Los personajes usados le pertenecen a Masashi Kishimoto NO a mí. La historia SÍ es mía y NO la pueden copiar.
OoC tal vez.
Universo Alterno (AU)
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Condenada al demonio
Capitulo 24: Tiempo atrás
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"Creo, creo... que algo dentro de mí ya lo sabía".
Murmuró la joven con indiscutible decepción.
Naruto la escuchó asombrado, vio forzar una sonrisa en el rostro femenino y voltear hacia al frente, pues el matrimonio Nara los recibía ahora abriendo gustosamente la puerta del domicilio. La aspirante a médico de inmediato fue raptada por la compañía femenina de Temari hacia el interior de la casa, mientras él saludaba a Nara de un apretón de mano. Sintió el sabor amargo descender por la garganta, sabía que no era el momento para sincerarse con la chica, que no tenía que hacerle ver que ella era la culpable a la condena que cargaba desde toda la vida. Sin embargo, la estupidez lo cegó por unos momentos y lanzó el veneno contra la fémina, evidentemente lastimándola y alejándola de él otra vez. Se lo dijeron sus orbes verdes apagados, angustiados.
—¿Problemas? —Shikamaru le ofreció un tabaco, el cual Naruto rechazó de inmediato, mirando de reojo a Sakura quien se alejaba—. Tabaco de buena calidad y te niegas.
Caminaron lentamente por el patio delantero.
—Ya no fumo —musitó el hombre de cabello rubio.
—Sí, ya me di cuenta. Te tienen dominado, eh —rió entre dientes el moreno. Naruto levantó la cabeza, notando que la figura acompañante desaparecía de su rango de vista. Tendría que encontrar el momento para hablar con ella.
El chico zorro suspiró, deteniéndose justo en las escaleras de la entrada.
—¿Noticias? —preguntó con un semblante serio.
Antes de contestar, expulsó el humo antes de contestar.
—Descubrieron a los rebeldes, pero la informante sigue intacta. "Ellos" están prisioneros... y la última frase de la carta no me gustó nada, prefiero que saques tus propias conclusiones —Sacó del bolsillo un papel cuidadosamente doblado y se lo ofreció—. Es el mensaje que recibió Kiba el día de ayer, te aconsejo que lo leas más tarde o no podrás disfrutar de esta velada.
Naruto frunció el ceño, guardando la hoja entre sus ropas.
—¿Malas noticias? —consultó con la boca extrañamente seca.
—A mí parecer, sí. El consejo ya no tiene más remedio que aceptar —respondió el moreno, dejando caer el cigarrillo al suelo y pisarlo con la punta del pie—. ¿Estás seguro que relacionarte con ella no hará todo más problemático?
Los ojos azules del aludido se deslizaron hacia el interior. Escuchaba las voces, en la lejanía, de las parejas matrimoniales disfrutando de la velada que daba inicio.
Tragó saliva y negó—. Ya estoy metido en esto. No quiero dejarla.
Shikamaru rió por lo bajo al oírle, tocándole el hombro para invitarlo a entrar.
—Entonces prepárate porque no lo tendrás fácil, viejo amigo.
Una vez adentro Temari le ofreció un licor de uva el cual aceptó sin reparo, al primer sorbo sintió la calidez invadirla y el dulzor de la bebida alcohólica logró confortarla por unos escasos momentos.
—Es una casa encantadora. Debes estar orgullosa —comentó la de cabello rosado, inspeccionando los alrededores. Era lujosa, se notaba la posición social y económica del matrimonio. La rubia sonrió satisfecha.
—A costa de mucho trabajo —respondió elevando la vista—, el vago, perdón, Shikamaru logró ascender como consejero de la aldea después de mucho sacrificio. Eso le quita varias horas de sueño y de vida familiar —analizó la figura de Haruno y tomó su propia copa de licor de uva, aproximándose a la chica—, ¿quieres unirte a la conversación de las demás chicas?
El sabor burbujeante del licor la convirtió prontamente en una chica común y corriente, muchas amistades del matrimonio rondaban su edad y no fue difícil entablar tema de conversación que les pareciera llamativo. Por supuesto, a medida que el diálogo aumentaba las preguntas grupales también, una de ellas la más inocente preguntó si acaso ya estaba casada o comprometida, que era lo usual en esas épocas que muchachas cercanas a los veinte años tuviera un contrato a nupcias con un apuesto joven.
