Sentía como si su cuerpo estuviera flotando, tan liviano que la asustaba. Sentía frío, por primera vez, en todos esos años, Elsa sentía demasiado frío. Era extraño, el frío era parte de ella desde que tenía memoria… La oscuridad la rodeaba, kilómetros y kilómetros de oscuridad. Se sentía mareada, adolorida y, luego, Anna llegó a su mente. Su novia lastimada y diciéndole que resistiera mientras la cargaba… ¿Había muerto?

No, no, no. Ella no podía morir, Anna le había prometido tener su tan esperada cita… y aún no le había dicho "Te amo" … No se lo dijo aún, ¿Verdad? Anna lo había dicho cuando se confesaron su gran amor, pero ella no y ahora menos quería morir.

Unas voces comenzaron a escucharse poco a poco, haciéndola prestar atención. Casi de inmediato, abrió los ojos y se sentó, sintiendo un mareo por aquella acción. Colocó su mano sobre su frente y gruñó, esperando que su cabeza dejará de darle vueltas. Apenas pudo enfocar mejor su vista, Grand Pabbie hablaba con Bulda y Cliff, dándole pequeñas indicaciones.

– Veo que ya despertaste, ¿Cómo te sientes? – preguntó dulcemente Bulda, extendiéndole un pequeño tazón de madera. – Bébelo, te hará bien.

Elsa acercó el tazón a sus labios, permitiendo que el amargo y dulce sabor de aquella cosa ingresara en su organismo. Pero algo llamó su atención, mechones castaños en lugar de albinos. Pabbie lo notó y se acercó a la ojizarca, quien dejó el tazón para poder levantarse, pero el viejo troll la detuvo.

– Tranquila, Elsa, todo está…

– ¿Bien? – interrumpió con desdén. – ¡Perdí mis poderes, Pabbie!

– Sólo están dormidos… Debimos hacer eso para poder curarte, Hans fue listo al herirte con esa daga, estaba bañada en veneno y, con poderes, era mortal. – explicó tranquilamente Pabbie. – En unas horas podrás recuperarlos, ya lo veras, debes ser paciente.

Elsa dio un suspiro al escucharlo, intentando mantenerse serena ante la situación. Sujetó su cabeza y respiró de manera continua y profunda. Hasta que decidió cerrar sus ojos volviendo a caer en aquella improvisada cama en donde estaba. Necesitaba descansar un poco más si deseaba ver a Anna, y quizás logrará recuperar su magia.

Horas y horas descansando, Elsa pudo sentir frío nuevamente. Incorporando para poder tomar unos mechones de cabello. Seguía con el color castaño, no sabía cuánto debía esperar. Miró sus manos antes de poder levantarse, llevaba puesto un camisón de seda y se encontraba descalza, pero poco le importaba deseaba ver a su novia tan pronto pudiera.

Anna se sintió pesada, era como en sus sesiones de estudio cuando se pasaba de la raya y terminaba durmiendo por más de dos días, todo le dolía, pero un aroma suave de alguien le despertó totalmente.

– ¿Elsa? – pregunto levantándose con un poco de dificultad, toco su frente y sintió el corte en su ceja. Pero luego recordó todo, como Elsa era estrechada por esa criatura, como Hans la había herido a ella y a Elsa. – ¡¿Elsa?!

– ¡Anna! Tranquila, tranquila. Estoy aquí, cariño. – vio cómo su Elsa estaba arrodillada frente a ella, una pequeña sonrisa era suficiente para dejarla indefensa.

Y algo le llamó su atención, como el cabello de su novia era castaño y no albino como recordaba. Su ceño se frunció mientras intentaba reincorporarse para enredar sus dedos en aquel cabello y Elsa lo notó, alejándose un poco para sonreír.

