¡Hola!
Aqui os traigo el siguiente capi.
Larguito y con información sobre Bella.
También, otro encontronazo con Jake... De esos que os gustan... ¡jajaja!
MIL GRACIAS POR TODOS LOS FAVORITOS Y SOBRE TODO, POR LOS REVIEWS!
Disfrutarlo!
CAPÍTULO 8
Al día siguiente, Billy bajó temprano y desayunó con nosotros. Se iba a llevar a Charlie a pescar; yo aluciné con esos planes.
- Tranquila Bella. Estaremos cerca de la orilla, al lado de las cabañas. - Me explicó Billy, intentando relajarme.
- No sé… no estoy muy conforme con ese plan. - refunfuñé.
- Carlisle tiene consulta en la reserva, le comentaremos nuestros planes y estará pendiente ante cualquier cosa que pueda pasar. - Charlie me miró con ojitos de corderito.
Mientras seguíamos tira y afloja con la expedición de pesca, Emmet llegó; armando jaleo y subiéndonos a todos el ánimo, como era lo habitual en él.
- Venga Bellita... Afloja un poco. No seas una enfermera gruñona - Con las mismas, me abrazó por encima de los hombros, casi sepultándome entre todo su cuerpo.
Al final consiguieron convencerme entre todos, así que cuando quise darme cuenta, los hombres se fueron y me dejaron sola en casa.
Me puse en modo "ama de casa" y comencé a meterle una limpieza a fondo.
Emily la mantenía limpia, pero para ella sola y en su estado, no se podía pedir que estuviera perfecta.
Puse música en mi móvil y lo conecté a los altavoces, eso me animó y en poco más de dos horas, le había dado un repaso bastante a fondo a la casa. Guardando cachivaches que Charlie tenía por ahí repartidos.
Me di un relajante baño, estrenando mis geles nuevos. No podía, ni quería, evitar regocijarme en mi momento vanidoso.
Me serví una copa de vino, de una botella que Carlisle insistió en regalarme, encendí un par de velas aromáticas y cambié la música.
"Nothing else matters" comenzó a llenar el ambiente, y el recuerdo de Edward, al detalle, me nubló los sentidos.
Ya que estaba sola, más esos pensamientos, rememorando cada facción y cada gesto de ese hombre, comenzaron a calentarme la sangre, e hice algo que llevaba mucho tiempo sin hacer…
Mis manos bajaron por mi piel desnuda y mojada hasta mi monte de Venus y le dediqué unos intensos "mimos" a mi pequeña concha.
Cuando se mojó, que tardó muy poco, me introduje un dedo y bamboleé hasta que el orgasmo llegó.
Respiré, satisfecha, y acabé mi copa de vino.
Sr. Cullen… ha sido apoteósico, y solo pensando en ti… En tus dedos sobre mi clítoris… Contigo dentro de mí… Ummm… Solo de pensarlo, vuelvo a calentarme… - Pensé.
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Como era temprano, y no me apetecía cocinar, decidí ir dando un paseo hasta Main y comer allí.
Otro motivo para ir allí, es que quería comprobar como me miraban al ir sola. Sin los Cullen.
Me puse unos vaqueros, un jersey y me abrigué con todo lo que pude recolectar.
Tengo que comprarme ropa…
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La campanilla de la puerta del bar repiqueó anunciando que alguien entraba, y el barman y la camarera que estaba por la sala, más dos o tres personas, miraron hacía mí.
Sus miradas fueron expectantes, quedándose fijas sobre mí. En cuanto la puerta se cerró y comprobaron que nadie más entraba, acompañándome, esas miradas temerosas, cambiaron, suavizándose.
Me senté en una mesa junto a la ventana y enseguida la camarera vino a ofrecerme café.
No era la misma de la pasada noche. La de hoy era una señora entrada en años, que aventuraba haber estado sirviendo en ese bar desde tiempos inmemorables.
- Gracias, pero lo dejaré para después. - Le comenté educada. - Voy a mirar la carta para comer.
