Lo que Alastor creyó que serían un par de días se convirtieron en semanas, semanas en las cuales iba y venía de su trabajo como si no estuviera viviendo con un criminal.

Durante todo ese tiempo, Mimzy le había ido a buscar incontables veces a la estación, en cada ocasión, siendo escoltada por la seguridad hacia afuera del edificio.

Después del incidente de la escopeta, naturalmente los sacaron del departamento, además de que la policía presionó mucho para que no presentará cargos contra Mimzy -cosa que no pensaba hacer-, dado que se vería mal que la sobrina de uno de los políticos más importantes de la ciudad, se viera involucrada en medio de un intento de homicidio.

Y aunque no era para menos, Alastor ni siquiera se tomó la molestia de aceptar o negar nada de lo que los oficiales le decían. Para él no tenía caso.

Para Alastor su vida se había vuelto más llevadera sin la constante de Mimzy sobre él y con Angel fuera de casa la mayor parte del tiempo, casi sentía que el coche que conducía era suyo al igual que donde vivía.

—El día de hoy es especial chicos —dijo con coquetería a sus escucha cuando Husk le hizo señas de que el invitado especial había llegado—, dejando de lado los chismes e historias fantasiosas, el día de hoy tenemos a un invitado muy especial, que viene directamente del FBI, por favor, démosle la bienvenida a Charlotte Magne —e inmediatamente una joven mujer rubia entró escuchando una serie de aplausos pregrabados.

Alastor sonrió como de costumbre, pero sintiéndose con el corazón a punto de estallar de regocijo.

No creía que hubieran encontrado su modus operandi, dado que ninguna de sus víctimas tenían conexión más allá que desaparecían un fin de semana en ciertas partes alrededor de Louisiana, por lo que si esa chica estaba ahí, quería decir que una de sus víctimas era mucho más importante de lo que considero.

Ciertamente no le sorprendería si fuera el caso, el dinero siempre mueve las conexiones más rápido que el interés social.

—Muchas gracias por cederme el segmento de hoy, sus otros compañeros no son tan amables —comentó tras estrecharle la mano con los cascos ya puestos.

—¡Y es por eso que aquí todos nos divertimos! —rió al decirlo viéndola tomar asiento—, comentaste que tenías algo muy importante que decirle a nuestros escuchas, adelante, son todos tuyos, querida Charlotte.

La chica rubia asintió con la cabeza tras sonreír sutilmente.

—Así es, verás, desde hace un par de meses investigamos la desaparición de Amanda Floch —Alastor recargo el mentón en el dorso de su mano, aplaudiendose internamente al haber dado en el blanco—, a decir verdad, la familia nos comentó que vino en innumerables ocasiones a la estación para que pusieran el nombre de su hija en los spots de desaparecidos

—Lo recuerdo, por ese tiempo hubo un gran revuelo en la ciudad, era la hija de un miembro del parlamento, si mal no recuerdo —comentó con tranquilidad detallando cada facción de la joven frente a él, deduciendo rápidamente que no tendría más de 25 años.

—Estas en lo correcto, tristemente, a la fecha que hoy que estoy aquí, su cuerpo fue encontrado sin vida —Alastor entonces forzó un poco su sonrisa. No le había ocurrido con anterioridad que hubieran localizado alguno de los cuerpos de sus víctimas, era por eso mismo que se mofaba un poco de su meticulosidad para esconderlos, por lo que el que hubieran encontrado uno, era un punto rojo de atención para él—, y ese es el motivo de mi visita.

Alastor se incorporó un poco en su asiento, ahora visiblemente interesado por lo que esa chica pudiera decir.

—Fui enviada por el FBI, para alertar a la población de un asesino en serie cuyas víctimas oscilan entre los 18 y los 25 años —anunció sacando un bloc de notas—, aunque este mensaje ya se dio por televisión, es importante recalcar la peligrosidad de la persona a la que nos enfrentamos.

