Disclaimer:
La serie Naruto (tanto manga como anime) son propiedad de Masashi Kishimoto. Las letras y citas incluidas en el texto son propiedad de sus respectivos autores.
House of Crows pertenece a SilverShine, yo sólo me ocupo de la traducción.
La imagen de la portada lleva por nombre White Raveny es propiedad de Nat Jones.
Advertencias:
Clasificación M: Contenido adulto tal como lenguaje, sexo, etc.
La Casa de los Cuervos
Capítulo 28
El Cuervo Parlante
Y puedo guardar un secreto,
Y arrojar la llave.
La puerta de la casa del doctor se abrió sin necesidad de mucho esfuerzo. Kakashi entró en silencio, completamente alerta de sus alrededores para no dar un paso sin estar completamente seguro de que él no sería visto o escuchado. Si alguien le veía dando vueltas por la casa del doctor a estas horas de la mañana, tendría que dar algunas explicaciones.
Al final del corredor un fuerte sonido de ronquidos emergía desde la puerta semi-abierta. Eso era un alivio. Mientras él pudiera escuchar ese sonido, Kakashi sabría dónde estaba el dueño de la casa. Con eso en mente, él comenzó su búsqueda.
El primer cuarto que vio parecía ser una sala que conducía a una cocina. Aquí no había nada. Kakashi se movió de vuelta al pasillo y encontró una puerta cerrada y se encogió para abrir el cerrojo con la misma vara con la que había abierto la puerta del frente. Cuando la abrió miró el interior. Gabinetes de cristal, sillas cubiertas con papel extraño, un olor a fuerte esterilidad, un escritorio con montones de notas y carpetas… bingo. Probablemente era ahí donde los suministros estaban guardados.
Kakashi se movió directo hacia el primer gabinete, echando un vistazo a través del panel de cristal a la fila de pequeñas botellas y cajas sobre las repisas. Los nombres estaban en argot –no significaban nada para él. Lo que buscaba él era algo muy específico, y movió la mano hacia su bolsillo para sacar la lista que Sakura le había dado para que no olvidara nada.
—Depende de lo que quieras. —Ella había dicho, sentada en el sofá como la experta médico de primera que era. —Los depresores son tu mejor apuesta; barbitúricos, benzodiacepinas, ese tipo de cosas. El alcohol es algo que a veces necesitas, pero querrás algo más fuerte como el etanol. Depende del tipo de riesgo que quieras tomar. El etanol es útil, pero te matará con facilidad si usas la dosis incorrecta.
—Tiene que ser seguro. —Kakashi le dijo. —No estoy buscando matar a nadie.
—Estamos un poco cortos de recursos. Todo lo que tenemos es a un médico general del otro lado del lago que probablemente no tenga nada así de avanzado. Lo máximo que tendrá serán algunos sedantes, pero él no tendrá todo lo que necesitamos. Ni siquiera estoy segura de que tenga algo de tiopentato de sodio.
—¿Qué es eso?
—Lo que necesitas.
—Sólo escribe una lista de todo lo que necesitas y te lo conseguiré.
Sakura había sido horriblemente específica en sus peticiones, y Kakashi pensó que no podría esperar menos de la aprendiz de una mujer como Tsunade. No sólo había hecho una lista de drogas con nombres ridículamente largos (de cualquier forma le hizo preguntarse si los había escrito bien) también había pedido instrumentos. Jeringas para medir. Tubos estériles de cristal. También tenía que recordar no llevarse las botellas porque el doctor notaría si le faltaba algo. Kakashi se preguntó cómo sería capaz de darse cuenta. Había demasiadas botellas y todos los contenidos se veían igual así que encontraba difícil que incluso el dueño se diera cuenta de que una o dos faltaban.
Él se aseguró de revisar cada gabinete y cajón –incluso los cerrados- buscando las cosas de la lista. Había cinco botellas enfrente de él, un puñado de tubos de ensayo en la mano, y una jeringa en la otra. Él miró de nuevo la lista, y el último renglón escrito al final.
(¡NO CONTAMINES LAS MUESTRAS!)
¿Qué significaba? ¿Le estaba diciendo que no escupiera en ellos? ¿Usa tubos de ensayo limpios? ¿Usa diferentes jeringas para cada muestra?
Mejor asegurarse.
Con cada tuvo llenado por algunos centímetros cúbicos y tapados, él nombró cada uno con un bolígrafo del escritorio. El que era de tiopentato de sodio simplemente decía ST. Él estaba seguro de que tenía todo lo que Sakura había pedido.
Desde algún lugar en la parte de atrás de la casa una fea maquinita comenzó a sonar y el doctor dejó de roncar. Kakashi se encogió. Un rápido vistazo a su propio reloj le informó que probablemente era la alarma del buen doctor.
Bendecido con dedos rápidos y hábiles, Kakashi simultáneamente guardó los tubos en su bolsillo mientras acomodaba las botellas de vuelta a donde las encontró. Pisadas sonaron en el pasillo. Su único escape era a través de la puerta por donde había entrado, pero no sintió pánico. Dudaba que el primer lugar que el hombre visitara en la mañana fuera su consultorio-
La manija de la puerta comenzó a girarse.
¡Médicos! Pensó molesto. ¡Todos eran tan locos e irritantes!
La puerta comenzó a abrirse y Kakashi se escondió detrás de ella, haciendo un genjutsu no-me-veas que tenía con tanta rapidez como pudo. Quizás hubiera sido innecesario. La puerta le golpeó, apretándolo junto con el par de blancas capas colgando detrás de ella, e incluso si el doctor echara un vistazo ahí no sería capaz de ver a Kakashi.
—Juraría que cerré esto. —El doctor murmuró para sí mismo mientras cruzaba la habitación.
Era momento de irse. Kakashi salió desde detrás de la puerta y dando un lento y silencioso paso a la vez mientras se pegaba al corredor. Él no quitó los ojos del doctor, quien sacó desde debajo del escritorio una jarra triangular con un líquido amarillo sin nombre. De ahí, él dio un largo, largo trago.
Médicos… Kakashi pensó de nuevo con un temblor mientras su mano alcanzaba la manija de la puerta del frente y se permitió salir de la casa con sólo un susurro de aire para marcar su paso.
A través del lago, el sol estaba poniéndose apenas, brillando de manera poco natural en grande y en un profundo rojo contra la superficie del agua. Kakashi comenzó a correr. Él tenía que regresar con Sakura antes de que su alarma sonara. Si él no se reunía con ella antes de sus primeros deberes, tendría que esperar todo el día para verla de nuevo.
Mientras regresaba a la casa principal, él no contaba con ser el único despierto a esas horas.
Luego del primer nivel de escaleras dio vuelta en una esquina y se encontró directamente con Reika.
Él cubrió su sorpresa dejando escapar un inocuo: —Buenos días.
Ella le gruñó. —¿Por qué estás corriendo?
