Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.
BRIGHTER
Capítulo treinta y tres – Ponerse el cinturón
Cerca de un año después...
Hoy
Aparqué en la gasolinera y apagué el motor, perdido en mis pensamientos.
Gasolina... pack de seis cervezas... tarjeta...
Nop. No era suficiente. Se sentía herida, sí, pero también estaba molesta, lo sabía. Bella era súper relajada, todo lo opuesto a una mujer de alto mantenimiento, pero esa vez tendría que ir a lo grande.
Suspirando pesadamente, salí de la camioneta y entré a pagar, comiéndome la cabeza.
Pagué la gasolina, cogí el pack de cervezas y, siguiendo un impulso, pillé un par de barritas Snickers. Tenía la sensación de que ella querría una.
Un tío que conocía me saludó con un movimiento de la cabeza cuando nos cruzamos fuera junto a los surtidores. Me pregunté si él la habría jodido alguna vez como lo había hecho yo. Apoyándome contra la camioneta, empecé a echar gasolina con la cabeza en otra parte.
Maldición.
No había pretendido hacerlo, pero... me había olvidado de nuestro primer aniversario.
* . *
Dos días antes
Con los dientes apretados, miré fijamente el desastre que había hecho Midnight. Técnicamente, ya no era un cachorro, pero a veces todavía se comportaba como uno.
Aquellas mierdas me tentaban a dejarle en el jardín por la noche para enseñarle una lección. Sin embargo, era el bebé mimado de Bella. Aunque yo le castigase, ella le metería a escondidas en algún momento. Arrodillándome, empecé a volver a meter la basura en el cubo. Estaba por todas partes. ¿Qué demonios había estado buscando?
Ah, por supuesto. La otra noche habíamos comido en la cama y la basura olería a comida. Cualquiera diría que no le dábamos de comer. Casi había terminado cuando algo me llamó la atención, algo que casi se había perdido debajo de la cama.
El aliento me abandonó cuando cogí la prueba de embarazo. No sabía qué significaban aquellas dos líneas... ¿eran dos de dos o dos de tres? Maldición, ¿por qué no podían hacer aquellas cosas más sencillas, como una carita feliz o algo así? Aunque, a lo mejor no estar embarazados para alguna gente era un resultado más feliz que estarlo... Sacudí la cabeza, volviendo a la bolsa de basura.
Sip, ahí estaba. Una cajita rosa: First Response.
El corazón me latía acelerado en ese momento. Limpiándome las palmas sudorosas de las manos en los vaqueros, miré dentro de la caja y encontré las instrucciones. También había otra prueba ahí dentro, igualmente con líneas dobles rosas.
Vale. Así que, a no ser que otra hubiera meado en nuestro baño, según aquellas dos pruebas, Bella estaba... embarazada.
Estábamos embarazados.
Joder.
No me entiendas mal: nuestro aniversario era algo grande para mí. Quería hacer algo especial, salir con Bella o algo.
Pero, cuando vi aquellas pruebas de embarazo, me asusté un poco. No porque no quisiera niños, que los quería. Era solo que... guau. Menuda forma de enterarse. No entendía porqué todavía no me lo había dicho. Cuando Alice se había quedado embarazada por primera vez, le había enviado a Jasper una foto de la prueba. Lo recordaba porque él me lo había enseñado.
¿Bella se había hecho aquellas pruebas la noche anterior? Volví a pensar en cómo había actuado entonces, y esa mañana... no había habido nada que me hubiese parecido raro. Pero lo cierto era que no había buscado pistas de nada.
De cualquier manera, me había pillado con la guardia baja. Lo único en lo que podía pensar era en que seguramente, probablemente, Bella estuviera embarazada y en que no me lo había dicho, y en que quería que me lo dijera, y en que estaba muy entusiasmado. Y abrumado. ¿Estaba ella abrumada? Y entonces empecé a preocuparme porque a lo mejor ella todavía no quisiera aquello y que podría estar resentida o algo.