—Pero... ¿no debería ser un asesino en serie si hay más de un caso? —pregunto lo más calmado que pudo, a lo que el hombre asintió con la cabeza—, tendrás que disculpar a este abuelo, pero no suelo ver la televisión.

Charlie esbozo sutilmente otra sonrisa, asintiendo con lentitud.

—¡Claro! A la fecha, hemos localizado tres cuerpos más, todos con las mismas características —dijo sin más volviendo su vista al blog de notas—, a las personas en ese rango de edad, principalmente mujeres, se les recomienda no estar en zonas que habitualmente no-

Pero Alastor ya no estaba escuchando.

Bebió un poco de su café, viendo a la mujer frente a él.

Cuatro de sus víctimas habían sido localizadas, no habían alertado a la ciudad tanto como se debiera ante un caso así, por lo que lo llevó a pensar, que no lo hicieron para no asustar al asesino; y aún así, estaban ahí en plena tarde diciendo con total seguridad que había un asesino suelto y que tomaran sus precauciones.

Ciertamente era un tanto contradictorio para él.

Para Alastor todo eso era muy extraño y de alguna manera sentía que era una jugarreta.

Parpadeo un par de veces viendo a Charlie frente a él, la observó meticulosamente dándose cuenta de algo que no había notado antes, tenía un comunicador. Uno pequeño, pero al fin y al cabo lo tenía.

De pronto todo su cuerpo se sacudió al darse cuenta de que muy probablemente, ellos ya sabían quién era el asesino y solo estaban jugando.

Una suave paranoia se apoderó de él de pronto.

—De nuevo, muchas gracias por recibirme —comentó dando por terminada su plática informativa

Alastor se incorporó en su asiento mirando hacia Niffty, quien se veía preocupada.

—¡Mis queridos escucha habientes, hagan caso a la dama y tomen sus precauciones! —dijo risueño mirando de reojo a Charlie guardar sus notas, esta vez visiblemente más nerviosa—, por el día de hoy, se ha acabado nuestro tiempo, pero mañana será aún más magnífico. Sigan sintonizandonos, la estación 96.6, donde una sonrisa nunca les faltara.

Tras reír, Niffty le avisó que estaban fuera del aire y sin siquiera poder decirle ni una palabra a la agente del FBI está abandonó la sala y el cuarto.

Alastor entonces, frunció el ceño poniéndose de pie y saliendo de su pequeña cabina.

—¿Estas bien, Al? —pregunto la chica.

—Tan bien como podría estar —comento tomando su saco—, te veo mañana pequeña lindura.

Niftty apretó sus manos mirando a Alastor caminar hacia la puerta.

—Al, ten cuidado por favor.

Este solo rió abandonando la sala.

Para cuando salió del edificio y se trepó en el automóvil blanco de Angel, todos sus sentidos le gritaban que algo estaba increíblemente mal.

Mientras manejaba, constantemente se encontró mirando por el espejo retrovisor, hasta que en una de sus checadas, noto un auto negro siguiéndolo. Al darse cuenta de ello, aceleró un poco y se desvió de su camino que le sacaba de la ciudad.

Comenzó a dar vueltas por la ciudad solo para cerciorarse de que el vehículo efectivamente le seguía.

Molesto, chasqueo la lengua y tomó uno de los desvíos que lo llevaban al bosque, que quedaba al sentido contrario de donde se había estado quedando.

Aparco el coche y bajo de este, notando como a la distancia el auto se acercaba.

—Bien, no creo que sean del FBI —comentó caminando hacia la cajuela. Al abrirla tomó el forro donde guardaba su escopeta y se alejó del vehículo adentrándose en el bosque—, pero sí lo son, están cometiendo un grave error.

Alastor camino por varios metros, esquivando maleza y troncos derribados, hasta alcanzar un pequeño claro, donde determinó que sería el sitio ideal para disparar en caso de que fuera requerido, menos obstáculos, más probabilidad de acertar.

Alastor se quitó la chaqueta, dejándola doblada sobre un pequeño arbusto, se acuclillo tras un grueso tronco, cargo el arma y espero. Por suerte para él, no fue mucho, ya que un par de minutos después comenzó a escuchar como las ramas crujían bajo los pies de sus perseguidores.

