Saint Seiya: Siguiente Generación.

Fanfic escrito por: Andrómeda

Primera Fecha de publicación: 3 de junio del 2011; para la página de Facebook: Yuna De Águila (Saint Seiya Omega Ω)

Edición: Rankakiu

Disclaimer: Saint Seiya es propiedad de su autor Masami Kurumada; así como de TOEI Animation LTD.

Nota del editor: Muy buenas a los lectores de este Fanfic. Es un gusto dejarles el trigésimo segundo capítulo de Siguiente Generación, escrito por la autora Andrómeda. Sin más que agregar, los dejo con la lectura, esperando sea de su completo agrado. Saludos.

Rankakiu


En el capítulo anterior de Siguiente Generación: Finalmente el encuentro de Aarón de Piscis contra el Héroe Mítico Heracles ha dado inicio, con ambos combatientes peleando a la par y dando lo mejor de sí. Sin embargo, Idalia de Fénix decide intervenir y continuar su pelea interrumpida. Mientras, Selenia de Pegaso, al percatarse de un cosmos enemigo, abandona la explanada de la sagrada estatua de Athena y se dirige al templo de Acuario. De vuelta al combate, Heracles lanza su mortífera técnica y Aarón se lanza contra ella, dispuesto a detenerla y así darle tiempo a la amazona del Fénix de huir de ahí y encargarse de Sharon…


Siguiente Generación

Capítulo 32: Distancia (Parte II).

— ¡GALACTICA MAGNUM! —Exclamó a todo pulmón Heracles, lanzando su técnica de energía hacia los dos santos de Athena, quienes, por mero instinto, retrocedieron un par de metros. — ¿Piensan huir? ¡Ja! ¡Desde el principio supe que los Santos de Athena son débiles! ¿Por qué decidiste estar con ellos y no con nosotros, tus verdaderos compañeros? —Preguntó Heracles, viendo como su técnica estaba a punto de volver cenizas a los caballeros.

En cuanto al Santo de Piscis, este elevó su cosmos y dando un grito, detuvo la terrible técnica de Heracles con ambas manos y posteriormente Aarón, usando todas sus fuerzas, hizo que la técnica impactara contra el suelo, lo que causó una explosión y una polvareda densa que poco a poco se fue despejando, revelando a un Aarón de expresión fiera.

—Algo raro pasa aquí…—pensó Idalia, — ¿Acaso Aarón recuperó sus recuerdos del pasado? Y si es así, ¿por qué no puedo leer sus pensamientos? —Se preguntó en su mente.

Heracles escupió al suelo con desdén, tronándose los nudillos, mientras Aarón empezaba a dar unos pasos seguros. Miró fijamente por unos instantes a Heracles y por fin habló, respondiendo a la última pregunta del Héroe Mítico.

—Ya te lo dije, cumpliré mi promesa y rescataré a mi rosa dorada —respondió, elevando su cosmos, —no me importa nada, sólo quiero que esto acabe. —Dijo y luego miró a la santa de bronce. —Idalia-kun, retrocede, por favor.

—Yo nunca pedí tu ayuda…—Respondió gélidamente, sin siquiera obedecer instintivamente a su superior dorado.

—Lo sé, — respondió el santo de Piscis, esbozando una sonrisa cálida, mientras comenzaba a ser rodeado por una neblina roja, —sólo pensé que uno de los dos debe seguir vivo.

Idalia se sorprendió por las palabras de su compañero y más aún por el hecho de la aparición tan repentina de la neblina rojiza a su alrededor. Ella no recordaba que Aarón poseyera un ataque de esa naturaleza. Vio como la neblina se concentraba especialmente entre sus manos y su cosmos llegando a un punto de poder impresionante, capaz de rivalizar contra el del Héroe Mítico. Aarón respiró profundamente con los ojos cerrados, extendiendo sus brazos y poniendo un rostro sereno; no fue sino hasta que, realmente preparado, abrió los ojos, su rostro pasó a tener un gesto de absoluta determinación y con un movimiento de ambos brazos comandó su ataque hacia el Héroe Mítico.

