Capítulo 24.

17 de octubre.

Campo de Entrenamiento de la Selección Italiana.

Gino se encontraba terminando una sesión de entrenamiento con los porteros, y si bien él no participaba en ella abiertamente con los ejercicios más fuertes que los otros dos realizaban, sí se encargaba de mostrarles sus errores y tratar de mejorarlos, además de hacer a su lado uno que otro movimiento que sus manos le permitían hacer para demostrarles cómo se hacía correctamente. Luego de un rato, el entrenador Santoro decidió hacer un encuentro entre los jugadores por lo que al iniciar el partido de práctica, Gino muy a su pesar se tuvo que sentar al margen del campo de juego, quitándose los guantes y dejándolos sobre el pasto a su lado al tiempo en que uno de los asistentes le facilitaba una botella de agua para hidratarse, jugueteando con ella mientras observaba el partido.

Durante el juego, el entrenador parecía cansado y fastidiado con el equipo, ya no parecía desear darles ningún tipo de instrucción y ya no corregía los errores de sus jugadores; parecía como si se hubiera dado por vencido con un equipo que era inútil tratar de corregir. Gino miró desanimado a sus compañeros pues ya no sabía qué hacer para que ellos dieran su mejor esfuerzo, sabía que estaban desmotivados pero ellos eran capaces de dar mucho más de lo que estaba haciendo en este instante y eso lo llevaba al límite de la frustración. Salvatore, quien también veía el encuentro desde afuera de la cancha, se acercó a donde Gino se encontraba, sentándose con un claro gesto de enojo en su rostro y como Hernández no tenía ganas de discutir con él, a pesar de haberlo visto de reojo cuando llegaba, se limitó a ignorarlo, sin apartar su vista del partido.

- Cualquier problema que tengas, será mejor que lo trates con Valentino, él es ahora tu capitán.- comentó Gino, con cierta amargura.

- ¡Déjate de idioteces, Hernández!.- bufó Salvatore, mirando de igual modo hacia la cancha-. El que por el momento él tenga la banda en su poder, no lo convierte automáticamente en el capitán del equipo, todos lo sabemos pero al parecer tú eres el único que no.

Gino ya no supo qué responder por lo que prefirió continuar mirando a Valentino en el campo, quien en ese momento intentaba inútilmente dirigir a un equipo totalmente descoordinado y al cual claramente le hacía falta un buen líder, pero por más que lo intentaba, Hernández no podía olvidar que fue el mismo entrenador Santoro quien le había ordenado entregarle la banda a Valentino por lo que sentía que con esa simple acción el técnico le había hecho saber al portero que ya era prescindible para sus planes.

- ¡Guau, qué increíble!.- exclamó Gentile con ironía, sacando al portero de sus pensamientos y haciendo que éste le mirara-. ¿Realmente ellos están dando lo mejor de sí? ¿Qué demonios les pasa? Son tan brillantes como un agujero negro, corriendo hacia todos lados y sin sentido alguno.- bufó Salvatore.

El instinto de Gino por siempre defender a los demás pudo más que él, por lo que no dudó ni un instante en responderle al defensor.

- Es cierto que están jugando ligeramente mal.- comentó Hernández, a la defensiva y frunciendo el ceño-. Pero no deberías de ser tan rudo en la manera en cómo te expresas de ellos, todos hacen su mejor esfuerzo.

- Pues si ese es su máximo esfuerzo, no sé qué demonios hacen aquí, habiendo miles de italianos que con gusto estarían en su puesto y darían mucho más al equipo.- contraatacó Salvatore, encarando al portero y gesticulando con las manos con violencia-. Claros ejemplo podríamos ser tú y yo, que con mucho gusto estaríamos en su lugar en el campo de juego, nosotros sí nos estaríamos entrenando y nos prepararíamos de cara al siguiente encuentro, pero sólo nos queda ver cómo ellos no hacen nada por mejorar mientras nosotros morimos lentamente aquí, tirados en el césped.- comentó, con gran molestia.

