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NO NOS VAMOS
Candy se alejó de Albert en cuanto lo vio dar un paso hacia ella. No quería un nuevo enfrentamiento con él cuando sus sentimientos seguían tan a flor de piel. Las palabras de Albert resonaban en su cabeza con insistencia y no le dejaban pensar con claridad. Porque se había separado de ella de nuevo por iniciativa propia y sin embargo, amenazaba con no dejarla a ella alejarse de él. ¿Quién podía entenderlo?
-Ni se te ocurra - lo amenazó cuando dio otro paso más.
-Creo que no podrás hacer nada para impedirlo - una sonrisa socarrona bailó en sus labios - Pero no temas, no volveré a besarte. No ahora. Tenemos compañía.
Sus últimas palabras fueron apenas un murmullo. Se había acercado a ella lo suficiente para que lo oyese.
-De cualquier otro modo - añadió en el mismo tono quedo - en esta ocasión no me habría detenido.
Un escalofrío recorrió su espalda pero trató de obviarla. Se giró hacia donde Albert señalaba y descubrió a un niño, claramente incómodo por la situación.
-Nosotros ya nos íbamos, Liam - habló resuelto Albert mientras la tomaba por el brazo para llevarla fuera.
Candy se soltó de él y caminó lo más rápido que pudo sin llegar a correr. Cuando salió del establo, se topó de bruces con Alistair. Si no la hubiese sujetado, se habría caído.
-Candy, hasta que te encuentro.
-Yo... he venido a ver a los caballos - se giró para estudiar la reacción de Albert pero tras ella no había nadie. Frunció el ceño antes de regresar su atención a su primo - ¿Vienes a preparar nuestra partida?
-Me temo que tendremos que quedarnos aquí unos días.
-¿Qué?
-Nuestros padres vienen de camino. Tus padres se preocuparon mucho cuando desapareciste y enviaron a alguien a Dunvegan para saber si estabas allí. El día que llegó el mensaje de Anthony, les enviamos otro avisándoles de dónde estabas. Decidimos encontrarnos aquí - a medida que hablaba, el rostro de Candy empalidecía más - ¿Estás bien, Candy?
Alistair la sujetó, temiendo que perdiese el conocimiento pero Candy se separó de él. Inspiró varias veces para tratar de tranquilizar a su loco corazón. No sabía si le preocupaba más enfrentarse a su padre o permanecer más tiempo cerca de Albert.
Esta vez había logrado enfurecer mucho a su padre y temía su reacción cuando la viese. Lo que Albert estaba despertando en ella la incomodaba y no sabía cómo actuar frente a él. Cualquiera de las situaciones eran nuevas para ella y su instinto le instaba a huir de ambas. No soy una cobarde, se dijo.
-Nunca creí que lo fueses - al parecer había pensado en alto - Estoy seguro de que el tío Robert será comprensivo contigo.
-Oh, sí - gimió - Tan comprensivo como un lobo con una oveja.
Alistair rió y Candy lo fulminó con la mirada. Se acercó a él y lo golpeó en el pecho para que dejase de reír pero él simplemente continuó haciéndolo. La poca paciencia que le quedaba a Candy después de su encuentro con Albert, se esfumó.
-Más te vale que dejes de reírte ahora mismo, Stear, o tendré que hacerlo yo por ti.
-Ahí estabas - dijo todavía riendo - mi pequeña guerrera ha vuelto. Me tenías preocupado.
Candy comprendió que desde la llegada de sus primos, no se había comportado como ella misma en ningún momento. Sonrió hacia Alistair y lo abrazó.
-Te he echado de menos - le dijo.
-¿Qué te preocupa, prima?
-Nada.
-Oh, vamos. Nos conocemos, Candy.
-Temo que mi padre me encierre en la torre más alta de Inveraray y tire la llave al lago - bromeó, aunque había cierta verdad en sus palabras - Le dejé plantado con la respuesta a Neall sobre nuestro compromiso.
-Ese hombre no me gusta para ti. Hay algo en él que me inquieta - ahora era Alistair quien fruncía el ceño - Y estoy seguro de que Robert habrá sabido verlo también. Dudo que aceptase.
-Si eso es cierto, mi escapada sólo habrá servido para enfadarlo. Si al menos mamá viniese con él - dijo esperanzada.
-Lo dudo.
-Y yo.
-Vamos dentro - Alistair le rodeó los hombros con su brazo y la llevó con él.
-¿Qué hacías aquí?
-Te buscaba - le guiñó un ojo - Te conozco bien, prima. Sabía que estarías aquí.
Candy sólo acertó a asentir. Si hubiese llegado minutos antes o si Liam no los hubiese interrumpido, Alistair habría descubierto que Albert estaba con ella. Besándola.
¿Dónde estaba, de todas formas? Iba justo detrás de ella cuando se topó con Alistair. Giró su cabeza para mirar hacia el establo y lo vio allí, apoyado en el marco de la puerta, con sus ojos claros clavados en ella. Una sonrisa cargada de promesas, en su rostro.
Apartó la mirada temerosa de acabar aceptando cuanto le ofrecía. Tenía que ser otro de sus juegos y no pensaba caer en él.
-Te quedas unos días más - Janet la asaltó en cuanto entraron en el salón - Y esta noche habrá un baile para dar la bienvenida a tus primos.
-¿Por qué tengo la sensación de que eso tiene algo que ver contigo? - tuvo que sonreír. Su entusiasmo era contagioso.
-Porque lo tiene - se acercó más a ella para susurrarle al oído - Espero poder bailar con alguno de ellos.
-¿De quién? - la imitó.
-De tus primos, por supuesto - dijo como si aquello hubiese tenido que resultarle lo más lógico del mundo.
-Por supuesto - rió Candy - Bueno, si eso es lo que lo quieres, yo podría animarlos un poco.
-Eso sería... - a falta de una palabra para describirlo, Janet simplemente gritó.
Candy la miró sorprendida por su reacción. Nunca antes la había visto tan emocionada. Claro que tampoco habían tenido ocasiones para sentirse así. Se rió, incapaz de hacer otra cosa. Y pensó que tampoco había tenido razones para reír en las últimas semanas.
-Lo siento - Janet se ruborizó al comprender lo que había hecho.
-No me lo digas a mí, sino a ellos - Candy señaló a un grupo de hombres que se habían llevado las manos a las espadas al oírla gritar.
Cuando Janet descubrió a los primos de Candy entre ellos, su sonrojo se intensificó. Candy rió más al verla pero su risa se apagó cuando Albert entró en el salón. Apartó la mirada de él, no sin antes ver la suya posada sobre ella.
-Si tú me ayudas - le dijo Janet - yo te ayudaré también.
-No tengo interés en bailar con nadie.
-En tu caso, creo que no hará falta que lo anime - sonrió - Pero algo se me ocurrirá.
-Los problemas para mí vienen en camino, Janet. Lo último que necesito es añadir más a la larga lista.
-Tenemos mucho que planear - la ignoró - Vamos.
Candy supo que, dijese lo que dijese, Janet haría lo que le viniese en gana. Se resignó a seguirla de momento y ya se encargaría de que sus primos la mantuviesen entretenida el resto del tiempo.
CONTINUARA