Pasé la mayor parte del día atontado, funcionando con el piloto automático. Nuestras vidas estaban a punto de cambiar a lo grande. Era hora de ponerse el cinturón y prepararse para el siguiente paso. Quería ser padre, Bella y yo habíamos hablado a menudo de tener hijos algún día. Aquello era un poco antes de lo que habíamos planeado, pero estaba bien.
Y, cuanto más pensaba en ello, menos preocupado estaba. Todo iría bien.
Estaremos bien. Estaremos más que bien.
* . *
Un día antes
Ella todavía no había dicho nada.
Estaba de los nervios, esperándola. Aquél no era nuestro estilo. Nosotros no nos callábamos cosas, no jugábamos. Nunca lo habíamos hecho. ¿Estaba esperando para sorprenderme?
¿O solo estaba nerviosa?
Estaba en los mundos de yupi, limpiando la barra... otra vez... pensando. Pensando sin fin. Había tenido que ir al Pub antes de lo normal; ni Maggie ni Irina podían abrir y fue un poco cosa de último minuto. Bella tenía que ir más tarde para hacer su turno, así que... a lo mejor me lo decía entonces.
Me diría algo. Lo que fuera.
Había estado de un humor extraño cuando me había ido aquel día, callada. Definitivamente no había estado juguetona como siempre. Nada de sexo mañanero cuando lo había intentado -me había dicho que estaba "cansada", lo que era lenguaje en código para el síndrome premenstrual, o que estaba de mal humor o... embarazada. Tampoco es que se supusiera que yo debía saberlo. Dudaba que hubiera notado nada de aquello si no la hubiera estado observando tan de cerca. Y, el hecho de que ni siquiera lo habría sabido si Midnight no hubiera dejado el baño hecho un desastre... me ponía un poco enfermo. Me sentía como si Bella me estuviera mintiendo, aunque fuera por omisión.
Pero ella era mi esposa. Mi chica. Mi mejor amiga. Debía tener una razón.
No notó que yo noté más tarde que solo bebía agua, cuando todos los demás tomaban cerveza.
* . *
Hoy
Me desperté y lo primero que vi fue la cara sonriente de Bella. Me hizo... sentir algo raro en el estómago. Entusiasmo.
Aquel era el momento. Iba a decírmelo.
―Hola ―dije con voz ronca por el sueño.
―Hola ―dijo ella, tocándome la cara.
Nos quedamos mirándonos el uno al otro, sonriendo. Entonces noté el olor del bacon. Bajé la mirada a la bandeja del desayuno, dándome cuenta de lo que pasaba según ella decía,
―Feliz aniversario, cariño.
Sentí el pánico atenazarme el pecho. ¡Mierda, mierda, mierda! Tanto estrés y pensar durante los dos últimos días me había hecho olvidarme completamente de nuestro aniversario. Oh no. No.
La cara de Bella cayó. Se apartó, sentándose de rodillas.
―¿Te has... olvidado?
Hice una breve pausa, sacudiendo la cabeza. No me había olvidado, en realidad no. Lo había recordado hasta hacía un par de días, cuando aquella cosa del bebé me descolocó.
―No... ―Estaba mintiendo y los dos lo sabíamos.
―Lo has hecho ―dijo ella suavemente, bajando la mirada.
―Bella...
Ella sacudió la cabeza y se apartó, bajándose de la cama. La seguí hasta la puerta del baño, que ella me cerró con cuidado pero firmemente en la cara.
―Bella, lo siento. Yo... la verdad es que no lo he olvidado... es solo que últimamente he tenido muchas cosas en la cabeza. Solo... ―Presioné la oreja contra la puerta, intentando escuchar―. Déjame entrar, por favor.
Nada.
Dios, que idiota. Originalmente, había planeado llevarla a The Waves, dónde habíamos tenido nuestra primera cita. Nada exagerado, solo algo especial para los dos. Pero, tras el tsunami que había sido Nuestro Bebé, me había olvidado de reservar. Había estado muy distraído y aquello no era propio de mí.
