Muchas gracias por su apoyo, espero que esto les guste.
Declaimer:
Naruto NO es mío, es de Masashi Kishimoto.
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Episodio
XXIV
La promesa entre los dos
"A pesar de todo, me quedaré junto a ti"
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Un olor a pino y naranja le llegó de pronto y se removió perezosamente en su lugar. Abrió lentamente los ojos al sentir una brisa cálida rozarle el rostro y se encontró con la puerta del balcón entreabierta dejando que los rayos del sol de verano se esparcieran por toda la casa. Se incorporó lentamente, y una sensación extraña le invadió el cuerpo, como si fuera más liviano de lo que recordaba. Estiró su mano izquierda para rozar con las yemas de los dedos una de las columnas de luz que atravesaba el ventanal. No era cálida, pero tampoco fría. Simplemente ahí estaba. Miró aletargado el cielo azul cremoso, y luego volvió la vista al interior del apartamento. De alguna forma sentía que algo no cuadraba en todo el panorama. Se puso de pie con suma parsimonia y alzó una extremidad para cubrirse los ojos del astro rey que lo cegaba sin piedad.
Ah, no podía ser real.
Probablemente estaba soñando.
—Eres bastante intuitivo como siempre—una voz grave lo hizo girar y vio como un hombre de cabellos brunos, con facciones similares a las suyas, se paró junto a él para tomar un poco del sol que los abrazaba.
El interruptor en su cabeza hizo click.
Abrió los ojos de par a par y los recuerdos se arremolinaron de golpe en su interior. Memorias borrosas de pronto se fueron haciendo más y más vívidas.
Como una película quemada por las luces de un proyector.
—Nii-san—susurró y temió estarse enfrentando de nueva cuenta a la valkiria de sus delirios.
—Has crecido mucho—repuso mirando hacia la lejanía—, eso es bueno, me alegra ser capaz de verlo por mí mismo— el mayor lo miró y Sasuke deseó que el tiempo se detuviera.
Él… no era su demonio personal.
—Supongo que el tiempo es la cosa más cruel que existe, Nii-san—contestó desviando sus orbes hacia la misma dirección—. A pesar de que no lo merezco, aún sigo viviendo en un mundo sin ti.
Había tantas cosas que quería decirle, pero ninguna lograba eclosionar de sus labios tal cual lo sentía.
—Ambos sabemos que no es así—negó, el morocho menor frunció el entrecejo.
—Te equivocas, realmente no tengo derecho a aferrarme a algo que debería ser tuyo— apretó los puños con fuerza—, y aunque lo sé, yo… ya no puedo renunciar.
Después de todo, había decidido seguir viviendo junto a Hinata.
Itachi permaneció en silencio, mirando al chico junto a él con una expresión indescifrable.
—No necesitabas hacer nada para merecerlo—contestó volviendo a mirar hacia el cielo que esbozaba el ventanal de la casa que los había visto a crecer a ambos—. Éste siempre ha sido y será tu sitio, Sasuke—aseguró sonriendo apacible.
—Pero…
—Yo nunca lo olvidé, en cambio parece ser que tú si lo hiciste—sus orbes se clavaron en los del Uchiha menor con cierto recelo.
—¡Eso no es…!
—¿Entonces por qué lo dudaste?— preguntó severo.
Sintió sus pupilas contraerse.
—No, no lo hice… pero, tú… me odias ahora, ¿no es así?
Itachi enarcó una ceja ante esas palabras.
—¿Odiarte? ¿Crees que el odio es un sentimiento tan fácil?—sus ojos lucían tal y como los recordaba, amables y honestos.
—Te hice algo horrible—se aferró a su brazo izquierdo para contener sus emociones tan desbordantes—, yo… a ti… te… maté—la palabra le escoció los labios sin piedad.
El silencio los ahogó.
—No seas tonto—le tocó la frente con los dedos índice y medio en un gesto tan propio de él que Sasuke sintió su pecho removerse dolorosamente—, eso es imposible—negó—. Simplemente, las cosas sucedieron de esta manera, y aunque quisiéramos cambiarlas, no es algo que realmente podamos lograr sólo con nuestros deseos. Eres mi hermano Sasuke, y eso no va a cambiar no importa lo que haya pasado—expresó curvando los labios en una sonrisa fugaz.
El moreno menor sintió los ojos húmedos.
—Deberías hacerlo—masculló frunciendo las cejas compungido—. Deberías odiarme, después de lo que hice, es lo que merezco.
—No se trata de merecer o no Sasuke, se trata de lo que realmente sientes al respecto y de cómo dejas que eso te afecte en el proceso—corrigió—. No ha habido ni un solo momento en que me haya arrepentido de mi decisión y por lo tanto no ha habido tampoco un solo segundo en que te haya odiado por eso. Cada quién es responsable de sus propias acciones.
El Uchiha sacudió los hombros al dejar caer las lágrimas que le quemaron las mejillas.
—Si no me odias… entonces qué… ¿qué se supone que debo hacer ahora? —sus nudillos se volvieron blancos por el hueso—, Nii-san, yo… tengo miedo de no poder odiar a nadie por perderte—confesó.
Había estado reprimiéndose por tanto tiempo que ahora no creía ser capaz de detenerse.
Ah, era sólo un mocoso patético.
—Como siempre, eres demasiado amable—Itachi sonrió una vez más mientras miraba el rostro de su hermano—. Ni siquiera eres capaz de culpar a las personas correctas y asumes todo por ti mismo—negó levemente—, no necesitas odiar a nadie, no necesitas culpar a nadie.
—Si no lo hago, yo… no tengo nada más—aseguró—. El mundo entero se dio la vuelta Nii-san. Nadie se quedó después de que te fuiste.
Había estado tan desesperado cuando se halló a si mismo totalmente abandonado en medio de un mundo cruel y retorcido. Estaba tan cansado, no había podido detenerse en ningún momento. Se había visto obligado a caminar con todas esas heridas que nunca lograron cicatrizar completamente y ahora simplemente ya no quería continuar con esos pies lastimados. Su cuerpo estaba exhausto, sus plantas ardían y el pecho le picaba cada que su corazón palpitaba. Como si fuera un perpetuo recordatorio de que no podía dejar el pasado atrás.
—Porque tú no se los permitiste—reprochó.
—Se marcharían tarde o temprano—justificó.
—Todas las personas que conocemos se irán de nuestro lado Sasuke, es lo que se supone que pasa en la vida. Cada encuentro conlleva una despedida que eventualmente sucederá y tú no puedes estar huyendo de eso sólo porque no quieres dejarlos ir—cerró los ojos—. Lo único que puedes hacer es atesorarlos tanto como seas capaz dentro de tu corazón y decirles adiós correctamente—separó sus parpados y su iris se reflejó en el de su hermano.
—¿Y si no puedo?
—Tienes que hacerlo.
—Yo… no soy tan fuerte Nii-san.
Itachi sonrió ampliamente.
—No necesitas serlo.
—…
—Está bien ser débil, está bien tener miedo, está bien ser herido de vez en cuando—consoló—. Está bien llorar, eso es lo que hacen todas las personas Sasuke, es parte de crecer, es lo que te hace un ser humano.
—…—las lágrimas que no había podido dejar escapar por todo un año, parecían indispuestas a parar.
