dije que durmiera un poco más."

Ahora parecía que era Gennadi quien iba a agredir, y no podía ocultar su enfado. Doherty sabía que Gennadi seguía resentido por su relación con Yelena y no lo ocultaba, a pesar de incluso haberse casado con Ivy. Doherty estaba seguro que podía ver a Gennadi retorciéndose de la rabia, lástima que no podía contarle que Yelena se veía hermosa al despertar a pesar de su cabello desarreglado y las bolsitas bajo sus ojos o que le había acariciado ese cabello antes de besarla a modo de despedida mientras ella seguía acostada.

La ira que sentía Gennadi era tal que su mente siempre fantaseaba con matar a Doherty de mil maneras distintas. Se le nublaba la razón solo pensar que Yelena durmiera con Doherty, y sobre todo que este le insinuara que anoche también durmieron juntos.

Con su mente despejada por el oxígeno, eventos y revelaciones de la mañana, Kiernan decidió arriesgarse y salvar la situación, ya que veía las malas intenciones de Gennadi con el bolígrafo que traía en la mano y que en su mente ya veía clavado en uno de la ojos de Doherty.

"Mayor," dijo la chica dirigiéndose a Gennadi e interponiéndose entre ambos hombres. "Ya nos vamos al doctor."

Al ver que no se movía Kiernan tropezó a propósito con una inexistente protuberancia en el suelo y tiró al suelo los papeles que Gennadi llevaba en las manos.

"Disculpe, señor," dijo ella agachándose al mismo tiempo que él para recoger los papeles.

Doherty saludó a Max y se alejó.

"Ya hicimos esa prueba ayer," dijo Max.

"Lo sé," dijo Gennadi mas recompuesto. "No quería que la borrachera de Kiernan hiciera que la expulsaran."

"¡Gracias!" dijo dándole un abrazo. Luego se alejó recordando algo. "No te perdonó lo de anoche."

"Tienes suerte de que no me quería empapar, te hubiera hundido la cabeza en el agua hasta que dejaras de patalear."

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Fin Capitulo 24


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