29 infidelidad
El conde Phantomhive era consumido por los celos al ver a su mayordomo pasearse de la mano con el adoslecente jardinero que era unos pocos años mayor que el, podría bien ser una buena opcion para los gustos de Sebastian, un joven de buena apariencia y aparente inocencia.
Apretando los puños no se dejaría ganar en este estúpido juego de celos, lo que más enojo le causaba era la sonrisa jactanciosa que le dedicó, era como que le dijera "Yo también puedo reemplazarte con alguien más así de fácil" Sus amigos hindúes se miraban entre si en medio de un suspiro de resignación, porque toda esta situación les parecía tan infantil pero ya se habían comprometido en estar ayudándoles así que tendrían que soportarlo con paciencia.
Caminando por el jardín, Ciel no borraba el semblante de malhumor de su rostro a pesar de ser un día hermoso.
—¡Mira que lindas flores...! —Exclamaba Soma cuando señalaba unas hermosas flores para tratar de animar a su celoso amigo que callado solo caminaba, le incomodaba mucho ese silencio obligado.
—Seguramente Finny y mi idiota mayordomo las cuidan... —Con molestia el conde insinuaba— Ellos la cuidan con tanto amor.
—Ehhh Ciel... Deja de ser tan celoso
—Tú no me digas lo que debo ser o no —Le aclaraba Ciel a su amigo ante ese sutil regaño — Estoy cansado, iré a dormir un poco.
El malhumor del joven embarazado era evidente haciéndose un poco insoportable para sus amigos que no refutaron en su sugerencia de ir a dormir así que lo acompañaron a su habitación donde lo dejaron descansar.
Ciel se levantaba unos minutos después retorciéndose en la cama trataba de sacudirse la pereza, un poco más relajado pensaba que tal vez si actuó un poco infantil antes con Sebastian, así que trataría de solucionar el asunto de la manera más madura posible ya que su mayordomo en lugar de aclararlo, también le seguía el jueguito tontamente. Salía de la habitación sigilosamente a paso lento para buscar a su mayordomo por la mansión, bien podía llamarlo pero optó por buscarlo, era raro que sus amigos hindúes no estuvieran cerca pero suponía que estaban en sus propios asuntos no tenían que estar pegados a él todo el día.
Llegó a la cocina y no lo halló pero tampoco estaban los demás sirvientes al parecer todos estaban ocupados mientras el descansaba entonces se encaminó a la habitación de Sebastian tal vez allí lo encontraría. Iba a tocar la puerta pero unos extraños sonidos le inquietaron así que no lo hizo, sonrojado tanto de la vergüenza como por el enojo acercaba su oído a la madera de la puerta para escuchar mejor esos sonidos que sospechaba de que eran pero no podía creerlo.
Ciertamente eran los jadeos de su demonio, estaba teniendo sexo con alguien más, conteniendo su enojo apretaba los puños, su orgullo no le permitía entrar de una vez para hacer una escena de celos frente al amante de su infiel demonio, eso le parecía humillarse más. ¿Quien se había atrevido a tocar a su Sebastian? Se cuestionaba internamente con enojo que casi le provocaba el llanto, aunque bien podía imaginarse quien era a pesar de no escuchar los gemidos del otro pero quizás tenía la boca llena para emitir algún sonido, pensaba perversamente al imaginarse el enorme miembro de su demonio en la boca de este.
Encontró una pequeña ranura en la puerta para confirmar sus sospechas, pasando saliva empezaría su observación aunque le carcomían los celos lo haría, abrió los ojos con sorpresa al ver que sus sospechas se hacían realidad, Finny estaba sobre su demonio en un sensual movimiento que parecían disfrutar los dos.
Los escuchaba gemir en una escena muy bochornosa y erótica que lo llenaba de rabia al verse traicionado, el crujir de la cama era fuerte lo suponía ya que el jardinero tenía tanta "vitalidad" ¿quien más podría soportar su ímpetu en la cama? Talvez solo un demonio, porque seguramente un humano no lo soportaría.
—Ngh... Señor Sebastian... —Era lo que el jardinero decía entre gemidos, veía como su demonio arremetía con fuerza al rubio joven que deliraba de placer.— Va a romperme... Ahhh...
