Capítulo XXXIV

Candence encendió su varita e iluminó el hueco que se abría en uno de los escalones de las escaleras que daban acceso a las Mazmorras.

-No parece muy profundo –dijo tras unos segundos.

-¿No estarás pensando en entrar? –le preguntó Albus, algo asustado.

-¿Y por qué no? Ewan podría estar ahí…-Candence no esperaba convencer a Albus, Jake lo sabía, pero sí esperaba el apoyo de Scorpius y suyo. –Scorp… imagínate que sigue vivo…

-No sigue vivo, Candence. No entres, ¿vale? –Candence se giró hacia Jake, a la desesperada. No le gustaba decirle que no a Candence, pero no le quedó otro remedio.

-Creo que Scorp y Albus tienen razón, Candence. Es mejor que no entremos. Digámoselo a McGonagall.

-¿Para qué? ¿Para que se lo cuente al falso Hamsley? –Candence estaba enfadada. –Sois todos unos gallinas…

-¡La última vez que alguien entró ahí desapareció! –A Albus no le había gustado nada que le llamasen gallina.

-¿Y si el falso Hamsley está ahí dentro? –Preguntó Jake.

-¿A estas horas?

-No sé…puede que duerma allí… Dijisteis que no podía abrir su despacho…Osea el de Hamsley.

-En ese caso ya nos habría oído discutir. –Scorpius se alejó unos pasos del hueco y bajó repentinamente la voz.

-¿Porqué no nos vamos? –preguntó Albus en el mismo tono de voz.

-Hay que decírselo a Potter. Candence tiene razón cuando dice que McGonagall no es la mejor opción. –Comentó dirigiéndose a Jake - Hay que contárselo a Potter.

-Sí, mi padre sabrá que hacer. Vamos a decírselo. –Albus y Scorpius miraron a Jake para pedir su consentimiento y Jake asintió, contento de no tener que entrar por ese horroroso hueco.

-Vamos, Canden…¿Dónde está?

-¡Estoy aquí abajo!-El sonido provenía, cómo no, del hueco del escalón. Se veía una pequeña luz al fondo. Albus se asomó preocupado.

-¿Estás loca? –Siseó, de los nervios.

-Supongo que un poco. Si no queréis entrar no pasa nada, pero yo voy a buscar a Ewan… Además, aquí no parece que haya nadie…

-¿Qué ves?-le preguntó Jake intentando asomarse junto a Albus.

-Por el momento unas escaleras que suben… ¡Voy a subir!

-¡Ni se te ocurra! –Albus estaba alteradísimo. –Joder…se está alejando. –Miró a Scorpius y Jake suplicante. -¡Candence, Candence!

-¡Voy a subir lo quieras o no! –Su voz se oía bastante lejana- ¡Esperadme allí!

Scorpius cogió del brazo a Albus. –Tienes que ir al despacho de McGonagall y decirle que quieres ver a tu padre, que es importantísimo.

-No pienso dejarla sola… -Y sacando las fuerzas de algún lugar desconocido saltó él también y se metió por el hueco. –Id vosotros a avisar a mi padre… Si no voy con ella nunca se casará conmigo –terminó en voz aún más baja.

-Si vas con ella probablemente no puedas contarlo, tío –le intentó convencer Jake.

-¿Y desde cuándo nos ha importado eso? –Dijo ya completamente convencido- Voy con ella.

Jake miró a Scorpius. Sabía que a su amigo no le iba a gustar nada lo que pensaba hacer. –Yo también voy. –Y empezó a meterse por el hueco.

-¡No!-Scorpius le agarró del brazo y le obligó a salir.-Ya está bien. Tú ni siquiera sabes encender tu varita. Qué digo…¡Ni siquiera tienes varita! Candence se las apañaría mejor sola que con vosotros dos dándole la vara. Tú vienes conmigo.

-Debimos ir con ellos…-Jake y Scorpius se encontraban a solas en la Sala común de Slytherin. Hacía ya media hora que habían conseguido hablar con el señor Potter y todavía seguían esperando. El padre de Albus les había mandado corriendo a su habitación y no pudieron oír nada de lo que se habló después. Sólo sabían que para cuando hubieron salido del salón privado de la directora, el falso Hamsley ya no estaba con ellos. Intentaron avisar con la mirada al señor Potter, pero el pobre hombre estaba muy nervioso y quería que se fuesen cuanto antes para comenzar a buscar a su hijo.