– Pabbie dijo que volverían en algunas horas, debió dormirlos para poder salvarme. – explicó al ver la mirada confusa de Anna. – Hey, sólo dime si no…

– Me encanta, te ves hermosa… Siempre me gustaron las morenas y… – relamió sus labios al ver a Elsa levantar una ceja. – Quiero decir… Uh…

Elsa dio una corta risa, inclinándose para poder atrapar los labios de Anna entre los suyos, la pelirroja colocó sus manos en sus mejillas acariciándolas. Había terminado, todo volvería a ser normal.

Pabbie les indicó que podían regresar, dándoles pequeñas indicaciones para las heridas de Anna. Aunque ambos sabían que la pelirroja desearía ir al hospital solo para poder estar completamente segura de todo.

Pasos lentos, pero seguros. Elsa y Anna avanzaban por el bosque sin soltar sus manos, robándose pequeños besos y tratando de pensar en todo lo que debieron pasar para poder estar juntas al fin de cuentas. Durante todo el trayecto, los ojos de Anna no lograban dejar de mirar la cabellera castaña de su novia, se veía… diferente. Demasiado diferente, hermosa, sexy, caliente, demasiados adjetivos y palabras se le cruzaron por la cabeza de solo verla. Más cuando coloco unos mechones detrás de su oreja y volteaba a verla con una tímida sonrisa.

– Anna, deja de mirarme así… siento que no te gusta cómo me veo. – susurró.

La historiadora se detuvo, colocándose delante de ella y tomando sus manos. Besó el dorso de cada una antes de poder besar sus labios castamente.

– Te miro porque te ves hermosa y te amo…

– También te amo. – pronunció con seguridad Elsa, soltando las manos de Anna para sujetarla del cuello y unir sus labios. – Te amo tanto.

Anna sonrió lo suficiente como para volver a unir sus labios.

Como pudieron, lograron regresar a la civilización. Llegando sanas y salvas a casa, Anna buscó la llave para poder introducirla en la puerta y poder entrar a su hogar. Un suspiro de alivio escapo de los labios de Anna apenas dejó las llaves en su lugar correspondiente, la ojizarca se aferró a su brazo, recargando su cabeza en el hombro de su novia.

– ¿Descansamos?

Apenas Anna sugirió aquello, Elsa ya la tenia arrastrando hacia su habitación, necesitaba dormir en una cama. Empujó la puerta ingresando primero, siendo seguida de Anna que reía al verla quitarse la ropa y colocarse aquella camiseta holgada que le había dado. Imitó su acción de ponerse algo más cómodo: shorts y una musculosa.

Ambas chicas cayeron de repente, pero Anna jadeo tocando el costado de su cintura, aún podía sentir como el metal cortaba su carne. Cerró los ojos y suspiró pesadamente, preocupando a la castaña.

– ¿Te duele? ¿Puedo hacer algo ¿Necesitas algo? Puedo conseguirte hielo o limpiar tu herida, solo dime y trataré de con…

Anna dio una corta risa, interrumpiéndola al besarla. El beso era lento, lleno de sentimiento, era como si estuviera concentrado todo el amor y la preocupación de todo el tiempo que habían pasado juntas. Junto con el beso, la reina comenzó a acariciar el rostro de la pelirroja, dando pequeñas caricias con el pulgar, pero sin profundizar el beso.

Cuando por fin se separaron por falta de aire, Elsa mordió su labio.

– Te necesito, Anna… – susurró.

No dejo contestar a la pelirroja porque sus labios volvían a unirse lentamente, ese tortuoso y lento beso ahora era acompañado por caricias en el cuello de la pecosa, la estaba enloqueciendo con esa lentitud, pero entendía que era para cuidar que no se agitara demasiado, si Elsa supiera que estaba agitada, como si hubiera hecho un maratón, seguro pararía por lo que no dijo nada y solo se dejó besar en ese ritmo tortuoso y delicioso.

El beso se profundizo con tanta lentitud que la castaña podría haber jurado escuchar el corazón de su novia golpeando con fuerza en ese pecho que secretamente había visto cuando Anna se cambiaba para hacer el desayuno mientras ella "dormía". Una vez que su lengua comenzó a moverse en la boca de la pelirroja, una temblorosa mano bajo por el borde de su cuello arañando con suavidad para posarse sobre el pecho derecho de su Anna.