—Ejercicio. —Él se hizo a un lado, intentando rodearla, lo que era algo difícil cuando ella insistía en seguirlo y mantenerle el paso cerrado. Parecía que todo el mundo estaba haciendo difícil su vida esta mañana.
—No, estás corriendo hacia la segunda ala de invitados. Si no te conociera mejor, pensaría que estás corriendo de vuelta a la cama. —Sus ojos se entrecerraron. —¿Hay alguien especial esperando por ti?
Este era más o menos el caso, sí. Él se rindió de intentar rodearla discretamente y se resignó ante la confrontación que hasta el momento había conseguido evitar. Con cada día que pasaba desde que la había sacado de su cama y luego reemplazado con una mujer común, la presión había aumentado dentro de ella casi visiblemente –cada desayuno más tenso que el último, cada mirada llena con más veneno del que ni siquiera Sakura podría manejar. Cualquier día iba a explotar en una lluvia de veneno y vitriolo. Cuando eso sucediera, Kakashi esperaba estar muy, muy lejos.
—¿Hay algo que necesites, Reika? —Preguntó, esperando alejar su atención de Sakura.
—Necesitas abrir los ojos. —Dijo, enterrándole un dedo en el pecho con el puño puesto en su cadera. —Estás yendo muy lejos, Kakashi.
—¿Lo estoy? —Dijo con desinterés.
—Pasas cada noche con esa… esa sirvienta. —Siseó ella. —Es enfermo. Está mal. ¿Cómo puedes tener el estómago para tocar eso-? ¡Ni siquiera quiero pensar cuán asqueroso es meterlo en una mujer preñada!
—Bueno. —Dijo lentamente. —No es por eso.
—¿No es por qué? ¿Sexo? —Ella le dio una mirada de asco como si fuera peor de lo que ella había creído. —¿No te gusta o sí?
Él suspiró y puso los ojos en blanco. —Reika. —Él comenzó con hartazgo.
—No. —Ella le interrumpió, un dedo levantado una vez más. —¡Escúchame, Kakashi! ¡La gente habla! Piensan que no eres mejor que tu padre, ¡Y en este punto vas a perder tu posición! Eres el verdadero heredero de este clan pero nunca serás aceptado si te pones serio con un culo de bajo perfil. De hecho, ¡Eres peor que tu padre! Al menos tu madre era una kunoichi- ¡Esta chica es una don nadie! ¡Sólo es un postre que Toshio descartó! ¡Eres como un maldito carroñero comiendo sobras!
—Oye. —Dijo suavemente, pero con severidad. —Eso es suficiente.
—¡No, no es suficiente! —Gruñó, delicadas lágrimas llenaron sus ojos tan perfectamente que él estaba seguro de que ella había practicado cómo llorar frente a un espejo. —¡No puedo creer que hayas elegido a esa chica sobre mí! ¿Qué tiene ella que yo no tenga? ¿Por qué no soy suficiente para ti?
—No es sobre ti. —Intentó calmarla.
—¡Por supuesto que lo es! —Dijo iracunda. —¡Si quieres dejarlo conmigo sólo dilo! ¡No tienes que andar retozando con otras mujeres solo para alejarme!
—De acuerdo. —Dijo él. —Quiero dejarlo.
Ella casi gritaba. —¡No! ¡Estamos comprometidos!
—Tú decidiste eso, no yo.
—¡Yo te di tu primera mamada!
—…también decidiste eso tú misma.
Ella dio fuertes pisotones y apretó los puños como una niñita. —¡Kakashi, esto no es justo! —Chilló. Y luego como si un interruptor se hubiera movido dentro de ella, pasó sin problemas de niña petulante a kunoichi lastimada. —Podría asesinarla, sabes. Las chicas como ella son tan frágiles, no duran mucho.
Kakashi posó en ella la mirada con rapidez. —No bromees acerca de eso. —Kakashi le dijo con frialdad. —Si le tocas un solo cabello, te asesinaré yo mismo.
La explicita advertencia no pareció asustarla. En lugar de eso ella sólo acomodó un puchero y suspiró con decepción. —Tú y Karasu. Son los dos unos bebés. Ninguno puede tomarse una broma.
—¿Disculpa? —Kakashi frunció el ceño.
—No es como si en verdad planeara hacerle algo. —Dijo ella, regresando a su humor juvenil y confiado. —Ninguno tiene que frenarme. ¿Y qué tiene de especial esta chica? ¿Por qué tienen que saltar a defenderla todo el tiempo? Tú, lo entiendo, ella te tiene de la verga. ¿Pero Karasu? Quizá también se lo está cogiendo por la forma en que él se comporta.
El ceño de Kakashi sólo se profundizó. —¿Qué se supone que significa eso?
—"No toques a esa chica, Reika, o haré que te arrepientas". —Dijo ella, imitando lo que él asumía era una versión poco halagadora de la voz de Karasu. —Parece meterse en el camino. Ella está abriendo las piernas para él también, ¿No es así? Es tan asqueroso.
Eso era problemático.
Ni por un segundo imaginaba que Sakura estaría cerca de Karasu por voluntad propia, mucho menos dormir con él. Eso no era lo que le preocupaba. Lo que le preocupaba era que, detrás de la espalda de Kakashi, el líder del clan había estado amenazando a todo el que atentara contra Sakura.
Este era un hombre que había atravesado el pecho de su propio padre porque había causado gran molestia estando borracho. Este no era un hombre que ofrecía protección a alguien a menos que hubiera un pago involucrado, así que ¿Proteger a una sirvienta común? Kakashi ni siquiera podía comenzar a pensar en la razón detrás de esto… y en algún lugar debajo de sus costillas otro aguijonazo de ansiedad se estaba abriendo paso hacia su corazón. Otra razón por la cual preocuparse. Otro problema potencial que le hacía más difícil respirar.
—Tengo que ducharme. —Le dijo en voz alta a Reika, ya no importándole el golpe de su ira. Él se movió alrededor de ella y subió las escaleras, y si ella gritó algo detrás de él no lo escuchó. Todo en lo que estaba concentrado ahora era en regresar a su habitación antes de que Sakura se fuera.
Cuando él entró, ella estaba duchada y vestida e incluso había hecho la cama como una buena sirvienta. Él la encontró sentada en el sofá donde le había dejado, y ahí también encontró a Pakkun cerca de un estado comatoso de satisfacción ante el rascado de oreja que estaba recibiendo.
—¿Conseguiste todo? —Preguntó.
—Eso creo. —Replicó, tendiéndole los tubos que había guardado en su cabestro.
Mientras ella pasaba los ojos sobre las etiquetas, él echó un vistazo a su alrededor para asegurarse de que las ventanas y puertas estaban cerradas. No quería que alguien los encontrara en esta situación tan comprometedora.
—Bien… sí… —Sakura asintió. —Funcionará. ¿Conseguiste pipetas?
—Uh… él sólo tenía jeringas.