- ¡Oh! Genial. - Sonrió afectuosa. - ¿Tú eres la sobrina de Charlie? - Preguntó con timidez. Asentí - ¡Cómo has cambiado! - Exclamó sonriente. - No me recuerdas, eras muy niña… - Su gesto se volvió tierno. - Charlie te traía aquí a comer todos los viernes. Y siempre pedías la tarta de chocolate y galletas de postre.
Según mi cerebro procesó sus palabras, comenzó a llenarme de recuerdos.
Era verdad… Lo había olvidado. Veníamos a comer aquí los viernes. Después él volvía al trabajo tras dejarme en la ludoteca. Me encantaba aquel sitio
- Pues me vas poner un menú dos y de postre, tarta de galletas y chocolate - Reí. Ella sintió complacida con mi elección.
Comí en silencio, y sin apenas miradas. Solo alguna de reojo, pero nada agobiante; lo normal. Ya que mi aparición en el pueblo llamaba la atención.
Y por supuesto… nada en comparación a la invasión de la noche pasada con Alice y Edward.
Las palabras de Edward volvieron a mi mente:
"Nos miran a nosotros"
Sus palabras comenzaron a cobrar un significado más amplio.
¡¿Qué coño esconderá esa familia?!
Cuando pagaba la cuenta, la camarera me preguntó por Charlie y me dió recuerdos para él.
Pedí un par de trozos de la exquisita tarta para llevar y salí de la cafetería dándole vueltas al asunto de los Cullen.
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Al volver a casa, no sabía qué hacer. En esos momentos, necesitaba una amiga.
En mi infancia no había tenido ninguna que destacara, ya que aunque era una niña social y agradable, al no poder ir a ninguna fiesta de cumpleaños ni actos sociales, (porque mi abuela no me dejaba asistir), las demás niñas no me integraban plenamente en sus grupos. Tenía amigas de clase, y siempre tenía compañeras para hacer los trabajos grupales, no sintiéndome dada de lado, pero nada más.
En la universidad, al no tener a mi abuela manipulando mi vida, hice alguna amiga; pero no tenía la "costumbre"... Ahora, siendo más mayor, me daba cuenta de que era bastante infantil a la hora de acercarme a las chicas, ya que no tenía el hábito de relacionarme.
"Bueno, Bella… ahora eres mayor, ya no eres una chiquilla… Es hora de dejar los traumas infantiles, y aprender a relacionarme con la gente" Pensé.
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La gente de la reserva eran muy agradables, algo rurales, pero entrañables y eran la familia de Charlie.
Aunque la presencia de Jacob me era sumamente desagradable, debía hacer el esfuerzo, por… Charlie. Le daría una sorpresa, que lo dejaría flipando.
Tomé el monovolumen y me dirigí hacía allí.
Me pasé medio viaje suspirando con pesadez.
Aparqué al lado de la casa de Billy, que era de las primeras de la reserva, y encima quedaba cerca de donde amarraban la barcaza.
Salí disparada, para no tener que encontrarme con Don Musculitos.
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Tal como aventuré, Charlie casi se cae de bruces cuando me vio en la reserva. La sorpresa fue de nivel máximo, y yo me sentía encantada por verlo a él tan feliz. Dándome ganas hasta de dar saltitos.
- ¡Bella! - Exclamó entusiasmado - No contaba contigo.
- Ya… esa era la idea - Reí.
- Mira cuánto hemos pescado - Su cara estaba iluminada, llena de felicidad.
Billy levantó una red, orgulloso, enseñándome varios peces.
- ¡Haremos una barbacoa! - Propuso Harry, que estaba al lado del pequeño pantalán, donde los hombres de la reserva amarraban sus barcas.
- ¿Te apetece, Bella? - Me preguntó mi tío, con gran consideración.
- ¡Claro! - Viéndole la cara de entusiasmo, sería peor que Cruella De Ville (la mala de 101 Dálmatas) si dijera que no.
Los hombres se quedaron limpiando el pescado, al lado del río, y así dejarlo listo para la barbacoa.