No necesitaba sostener la máscara por más tiempo, no tenía que aferrarse a las murallas de su corazón, podía dejar salir todos esos sentimientos que le habían estado oprimiendo el pecho sin que nadie le recriminase por hacerlo.
Podía ser completamente honesto.
No era un monstruo, no era un asesino, tan sólo era una persona normal. Una que ya había aguantado tanto como le era posible, una que estaba agotada de pretender que era fuerte.
Ya no necesitaba hacer eso.
—Además… ¿realmente no hay nadie a tu lado ahora?
Sasuke calló.
Su mirada se suavizó y una cálida sensación se anidó en la base de su pecho. La respuesta a esa pregunta brotó en su cabeza más rápido de lo que le gustaría admitir.
—Ella… ha sido demasiado molesta.
—¿Molesta?
—Es torpe, débil y una entrometida de primera. No puedo quitar mis ojos ni un solo segundo porque siempre termina ocasionando problemas a los demás. A pesar de que es frágil, siempre actúa fuerte y pretende que no hay nada capaz de herirla lo suficiente para retroceder en algo que ha decidido. Incluso cuando le he advertido cientos de veces que soy alguien peligroso, no me escucha en lo absoluto y se queda junto a mí. Simplemente no puedo estar tranquilo con ella alrededor y, aun así, a pesar de que se aferra a mí de esa manera, no sé en qué momento se desvanecerá de mi lado— miró fijamente su mano y luego la apretó con fuerza. Una diminuta sonrisa torcida se apareció en sus labios—, irónicamente, parece que esa forma de ser es algo contagiosa, recientemente he tenido el pensamiento de sostener su mano también.
—Suena como alguien interesante.
—Por favor, no te burles de eso—suspiró cerrando los ojos.
Su hermano rio por lo bajo.
El viento sopló y un sonido cristalino resonó con las sacudidas de las copas de los árboles. Como campanas que anunciaban el final del sueño. Itachi miró hacia la ventana y vio como las luces se volvían totalmente blancas consumiendo el cielo del panorama vorazmente.
—Parece que es hora—anunció.
Sasuke lo miró ansioso.
—Espera… yo todavía no te he dicho todo…
Aun había muchas cosas que quería decirle.
—Está bien, puedes contármelo después, yo siempre estaré escuchándote—aseguró pasando una mano por la espalda del chico para empujarlo hacia el balcón.
—Nii-san…
—Tienes que ser feliz, ¿vale? —susurró levantando una mano en señal de despedida—. Sin importar lo que pase, debes continuar viviendo, Sasuke.
Era la única promesa que necesitaba.
La luz, lo cegó y de algún modo, su corazón lejos de sumergirse en una angustia desquiciante, por primera vez en mucho tiempo, se sintió ligero y lleno de paz.
Quizás había dado un paso más para avanzar.
…
Abrió lentamente los ojos y su vista era tan borrosa todavía que parpadeó repetidas veces para mejorar su perspectiva. Distinguió como algo húmedo se resbalaba por la comisura de sus orbes para luego perderse en un punto de su lóbulo derecho, y de algún modo sintió que había tenido un sueño muy, muy largo y extraño. Pese a que lo intentó, no pudo recordar qué había sido exactamente, no obstante, algo en su interior le dijo que no había sido algo malo, sino todo lo contrario. Estaba seguro de que no había sido una pesadilla. Giró el rostro suavemente hacía su izquierda, y lo primero que distinguió fue el rostro dormido de Hinata. Se preguntó qué hora sería exactamente, pero por la luz que iluminaba sus delicadas facciones, seguramente aún era temprano. Lentamente enfocó las líneas del rostro de la muchacha que permanecía acurrucada a su costado. Sus mejillas estaban salpicadas de sangre y le daban una coloración rojiza bastante apetecible. Sus labios carnosos ligeramente entre abiertos dejaban escapar sutiles exhalaciones. Notó que la cobija se había enredado en su cintura y parte de su esbelto tronco desnudo había quedado expuesto. Lo cual seguramente la hacía sentir algo de frio. Como pudo, tomó el edredón y la cubrió de nuevo. Recuerdos difusos de la noche anterior llenaron sus pensamientos y casi de forma inconsciente llevó su mano sana al rostro de la joven. Hinata apretó los ojos ante su tacto y se removió inquieta mientras sus brazos se aferraban al torso del Uchiha, sus hábiles piernas se enredaron con las de él, cosa que lo hizo refunfuñar roncamente.
Ok, probablemente aún estaba algo sensible.
Suspiró, e intentó pensar en cualquier otra cosa mientras pasaba su brazo herido por debajo de la Hyuuga para envolverla. No quería atacarla mientras dormía, aunque una parte de suya se preguntó si acaso ese movimiento no había sido la primera provocación.
—No seas pervertido—pensó para sus adentros.
Su mano izquierda estaba ligeramente entumecida y los puntos ardían, pero no era algo insoportable.
Prefirió concentrarse en el calor de su piel y el ritmo acompasado de su respiración. Una sensación cálida le llenó de pronto y aunque tenía su guardia alta, supo que la última barrera que lo protegía ahora estaba hecha añicos. Ya no tenía dónde esconder sus heridas, sus cicatrices y sus demonios, había dejado que esa chica cruzara a través de todas sus defensas y lo viera tal cual, como un niño agazapado en una esquina; y siendo honesto, no le importaba ya. Estaba harto de fingir que era duro y la soledad le venía bien cuando en realidad quería tenerla a su lado, como justo ahora estaba pasando. Sin embargo, todavía tenía el suficiente orgullo como para jamás admitirlo en voz alta. O al menos así sería por un tiempo. Después de todo era nuevo en esto de obedecer a sus emociones y no estaba del todo acostumbrado a sentirse tan vulnerable como en ese preciso instante.
Cerró los ojos y se movió lo suficiente para recargar la cabeza con la de la ojiperla. Aspiró su aroma profundamente y suavemente enterró sus dedos en las hebras azulinas para acariciarlas sutilmente.
Sólo necesitaba ese momento para permitirse ser feliz.
Por un segundo recordó algo que había visto en una de sus clases, y comprendió la forma en que el tiempo podía ser visto. Si la percepción determinaba lo efímero y lo eterno, entonces, ahora mismo estaba dentro de un pequeño infinito.
Uno en el cual se encontraban los dos existiendo en el mismo espacio.
Mierda, ojalá pudiera quedarse así para siempre.
Desearía tanto no tener que perderla.
—Sasuke—la voz se le oía ligeramente ronca, quizás en parte por el sueño y también, por no mencionar, como secuela de la noche anterior.
De un momento a otro, se vio reflejado en esas perlas tan puras y dulces. Lo cual, a decir verdad, le tomó algo desprevenido y no pudo sino simplemente desviar la mirada fugazmente.
—Duerme—ordenó acunándole el rostro contra su cuello.
Las yemas de sus dedos rozaron su espalda desnuda y Hinata atino a estremecerse.
—Deberíamos vestirnos—su aliento chocó contra la epidermis del gato, y éste apretó los labios ligeramente.
—Cállate—se las ingenió para cogerla de la barbilla y obligarla a verlo directamente—, incluso puedes ser molesta a esta hora de la mañana, huh— la observó detenidamente por largos segundos, y seguidamente estampó su boca contra la de ella.