—Está bien. Dame tu encendedor. —Ella tomó todo lo que él le dio y transportó el bulto hasta la otra habitación y lo dejó sobre su escritorio. Ella encendió la lámpara y arregló dos pequeñas pilas de libros como si fuera una especie de gradilla, y en meros segundos ella ya se había hecho un bonito y pequeño laboratorio.
Pero cuando Kakashi intentó echar un vistazo encima de su hombro para ver lo que estaba haciendo, ella le miró con fuerza para que retrocediera. —No vas a ver. —Le dijo. —La última cosa que necesito es que memorices como preparar un suero de la verdad.
Él dejó escapar un suspiro y se dejó caer de espaldas en la cama, disfrutando un poco de la alegría de arruinar la cama que tan perfectamente había hecho ella. Olía bastante a Sakura, y sólo un poquito a sexo inconcluso, y eso fue suficiente para recordarle cuidar su comportamiento, aunque Sakura era de lejos una persona con la que tratar más fácilmente cuando tenía drogas con las cuales jugar. —De cualquier forma todo podría ser para nada. —Dijo él, frotándose el cansado rostro. —He usado sueros de la verdad en interrogatorios. Es una apuesta.
—Quizás tengas el beneficio de que tu victima sea ignorante de que lo estás drogando. —Sakura dijo, mientras medía cuidadosamente sus dosis. —Todavía será capaz de mentir –siempre son capaces de mentir- pero él no sabrá que tiene una razón para hacerlo. Esta cosa trabaja como un depresor, y ya que toma más imaginación y concentración mentir que decir la verdad estará más inclinado a ser honesto sin darse cuenta. Lo que tendrás es que él será un hombre inusualmente parlanchín por algunas horas, y mientras le administres esto con cuidado, él no tendrá su guardia en alto.
—Él siempre tiene el guardia en alto.
—Asegúrate de darle sake. Cuando comience a hacerle efecto, será como si estuviera un poco borracho… tendrás que darle más tragos para evitar que él o los otros se den cuenta. —Sakura le dijo. —Es parcialmente un anestésico, así que no recordará nada de lo que dijo o hizo en la mañana.
—¿Eso es una buena idea? ¿Mezclar alcohol con esta cosa?
Sakura no dijo nada.
Kakashi se sentó. —Mejor que sea seguro, Sakura.
—Lo es. —Replicó casualmente.
—Sakura. —Dijo con más fuerza. —Si esto daña a Karasu-
—¡Tú eres quien quiere drogarlo- siempre hay un inherente riesgo en eso! —Ella le dijo cortante por encima del hombro.
—No soy lo suficiente ingenuo como para creer que no utilizarás esto como una excusa para darle una dosis letal. —Él comenzó a preguntarse si no había cometido un error al pedirle su ayuda. Ella quería ayudar a Konoha, seguro, pero tal vez ella tenía la creencia de que eso sería alcanzado con mayor rapidez con la muerte inmediata de Karasu que con el plan de Kakashi.
Sakura se giró en su asiento para acomodar sobre él una mirada ilegible. Luego de un momento, su mirada se torció neciamente hacia un lado. —Sólo estoy haciendo esto porque me lo pediste. —Dijo con la voz controlada. —Deberías saber que no puedo arriesgarme a matar a otro Hatake. Apenas escapé con mi vida la última ocasión. No voy a tentar al destino por segunda ocasión, y ciertamente no con este bebé. Estoy tomando gran riesgo con la creación de este suero.
Él se relajó ligeramente. —De acuerdo. —Dijo él.
Pero ella no parecía aplacada. Ella se giró pare trabajar con una expresión rígida, sus manos se movían con más brusquedad, revelando su enfado.
Él se levantó y se acercó lo suficiente como para tocarle el hombro. Se congeló bajo su mano. —Te creo. —Él intentó dejarle en claro.
—Pero no confías en mí. —Se obligó a decir.
Por un momento, él se dio cuenta que era cierto. —No es como si tú confiaras en mí.
Ella estampó la jeringa usada contra el escritorio. —¡Por supuesto que confío en ti! —Gritó ella. —¡No tengo elección! No me tienes que agradar, ni tengo que ser buena contigo, pero tengo que confiar en ti, porque eres el único jugador en este juego que probablemente no quiere matarme. ¡Cuando tú dices 'salta', yo tengo que saltar! Cuando tú dices 'haz un suero de la verdad para que mi primo hable', yo tengo que hacerlo. Tengo que creer que tú estás haciendo lo correcto, porque si no lo hago entonces… entonces voy a terminar muerta.
Ella estaba llorando. Lágrimas corrían por sus mejillas como si vinieran de la nada y con furia se las secó. —¿Y por qué siempre estoy llorando? ¡Odio las hormonas! —Se dijo molesta. —¡Odio estar embarazada!
—No será por siempre. —Dijo con cuidado, arrodillándose junto a ella para hacerla girarse hacia él. —Si todo esto sale bien, mi familia tendrá que abandonar el contrato con Iwa y dejarán este lugar, y después de eso, tú y yo podemos hacer los arreglos para el bebé. Entonces podremos regresar a Konoha.
Ella inhaló. —¿Tú y yo? —Repitió con cuidado. —En el momento en que atravieses las puertas, serás arrestado.
Eso era cierto, pero…—Sólo si les dices lo que hice. —Apuntó.
Ella se le quedó viendo estoicamente, dejándole inseguro de si ella estaba de acuerdo o no. Esta era una chica que seguía resintiéndolo. Así como estaban, él sabía que si bajaba su guardia ella entregaría a su familia para ayudar a Konoha.
Él suspiró y corrió la mano por el cabello de ella. —Confío en ti. —Le dijo. —Porque tú confías en mí. Estamos juntos en esto, Sakura.
Ella se limpió la nariz con el dorso de la mano –a diferencia de Reika, ella no hacia esfuerzo alguno en llorar de manera atractiva- y levantó un tubo sin etiqueta y se lo extendió. —Toma. —Dijo con la voz plana. —Funcionaría mejor si lo inyectaras, pero ya me gustaría verte intentándolo. Si lo bebe, podría tardar un rato en funcionar pero estará charlando como Naruto puesto en azúcar de igual forma. No tendrás mucho tiempo para que caiga inconsciente, así que tienes que hacer que hable rápido.
Él asintió. —Es mejor si una de las sirvientas lo pone en su bebida. Tendrás que servírselo la siguiente ocasión en que se reúnan para una fiesta.
Ella parecía renuente. —Si me atrapan-
—No dejaré que nada te pase. —Él miró hacia su vientre. —O a él.
—De acuerdo. —Dijo sombría.
Kakashi se levantó, inclinándole la barbilla para poder limpiarle las mejillas con el pulgar. —¿Me crees, verdad? —Le preguntó en voz baja. —Sabes que si el momento llega, daría mi vida por ti sin dudarlo.