Llamé suavemente, lleno de ansiedad. Casi nunca nos peleábamos. Al otro lado de la puerta, se abrió el grifo de la ducha.
Me pasé la mano por la cara y volví a la cama, mirando la comida. Bella me había hecho bacon y huevos, bagels y fruta cortada. Yo debería de haber hecho aquello por ella, no al revés, pero esa era mi chica -siempre me estaba cuidando. Me senté, cogiendo un trozo de melón y preguntándome si debería marcharme, o si debería comer y esperar a que saliera. Por un lado, me sentía demasiado culpable para comérmelo pero, por el otro, sería desconsiderado dejarlo ahí.
Finalmente, lo recogí y lo llevé a la cocina, donde me lo comí todo. Me puse una camiseta, cambié el pantalón de chándal por unos cargo y salí a la carretera.
Y ahí estaba, recorriendo una polvorosa gasolinera como el gilipollas despistado que era, intentando entender cómo podía compensárselo a Bella. Una mujer al otro lado de la calle vendía fruta fresca y aquello me encantaba, así que, tras mirar a ambos lados, me acerqué corriendo a ver qué tenía.
Aguacate, mango y pequeños plátanos.
―Buenos días ―dije, sonriendo un poco.
―Buenos días ―contestó ella―. ¿Qué puedo ofrecerte?
Señalé lo que quería, hablando con ella mientras me lo ponía en una bolsa. Había un recipiente de plástico en la esquina, casi escondido por el resto de productos.
―¿Cuánto por las bolas de tamarindo?
―Cincuenta centavos.
―¿Cuánto por todas?
―¿Todas? ¿Estás loco? ―dijo con una risita, cogiéndolo. Debía de haber al menos treinta o cuarenta bolas de tamarindo dentro. La boca se me hizo agua solo de pensar en su sabor agridulce.
Asentí, encogiéndome de hombros.
―Para mi esposa. Está... embarazada.
Fue raro decirlo en voz alta, sobre todo porque Bella todavía no me lo había confirmado, pero yo sabía que era cierto.
La mujer sonrió ampliamente, asintiendo.
―Dame solo diez.
―¿Seguro?
Ella me mostró los dientes, extendiendo el recipiente en mi dirección.
―Y cinco por la fruta.
Le di un billete de veinte y me despedí con la mano.
―Gracias. Que tenga un buen día.
―Tú también, querido.
Me comí una en la camioneta -estaban tan buenas como parecía. Asintiendo para mí, arranqué el coche y conduje hasta el pueblo. Llamé a casa, solo por si acaso.
Bella respondió al primer tono.
―¿Dónde has ido?
―Tenía que comprar algo... estaré en casa lo antes posible.
―Oh.
―Te lo prometo. Bella, siento mucho lo de hoy.
―Está... bien.
―No lo está. Pero te lo compensaré.
―Solo date prisa.
Así que lo hice.
Unos cuarenta minutos después, aparqué en el camino de entrada y entré corriendo, apenas esquivando a Midnight que casi me hizo tropezar por su entusiasmo.
Bella estaba sentada en la cama, mirando algo en su ordenador. Tomando aire profundamente, le di un ramo de flores y una bolsa de regalo.
―Feliz aniversario, Bella.
Mordiéndose el labio, apartó su portátil y aceptó las flores.
―Lirios stargazer ―susurró, cerrando los ojos y rozándose la mejilla con los pétalos.
Asentí. Era una réplica de su ramo de novia. Mi padre siempre había hecho aquello con mi madre por su aniversario y se me había pegado. A juzgar por la sonrisita que tenía Bella en su cara, había sido una buena forma de empezar.
Abriendo los ojos, soltó el ramo y cogió la bolsa.
Seguramente lo primero que vio fueron las bolas de tamarindo, porque rio con fuerza al sacarlas.
