Disclaimer: ninguno de los personajes de Naruto me pertenece.

Advertencia: lenguaje vulgar, violencia, lime, muerte. AU (en el mundo ninja).

Notas: los hechos son cambiados a mi gusto, algunas de las cosas del anime son respetadas en la historia, muchas otras no.

"..." escenas superpuestas


Parte III:

Fly.

Llevaba al rededor de tres días en el hospital, estaba muy herida y su hombro era lo que más tardaba en sanar.

Contaba con las recurrentes visitas de Hinata y Sakura, incluso Nobuo y Kakashi se pasaban se vez en cuándo. Aunque por supuesto, él que más había estado presente era Shikamaru.

[Tres días atrás]

Llegar había sido un trabajo duro, se habían movido en camada ya que, los pocos sobrevivientes que quedaban, habían decidido seguir al hombre y a la mujer que habían acabado con su líder.

La mayoría estaban heridos, incluyendo al grupo en Konoha.

Finalmente, tras días de caminata, las puertas de Konoha se alzaron imponentes ante ellos.

La castaña inhaló aquél aroma a hogar que rodeaba a su aldea, a lo mejor eran solo ideas suyas, pero realmente había extrañado Konoha, no había pensando más que en ello.

Lo primero que hicieron fue agrupar a los ex-miembros del 'Clan Sandorōzu', y escoltarlos a las celdas, no hubo protestas de por medio, la mirada de Nobuo había sido suficiente.

Tras esto, Sasuke y Kiba se dirigieron a la torre Hokage a dar el informe de la misión. El resto fue al hospital.

Las noticias de su llegada se esparcieron rápidamente, y antes de que pudiera notarlo, tenía a Boruto, Ino, Kakashi, Aii y Shikamaru intentando entrar a su habitación, incluso antes de que su revisión comenzara.

No pudo hablar con nadie en ese momento, puesto que la habían dormido.

Al despertar lo primero que vió fue a Shikamaru plácidamente dormitando; estaba en casa.

[Actualmente]

Aún sentía la calidez de sus labios sobre su boca, sus dedos enterrados entre sus hebras castañas y la calidez de su mano contra su nuca. La había besado con vehemencia, con temor y cariño.

Sabía por lo pronto, que Aiichiro (ahora Nanami por lo que había entendido), estaba dispuesta a restaurar su clan, incluso con los que eran de linajes ajenos al suyo, puesto que su lealtad había sido colocada ciegamente en la familia Sandorōzu. Nobuo había decidido ser parte de ella, asegurando también, que la mayoría de los que estaban allí eran sólo ladrones simples que necesitaban ser guiados por alguien firme.

Las cosas por extraño que fuera, finalmente habían acabado. Un equipo especial cumpliría con llevar los objetos robados a sus respectivos dueños.

—Me ofrecieron quedarme con el abanico de Temari —le había dicho el Nara tiempo después de despertar. Sabía lo importante que era para él, por lo que se sorprendió en cuanto le comentó que lo había rechazado—. Es tiempo de que la deje descansar —agregó—, Nanami se lo llevará a Gaara en cuanto regresen a la arena.

No podía negar, que la joven le agradaba bastante. Por lo que le resultaba una pena que se fuera, más aún sabiendo que también había sido amiga de Temari.

—Dijo que nos mantendremos en contacto —murmuró él, mientras sostenía un bolso con su ropa. Por suerte le habían dado el alta, aunque tenía prohibido realizar cualquier actividad que requiera hacer uso de su brazo herido; eso sin duda alguna la tenía de los nervios, "nada de entrenamientos, nada de limpiar o forjar armas" le había dicho la mujer del Uchiha—. Sea lo que sea que signifique eso.

—Quiere ser tú amiga, Shika —se burló. Él vagamente recordaba aquél beso que había surgido producto del alcohol, aún cuando ella se había disculpado torpemente, diciendo que estaba confundida creyéndo que de esa forma estaría cerca de la rubia, seguía sintiéndose avergonzado—. Vamos a casa.

Esas palabras le produjeron calidez en el pecho y en la boca del estómago, la había extrañado mucho, había tenido miedo. Pero al final, la vida había decidido darle una oportunidad más luego de haberse esmerado en reírse en su cara, y finalmente la tenía frente a él otra vez.

Sujetó su mano con firmeza mientras abandonaban el cuarto. Después de esa terrible tormenta, su corazón comenzaba a sanar por completo.

[...]

—Ven conmigo —parpadeó confundido, en su ojo onix debió de notarse su confusión, ya que la mujer no dudó en seguir hablando—. Me gustas, Kakashi, ven conmigo.

Aquello lo había tomado desprevenido, no esperaba que la mujer más cabezadura que había visto en su vida, le estuviera pidiendo que se fuera con ella a quién sabe dónde. No es eso le molestara, realmente disfrutaba pasar su tiempo con ella, pero abandonar a sus amigos, a sus alumnos, esos que sin esperarlo se habían convertido en su familia y poco a poco, habían ganado un lugar en su corazón.

—En la mañana nos iremos a Sunagakure, tienes hasta entonces para decidirlo —depósito un casto beso en su mejilla que provocó rubor en ambos.

Saltó hacia un tejado y se marchó, supuso que aún tenía muchas cosas que empacar antes de abandonar la aldea.

Fue entonces que decidió que era momento de charlar con quién en esos meses, se había convertido extrañamente en su mayor confidente.

Al menos también, podía asegurarse de que estaba bien.

Hurricane

Cuándo abrió la puerta de su nuevo hogar, se sorprendió al ver al antiguo maestro del equipo siete postrado allí. Sabía que eran amigos, lo había notado en Nendo y mucho después de eso, pero de todas formas ardía de celos.

—¡Kakashi! —la voz alegre de la castaña lo obligó a salir del umbral de la puerta, el peliplata interpretó aquello como una invitación y él no pudo objetar nada cuando finalmente, lo tenía de pie en medio de su sala, abrazando a su mujer.

Carraspeó.

—Oh, me alegra verte también, Shikamaru —dijo el mayor, sonriendo debajo de su máscara—. Se lo veía muy preocupado por ti —agregó, con intención de fastidiarlo.

Cosa que claramente había logrado, su rostro se sentía caliente.

—Me alegra mucho que estés a salvo —finalizó. El gesto afectivo dió por terminado y el hombre decidió declarar las intenciones de su visita.

Mientras ponía al tanto a la experta en armas, él se dedicó a preparar el té que tanto le gustaba. Se había adaptado con facilidad a la casa de su novia, pasar tiempo con ella allí e incluso cuándo la habían llevado, le había servido para también, notar lo vacío que se sentía cuando ella no estaba.

—Si la quieres deberías ir, si es lo que te gustaría hacer, claro —la oyó decir—. Si no, podrán seguir siendo amigos.

—¿Y tú Tenten? ¿Lo quieres? —no tenía que ser un genio (aunque claramente lo era), para notar que hablaban de él.

—Si, mucho.

Ya casi había olvidado lo bien que se sentía ser correspondido. No había mentido aquella vez cuando le dijo que la quería de forma diferente, aunque comenzaba a creer que "querer" quedaba corto.

Una vez terminada la bebida, regresó a su lugar junto a la castaña, depositando un beso sobre su sien antes de comenzar a servir el té.

Mientras la tarde pasaba, concluyó que incluso decir que la amaba no bastaba para decir lo que sentía.


En la tarde estaré subiendo el último capítulo y quizá, el epílogo. Sin más que decir, ¡nos leemos!