Ella parpadeó hacia él con sorpresa, sus pestañas unidas de manera puntiaguda enmarcaron sus enormes y húmedos ojos. —Sí… creo que lo harías.
Sus labios rosados permanecieron separados. Eran tentadores. Lo habían tentado antes, tiempo atrás en un hotelillo en una provincia del noroeste del País del Fuego, y la noche anterior cuando se abrieron ante la invitación de los suyos. Sin pensarlo, su pulgar acarició su boca… y era tan suave como la recordaba.
La cabeza de Sakura retrocedió de un tirón.
Kakashi tuvo que tragar y se obligó a bajar la mano. —Tu turno comenzará pronto, mejor te vas. —Le dijo a ella.
Sakura asintió aturdida, y se levantó sin decir nada. El tubo de ensayo de su cuidadosamente medido suero desapareció en el forro de su manga y luego se alejó. Probablemente estaba demasiado feliz por escapar de él.
A las cinco en punto una tormenta nada parecida a lo que Sakura hubiera visto en este país rompió, y como todo el clima en este lugar, vino repentinamente y con nula advertencia. La hora antes de la cena la pasó corriendo de habitación en habitación para cerrar cada ventana y puerta mientras la lluvia venía en un fuerte torrente y los rayos partían el cielo.
Sakura sí que disfrutaba de una buena tormenta, pero para el momento en que fue llamada a ayudar a servir a la familia y a sus invitados, no deseaba otra cosa más que irse a la cama y dormir hasta la mañana. Esta noche, sin embargo, era una noche en la que no podía pedirle a Aki que le dejara descansar. Ella y Kakashi tenían una misión. Era justo como los viejos tiempos.
Ahora Sakura estaba de pie en el antecomedor afuera de la habitación donde la familia Zuru y el clan Hatake estaban reunidos. Juzgando por el nivel cordial de la conversación, no estaban preocupados por los retumbos del cielo. Kaoru era una historia diferente. Cada vez que escuchaba un trueno se encogía, y cada vez que las luces parpadeaban como si estuvieran a punto de irse completamente, ella apretaba la mano de Sakura.
—No te va a pasar nada. —Sakura intentó asegurarle, pero no tenía la paciencia para cobardes.
—Un tío del lado de mi madre fue golpeado por un rayo. —Kaoru tembló. —Se veía como un eglefino ahumado cuando lo encontramos.
—Oh. —Sakura dejó que Kaoru le apretara la mano mientras ella concentraba sus pensamientos en la gente en la otra habitación. Aki y Yui estaban ocupadas esperando por ellas ahí, y Sakura había decidido que luego de la reacción del Amo Zuru ante la vista de ella tal vez sería lo mejor no aparecer frente a él. La única razón por la que Kaoru también estaba ahí era por culpa de sus malos nervios.
Otro ruido tronó sobre ellos, acompañada por un resplandor. La tormenta estaba virtualmente sobre ellos.
—P-Pareces un poco ansiosa. —Kaoru comentó, lo que era un poco hipócrita para una chica que estaba temblando como una hoja diminuta. —¿E-es la tormenta?
—Sí. —Sakura mintió. Ella estaba extremadamente consciente de una de las cosas que estaba haciendo que su manga izquierda colgara. ¿Cómo iba a ponerlo en el sake sin que las otras chicas vieran? ¿Cómo iba a asegurarse de que ella era la única que servía a Karasu su sake?
—Oye, Kaoru. —Dijo con voz baja. —¿Te importaría si… si le sirves al Amo Zuru?
—¿Huh? —Kaoru se veía confundida.
—No quiero molestarlo de nuevo. —Sakura dijo.
—Oh. S-sí. De acuerdo. Um… está bien, pero sabes, si un trueno resuena y derramo algo sobre él estará furioso.
—¿Preferirías derramar algo sobre Karasu? —Sakura preguntó.
Kaoru se puso todavía más pálida. —Le serviré yo al Amo Zuru. —Susurró.
Pasó otra media hora antes que Aki regresara al antecomedor, bandejas vacías en sus brazos. —Vayan a servir las bebidas. —Le dijo a las dos chicas esperando, y Kaoru saltó para obedecer.
Ella fue la que tomó las dos primeras botellas de porcelana de uno de los armarios, y Sakura le siguió con más lentitud, procrastinando mientras seleccionaba una botella, después otra, hasta que vio a Kaoru moverse hacia el comedor y a Aki desaparecer en el corredor de afuera.
Ahora era su oportunidad.
Sakura metió la mano en su manga y sacó el tubo que había guardado. El corcho hizo un suave chirrido cuando lo sacó y dejó caer algunas gotas del contenido en una de las botellas elegidas. No tenía olor, pero seguro habría sabor. Tenía que rezar porque el fuerte sabor del sake lo cubriera.
Yui apareció por el pasillo tan repentinamente que el corazón de Sakura latió con culpa. De alguna forma consiguió guardar el tubo en su manga con un movimiento suave y casual de su mano. Dudaba que Yui hubiera visto algo. No cuando ignorar a Sakura seguía siendo su táctica primaria.
Manteniéndose casual, Sakura levantó sus botellas de sake y se movió hacia el comedor. Como acordaron, Kaoru estaba sirviendo al Amo Zuru primero –aunque con una mano temblorosa- dejando a Sakura libre para moverse al otro lado del comedor donde Karasu estaba con Kakashi. Ambos estaban sentados, sin hablar, uno jorobándose hacia el frente, el otro reclinado. Era obvio que estaban aburridos, pero cuando Sakura se acercó, Kakashi ni siquiera le miró. Él no reveló nada que sugiriera que él sabía que había algo diferente en la cena de esta noche.
Sakura se arrodilló con cuidado entre ellos, llevando una de las botellas hacia la copa de Karasu.
Automáticamente él la cubrió. —…gracias. —Declinó educadamente.
Bueno… eso no había sido parte del plan, aunque pensando en ello, Karasu rechazaba el sake con más frecuencia que cualquier otro en esta habitación.
Kakashi se estiró. —No seas berrinchudo. Bebe un poco. —Dijo.
—No tengo ganas. —Karasu se quejó.
—La misión no salió como esperabas… habrá otras. —Kakashi continuó. Él miró a Sakura. —Sírvele un trago.
Sakura intentó de nuevo, y esta vez Karasu no protestó, aunque le faltaba entusiasmo. Después ella le sirvió a Kakashi de la otra botella y se levantó y movió al siguiente lugar, medio esperando que Karasu le tomara del brazo y le gritara algo sobre haber envenenado su copa.
Otro crujido de un trueno. Esta vez Sakura saltó ante su alta paranoia, y con rapidez se movió hacia la puerta. Ella no miró atrás. No vio a Kakashi ni tampoco compartió con él un asentimiento secreto o un guiño para hacerle saber que había cumplido con su parte, él tendría que asumir que lo había hecho. Si él confiaba en ella.