Sonriendo tontamente la muchacha negó con la cabeza, sentía que todo iba más lento.
—¡Claro que no, yo quiero ser médico no casarme! —exclamó alzando el puño.
Las demás rieron.
Misuno insistió—. ¿Y no te gusta nadie, Sakura? Yo tuve pretendientes, pero al final preferí ser escolta personal de un influyente político —añadió con orgullo la posición.
—O sea que te estás acostando con él, querida —dijo una mujer de entrada edad. La aspirante a médico observó los delicados dedos femeninos incrustados en anillos de oro y joyas luminosas.
De nuevo estallaron en carcajadas.
—Creo... creo que yo nunca me casaré —mencionó una adolescente, hija de un matrimonio invitado—, ¡mi último pretendiente prefirió a una mujer con experiencia!
—Eso era de esperarse, a los hombres les atrae y les encanta la experiencia sexual en una mujer.
Vestida con un elegante kimono azul, Mei se aproximó al grupo de mujeres con un andar clásico de mujer distinguida. El cabello caía de forma ingeniosa por sus hombros, dejando a la vista lo que todo hombre capta cuando mira a una mujer: su rostro. Las restantes le dieron un espacio en el grupo, ofreciéndole unirse a la conversación. Temari se cruzó de brazos dispuesta a oír la apreciación de la casamentera sobre lo que charlaban.
—Ten cuidado con lo que dices, hay chicas ingenuas aún —murmuró a regañadientes.
Sakura no dejó de admirar la belleza en la forastera.
—Basándome en mis años de casamentera, me atrevería a que los matrimonios tienen un periodo de termino —observó a la dueña de casa con burla—, a excepción del tuyo, querida.
La de cabello rosado bajó la mirada, sintiéndose mareada y con la cabeza caliente.
—Los temas conyugales son lo tuyo, Mei —Temari levantó el vaso a modo de brindis—, consultaré a la cocinera sobre la cena, ya vuelvo.
Las más jóvenes e inexpertas se acercaron como abeja a la miel para saber sobre temas prohibidos, prontamente la casamentera se volvió en el centro de atención y las restantes escuchaban o reían sobre las historias que narraba.
—Hay un libro erótico, sobre una mujer que tiene a varios amantes, pero ella estaba casada y al final él ¡la descubre! —cuchicheó una chica con vergüenza, cubriéndose la boca.
"Naomi y sus amantes"
Dentro del nivel de somnolencia, Sakura escuchó la conversación y ató ideas que vagaban libres por su cabeza. Hablaban del libro erótico de Jiraiya, ella sabía el final de la ardiente novela, claro que sí, porque lo leyó un sinfín de veces. Y más los fragmentos donde los protagonistas tenían sexo frenéticamente en cualquier lugar, escenas parecidas a las que venía viviendo días pasados con Naruto en la cama, cuando él la tocaba y besaba la piel expuesta, dejando un rastro húmedo con su lengua, o cuando gemía cerca de su oído indicándole lo satisfecho que estaba a hacerle el amor.
—Él la mata, a ella y a sus amantes, acuchilla muchas veces a Taro-kun —añadió el kun por despiste. Los párpados le pesaban y la lengua se le movía con parsimonia, le costaba gesticular. ¿Y el vaso de nuevo estaba vacío?
Mei asintió y sonrió, interesada.
—Así es, veo que te interesa ese tipo de lectura, querida, ¿Sakura te llamas verdad? —preguntó y recibió un apenas "sí" de vuelta—. Efectivamente, el pobre esposo mata a la esposa y a los amantes —les susurró a la más jóvenes para que la duda fuese satisfecha.
—¿Y cómo fue que ella no quedó embarazada después de acostarse con tantos hombres, Mei-san? —excitada con el diálogo, preguntó una de las jóvenes.
La nombrada movió la mano con obviedad.
—Ay pequeña, te contaré, hay muchos métodos...
-o-
Ella estaba ebria. Ya lo sabía.
La llevaba viendo un buen rato, y las carcajadas femeninas que resonaban en el salón le hacían ponerse nervioso. Se llevó una mano a la boca, preocupado, Mei podía ser sugerente con los temas, ella estaba a otro nivel. Solamente recordaba las veces -en épocas adolescentes que visitaba la aldea con Jiraiya- que los matrimonios visitaban a la mujer por ayuda o consejos conyugales, las familias trataban con ella para formar una unión beneficiosas para ambos clanes. Torció la boca con disgusto. Y Sakura estaba bebida, la mirada ausente y los hombros tambaleantes se lo decían.
