Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Nolebucgrl, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Nolebucgrl, I just translate.


A todos los chicos de los que me enamoré

Capítulo 24

Ir a los juegos de fútbol era incluso más divertido ahora que Edward y yo estábamos en la misma página, y me importaba un comino si su malvada ex estaba ahí o no. Sólo tenía que relajarme y apoyar a mi hombre, junto con Angela. Y esta tarde Alice estaba con nosotras.

Nos bajamos del carro de Angela, mi hermanita estaba saltando llena de energía.

—¡Esta vez sí podré ver todo el juego! —exclamó, llamando mi atención.

—¿Cuándo has venido a un juego? —pregunté mientras Angela nos alcanzaba.

—¡Papi me trajo la semana pasada para verte en tu carro con tu cinta!

¿En serio? Ninguno de los dos había dicho nada. Estaba sorprendida, pero tenía que admitir que me encantaba que hubieran estado ahí para mí.

—¿Por qué no me dijeron algo?

Ali se encogió de hombros.

—Ya estabas suficientemente alterada por el tema del baile. Y conoces a papá. Es un hombre —dijo como si eso lo explicara todo. Supongo que en cierta forma sí era así.

—Pues me alegra que estuvieran aquí.

—¡Te veías muy bonita! Casi tan hermosa como te veías para el baile. —Ali dio un pequeño giro en el estacionamiento—. Algún día podré usar vestidos bonitos y bailar con chicos guapos.

Dios. No podía imaginar a Alice creciendo, teniendo citas y haciendo… otras cosas con chicos. Cosas como las que Edward y yo habíamos hecho el fin de semana pasado. Tan sólo pensarlo me hacía sonrojar.

—¿A dónde se fue tu mente? —preguntó Ang, viéndome con interés—. Estás sonrojada.

Mierda.

—A ninguna parte. Sólo tengo frío. —Gracias al frío de la tarde por ayudarme con mi mentira.

—Uh-huh. —Ang no me creyó ni por un segundo, claro, pero de ninguna manera iba a decirle a dónde se había ido mi mente. Ella sabía que ciertas cosas habían pasado el fin de semana, pero no le di muchos detalles. No podía. Era sólo para Edward y para mí.

—Isabella.

Oh, Dios. ¿Por qué él? ¿Qué estaba haciendo aquí?

Volteé hacia mi derecha y, síp, ahí estaba Jasper Whitlock. Al menos se veía semi-normal para estar en un juego de fútbol. Llevaba jeans y un suéter. Afortunadamente, no se veía la corbata de moño por ningún lado.

—Jasper. ¿Qué haces aquí? —pregunté porque de verdad tenía que saberlo. Si iba a haber algún tipo de recreación al medio tiempo, quería que me lo advirtieran.

—Me gusta el fútbol. —Eso era una sorpresa—. Requiere estrategia y planeación, muy similar a una batalla en la guerra más grande de todas, la Guerra Civil. —Que lo comparara con su preciada guerra no era sorprendente para nada.

Angela nos veía con confusión. Claro que sí. No le había contado sobre las cartas, así que no tenía ni idea de por qué Jasper me estaba hablando.

—¿Qué tiene de genial la guerra? ¿Y quién eres? ¿Eres amigo de mi hermana? —exigió saber Ali, mirando a Jasper con una cara rara.

—Mi nombre es Jasper Whitlock, madame. —Santo cielo, Jasper acaba de llamar madame a mi hermana de diez años—. Tú debes ser Mary Alice.

Mierda. Preguntaría cómo demonios conocía el nombre de mi hermana, pero ya sospechaba la respuesta. Su "investigación" probablemente se extendía también a todos los miembros de mi familia inmediata.

—¿Cómo sabes quién soy? —Por supuesto, Alice le preguntó ella misma.

—He investigado a fondo tu familia.

La linda cara de Ali se arrugó con confusión.

—¿Por qué?

Jasper me miró, y al parecer la mirada de enojo que le estaba dando fue suficiente para no decirle exactamente por qué había comenzado su investigación.

