CAPÍTULO VIII
"Festival Escolar - Parte Dos"
El ambiente en la escuela estaba bastante agitado, por no decir caótico, se podían ver estudiantes corriendo de un lado para otro, algunos cargando materiales como tablas, cartulinas, pinturas etc..., otros iban dando órdenes a los primeros. En eso se transformaba la Kimetsu School durante la preparación para el festival escolar, el cual era de lejos el evento más importante del año antes de las tan esperadas vacaciones de invierno, para muchos era la última vez que podrían vivir algo así antes de ir a la universidad o comenzar a trabajar.
- Dos semanas más Amane, estoy muy emocionado - dijo el director Ubuyashiki, sentado desde su oficina, mientras miraba por la ventana todo el alboroto que se estaba desarrollando en la escuela.
- No quiero que te esfuerces mucho Kagaya - dijo Amane - No quiero que vayas al festival si no te encuentras bien de salud, por favor, prométemelo.
- Sería el primer festival al que no asistiría desde que me convertí en director querida, no quiero que eso pase, además… escuché que los de tercero están haciendo un maid cafe, y que Shinazugawa-san es uno de los chefs, estoy realmente esperando para ir a probar su comida - contestó Kagaya sonriéndole a su esposa.
- Dios, que voy a hacer contigo - dijo Amane, devolviéndole una sonrisa.
Los dos se quedaron un momento viendo por la ventana como a pesar del caos que estaba ocurriendo, los estudiantes sonreían y se divertían apurados por tener todo listo para el festival.
- Hablando de eso, ¿has notado que Shinazugawa-san ha estado actuando extraño? - dijo Amane haciendo una expresión de preocupación.
Inmediatamente vio que Kagaya ya no sonreía y el ambiente se puso un poco sombrío dentro de la oficina.
- Estoy preocupado Amane, no se que hacer, el joven Shinazugawa está escondiendo algo, desde hace dos semanas su actitud ha cambiado, los profesores me han dado reportes acerca de que él comenzó a faltar a clases, y que cuando asiste, está completamente ausente, incluso se ha quedado dormido varias veces durante el desarrollo de las mismas - dijo el director - cuando intenté hablar con él, tu no estabas.
- Y ¿Que te dijo? - Preguntó Amane
- Me mintió, solo me dijo "Todo está bien director, por favor no se preocupe por mi", por primera vez desde que comenzamos con este trato, el joven Shinazugawa me dijo una mentira, realmente me sentí muy incómodo, no pude seguir preguntando nada.
- ¿A qué te refieres?
- Se nota que está completamente exhausto, tiene ojeras, sospecho que algo pasó con su familia, es lo único que se me ocurre, pero aún así se esfuerza para ocultarlo, y más sin embargo esto está de nuevo afectando sus estudios.
- ¿Qué piensas hacer? ¿vas a intervenir? - Pregunto Amane
- Deberé contactarme con Rengoku-san, tengo la fe que él podrá averiguar lo que está pasando, pero si no logra nada, creo que tendré que intervenir de nuevo… - Pero de repente Ubuyashiki Kagaya comenzó a toser fuertemente, contrajo su cuerpo en una pose que mostraba el dolor tan profundo que sentía mientras ponía su mano derecha contra su boca. Su salud seguía debilitándose con el pasar de los días aunque él siguiera mintiendo al decir lo contrario.
Amane inmediatamente corrió hacia él y dijo preocupada:
- Kagaya! estás muy mal, lamento decirte esto, pero no es momento para que te preocupes por los demás, mírate!, debes reposar, te he insistido que dejes de venir a la escuela por un tiempo pero no me haces caso.
- Pero….Cof Cof, debo….estar aquí para cuidar a mis estu…..Cof Cof - dijo débilmente Kagaya.
- Dios - dijo Amane mientras sacaba unas pastas del escritorio y se las pasaba junto a un vaso de agua - en este momento no hay nada que puedas hacer más que confiar en que él esté haciendo lo correcto, si hubiese querido abandonar el trato no habría vuelto a la escuela, pero aquí sigue intentándolo - continuó Amane - además él ya no está solo, tiene amigos que se preocupan por él, creo que por ahora es mejor que no vengamos a la escuela, si para el festival escolar te encuentras mejor, volveremos.