Ciel decepcionado observaba como ambos llegaban al orgasmo mediante el sonido grostesco de la unión de sus cuerpos en ese coito que disfrutaban y a él le lastimaba en lo profundo de su corazón.
—Ahhh Finny... Que bueno eres... —Le escuchaba decir al mayordomo cuando lo quitaba de encima— Casi me lo rompes...
Le hablaba divertido a Finny que apenado ante ese comentario se sonrojaba más, hasta con él era gracioso después del sexo, eso le dolía.
—Lo siento señor Sebastian... Solo hice lo que usted me pidió —Se le escuchaba murmurar al rubio mientras metía un dedo en su dilatada cavidad anal como queriendo dejar salir el semen dejado por el sensual mayordomo.
—Dije que me montaras no que me la rompas...
—¿Le duele?
—Un poco... Ven a curarla...
Esto era demasiado para el conde que con el corazón roto veía como su desnudo jardinero se acomodaba en la entrepierna de su demonio que coqueto le sonreía, comenzaba a lamer con fuerza esa virilidad que suponía le pertenecía.
—¿Sacaste todo el semen de tu interior? —Le escuchaba cuestionar a Sebastian mientras jadeaba al sentir esa boca devorar su miembro— No te vayas a embarazar como nuestro tonto joven amo.
Esas palabras dolieron aún más al conde que salió corriendo refugiándose en su habitación, bajo las sabanas de su cama se acariciaba el vientre entre lágrimas.
—Ciel... Ciel...
Era el llamado de Soma a su amigo que sollozaba mientras dormía, el conde confundido se levantaba algo sobresaltado mirando todo a su alrededor.
—¿Qué sucede Ciel? Estabas llorando... ¿Soñaste algo feo?
—¿Dónde está Sebastian? —Le cuestionó en respuesta a Soma.
—Hace un momento estaba aquí dijo que iría a prepararle un postre para cuando se levantara.— le respondía Agni al notar la mirada llorosa del joven que agachaba la cabeza apenado.
Al parecer todo había sido solo un sueño, más bien una pesadilla, Sebastian no le sería infiel, él lo amaba ¿No? Él también quería a su bebé, no fue un accidente como lo insinuó en el sueño.
—Amo Ciel... ¿Se siente bien? —Le cuestionaba el sirviente hindú al no entender que le pasaba al conde.
—Ciel... —Era el llamado de Sebastian cuando al entrar a la habitación veía despierto a su amo— ¿Por qué estabas llorando? ¿Te hicieron algo estos dos?
Con una mirada recelosa el mayordomo veía de reojo a los hindúes ellos negaban nerviosos con la cabeza mientras el conde estiraba los brazos para que viniera a reconfortarlo, este se daba prisa en abrazar a su consentido amo que se estremecía al apegarse a su cuerpo.
—¿Tuviste una pesadilla? —Le preguntaba al sentirlo vulnerable en ese abrazo—Perdóname por lo de hace un rato fue una inmadurez de mi parte solo para hacerte enojar.
Ciel también quería disculparse por sus ataques hormonales que lo incitaban a hacer tonterías, pues fue el quien provocó todo esto al hacer a un lado a su mayordomo para que lo atendiera Agni, iba a hablar referente al asunto pero entonces vio que Finny entraba.
—¡Joven amo...! —Le llamaba el rubio con alegría— ¡Que bueno que despertó!
Receloso el conde le miraba, aunque todo había sido un mal sueño quien le aseguraba que no se volvería realidad en algún momento y que Finny tuviera ahora un interés en su demonio.
—¿Por qué me mira asi joven amo? —Murmuraba con un puchero el jardinero.
—No juegues al caballito con Sebastian... ¡Nunca...! —Le advertía el conde ante la sorpresa de todos.
—¿Eh? ¿Caballito? —Confundido Finny titubeaba en su mente inocente se imaginaba a que se refería a un juego infantil no a la insinuación sexual de su amo— No joven amo no lo montaré al Señor Sebastian...
Todos se apenaban ante esa aclaración tan inocente y animada de Finny porque los ahí presentes entendieron el doble sentido utilizado por el conde que sonrojado se abrazaba posesivo a su demonio.
Muchas gracias a quienes leen esta historia
