Capítulo XVI


Severus acomodó los libros infantiles en el estante y se acercó a la ventana. Habían sido un largo tiempo de trabajar en la Mansión Black para poder ser habitada, pero al pocionista le agradaba estar en ella; por lo menos el tiempo que no revisaba las labores de limpieza y arreglo en Hogwarts.

Ahí en Grimmauld Place, poseía su despacho desde donde ayudó a muchos estudiantes a graduarse o pasar al siguiente año. Por supuesto que eso no lo hizo solo; otros profesores y amigos, –entre ellos Remus– le ayudaron en esa labor.

Severus vio a su hija adoptiva jugar con uno de los elfos que Sirius compró para su servicio y terminó de acomodar los libros en el cuarto de esta. Luego salió, rumbo a la sala del piso principal.

Sirius acomodaba un par de pergaminos y el pocionista al verlo, mencionó:

–¿Te has quedado pobre?

El animago se rió.

–No. Las inversiones si bien no han aumentado, tampoco han disminuido y en los tiempos que vivimos, ya es más que suficiente. Además las cámaras siguen llenas.

–¿A pesar de los gastos para ayudar a los estudiantes?

–Si para eso solo se vació una a la mitad. Créeme Sev, también la ayuda de los Malfoy no fue poca.

–Si. Que bien.

–Lo ves. Y muchos de tus estudiantes se graduaron.

–Por lo menos los que seguían vivos.

Sirius suspiró y dejó su labor para concentrase en su pareja.

–No te culpes como los hace Theo. Nuestra hija no es un Kakuseisha y si por nosotros es, nunca lo será.

–Lo sé. Sin embargo ahora que sigo más de cerca la investigación y he reunido las noticias y entrevistas de los ataques de esos Despertados, pero que digo no dejan testigos, son como una plaga que acaba con todo. Y eso incluye a las Claymore que con trabajo los mantiene a raya.

–Lo imagino y eso que no he estado husmeando en tus pergaminos, pero si aún existen esos tres quiere decir que ni los Inefables ni sus guerreras han podido acabar con uno solo de ellos.

–Exactamente. Ahora me siento más egoísta por traer a Irene.

–No lo hagas; ella luchó tanto por sobrevirar.

–Pero... la sentenciamos a un futuro con esa posibilidad.

–Sev, escúchate. Irene tiene un futuro y a nosotros en él para buscar una solución.

Severus sintió que su mano era aferrada y dejó que Sirius lo atrajera en un apretado abrazo.

–Irene perdió a sus padres antes de que su único tío muriera en el callejón. Tal vez igualmente sería una Claymore, pero sin nosotros para amarla y protegerla.

Severus no respondió. Sintió los labios del Black posándose en los suyos.

Se besaron un momento antes de que los gritos emocionados de su hija los interrumpiera y Snape dijera.

–Hay que alistarnos. Debemos estar en la Madriguera en veinte minutos.

–Espero que Molly haya preparado jugo de calabaza. Hace calor.

–¡Si! – coreó Irene.

El pocionista sonrió ante la desfachatez de ese par.

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Los certificados de las niñas recién nacidas fueron llegando de acuerdo a la fecha de nacimiento. Hermione vio el de su hija Miria y suspiró aliviada. Fue hasta Ron que arrullaba a su hija y le dijo:

–Todo normal Ron; bueno todo mágico. No hay línea yōma...

–¿Entonces? Yo no imaginé ese tiempo y su apariencia.

–Si. Lo estuvimos hablando Theo, Severus y yo.

–De eso discutiremos hoy.

–Si. Les diremos lo que sabemos. Vamos.

Ronald siguió a su esposa, sin dejar de vigilar que su nena no despertara.

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Dudle bajó con cuidado ayudado por Fred. Molly ya traía a Helen en brazos y le daba su biberón.

–Cariño. Descansa un rato en la sala y cuando lleguen los demás que Fred te ayude a salir.

El rubio asintió; sentándose en el sofá. Y ofreció:

–Puedo alimentarla yo. Sé que aun tiene cosas que hacer.

Molly entregó a la bebé a su gestante y llamó a Fred para que le ayudara a sacar las sillas.

Ginny bajó y vio a su cuñado, así que corrió a ver a su sobrina; después de todo Dudle llevaba viviendo en la Madriguera todo su embarazo y la pelirroja se acostumbró al rubio y lo aceptó como parte de la familia.

Ginny se inclinó y acarició la regordeta cara de Helen.

–Está hermosa y si sigue comiendo así, crecerá rápidamente.

–Si verdad. –comentó Dudle.

–Bueno si veo a sus padres. Alta definitivamente si será.

Dudle sonrió al agregar:

–Mientras no herede mi antiguo cuerpo o el de mi padre...

Ginny vio que el exmuggle ya no sonaba tan triste al recordar a sus padres y se unió a la broma.

–Esperemos que no. Aunque con mamá alimentándola a todas horas no lo aseguro.

Los dos jóvenes se rieron.