Pero el director no era el único que había notado el drástico cambio de actitud de Shinazugawa durante las últimas dos semanas. En realidad, todos sus amigos incluida Kanae estaban muy preocupados ya que él estaba actuando muy extraño.
Todo comenzó justo después del anuncio de roles, ya que Shinazugawa había estado muy contento, se le notaba cómodo, incluso bromeó con los demás por primera vez desde que los había conocido. Sin embargo, no asistió a la escuela durante los siguientes dos días, cuando Kanae preguntó a Rengoku si debían ir a visitarlo se dio cuenta que Shinazugawa no solo era evasivo con ella, si no con todos, había logrado mantener en secreto el lugar donde vivía incluso de su círculo de amigos más cercanos. Rengoku y Uzui, frustrados le dijeron que posiblemente había enfermado o algo y que dada su personalidad, no le había dicho a nadie. Pero cuando Shinazugawa regresó, era una persona diferente. Al verlo Kanae, Uzui y Rengoku, notaron inmediatamente que se encontraba completamente exhausto, apenas si podía concentrarse en clase y para complicar más las cosas, entre las clases y las preparaciones para el festival escolar, todos se encontraban tan ocupados que apenas si tenían tiempo para poder preguntarle qué le pasaba.
A la hora del almuerzo, cuando el grupo de Rengoku se encontraba reunido para compartir la comida, intentaron de nuevo preguntarle qué pasaba, pero de nuevo Sanemi respondió con evasivas y para colmo, solo comió un poco y se retiró.
Rengoku, al ser el delegado de clase apenas si tenía tiempo para comer algo y seguir con las preparaciones, así que decidió con los demás que cuando apareciera un espacio de tiempo, hablaría de frente con Shinazugawa acerca de eso. Por otro lado, Kanae había planeado intentar preguntarle durante las tutorías, pero Shinazugawa nunca apareció, de repente todo había vuelto a ser como el primer día y ella no sabía qué hacer, estaba profundamente preocupada, pero al igual que Rengoku, ella era la cabeza de toda la organización del festival, así que aunque tratara, poco tiempo tendría durante el siguiente mes.
Y así durante las siguientes dos semanas, Shinazugawa continuó desapareciendo después de comer apenas un bocado, evitando tajantemente cualquier conversación con los demás miembros, dejó de ir a las tutorías con Kanae y solo asistía a las reuniones del festival donde él tenía que participar obligatoriamente.
- Basta Sanemi, a donde estás yendo siempre, ¿Ya no quieres pasar el tiempo con nosotros? - dijo Uzui mientras se atravesaba en el camino de Sanemi, que junto a Rengoku habían sacado un tiempo para hablar con el - Por qué ahora pareces un zombie todo el tiempo hermano, estamos preocupados, es por tus trabajos, ¿por que ya no nos dices nada? - continuó.
- Ya te lo dije Uzui-san - dijo mientras tapaba una leve tos con su mano - el trabajo extra del festival me tiene un poco cansado, eso es todo.
- MENTIRA! - gritó Rengoku con una expresión de preocupación en su rostro, a lo que los otros dos voltearon a verlo sorprendidos, pero al notar que había gritado dijo - lo siento chicos, mira Sanemi, todos estamos estresados por las preparaciones para el festival pero es obvio que algo te pasa, por favor dinos, recuerda que somos tus amigos, podemos ayudarte en lo que necesites ¿Lo sabes verdad?.
En ese momento Kanae volteo en la esquina y al verlos se acercó apresuradamente, a lo que Sanemi bajo la mirada rápidamente.
- Hola chicos, hola Shinazugawa-san… ¿Cómo estás? - dijo tímidamente mientras gesticulaba una pequeña sonrisa.
- Buenos días Kocho-san, me encuentro bien, gracias, lo siento chicos me tengo que ir, nos veremos más tarde.
- Espera por favor - dijo Kanae mientras tomaba el saco de Shinazugawa por la parte del brazo, a lo que él se volteó y cuando ella lo vio, se alarmó. El rostro de Shinazugawa se veía terrible, tenía unas grandes ojeras debajo de los ojos, su piel estaba preocupantemente pálida y tenía una expresión de cansancio tal, que Kanae sintió la necesidad de decirle que tenían que ir a la enfermería inmediatamente.
- ¿Que pasa Kocho-san? - respondió con un tono débil.
