28 calidez
A la mañana siguiente Ciel sentado al respaldo de su cama devoraba todo lo que su mayordomo le ofrecía para comer, este solo se dedicaba a servirle a la vez que lo miraba embelesado comer.
—Pensar que lo que te faltaba era buen sexo. —Burlonamente el demonio le hablaba al verlo comer ansioso luego de tantos días enfermo le era un alivio verlo comer tan animado.
—No es eso... Es por ese té, ya no siento náuseas. —Malhumorado Ciel respondía a su insinuación mirándolo mal. Iban a seguir discutiendo cuando oyeron unos golpes tenues en la puerta que los interrumpieron.
—Ciel... —En voz baja se escuchaba al otro lado de la puerta— ¿Estás bien? ¿Puedo pasar a verte o andas haciendo cosas sucias con tu mayordomo?
—Pasa... Deja de decir boberías.
Le hablaba el conde desde la cama a su amigo Soma, que seguramente con la escena que presenció la noche anterior ya aprendió a tocar la puerta y no sólo entrar cuando le diera la gana. El príncipe entraba receloso detrás de él su atento mayordomo, ambos un poco sonrojados al ver a la pareja no podían evitar rememorar la escena comprometedora y vergonzosa que interrumpieron horas atrás.
—¡Amo Ciel...! —Dejando su timidez Agni a un lado le llamaba emocionado al verlo comer— Me alegra tanto que el té haya tenido efecto, por suerte le traje más.
Se acercaba con la taza de té en su mano se la ofrecía, Soma también animado le sonreía al verle mejor semblante.
—Gracias por preocuparse tanto por mi joven amo... Y por el pequeñísimo amo en camino también.
—Owww señor Sebastian eso se escuchó tan tierno... —Exclamaba emocionado el mayordomo hindú— Usted será un buen padre.
—Eso no es tierno, es ridículo... —Entre dientes murmuraba Ciel mientras tomaba en sus manos la taza de té que le ofrecían.
—Ridículamente los amo... —Con una forzada sonrisa le respondía el demonio.
—Ya van a empezar a pelear. —Murmuraron casi al unísono los hindúes al ver como la pareja se miraba desafiante.
—Toma tu té... O quieres que te lo dé como anoche. —A manera de burla el demonio sugería sólo para hacerlo avergonzar frente a las visitas.
—No deberían pelear frente a mi sobrino... Saldrá con el ceño fruncido de tanto que los escucha discutir. —Soma les regañaba con seriedad mientras se acercaba a Ciel pretendía tocarle el vientre para ver si podía palpar al bebé.
—Si sale con la cara rara... Será por culpa de Sebastian él es quien me provoca. —Con mala cara el conde refunfuñaba mientras miraba de reojo a su mayordomo a su lado, de pronto sintió como su amigo tocaba sobre su pijama el vientre.— ¿Qué haces?
—Saludando a mi lindo sobrino...
—Todavía está muy pequeño para que pueda sentirse.
—Yo lo siento, esta tibio aquí... —Tocaba cerca de su ombligo un poco sonrojado— Toca y verás... Solo aquí se siente un calorcito.
Apenado Ciel se tocaba donde le decía su amigo y ciertamente solo en esa parte se sentía tibio, emocionándose un poco se sonrojaba pero de inmediato lo disimulaba.
—Ayer estaba más arriba... —Dudoso Sebastian murmuraba acercándose también le tocaba— Este niño tuyo si que se mueve, es inquieto ¿A quién se parecerá?
Todos miraron a Sebastian sin dudarlo como respondiendo sin palabras a su pregunta.
—¿A mi? Si yo soy tranquilo...
—No lo creo señor Sebastian usted siempre está haciendo algo, no puede quedarse en un solo lugar y eso está bien porque es nuestro deber como mayordomos estar siempre alertas.
Sebastian sonreía ante esos sutiles halagos y acariciaba al bebé que suponían estaba ahí.
—Y si no estoy acariciando al bebé sino que sea un gas. —Murmuraba con tono de fingida preocupación el demonio.
—¡Y si quizás el bebé está detrás de ese gas y se está ahogando ahora mismo...! —El príncipe exclamaba pero al parecer con genuina preocupación. Ciel suspiraba al oír tanta estupidez seguía tomando su té pretendía mejor no hacer corajes y sólo los ignoraría.
—No quiero que mi bebé salga con la cara como si hubiera chupado un limón bien amargo, solo voy a ignorar sus tonterías sin refunfuñar.
—Eso está bien amo Ciel, es lo más prudente. —Agni le apoyaba en su decisión mientras los otros dos se miraban por ese sutil regaño.
—Me voy a dar un baño y luego daré un paseo por el jardín... Ayúdame Agni... —El joven miraba al sirviente hindú ante la mirada celosa de su mayordomo— No lo hago para darte celos solo que Agni me parece más serio en su labor de mayordomo.
—Ehhh esto es muy incómodo... No quiero que ustedes se peleen por mi culpa. —Nervioso Agni les hablaba.
—No se preocupe... Ciel puede tener razón, usted lo cuidara mejor... Total yo solo soy el padre de su hijo, no me esmero en cuidarlos a los dos —Con una falsa sonrisa decía el demonio, todos se daban cuenta de la falsedad de sus palabras y lo resentido que estaba, saliendo de la habitación lanzaba la puerta con fuerza por el enojo.
—Oye Ciel... Yo no entiendo mucho esto del amor y las relaciones pero creo que eso fue un poco duro... Sebastian es quien más se preocupa por ti y creo que heriste sus sentimientos con este capricho tuyo.
El joven conde al oír el regaño de su amigo solo desviaba la mirada quizás tenía algo de razón pero solo quería por unos minutos estar alejado de Sebastian y sus idioteces. Agni a pesar de la incomodidad del momento no tuvo más opción que ayudarle a preparar el baño al conde, cambiarlo de ropa para minutos después salir de la habitación.
—¿Irá a disculparse con el señor Sebastian?
—No... Quiero caminar por el jardín. —le respondía el conde a Agni ante su sugerencia.
—Ciel... No seas tan orgulloso, dejarás sin padre a mi sobrino. —Le hablaba el principe cuando bajaban por las escaleras para dirigirse al jardín.
—Sebastian nunca me dejaría.
Con jactancia el conde decía mirando de reojo a los dos hindúes a su lado cuando su mirada se desvío a Sebastian que pasaba como corriendo al pie de la escalera con Finny tomados de la mano. El demonio sonreía también jactancioso al notar la mirada de su querido amo sobre él sin detenerse seguía corriendo junto al jardinero que escandaloso parecía llevarlo a un lado.
—Ciel... —le llamaba su amigo al notar como un aura media maligna se formaba en el joven embarazado que era preso de los celos.
Agni suspiraba resignado como mayordomo no podía opinar abiertamente al respecto pero notaba a simple vista que el conde y su mayordomo eran muy infantiles y aún así iban a tener un bebé, deseaba que este niño los ayudará a madurar, pero por lo pronto estaría al pendiente de ellos no tenía más opción, pediría a todos los dioses por la virtud de la paciencia.
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