Salvatore estaba muy enojado y no pensaba darles compasión alguna a sus compañeros porque sabía de antemano que tanto Gino como él darían lo que fuera por estar en ese partido mientras que los otros actuaban como si jugar ya no significara nada para ellos. Y no era necesario que Gino le confirmara sus pensamientos pues sabía que él también daría sus brazos rotos a cambio de jugar en el siguiente partido como él también se rompería la rodilla por hacerlo.

- Simplemente se encuentran decaídos y algo desmoralizados.- Gino volvió a justificarlos con un susurro pues tampoco creía ya mucho en sus palabras-. Todos sabemos que estamos fuera del World Youth.

- ¿Por qué diablos sigues defendiéndolos?.- preguntó Salvatore, con ira.

- No los defiendo, sólo trato de comprenderlos.- aclaró Gino, a la defensiva y mirando a sus compañeros.

- Pues no merecen ni comprensión, ni entendimiento, ni absolutamente nada.- gruñó Gentile-. Son sus actuaciones las que han decepcionado a todos, no han hecho nada bien tanto en los entrenamientos como en los encuentros; desde el partido contra México actúan como si ya todo estuviera decidido y que nada de lo que hagan puede cambiarlo, se han dado por vencidos mucho antes de que el siguiente partido llegue pues en sus mentes ellos ya lo perdieron desde ahorita. No tienen la más mínima pizca de orgullo en sus venas y sí, quizás no pasaremos a la siguiente ronda, pero por el maldito orgullo italiano no pueden salir a la cancha con esa actitud tan derrotista.- agregó, sumamente exasperado.

- Puede ser que tengas razón Salvo, pero no puedes culparlos de todo.- comentó Gino.

- ¿Ah, no? ¿Y de quien más puede ser la culpa?.- preguntó Salvatore-. Nosotros no pedimos ser lesionados en el primer encuentro y aun así seguimos con la firme idea de darlo todo, de entregarnos al equipo y al torneo; en cambio, estando ellos al cien por ciento de sus capacidades no quieren dar nada más, desde hace tiempo el equipo viene bajando su ritmo y tú lo sabes, por algo eres su capitán y te has esforzado al máximo para que no decaigan pero debes admitir que desde las eliminatorias no ha habido una buena coordinación entre ellos.

- ¿Y eres precisamente tú quien viene a decir eso ahora?.- Gino preguntó, con una sonrisa irónica-. ¿Tú, que eres el primero en causar molestias a los demás, en separarse de la unidad y creer que eres sólo tú el que importa, insultando a todo aquél que se te ponga en frente o te contradiga?

- Yo no dije que fuera perfecto, en todo caso ése lo serías tú.- respondió Salvatore, encogiéndose de hombros y con una sonrisa cínica pero divertida.

Al mirar la expresión de su compañero, Gino no pudo reprimir una sonrisa divertida; Salvatore siempre seguía siendo el de siempre ante los demás, pero a pesar de todo, el portero sabía que detrás de toda esa fachada de gran arrogancia y egocentrismo también había una agradable persona.

- Por lo menos lo admites, habiendo siete trillones de nervios en el cuerpo humano, tú tienes la peculiar capacidad de irritar cada uno de ellos.- comentó Hernández, en un muy inteligente y disimulado insulto a su compañero.

- ¡Qué te puedo decir! La envidia es una grave enfermedad, por lo que espero que te mejores muy pronto.- respondió Gentile, con burla y regresando el insulto.

- ¿Ah, sí?.- cuestionó a su vez Gino, con fingida curiosidad-. ¿Y sabías que la gente feliz no tiene necesidad de amargar a los demás?.- agregó, en el mismo juego de palabras.

- Me encanta cómo dices cosas tan obvias con la sensación de que descubriste algo nuevo.- rio Salvatore-. Te hace lucir tan inteligente.