Pero Kanae no pudo decir nada, solo se le quedo viendo frustrada por que las palabras no salían de su garganta.
- No respondiste a mi pregunta - interrumpió Rengoku, mientras miraba a Sanemi de forma seria, ya sin sonreír.
- ¿Pregunta? - susurro Kanae
- Chicos... - dijo Sanemi mientras suavemente retiraba la mano de Kanae de su saco, a lo que está bajo la mirada apenada - se que he estado actuando de forma extraña, he estado con mucha carga por el festival escolar, eso es todo, pero no se preocupen lograré cumplir con el rol que ustedes me consiguieron, no los defraudaré.
- ¿Es eso? - dijo Rengoku un poco nervioso - entonces qué te parece si te relevo, soy malo cocinando pero puedo intentarlo, se que Sabito me puede enseñar...
- No Rengoku-san, esa es mi responsabilidad, ustedes se esforzaron junto a la presidenta para poder hacer que la clase lograra aceptarme, me estoy esforzando solo un poco más eso es todo - respondió Sanemi.
- Esa no era nuestra intención... - dijo Kanae, quien inconscientemente volvió a tomar el saco de Sanemi, sentía que debía retenerlo con todas sus fuerzas, sentía que si lo dejaba ir se arrepentiría - si necesitas abandonar tus tareas del festival no te vamos a culpar, lo prometo, podemos incluso contratar a un chef temporal... por favor Shinazugawa-san cuéntanos qué está pasando, ¿Por qué dejaste de ir a las tutorías? ¿Por qué te ves tan cansado? - Kanae no podía dejar de mirarlo con preocupación, una desesperación se comenzó a apoderar de ella.
Pero Shinazugawa se quedó en silencio un rato, mientras Uzui, Kanae y Rengoku lo miraban preocupados.
- Siento mucho hacerlos preocupar - dijo Sanemi después de un momento - siento que las cosas que por fin habían avanzado se están perdiendo, pero no puedo aceptar lo que me proponen. He decidido que terminare con mis obligaciones del festival y les pido que respeten mi decisión - dijo Sanemi con una expresión seria mientras de nuevo tomaba la mano de la presidenta suavemente y la apartaba de su persona - lo siento presidenta pero tendremos que suspender las tutorías por algún tiempo, pronto hablare con el director acerca de eso también, entiendo que tanto tú como Rengoku-san están muy ocupados con todos los preparativos y no quiero causarles más problemas.
Los tres aludidos no supieron que más decirle a Sanemi.
- Ahora si me disculpan, debo irme, nos vemos - dijo Sanemi mientras se inclinaba, acto seguido dio media vuelta y se fue caminando torpemente, como si fuera a tropezar y caer en cualquier momento y se le podía escuchar de vez en cuando toser.
Al ver la expresión de Sanemi, los tres se quedaron callados, en ese momento entendieron que dijeran lo que dijeran él no iba a cambiar de opinión, sólo pudieron quedarse allí viéndolo irse, impotentes.
Cuando Uzui se dio cuenta que Kanae estaba a punto de llorar y que Rengoku había agachado la cabeza tristemente, dijo:
- Vamos chicos, anímense, después de todo es Sanemi de quien estamos hablando, es duro como un roble, se que él solo quiere demostrarnos, no sólo a nosotros, si no a toda la clase de lo que es capaz.
- Creo que no tenemos opción - dijo Rengoku, ya sin sonreír.
- Rengoku-san, Uzui-san por qué Shinazugawa-san está tan cansado todo el tiempo, no tiene sentido, aunque es cierto que las actividades del festival escolar son exigentes no es razón para que él esté en ese estado, ¿Acaso Shinazugawa-san se encuentra trabajando después de la escuela? - dicha pregunta hizo que los dos allegados pegaran un pequeño brinco, como si los hubieran pinchado con un alfiler, eso solo confirmó la pregunta que había hecho la presidenta.
- ¿Acaso Shinazugawa-san tiene problemas económicos?, por favor chicos, estoy muy preocupada - dijo mientras juntaba sus manos, un poco temblorosas - nunca lo había visto así, ¿Por qué me ocultan información, no confían en mí?
- Lo siento Kanae-san - dijo Rengoku con una expresión un poco seria - la verdad es que no podemos decirte nada, Sanemi-san nos hizo prometerle que no le contaríamos a nadie las cosas que él nos dijo.