En lugar de eso ella trotó hacia el antecomedor y murmuró alguna excusa sobre estar cansada a Aki. La otra chica fue lo suficiente ingenua, dejándole escapar del trabajo por el resto de la noche.
El resto de la misión dependía totalmente de Kakashi ahora.
—Este sake sabe mal.
Kakashi mantuvo su expresión controlada y tomó algunos tragos de su propia copa. —Filisteo. No aprecias los vinos finos.
—No hay nada fino en esta agua de alcantarilla. —Karasu dijo. —Ha sido envenenado.
El corazón de Kakashi casi se detuvo. —Estás bromeando. —Murmuró, viendo fijamente a su primo, él estaba viendo su copa. Kakashi la tomó y la llevó a sus propios labios. —Huele bien para mí. —Él tomó un sorbo. —Sabe bien también.
—Sabe como limpiador.
—Se supone que debe saber así. —Kakashi le devolvió la copa. —No seas nena y bebe tu trago.
Ante esto, Karasu se encogió de hombros e hizo lo que él le sugirió con sólo un débil ceño fruncido para mostrar su perplejidad ante el gusto. Internamente Kakashi se relajó. Karasu bebía tan poco y tan ocasionalmente que difícilmente era lo que uno llamaría íntimo con la variedad de sabores de sake, y si Kakashi le decía que su bebida se suponía tenía que saber a medicina, ¿Quién era él para decir algo diferente?
Pero ahora Kakashi esperaba que ese pequeño trago que había robado no le jodiera a él. Había sido un diminuto trago… seguramente no tendría ninguna reacción adversa. No funcionaría si el que vomitara todos sus secretos esta noche fuera él mismo. Kakashi tenía muchas cosas que quería mantener en secreto.
—No está tan mal, supongo. —Karasu se bajó el resto de su copa y comenzó a servirse otra.
Él no estaría haciendo eso si en verdad sospechara que estaba drogado, Kakashi pensó. Parecía que sólo había sido una de sus bromas raras.
—Tu novia ha desaparecido. —Karasu le dijo.
Kakashi lo había notado. Obviamente Sakura había sentido que su deber se había terminado y se había desvanecido en caso de que el plan fracasara. —Probablemente está cansada. —Gruñó, tomando un sorbo de su bebida y esperando vanamente que diluyera el anestésico que había bebido.
—¿Significa que la dejarás en paz esta noche? —Karasu preguntó con delicadeza. —Has tenido a la chica cada noche desde que regresaste aquí. ¿Al menos la dejas dormir?
—¿Celoso? —Kakashi preguntó.
El otro hombre rodó sus hombros e inclinó la cabeza, sonriendo como si estuviera retando a Kakashi a que se creyera eso. Pero Kakashi no era ingenuo. Karasu pensaba lo mismo de las mujeres que del sake: una indulgencia innecesaria que creaba debilidad en los hombres. En los veinte años que llevaba conociendo a Karasu, nunca había visto que su primo mostrara interés en las mujeres –tampoco hombres ya que estaba.
Sin embargo, Kakashi dudaba que fuera a comenzar ahora.
—Es bonita. —Karasu murmuró. —Pero no es la más bonita aquí. Y quizá tenga una mente fuerte, pero si eso es lo que estás buscando, Reika la vence sin dudarlo.
—Oi. —Dijo la chica mencionada a la izquierda de Kakashi.
Karasu ondeó la mano como si nada. —No sé qué le ves. —Le dijo a Kakashi.
—¿Qué ves tú en ella?
Karasu se detuvo. —¿Hm?
—Ya me escuchaste.
—Sí, lo sé, pero la pregunta es tonta. No veo nada más que una molestia en ella. —Karasu ahora batió su mano hacia Kakashi.
—¿Es por eso que le has dicho a Reika específicamente que no la lastime? —Kakashi preguntó.
Los ojos de Karasu se movieron hacia Reika. Si hubiera una mirada que podía ser universalmente entendida como Te asesinaré después, esa era. Reika pretendió no notarla. —No me malentiendas, Kakashi. —Dijo con tranquilidad. —Felizmente la vería morir, o incluso yo le cortaría el cuello de oreja a oreja, sólo que tú estarías jodiéndome por ello y no valdría el esfuerzo. Reika sólo está un poquito molesta de que estás abandonando tus responsabilidades hacia ella. Sólo estaba intentando asegurarle que tu interés en este dulce rosa es meramente temporal y que es mejor si deja que se te salga del sistema.
—Te lo dije. —Reika suspiró en voz alta. —Estaba bromeando. No iba en serio con eso de lastimarla.
—Apuñalaste a la última chica que se metió contigo. —Karasu apuntó.
—Eso fue diferente.
—Sí, ella solo hizo una broma sobre tu nariz. Odiaría pensar qué le harías a la chica que se robó a tu prometido. —Karasu vio más que deliberadamente a su nariz en este punto, y después de eso Reika se quedó callada, atrapada en una guerra interna de autoconsciencia sobre una nariz por la que siempre había sentido paranoia.
—¿Ves? —Karasu se giró hacia Kakashi. —Eso es todo.
Era una explicación perfectamente razonable. Si Reika lastimara a Sakura eso terminaría sin duda con cualquier oportunidad de matrimonio entre él y Reika, y ese era un matrimonio que Karasu siempre había alentado. Necesitas sentar cabeza con una chica decente, él siempre decía, a lo que Kakashi siempre interpretaba como que se casara con Reika, una de sus primas, una chica que era parte de la casa superior pero se había salido de la línea de la familia principal por cuatro generaciones. Karasu pasaría por alto la posibilidad de perder el tiempo siempre y cuando no se interpusiera en el matrimonio de un clan legítimo.
Kakashi internamente se preguntó si él quizá pensara diferente si supiera con cuanta frecuencia Reika expresaba pensamientos rebeldes hacia él.
—Reika entiende que un hombre tiene necesidades. —Karasu le explicó, sirviéndose otra copiosa cantidad de sake. Kakashi estaba contento de ver que él estaba poniendo de cabeza la botella para sacar las últimas gotas. —Esto es sólo una infatuación temporal. ¿No tengo razón?
—¿Hm? —Kakashi pretendió no estar escuchando. Así que por su parte Karasu pretendió que no le importaba, echando la cabeza hacia atrás para beber sin ganas lo último de su suero de la verdad. No tomaría mucho tiempo para que le hiciera efecto.
Lo que le aseguraba a Kakashi que esa explicación perfectamente razonable que había recibido sobre el interés de Karasu en proteger a Sakura era casi certeramente una mentira. Tendría que preguntarle más sobre eso después cuando Karasu estuviera sintiéndose más… honesto.
—Están haciendo mucho ruido aquí. —Kakashi dijo, incluso aunque no era cierto. —¿Quieres beber en otro lado?
Karasu pensó por un momento. —Seguro, ¿Por qué no?