El beso fue prolongado e insaciable.
Astutamente se colocó sobre ella y sus manos volvieron a perderse entre las curvas femeninas que había sido capaz de explorar concienzudamente la noche anterior.
Tenía tantas ganas de reclamarla nuevamente.
Sentía como si hubiera descubierto una adicción desconocida.
Y no iba a luchar contra ella.
Se las ingenió para aprisionar las delicadas muñecas de la muchacha con su mano sana y con ello evitar que ella hiciera algún intento por escapar de sus caricias. Sin embargo, Hinata no se opuso realmente.
No iba a escapar de él, no tenía la más mínima intención de hacerlo.
No huiría de él.
El gato finalmente estaba mostrando ese lado que ella tanto deseaba conocer. Ese que no era fuerte ni huraño. El lado que representaba su fragilidad y el anhelo por alguien que permaneciera a su lado a pesar de todo.
Los gatos callejeros eran ariscos y desconfiados, usualmente no permitían que otro se les acercara por miedo a ser heridos nuevamente y se alejaban sin la menor vacilación al primer intento de acortar la distancia con ellos. Pero, eso no quería decir que estos gatos preferían quedarse solos el resto de sus vidas. En realidad, los gatos callejeros eran quienes más deseaban hallar una persona que los salvara de la soledad. Su misma agresividad, no era otra cosa que un claro grito desesperado por ser encontrados.
Los gatos callejeros ansiaban ser amados.
Sasuke liberó sus manos y ella aprovechó para dirigirlas hacia la nuca del muchacho. Sus dedos se perdieron entre las hebras oscuras y sutilmente lo rodeó con las piernas. Un ligero cosquilleo se apoderó de sus caderas, pero intentó no pensar demasiado en ello. Si se volvía demasiado consciente, probablemente su corazón se metería en problemas. Después de todo, ningún artículo de los que había leído la había preparado para la "intensidad" de "eso". Afortunadamente, el esfuerzo físico no era mucho mayor que subir una escalera, pero lo que podía ser verdaderamente mortal, no era eso, sino las emociones que conllevaban llevar a cabo tal acto.
Hacer el amor con la persona que amabas, era demasiado abrumador por la felicidad que representaba.
Un sonido agudo resonó.
—Sas…Sasuke—murmuró entre besos voraces y ligeros gemidos contenidos—, ese… fue el… timbre—resopló intentando mantener la compostura.
—Déjalo ser—masculló haciendo un pequeño camino de caricias por la cicatriz de su pecho.
El timbre volvió a sonar.
—Pero…
—Después de un rato debería irse quienquiera que sea— se detuvo para mirarla ceñudo—. Además, no tengo intención de detenerme a la mitad—gruñó.
Ella se sonrojó hasta el nacimiento del pelo.
La campanilla resonó por tercera vez.
—No creo… que esa persona se vaya a ir—alzó un poco la mirada para apuntar en dirección a la entrada y su insistente sonido.
El Uchiha estrechó aún más sus ojos y el molesto timbre llenó el silencio que rodeaba su debate mudo. Finalmente, el morocho dejó escapar un sonoro resoplido y, casi a regañadientes, se despegó de la joven. Fuera quien fuera la persona, iba a matarla. Cogió sus ropas del suelo y vio de reojo como Hinata lo imitaba. Se vistieron tan rápido como les fue posible. Una vez se hubo puesto la sudadera, Sasuke emprendió el paso hacia la entrada de la casa. La ojiazul por otro lado, se apresuró en esconder cualquier rastro de la noche anterior, cosa que fue un tanto difícil tomando en cuenta la debilidad en sus piernas, algo de lo que fue consciente sólo hasta ese momento. Apretó los dientes e hizo un vano intento por disminuir el sonrojo de su cara. Como siguiera así, no sería capaz de ocultar ninguna de sus emociones. Suspiró pesadamente y dejó caer el rostro contra el edredón que inútilmente alisaba con sus manos.
Dios, ahora sí que se sentía bastante avergonzada.
—Por favor, quien quiera que seas, márchate rápido…—suplicó internamente.
Sasuke abrió la puerta.
Unos ojos azabaches lo recibieron y sus pensamientos quedaron en blanco por unos segundos.
—Izumi-san—pronunció un tanto confundido.
—Hola…
Después de todo, no creyó que la volvería a ver luego de la última vez.
—…—su mirada expresó claramente los pensamientos que estaba teniendo, los cuales ella comprendió perfectamente.
—Lo siento, sé que me pediste que no volviera, pero…—bajó el rostro y su labio inferior tembló ligeramente—, como pensé, realmente no quiero huir otra vez—sacudió la cabeza—. Ya no quiero ser débil…—levantó la cara y lo miro fijo—, traje tu almuerzo favorito… o al menos el que yo recuerdo era tu favorito—levantó una bolsa de plástico para mostrársela y una sonrisa un poco incomoda se instaló en sus labios—. ¿Podemos… comerlo juntos? — no parecía muy dispuesta a recibir una negativa de su parte.
El Uchiha permaneció en silencio por unos cuantos microsegundos, salteando su atención entre el objeto y la mujer frente a él. Realmente no entendía por qué Izumi estaba actuando de esa manera. Es decir, un año atrás ni siquiera lo pensó dos veces antes de marcharse y ahora, simplemente no podía hacer lo mismo. Ya sea que genuinamente estuviera arrepentida o simplemente fuera influenciada por los viejos recuerdos que afloraron al regresar a la ciudad, la Izumi frente a él parecía estar un poco fuera de lugar.
Pero no lucía como alguien que estuviera mintiendo.
—Izumi-san…—sus facciones se suavizaron ligeramente.
—Vale, aceptaré que me eches de nuevo—interrumpió mientras ingresaba al interior del apartamento sin ser invitada—, me iré una vez que terminemos esto—apretó el agarre de la bolsa—. Sólo quiero comer contigo Sasuke—se detuvo junto al mueble de los zapatos dándole la espalda—. Déjame actuar como tu hermana mayor por última vez, ¿quieres? —después de eso, aceptaría que ya nada los uniría en esa vida.
Tan sólo esperaba que él aceptara ese capricho suyo.
—Sasuke…—Hinata se asomó desde el cuarto y la mayor no pudo ocultar su sorpresa al verla.
Había permanecido en completo silencio mientras escuchaba el intercambio entre los dos y aunque inicialmente se halló bastante intrigada por la identidad de la mujer que hablaba con su querido gato, lo cierto es que en algún punto sintió que sobraba en la ecuación.
Aún había muchas cosas que desconocía del pasado de Sasuke, y ella no podía simplemente obligarlo a contarle hasta el más pequeño sinsentido del tiempo que no habían compartido. Tarde o temprano sabría todos los detalles de la situación, claro, si es que eso estaba destinado a ser. Pero, no pudo evitar que una pequeña parte de su corazón se sintiera irremediablemente celoso de esa persona que seguramente había visto los lados del Uchiha con los que ella sólo podía fantasear. Por esto mismo, es que tenía la imperiosa necesidad de marcharse, porque no quería interponerse en una conversación en la cual no tenía cabida. La burbuja de felicidad había sido rota con el primer sonido del timbre y era hora de volver a la realidad, que, aunque diferente tras todos los sucesos de la noche anterior, no era inamovible del curso que su destino todavía poseía; por no mencionar, además, el diminuto hecho de que había prometido regresar temprano a casa para dirigirse al hospital.
