*Referencias a otro fanfic de mi autoría titulado "Momentos"*
29. Géminis
Había llegado el momento de hacerlo.
Pese a su obcecada negación.
Pese a la sensación de estar usurpando algo que jamás le perteneció.
Pero se lo había pedido él, Asmita, mirándole directamente dentro de sus ojos llenos de añoranza, materializado a su lado debido al cosmos que aún guardaba la armadura de Pegaso, renacida gracias a la sangre que le ofreció Virgo antes de cumplir con su maldito deber de Caballero de Athena.
"Lucha por lo que yo no podré luchar. Considéralo un favor que le haces a un viejo amigo"
Defteros selló sus ojos con fuerza, pero la imagen de Asmita no se iba tras sus párpados, ni las ataduras que surgían en su garganta cada vez que evocaba todos sus momentos compartidos.
Inspiró profundamente antes de desvelar su acuosa mirada y posarla sobre ella. Había llegado la hora de vestirla, de honrarla de alguna manera, de librar una lucha codo a codo con ella. Pero no lo haría por la jodida Guerra Santa que se había llevado al culpable de que su corazón ahora se hallara desahuciado. Lo haría por su hermano. Únicamente por Aspros.
El resplandor del oro aguijoneaba sus pupilas, achicándole los ojos, y las resonancias que emitía se filtraban por todo el cuerpo, regalándole una colección de sensaciones imposibles de descifrar.
Estuvo unos segundos contemplándola. Tal vez perdonándole que le arrebatara a su admirada mitad, o que no hubiera sabido protegerle de la ambición que le consumió.
Necesitó acariciarla antes de pedirle lealtad, y dudó antes de posar sus ásperos dedos sobre el precioso metal. Deslizó sus yemas por los contornos de los dos rostros del casco, absorbió cada arista, cada recoveco y cada pulgada de ese cascarón de oro tan odiado, y se detuvo cuando los dedos de su diestra llegaron a la altura del pecho donde dos años atrás, su puño desnudo fue capaz de atravesar y llegar al corazón hermano para detener su palpitar.
Se halló mordiéndose los labios en un vano intento por no llorar. La visión se le aguó por completo y la opresión que nació en su pecho le amenazaba con arrebatarle ese instante de coraje y determinación.
Volvió a rozar la zona, buscando alguna cicatriz testigo de su aberrante acto, pero no había nada...ninguna imperfección relataba el crimen que ahí se había cometido. Y ahí, en ese precioso instante de comunión con Géminis, volvió a pensar en Asmita, en añorarle, en repudiarle otra vez, en desear tenerle en frente para gritarle que había sido un necio por ir regalando su sangre a armaduras de adolescentes desbocados y ebrios de amistad...
...Y que había sido un estúpido al decidir, dos años atrás, que Géminis también la merecía.