No era buena idea interrogarlo aquí en el comedor con Reika escuchando todo lo que decían. Ciertamente se daría cuenta si Karasu comenzaba a actuar como si estuviera drogado o borracho, o si Kakashi comenzaba a preguntar cosas sensibles que él no debería.
Mientras caminaban hacia el antecomedor, Kakashi se aseguró de tomar algunas botellas de sake más del armario para mantener a su víctima cuidadosamente hidratada. —¿Tu habitación? —Sugirió.
—Seguro.
—¿Qué hay del bicho? —Kakashi preguntó.
—¿Hm? Oh. Todavía está ahí, pero ya no hay nadie usándolo. —Karasu replicó, y Kakashi ya podía ver que sus pies estaban un poco débiles. —¿Quizá, después de todo, nadie lo estaba usando? Mierda, ¿Estoy muy borracho?
—Estás bien. Vamos.
Le tomó un poco de paciencia extra encaminar a Karasu hacia su habitación. Él disminuyó el paso, tropezó algunas veces e incluso había intentado salirse a la veranda con la sugerencia de que "¡Bebieran afuera!" —Kakashi lo condujo de vuelta hacia el camino de la habitación principal en el ala de invitados. —Hay una tormenta, ¿Recuerdas? —Apuntó.
—¿Tormenta? Creí que esos retumbos estaban en mi cabeza…
Dentro de la habitación, Karasu se dejó caer contentamente en el suelo junto a la mesa, inclinándose pesadamente sobre ella para tener algo de apoyo. Tan pronto como Kakashi sacó la otra botella, él regresó a beber. —Esta cosa no está tan mal. —Remarcó. —Te alegra.
Kakashi bebió con más calma. —Te veías como si necesitaras alegrarte. ¿Cómo va la campaña?
—Bueno, la última misión fue un fracaso… pero todavía tenemos operativos trabajando dentro de Konoha. Con la comida y el agua contaminadas, la mitad de los peleadores en su hospital no está ahí por alguna herida. Están peleando contra una epidemia. Iwa se está envalentonando, pero siguen siendo cualquier mierda. No siquiera pueden penetrar la frontera del País del Fuego desde el País del Agua. Parece que no atacarán a Konoha directamente hasta que el último ninja de Konoha esté fuera de combate. Cobardes.
—Escuché que estabas teniendo problema con uno de tus contactos de Iwa. —Kakashi dijo casualmente. —¿Cuál era su nombre?
—Sólo Dios sabe. —Karasu suspiró. —Después de que terminemos con Konoha, comenzaremos con Iwa, pero eso podría tomar meses.
—Sigue siendo un progreso.
—Me prometí a mí mismo que para cuando tuviera treinta, habría reducido a Konoha a meros escombros.
—Treinta y cinco no está tan mal.
—Jódete.
Kakashi se encogió de hombros y observó a su primo servirse otra copa de sake, su mano moviéndose con tanta libertad que la mitad de la bebida paró en la mesa. Él no pareció notarlo, o importarle. —Hay alguien en Konoha con la misma habilidad que el primer Hokage. Puede reconstruir cualquier cosa en segundos, y eso supone un serio problema para nosotros.
Pobre Tenzou. —¿Quieres que lo mate? —Kakashi preguntó.
—Nah, nah… ya tengo a alguien trabajando en eso.
—Mierda.
—¿Qué?
—Estaba esperando por algo de acción. —Kakashi corrigió con rapidez. Ahora él tenía que mandar con suma urgencia un mensaje a casa esta noche, aunque creía que un herbicida fuerte tendría más oportunidad de asesinar a Tenzou. Pero más importante, él tenía que hacer que Karasu hablara sobre sus contactos en Iwa.
—Una vez que esos bastardos estén fuera del camino, las cosas se moverán con mayor rapidez, pero todos terminarán igual una vez que complete el jutsu. —Karasu dijo.
—¿Qué jutsu? —Kakashi preguntó.
—¿Quiere saber? Iwa no nos paga en efectivo, Kakashi. Nos pagan con rollos, con la condición de que los usemos. Phst. Idiotas. No puedo esperar a ver sus caras cuando los ocupemos con ellos. —Karasu se río entre dientes con algo de maldad. —¿Por qué no estás bebiendo?
—Lo siento. —Kakashi tomó un largo trago y volvió a llenar su copa. Él tenía que seguir el ritmo del otro hombre si quería que esta conversación pareciera más una charla tonta entre dos amigos ebrios, en lugar de un interrogatorio cuidadosamente orquestado por un hombre sobrio. Cuando Kakashi levantó la mirada y vio dos versiones de Karasu sentados frente a él, él se sintió atrapado. —Assssí quee, —Él arrastró las palabras. —Lo que deberías hacer es hablar con uno de tus contactos de Iwa. Quizá uno de ellos pueda persuadir al Tsuchikage para tomar acciones más decisivas contra Konoha.
—Sí, tal vez… —Karasu suspiró.
—¿Tienes algún contacto cercano al Tsuchikage? —Kakashi preguntó esperanzado.
—Uno de sus consejeros. —Karasu comenzó, y por un momento sus labios quedaron levantados, como si estuviera a punto de profundizar. Entonces se frotó la sien. —Me siento muy pesado…
—Estás borracho.
—Jódete.—Gruñó. —He estado borracho antes. Aunque no así. ¿Cómo te sientes tú?
—Ligero como una pluma.
—Tú estás borracho.
—No, tú estás borracho.
—No, tú estás borracho.
—Ja-ja, no, tú estás borracho.
—¿Lo estoy? Oh, dios… —Karasu echó un vistazo a su copa. —¿Cuántos tragos tomé?
—Cuatro. —Kakashi le ayudó. —Yo tomé cinco.
—Jooooodeteeee. —Karasu volvió a tomar la botella. —No voy a ser vencido porrr un mar-marica como tú.
Las drogas estaban definitivamente comenzando a hacer efecto ahora. Mientras antes la mano de Karasu quizás había temblado mientras se servía, ahora ni siquiera podía levantar la botella. Sakura le había dicho que debía proveerle bebidas al hombre, pero seguramente ya era suficiente. A ella no le importaba particularmente el daño hepático pero a Kakashi sí, y se movió para quitarle la botella.
—¡Oi! —Karasu dijo molesto. —Regrésame eso.
—Te arrepentirás mañana.
—Tú te arrepentirás mañana.
—No, tú te arrepentirás mañana. —Y antes de que Karasu pudiera responder, Kakashi levantó la botella y comenzó a beber el resto del sake en tres grandes tragos.
Él casi se desmayaba.
—Eso lo hiciste solo para presumir. —Karasu dijo con la voz escurrida. —Sobre compensador. Todavía puedo patearte el culo en una pelea –y soy más guapo, más inteligente, y mi verga le saca cinco centímetros a la tuya.
Era demasiado suero de la verdad. —Nunca has visto mi verga.
—No últimamente. Esa sirvienta la tiene guardada en su bolsa.