— ¡Hasta nunca Heracles! ¡CRIMSON THRON! —Exclamó Aarón de Piscis a todo pulmón, haciendo que la neblina se convirtiera en millares de agujas filosas carmesí.

— ¿¡Qué clase de truco es este…!?—Heracles preguntó lleno de sorpresa y solo atinó a cubrirse su cabeza y pecho con ambos brazos.


En la casa de Acuario, la batalla no iba muy bien para la santa del Cisne Helena. Acababa de lanzar su técnica de polvo de diamantes directo a Ícaro, pero el Héroe Mítico ni se molestó en esquivar el aire congelante; en cambio, solo caminó en medio de la técnica, sintiéndola más bien como una brisa fresca y ya estando solo un par de metros de la santa, Ícaro aumentó su velocidad súbitamente y le asestó un golpe a la rubia con su codo en pleno rostro. Ante el golpe, Helena retrocedió varios pasos, casi perdiendo el equilibrio. Momentos después se llevó el dorso de la mano a su nariz y comprobó que el golpe le hizo sangrar. Helena se limpió la sangre y miró furiosa a su enemigo, quien solo sonreía de oreja a oreja con suma arrogancia.

Ícaro, dio primero unos pasos lentos hacia Helena y de forma repentina, aumentó su velocidad al correr, encendiendo su cosmos y haciendo aparecer en la palma de su mano una esfera de energía, rodeada de electrostática. La santa del Cisne reaccionó rápidamente y levantó un muro de hielo, bastante cerca del cero absoluto, abarcando una enorme extensión a las afuera del templo de Acuario; sin embargo, aquel muro gélido no detuvo el ataque de Ícaro, quien pudo destruirlo con un simple movimiento de su mano y logrando impactar su técnica en el estómago de Helena, quien sintió un ardor insoportable y luego una descarga eléctrica de grandes proporciones, en donde los rayos destruyeron todo lo que estaba a su paso y dejando a un derruido templo de Acuario. Tras la brutal descarga, Helena solo dio unos pasos más y se desplomó pesadamente al suelo, con una dificultad aterradora para respirar.

Ícaro solo bufó con desgano. De inmediato concentró su fuerza en sus piernas y dio un gran salto, quemando su cosmos e invocando uno de sus ataques más poderosos.

— ¡HURRICANE VOLT! —Exclamó, listo para desatar su técnica.

Pero de repente…

— ¡PEGASUS RAIN OF STARS! — Exclamó Selenia de Pegaso, cuyos puños volaron en trayectorias curvas directo a Ícaro, golpeando salvajemente y desviándolo de su objetivo. No obstante, El Héroe Mítico fue capaz de recuperarse para no caer abruptamente al suelo, siendo que aterrizó usando sus pies y manos para amortiguar su caída.

Ícaro levantó la mirada y vio la santa de Pegaso, sonriendo entusiasmada. Pobre ilusa, pensó el Héroe Mítico, no sabes el problema en el que te has metido.

— ¡"Señor Ángel", vine a pelear contra usted! —Exclamó Selenia, mientras hacia la pantomima de las comillas con los dedos de su mano y soltando una risilla.

— ¡Selenia! —Llamó Helena, con tono indignado. — ¿Por qué interrumpes esta pelea? — Preguntó molesta, sujetando su estómago con una mano y con la otra apoyándose en el suelo para reincorporarse.

—Selenia… esta es la pelea de Helena, deberías ir a cuidar a Athena-sama…—Dijo París, mirando fríamente a la impertinente castaña.

—Lo siento Paris-san, pero desde niña siempre quise medirme contra un ángel. —Dijo, sonriendo y colocándose en una postura de combate, incendiando a tope su cosmos.

El Héroe Mítico primero le miró con ojos abiertos en confusión y luego atinó a reírse ligeramente.