Anna estaba en el cielo, aun no estaba segura si había muerto y esto era el cielo o simplemente un sueño, pero esos toques que estaba recibiendo por parte de Elsa la estaban enloqueciendo, hacían crecer un calor en su interior que comenzaba a quemarla, no guiar la situación era raro para ella, siempre siendo la activa en las pocas veces que habían consumado su amor, pero dejarse querer era increíble también. Un gemido se escapó de su garganta al sentir esa mano sobre su pecho junto con la lengua de la ojizarca.

– Elsa… – susurro la pecosa recibiendo una sonrisa lujuriosa por parte de su novia, sus ojos gélidos habían cambiado completamente y ahora se mostraban opacos. – … también te necesito. – confesó pasando su brazo izquierdo por detrás del cuello de la castaña atrayéndola en otro apasionado beso, entregándose a esos labios y esa lengua que volvía a danzar dentro de su boca.

Al separarse por la falta de aire Anna exhalo lentamente dejando ver una pequeña estela de frio salir de sus rojos labios, la rubia se asustó un poco, no había considerado la posibilidad de congelar a su pequeña por no controlar su poder, pero una sonrisa mesclada con lujuria por parte de la menor le dio a entender que no temiera.

Elsa se levantó, levantando las mantas de la cama, haciéndolas hacia un lado. Se sentó en las caderas de la pecosa totalmente sonrojada, levantó un poco más la musculosa de Anna, pasando delicadamente sus dedos sobre la herida que portaba. Tomo su rostro entre sus manos y siguió recorriendo su rostro con besos, primero su frente, sus ojos, se quedó unos pocos segundos para besar la cicatriz que adornaba su ceja, luego siguió besando sus mejillas con esas pecas que la enloquecían, y finalmente sus labios, aceptando que se había vuelto adicta a ese sabor, estaba segura de ello. Mordió lentamente su mentón y siguiendo la línea del rostro llego a su oído respirando suavemente, sintiendo su aroma a chocolate que le encantaba.

La pelirroja suspiraba con cada beso, era como si estuviera siendo tocada por un ángel, aun cuando los besos en su frente le dolieron un poco la sensación de calor que crecía en su cuerpo opaco cualquier otra emoción y sintió la respiración de su novia en su oído.

"Dioses, paren esta tortura, la necesito ya" pensó mordiéndose el labio inferior.

Dejo escapar otro gemido de su garganta al sentir los labios de Elsa recorrer su pulso, sentía que su corazón explotaría en cualquier momento, "y está en el cuello aun", ese pensamiento salvaje ataco su razón, matando lo poco que quedaba de ella.

La castaña mordió el acelerado pulso de la historiadora, los quejidos cambiaron a gemidos, gemidos largos y pronunciados, deseosos de más, suspiro cerca de su oído.

– Te amo… – susurró en su oído mientras sus manos quitaban la molesta camiseta, dejando el herido torso de su novia al aire, bajo nuevamente besando su cuello, mordiendo su clavícula para comenzar a besar sus heridas del estómago. Una risa por parte de la pecosa la hiso sonreír, sabía que era cosquillosa, pero siguió en su tarea subiendo lentamente.

Sus risas fueron cambiadas por quejidos, la sentía tan cerca, necesitaba sentirla más, instintivamente su mano se posó en ese rebelde pelo rubio… Esperen, ¿Rubio? ¡Era albino!

– ¡Elsa tu cabello! – exclamó con emoción, enredando sus dedos en aquel sedoso cabello albino. – Tus poderes están… ¡DEVUELTA!

Su divagación mental fue interrumpida por un choque de placer directo desde su pecho derecho, mordió su labio al sentir unas pequeñas mordidas por sobre sus senos. Arqueando su espalda, un sonoro gemido salió de sus labios, tan pronto como se recuperaba sintió otro choque proveniente de su otro pecho, eran las uñas de su amada que trabajaban sobre su ya sensible pezón izquierdo.