Algo que todavía no mencionaba a su querido gato, no porque no quisiera, sino porque no había existido el momento adecuado entre tantos sucesos.
—Tú…—Izumi la observó con las cejas alzadas, cosa que hizo despertar a Hinata del bucle de pensamientos en los que se había enfrascado.
Automáticamente la ex novia de su hermano volvió la vista hacia él.
—Hah…— dejó escapar una profunda exhalación.
—Debería irme—susurró la ojiperla mirando ligeramente apenada a la castaña, le dedicó una torpe reverencia y pasó velozmente a su lado, cogiendo su abrigo en el proceso para dirigirse hacia la salida.
Por el momento, la mejor opción era hacer una retirada estratégica, más tarde se las apañaría para hacerle una llamada y anunciarle su estadía temporal en el hospital.
Paró en seco.
Una mano la había tomado fuertemente de la muñeca impidiendo que diera otro paso.
Sus mejillas estallaron.
—No—susurró la voz de su captor—, te dije que permanecieras junto a mí—gruñó.
—Yo…
—Ah… parece… que realmente estoy… interrumpiendo algo aquí—Izumi pestañeó varias veces mientras sus ojos se mantenían fijos en las acciones del menor.
Nunca había visto ese rostro en él.
Por un segundo creyó que estaba frente a un completo desconocido, y se sintió como una idiota que se aferraba a un fantasma. No obstante, algo en su forma de mirar y moverse le parecieron tremendamente familiares, le recordaron a Itachi. Justo en ese momento lucían demasiado parecidos, y sintió muchas ganas de echarse a llorar al comprender por qué parecía estar tan afectada con la similitud entre los dos.
Ah, demonios…
Definitivamente eran hermanos.
—Ya que es la última vez—exclamó sin despegar su mirada de las facciones de Hinata—, debería presentártela, Nee-san…—giró el rostro hacia ella.
Izumi abrió los ojos de par a par.
¿Cómo… la había llamado?
—¿Tú me…?
—Nee-san—un escalofrío la recorrió de pies a cabeza y sus palabras se perdieron en la comisura de su boca—. Ella es Hinata—apretó ligeramente su agarre antes de deslizar sus dedos suavemente para entrelazarlos con los de la ojiperla—. Mi novia.
En ese instante, lo entendió, Sasuke ya no la necesitaba.
—Creo que otra vez he hecho algo innecesario, Itachi— pensó mientras sus facciones se suavizaban y una pequeña sonrisa se asomó por sus labios.
—E-esto… mu-mucho gu-gusto—la pelaizul se mordió la lengua descuidadamente mientras se apresuraba a hacer una profunda reverencia.
La sangre inundó sus mejillas y el calor se alojó hasta la base de su cuero cabelludo. No podía creer que había escuchado semejantes palabras salir de la boca del gato. Pero, aun así, la felicidad que sentía era suficiente para hacerla creer estaba satisfecha por el resto de su efímera vida.
Oh Dios, agradecía tanto estar viva.
—El placer es mío—musitó la mayor respondiendo su cortesía—. Por favor, de ahora en adelante sigue cuidando de él.
Si tenía permitido actuar de forma egoísta por última vez, entonces, definitivamente se esforzaría por actuar como aquello que siempre debió haber sido para Sasuke.
Sería una hermana mayor para él.
Cerró la llave de paso y dejó que el resto del líquido caliente de la ducha se escurriera por su cuerpo. Suspiró sonoramente y seguidamente pasó una mano por sus platinadas hebras para despejarse la frente. Su cabeza dolía un poco y se preguntó si acaso su tolerancia al alcohol estaba siendo comprometida por la edad. Al fin y al cabo, no se hacía más joven cada día que pasaba y la resaca matutina no era la mejor de las sensaciones para un hombre de mediana edad. Definitivamente debía comenzar a cuidar más ese tipo de detalles la próxima vez que se le ocurriera consolar sus propias emociones con unas cuantas cervezas y bocadillos de medianoche. Pero, no es como si fuera a permitir tal comportamiento cada vez que se le rompiera el corazón. Así como ya era mayor para tolerar las consecuencias de un par de copas de más, también era viejo para estar encaprichándose con cosas imposibles.
No se aferraría a esos sentimientos que jamás irían a ningún lado.
—¿Terminaste de ducharte? —respingó al escuchar la voz de Hanare levemente amortiguada por la madera de la puerta del baño.
—Justo acabo de hacerlo—respondió desviando la mirada por unos segundos y no pudo evitar notar la gran cantidad de productos para el baño que había en la habitación.
¿Por qué las mujeres utilizaban tantos tipos de jabón?
—Vale, dejé toallas limpias y un cambio de ropa sobre el mueble—anunció—. Puse a lavar lo que traías.
—Gracias—exclamó mirando los objetos al deslizar la puerta de la regadera.
—Por cierto, cuando termines de cambiarte ven a desayunar—agregó y poco después el Hatake auscultó el sonido de sus pasos alejándose.
Volvió la vista al conjunto deportivo que había dejado para él y alzó curioso la camiseta gris de manga larga.
—¿Por qué tiene ropa de hombre?—murmuró analizando el corte de la prenda.
Hasta donde sabia, Hanare aún continuaba siendo soltera, por lo que era un tanto extraño que tuviese ese tipo de ropa en su casa. Sacudió la cabeza para despejar sus pensamientos, después de todo eso realmente no le incumbía. Seguramente Hanare tenía sus razones para poseer aquello.
Optó por concentrarse en terminar de cambiarse y salir rápidamente del baño para unirse a su compañera de penas, quien dicho sea de paso iba y venía entre la cocina y el comedor llevando platos y cubiertos.
—Vaya, esto es todo un lujo—profirió observando el set de guarniciones y sopa Miso que la mujer había colocado en la mesa redonda del comedor.
—No exageres, sólo son los complementos que mi madre dejó la última vez que vino de visita—explicó mientras colocaba un bol de arroz en uno de los dos puestos que había montado en el comedor—, lo único que estoy haciendo es calentarlo.
—Aunque recuerdo que eras buena en la cocina—apuntó acercándose a ella para ayudarla con la jarra de té. Hanare le agradeció silenciosamente y ambos se dispusieron a tomar asiento—. Creo que nunca te dije lo mucho que me gustaban tus almuerzos.
—Sólo sabía hacer cosas básicas—dijo al tiempo que tomaba los palillos—, supongo que, durante la universidad, una chica que sabía cómo hacer una tortilla de huevo decente y verduras salteadas podía considerarse buena—rio inclinándose hacia el centro para recargar la mejilla contra el dorso de su mano—. Pero… no creí que recordaras ese tipo de detalles.
Kakashi se llevó un poco de arroz a la boca.
—Hmm, no creo que pudiera olvidar algo así—cogió un pedazo de pescado y dio un sorbo a la sopa—, a pesar de todo, es una de las cosas que me gustaban de ti, es un buen recuerdo de ese tiempo—pronunció seriamente.
Hanare enarcó la ceja izquierda y observó fijamente el rostro de su interlocutor. ¿En serio estaba jugando esa clase de carta justo en ese momento? Es decir, qué persona en su sano juicio hablaba tan casualmente de las acciones que le agradaban sobre su ex pareja con ella misma.