Yo estuve un rato mirándolos, hasta que me aburrí y decidí dar un paseo por los alrededores.
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Me metí en la zona de las casas, y la gente comenzó a acorralarme, dándome la bienvenida y saludándome afectuosos, como solo la gente de la reserva podía ser.
Emily se acercó y me dejó tocarle la abultadísima tripa.
- ¡Qué bonito! - Murmuré.
- Si… si dejamos al lado las cosas no tan… bonitas - Rodó los ojos divertida. - Ya te llegará la hora - me guiñó un ojo.
Nunca tuve un gran deseo de tener hijos, el normal, supongo. Pero desde que tras una revisión rutinaria, me confirmaron que no podría tenerlos… mis trompas estaban llenas de adherencias, lo que imposibilitaba que el esperma y el óvulo se encontraran.
Suspiré. El recordar eso, me resultaba, no doloroso, pero si agobiante.
- Sí, claro… ya llegará. - le contesté disimulando. No iba a contarle mi historial médico.
Estando allí entre las chicas de la reserva, un grupo de chicos, a cual más guapo y más musculado, se nos acercaron; en cabeza… Don Musculitos.
"Allá vamos…" Suspiré para mí misma.
- Hola - Me saludó con cierta timidez Jacob.
- Hola - Mi respuesta fue seca como el esparto.
- ¡Ey! Tú eres la sobrina de Charlie - Un chico guapo, pero con cara de muy jovencito, me saludó de forma muy afectuosa. - Ya teníamos ganas de conocerte… En persona - Sonrió con picardía; como si en esa simple frase, hubiera una broma escondida. - Soy Seth… mi padre, Harry, es el que está con Charlie y Billy pescando.
- Si… ya era hora que te dejaras ver por aquí. Soy Embry.
Y así, fueron presentándose.
- Bueno… pues yo soy Bella - incliné un hombro, a modo de broma. - Es un placer conoceros.
Y era verdad, todos parecían muy agradables. Aunque tenían algo… raro. Viéndolos así, todos juntos, parecían familia. Pero… El cuadro estaba desenfocado.
"¿Cómo podían parecerse tanto? ¿Y ese tatuaje que llevaban en el brazo?"
Lo poco que pude fijarme, es que era como un símbolo tribal, y el de Jacob era un poco diferente.
- ¿Los pescadores ya han acabado? - me preguntó Jacob directamente.
- Si. - Contesté cortante. Suspiré, giré la cabeza y aproveché a rodar los ojos - Hace ya un rato estaban limpiando su botín - alcé los ojos al aire, Jacob sonrió ante mi gesto y mi descripción - Dijeron que cenaríamos aquí.
- ¡Genial, Barbacoa! - Exclamó Seth, ante el entusiasmo del resto. Menos Jacob, que me miraba fijamente.
- Venga… pues organicémonos - Gestionó Quil. - Vayamos a preparar el fuego.
Todos comenzaron a moverse con entusiasmo; todos menos Don Musculitos, que se quedó a mí lado, con los ojos puestos en mí; demasiado fijos para mi gusto.
Di dos pasos, pasando por su lado, dispuesta a irme sin dirigirle ni una sola palabra más, tampoco es que tuviera gran cosa que decirle.
Pero cuando estaba justo a su lado, él alzó la mano y me sujetó, haciéndome detener.
- Bella… - Su voz era irreconocible para mí. Era suave y cargada de culpa. - De verdad, siento mucho, muchísimo lo que ocurrió ayer - Lo poco que me fijé en su cara y en sus ojos, parecían sinceros. - Yo… tengo tendencia a sacar las cosas de quicio, de forma muy rápida y eficaz - Rodó los ojos. Ese fue el gesto más simpático y natural que le había visto en dos semanas que llevaba en Forks. - Tengo… mal genio - Suspiró; con ese gesto, destensó todo el cuerpo, pareciendo más… normal.
- Acepto tus disculpas. - Le contesté, sin florituras.
Me disponía a seguir mi camino, pero volvió a sujetarme por la muñeca, con gran suavidad.