―¿Qué es esto? ¿Estás loco?
―Eso es lo que me ha dicho la señora a la que se las he comprado.
Le dio un mordisco a una y luego se la metió en la boca.
―Mmmm...
―No sé si te acordarás...
―Por supuesto que me acuerdo ―dijo, tragando―. Me las trajiste una vez, antes de que empezáramos a salir.
Asentí, relamiéndome los labios.
―Últimamente, he tenido antojo de ellas ―dijo en voz baja.
Mi corazón dio un golpe en mi pecho. Sonrojándose, apartó las bolas de tamarindo y volvió a mirar en la bolsa, sacando un saquito azul. Sacó el anillo de chaney que le había comprado y sonrió, poniéndoselo al instante. Todavía llevaba puesta la pulsera de chaney que le había regalado hacía tiempo.
―Es precioso ―susurró―. Gracias.
Me senté a su lado, cogiéndole la mano.
―Y... tenemos reserva para cenar en The Waves.
―Nuestra primera cita ―dijo, con los ojos brillantes por las lágrimas. Lágrimas de felicidad, esperaba.
―Y...
―Esto somos nosotros. Nuestros recuerdos ―me interrumpió, tocando el anillo―. Siempre has sido muy considerado.
―Me siento muy mal por lo de hoy.
Ella se encogió de hombros.
―No parece propio de ti olvidarte, pero... da igual. Esto me encanta. Todo ello. ―Sacando otra bola de tamarindo del recipiente, le dio un pequeño mordisco, cerrando los ojos―. Mmmm. Me encantan. Apuesto a que te has comido una por el camino, ¿a que sí?
―Puede ―dije, sonriendo. Me incliné hacia delante y besé su azucarada boca.
Nos besamos durante un minuto antes de que yo me apartase, poniéndole el pelo tras la oreja.
―Voy a ir a por una cerveza. ¿Quieres?
Ella sacudió la cabeza. La verdad es que yo tampoco quería una, pero estaba determinado a hacerla hablar.
―¿Por qué no? ―pregunté, mirándola fijamente a los ojos.
Ella se sonrojó, pero me mantuvo la mirada.
―¿Cuándo ibas a decírmelo, Bella?
Ella se cubrió la cara con las manos y, alarmado, volví a sentarme, rodeándola con los brazos.
―¿Qué es tan malo que no puedes decírmelo? ―pregunté, de repente aterrorizado porque hubiera alguna complicación que no me había parado a considerar.
―Estoy embarazada ―susurró.
Le toqué la mano.
―Lo sé.
―Es tan pronto... no hemos... ―Se enderezó y me miró, con la cara toda roja―. Íbamos a esperar un poco más.
―Bueno, íbamos a hacerlo, pero... quiero decir...
―No sé...
―Creí... ―Sacudí lentamente la cabeza, un poco confundido por su reacción―. ¿No estás feliz?
―Sí ―dijo, llorando―. Lo estoy.
―¿Creías que yo no iba a estar feliz? ―pregunté, incrédulo. ¿Cómo nos habíamos desconectado tanto? Normalmente pensábamos igual, incluso con las cosas pequeñas.
―No tanto ―dijo, sacudiendo la cabeza y sorbiéndose la nariz―. Pero temía que te sintieras decepcionado, como que era demasiado pronto o algo. Y no quería decírtelo y no verte entusiasmado, ¿sabes? Eso me habría roto el corazón.
Arrugué la nariz.
―¿Y por qué no iba a estar entusiasmado?
―Porque... cada vez que cuidamos a los niños de Al y Jasper, tú siempre estás muy aliviado cuando vuelven a casa, y odias cambiarle el pañal a Jackson y te molestaste tanto cuando Rachel rompió ese marco que estaba junto a la televisión... ―dejó el resto de la frase en el aire, mirándome con cautela―. Y... no sé. Simplemente, siempre he asumido que tendríamos hijos cuando estuviéramos listos.