—Eres una mocosa que no respetas las batallas ajenas, —dijo, ladeando su cuello y tronándose algunos huesos, —pero si lo que quieres es morir, te lo concederé. —Dijo, poniéndose en guardia y al igual que Selenia, este empezó a quemar su cosmos. —No sé por qué piensas que me podrás vencer. —Dijo, haciendo un gesto de felicidad sádica, esperando tener más emoción con este nuevo combate.

—Ya verás… yo soy un estuche de monerías. —Respondió Selenia, moviendo sus manos con las cuales trazaba las líneas y posiciones de estrellas de su constelación guardiana.


Los millares de espinas carmesí impactaron en contra del Héroe Mítico, causando una explosión de polvo y neblina rojiza, tan densa que tardaba demasiado en disiparse. Aarón jadeó, tratando de recuperar un poco la respiración. Sin ningún aviso, su cuerpo entero sintió una horrible punzada que terminó por doblegarlo y que cayera de rodillas, otra punzada y fue necesario apoyarse con las almas de la mano para no caer por completo en el suelo. Con una respiración más normalizada, se irguió, siendo sostenido por sus rodillas.

—Al menos, ya todo acabo… espero me perdones… Kenzaki…—Dijo Aarón, cerrando los ojos, quizás rindiéndole un último adiós al Héroe Mítico que en su vida pasada fue una persona cercana a él.

Idalia de Fénix contempló la densa polvareda y a su compañero de armas en ese estado tan lamentable. Pero no percibió el cosmos o siquiera la presencia de Heracles. Suspiró pesadamente, en señal de derrota, ya que fue Aarón el que venció al Héroe Mítico y no ella como debió haber sido. Aun así, caminó hacia el santo de Piscis, manteniendo una distancia prudente debido a su sangre envenenada y también por la técnica que realizó, la cual hizo que Aarón tuviera decenas de hilos de sangre recorriéndole el cuerpo. Ambos se miraron y sintieron en señal de triunfo. Aarón estaba a punto de levantarse, sin embargo, los dos empezaron a sentir un cosmos bastante colosal y sobre todo lleno de furia.

—Espera Aarón…—dijo Idalia, deteniéndole de levantarse con el gesto de su mano abierta, sin tocar a su compañero, —él aun no muere… —dijo la santa, abriendo los ojos desmesuradamente de terror y Aarón le secundó en el gesto.

En efecto, Heracles seguía vivo y ambos guerreros pudieron confirmarlo cuando la polvareda se despejó lo suficiente, mostrando al Héroe Mítico que bajaba sus brazos para dejar de cubrirse. Lo peor de todo fue que elevó más su cosmos, el cual demostró que no ha perdido ni un ápice de fuerza y poder; al contrario, daba la sensación de ser más fuerte que antes.

Heracles dio unos pasos para quedar enfrente de ambos santos. Bajó la mirada para verlos, dirigiéndoles una mirada rábica y despreciativa.

—Odio mi nombre real. —Dijo Heracles, dirigiéndose a Aarón. —Antes pensaba que era alguien con mi nombre antiguo, pero ahora con este nombre que ostento ahora… —dijo, sonriendo y apretando su puño en símbolo de poder, —soy lo que mi nombre representa, ¡Heracles, hijo de Zeus, el hombre más fuerte sobre la tierra! —Exclamó con toda su voz, llegando a cimbrar el bosque.

La santa del Fénix crujió los dientes y apretó sus puños.

— ¡Maldito, más que un héroe, eres una cucaracha! —Rugió y de forma impulsiva se dirigió contra él, cargando su puño de cosmos y flamas. — ¡HO YOKU TENSHO! —Exclamó.

Aarón vio en cámara lenta la acción impulsiva e irresponsable de su compañera de armas.

— ¡Espera, Idalia-kun! — Aarón intentó levantarse para detenerla de morir, sin embargo el santo dorado sintió una tercera punzada más horrible y dolorosa que las anteriores y terminó por caer desmayado, siendo también la pérdida de sangre un factor.

Idalia dirigió su puño hacia el corazón de Heracles; el Héroe Mítico en respuesta usó su velocidad y con su mano derecha logró atrapar el puño de Idalia. Ante este hecho, la onda expansiva, así como las llamas de su técnica se dispersaron por todo el lugar, sin hacerle el más mínimo daño a Heracles. Idalia pasó de la rabia a la sorpresa y luego al terror al ver el poder de su enemigo.