- Pero… - intentó decir Kanae cuando una de sus amigas los interrumpió, de nuevo las obligaciones del festival requerían la supervisión de la presidenta y del delegado, así que se fueron apresuradamente y tuvieron que posponer aquella conversación. Al final Kanae solo pudo voltear una última vez hacia la dirección donde se había ido Shinazugawa, culpándose a sí misma por no ir tras él.
Justo después de haber recibido la noticia de que su pequeña hermana Sumi Shinazugawa se encontraba enferma y que necesitaría un medicamento por algunos meses, Sanemi entró en pánico, no sabía qué hacer. Después de haber pasado esa noche en vela pensando qué posibilidades tenía, un conflicto inesperado llegó a su corazón, "Si le dices a tus amigos o a la presidenta, estoy seguro que podrían ayudarte", aquel pensamiento salió de su mente sin que ni siquiera él fuese del todo consciente de ello, aunque inmediatamente Sanemi se golpeó a sí mismo con su puño derecho, haciendo que su nariz sangrara un poco.
- IMBÉCIL, qué derecho tienes para pensar algo como eso, ¿acaso piensas hacer que ellos paguen por los errores que TU cometiste? - gritó mientras se encontraba completamente sólo en su pequeño y sucio condominio. Aquella paranoia volvía a salir.
La verdad era que a Sanemi no le molestaba, incluso recibía de buena gana toda la ayuda y compañía que le brindaban Rengoku y los demás, también estaba profundamente agradecido con la presidenta, por haberle ofrecido su amistad, e incluso con el tiempo que dedicaba para que él pudiera ponerse al día en sus calificaciones. Pero otra faceta de Sanemi salía cuando se trataba de su familia, y es que en su mente, todo el sufrimiento de sus hermanos y suyo era única y exclusivamente su culpa, aquel fatídico día de tormenta hace 3 años y medio, fue Sanemi quien se enfermó a tal punto que no le dejo más opciones a sus padres si no de llevarlo al hospital a pesar del toque de queda que había por un fuerte tifón que estaba pasando por el país, a aquel hospital al que solo Sanemi llegaría, cubierto de heridas y sangre. Cuando despertó se encontraba completamente envuelto en vendas, como una momia de aquellas películas que le gustaba ver solo, ya que a todos sus demás hermanos les causaban terror. Sanemi aún recordaba aquel dolor que recorría todo su cuerpo que se encontraba completamente inmovilizado, así que solo podía mover un poco la cabeza, y de cómo buscaba desesperadamente a sus padres, pero no los veía por ningún lado.
Recordaba claramente aquel día cuando les dieron la noticia de que sus dos padres habían muerto, al igual que la cara de todos sus hermanos llorando alrededor de su cama, y la cara de Genya, mirándolo con un odio profundo.
- No Sanemi, ésto es algo que debes hacer solo, pero ¿Cómo? - se dijo a sí mismo - Debo conseguir otro trabajo, eso es!, si consigo un cuarto trabajo podría conseguir lo que me falta para comprar la medicina, pero ya no tengo más de donde sacar tiempo, la escuela es un problema, ¿tendré que dejar de ir a la escuela…?
Sanemi agachó la mirada triste, aunque no quisiera admitirlo, le dolía mucho aquel hecho, le dolía tener que abandonar aquel lugar donde había vuelto a ser feliz después de tantos años, le dolía tener que defraudar a Ubuyashiki Kagaya a quien le había dicho con determinación que iba a cumplir con su parte del trato, le dolía aceptar la posibilidad que ya no podría estar con Rengoku, Uzui, Iguro y Kanroji, que le compartieran de sus almuerzos y hablaran con él de aquella forma tan agradable, le dolía el hecho de que quizás ya no volvería a ver a la presidenta, a Kocho y su característica sonrisa que siempre le alegraba el día. Sanemi notó que lagrimas comenzaban a caer sobre sus manos y piernas.
- Supongo que volveré a estar completamente solo ¿eh? - dijo con un tono suave y melancólico, pero de repente aquellos recuerdos del día anterior, de cómo Rengoku, Uzui y Kanae habían casi peleado con todos los del salón para que él pudiera quedar a cargo de la cocina del maid café atravesó su cabeza. "No nos vas a defraudar ¿verdad?", aquellas palabras de la presidenta le llegaron como un golpe al estómago.