—Maldición —gruñó. Estaban enojados, la impertinencia de las palabras ahora creaba un sólido muro entre los dos. No podía ir y alejarla de esas mujeres impertinentes, ¿qué le estaban diciendo? las escuchó reír de nuevo.
Estaba ensimismado en sus propias cavilaciones, que no reparó en la figura masculina que se le aproximaba y lo abrazaba del cuello en un apretón que lo pudo dejar sin aliento.
—¡Miren nada más, el mismísimo Naruto! —vociferó el hombre de cabello café, mostrando los dientes en una sonrisa, el joven demonio lo miró con cierto asombro—, ¿qué? Pareces sorprendido de verme viejo, pero aquí estoy después de un viaje cansador de dos días —su semblante cambió de pronto, drásticamente—. Supongo que leíste el informe que redacté para Shikamaru, esa aldea entró en revolución, pero fueron apresados los rebeldes que conspiraron contra Danzou. Creo que deberías saber un detalle...
Contrariado, el poseedor del Kyuubi lo detuvo.
—Leeré más tarde la carta —mencionó tajante y con el ceño fruncido, luego retomó la atención la muchacha quien se ponía de pie y se excusaba con las demás. ¿A dónde iba?
Kiba entendió el mensaje y optó por sacar un peine de la manga del haori que vestía y se peinó en un gesto vanidoso—. Esta noche he venido por alguna chica y veo mucha caras bonitas y nuevas.
Naruto carraspeó desinteresado—. Están las mismas de siempre.
—No lo creo, ¡está la hermosura de Mei! hey, ¿y quién es la de cabello rosa? ¿Le gustarán los perros?
Desesperado, apartó a Kiba de su lado y sin pensarlo, fue detrás de la fémina de orbes verdes. Giró hacia la derecha donde estaba un pasillo obscuro con una luz al final, al acercarse se encontró con una anciana con delantal junto a una pequeña niña, ambas echando leña al fuego de la cocina.
—¿Busca el baño? —preguntó amable.
—Una mujer de cabello rosa, ¿dónde está? —cuestionó mirando los alrededores, cabiendo la posibilidad de que la chica estuviese escondida.
La anciana pareció meditarlo.
—Oh, sí, ella iba llorando y se metió en el baño de invitados, dígale que no hay agua. Está malo por eso nadie lo usa.
Siguió el camino a través del pasillo, probando entrar en algunas habitaciones que estaban en solitario. Cuando creyó que la anciana se había equivocado, llegó a la última puerta y giró el pomo, notando al instante que estaba con seguro. Escuchó ruidos en el interior.
—¿Sakura? —tanteó que ella respondiera. Solo el silencio contestó—, vamos, sé que estás ahí. Abre —insistió ya con poca paciencia—, si no abres la derrumbaré y cómo le explicaras esto a Temari, ¿ah?
—¡Ya déjame, tonta cabeza rubia! Vine porque quiero estar sola, ¡no quiero verte! —le gritó desde el otro lado. Esas palabras le calaron hondo. Apoyó la frente en la madera de la puerta, con desesperanza.
Frotó la parte trasera del cuello en un ademán afanoso.
Pasaron unos largos minutos en un silencio sepulcral.
—¿Quieres saberlo? —preguntó bajito con voz ronca —giró el cuerpo, arrastrándose hasta el suelo y con la espalda acomodada en la puerta. Sabía que ella lo escuchaba, podía imaginarla verlo con los ojos llenos de expectación.
—Todos parecen conocerte más que yo... yo... —Sakura se ahogó en llanto de nuevo—, no hay nada que nos una, nada.
Uzumaki sonrió vagamente.
—Mi padre fue el mano derecha de la doctrina sacerdotal en esos tiempos —narró, recordando la historia con una tortura inimaginable—, cuando el Kyuubi causaba estragos en las aldeas, lo espiritual fue a lo único a lo que la gente pudo aferrarse y por eso, cuando una niña llamada Kushina arribó después de que su aldea fuera destruida por completo, concibieron en la idea de las ofrendas para saciar la abominación del zorro. Siendo la única sobreviviente, la criaron hasta la madurez y la prepararon para el ritual —se detuvo, alertando que el sollozo de la chica había desaparecido—. El encargado de protegerla hasta ese horrible momento fue mi padre, Minato. Y podrás sospechar que pasó lo inevitable, ellos dos se enamoraron.