—Isabella y yo compartimos una clase de historia, y resulta que tienes ancestros que lucharon en la Guerra Civil. Es mi futura área de estudio, así que investigué un poco más. No muy seguido te cruzas con alguien que tiene una conexión tan profunda con el grandioso Sur como la que tiene tu familia.

Estaba segura qué Alice no tenía ni idea de lo que estaba diciendo Jasper. Era mejor hacerlo irse.

—Pues fue genial encontrarnos contigo, Jasper. Tenemos que ir a buscar buenos asientos para ver jugar a Edward.

—Por supuesto. —Excelente—. Pero antes de que se vayan, me preguntaba si has pensado sobre unirte a nuestras recreaciones. Realmente sería una fortaleza que una persona con tan profunda conexión se uniera a nuestra batalla.

Angela medio se rio, medio tosió, y le lancé una mirada. Su cara estaba de un rojo brillante por intentar contener su risa.

Dios.

—Como dije antes, Jasper, estoy muy ocupada los fines de semana con mi hermana y Edward…

—Ah, sí, Edward Cullen. He investigado su linaje, y él también tiene una conexión con la Gran Guerra.

Maravilloso. No podía esperar para contarle a Edward que era elegible para unirse a las recreaciones conmigo. Estaba segura de que se emocionaría.

—¿De verdad? —pregunté, avanzando un poco. Entre más nos acercáramos al juego, era más la probabilidad de dejar de lado a Jasper.

—Sí. —Su cara se arrugó como si hubiera chupado un limón—. Sus ancestros fueron Yankees. —Escupió la palabra Yankees como si probara algo que sabía mal.

—Uh, ¿disculpa? —logré decir, porque ahora era yo la que quería reír.

—Está bien. Después de todo, también los necesitamos. Pero tú tienes que estar en nuestro lado.

¿Nuestro lado? Oh, Dios. Este tipo no podía ser real.

—Bella no puede estar contra Edward. ¡Él es su novio! —anunció Alice, haciéndome soltar una risita. Era tan linda. Se veía indignada ante la idea de que yo me pusiera contra mi novio.

—Mary Alice, nos esforzamos por ser lo más auténticos posibles en nuestras recreaciones. Isabella no podría ser una enfermera para los soldados Yankees, ¡porque tu familia fue parte de la gran Confederación!

Ahí iba de nuevo, su voz retumbaba con pasión por su amada Confederación. El chico debería considerar dedicarse a hablar en público o algo así. Sería bueno en ello, siempre y cuando fuera un tema que le gustara.

—¿Por qué la sigues llamando Isabella? Todos le dicen Bella. Y a mí nadie me dice Mary Alice. ¡Es Alice! —azotó su pie, claramente intentando dejar bien en claro su punto.

Y ahí estaba. Alice recibió la mirada patentada condescendiente de Jasper, menos los lentes esta vez.

—No creo en acortar nombres propios a apodos. Su certificado de nacimiento dice Isabella Swan, igual que el tuyo dice Mary Alice Swan. No es correcto llamarte de ninguna otra forma.

En ese momento, podía pensar en varias formas de llamar a Jasper.

—Jasper. No creo que…

—Eres raro, ¡y no me agradas! —le dijo Alice, siguiendo sus palabras con una patada hacia su espinilla—. Deja en paz a Bella, ¡o haré que Edward te dé una paliza!

—Bueno, eso sería históricamente correcto, con eso de que Edward es Yankee y todo eso —señaló Angela, haciéndome reír. No pude evitarlo. Escuchar las palabras de Jasper siendo usadas en su contra era divertido.

Se estaba frotando la pierna, y nos fulminaba a todas con la mirada.

—Está claro que cometí un error de juicio al tratarse de ti, Isabella. Retiró mi invitación para que te unas a nuestras recreaciones. Estoy seguro que podremos encontrar a alguien más aceptable para atender a nuestros soldados heridos. Tal vez a Jane le quede el disfraz.

Oh, ¡qué horror!

—Suena bien. Te veo luego, Jasper. —Tomé la mano de Ali, en caso de que pensara ir tras de él de nuevo.

—¡Adiós, tonto! —gritó sobre su hombro, antes de girarse de nuevo hacia mí—. ¿Tienen disfraces?