Su mano quemaba. Era igual que si tuviera 40 grados de fiebre. Dirigí mi mirada a su mano, asombrada.
- ¿Te encuentras bien? - Le pregunté mirándole con el ceño fruncido. Él pestañeó con sorpresa.
- Si… bueno, yo… tengo la temperatura alta. - Lo miré escéptica.
De pronto fui consciente de que este hecho, nos había acercado, demasiado. Nuestros cuerpos estaban casi pegados, y nuestras caras también, ya que Jacob, que era varios centímetros más alto que yo, había agachado la cabeza.
Esa cercanía me hizo sentirme, nerviosa. Apurada. Así que me separé de él, pero no pude distanciarme todo lo que quise, ya que tenía agarrada mi muñeca.
- ¿Otra vez el jueguito de la mano? - Le escupí sarcástica.
- Está vez no te estoy apretando. Podrías soltarte fácilmente, si quisieras - me miró con aire de suficiencia. Abrí tanto los ojos, que casi se me secan.
- ¿Perdona? - Mi pecho subió y bajo de indignidad. - Te dije ayer que no volvieses a tocarme, ¿lo has olvidado?… - le alcé una ceja, petulante - Veo que toda tu masa encefálica la has repartido por tus brazos, dejando el cerebro seco.
Con las mismas di un quite a mi mano, y efectivamente me solté sin dificultad.
- Eres una creida y una pija. - Su voz destilaba veneno. - Como se nota que eres de ciudad - Soltó a modo de ofensa.
- Y tu un pueblerino cargado de esteroides.
Con las mismas, me fui, dando nuestra "grata" conversación por finalizada.
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Cuando en la reserva se hacía una barbacoa, teniendo de invitado a Charlie Swan, todos se unían al evento.
Cada familia fue trayendo algo de comer…
Una ensalada, unos pimientos asados, embutido, verduras varias, pastel de carne con hojaldre, algún postre…
Era lo bueno que tenía la reserva, ese aire familiar y entrañable.
Pasamos una tarde/noche genial. Memorable. Sacamos fotos para el recuerdo, sobretodo para mí, ya que no tenía recuerdos claros de estas barbacoas.
Emily y Sam también se unieron, y su más que prominente barriguita se convirtió en el centro de atención durante gran parte de la velada.
Solo le faltaban 4 semanas para cumplir, y era todo un acontecimiento en la reserva, ya que hacía varios años que no había un nacimiento.
Sobre las 10 de la noche, me fijé que Charlie ya estaba agotado. No le habíamos dejado hacer a penas nada, para que no se fatigase, y estaba bien tapado y cómodo en una gran silla, rodeado de cojines, pero el ajetreo del día, estaba pasándole factura.
- Es hora de irnos, Jefe Swan - le hice una broma para suavizar la restricción. Pero él no puso ninguna pega. - Estás agotado - Le susurré acercándome a él, discretamente.
- Y tu, helada - me miró serio. - Vamos a ir a Port Ángeles a que te compres ropa. Y… - me calló con un movimiento de la mano, ya que iba a interrumpirlo. - No admitiré una negativa. Has traído poquísima ropa y nada de abrigo. - Frunció el ceño, concentrado en una idea que le debía ser desagradable.
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Esa noche me acosté teniendo una sensación de felicidad en mi pecho y en mi alma. Sensación que no recordaba haber tenido en mucho tiempo.
¡Qué feliz podría ser aquí, con Charlie! Qué injusta es la vida… Pero disfrutaré todo el tiempo que nos quede; será el último que tenga una familia real.
Con esos pensamientos me dormí plácidamente.
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Bella va haciéndose a estar en Forks, poco a poco.
Menudo encontronazo con Jake, ¿eh? Estos dos... tienen genio para regalar... jajaja.
Pero ese genio, de parte de Jake, dará lugar a un encontronazo mucho mayor, y con más consecuencias... pero no adelantemos acontecimientos, ¿ok?
Y Bella, ha dado un detalle importante sobre si misma... ¿Os disteis cuenta de cuál?
BESOSSSSSSSSS!
