Hola, he vuelto con otro capítulo de este fic. Espero que todos estén bien dada a la actual situación en el mundo. Por favor recuerden mantener los hábitos de higiene necesarios y seguir las instrucciones/recomendaciones de sus respectivos gobiernos... Sé que no soy su madre, pero lo mejor es cuidarnos entre todos.

Bueno... Sin más que decir les dejo el capítulo cinco de esta historia.


Nami se giró sobre su eje y posó sus ojos en Luffy con sorpresa. Había visto a ese hombre aparecer en las noticias en varias ocasiones. De hecho se había sorprendido que, a pesar de tener el mismo apellido, fuesen familia. Apenas tenían semejanzas físicas y hasta donde sabía, tampoco tenían personalidades similares.

- ¿Qué haces aquí? -

- ¿Puedo pasar? -

- Claro - Nami se apresuró y se hizo aun lado.

Cerro la puerta sabiendo que a sus espaldas, Luffy la contemplaba con la mirada fija. Desde que había conocido al morocho en la academia, jamás había visto a su padre. Tampoco lo había oído nombrar. Hasta donde ella sabía, el morocho solía vivir con su abuelo y al terminar el último año de instituto se había anotado en la academia donde su hermano Sabo había comenzado su carrera.

- ¿Café? - Preguntó mientras se giraba.

- Por favor -

Monkey D Dragon era un hombre alto que imponía cierta autoridad. Por esas cualidades era el principal opositor del gobierno de Estados Unidos. Los medios decían que era el único verdadero opositor, quien no dejaba pasar una sola cosa al gobierno. Y con todos los escándalos que habían habido en los últimos años, su imagen se había vuelvo más fuerte. Se decía que tenía varios grupos en los diferentes estados, listos a lanzar sus campañas para las próximas elecciones. Él no solo denunciaba las atrocidades que muchos intentaban esconder, si no que también pedía explicaciones públicas desde su banca en el congreso. Era un hombre digno de ser admirado quien no se callaba por nada.

Verlo sentado en la pequeña silla de su comedor le hizo darse cuenta que no era tan poco humano como muchos creían.

- ¿Qué haces aquí? - Exigió Luffy mientras se cruzaba de brazos.

Nami se acercó con una taza de café recién salido de la cafetera de capsula que habían comprado hace pocos meses. La solían utilizar en ocasiones especiales, cuando necesitaban café con urgencia. Apoyó también un pequeño plato de madera con varios chocolates pequeños y se sentó frente a Dragon.

- Gracias - Dio un pequeño sorbo a su café - ¿No nos vas a presentar? -

Luffy hizo rodar los ojos algo molesto.

- ¿Sabrías quien es si hubieras venido a la boda? -

- Soy Nami - Le regaló una sonrisa. Quería disipar la tensión que se estaba generando.

- Es un placer. A estas alturas ya debes saber quien soy -

- He oído mucho - Murmuró. Aunque lo que había escuchado de él no había sido por parte de Luffy.

- En verdad me alegro que hayas encontrado a alguien que te quiera - Dijo con tono melancólico.

- Estoy seguro que no viniste a esto - Luffy alzó una ceja sin quitar la mirada de su padre.

Dragon volvió a dar otro sorbo a su café. Suspiró.

- No - Apoyó la taza - Vine a hablar sobre el caso que están investigando -

Los rostros de ambos cambiaron drásticamente. Luffy apoyó ambas manos sobre la mesa con violencia.

- ¡¿Tu sabes algo de esto?! - Exclamó.

- No mucho, todavía - Dijo serio - Pero si soy consciente de que te estás metiendo en algo grave, Luffy -

- ¿De qué hablas? - Preguntó la pelinaranja con curiosidad.

- Es obvio que esto tiene que ver con alguien con poder - Murmuró - ¿En verdad crees que un simple asesino en serie sería capaz de montar un laboratorio y conseguir esos químicos? Incluso para una farmacia tienes que tener ciertos permisos -

Nami desvió la mirada hacia Luffy con cierta sorpresa.

- Ya han habido casos similares y la policía no llega a nada, porque no los dejan llegar - Insistió Dragon con el rostro serio.

