Mansión Cullen — afueras de Forks — Lunes 28 de diciembre de 2009 — 6:03 PM
Carlisle y Esme miraban abstraídos la escena ante ellos.
Bella y Edward sostenían cada uno a una niña y le deban sus biberón, ellas miraban fijamente a cada uno de sus progenitores respectivamente y ellos le devolvían una mirada cargada de cariño y devoción.
Esme no podía evitar suspirar cada pocos segundos. Nunca había imaginado que su hijo fuese tan feliz, pero Bella le había dado esa felicidad, pero no solo a él, a toda la familia. Esos rayitos de sol que tenía por hijas habían iluminado a cada uno de los miembros de su familia sacando lo mejor de ellos mismos.
Jasper había descubierto sus afición a la fotografía gracias a la insistencia de Alice porque les tomase fotos a cada momento, "porque los bebés cambian constantemente" eran sus palabras exactas.
La misma Alice había descubierto que estar sentada y sin hacer nada más que mirar dormir a sus preciosas sobrinas era bueno, más que eso, relajante. Después de hacerlo se sentía igual que después de haber dormido una buena siesta.
Rosalie había descubierto su instinto maternal, estaba intentando lavarle el cerebro a Emmett para que ambos tuviesen un hijo, algo a lo que él estaba dispuesto, "pero primero tendremos mucho que practicar" palabras textuales, acompañadas de varios movimientos sugestivos de sus cejas.
Emmett había descubierto que también puede ser tierno y dulce cuando la situación lo requiere, después de las suplicas de Bella para que sostuviese en brazos a las bebés al menos durante dos segundos, alegando que no las rompería, él le había cogido gusto, y siempre que podía tenía a una de ellas en su regazo y se dedicaba a hacer muecas extrañas y observando las reacciones de la pequeña ante ellas.
Carlisle volví a revivir cada momento con sus tres hijos… para él esas niñas eran una bendición y algo que marcaba un antes y un después en la familia Cullen.
Y Esme… Esme no cabía en sí de gozo. Para ella compartir tiempo con esas niñas era un regalo, y ver como toda su familia se implicaba por ellas era lo mejor que podría pasar.
El sonido del teléfono móvil de Carlisle hizo que todos se sobresaltaran, hasta las bebés, que abrieron sus pequeños ojos desmesuradamente a causa de la sorpresa.
Carlisle se alejó para atender la llamada, ya que era del trabajo. Volviendo minutos después con un semblante extraño. LA noticia que le acaban de dar no debería alegrarle, aunque en el fondo lo hacía… se sentí un poco mal por ello. Él había jurado una ética médica, y no debía de alegrarse por el sufrimiento de las personas por mucho que estas lo mereciesen.
— ¿Algún problema cariño? —preguntó Esme preocupada.
— Nada de lo que preocuparse —dijo é con una sonrisa tranquila— Un traslado de un paciente, ¿Edward podemos hablar? Ahora… debo irme al hospital.
El aludido asintió y dejó a la pequeña Emma en los brazos de su abuela Esme, ganándose una sonrisa de parte de ambas. Siguió a su padre hasta su estudio y Carlisle mostró un gesto contrariado.
— ¿algún problema papá? —hizo la misma pregunta que su madre.
— No realmente —susurró Carlisle— van a trasladar a un paciente al hospital, creí que debías saberlo.
Edward frunció el ceño confundido.
— ¿De quién se trata? —preguntó.
— Michael Newton —dijo Carlisle con voz solemne.
Edward parpadeó un par de veces mientras asimilaba el significado de esas palabras.
— Supongo que avisarán a Charlie y Jasper, por el juicio y la orden de alejamiento que tiene con Bella —continuó Carlisle.
— ¿qué… qué le ha pasado? —preguntó Edward.
— Le han dado un paliza… por segunda vez debo decir… —dijo Carlisle con una medio sonrisa— y en lugar de ir a la enfermería se metió tres gramos de cocaína… sobredosis… ahora está coma.
Edward suspiró y se rascó la frente… que estuviese en coma lo dejaba más tranquilo, no había posibilidad alguna de que escapase del hospital e intentase algo contra Bella o las niñas.
— Gracias… por avisarme digo —dijo Edward aturdido mientras se giraba para abandonar el despacho de su padre.
— Hay algo más —dijo Carlisle cuando Edward estaba a punto de salir de la habitación— tiene el ano desgarrado.
Edward palideció al oír la última información… eso solo tenía un motivo posible. Y aunque esa escoria se lo merecía por todo el daño que le provocó a Bella, no era algo que se le pudiese desear a nadie.
— No le digas nada a Bella… —susurró Edward— prefiero hacerlo yo.
— Como quieras hijo… pero recuerda que ella debe saber —le aconsejó Carlisle.
— Lo sé.