—Cuidado. —Kakashi le dijo cortante, bajando la botella con un golpe.
—¿Qué vas a hacer? —Karasu levantó las cejas y abrió los brazos. —Adelante, tórtolo. —Probablemente no esperaba en serio que Kakashi se lanzara sobre la mesa, apuntando directamente hacia su cabello.
Los dos hombres cayeron sobre la alfombra, demasiado borrachos como para coordinar golpes serios. Kakashi jaló del cabello de Karasu y Karasu le picó el rostro hasta que uno de ellos gritó por piedad y ambos cayeron jadeando uno junto al otro. Exactamente quién se había rendido primero era la pregunta.
—Eres demasiado parecido a tu padre. —Su primo jadeó con enojo, su mano descansándole en el pecho. —Dejándote arrastrar por una mujer. ¿Qué se supone que haga contigo? Tuve que escuchar por dieciocho años a mi padre quejándose sobre el tuyo y su abandono… Tuve que sentarme por dieciocho años a escuchar cómo fuimos una vez un clan de élite –hasta que Sakumo nos abandonó y dejó el clan en manos de su hermanito emprendedor que nos convirtió en un clan de hombres de negocios. Para cuando lo maté, ya era demasiado tarde. Teníamos dinero y contactos, pero casi dejábamos de ser ninja. Nunca va a ser lo mismo. Cuando Sakumo se fue la pureza del clan se rompió. Mi padre nunca debió ser líder, Kakashi. Él no era de la línea principal, así como yo, así como mis hijas son. El clan nunca será el mismo de nuevo hasta que el verdadero heredero regrese a donde pertenece.
Kakashi escuchó, desorientado. Sabía que su padre había sido una vez el líder de este clan, pero ¿qué importaba? —¿Qué quieres decir con 'así como tus hijas son'? ¿De qué estás hablando?
—No soy el verdadero heredero de este clan. No mientras tú estés vivo.
—¿Estás diciendo que quieres matarme? —Kakashi preguntó inseguro.
—Lo que estoy diciendo es que quiero lo que es mejor para el clan, y eso no soy yo. —Karasu gruñó. —El liderazgo del clan lo tiene el descendiente de esa cadena y así ha sido por más de doscientos años, pasado de hijo mayor a hijo mayor, conectado al fundador. Entonces tu padre se fue. Pero tú sigues aquí, y tú eres quien debe dirigir al clan.
Kakashi expuso la palma de su mano. —De acuerdo, dámelo ahora.
—Jódete. —Su primo gruñó. —Todavía tengo planes que poner en marcha. Tú mantente en tu nenúfar.
—¿En mi qué? —Kakashi frunció el ceño, deseando no estar tan borracho como lo estaba. —¿Qué planes?
Por un rato Karasu no dijo nada, estaba pensando con esfuerzo. Kakashi sospechaba que estaba intentando mentir. —Tienes que volverte Hokage. —Dijo eventualmente.
—Quizá tú puedas hacer lo mismo en Iwa. —Kakashi sugirió.
—¿Huh?
—Ya sabes, consigue que tu contacto ahí usurpe al Tsuchikage. ¿Me repites su nombre?
—¿Del contacto?
—Sí.
Karasu sacudió la cabeza. —Atashi sería un terrible kage.
—Ese es más o menos el punto. —Kakashi dijo, girándose para que Karasu no viera la sonrisa de triunfo en su rostro.
Atashi.
Te tengo.
Sakura no podía dormir. ¿Cómo podría cuando había drogado al líder de un sindicato internacional criminal? Uno que resultaba ser el tío del bebé que estaba esperando.
Kakashi probablemente había sido descubierto. Él era un peleador fuerte, pero sería sobrepasado contra su familia, y tal vez justo en este momento ya habían mandado gente por ella. En cualquier minuto la puerta se abriría de golpe y-
Bang.
La puerta fue abierta de golpe.
Sakura se enderezó con rapidez, casi haciendo rodar al pequeño pug acurrucado en la cama junto a ella, su barbilla descansando en su tobillo. Pakkun levantó la mirada también, pero no con igual sorpresa sino con curiosidad. Su collar tintineó en la oscuridad mientras ambos compañeros de cama veían la puerta divisoria sin moverse.
Hubo un golpe, luego el sonido de un choque, y luego lo que sonó como una maldición suave que vino escurrida… seguida por una risa ligeramente traviesa.
Las orejas de Pakkun se cayeron. —Oh, no. —Suspiró, antes de bajarse de la cama con rapidez para esconderse debajo.
Ella quizás hubiera preguntado por qué demonios se estaba escondiendo –y si debía esconderse también- pero fue ahí cuando la puerta divisoria se deslizó y Kakashi cayó dentro de la habitación. Sakura nunca había visto algo así. No era como ver a un hombre tropezarse sobre rieles de madera, y tampoco hubo un tropezón involucrado. En lugar de ello se vio como un hombre que se dio cuenta que el suelo horizontal sobre el que estaba de pie rápidamente se había convertido en una pared vertical, y él había intentado sostenerse del marco de la puerta para seguir con el movimiento del mundo sólo que… el piso de hecho seguía siendo el piso, y repentinamente él estaba sobre su espalda luciendo confundido.
—Bueno, que me jodan… —Dijo, sonando sorprendido.
—¿Estás borracho? —Sakura resolló.
Él levantó la cabeza para verla. —Oh… no. —Luego él comenzó a reírse ante su mentira maestramente ejecutada.
Había muchas maneras de identificar cuán borracho Hatake Kakashi estaba. Si él sonreía por las bromas, había tomado una sola copa. Si se reía por las bromas, eran dos. Si él estaba contando chistes, entonces eran tres. Si él estaba riéndose de sus propios chistes, eran cuatro. Y si él estaba riéndose espontáneamente por nada, él había bebido demasiado.
Sakura no creía haberlo visto así de borracho desde su trigésima fiesta de cumpleaños –una noche que hizo que los otros tres miembros del equipo Kakashi hicieran un voto ritualizado de nunca jamás permitirle al hombre beber esa cantidad de alcohol otra vez.
—Se suponía que tenías que ponerlo a él borracho. —Sakura puntualizó. —¿Qué sucedió?
—Tenía que beber, o él sospecharía, así que bebí mucho… —Él entonces pareció sobrio por un momento. —Luego vomité en un jarrón.
—Aquí no hay jarrones. —Sakura dijo con la voz plana. —Sólo artefactos invaluables del siglo XII.
—Y luego bebí un poco más. —Vovió a su humor alegre. —Y entonces el suelo me golpeó.
Sakura se salió de la cama para pararse junto a él. Echó un vistazo sobre su rostro sudoroso y notó que su ojo derecho estaba dilatado casi del todo. Si él hubiera sido su paciente, ella hubiera ordenado un lavado de estómago. —¿Estás bien? —Preguntó, intentando no sonar preocupada.