- Pero... -

- Luffy - Lo interrumpió - He venido hasta aquí para pedirte que renuncies al caso -

- ¡¿Qué?! - Exclamaron al unísono.

- Te has metido con gente muy influyente en el gobierno, pero esta vez... -

- No voy a renunciar. No ahora - Dijo el morocho con rudeza.

- Lo único que vas a lograr es poner en peligro tu vida - Desvió la mirada hacia la mujer - Y la de Nami. ¿En verdad quieres eso? ¿Quieren terminar igual que tu hermano? -

- ¿Qué le sucedió a Sabo? - Preguntó Nami con cierta inocencia.

Luffy cerró sus manos en dos puños. Su mirada estaba fija en la mesa.

- No estoy hablando de Sabo, estoy hablando de Ace - Le explicó con tono tranquilo.

- ¿Ace? ¿Quién es Ace? -

- Ya basta... - Susurró Luffy, pero nadie lo escuchó.

- El otro hermano de Luffy -

- ¡Espera! - La mujer se puso de pie con brusquedad - ¿Tienes otro hermano? - Posó sus grandes ojos en él.

- Yo... -

Su pecho comenzó a latir con tanta fuerza que tuvo que tomar grandes bocanadas de aire. No podía creer que su padre se estuviera presentando y estuviera diciendo todo eso.

- Luffy -

- ¡Ya! - Gritó. Su frente estaba sudada. Golpeó sus puños contra la mesa y derramó el café de la taza de su padre. Posó sus ojos en Dragon. Su mirada estaba oscurecida por un extraña aura - No voy a seguir esta conversación -

Comenzó a caminar hacia la puerta. Nami se giró hacia él e intentó detenerle. Pero la fuerza con la que el morocho cerró la puerta a sus espaldas, la dejó pasmada. Se llevó la mano al pecho. El porta llaves que tenían, cayó al suelo. Respiró tres veces para recuperar la compostura y se agachó para recoger las llaves. Incluso una pequeña parte de la pintura se había saltado por el golpe. Tragó saliva y se giró hacia Dragon. Sus ojos se desviaron hacia la mesa. El café había avanzado hacia un extremos y comenzaba a chorrearse al suelo.

- Maldición... - Susurró.

Tomó un paño y corrió para poder limpiar de chiquero.

- Lo siento - Dijo mientras comenzaba a fregar - Haré más café -

- No es necesario - Dragon notó que la meno de la pelinaranja temblaba. Estiró su brazo y sujetó su muñeca con fuerza - Tranquila -

El pecho de Nami subía y bajaba con violencia. Volvió a tragar saliva. El aire escapó de sus pulmones y fue como desinflarse. Sus piernas cedieron ante los temblores y tuvo que sentarse en el suelo para no caer.

- ¿Estás bien? - Se agachó a su lado.

- Es solo... - La mujer contemplaba las gotas de café que seguían cayendo al suelo - No entiendo que está pasando... -

- Ven -

Dragon le quitó el paño y lo dejo sobre la mesa. La tomó de los brazos y la ayudó a ponerse de pie. La guió a una de las sillas y la apoyó contra el asiento. Se giró hacia la mesa y comenzó a fregar el trapo para quitar el café que quedaba.

- No... - Dijo ella casi sin voz.

- No te preocupes - Cuando terminó con la mesa, siguió con el suelo - Mira el desastre que ha hecho - Bufó - Escucha... Ustedes se están metiendo en una boca de lobo -

La pelinaranja lo contempló en silencio.

- Hay personas que no dudaran en asesinarlo si husmean donde no deben - Dejó el paño en el fregadero - Tal y como sucedió con Portgas D Ace -

- ¿Ace? - Repitió Nami - Creí que Luffy solo tenía un hermano -

- Él... También estaba metido en una investigación muy importante en Washigton DC... - Dragon también se dejó caer en una silla - De hecho, Ace y Sabo estaban juntos en esa investigación. Pero Sabo decidió dejarla para poder volver a Nuevo México con Koala y Ace quedó solo. Las cosas no fueron bien cuando miembros del gobierno se enteraron - Se dio cuenta que sus palabras la estaban conmocionando, solo bastaba ver el brillo de sus ojos - La causa fue caratulada como suicido. Intenté sacar a la luz la verdad, pero fue imposible -

Nami tragó saliva.