—Te digo que es el auto del puto de Anthony —gruñó uno de los hombres a lo que Alastor prestó atención.

—Ya te dije que otro lo conducía —Alastor se asomó tras el tronco, notando a tres hombres, todos armados.

—Quizá sea la puta de Anthony —comentó el tercero haciendo fruncir el ceño a Alastor—, ese hijo de puta me debe mucha plata.

Alastor tras su escondite suspiró quedamente.

Angel se lo había advertido desde el primer día que le soltó las llaves del coche, que muy probablemente algunos que querían su cabeza, le seguirán al notar el vehículo, cosa que no había pasado hasta ese día. Sin embargo, contrario a estar molesto por la situación, a decir verdad, estaba feliz, ya que podría sacar la creciente frustración que se había colado en su cuerpo luego de la charla con el detective.

Sacó su escopeta de su estuche e introdujo los cartuchos, con cierta calma.

—Caballeros —llamo poniéndose de pie tras el tronco, poniendo su dedo en el gatillo—, me temo que se equivocaron de persona.

Uno de los hombres hizo un movimiento con la cabeza y los otros dos se separaron.

—Tienes el auto de Anthony —comentó tratando de ubicar desde dónde había salido la voz—, ¿qué te parece si hablamos?

—Oh, sí claro —murmuró poniéndose el arma al hombro.

Escuchó un chasquido a su derecha girando rápidamente apuntando con el arma al sujeto que apenas levantar la suya, recibió un disparo en el pecho que le derribó.

Los otros dos al escuchar el tiro, disparó contra el tronco donde estaba Alastor.

Este chasqueo la lengua, acuchillando, prestó atención y en cuanto escuchó como uno de ellos pisó una rama, saltó a la izquierda disparando en el aire al que estaba más próximo, dandole en el costado derecho del abdomen.

Alastor dio una vuelta en el suelo, incorporándose rápidamente mientras corría semi agachado hasta el siguiente árbol, esquivando por muy poco las balas. Rápidamente saco los cartuchos vacíos y recargo el arma.

El otro sujeto al ver a sus dos compañeros en el suelo, retrocedió un paso. No sabía quién era el atacante y con la velocidad que se movió tras el árbol, suponía que tenía experiencia en caza, en especial con la velocidad con que reaccionó. Molesto, comenzó a retroceder mirando hacia el árbol donde sabía que estaba el cazador.

Alastor al escuchar que se alejaba, sonrió tenuemente.

Se asomo solo para notar como el tipo se alejaba corriendo entre los árboles, con mucha suerte, no se perdería y encontraría el camino de regreso hasta el auto, porque de caer la noche y seguir ahí, posiblemente no la contaría.

Camino con soltura con el arma en alto hasta el tipo que agonizaba en el suelo, Alastor se paró a su derecha pateando lejos el arma. El tipo en el suelo, gorgoteo un poco de sangre antes de que su pecho dejará de aspirar aire. Al verlo morir, sonrió levemente antes de darse vuelta y caminar hacia el auto.

Mientras volvía con el arma en mano, pensó en el agente una vez más.

Si ellos ya sabían quién era el asesino, definitivamente debía tener cuidado; pero, a su vez, puede de que lo que hicieron solo fuera una provocativa y que en realidad, solo hubieran encontrado a lo mucho, dos cadáveres y no cinco como el sujeto expuso.

—Ah, debo consultar con Angel —musito llegando al auto, notando como el otro coche que le seguía, aún continuaba en su sitio.

Extrañado miró hacia el bosque pero no noto a nadie venir.

—Imbécil, serás la cena de algun bicho —musitó después de guardar su escopeta en su estuche y meterla en la cajuela, que cerró unos instantes después. Se subió al coche y solo entonces noto el martilleo incesante de su corazón.

La sensación de ser una presa atrapada no le gustó para nada y estaba convencido, que no permitiria que se repitiera.