—¿Sabes?, a veces suenas como un verdadero idiota—acusó encogiéndose de hombros y el peliplata tosió al atragantarse por sus palabras.
—¿Eh? ¿Dije algo malo?
—Olvídalo, no es como que lo vayas a entender si te lo explico—restó sacudiendo su diestra y luego cogió un bocado de arroz.
—Pues no deberías descartarlo—bufó limpiándose los labios.
—Come.
—Por cierto…—detuvo la trayectoria de sus palillos justo antes de morder un trozo de zanahoria.
—¿Hmm?—Hanare lo miró de soslayo mientras tomaba de su propia sopa.
—¿De quién es esta ropa?—apuntó el conjunto que vestía.
Ahora fue su turno para toser.
—Arg… tú…—rezongó entre cada sacudida.
—Hey, come despacio—regañó y le tendió una taza de té para que aliviara el atragantamiento.
—Hah…—suspiró pasando el líquido a duras penas—. Si eres un idiota—negó levemente golpeando su pecho para recomponerse.
—¿Qué?—ella estrechó la mirada al tiempo que recuperaba el aliento y poco después sacudió la cabeza.
—Además, ¿no sabes cómo secar tu cabello correctamente?—dejó de lado sus cubiertos y se puso de pie para posicionarse detrás del hombre que simplemente no parecía darse por enterado de algunas cosas.
¿En serio no reconocía esa ropa?
Bueno, probablemente tantos años lo habían hecho olvidar esas prendas, sobre todo luego de haber sido usadas sólo una vez en el tiempo que fueron adquiridas originalmente. Sería un poco patético admitir que aún conservaba los pijamas a juego que había comprado unas semanas antes de que rompieran.
—¿Qué estás…?
—No podré vivir en paz conmigo misma si me entero de que hice enfermar a un viejo como tú—cogió la toalla que el Hatake había dejado descansando sobre sus hombros y la dejó caer sobre su cabeza, acto seguido, comenzó a secarle el cabello.
—¿Tienes que hacerlo cuando estamos comiendo?—permaneció quieto a pesar de sus palabras.
—La calefacción no es muy fuerte en esta zona de la casa—indicó sonriendo ligeramente.
—Y dices que yo soy el idiota.
—Hey, no deberías decirle eso a la amiga que te prestó su precioso tiempo para consolarte—reclamó aplicando más fuerza en sus movimientos.
Kakashi rio roncamente.
—Bien, bien, me retracto— levantó las manos.
—Más vale que lo hagas.
Un pequeño mutismo se instaló entre ambos.
—Gracias—él fue el primero en romper el silencio.
—¿Por qué exactamente?
—Por todo, supongo…
—No necesitas hacer eso—farfulló—, además lo importante ahora no es eso—sacudió la mano mientras continuaba con el secado—, lo importante es lo que piensas hacer con ese estudiante tuyo.
—…
—Lo que sucedió ayer… no puedes ignorarlo—le miró fijamente y luego desvió la mirada hacia la izquierda.
—Lo sé—Hanare detuvo sus manos y él aflojó los hombros.
La situación, no era tan sencilla como para hacerlo.
A pesar de que se había mantenido sereno la noche anterior al dejarlos marchar. Lo cierto es que no podía hacerse de la vista gorda luego de que el Uchiha cruzara esa difuminada línea de lo racional.
Como profesor, aún había algunas cosas que tenía que hacer por esos niños. Aún si no era el adulto más confiable, aún si era patético y esquivo, a pesar de todo eso.
Todavía quería dar lo mejor de sí para ayudarlos.
Miró fijamente el techo por lo que parecían ser horas, y tal vez esa noción no sería descabellada considerando que prácticamente no había podido pegar ojo en toda la noche. Por una parte, estaba el dolor de su brazo que, aunque controlado por los medicamentos que le habían suministrado en el hospital, era bastante desquiciante y por el otro tenía un mar de pensamientos que se lo había tragado sin el menor aviso luego de aquella absurda discusión con el autor de su estrés. Simplemente no había podido seguir ignorando las emociones que se revolvían en su interior. Como bestias hambrientas luchando constantemente las unas con las otras. Sabía que no podía seguir aplazando la conversación honesta que se debía a sí mismo y mientras más rápido lo hiciera, mejor sería el pronóstico para sus nervios.
¿Pero cómo podía admitir algo que ni siquiera sabía cómo es que había comenzado?
Nunca fue una persona de muchas razones, pero por algún motivo no era capaz de hablar con ligereza sobre el asunto. Ésta vez, no estaba seguro de querer escuchar a su corazón sinceramente.
Giró sobre su costado y los mechones despeinados de su rubio cabello le cubrieron ligeramente los ojos.
Estaba abrumado.
—Mierda—resopló cerrando los ojos y acto seguido restregó la cara contra la mullida almohada.
¿Estaba bien si lo decía?
Si alguien le hubiera dicho que estaría pasando por ese tipo de cosas, probablemente se habría reído en su cara, pero no tenía ni el más mínimo ánimo para hacerlo ahora.
Quizás todo lo contrario.
—Será mejor que consideres ser franco.
El recuerdo de las palabras que Sakura había dicho la noche anterior en su camino a casa resonaron de pronto en su cabeza.
Naruto abrió los ojos poco a poco.
—¿Por qué debo hacerlo-ttebayo?—murmuró al aire.
—El primer paso para combatir los problemas es admitir que tienes uno.
—No quiero…
—¿Por qué eres tan terco y estúpido?
—Yo también me lo pregunto.
—Demonios, sólo dilo y ya.
—Si lo hago… será doloroso para todos.
—Si sigues haciendo esto, serás el único que salga lastimado…
—Mientras sea el único…
—¡Sólo dilo!
—Me enamoré—musitó llevándose la mano sana hacia los ojos. Si no lo hacía así, sus emociones se desbordarían aún más de lo que ya lo estaban haciendo en ese momento—. Sólo… me enamoré…
Sonrió roto y sus hombros lentamente comenzaron a sacudirse, la risa que brotaba de sus labios parecía más un quejido que una carcajada, pero era liberadora a final de cuentas. Sí, solamente había sido eso. Se había enamorado como un tonto. Su corazón había sido cautivado, aun a pesar de que era algo que no debió haber pasado en primer lugar, no pudo evitarlo. El amor había nacido incluso antes de que fuera absolutamente consciente de su existencia. No obstante, no se sentía del todo feliz al haberle dado un nombre a aquello que lo molestaba tanto. Al final de cuentas sus sentimientos jamás serían correspondidos.
Hinata no podía amarlo.
Su primer amor no estaba siendo demasiado justo y quizás nunca podría olvidarlo por completo. Lo cual, de algún modo era bastante frustrante. Existiendo tantas personas en el mundo justamente tenía que caer por la única a la que no tenía permitido aferrarse. No sólo no podía tomar su mano para alejarla de todo aquello que le hiciera daño, también era incapaz de imaginar un escenario en el cual él pudiera tener al menos una oportunidad de estar con ella. Después de todo, Hinata sólo tenía ojos para Sasuke. Así que eso sólo era prueba irrefutable de lo lamentable que era, definitivamente un amor destinado al fracaso.