—Estoy… —Él comenzó, buscando cuidadosamente la palabra adecuada. —borracho.
—Mejor tomas algo de agua. —Le dijo a él, moviéndose hacia la mesita de noche para levantar la jarra de agua. —Y al menos dime si conseguiste saber lo que querías.
—Eso, y un montón de basura. —Dijo, moviendo sus dedos en el aire. —¿Sabes que solía tener un gato llamado 'Mogu'? Lo puso en la secadora. Creo que explica muchísimo. ¿Qué tipo de persona horrible le hace algo así a un animal?
Sakura cerró los ojos. —Kakashi. Ese fuiste tú.
—¡No!
—¡Me contaste esa historia hace cinco años! ¡Dijiste que tenías dos, y lloraste por semanas después! —Ella regresó a su lado con un vaso de agua. —Y tienes razón, eso explica mucho. ¿Qué tipo de hombre horrible le haría eso a un gato y luego la tomaría en contra de todos los felinos por el resto de su vida?
—No recuerdo el evento del que hablas. —Dijo con sospecha, pero aceptó igualmente el agua.
A ella le recordó vagamente la última vez que le había dado un vaso de agua después de que él bebiera demasiado. Fue justo la noche anterior antes de que durmieran juntos. Pero parecía que este pensamiento sólo se le ocurrió a Sakura, Kakashi estaba demasiado borracho para poder mantener su cabeza derecha. —¿Entonces la droga funcionó? —Preguntó.
—Sí. Incluso la probé en mí mismo. —Dijo.
—Oh, no.
—Sí… —Él sonrió somnolientamente. —Podrías preguntarme cualquier cosa que quieras y todo tipo de secretos vergonzosos saldrán de mi boca.
De alguna manera, Sakura dudaba que un suero de la verdad pudiera extraer honestidad de este hombre poco sincero. No hacía diez segundos atrás él había intentado hacer pasar su historia de abuso animal como la de alguien más. Aun así… —Así que, ¿Cuándo fue la última vez que mojaste la cama?
—A los veintiuno. Estaba borracho también.
Sakura estaba impresionada. —Y yo aquí sin ningún pañal.
—Está bien… Ya fui.
Desafortunadamente eso probablemente significaba que habría más de un artefacto corrompido esperando para ella en la mañana. —Creo que deberíamos meterte a la cama. —Sakura dijo con una paciencia que incluso la sorprendió a ella mientras se agachaba para tomarle el brazo. Él se levantó incómodamente, pero cuando ella intentó dirigirlo hacia la cama, él se quedó fijo en donde estaba y sacudió la cabeza.
—Tengo… Tengo cosas que hacer. —Protestó. —Tengo que enviarle un mensaje a Tenzou o si no lo van a apuñalar.
—A él siempre lo apuñalan. —Sakura apuntó.
—Hay otros cinco agentes en Konoha… podría hacerlo cualquiera de ellos. Pakkun –sé que estás ahí saquito de pulgas.
—¿Sí, jefe? —Vino la cansada respuesta desde debajo de la cama.
—Adviértele a Tenzou ahora… vamos, vamos, shoo, shoo… dile que lo escuché en la calle. Sé vago.
—Sí, jefe.
El perro se desvaneció con rapidez mientras Sakura veía con molestia a Kakashi sin decir nada a través de ojos entrecerrados. Cinco ¿Huh? Ella guardó eso para el futuro.
—…Tengo que enviar un mensaje al contacto. —Dijo, hundiéndose en el borde de la cama. —Esta noche.
Sakura lo miró y dudaba que él siguiera consciente en algunos minutos. —Estás demasiado borracho. —Dijo ella. —Dime qué hacer y lo haré por ti.
Él le miró con cansancio, y así de borracho como estaba todavía había una chispa de sobriedad en su ojo mientras contemplaba su sugerencia. Después de un momento decidió que podía confiar en ella. —Sí. —Dijo dejándose caer de lado. —De acuerdo.
—Tienes que decirme qué tengo que hacer. —Le recordó.
—¿Oh? Ah, sí. Ve a los establos y al aviario, encuentra al cuervo que vuela al nombre de Atashi. Están etiquetados. Tienes que checar sus alas. —Le dijo alegremente, cerrando sus ojos y ondeando su mano en el aire como si él estuviera dirigiendo alguna melodía que no podía escuchar ella.
Sakura le atrapó la mano y ayudó a sacarle el guante, seguida por el cabestro de su muslo. —¿Luego qué? —Preguntó. —¿Qué mensaje tengo que escribir?
—Nada. Sin mensaje. Es un código. —Murmuró felizmente, y mientras ella se inclinaba para aflojarle la banda negra que cubría su ojo, él deslizó la mano sobre su trasero apreciativamente.
La última vez que él había intentado hacer el mismo movimiento ella había estado demasiado borracha como para que le importara. Incluso en ese entonces ella lo había golpeado por eso y justo en este momento Sakura tuvo que contenerse con rigidez y se mordió el interior de su mejilla para evitar sacar una de las navajas del cabestro que había removido y enterrarlo en su mano. Fue bueno que recordara que cualquier sangre que derramara esta noche tendría que limpiarla en la mañana. Esto fue suficiente para calmar sus violentas urgencias, y en lugar de eso optó por simplemente tomarle el brazo y bajarlo a su pecho donde no haría más daño. —¿Cuál es el código? —Le preguntó con lentitud.
Él estaba perdiendo la consciencia. La habitación estaba oscura, él estaba estirado sobre una cama lujosamente suave, y su alcoholizado cerebro había decidido que era momento de apagarse. —Tu almohada huele rico. —Murmuró.
Sakura sintió su rostro calentarse y le dio un sacudón fuerte. —¡Dime cuál es el código! —Siseó. —Lo enviaré esta noche.
—El jardín. —Dijo. —Ve al jardín y encuentra una flor roja. Envía eso.
Sakura esperó. —¿Es eso? ¿Una flor roja? ¿Qué significa eso?
—Significa que para mañana, el Sindicato será tan enemigo de Iwa como lo es de Konoha. —Dijo, deslizando su mano con libertad para tocarle la nariz. —¿Confías en mí para hacerlo?
—Sí. —¿Qué opción tenía?
—Buena chica. —Dijo sonriendo.
Y por última vez él le acarició el trasero.
Siguiente Capítulo: Traición.
¡Hola a todos!
Muchas gracias por su paciencia; ¿Cómo llevan lo del confinamiento? Yo tengo el mismo trabajo de siempre... Por favor, cuídense mucho y acaten las indicaciones.
Volviendo al fic, bueno, ¿Qué esperan del siguiente capítulo? La primera parte del plan de Kakashi parece haber funcionado, ¿No? ¿Creen que podrán irse hacia Konoha? ¿Si van ahí, qué pasará con ellos?
Tendrán que seguir leyendo para averiguarlo~
¡Espero sus comentarios!