A lo que Gino soltó una ligera pero sincera carcajada, haciendo que Gentile pensara que por lo menos todas esas estupideces que se habían dicho durante ese último rato habían logrado una ligera mejoría en el estado anímico del portero; aunque en su caso, él seguía muy molesto por el actuar de sus compañeros y era algo que no dejaría pasar tan fácilmente.

Mucho rato después, la práctica del equipo italiano por fin había finalizado y los jugadores ya se encontraban en los vestidores y, ante el mal desempeño que sus compañeros habían tenido durante el entrenamiento, Salvatore terminó de un humor negro que no podía ni el mismo aguantar. Continuaba quejándose de no poder ser él quien estuviera en el campo siendo que los demás sólo cometían error tras error, los cuales se encargó de hacérselos ver con ácidos reclamos a cada uno de ellos, haciendo que más de uno terminara muy fastidiado.

- ¿Quieres por favor parar con tus estúpidos reclamos?.- comentó Luciano, claramente molesto-. Siento decírtelo pero aquí nadie ha pedido tu opinión y tú tienes la enorme cualidad de decir cosas que a nadie le importan.

- Mejores personas me han dicho cosas peores.- respondió Salvatore, encogiéndose de hombros-. Si no te gusta escuchar la verdad, haz algo para cambiar las cosas, ustedes apestan.

El equipo estaba harto de la actitud tan arrogante y de superioridad que Salvatore mostraba en ese instante, se habían cansado de que les hiciera ver una y otra vez que sin él en el campo, el resto de ellos no podía hacer algo bien, lo que había colmado la paciencia de todos, y si no fuera porque Gino se encontraba presente, seguramente más de uno hubiera estado gustoso de romperle la cara a puñetazos a Gentile. Sin embargo, a pesar de escuchar el alboroto, Hernández no prestaba mucha atención a las palabras que intercambiaba Salvatore con el resto del equipo pues ya se había acostumbrado a que, en ese momento, más de uno le dijera sus verdades al defensor, además de que su mente se encontraba más preocupada por otra cosa que era de mucha más importancia para él.

Gino se encontraba parado frente a su casillero, rebuscando primero en el interior del mismo para luego sacar su maleta con actitud un tanto desesperada, le comenzaba a doler la mano pues no tenía el debido cuidado al hacer los movimientos pero en este instante para él eso estaba de lado, pues tenía que encontrar lo que buscaba a cualquier precio, por lo que una vez que tuvo su maleta deportiva en la banca, sacó todo lo que traía en su interior y lo tiró al suelo sin importarle el desorden que estaba causando.

"¡No puede ser, siempre lo traigo aquí, no puede haber desaparecido!", pensó desesperado.

- ¿Qué es lo que estás buscando?.- escuchó que en ese instante le preguntaba Valentino, algo sorprendido por la actitud del portero.

- Es un reloj de la marca Cavalli, completamente negro, de cuarzo, con extensible de acero inoxidable.- resumió rápidamente Gino-. Por favor, díganme si alguien lo ha visto.- preguntó mirándolos a todos, a lo que ellos negaron y Hernández suspiró apesadumbrado.

- ¡Qué más da!.- se burló Salvatore en ese instante con el mismo veneno con el que había estado criticando a los demás-. Don-Capitán-Perfecto-De-Angelis puede comprarse otro, es cualquier cosa para él.

Al escuchar la burla de Salvatore, Gino terminó por perder la poca paciencia que le quedaba y finalmente estalló, perdiendo los estribos delante de todos al encararlo.

- ¿Qué demonios te pasa?.- reclamó Hernández con ira, lo que le sorprendió mucho a Gentile-. No tienes ni la más mínima idea lo que ese reloj significa para mí, así que mejor cierra tu maldita boca de una buena vez.