—¿Qué, embarazada?
El sacerdote alzó la mano y golpeó la mejilla de Minato, Kushina apresada por los guardias, se removió inquieta tratando de soltar las amarras que la sometían.
—Ella no será carne para el Kyuubi —el hombre de cabello rubio se limpió la sangre que brotó de la boca, debido al golpe, y observó con tenacidad la figura de mayor poder—, su cuerpo no es tu templo de sacrificio, sacerdote. ¡Ese bebé es mío!
—¿Eras tú? —preguntó la de cabello rosado.
Naruto se miró las manos.
—Era yo —contestó seco—, les permitieron vivir a ambos, ellos creyeron que la bondad en el sacerdote se dejaba ver en sus acciones, pero no... los traicionaron. En el día del parto, encarcelaron a mi padre y a mamá la atendieron sobre un altar frente al bosque Prohibido, justo cuando la luna llena estuviera en lo alto del cielo. Ese día, en mi día de nacimiento fui dado en ofrecimiento al demonio de nueve colas. Mi carne inocente calmaría el alma errante de la criatura y dejaría a las aldeas en paz.
El recién nacido lloró tan fuerte como pudo. Su madre, adolorida por el reciente parto, trató de tomarlo, pero le fue imposible debido al tormento. Los seguidores del sacerdote -y casi toda la aldea- rezaba y oraba porque murieran ambos y que ellos volvieran a la vida que tanto anhelaban, cosechas abundantes, ríos claros y los territorios del bosque que eran fructíferos para ampliar los dominios.
Todos gritaron cuando la figura impotente del zorro apareció envuelta en llamas de fuego, aplastó unos cuantos cráneos aterrizando frente al altar.
—Te imploro, oh zorro demoníaco, que tomes la vida de esta pequeña criatura. ¡Purifícate! —chilló el sacerdote, sudando bajo el grueso atuendo celestial. A continuación, recitó un fragmento de un antiguo libro milenario, el libro de los Antiguos donde hablaban del conjuro para sellar un ente maligno en un objeto o persona. El neonato dejó de moverse, dejó de llorar. Se volvió una masa sin forma, una puerta para el portal que abría el clérigo—, ¡purifícate! —gritó casi lesionando las cuerdas vocales.
De pronto la bestia bramó a los aires, las garras se movieron hacia ambos lados destrozando el cuerpo de múltiples seguidores, en un intento inútil de escapar a las cadenas que lo atraparon en un sortilegio arcaico, apresándolo de las extremidades y siendo arrastrado contra su voluntad hacia el cuerpo del infante, capturándolo para siempre en una jaula irrompible.
Un distintivo redondeado apareció en el pequeño vientre del bebé, sinónimo de marca legitima, la que fue desapareciendo paulatinamente.
Minato fue ayudado por algunos hombres y mujeres en oposición, logró llegar al punto de sacrificio e iniciando así una guerra entre pueblerinos. Una mujer tomó a Kushina por los hombros para despertarla del trance, mientras el sacerdote era atacado por los rebeldes, le arrebató al bebé y lo protegió con su cuerpo hasta que estuvo lejos del peligro.
—¡Huyan lejos, huyan! —gritaron algunos.
—El niño vivió... vivió... —susurró el sacerdote, sosteniendo la herida que aquejaba en su tórax. Una apuñalada que le hizo morir finalmente.
La aldea se consumió en fuego y ardió por una semana entera, tomando parte de las cosechas y el bosque.
Minato vio desde la cima de la colina la aldea quemarse, escuchó los gritos de dolor y ayuda. Con Kushina jadeando por dolor, se adentraron hacia el interior del Bosque Prohibido.
Sakura mantuvo los ojos abiertos en todo momento, con el cuerpo temblando de la emoción.
—Mamá murió de pena, creo —Naruto se cubrió el rostro con ambas palmas—, papá no aguantó mucho. Ahora que lo sabes, Sakura-chan, ¿me odias? ¿Me odias por... odiar a tu gente? —repitió con firmeza.
La chica abrió la puerta, obligando al hombre de orbes azules a pararse rápidamente.
Se miraron a la cara antes de fundirse en un abrazo que fue respuesta para todo. El gesto femenino fue el bálsamo para el desconsuelo del poseedor del Kyuubi, porque de sus ojos azulados no dejaron de caer amargas lágrimas; ella lo acunó con su cuerpo para darle el consuelo a su atormentada alma porque lo amaba. Claro que sí, lo amaba con locura.