―No creo que nadie esté nunca listo ―dije, apartando las cosas de la cama para poder tumbarme.
―Sabes a qué me refiero.
―Sí, lo hago, pero... esos son los hijos de otros, ¿sabes? Adoro a Alice y Jasper, y sus hijos son geniales... pero no son nuestros hijos. ¿Nuestros hijos? ¿Nuestros hijos? ―Sonreí ampliamente, subiéndole la camiseta. Todavía no había barriga, pero podía imaginarla―. No puedo ni empezar a describir cómo me hace sentir esto. ―Y de verdad no podía. Estaba abrumado. Y enamorado. Tanto de Bella como del bebé que iba a darme.
Le besé la barriga y ella me pasó los dedos por el pelo, rascándome. Se sintió muy bien.
―¿Cuándo lo has descubierto?
―Cuando llegué a casa y me encontré con el desastre que había hecho Midnight en el baño. Había vuelto a vaciar el cubo de la basura.
―Oh, no ―gimió, deteniendo sus manos―. ¿Has visto las pruebas?
―Sip. Me he estado... volviendo loco. Durante dos días. ―Levanté la mirada hacia ella―. Volviéndome loco porque no decías nada, por cierto, no porque estuvieras embarazada.
―Supongo que puedo pasarte que se te olvidara nuestro aniversario ―dijo, volviendo a masajear mi cuero cabelludo.
―Y yo puedo perdonarte por esconderme algo tan grande ―dije, besándole el ombligo una y otra vez hasta que se echó a reír y me apartó la cabeza solo para tirar de mí hacia arriba, hacia su cara para poder besarnos.
―Lo siento ―dijo con una mueca.
―Nunca podría molestarme por algo así. Te quiero.
―Yo también te quiero ―dijo, frotando su nariz contra la mía―. Es solo que... también he estado muy emocional y con las hormonas revueltas. No he dejado de llorar y eso. Creo que puede ser otra razón por la que estaba tan rara y preocupada. Últimamente no me siento yo misma.
―Está bien ―prometí. No tenía ni idea de dónde nos estábamos metiendo, pero lo descubriríamos. Con suerte.
―Así que... ¿estás entusiasmado? ―preguntó, sonriendo con timidez.
―Muy entusiasmado.
―¿Por eso me has traído todas esas bolas de tamarindo? ―preguntó con una risita.
―Sip.
―Awww. ―Nos besamos hasta que los besos no fueron suficientes y necesité tenerla. Ella me sacó la camiseta por la cabeza y yo le quité la suya antes de tirar de su ropa interior.
Y luego le practiqué sexo oral, porque a ella le gustaba y porque que ella estuviera tan cachonda y húmeda me ponía mucho. Estaba prácticamente embistiendo contra el colchón cuando ella se corrió, con los dedos tirándome del pelo antes de soltarlo.
Desnudo en cero coma, entré en ella.
―Parece diferente ―gemí.
―¿En qué sentido? ―dijo con voz ahogada, con la boca medio abierta en un silencioso grito. Estaba tan cálida... resbaladiza...
Me estremecí, embistiendo.
―En el sentido de que llevas dentro a mi bebé...
―¡Cállate! Es imposible que sientas algo. ―Rio sin aliento, abriéndose un poco más.
Nuestras miradas se quedaron fijas en la del otro y yo me quedé quieto, profundamente dentro de ella.
―Lo siento aquí ―dije, dándome un golpecito en el corazón. Y me agaché para besarla donde estaba el suyo.
¡Hola!
Solo queda un capítulo. Siento no haber subido este antes, las cosas en España ahora mismo son una locura y hemos estado teniendo mucho trabajo.
Espero que os haya gustado el capítulo y que os haya ayudado a pasar la tarde a las que tenéis que hacer cuarentena. Estoy deseando leer vuestras opiniones.
Subiré el último capítulo mañana.
-Bells :)