- He luchado mucho para que Luffy no se viera envuelto en todo esto - Añadió - No quiero que exponga su vida así - Clavó sus oscuros ojos en ella - O la tuya - Se pagó la mano por el cabello y volvió a suspirar - Escucha... La razón por la que me mantenido alejado de él es porque... -

Sabía que estaba incómodo. No paraba de desviar su mirada hacia la ventana y mover su pierna, como si la ansiedad lo estuviera consumiendo. Era extraño ver a un hombre tan serio perder los estribos de esa manera.

- ¿Quizás un vaso de agua ayude? - Se atrevió a preguntar.

Dragon volvió a poner los ojos en ella. Era como si esa pregunta lo hubiera liberado del trance que estaba viviendo.

- Comencé a salir con la madre de Luffy poco antes de conseguir mi puesto en el congreso. Ya en ese momento me veía rodeado de amenazas y personas con malas intensiones -

El corazón de Nami comenzó a latir con fuerza. ¿En verdad estaba escuchando eso? Comenzó a jugar con el pliegue de su camisa, sin quitar la mirada del ese hombre.

- Incluso con el equipo que había armado para las campañas, en ese tiempo deje un poco de lado la política para dedicarme a ella. Bueno... Tu sabes lo que se siente, saber que encontraste a esa persona - Dejó escapar una mueca. Era la primera vez que lo veía sonreír - Para el día que enteramos que estaba embarazada, las amenazas habían aumentado considerablemente. Varios miembros del partido oficialista habían sido acusados de pedofilia y yo era una de las voces que más eco hacia - Cerró sus ojos con fuerza - Creí que era lo mejor. La verdadera justicia... Una noche al volver de una obra de teatro, habían entrado a nuestra pequeña casa. La casa que habíamos comprado con esfuerzo. La habían destruído. Fue entonces que me di cuenta del verdadero peligro que corríamos -

La pausa que hizo se volvió eterna para Nami. ¿Quién se atrevería a entrar a la casa de otra persona de ese modo?

- Decidimos que lo mejor era que ella se fuera, incluso si eso significaba que no vería el nacimiento de mi hijo. No le dijimos a nadie. Intentamos ser los más discretos posibles. A los tres días, se subió a un avión rumbo a Colorado. Una vez en Denver ella podría alquilar un auto y dirigirse a Nuevo México donde estaba mi padre quien podría protegerlos a ambos. La idea era disipar a cualquiera que estuviera siguiendo el rastro de nuestras tarjetas de crédito - Se rascó el brazo con tanta fuerza que dejó sus uñas marcadas en la piel - Pero una vez en Denver recibí una llamada de ella que decía que estaba segura que la habían seguido hasta Colorado y que iba a desviarse del plan para poder desviar la atención de quien estuviera al asecho. Claro que le envié efectivo. Ella lo retiró en algún cajero de la ciudad y perdí todo rastro -

Al principio se había preocupado, pero luego comprendió que lo mejor era no saber de ella. Estaba seguro que habían pinchado sus teléfonos y vigilaban todos sus movimientos de cerca.

- De alguna manera terminó en un pequeño pueblo de Oklahoma. No estoy del todo seguro en donde nació Luffy, pero una noche me llamó para decirme que estaba asustada porque sabía que pronto la encontrarían y que se había quedado sin dinero. Para ese tiempo Luffy debía tener cerca de dos años. No había sabido de ellos en años... Y de golpe estaba entre la espada y la pared. Le pedí que me dijera el pueblo donde estaba y que enviaría a mi padre a buscarla. Albuquerque estaba a 6 horas. Y aun así no llegó a tiempo - Se mordió el labio inferior - A esos malditos no les importó matar a una mujer. A la madre de un niño -

Nami se dio cuenta que tenía los dientes tan apretados que comenzaba a dolerle la cabeza.