Debía aprender a vivir con ello.
Probablemente en esa vida ellos no estaban destinados a ser, el hilo en su mano no llevaba ningún cruce y quizás sus mundos jamás podrían converger al cien por ciento. Sin embargo, por un segundo le gustó la idea de que, tal vez, en algún otro universo—uno bastante lejano—ambos podrían haberse conocido en diferentes circunstancias, unas que quizás pudieran haber sido menos desfavorables y con un poco de suerte adicional hubiesen sido capaces de caminar uno al lado del otro.
Ya sea que esto fuera o no una mentira para calmar sus pensamientos caóticos, se conformó con eso.
Era suficientemente bueno para sentirse satisfecho.
Pensándolo bien, su primer amor era un poco torcido, sí, pero la persona que tenía en su corazón era mucho más valiosa que eso. Ella era la prueba viviente de que el amor era autor de una y mil causas perdidas, y si lo comparaba, su situación era apenas una espina diminuta que no perforaba demasiado profundo en el alma como para matar. Entonces tenía permitido ser un poco condescendiente consigo mismo. Se permitiría estar triste sólo por ese momento. Después de todo, si se quedaba estancado por no poder expresar lo que sentía, sería un insulto para Hinata que vivía fiel a sus propias emociones.
Su mundo no podía detenerse sólo por un corazón roto.
Él tenía toda una vida para volver a enamorarse, sin embargo, ella sólo podía enamorarse una vez en la vida.
El silencio nunca había sido tan incómodo.
Esa hora que habían pasado mientras comían el almuerzo fue tan larga que casi podía jurar haber visto morir a cada uno de los segundos que pasaban. Incluso se había esforzado por entablar una conversación con la señorita Izumi, pero honestamente después de dos oraciones se había quedado completamente en blanco. Tenía muchas preguntas brotando dentro de su cabeza, pero dudaba poder estructurar una de ellas de forma correcta. No quería parecer demasiado entrometida, sin embargo, estaba curiosa por el origen de su relación. Desde luego, se notaba que ella formaba parte del pasado que Sasuke guardaba celosamente dentro de sus memorias. Un pasado al que aún no se le permita acceder pese a todo lo que había sucedido. No obstante, fue gracias a esa persona que tuvo la oportunidad de conocer una nueva cara de su querido gato callejero. Su tono de voz era ligeramente distinto, más suave y cómodo, aunque no menos certero y contundente. El brillo en sus ojos también era diferente, se atrevería a decir que era más parecido a la nostalgia que al reproche. Y, sobre todo, pudo ver cuán deslumbrante lucía ese lado que nunca había conocido. Desconocía qué lo había hecho cambiar tanto de un momento a otro. Después de todo, era un giro de 180° si lo comparaba con el Sasuke de hacía dos días atrás. Era como si hubiera dejado de lado una pesada cadena y gracias a ello fuera capaz de andar más ligero. Quizás él no era del todo consciente de este cambio, y ni siquiera estaba segura de haber descifrado apropiadamente las diferencias entre uno y otro. Pero sin dudas, no era el mismo, y eso sólo la hacía sentirse terriblemente intrigada.
Además, aún tenía la cabeza en el aire tras la declaración del Uchiha.
Jamás creyó posible que él admitiera algún tipo relación entre los dos de buenas a primeras y, sobre todo, de forma absolutamente unilateral. Si bien estaba feliz hasta el más pequeño de sus átomos, y lo cierto es que se sentía un tanto perdida con todo eso.
¿Realmente estaban saliendo ahora? ¿alguna vez él había pensado en preguntarle correctamente ese tipo de cosas? En realidad ¿cuál había sido su relación todo este tiempo? Había tantas preguntas dentro de su mente que apenas si comió un par de bocados antes de que el tiempo se agotase. Le gustaba pensar que el muchacho sólo quería ahorrarse el engorroso proceso de una relación tradicional y simplemente había declarado su estatus a la única persona con la que, aparentemente, tenía una conexión en este ruinoso mundo.
No era capaz de dimensionar completamente los estragos que aquello le causaba por dentro.
¿La felicidad podía matar a una persona?
De algún modo, no lo quería averiguar.
—Ah, supongo que es hora de irse—la voz de Izumi la trajo de vuelta.
Hinata desvió la mirada hacia el reloj de la pared y éste marcaba un cuarto para la diez, también era hora de que ella se marchase.
La castaña se puso de pie y silenciosamente se colocó el abrigo. Sasuke la siguió hasta la entrada del apartamento y la Hyuuga simplemente atinó a imitarlo.
—No vuelvas a invadir la casa de un extraño en el futuro Izumi-san—advirtió el moreno.
—No eres un extraño, pero supongo que debo prometerte eso—se encogió de hombros y acto seguido se calzó los zapatos—, fue un placer conocerte Hinata-san—sonrió acomodándose un mechón tras la oreja.
—El placer fue mío—cabeceó en una torpe reverencia.
—Desearía haber podido conversar apropiadamente contigo, lamento que no fuera así—exclamó parándose bajo la luz de la entrada.
—¿Eh? Yo…
—No hay necesidad de que digas ese tipo de cosas Izumi-san—el ojinegro la interrumpió y la mujer posó sus ojos en él.
¿Había sido una ilusión el comportamiento de antes?
—Lo siento, eso está fuera del límite, ¿verdad? —sonrió un poco avergonzada—. Me dejé llevar.
—Ten un viaje seguro—deseó la peliazul.
—Gracias—asintió girándose para abrir la puerta.
Se detuvo.
Un peligroso pensamiento cruzó por su cabeza. Se mordió el labio inferior y sus dedos se apretaron alrededor de la perilla. Probablemente sería reprendida por sus siguientes acciones, pero honestamente no le importaba demasiado.
Giró.
—¿Huh?—Sasuke respingó al verla encararlos repentinamente.
—Yo… cruzaré el limite por última vez—anunció mirándolos fijamente a cada uno. Metió la mano dentro de su bolso y extrajo una pequeña tarjeta azul del interior—. Tal vez estoy siendo codiciosa en éste momento, y eres libre de tirarlo si así lo deseas—pronunció cuidadosamente—. Pero… sería muy feliz si conservas este número—relamió sus labios al sentirlos un poco secos—. Prometo no cambiarlo, así que puedes tomarte tu tiempo para llamar—le extendió el trozo de papel.
—No lo necesito—gruñó y la mujer atinó a rodar los ojos y echar un leve suspiro al aire.
—Sólo tómalo—insistió moviendo las manos velozmente para atrapar la sana del morocho y colocar la opalina en su palma.
—I…
—No lo estoy haciendo por ti—interrumpió—, esto es sólo un acto totalmente egoísta y unilateral de mi parte—soltó—, ya sabes… siempre actúo a mi propia conveniencia—masculló esbozando una leve sonrisa—. No necesitas pensar demasiado en la razón detrás de mis acciones, sólo digamos que me estoy aferrando al pasado como una anciana terca—rio emprendiendo el camino.
Sin embargo, todavía era joven.
Sasuke observó fijamente la caligrafía del pedazo de papel. En otra ocasión, lo hubiera tirado sin siquiera dudar, pero, por algún motivo, no quiso hacerlo.