Se apartó ligeramente para verlo.
—Si nada de esto hubiera pasado, yo no te habría conocido. Cuando muera quiero renacer como humana para encontrarte de nuevo —murmuró entre el llanto, tomó ambas manos masculinas y exprimió un ósculo cargado de máximo amor, colocando énfasis en las afectuosas palabras que citó anteriormente.
Él observó el gesto con ternura, agradeciendo tenerla a su lado y que el destino los uniera, traspasando la delgada línea del tiempo.
De manera imprevista, Naruto la cogió de la cara y la besó con fervor en los labios, demandándole la falta de cariño, su amante le respondió con el mismo deseo. Lo que los llevó a encerrarse en la habitación a oscuras para acariciarse, él particularmente ávido de sus caricias buscó la forma de semi desnudarla. Con las manos tanteó a ciegas el nudo que cerraba al kimonoi femenino y ella aprovechó del colgarse de su cuello, deseando que él lo hiciera pronto, moviendo después las piernas para ajustarse a la cadera masculina y no caer.
Cuando la penetró, Haruno no pudo evitar quejarse y apoyar una mano en el lavamanos, soportando la pasión que el hombre la sometía en cada estocada.
Sus muslos comenzaron a contraerse, a fatigarse a causa de la posición en la que estaban. Naruto parecía perdido en sus propias sensaciones porque no dejaba de besarla -cada vez que podía encorvarse para llegar hasta a ella- y tampoco descendía el ímpetu con la que la penetraba, como si intentara llegar a un punto que antes no hubiese llegado. La muchacha gimió sintiendo que ya no aguantaría más tiempo, percibía ese calor insoportable que llenaba su sexo cuando estaba a punto de llegar al clímax. Gimió otra vez, dejando caer la cabeza hacia atrás no tolerando el frenesí que la comía viva. El vientre se le caldeaba.
—Na-naruto... —lo llamó jadeando desde la nube del éxtasis, ciñéndose a la figura masculina—, te amo, Naruto.
El aludido la escuchó, pero no fue posible responderle en palabras. Como su liberación se hizo inesperada y rápida, alcanzó a enterrar los bronceados dedos en la cadera de la fémina, apretando la boca, siseando entre dientes.
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Durante la cena no dejaron de enviarse miradas.
El resto de invitados disfrutaba de la velada, saboreando la comida preparada por las cocineras de Temari. Un arte culinaria que no se degustaba todos los días. Sakura rechazó el licor de frutas, bebiendo solamente agua y jugueteó con algunas verduras cocidas en el plato, puesto que su mente estaba en otra parte. Atrapada en el secreto revelado hace poco por el propio Naruto y no sabiendo cómo digerirlo aún, eran muchas verdades sacadas a la luz.
Fueron casi los primeros en marcharse, Temari como una excelente anfitriona descolgó el abrigo de la fémina y le ayudó a colocárselo.
—Ven cuando quieras, Sakura, eres bienvenida.
Agradecieron la divertida velada y reanudaron el paso hacia la posada. En silencio. La nieve caía con sutileza, ella no optó por abrir el paraguas esta vez.
La observó de reojo y cruzó los brazos dentro del haori, buscando el vigor que necesitaba.
—Sakura.
Él se había quedado atrás, unos cortos pasos los separaban.
—¿Si?
Levemente sonrojado, él carraspeó.
—Yo también.
Esa noche, al arribar, volvieron a hacer el amor. No con prisa, sino que con calma. Sakura se desnudó para el chico y éste le entregó su corazón.
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CONTINUARÁ...
YA SÍ, mantenme, denme en sacrificio, lo que quieran. Perdón.
Yummy piensa que después de una pelea, ¡siempre tiene que existir una apasionada reconciliación! sexo, besos, caricias, climax, sí chicas así es la vida adulta jejeje, well supimos del pasado de nuestro bebé Naruto. Por eso odia a todo el mundo, entiendalo. Al aldea lo trató muy feo, no? justificado ese odio! ¿les gustó? espero que sí y pos, NO prometé la proxima actualizacion aunque puede que sea pronto, ya que estoy en cuarentena u.u fuerza a todos, espero que estén sobrellevando esta pandemia mundial de la mejor manera, junto a sus seres queridos.
Después de tanto blablaba, me despido.
yummy os quiere :KKK
NARUSAKU SIEMPREEEEE BITCHES!