-No debieron entrar –fue la única respuesta que consiguió de Scorpius. La Sala Común estaba completamente vacía. Debían de ser la una o las dos de mañana, tarde incluso para ellos. Pero irse a dormir no era una opción. No mientras Albus y Candence siguiesen en aquél lugar. Jake sujetaba en sus manos uno de los Walkies que llevaban tiempo llevando cosigo. Apenas habían tenido ocasión de usarlos, pero Candence les había obligado a todos a llevarlos encima durante las escapadas nocturnas. No sabían si Candence llevaba el suyo con ella pero habían registrado las cosas de Albus y sabían que al menos él sí lo llevaba. Sin embargo, en la media hora que llevaban esperando, todavía no había contestado nadie.

-Ya sé que no debieron entrar, pero nosotros debimos ir con ellos. –Jake no podía quitarse de la cabeza la imagen de sus dos amigos. Scorpius no lo sabía, pero se había hecho una promesa. No volvería a dejarles solos nunca más. Daba igual lo loca que estuviese Candence, no habían obrado bien.

-Si alguien puede ayudarles es el Jefe de Aurores. –Scorpius miraba el fuego que acababan de encender en la chimenea. Hacía ya mucho frío y no había calefacción que calentase un espacio tan grande como aquella sala.

-Le admiras mucho… -Comentó Jake divertido –Quién lo habría dicho…

-¡Para nada! –Scorpius se ofendió de repente- ¡Sabes que no me gusta nada esa familia! Si supieses lo malos que han sido con la mía…

-¡Sí que te gusta! En el fondo quieres a Albus tanto como a mí.

-Yo no "quiero" a Albus. Solo le tolero porque no me queda más remedio.

-¡Eso es mentira! ¡Hasta os escribisteis en Navidades!

-¡No nos escribimos! ¡Me mandó una nota diciendo que el que había sido mi mejor amigo hasta el año pasado había desaparecido!

-Eso cuenta como correspondencia, imbécil. –Respondió Jake mientras dirigía de nuevo su mirada al Walkie. -¿Albus? ¿Hola? ¿Estais bien?

Se volvió a hacer el silencio. Los dos miraron cómo el fuego consumía la poca leña que le quedaba. Pronto se volvería a apagar. Habría sido más fácil si alguno de los dos supiese hacer fuego con la magia, pero solo Candence sabía.

-Quizás no sea tarde…-Intentó sugerir Jake.

-Ni se te ocurra. –Sentenció su amigo.

-¿Tanto miedo tienes? –Jake sabía que su amigo no lo hacía por miedo, sino por algunos extraños principios. Scorpius necesitaba seguir las normas y realmente estaba convencido de que ellos no podían hacer nada. Si alguien podía ayudar a sus amigos, si alguien podía encontrar a Ewan… era el Jefe de Aurores.

-¿Y tú no? Primero Ewan y luego el verdadero Hamsey…Fuiste tú quien le vio en sus últimos momentos. La persona de la que huye debe ser muy poderosa para que alguien como él le tenga tanto miedo.

-Ya lo sé… pero no puedo quedarme aquí sentado mientras Candence y Albus están en peligro, Scorp. No contestan al Walkie, ¿entiendes?

-Se lo prometimos a Potter.

-Lo hicieste tú, no yo. –Decidió Jake, mientras se levantaba. Había tomado una decisión.

-Fuimos los dos, Jake. –Scorpius se levantó también, suplicante -Por favor, no vayas, no quiero tener que añadirte a mi lista de preocupaciones…

Scorpius pretendía seguir hablando, pero no lo hizo, pues la chimenea se acababa de apagar y se había quedado todo prácticamente oscuro. Sólo les iluminaba una pequeña vela a punto de consumirse que algún estudiante se habría dejado encendida horas antes en el lugar donde ellos estaban. Jake notó cómo Scorpius buscaba su varita con nerviosismo, posiblemente para producir algo de luz, pero Jake le indicó que parase. Sabía que Scorpius no lo había notado, pero él sí. La magia no miente, y tampoco mentía en esa ocasión.

-Alguien está intentando entrar en la sala común.