- ¿Y qué pasó con Luffy? -

- Ella se antepuso a esos tipos y lo dejó con una vecina - Dijo más tranquilo - Cuando mi padre llegó y la encontró, llamó al 911. Pero fue imposible dar con esos tipos. Los sicarios son así - Gruñó - Al principio pensó que se habían llevado al niño, pero luego de que la policía se disipara la vecina se acercó a él y le dijo que Luffy se encontraba bien. Mi padre se lo llevó a Nuevo México y cuidó de él -

La pelinaranja se pasó la mano por la frente para quitarse el repentino sudor que caía en forma de grandes gotas. Jamás había oído esa historia. Si sabía que la madre de Luffy estaba muerta y que había visto a su padre pocas veces. Pero esa historia era sacada de una película. ¿Cómo era posible que Luffy jamás le hubiese contado eso? ¿Acaso no sabía lo que había pasado?

- Ace y Sabo eran chicos que vivían en el mismo barrio con los que Luffy solía jugar. Los padres de Ace estaban muertos y mi padre accedió a cuidarlo. A los padres de Sabo les daba igual lo que su hijo hiciera y terminaron viviendo en el mismo techo. Cuando cumplieron 17, ambos se anotaron para ser policías y terminaron en esa investigación. Ace murió unos meses antes de que Luffy se inscribiera. Me enfurecí mucho cuando lo supe y le pedí a Sabo que hiciera lo posible para persuadirlo - Suspiró y dio unos pequeños golpes a la mesa - Pero es un cabeza dura. Acepté la realidad pensando que solo sería un simple policía de transito, pero luego encerraron a Crocodile. La noticia no salió de Nuevo México, los involucrados hicieron lo posible para que no llegara a la prensa nacional. Pero cuando rescataron a esas niñas en Utah supe que no había marcha atrás. Su nombre se hizo conocido en el país y muchos comenzaron a vincularlo conmigo. Lo de Chicago fue lo peor. Su nombre ya circula por el mundo, no solo aquí. Sé con quien se mete, comparto taburete en el congreso con muchos de ellos y sé como actuarán si desenmascaran a quien está detrás de esos niños -

- Quizás si se lo explica de esa manera, él... -

- Él no va a escucharme - Hizo rodar los ojos - Y no lo juzgo, nunca he estado para él. Creí que era la mejor forma de protegerlo, pero él solo se metió en esto. Tienes que converserle de que deje el caso - Soltó de repente.

- ¡¿Qué?! - Nami quedó estática - Yo no... -

- Tienes que pedirle que deje el caso, lo digo por el bien de ambos. También de sus amigos, los dos que están en el caso -

- Estoy segura que no me escuchará, él... -

- Pues déjame ponerlo en duda - Se puso de pie - Será mejor que me vaya. Podrían haberme seguido hasta aquí y lo último que quiero es que nos relacionen más de lo que ya lo hacen - Se acercó a Nami y le tendió un papel - Ese es el hotel en el que estoy ahora, estaré aquí unos días más y volveré a Washigton el próximo lunes. Si necesitas algo puedes buscarme ahí -

Ella asintió en silencio y tomó la pequeña hoja. La contempló algo mareada. Todo parecía tan surrealista.

- Y Nami - Dijo mientras abría la puerta - Tengan cuidado -

Esperó a que saliera para ponerse de pie. Volvió a colocar el porta llaves en el pequeño clavo de la pared y enjuagó el trapo sucio de café. Atravesó el pequeño comedor para tomar asiento en uno de los sillones. Ni siquiera tenía ganas de prender el televisor. Estiró su brazo y tomó su teléfono celular. Marcó el número de Luffy, pero él no atendió. Bufó. ¿Dónde demonios se había metido? Estuvo a punto de marcar el número de Robin, tenía tantas cosas en su cabeza que necesitaba hablar con alguien. Pero en vez de marcar, decidió ir al buscador de su móvil y tecleó las palabras Portgas D Ace. Varios periódicos de Washigton anunciaban la muerte del joven. Eso había sido hacía más de cinco años. El presunto suicidio había sido en el pequeño departamento donde el joven vivía mientras investigaba a varios mandatarios del gobierno en una causa secreta. Salió del sitio en el que estaba e ingresó en un popular noticiario de Virginia donde se explicaba que tanto el material en el que Ace había estado trabajando como los vídeos de las cámaras de seguridad habían desaparecido. El arma era la oficial, pero eso no era prueba suficiente de que se había quitado la vida. Nami se tiró el cabello hacia atrás y suspiró. Sentía un extraño calor en su cuello. ¿Cómo es que nunca se había enterado de eso? Desvió la mirada hacia la ventana y notó que las pocas luces que seguían prendidas en los edificios de enfrente pertenecían a viejas oficinas. Se puso de pie y cerró las cortinas. Luego de esa agobiante historia, comenzaba a sentirse perseguida. ¿Y si alguien los estaba espiando desde el otro edificio?