Pasados unos minutos y con todo listo en el patio Fred se dejó caer a lado de su familia. Dudle sitió como el pelirrojo se recargaba en su hombro.

–Ese George se salvó.

–No exageres. Tu mamá y papá hicieron casi todo.

–Bueno yo cuidaba de mi hija y su papá.

–Y lo haces bien. Ahora ve a terminar de ayudar.

–Ya está todo.

La chimenea se escuchó y salió Remus llevando a Teresa, seguido de Lucius, Draco con Clare y por ultimo Harry que después de estabilizarse, caminó veloz al sillón.

–¡¿Oh, como está mi sobrina?!

Los demás saludaron a los Weasley y vieron como el de ojos verdes ya cargaba a Helen. Clare quiso unirse a su papá para ver a la bebé recién nacida. Teresa simplemente se quiso bajar y salir al patio por su propio pie.

La familia Malfoy y Potter salieron al patio a esperar a los demás. Dudle caminó ayudado por Fred.

Luego arribaron los Nott o Weasley Nott, enseguida los Black Snape y por ultimo Hermione y Ron.

Ginny salió a reunirse con Blaise no es que no le interesa lo que se hablaría, más deseó darles privacidad a los otros y enterarse después si era necesario.

Molly sirvió la comida ayudada por Hermione, Ginny y sus hijos, incluido Harry. Pues en su opinión las grandes noticias era mejor aceptarlas luego de tener el estomago lleno.

Luego de comer y con las niñas mayores jugando juntas y las bebés en brazos de alguno de los presentes o en sus cunas. Severus comenzó:

–Fui el encargado de reunir pruebas, testimonios y teorías; por lo que seré el que lo explique. Las niñas y si eso también tiene que ver. Que hayan sido niñas todas.

–...

Los escuchas se asombraron.

–Exactamente no es casualidad. Los Inefables son genios estudiosos con muchísima información y herramientas a su disposición; sin embargo no habían logrado nada en contra de los yōmas sin poseer algo de estos y Lucius lo consiguió. Por eso pudieron crear a las Claymore.

–Y ahora los muy descarados cobran por mandar a las guerreras. Yo les di gratis ese ingrediente. –dijo molesto Lucius y los otros estuvieron de acuerdo.

–Si. Ellos han decidido costearse de ese modo sus existencia y si bien no es del todo ético y no estoy de acuerdo; tampoco veo que el Ministerio les de presupuesto. –En eso, igualmente los otros no pudieron refutar nada.– El caso es que los primeros fueron varones, precisamente Inefables voluntarios y si bien nosotros solo vimos a dos, creo que debió haber más hasta que notaron que los varones no hacían buenos guerreros.

–Por algo, uno de los Kakuseishas es varón. –dijo Theo.

–Ciertamente. Bueno pues eso nos da como únicas Claymore en servicio a las mujeres, las brujas. Pero al nacer sus hijas hubo episodios que ya todos conocemos y esos fueron que nacieron como rubias de ojos plateados, como guerreras; más no hubo intervención de yōmas como fue con Teresa y Clare.

–¡I'o! –gritó Clare desde donde corría con su hermana y prima.

Los adultos rieron y Remus respondió.

–Si cariño, tú.

Snape sin dejar de sonreír continuó.

–Señores, señoras. Olvidamos algo muy importante y no nos culpemos; fue debido a que nos sentimos sobrepasados con la situación, igualmente nos sentimos frustrados con miedo e inútiles para proteger al mundo y a los que amamos, tanto así que olvidamos a la magia. Simplemente eso, olvidamos a la fuerza que creó este mundo en el que vivimos. Los Inefables no son diferentes a nosotros, son asimismo magos. A lo que quiero llegar es que la magia sigue a nuestro alrededor es responsable de muchas cosas, incluido Dudle gestando y teniendo una hija. La magia nos rodea y es parte de nosotros; lo que sus hijas poseen en común es muy simple y eso es... el enorme deseo de sus gestantes y progenitores de poder luchar contra los yōmas, el anhelo de poder defenderse. –El silenció reinó en la mesa. Snape continuó– Nosotros nos olvidamos de ella o la dejamos de lado, pero ella no nos abandonó. Sus deseos fueron escuchados y Claymore nacieron, pero con la ventaja de no serlo por completo. Aun no sabemos como podrán usar esa forma, pero a grandes rasgos opinamos que la magia no deja nada al azar.

Harry fue el que comentó, luego de varios minutos en silencio:

–Pues no es como si un padre fuera feliz por saber que sus hijos tendrá que luchar en algún momento, dígannoslo a nosotros –Vio a Draco–, pero así mismo saber que no serán corderos en el matadero, en el que se ha convertido el mundo; me da esperanzas y paz.

–Al conversar entre nosotros y pensarlo, yo también agradezco que Miria no será una victima... yo sé que no. –añadió Hermione.