—Eres muy débil niña…— dijo Heracles, quien sin ninguna piedad agarró del cabello a Idalia usando su brazo libre y con todas las fuerzas de su pierna, le asestó un rodillazo, dando de lleno contra el rostro de la chica. Sin soltarla del puño, la levantó para que quedaran cara a cara. —Aún no se me olvida que tú acabaste con Hipólita. —Dijo, frunciendo el ceño, mirando el rostro sangrante de Idalia, en especial por ambas fosas nasales que sacaban hilos gruesos de color rojizo.

—Hipólita… ella murió con honor… —contestó Idalia con las comisuras de los labios sangrando, —era lo que deseaba… también lo mismo desea… para su hermano… y para ti…

Heracles de inmediato se llenó de furia.

— ¡Cállate! —Gritó, dándole una fuerte patada a Idalia en el estómago que le sacó el aire, lanzándola contra unas rocas con tal fuerza que Idalia dejó marcada su silueta. Segundos después cayó al suelo boca abajo. — ¡Es mentira! —Vociferó, apretando ambos puños, su cuerpo empezó a temblar para contener su duelo por la reina de las amazonas. —Hipólita… ella era feliz como una guerrera…—dijo, con sus ojos humedecidos, reflejando el dolor, —pero ya basta de pláticas. — Dijo, tronándose los dedos, haciendo desaparecer en un santiamén su tristeza. Observó a Aarón y al verlo en ese estado, le pareció tan poco cosa que concluyó que no valía la pena rematarlo. Caminó hacia donde estaba Idalia, tumbada en el suelo.

—Ahora ya nadie te salvará y sufrirás por tus culpas. — Dijo, esperando que la santa se levantara como en ocasiones anteriores, pero esta vez Idalia solo miró a Heracles con sumo odio. — ¿Qué pasa, ya no te defenderás? ¿O acaso el Fénix ya no puede volar? —Dijo en claro tono de burla.

Idalia, aún herida, comenzó a levantarse, poco a poco hasta que estuvo totalmente de pie. —Te equivocas—dijo y escupió sangre un par de veces, —yo no necesito que nadie me salve… —a pesar de estar débil, Idalia elevó su cosmos, — ¡yo soy Idalia de Fénix, hija de Alexander de Géminis y descendiente del legendario Fénix! ¡No conozco la rendición! —Exclamó con todas sus fuerzas y su cosmos aumentaba en poder y ferocidad. Pronto Idalia fue rodeada de decenas de plumas flamígeras, más grandes y ardientes que las convocadas por su técnica danza escarlata.

— ¡SCARLET FEATHER! —Exclamó, haciendo que las plumas fueran directo a Heracles, como navajas al rojo vivo.

El Héroe Mítico no se dejó intimidar, reaccionando a tiempo. Junto ambos antebrazos y luego, con el movimiento de ambos brazos hizo un movimiento circular que trajo a la vida un haz de luz con la forma anteriormente mencionada, poco después lanzó su puño en el centro exacto del círculo, lo que hizo que se produjera una copia de el mismo en forma de luz.

— ¡GALACTICA PHANTOM! —Exclamó Heracles.

Y ambas técnicas chocaron con gran fuerza, derramando cantidades impresionantes de energía y cosmos, para posteriormente hacer implosión y dejar a su paso una onda expansiva de tal magnitud que destruyó árboles y rocas en un radio de varios kilómetros…

¿Quién saldrá vivo después de semejante colisión de ataques?

Continuará…


En el próximo capítulo de Siguiente Generación: Idalia y Aarón recibirán una inesperada ayuda que les dará una pista hacia una posible victoria, ¿pero ello será suficiente para derrotar al terrible Heracles? Mientras, Selenia de Pegaso y Helena de Cisne pelearan en equipo para vencer a Ícaro. ¿Lo lograrán o será el Héroe Mítico quien se levante airoso?