Tuve que reírme. Sonaba algo triste ahora que sabía que había disfraces involucrados.

—Sí, usan uniformes de la Guerra Civil, y supongo que las mujeres usan uniformes de enfermeras, o vestidos, o algo similar.

—¿Puedo hacerlo?

Me reí y le despeiné el cabello.

—Viendo que acabas de patear a Robert E Lee, diría que tampoco estás invitada. Tal vez en una década o así podrías intentar unirte.

—Al principio pensé que era lindo. Pero luego fue un idiota.

Sólo Alice podría adivinarlo de inmediato.

—Hace mucho tiempo yo también creía que era lindo. Pero ya no.

—Pues claro que no es lindo, no cuando tienes a Edward.

Eso era muy cierto. No había nadie mejor que Edward. Agarré la mano de Ali cuando nos acercamos a la entrada. Volteé y vi a Angela mirándome con especulación.

—¿Qué? —pregunté mientras entregaba el dinero para nuestras entradas.

—Hablaremos en cuanto lleguemos a nuestros asientos. Necesito el lugar perfecto para mirar a mi hombre.

Suspiré mientras subíamos a las gradas. Finalmente, Angela encontró el lugar adecuado y nos indicó que nos sentáramos.

Me senté, y se giró para verme expectante.

—¿Y bien? ¿Qué demonios fue eso?

Súper mierda. Sabía que ella no se iba a tragar lo de la clase de historia. Sabía muy bien que no me importaban ni conocía a mis ancestros. Ali me estaba viendo también. Al diablo. Podía decirle una parte de la verdad sin revelar todo.

—Mi querida hermana aquí presente —le lancé una falsa mirada de molestia a Alice —se encontró una caja con viejas cartas que yo había escrito, la mayoría de ellas de hace años, a chicos que me gustaban.

El labio de Ali formó un puchero.

—Dije que lo sentía.

Le palmeé la espalda.

—Lo sé. Y te perdono.

—¿Qué hizo? —preguntó Angela, inclinándose y lista para escuchar el chisme como siempre.

—Las envió.

—¿Y uno de ellos era Jasper? ¿Cómo es que no sabía de esto? —exigió saber.

Me reí.

—Fue en sexto grado, y duró una semana. En ese entonces no te conocía tan bien, así que no había razón para que lo supieras.

Ang suspiró.

—Igual debiste decirte. Yo te conté sobre el enamoramiento que tuve con Mike Newton en quinto grado.

Tenía razón.

—Lo siento. En realidad, no creía que fuera para tanto. Como sea, Jasper recibió la carta, investigó a mis ancestros y me invitó a participar en la recreación. Yo ya estaba con Edward cuando me lo pidió, así que usé eso como mi excusa, aunque al parecer debí decirle que no tenía interés en la Guerra Civil ni en sus recreaciones.

Angela soltó una carcajada.

—Desearía haber escuchado esa conversación. Tuvo que haber sido única.

Rodé lo ojos.

—Fue algo más. Me decía Isabella y me soltó la misma mierda sobre apodos que le dijo a Ali.

—Me gustan mis apodos —anunció ella—. Alice, Ali, ¡y especialmente Cat! Son buenos nombres. Él es malo. ¿Puedo patearlo de nuevo?

Negué con la cabeza.

—No. No creo que vaya a hablarle a ningún Swan en el futuro gracias a ti, Ali.

—Bien. —Se echó hacia atrás con una sonrisa de satisfacción.

—Entonces, dijiste que fueron cartas. O sea, ¿más de una? ¿Quién más las recibió?

Mierda.

—Eric. —Ésa era fácil.

Se rio.

—Eso explica por qué te dice que eres su novia. Me preguntaba sobre eso, pero pensé que estaba bromeando sobre tú siendo su tapadera o algo así.

—¿Por qué Bella sería una tapadera? —preguntó Alice—. ¿Qué significa eso?

Le lancé una mirada a Angela.

—Muchas gracias. —Me gire hacia mi hermana—. No es nada, cariño. Es una frase que no necesitar conocer por un largo tiempo.

Sabía que eso no sería suficiente para mi curiosa hermanita, así que cambié el tema.

—Tyler fue otro.