Al ver la expresión tanto de dolor como de furia en el rostro de Hernández, Gentile por primera vez experimentó algo muy parecido al remordimiento, llegando a considerar que quizás se había sobrepasado un poco con sus palabras. Gino, por su parte, inmediatamente después de haber estallado comenzó a sentir mucha culpabilidad al respecto y, aunque no se encontraba de humor para soportar las estúpidas burlas de Salvatore, sabía que se había excedido al actuar de ese modo. Sin embargo, ninguno de los dos quería admitir abiertamente lo que pensaban, por lo que fue Gino el primero en romper el denso silencio que se había creado en los vestidores.

- Bueno, mañana tenemos un juego importante.- comentó el portero, intentando cambiar de tema y respirando hondo para tranquilizarse.

Pero al darse cuenta de que todos sus compañeros desviaban la mirada sin querer decirle lo que realmente estaban pensando al respecto del partido, Gino no soportó más de ver sus expresiones.

- ¡¿Qué demonios les pasa a todos ustedes?!.- comentó de pronto Hernández, realmente sorprendido y levantando de nuevo la voz-. ¿Me están diciendo que en verdad no les importa el encuentro de mañana?.- les cuestionó, mirándolos con incredulidad y enojo.

Como respuesta, el resto del equipo lo bajó la mirada hacia el suelo pues no se atrevían a mirarlo directo a la cara ya que se sentían realmente avergonzados.

- En verdad para ustedes este partido ya no cuenta para nada, ¿cierto?.- aseguró Gino, convencido de sus palabras y mostrando en su voz la decepción que sentía en ese instante.

El portero suspiró decepcionado al no encontrar ninguna respuesta por parte de sus compañeros; Gino se hallaba muy sorprendido por corroborar lo que Salvatore ya le había dicho con anterioridad pero que él se había negado a creer, que sus compañeros habían perdido completamente el deseo de lucha y se habían dado por vencidos, siempre había creído en ellos y los había defendido con Salvatore hasta el último instante; sin embargo esa fe que aún había conservado con respecto a ellos había desaparecido en ese instante y ellos no hacían nada para contradecir sus palabras, lo que lo decepcionaba aún más y ocasionaba que Gino se sintiera un verdadero idiota por haber creído en los demás.

- ¿No piensan decir nada? ¿Valentino, Franco, Marco, Alonzo?.- continuó después de una pausa, encarando a cada uno de ellos, mirándolos fijamente pero sin obtener aun una respuesta por parte de los aludidos-. ¡No puedo creerlo!.- exclamó, sumamente decepcionado-. Jamás creí que ustedes podrían tener tan poco amor a la camiseta que portan al grado de que no les importe en lo más mínimo el representar a su país. Siempre pensé que ustedes, al igual que yo, entregarían todo en el campo de juego para poner el nombre de Italia en alto y ahora me salen con que no es así, que no les interesa en lo absoluto y que sólo vinieron aquí a malgastar su tiempo.

Los jugadores italianos se encontraban inmóviles en su sitio, con la miraba puesta en el suelo y escuchando las palabras que les decía su capitán en absoluta perplejidad; estaban realmente sorprendidos pues Gino siempre se había caracterizado por ser una persona amable, tranquila y muy amistosa, que jamás solía levantar la voz por lo que ninguno de ellos lo había visto tan molesto como lo había estado con Salvatore o tan decepcionado como se encontraba en ese momento con respecto a ellos, e inevitablemente se sintieron mal al respecto pues llegaron a la conclusión de que fueron precisamente ellos la causa directa de ese malestar; sin embargo, ninguno se atrevió a responder.

Después de un incómodo y denso silencio que siguió a las palabras del portero y en donde éste intentó inútilmente tranquilizarse, Gino decidió que necesitaba de una ducha para deshacerse del sudor y el polvo que traía del entrenamiento pero también para que el agua se llevara consigo todo su enojo y la enorme decepción que sentía; quería a toda costa dejar que sus pensamientos escaparan de su mente por lo que con mucho esfuerzo, y quizás con una rudeza innecesaria hacia su persona, se despojó de su uniforme y lo aventó al casillero, tomando su toalla y caminando rumbo a las duchas sin volver a dirigirles la palabra a sus compañeros, quienes lo miraron atentamente mientras el portero se retiraba.