– Elsie…

Sentir su nombre en los labios de su pecosa la enloqueció aún más, mordió cuidadosamente enfriando un poco sus labios apropósito, sonriendo traviesamente. Cambio de lado, ahora trabajaba sobre el otro pecho de su amada, ambos se habían vuelto duros. Mordió un par de veces y suspiro al sentir la ardiente mano de su novia recorrer su pelo, era fuego puro lo que podía sentir emanar del cuerpo de la menor. Casi no le importo recuperar su magia ni el color de su cabello, solo estaba concentrada en complacer a Anna.

Pauso su tarea para sentarse nuevamente en las caderas de la pelirroja, sonrojada se quitó la camiseta, dejando ver una perfecta ropa interior.

Anna mordió su labio estirando su brazo izquierdo, queriendo tocar esa blanquecina y fría figura sobre ella, solo para asegurarse que era real. Su mano fue tomada por la de la reina, entrelazando los dedos con cuidado, frio y calor volvieron a juntarse creando esa sensación eléctrica que solo ellas podrían llegar a conocer.

– Déjame a mí… – susurro en un suspiro la rubia guiando la mano de la pelirroja hasta su pecho izquierdo, en cierta forma quería decirle en una forma aún más profunda cuanto la amaba.

Cuando el calor que emanaba de esa mano comenzó a derretir el hielo sintió que había sido suficiente tortura para ambas, apresuradamente se quitó el sujetador, dejando al descubierto sus bien formados y blancos senos. Elsa se sonrojo y tendió a cubrirse al ver como la pelirroja la miraba, pero esta tomo la mano de la albina.

– Hey, no te avergüences… Ya lo hemos hecho antes…

La de ojos azules le devolvió una sonrisa totalmente sonrojada y dejo de cubrirse para comenzar a mover lentamente sus caderas sobre las de su novia.

Anna siguió el movimiento de Elsa, cada rose incrementaba el calor dentro de su cuerpo, era algo que pocas veces había experimentado, pero ahora ese calor comenzaba a invadirle completamente y electrizar su piel, haciendo que el movimiento acelerara, volviéndose como una adicción recién descubierta.

Elsa se dejó guiar por el movimiento acelerado de la pelirroja, aquel rose de sus cuerpos la estaba enloqueciendo, necesitaba más así que la beso mordiendo su labio inferior con lujuria dejando escapar un sonoro gemido al sentir como el monte de venus de la pelirroja rosaba su intimidad por completo. Un quejido no de placer llego a oídos de la mayor quien se detuvo al instante, el placer estaba nublando su razón y debía de tener cuidado con Anna.

– Hey, hey. ten cuidado cariño, ¿Sí? – bromeó antes de hacer un recorrido de besos desde sus labios hasta el inicio de los shorts de Anna.

La pecosa sentía una corriente eléctrica recorriéndole el cuerpo con cada beso, deseaba más, deseaba estar bien y ser ella quien estuviera guiando esos besos hacia la intimidad de Elsa, pero no podía quejarse, la sensación era inigualable. De pronto arqueo su espalda al sentir un frio beso en su intimidad por encima del short, luego otro y otro logrando que de su boca soltara una serie de gemidos que iban en acenso.

– Els… Elsa…

– ¿Si, mi amor? – pregunto divertida la albina, ver agitada así a su novia la tenía totalmente enloquecida, pero debía contenerse, no quería dañarla. Volvió a besar, pero ahora un poco más abajo donde podía ver que el short comenzaba a humedecerse, ahora que se lo ponía a pensar… también estaba muy húmeda solo con escuchar esos gemidos salir de esos labios que se habían vuelto una adición. Decidió posar su lengua en esa parte tan húmeda solo para sentir el calor que emanaba de su amante, y al sentir un sonoro gemido escapar de sus labios enfrió su lengua apropósito solo para ver la reacción de su amada.