Angela se destornilló de risa.

—Oh Dios mío, ese tuvo que ser un enamoramiento viejo. Ese chico ha sido un idiota desde que entró a la pubertad.

Tan cierto.

—Sí, quinto grado.

—¿Quién más? Ahora sé por qué llegaste a la corte del baile. Tenías a chicos saliendo por todos lados. —Angela se rio cuando le golpeé la pierna—. Vamos, Swan. Confiesa.

—Emmett.

—¡Oh, chico! ¡Qué incómodo! Ese tuvo que ser de hace mucho tiempo, ¿cierto? ¿No le molestó?

Dios la bendiga por asumir que era una carta vieja. Y que me maldiga a mí porque no lo era. Pero iba a tomar esa excusa.

—Fue incómodo un tiempo, pero ya estamos bien. —Algo así. Las cosas nunca volverían a ser igual, pero mi carta no era la única razón, así que no sentía la necesidad de aclararlo. De todas formas, Ang ya sabía que las cosas habían cambiado, viendo que él ya nunca pasaba tiempo con nosotras.

—Qué bueno.

—¡Y Edward! —saltó Alice, sonriendo con orgullo—. ¡Ella consiguió novio por mí! Yo ayudé a enviar las cartas, a pesar de que está mal fisgonear —agregó cuando le alcé una ceja.

—Uh-huh.

—¿Le escribiste una carta a Edward? —preguntó Ang, y de repente su cara se iluminó—. ¡La fiesta! ¡Tu primer beso! Fue entonces cuando escribiste esa, ¿cierto? ¿Cuándo la puta malvada comenzó a odiarte?

Podía reírme de eso ahora.

—Sí. La escribí en cuanto llegué a casa. —Negué con la cabeza—. Habló conmigo sobre eso en la pista de carreras, y fue entonces cuando lo besé. —No necesitaba saber el resto.

—Pues, ¡maldición! ¿Qué estaba escrito en su carta? Tal vez debería escribirle una a Ben.

Sacudí la cabeza.

—Como si necesitaras hacer eso. En realidad, fue algo ridículo. Le escribí cosas sobre lo lindo que era y que esperaba besarlo de nuevo.

—Deseo concedido, ¡cuatro años después! Es increíble. —Angela me sonrió—. Obviamente le gustó.

Sonreí al pensar en ello.

—Así es. Y en definitiva eso me puso en su radar. Comenzamos a platicar saliendo de la escuela ese día, y ahí empezó. —Menos unas cuantas reglas y así.

—Es una historia maravillosa —declaró Angela, sonriendo con orgullo—. Mucho mejor que Ben y yo platicando de mis caricaturas en la fiesta.

Negué con la cabeza.

—No, ustedes se veían muy lindos. Perdidos en su propio mundo en medio de la fiesta. Fue bueno que Edward los presentara.

Angela sonrió.

—Sabes, eso es cierto. No estaríamos juntos si tú y Edward no estuvieran juntos, así que supongo que también le debo mi relación a Alice por mandar esas cartas.

—¡De nada! —exclamó Ali, asomándose sobre mi regazo.

Angela se rio.

—Gracias, peque.

El juego comenzó, así que dejamos de lado toda la charla sobre relaciones y nos la pasamos genial animando a nuestros chicos. Alice se metió mucho en ello, animando y gritando cada vez que decían el nombre de Edward. Se volvió loca cuando él anotó un touchdown. Fue adorable. Amaba su amistad.

El juego terminó con nosotros victoriosos de nuevo, ganando 27 a 24. Ali estaba emocionada mientras bajábamos las gradas. Yo estaba a tres escalones del suelo cuando alguien me empujó con fuerza. Sentí que perdí el equilibrio, y la barandilla estaba muy lejos. A menos de que agarrara a alguien y lo tirara conmigo, no tenía mucha suerte. Puse las manos frente a mí e hice lo mejor que pude para evitar estrellar la cara en el piso.

Mis brazos se trabaron, y escuche un crac y un rayo de dolor subió por mi brazo izquierdo. Súper mierda.

—¡Bella! —estaba gritando Ali, mientras Angela empujaba a la gente fuera de su camino para llegar a mí—. ¿Estás bien, hermana?