-¿Será Potter? –A Jake le sorprendió que su amigo le tomase en serio desde el primero momento, cuando no había oído nada.

-No. No es él. –Dijo Jake mientras apagaba la vela y todo se quedaba a oscuras. No sabía por qué lo sabía, pero esa persona no era el señor Potter.

-¿Pero qué haces? –Preguntó Scorpius bastante alterado.

-Debemos escondernos. ¡Rápido!

-En la chimenea, por aquí. –Scorpius le cogió de la mano y los dos se metieron como pudieron por el hueco de la chimenea. No era mala idea, pues había más hueco en el interior que el que se mostraba desde el exterior, de forma que a simple vista no se les vería. Pasaron largos segundos hasta que un ruido no demasiado alto pero perfectamente audible les confirmó que en efecto, alguien acababa de forzar la entrada a la Sala Común de Slytherin.

La débil luz azulada que producía la varita de aquella persona se fue acercando poco a poco. Jake mantuvo la respiración e intentó pegarse aún más contra la pared de la chimenea. Apenas podía ver a Scorpius, pero pudo notar su nerviosismo perfectamente. Tras un tiempo indeterminado, oyeron cómo los pasos se alejaban y volvieron a quedarse a oscuras completamente.

-¿A dónde va?- Preguntó Jake con un hilo de voz. Scorpius, desde su posición, lo había podido ver perfectamente.

-A las habitaciones de los chicos…Creo… Ha girado a la derecha.

-¿A la nuestra?

-Sí. Jake, creo que te está buscando.

-Sabe que no puedo andar muy lejos.

Un grito ahogado se oyó desde las habitaciones de los chicos. Jake imaginaba quién lo había producido y supo por la forma en la que Scorpius se tensaba que él también. Había sido Darragh, que seguramente domía plácidamente tal y como le habían encontrado media hora antes. No es que no se lo mereciese…

-¿Qué hacemos? –Preguntó Jake. En cuanto el falso Hamsley se diese cuenta de que la persona a la que había atacado no era él volvería a buscarle a la Sala Común. Era lo más razonable.

-Si ha venido es porque sabe que estás aquí. –La voz de su amigo apenas era audible. Scorpius sacó la cabeza fuera de la chimenea y volvió a meterla.- Está todo oscuro, vámonos.

Jake salió el primero intentando no hacer ruido y nada más lo hubo hecho supo que se había equivocado. Estaba cerca. Esperando a que saliese de su escondite. Scorpius mismo lo había dicho: sabía que estaban en alguna parte de la zona de Slytherin.

Con la pierna impidió que Scorpius pudiese salir de la chimenea. Si solo le buscaba a él no tenía sentido que pagasen los dos. Él debió de entenderlo, porque se quedó en su escondite, y Jake sintió un tremendo alivio.

-Sé que tus otros dos amigos no andan muy lejos, Jake. –Era la voz de Hamsley, solo que en realidad no sonaba como la del profesor. Cuando acabó de hablar encendió su varita. Estaba más cerca de lo que Jake había imaginado y rezó para que no hubiese notado la presencia de Scorpius en el hueco de la chimenea. –Debes saber que no deseo hacerles daño, a ninguno de ellos.

-Ya lo has hecho. –A Jake le resultó más fácil hablar una vez pudo observar el rostro de esa persona. Sabía que no era su verdadero rostro, que era todo fruto de un engaño y que el verdadero Hamsley estaba muerto, pero al menos eran los ojos de un ser humano los que miraba. Si conseguía concentrarse en la magia, el engaño desaparecía. Por supuesto que esa persona no era Hamsley. Era otra persona, alguien extrañamente familiar, solo que en ese momento no conseguía comprender quién. –Mataste a Ewan Nott.

El hombre levantó la mano y por un momento Jake pensó que le iba a atacar, pero solo se rascó la cabeza, sin importar que se le despeinase todo el pelo. Tras unos segundos siguió hablando.

-El muchacho se cayó y se golpeó muy fuerte en la cabeza. No fue culpa mía. En realidad, fue culpa tuya. –Respondió subiendo el tono de voz, como si necesitase que la verdad se supiese. Dejó de rascarse la cabeza. A Jake le pareció sincero, pero no le creyó.