Luego de un rato de ardua batalla en la regadera, Gino finalmente volvió de las duchas y se encontró con que el lugar ya se encontraba completamente vacío, pues al parecer en esta ocasión todos sus compañeros se habían retirado ya, quizás cansados de esperarle o quizás por no querer darle la cara en ese instante, pero al final eso fue algo que el portero agradeció profundamente en vez de sentirse mal al respecto. Hernández tomó una toalla de su casillero y se la puso sobre el cuello para que su cabello escurriera sobre ella y se sentó en la banca, aún con la toalla con la que había salido de las regaderas atada a su cintura, dejando que sus brazos reposaran en sus muslos y su mirada contemplara el suelo del lugar.

Gino no podía dejar de sentirse culpable por lo que les había dicho a los demás ya que no estaba acostumbrado a perder el control de sus emociones ni mucho menos actuar de ese modo, por lo que tenía una gran sensación de desazón dentro de él; él se recriminaba una y otra vez por perder la cabeza en un momento tan inadecuado, pues creía firmemente que lo menos que el equipo necesitaba era que su capitán explotara también contra ellos. Un escalofrió recorrió su cuerpo desnudo pues aún se encontraba mojado pero no tenía ganas ni siquiera de intentar secarse, dejaría que el aire que se colaba del exterior hiciera su trabajo y terminara evaporando las gotas de agua que le escurrían por la piel. De pronto se sintió demasiado agotado para hacer cualquier cosa, incluso el hecho de secarse o comenzar a vestirse y se dijo que no le importaría para nada el quedarse ahí sin mover ni un dedo por el resto de la tarde.

- ¿Se puede?.- se escuchó de pronto la voz de Erika en la puerta de los vestidores.

- Supongo que sí.- respondió Gino, escuetamente-. Aquí no hay nadie más que yo.

Erika entonces entró al vestidor y se encontró con la imagen de un Gino semidesnudo, sentado en la banca con actitud apagada, por lo que la pasante tragó saliva cuando lo vio pero intentó no prestar atención a sus hormonas en este momento. La joven se acercó al portero y se sentó frente a él, quien levantó la mirada para encontrarse con la de ella.

- ¿Y los demás?.- preguntó Gino, por mera curiosidad.

- Se han ido.- respondió Erika, con tranquilidad-. Les he dicho que te esperaría y que regresaríamos caminando al hotel. Valentino se marchó sumamente preocupado.- agregó.

- Me pasé con ellos.- respondió Gino, decaído-. Perdí completamente el control en el momento menos indicado.

- Eres un ser humano, es lógico que en algún punto perdieras los estribos.- comentó Shanks, con voz conciliadora-. Has estado al límite desde hace mucho.- agregó acariciando el rostro de él con su mano.

Erika se acercó a Gino y le dio uno de esos dulces pero a la vez intensos besos que reconfortan el alma y Hernández suspiró porque necesitaba apoyarse en alguien y era genial que ese alguien fuera ella. Había que pensar en el último partido que jugarían y no podía distraerse con otras cosas, pero Gino se dijo una vez más que una vez pasado el último encuentro que tendrían, él hablaría con ella y solucionaría de una buena vez por todas el estatus de su relación.

La noche estaba algo avanzada cuando Erika por fin regresaba a su habitación en compañía de Alessio y Fabio; la cena se había extendido más de lo normal pues los tres pasantes, después de salir del restaurante, se habían quedado platicando en una de las múltiples salitas que el hotel tenía distribuidas dentro de su área principal. Ahora, los jóvenes caminaban por los jardines del edificio con rumbo al ascensor que los conduciría a sus respectivas habitaciones y a pesar de que la charla que la pasante mantenía en ese instante con sus amigos era amena, la mente de Erika vagó muy lejos de ahí, recordando a Gino, por lo que se preguntó si a esas horas de la noche él ya se encontraría mejor.