- Demonios, es cierto, ellos se esforzaron mucho para que yo pudiera participar sin problemas en el festival, soy un maldito, estaba pensando en irme y darles la razón a todos esos idiotas… - de repente, la idea de defraudar a sus amigos y… sobre todo de defraudarla a ella hizo que la idea de abandonar la escuela se esfumara poco a poco.
- Debo encontrar la forma de por lo menos aguantar hasta el festival escolar, después podré abandonar la escuela, tranquilo, es un mes… maldita sea, ¿podré si quiera lograrlo? - un rayo de esperanza comenzaba a aparecer.
- Es verdad, demonios, después del festival escolar, solo quedan un par de semanas más de clases y de ahí comenzarán las vacaciones de invierno, quizás pueda lograrlo - decía mientras sonreía con un poco de preocupación -no los defraudaré, ni a mis amigos, ni a Kanae-san ni a Sumi…..lo prometo.
Los siguientes dos días, Sanemi estuvo buscando su cuarto trabajo y efectivamente, su descenso al infierno comenzó, ya no podía dormir absolutamente nada, ni siquiera los fines de semana, comenzó a faltar a las clases de la mañana y solo se limitaba a asistir a las reuniones que le concernían del festival escolar. Tener que estar en clase era literalmente una tortura, el cansancio era insoportable, a veces incluso se quedaba dormido sin darse cuenta, otras veces se había desmayado, por fortuna no había nadie cerca y podía tomarse su tiempo para recuperarse, también comenzó a notar que tenía fiebre todo el tiempo y que tosía constantemente, además de vez en cuando su brazo izquierdo se entumecía y sentía una presión y dolor en su pecho, a la altura del corazón que le impedía moverse por un tiempo. Pero a pesar de todo eso Shinazugawa Sanemi aguantó por dos semanas completas, hasta el día que tuvo aquella conversación con Uzui Rengoku y… por supuesto Kocho, el verla le daba fuerzas para continuar, aquella frase que le dijo de no defraudarlos era una de las pocas cosas que lo mantenían aún moviéndose.
Sanemi abrió los ojos lentamente, y la pesadez y el dolor de su cuerpo volvían poco a poco recordándole que aún estaba entre los vivos, "Mierda, no recuerdo en qué momento me quede dormido, ¿o fue que me desmayé de nuevo?" pensó para sí mismo mientras intentaba levantarse lentamente de su improvisada cama hecha con sacos de harina apilados. Ya que Sanemi y Sabito eran los encargados de la cocina, también eran responsables de todo lo relacionado con la preparación del menú, utensilios y por supuesto de la bodega que tendría todos los alimentos necesarios para cocinar los productos que iban a ofrecer en el festival, Sanemi aprovechó esta oportunidad y se puso a cargo de todo lo referente a la bodega de alimentos, primero que todo por que era un trabajo donde no requería estar con nadie más y segundo, por que desde que había vuelto luego de estar ausente por dos días necesitaba urgentemente un lugar donde pudiera dormir por pequeños intervalos de tiempo y aquella bodega junto a la cocina era perfecta, era oscura y nadie iba por allí nunca, y más importante, sólo él tenía las llaves, esa era la razón por la cual había podido desaparecer sin que ninguno de sus amigos lo pudiera encontrar… o la presidenta. Una vez sentado, miró su reloj de mano y noto que había estado inconsciente por algo más de dos horas, "Mierda, otra clase a la que no asisto", pensó mientras ponía su mano derecha sobre su rostro, el cual seguía caliente por la fiebre.
- Bueno, no es como si importara a estas alturas, después de todo dejaré la escuela pronto - dijo aún sin retirar su mano. Después de un largo rato en silencio en el cual permaneció inmóvil en aquella bodega , Sanemi se dijo a sí mismo
- No quiero que el último festival escolar de la presidenta y los chicos sea un momento desagradable donde solo estuvieron preocupados por mi, se supone que en éste evento creas hermosas memorias que recordarás por el resto de tu vida, debo asegurarme que ellos la pasen muy bien durante esos tres días, debo hacer que se diviertan mucho y que se olviden de mi y como estoy… ¿Pero como?.
Así, Sanemi se quedaría por otra hora, en aquella reconfortante oscuridad, meditando cómo hacer un último acto de servicio para aquellas personas que le habían dado tanto.