—Izumi-san…—llamó al tiempo que salía de la casa tan rápido que sus zapatos estaban un poco torcidos.
La susodicha se paró a mitad del pasillo.
—¿Hmm?—viró apenas un cuarto la cintura para verlo.
—Ésta vez debes vivir bien.
Izumi abrió los ojos, estaba sorprendida.
—Lo haré—pronunció—, tú también… debes vivir bien, Sasuke—levantó la mano para hacer un gesto de despedida—, adiós.
—Adiós…—susurró correspondiendo sus acciones—. Nee-san…
Ah, definitivamente había hecho algo que estaba demás.
Ese era el final.
Izumi apretó los labios y usó toda la fuerza que le quedaba para no dejar escapar sus lágrimas, sacudió la cabeza en un asentimiento silencioso y poco después volvió a darle la espalda para continuar caminando por el largo pasillo que estaba plagado de todos sus recuerdos en cada recoveco. Las risas, los llantos, las palabras dulces, las discusiones, las memorias felices y cálidas, así como también las tristes y dolorosas. Cada una le pasaron por el costado, como fantasmas que se llevaban consigo todos esos años compartidos hacia el fondo de su corazón para ser sellados.
Estaba bien con eso, su lugar ya no estaba más en esa casa, esa ciudad y esa persona, debía seguir adelante.
Y eso haría.
Por él, por Itachi y por ella.
Ya no seguiría pensando más en el pasado. Tenía que aprender a continuar en un mundo que nunca sería igual sin ellos, un mundo que sólo la tendría a ella para seguir caminando hacia delante.
Sonrió y se aferró a la correa de su bolso.
Sus pasos retumbaron, pero jamás se detuvieron de nuevo, y así, tan simple como eso, Izumi se marchó.
Quizás otra vez no sería capaz de volver a verla por un tiempo, había personas que debían separarse para poder seguir viviendo adecuadamente en éste mundo y aparentemente ese era su destino. Aunque eso no quería decir que era algo definitivo, la vida era bastante impredecible y no había garantía que sus caminos nunca se cruzarían nuevamente en el futuro. Quizás, si tenían suerte, podrían coincidir el uno con el otro cuando fueran alguien nuevo y más maduro, cuando hubieran reparado todas las grietas que poseían en sus corazones, cuando fueran menos egoístas y poco más sensibles con su entorno y la gente que los rodeaban.
Sí, probablemente tendrían una oportunidad para acercarse cuando ambos fueran más humanos que ahora.
Sasuke cerró sus ojos y aferró la mano entorno a la tarjeta.
Por algún motivo, se sentía bastante tranquilo ahora.
Respingó al sentir una calidez ajena en su diestra. Abrió sus orbes y miró hacia abajo sólo para encontrarse con un par de perlas que lo miraban fijamente. Hinata lo miraba con una expresión extraña, como una especie de mezcla entre la comprensión y el aliento. Ella no dijo nada, pero sus acciones eran una muda afirmación de que ahora no estaba solo.
Él podía contar con su apoyo.
Supo que ella comprendía un poco sus emociones en ese momento, aun y cuando él se había mantenido bastante hermético al respecto. Sabía que debía darle una explicación adecuada, pero eso le tomaría un poco más de tiempo.
Aún era nuevo en esto de ser honesto.
—Volvamos adentro—exclamó entrelazando sus dedos con los de ella.
Dio un paso al frente, pero se detuvo al notar que ella no lo siguió. Fue entonces que reparó en el abrigo que ahora llevaba puesto.
Hinata apretó los labios y desvió nerviosamente la mirada al suelo.
—En realidad…—comenzó y él la escudriñó con la mirada—. Yo también tengo que irme ahora—murmuró.
Sasuke estrechó los ojos y se inclinó un poco hacia ella para tener una mejor visión de su rostro.
—¿Por qué?—indagó serio.
Observó fijamente como sus pestañas se movían como las alas de una mariposa y también la forma en que su sangre inundaba ambos pómulos. Parecía estar algo avergonzada y dubitativa.
¿Ella siempre fue así de linda?
—Para ser honesta…—susurró nerviosa—, hoy…—jugó con uno de sus mechones y esto le pareció bastante extraño.
¿Por qué nunca se había detenido a mirarla apropiadamente hasta ahora?
Ah, demonios…
Quería besarla.
No, para ser simple, en realidad quería hacer más que eso.
Quería continuar con lo de la mañana.
—¿Qué es?—se controló lo mejor que pudo.
No podía darse el lujo de actuar tan impasible y descarado. Incluso él sabía que sus acciones eran desconcertantes en éste punto. Era muy distinto a su comportamiento usual, y eso se debía por lejos al hecho de que había eliminado el filtro que se había auto impuesto todo ese tiempo. No estaba dispuesto a continuar reteniendo sus verdaderas emociones, mucho menos después de todo lo sucedido.
Si alguien quería tacharlo de loco, podían hacerlo.
—Hoy voy a internarme en el hospital—sus palabras lo tomaron con la guardia baja y una punzada le atravesó el corazón.
Su agarre se aflojó un poco.
—¿Qué…?
—En realidad, se supone que debí haber ingresado un par de días después de salir de vacaciones, pero le rogué a mi padre que lo aplazara hasta después de mi cumpleaños—explicó—, sin embargo, él insistió que debería ser justo al día siguiente de éste o no lo permitiría y…—una nueva flecha lo atravesó.
Espera, ¿el cumpleaños de quién?
—Detente—profirió y ella calló súbitamente.
—¿Huh?
—¿Cumpleaños?—la miró ligeramente estupefacto—, ¿de quién?
—Mío—ella ladeó el rostro confundida.
—¿Cuándo?
—Ayer…
Esa revelación fue como un balde de agua helada.
De pronto, todos los recuerdos del día anterior lo abrumaron terriblemente. La culpa se mezcló con la vergüenza y de un momento a otro se vio bastante abrumado como para ser capaz de mirar su rostro.
—¡Tú…!
—¡Ah! ¡No!—lo soltó para elevar las manos y hacer un pequeño aspavientos—, ¡No lo digo ahora para reprocharte algo!—aseguró—, simplemente no tuve oportunidad de contarte al respecto—insistió—, no quería ser pesada—agregó sonrojándose.
El muchacho frunció el entrecejo.
—¡Aún así…!—gruñó, pero decidió moderar su tono al darse cuenta que iba a comenzar a gritar—, aun así… deberías haberlo mencionado—reclamó—. "Así no habría actuado como un imbécil"—añadió dentro de sus pensamientos.
Ella enarcó ambas cejas y luego desvió la mirada hacia la izquierda. Entrelazó sus manos de forma ansiosa y dudó un poco en cómo tomar aquello.
Era difícil acostumbrarse después de todo.
—Lo siento—esbozó una pequeña reverencia—, no quería molestarte ni nada parecido.
—¿A qué hora?
—¿Eh?
—Pegunté: ¿A qué hora?—repitió chasqueando la lengua—. ¿A qué hora tienes que estar en el hospital?
—Oh… considerando el tiempo para ir a casa desde aquí… alrededor de la una—miró el reloj de pulsera que llevaba consigo—. Si cojo el bus ahora, debería ser capaz de llegar a tiempo.
Respingó.
Su cuerpo se sacudió de pies a cabeza.