Theodoro fue el siguiente:

–Aunque yo creo que la magia tuvo que ver en todo el proceso. La parte yōma debió copiarla o imitarla de estos mismos. Por lo mismo y esa es mi teoría, es que Teresa, Clare e Irene son o serán más fuertes.

Charly se encogió de hombros.

–Yo estoy feliz con mi Deneve, es tan tranquila y buena niña; por si fuera poco es mi regalo de parte de Theo.

El mencionado se puso colorado, sin embargo no contradijo a su pelirrojo.

–Para terminar. Como no sabemos si este don seguirá vigente, es mejor abstenerse de tener más hijos. –indicó sarcástico Severus.

Hubo unas risitas entre los jóvenes, que estaban sonrojados.

Las noticias eran sorprendentes, no obstante era mejor tomarlas con calma y sin alarmarse.

La reunión continuó entre amenas conversaciones y Clare emocionada con las bebés. Por su parte Teresa e Irene no estaban muy interesadas en ellas.

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Rigardo se reunió con Isley que se limpiaba la boca.

–No comprendo porque siempre guardas las apariencias.

–No lo entenderías. ¿Y qué pasa?

–Terminamos.

–¿Las Claymore?

–No hubo real competencia. Si no fuera porque su carne tiene un sabor asqueroso, las hubiéramos devorado.

–Ya.

El Rey del norte y Rigardo se reunieron con los otros de su grupo.

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Rafaela optaba por no hablar más que lo estrictamente necesario, sin embargo sonrió levemente al sentir que el ejército de esas Generales ya estaba en el mundo, se dijo que sobreviviría hasta poder verlas en acción.

...

El callejón lucía algo más vacío que de costumbre, sin embargo Teresa no perdía de vista a su hermana y las otras que caminaban delante. Irene a su lado le dijo:

–¿Cómo te dieron permiso de traerlas?

–Oh vamos, solo caminamos a la librería y ellos están en Florean Fortescue. Ademas tú eres mayor.

–Solo por tres años. Pero a ese cuarteto no puedes dejarlas ni un minuto a solas.

–...

Teresa no respondió, pues sus ojos se fijaron en un caballero que cruzaba por la otra acera. Irene se dio cuenta y agregó:

–Ya llegaron a la puerta de la librería... ¿las dejo?

–Si. No es necesario que se estresen.

–Déjemelo a mí.

Irene desenfundó su varita/espada y avanzó para topar al encapuchado. Ya estaba muy cerca de él, cuando un proyectil convertido en manzana mordida, lo golpeó y lo hizo alertarse.

No había que mirar para saber quién fue. Una Helen sonriendo de oreja a oreja celebraba:

–¡Le di Clare, le di!

Teresa suspiró resignada, claro que si ella se dio cuenta su gemela igualmente y esta les dijo a sus mejores amigas y prima.

El encapuchado gruñó y se bajó la capa. Vio en dirección de Clare, Miria, Deneve y Helen que aun hacía su baile de la victoria.

El mago se movió rumbo a esa acera. Clare dejó salir su yõki respondiendo a la amenaza y esa fue como una llamada, sus tres cercanas, cambiaron sus rasgos.

Pero Irene actuó veloz y se acercó lo suficiente –al que claro era un yōma disfrazado–, para enterrar su espada en el costado de este.

Teresa avanzó rumbo a su gemela y guió.

–Vamos niñas sigamos y Clare cálmate.

La aludida obedeció velozmente. La voz de Teresa devolvió a Miria, Deneve y a Helen, a su apariencia física normal.

El yōma trastrabilló un poco antes de caer muerto; sin embargo Irene ya se había alejado de él.

Teresa esperó a que la última de las cuatro menores, estuviera dentro de la librería y se volteó a ver a Irene –su mejor amiga y prima.

–Eso de cuidar a estas bebés es mucho estrés para una niña de ocho años. –bromeó Teresa.

–No seas payasa. –dijo Irene sonriendo de lado.

Las dos por fin entraron a buscar un buen par de libros; se merecían un regalo. Ya después les contarían a sus padres, porque seguro estos se pondrían histéricos y dramáticos. Aunque ellas dos no vieran el punto de que entrenaran en casa, si no iba a usar sus conocimientos en el mundo real.

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Esa calle de Londres o mejor sería decir calles de Londres, ya estaban casi desiertas, eran dos o tres familias las que quedaban y sin mucho dinero; no les quedó de otra que buscar un solución al monstruo que vivía entre ellos sin contar con las guerreras. Una cuarentena por familia –por mes– fue la solución y si bien no hubo avances las dos primeras veces, no así la última casa de una familia de cinco..., en la que no sobrevivió nadie más que la hija menor; una niña de ocho años que no vieron luego del incidente o ya nadie recordó.

Para los Inefables un diamante en bruto, una bruja viviendo en el mundo muggle que mató a un yōma con sus propias manos, los detalles oscuros no se revelaron, sin embargo no se negaron que hubo; no en vano Priscila era un excelente prospecto de Claymore.

...


Muchísimas gracias: Ana Luisa, Lunatica Drake Darck y noona-kane.