Luego de lo sucedido en los vestidores del campo de entrenamiento, Hernández llegó al hotel sin muchos ánimos; su expresión, que se podía notar a cientos de kilómetros de distancia, no ocultaba la decepción y tristeza que sus compañeros le habían generado en esa tarde, por lo que una vez que estuvieron en el edificio, el portero comentó que subiría a su habitación a descansar, excusándose con el hecho de que comenzaba de nuevo a sentir molestias en sus brazos, cosa que en parte era cierta. Erika entonces decidió dejarlo un rato a solas con la promesa de que si empezaba a sentirse peor no dudara en llamarle y que ella acudiría de inmediato a verlo, cosa que el joven prometió hacer en caso necesario.

Mucho rato después, cuando la hora de la cena se acercaba, Erika fue de nuevo a la habitación de Gino para ver como seguía e invitarlo a bajar a cenar con ella, pero Hernández se disculpó con la pasante alegando que aún no se sentía del todo bien y que prefería no bajar.

- Quizás más tarde pida algo de comer a la habitación.- comentó Gino para tratar de tranquilizar a la joven, pero Erika sabía en el fondo que eso no sucedería.

Y a pesar de que Shanks trató de convencerle por un largo rato para que la acompañara al comedor, él se negó a salir confesándole finalmente que uno de los motivos que tenía para no ir era que no deseaba ver en ese instante a ninguno de sus compañeros por lo que prefería quedarse a solas en su habitación, aprovechando que Salvatore tampoco se encontraba ahí. A Erika no le quedó más remedio que dejarlo descansar haciéndole prometerle que pediría algo para comer.

"Y estoy casi segura de que al final Gino no cenó de nuevo", pensó Erika, preocupada.

Erika estaba consciente de que cada vez era más frecuente que Gino no bajara a comer y eso comenzaba a inquietarle en verdad, por lo que se dijo que de continuar de ese modo tendría que hacer algo al respecto. La joven iba inmersa en sus pensamientos cuando uno de sus acompañantes la sacó abruptamente de ellos.

- ¡¿Qué demonios está haciendo Gino ahí tirado en el suelo, con el tremendo frío que hace?!.- comentó Alessio, señalando al susodicho.

- ¡¿Qué?!.- exclamó la joven, muy sorprendida por el comentario.

La pasante entonces se giró para ver en la dirección que el fisioterapeuta señalaba, encontrándose al portero sentado en el suelo, recargado contra un árbol de cerezo dentro de una de las áreas verdes del hotel; tenía su rostro oculto entre sus brazos los cuales descansaban sobre sus rodillas y usaba únicamente una playera polo del uniforme y el pants del mismo. Al verle, Erika notó que el semblante del joven no había mejorado para nada e incluso quizás se veía un tanto más decaído que antes. Shanks entonces suspiró apesadumbrada antes de continuar hablando.

- Yo me hago cargo, por favor vayan a descansar.- pidió la joven a sus acompañantes.

Tanto Fabio como Alessio se miraron durante un segundo antes de aceptar la petición de la pasante, pues al final llegaron a la misma conclusión de que quizás era lo mejor debido a que no les había pasado desapercibida a ninguno de los dos la cercanía que Gino tenía con Erika. Antes de partir, Fabio se quitó la chamarra que traía y se la ofreció a la pasante.

- Creo que la necesitarás.- le comentó al extendérsela.

- Gracias.- fue cuanto respondió la joven, al aceptarla.

Una vez que sus amigos se retiraron y la dejaron sola, Shanks se acercó al sitio en donde Hernández se encontraba y una vez estando frente a él decidió encararlo.

- ¿Qué carajos estás haciendo a estas horas de la noche aquí afuera? Seguramente debemos estar como a cinco grados.- comentó la joven acuclillándose frente a él.

El portero, que no la había escuchado acercarse, se sorprendió mucho al oírla y levantó la cara al instante para verla directamente con una actitud confundida.