Todo la situación la habían llevado a tener ganas de vomitar. Bloqueó su móvil y se acostó en el sillón. Le dolía tanto la cabeza que apenas se dio cuenta que sus párpados se cerraban. A los pocos minutos, se quedó dormida.

(...)

Cuando Luffy ingresó al departamento notó que todas las luces seguían prendidas. Un escalofríos envolvió su cuerpo. Había salido sin abrigo y el calor había impactado contra su piel. Divisó los cabellos de la pelinaranja en el sillón y se acercó pensando que quizás estaba despierta. Verla tan tranquila y plácidamente dormida lo reconfortó. Dejó escapar una mueca. Seguramente lo había estado esperando. Estiró sus brazos y la tomó con cuidado. Si dormía en ese incómodo sillón, le dolería la espalda.

- ¿Luffy...? - Entreabrió los ojos somnolienta.

- Tranquila, solo te llevaré a la cama -

Con sumo cuidado, subió cada uno de los peldaños y la apoyó sobre las frazadas con delicadeza. La mujer se giró y con una sonrisa en sus labios, se volvió a dormir. Luffy se acercó al armario y buscó una manta para poder taparla. La noche estaba fría. Ya se habían empañado los vidrios. La tapó y se dirigió escaleras abajo para poder pensar.

La visita de su padre lo había tomado por sorpresa. Se sentó en el sillón y posó sus ojos en el techo. Revolver toda la historia de sus padres y la muerte de Ace lo habían llevado al borde del colapso. Ace a muerto Luffy. Le había dicho Sabo una mañana. Dicen que se ha suicidado. ¡No puede ser! Había gritado él ¡Tu sabes que el jamás haría algo así! Su hermano lo había contemplado con pena. Claro que lo sé, pero... ¿Qué más podemos hacer? Él sabía que Sabo se había sentido culpable. Si Sabo no hubiera renunciado al caso, quizás Ace estaría vivo. Pero él no lo culpaba. Ambos habían tomado una decisión. Ace había decidido seguir hasta las últimas consecuencias y Sabo había optado por apuntar su vida a otro lugar. Quisiera casarme con Koala, le había confesado una mañana. Lo recordaba ruborizado. Y al principio ni siquiera entendía que era esa extraña cosa llamada amor. Soltó una sonrisa al pensar en Nami con el vestido blanco. Jamás creyó que sentiría algo como eso. Desvió la mirada hacia la mesa y notó que la taza de su padre seguía ahí. Sabía que Dragon había ido para soltarle la bronca con el tema. Su madre había sido asesinada por los mismos tipos que Ace. Y él no había podido hacer nada. Entendía que su padre se debía sentir igual que Sabo. Ambos querían protegerlo. ¿Estás seguro que quieres esto Luffy?. Sabo intentó en varios ocasiones inducirlo en que estudiara otra cosa, pero él se había negado una y otra vez.

Sintió que algo se clavaba en su trasero y frunció el ceño. Se puso de pie y notó el móvil de Nami. Lo dejó sobre la mesa y suspiró. Había recibido su llamada, pero no se había atrevido a contestar. Necesitaba estar solo.

Era evidente que no iba a poder dormir. No podía dejar de darle vueltas al asunto... ¿En verdad crees que un simple asesino en serie sería capaz de montar un laboratorio y conseguir esos químicos? Incluso para una farmacia tienes que tener ciertos permisos. Se puso de pie y caminó hacia la puerta. Si no iba a dormir, al menos iba a invertir el tiempo en la investigación. Tomó su abrigo y abandonó el departamento.


Creo que podría decir que ha sido uno de los capítulo más largos de este fic. Espero que eso sea bueno... Estoy ansiosa por leer sus comentarios y opiniones.

MDV