Velozmente dirigió sus ojos hacia la mano que osadamente había capturado la suya y contuvo la respiración apenas un segundo antes de que él comenzara a tirar de ella para remolcarla a través del pasillo.
—¿Sa…Sasuke?
—No vuelvas a guardarte éste tipo de cosas—ordenó—, aún si te vuelves una molestia, no lo hagas.
Probablemente esa petición era un poco hipócrita de su parte.
—Va-vale…—su corazón comenzó a acelerarse—, ¡Ah! Espera… tu abrigo…
—Olvídalo—tajó llevándola escaleras abajo—. No hay tiempo para eso.
—Pero te enfermaras—replicó—, nevó durante la noche y debe estar helando ahora, tu ropa no es tan gruesa para…
—Olvídalo—redundó—, te llevaré a la parada aún si debo cargarte—pronunció.
—¡¿Qué?!—gritó deteniéndose un poco y él gruñó tirando de su mano para que siguiera avanzando—, eso… eso no es necesario.
—Entonces camina—rodó los ojos, aunque una ligera sonrisa torcida adornó sus labios.
Sería interesante ver su reacción si cumplía la amenaza.
—Bien…—bajó el rostro y pudo jurar que el corazón le pitaba en las orejas.
El Uchiha ciñó el agarre de sus dedos aún más fuerte de los que ya lo estaba haciendo.
—¿Cuánto?—inquirió mientras salían del edificio.
La nieve se había acumulado un poco, aunque no demasiado.
El cielo estaba despejado.
—¿Eh?
—¿Cuánto tiempo estarás internada?
—Ah, serán sólo dos semanas—pestañeó un par de veces—. Debería estar de vuelta para el inicio del último trimestre si todo marcha bien.
Algunos coches avanzaban por la calle y los arboles de las banquetas lucían especialmente brillantes por el hielo en sus ramas.
—Yo…—musitó—. Iré a verte.
—¿Qué estás…?— fijó inmediatamente su mirada en la espalda de él.
—No actúes tan sorprendida—reprochó sin siquiera voltear, pero podía apostar que tenía esa clase expresión en su cara—. Estoy diciendo que iré a verte, así que sólo cállate, no hagas un alboroto por eso.
—Pero…
—¿No quieres que lo haga?
—¡N-no me refiero a eso!
—Entonces no digas nada—masculló y la joven sintió que el corazón se le paraba al notar el rubor que se acentuaba en la parte trasera de sus orejas.
¿Acaso era posible que él estuviera avergonzado?
Eso debía ser una especie de ítem raro. Algo que sólo podía pasar una vez en la vida. Sin embargo, a pesar de que estaba siendo testigo de algo totalmente asombroso, ni siquiera era capaz de admirarlo en todo su esplendor. Seguro que terminaba siendo regañada si le pedía que mostrara su rostro en ese estado.
Cosa que la hizo reír por lo bajo.
Había tanto que aún no conocía de él. Tantas caras nuevas que ni siquiera podía imaginar. Sus sueños nunca le harían suficiente justicia. Su querido gato callejero era tan fascinante. Había tantos lados nuevos que sencillamente no creía que pudiera ser capaz de conocerlos todos.
Jamás lo conocería al cien por ciento.
—Estaré esperándote—prometió con un tono bastante dulce.
Sasuke redujo la velocidad al doblar en la esquina.
Si se apresuraba demasiado, llegarían muy pronto a la parada y si llegaban tan rápido, tendría que soltar su mano. No quería hacerlo todavía. Deseaba poder extender el camino. Eran alrededor de tres calles hasta el punto donde los autobuses hacían su parada, por lo cual, si reducía la velocidad en ese momento, tendría cinco minutos más de los que se hacían normalmente. Seguramente en otra ocasión se hubiera molestado por permitirse tener ese tipo de pensamientos, pero desde que había despertado había algo que lo estaba molestando de sobremanera. Y no era otra cosa más que el insaciable anhelo que lo estaba carcomiendo por dentro. Como si de pronto se hubiera vuelto un adicto y necesitara desesperadamente de la droga para tranquilizarse. Lo peor de todo, es que la droga en cuestión se había vuelto absurdamente atractiva desde esa mañana. Sin embargo, primero muerto antes que admitir lo irracional que se estaba volviendo por causa de la Hyuuga.
Definitivamente no había sido bueno tratar de ser honesto.
Pero, a pesar de ello, no podía ignorarlo.
Quería estar un poco más con Hinata
Al final de cuentas, su tiempo juntos era limitado.
Ella no estaría ahí para siempre y su calor podía desaparecer en cualquier momento. Ni siquiera tenía garantizado un día más. Había comprendido que la muerte era impredecible y nadie escapaba de sus manos. Sin importar la salud, edad o circunstancia. Todos tenían un tiempo para permanecer en ese mundo. Una de las cosas más bellas de los humanos era precisamente su efímera existencia. Quizás nunca habría pensado así si no se hubiera encontrado con ella. Gracias a eso, es que era capaz de ver lo valioso que era el tiempo que podías pasar al lado de una persona. Al fin y al cabo, ninguno de ellos sabía cuánto duraría eso. El final podía estar lejos, o bien, incluso podía suceder en unos segundos. Lo único de lo que podía arrepentirte realmente, era de las decisiones que tomaba por sí mismo. Porque cuando lo hacías, tenías todo el poder del mundo para dirigir tu vida por el camino que desearas. Bueno o malo, dulce o doloroso, sólo una persona tenía el poder de ser feliz o miserable según sus elecciones.
Sólo él podía escoger que tanto sufriría.
Se había prometido que ya no huiría más.
La amaría como si fuera a perderla en cualquier momento, y también se aferraría a ella sin ninguna vacilación. No se despediría, jamás pronunciaría esas palabras que tanto odiaba. Si llegaba el momento de separarse, simplemente tendría que apresurarse para buscarla en la siguiente vida. No estaba dispuesto a vivir por nadie, pero no la insultaría de nuevo dejándose morir descuidadamente.
Aún si debía continuar en un mundo donde ella ya no estuviera, él seguiría viviendo.
Esa era su promesa.
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Voy a abrazarte, como si esto fuera un adiós.
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.-*+*-.
Continuará
'-+*+-´
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Espero que les haya gustado. Muchas gracias por sus reviews, Follows, y Favs. Me alegra saber que les gusta esta historia, en serio. Lamento los errores, trataré de corregirlos.
He estado bastante ocupada estos meses, desafortunadamente tengo un trabajo muy absorbente y que en estos tiempos es especialmente duro. Espero que el episodio sea de su agrado y también, contribuya un poco a aligerar el ambiente que estamos viviendo por la situación global. En mi caso, este es mi único consuelo ya que, por cosas del destino, una persona que amo mucho tiene que exponerse todos los días a ese mal que ahora nos aqueja.
Deseo que todos salgamos juntos de ésta contingencia y, aunque yo no puedo permanecer en casa por el trabajo que tengo, espero que ustedes sigan resguardándose en sus hogares. También sería muy feliz, si algunas de mis historias los ayuda a sobrellevar esto. Seguiré esforzándome, y continuaré escribiendo hasta ser capaz de terminar mis proyectos.
#YoMeQuedoEnCasa
Sin más por el momento. Esperaré ansiosa sus comentarios.
Akari se despide.
Yanne!