- ¿Es acaso que estás tratando de contraer neumonía?.- continuó Erika regañándole, a pesar de haber notado la profunda depresión que él comenzaba a mostrar-. Primero te encuentro semidesnudo en el vestidor y ahora estás aquí en medio de la noche helada, ¿qué pretendes Gino Hernández? ¿Quieres acaso morir congelado?

Gino finalmente pudo coordinar sus pensamientos como para salir de su asombro y así poder responderle a la joven.

- ¿Qué estás haciendo aquí?.- preguntó él, sorprendido.

- Eso mismo te podría preguntar yo.- continuó diciendo Erika -. ¿Me puedes decir qué sucede? ¿Qué no se suponía que estabas en tu habitación?

Gino creía que ese sentimiento que lo estaba ahogando se estaba convirtiendo en una especie de claustrofobia muy marcada que no le dejaba estarse quieto ni un segundo y que le hacía imposible estar encerrado en su habitación durante largos periodos de tiempo por lo que había decidido salirse, pues además con el estado de ánimo que traía tampoco deseaba estar escuchando los estúpidos comentarios que seguramente Salvatore soltaría, ya que pensaba que muy seguramente terminaría discutiendo con él y era algo que no deseaba hacer.

- Tan sólo necesitaba estar afuera, quería tomar aire fresco.- respondió Gino simplemente-. Además, en cuanto llegó Salvatore me salí, no tenía ganas de escucharle.

A Erika no le quedó más remedio que aceptar que Gino tenía razón, ella sabía muy bien que Salvatore podía ser un verdadero dolor de cabeza cuando se lo proponía, por lo que no le extrañó que el portero quisiera evadirlo en ese instante y al no desear ver a los demás no había muchas opciones a dónde ir, por lo que la molestia que ella había tenido al inicio desapareció por completo, acariciando el antebrazo del portero en una muestra de apoyo y fue cuando Shanks notó lo helado que Hernández se encontraba y lo miró con detenimiento. Su piel se veía mucho más pálida de lo habitual y se notaba que el frío de la noche ya estaba haciendo sus estragos en él pues temblaba mucho y su piel se vería erizada, lo que comúnmente es llamado "piel de gallina"; además, las puntas de sus dedos se notaban blancas por el frio y su rostro marcaba un ligero enrojecimiento en las mejillas. La pasante no necesitó de mucho para saber que la temperatura corporal del portero estaba por debajo de lo normal, lo que hizo que se encendieran de inmediato sus alarmas como futura médico.

- Es mejor que vayamos a algún sitio en el interior antes de que te congeles por completo o es seguro que te enfermarás.- le comentó Erika, en un tono mucho más suave.

Gino no respondió a la petición pues parecía que se había vuelto a perder en sus pensamientos, lo que desesperó un poco a la pasante.

- ¿Me estas escuchando?.- le dijo Shanks, poniéndole las manos en los hombros y mirándolo a los ojos.

Hernández saltó ante el contacto pues las manos de la joven se sentían arder en su piel a través de la delgada tela de la playera que portaba; Erika entonces tomó la chamarra que Fabio le había dejado y se la colocó a Gino sobre los hombros, comenzando a frotarle los brazos para que entrara en calor.

- Sí, vamos.- comentó de pronto el joven, como volviendo a la realidad aunque no hizo el menor intento de moverse de su sitio.

Erika se dijo que tendría que obligarlo a levantarse ya que él parecía que no pensaba hacerlo por voluntad propia por lo que tomó su mano izquierda para con un jalón ayudarlo a ponerse de pie, acariciando la suave piel al contacto de sus manos y, de repente, la pasante frunció el ceño al notar que Gino no traía ni la férula ni los vendajes en ninguna de las dos manos, ni tampoco el cabestrillo del brazo derecho.

- ¿Se puede saber por qué te quitaste las vendas?.- le preguntó Erika, molesta.