– ¡ELSA!

La sensación electrizante que provocaba ese frio la hizo desear levantarse y quedar ella arriba guiando la situación, ya no aguantaba tanta tortura, necesitaba sentir a Elsa directamente

-por favor… no me tortures – sus caderas y su ser ya solo vibraba del placer producido por esas gélidas manos. Iba a hablar otra cosa cuando sintió los labios de la mayor sobre los suyos, besando apasionadamente casi devorando los suyos, sentía que su alma era devorada en cada embestida de esos helados labios.

– Els, por favor… – alcanzo a articular antes de que sus labios volvieran a ser mordidos aguantando gemidos que iban in crescendo.

– ¿Por favor qué? – pregunto nuevamente la ojizarca, quien comenzó a bajar el short de su novia, dejando dos grandes mordidas en los bordes del hueso de la cadera.

– por favor… no me tortures…

– Oh Annie… Apenas estoy comenzando…

Sus caderas y su ser ya solo vibraban del placer producido por esas gélidas manos. Iba a hablar otra cosa cuando sintió los labios de la ex - monarca sobre los suyos, besando apasionadamente casi devorándolos, sentía que su alma era devorada en cada embestida de esos helados labios.

Y el timbre sonó, arruinando su burbuja de pasión. Anna gruñó cubriendo su rostro con sus manos, mientras Elsa fruncía el ceño antes de suspirar. Buscó el sujetador tras levantarse de encima de Anna, la cual quiso sentarse para poder ir a ver de quien se trataba, más Elsa se lo impidió.

– Els…

–Oh no, no, no. Tú descansa, realmente tienes que hacerlo. Yo iré, ¿Sí? Veré quien es, me asegurare que no sea importante y voy a regresar a terminar lo que estaba haciendo contigo…

Un suave golpe en la punta de su nariz y Anna logró reír sumamente. Vio como su novia se colocaba los shorts que hace segundos le fueron quitados y su musculosa… Dejando a la historiadora solo en ropa interior.

Unos minutos en silencio, Anna pudo cerrar sus ojos y soltar un pesado suspiro.

– ¡ANNA!

Mejor dicho, segundos. Tan pronto escuchó el grito de Elsa, se levantó ignorando el dolor y se colocó la camiseta holgada para salir corriendo a la sala. Su novia se encontraba siendo atacada por Olaf, mientras Marshmallow y Bruni saltaban a las piernas de la pelirroja. En la puerta, un rubio cansado le sonreía divertido al ver las pequeñas marcas en el cuello de la historiadora.

– ¡Al fin! Casi tres días, no me quejo mucho a excepción de Bruni… Pero estuvo bien, ¿Pueden devolverme mi moto? Gracias, las amo.

Kristoff se volteó y Anna logró sacar a Olaf de encima de su novia, la cual recibió en brazos al pequeño felino y salamandra. Apenas intentó quitarle la correa, el husky siberiano salió corriendo fuera de la casa y llevándose consigo a la pelirroja.

Kristoff y Elsa se miraron, cada uno con una expresión distinta. Mientras que el rubio intentaba no reírse, la albina estaba aterrada de que aquel bruco movimiento pudiera abrir de nuevo la herida en su costado.

– ¡Olaf detente!

Elsa salió corriendo detrás del husky, dejando a Kristoff a cargo de Bruni y Marsh. Logró ver el momento exacto en que su novia chocó contra alguien, escuchando a ambas quejarse, sobre todo la pelirroja que fue atendida por su novia.

– ¿Estás bien?

– Si, lo estoy… Lo siento, realmente Olaf no es… así…

La chica se levantó dejando ver una perfecta similitud con la albina, mezclado con Anna en cierto aspecto. Su cabello rojizo oscuro y los ojos verdes de su padre. Elsa se tensó en ese preciso momento, siendo sujetada por Anna de la cintura para que no cayera al ver a la chica.

– ¿Annelise?