-Mataste a Hamsley –Continuó Jake. Había notado cómo el hombre se acercaba poco a poco a él e instintivamente dio un paso hacia atrás.

-Sabía demasiado. –El falso Hamsley se acercó otro poco más.

-¿Sobre qué? –Intentó continuar Jake, con voz ahogada.

-Sobre ti, Jake. ¿O es que todavía no te has dado cuenta de que todo esto es por ti? –Otro paso más, y Jake comprobó con terror que ya no tenía espacio atrás para seguir retrocediendo. Si al menos supiese algún hechizo de defensa… si supiese defenderse de alguna forma… En ocasiones como esa la magia siempre le había hablado, advirtiéndole del peligro e indicándole el camino y en última instancia protegiéndole, pero en ese momento, ante un hombre al que había visto asesinar sin piedad al profesor Hamsley…, la magia le parecía completamente inútil.

-¿Qué es lo que sabía? –Preguntó a la desesperada, intentando ganar algo de tiempo. Prácticamente sentía su respiración encima.

-Siempre fue un visionario. Sabía que las fuerzas del mal acabarían llegando. Pero cuando llegaste no fue capaz de hacer nada al respecto. Te tenía en clase todos los días, pero nunca se atrevió a simular un accidente. Era cobarde. Era tan tremendamente cobarde que no me quedó otro remedio que matarle. – Jake tragó saliva. Ese hombre se acababa de referir a él como las fuerzas del mal. Jake solo podía pensar en que le conocía de algo. Absolutamente todo en él le resultaba familiar.

-Habría querido que esto hubiese acabado de otra forma, Jake, te lo prometo. –Continuó, mientras levantaba su varita y la posicionaba entre ellos dos. -Por el cariño que te profeso, te prometo que habría querido que esto acabase de una forma diferente. Pero no me queda otro remedio. Al mundo mágico no le queda otra salida. - Jake sabía que de un momento a otro aquella lucecita verde mortal saldría de la varita, igual que había sucedido días atrás en el Bosque Prohibido cuando Hamsley murió, igual que había sucedido en el Callejón Diagón, cuando logró salvarse de milagro. Sintió miedo al pensar que quizás esta vez no tendría tanta suerte.

-¡Desmaius! –La voz de Scorpius, más aguda de lo normal pero precisa como él solo era, se adelantó al hechizo del falso Hamsley. El hombre perdió el equilibrio y cayó al suelo y por un momento pareció que realmente iba a perder el conocimiento. Jake aprovechó para propinarle una patada, pero Scorpius le detuvo antes de que llegase a tocarle.

-Con un poco de suerte estará confundido un minuto o dos, corre. – Y los dos salieron corriendo de la Sala Común. Comenzaron a recorrer los pasillos de las Mazmorras en semioscuridad y no pasaron ni treinta segundos hasta que oyeron cómo se volvía a abrir la entrada a la Sala Común de Slytherin.

-¿Para dónde? –susurró Scorpius, ya con flato de correr.

-Para cualquier sitio menos para las escaleras de acceso –Sentenció Jake –Allí están Candence y Albus. –Siguieron zigzagueando por los pasillos de las mazmorras, temiendo que aquél hombre corriese más rápido que ellos. No le oían acercarse, pero sabían que no andaba lejos.

Un pequeño tintineo de cadenas hizo que los dos se asustasen y corriesen aún más rápido.

-¡Mi señor, mi señor! –La voz que les hablaba no era la del falso Hamsley. Jake creía recordar quién era y le hizo un gesto a Scorpius para que no se asustase. –Permitidme que os ayude, mi señor. ¿Qué os trae tan tarde por estos lares?

- ¡Sir Roderick! –Dijo Jake al comprobar que quien les había abordado por uno de los cruces de las mazmorras era aquél simpático fantasma que chorreaba sangre y arrastraba cadenas rotas que le había ayudado meses atrás. Scorpius y él aminoraron en paso, pero no dejaron de avanzar. –No es un buen momento…

-Estoy a vuetra disposición, mi muy señor mío. Para lo que os plazca, como ya sabéis…

-Podrías… ¿podrías ayudarnos a escondernos? –La expresión del fantasma se volvió seria y Jake juraría que miró hacia atrás.

-Desde luego. Corred, mi señor, este humilde servidor os mostrará el camino de la salvación.