- Porque eran una verdadera molestia.- se defendió el portero, en voz baja y no muy convencido de lo que decía-. No podía hacer absolutamente nada con eso puesto.

- ¿Desde cuándo eres tan rebelde e irresponsable Gino Hernández?.- le regañó Shanks, a lo que el joven le miró algo apenado.

Hernández había llegado al límite de su paciencia y frustración estando a solas en la habitación pues hasta el más mínimo movimiento le ocasionaba problemas y en un ataque ira y de suma rebeldía se había quitado los vendajes como negándose a aceptar las lesiones y a lo que conllevaba eso.

- ¿Crees que tus manos sanarán de ese modo?.- continuó cuestionándolo Erika, sin dejar de mirarlo directamente a los ojos-. ¿Quién eres, Genzo Wakabayashi que hace lo que se le viene en gana? ¡No, señor! No voy a permitirlo de ningún modo, si tus manos no tienen el debido cuidado no podrás volver a jugar.

- De todos modos el entrenador ya me ha dicho que no volveré a jugar en lo que resta del torneo.- comentó Gino, con la cabeza gacha-. Qué importa si tardo más en recuperarme.

- Es que no sólo es el tiempo de recuperación.- respondió Erika, luego de un gran suspiró, mirándolo con mucha compasión-. Si no tienes una adecuada recuperación y sin el adecuado soporte que tus brazos requieren, éstos podrían quedar incluso con secuelas y arruinar tu futuro deportivo.

Gino bajó la mirada avergonzado pues sabía que Erika tenía toda la razón.

- Perdí el reloj de papá.- comentó de pronto Gino, luego de un momento de silencio, cambiando el tema de conversación y con mucha tristeza en su voz y expresión.

- ¿Qué?.- comentó la pasante sorprendida-. ¿Cuándo paso eso?

- No lo sé, es lo peor de todo, no sé ni en donde lo perdí, ya lo busqué entre todas mis cosas y no lo encuentro.- suspiró, muy decaído-. Era todo lo que me quedaba…

Shanks pasó sus brazos alrededor de la cintura del joven para poder abrazarlo mejor y para que él recargara su cabeza en el hombro de ella, cosa que Gino no dudó ni un instante en hacer.

- No te preocupes, verás que lo encontrarás.- trató de animarle la joven-. ¿Ya les preguntaste a los demás?

- Nadie lo ha visto.- comentó el portero.

- Pues lo buscaremos por todos lados, verás que lo vamos a hallar, te lo prometo.

La pasante no tenía ni idea que cómo cumplir esa promesa pero ella sabía muy bien lo que ese reloj significaba para él y no podía simplemente quedarse de brazos cruzados, debía por lo menos hacer el intento de buscarlo y se dijo que así lo haría.

- ¿Ya cenaste?.- preguntó ella, después de un rato, atreviéndose a preguntarle al portero lo que le preocupaba.

Y aunque Erika sospechaba cual sería la respuesta, al final tuvo confirmación a sus pensamientos al ver que el portero no le respondió.

- Casi no comes ya y me preocupa mucho que tu alimentación se está volviendo cada vez más deficiente.- comentó Erika, intranquila.

- No te preocupes, no me va a pasar nada.- comentó Gino, restándole importancia al asunto-. Es sólo es que en este momento no tengo ganas de nada.

- Vamos a buscar algo, por favor.- le rogó ella-. No quiero que te pase nada malo, aún me debes una cena y te la pienso cobrar en cuanto estemos de regreso en Milán.- comentó, intentando animarlo.

Gino no pudo evitar esbozar una sonrisa sincera y al instante se levantó de su posición para mirarla a los ojos.

- ¿Eso quiere decir que te seguiré viendo?.- le preguntó, esperanzado.

- Siempre que tú lo desees y dejes de intentar matarte.- respondió Shanks, con una cálida sonrisa.

- No estoy intentando matarme.- protestó él.

- Entonces vamos a buscar algo para que cenes.- contraatacó ella, por lo que a él no le quedó más remedio que aceptar.