Intenté decirle que estaba bien, pero el dolor de mi muñeca izquierda no me dejaba hablar. Sólo negué con la cabeza mientras las lágrimas comenzaban a derramarse por la cara de Ali. Angela se fue, e hice lo mejor para intentar no concentrarme en el dolor que estaba sintiendo.

Había gente a mí alrededor preguntándome si estaba bien, algunos intentaban agarrarme, pero no quería que nadie me moviera. Temía que si quitaba las manos del suelo, me desmayaría o algo así.

—¡Bella! —escuché su voz y supe que iba a estar bien. Gracias a Dios. Edward estaba aquí.

Angela lo guío entre la gente y se acuclillo junto a mí, la preocupación estaba escrita sobre todo su atractivo rostro.

—¿Nena? ¿Estás bien?

—Creo que está rota —le dije, señalando mi muñeca izquierda con la cabeza.

—¿Tu brazo? ¿Muñeca? —Asentí en la palabra muñeca.

—Bien. Te ayudaré a levantarte. Es sólo tu muñeca, ¿cierto? No quiero moverte si te duele algo más.

Negué con la cabeza.

—Sólo la muñeca, creo. —Si algo más dolía, el dolor de mi muñeca lo estaba opacando.

Edward mantuvo su mirada en mí.

—Todos, ¡apártense! —gritó, lleno de autoridad. Habría sido sexy si mi mano no se estuviera cayendo.

La gente a nuestro alrededor lo escuchó y nos dio espacio. Edward tomó mi brazo derecho con gentileza en sus manos.

—Te voy a enderezar, nena. Déjame cargar tu peso. No uses tu brazo izquierdo para nada.

Ese no iba ser un problema. Edward comenzó a enderezarse desde su posición en cuclillas, jalándome con delicadeza. Apoyé los pies debajo de mí y me paré, jadeando un poco cuando mi mano izquierda se separó del suelo.

—¿Te duele algo más? —preguntó de nuevo Edward, sus ojos se movieron sobre mí—. ¿Tus rodillas?

Bajé la vista y vi que había agujeros y algo de sangre.

—Creo que sólo son raspones. —También podía sentir dolor ahí, pero no era nada comparado con la muñeca.

—¿Puedes caminar? ¿O quieres que te cargué hasta mi carro?

—Puedo caminar —le dije, porque era verdad. Aunque también quería que me cargara, porque de verdad quería que me abrazara mientras lloraba.

Pasó su brazo a mi alrededor, siendo cuidadoso de no mover mi lado izquierdo.

—Vamos.

—¿Estás bien, Bella? —la voz preocupada de mi hermana llegó a mis oídos. Mierda. Las lágrimas caían por su cara; quería consolarla, pero moverme no era una opción.

—Estaré bien, Ali. Sólo necesito algo de hielo.

—Hielo mi trasero —me dijo Edward—. Vas a ir al hospital.

No. De ninguna manera. Negué frenéticamente con la cabeza e intenté apartarme de él.

—Odia los hospitales —le dijo Ali—. Mamá murió en uno, y desde entonces les tiene miedo.

Vergonzoso pero cierto. No podía ir. No iría.

—Bella, necesitamos averiguar si está rota. Y si lo está, necesitas yeso. Tienes que ir al hospital. Me quedaré contigo todo el tiempo, lo juro.

Negué con la cabeza, temía desmayarme por el terror puro que me llenaba ante la idea de ir al hospital.

—¡Por favor, Edward! ¡No puedo! No me obligues a ir. —No era demasiado orgullosa para rogar.

Edward me miró por un momento antes de suspirar y enderezar los hombros.

—De acuerdo.

Gracias a Dios.

—Entonces, te llevaré a ver a mi padre.

Bien, eso era una sorpresa, pero una que estaba más que dispuesta a seguir.

—Bien. Vayamos con tu papá.

Tal vez algo bueno podría salir de esta herida. Eso esperaba.


¿Cómo podrá afrontar Edward el ver a su papá? Recuerden que ellos no tienen una buena relación.

Espero que hayan disfrutado del capi, gracias por todo su apoyo siempre 😉