Capítulo XXVII


Severus relamía la cuchara, para asombro de los que compartían mesa con él o lo que es lo mismo todos sus amigos. Sirius acercó discretamente el plato de su propio helado hasta el pocionista, y logró que este abandonara su propio plato vacío y comenzara a comerse el de él. Lucius siendo quien era y por la gran amistad que lo unía a Severus desde hacía décadas. Dijo:

–¿Severus, que Black no te alimenta bien?

El pocionista dejó el postre para fijar la vista –cabreada– en el rubio, que a pesar de saber lo que iba a recibir, esperó estoicamente.

–Si. Comemos magníficamente en Hogwarts y en nuestra casa.

–...

El rubio esperaba más, pero Snape lo ignoró para seguir devorando el helado. Todas las miradas se dirigieron a Sirius más este solo se encogió de hombros, no tenía idea de porque Severus se devoró los postres, vaya que ni siquiera era muy afecto a las cosas dulces.

Draco rodó los ojos y cambió de tema, preguntando a Theo.

–¿Cómo te convencieron los padres de esas trollcitas para traerlas?

Nott exhaló un suspiró resignado.

–Mis cuñados me prometieron un par de días de ser canguros de mi hija.

–Lo veas como lo veas. Tú saliste perdiendo. –opinó Remus. –Digo Deneve es la más tranquila de esas tres.

–Bueno... –dudó Theo.

–Es cierto; cuando están de visita en la Grimmauld Place, a Miria le tenemos que cerrar la sección de los libros de adultos en la biblioteca y Helen... Merlín, Helen heredó el carácter de Fred y George, nuestros elfos le temen. –opinó Sirius.

–Pues eso hemos pensado Hermione y yo; que ahora que yo tengo más tiempo para mis indagaciones, con Charlie encargándose de los pocos negocios que tenemos. Podemos hacer más sesiones de entrenamiento. Y como ya lo hemos comprobado, que el poder yõki y la apariencia de Claymore aparece en las niñas con..., digamos una orden del yõki de Teresa y Clare; debemos ejercitar más esa parte. Claro sin que ninguna descuide sus estudios. Irene por ejemplo que ya debe entrar en Hogwarts este año.

Por una razón desconocida Severus pareció comer más de prisa ante la última frase de Theo.

Sirius vio de rejo a su esposo, más no dijo nada, ya hablaría con él en su casa.

Remus terminó su helado de chocolate amargo con menta y vio a Theo.

–Es mejor que estén siendo monitoreadas a que quieran jugar a solas con sus espadas.

–Si. Mira que mis pobres mascotas no andan sin plumas por obra de algún enemigo invisible. –acotó Lucius.

Draco tuvo la decencia de sonrojarse, aunque si le reclamaban, culparía de todo al padre consentidor o sea el inocente moreno que comía su helado de frutillas con nueces, sin saber que si se descuidaba sería un chivo expiatorio.

Nott se rió divertido y luego se disculpó:

–Lo siento es que por lo menos Deneve solo insiste en ponerse la cota de malla que usó Charlie cuando fue domador de Dragones. Por supuesto que nada en ella. En fin; por eso mismo hemos trabajado en algunos ejercicios y otras cosas para las pequeñas.

–Cuenta con nosotros. –aseveró Harry y Draco se dio cuenta que el de ojos verdes sí que estaba poniendo atención a todo.

Los adultos escucharon alboroto y vieron al grupo de niñas llegar corriendo con sus compras.

Harry vio en dirección de las bolsas de cada una de las niñas, claro que Irene y Teresa llevaban una más abultada que las demás, bueno que Miria no. Clare por su parte...

–Hijita no fueron a la librería ¿Cómo es que traes ese dragón de felpa? –cuestionó con paciencia Harry.

La brujita sonrió y luego se lanzó a los brazos de su padre.

–Venía de promoción como regalo. –Draco esperó más explicación, pues conocía a su hija menor y hubo– En la compra de dos o más tomos de los libros "El Dragón moteado de Merlín".

Draco bufó y se dijo que de nuevo le tocaba ser el papá que advertía...

–Se les ha dicho que si Teresa y tú compran dos o más libros iguales no es correcto, es un desperdicio y lo saben.

Harry vio a su esposo y lo apoyó:

–Tu papá tiene razón.

Clare negó categóricamente.

–¡No, no lo hicimos!

Irene mostró su bolsa al mismo tiempo que Teresa. Si cada una poseía los dos primeros tomos de "El Dragón moteado, de Merlín".

–¡Oh por Morgana! –expresó Draco.

Harry dejó salir un suspiro. Ya habían hablado mucho con Teresa e Irene, más ninguna de las dos dejaba de mimar a Clare.

Severus vio a su hija y carraspeó antes de comentar.

–Oh se ve interesante ese libro, yo creo que tu padre y yo queremos que nos lo leas esta noche ¿verdad Sirius?

Sirius asintió a pesar de que le dolió la carita de sufrimiento de su hija, por supuesto el libro era para niños pequeños.

–Sí, papá. –claudicó Irene.

Draco vio a Teresa y la pequeña supo que sería lo mismo para ella, a pesar de que igual que su prima y mejor amiga ya no gustaba de ese tipo de lecturas. Así que se resignó y sonrió. Lucius la atrajo en un abrazo y la sentó en sus piernas. Teresa poseía esa sonrisa fácil y hermosa de Harry y Lily Potter.

Con la conmoción parecía que no se darían cuenta, no obstarte Remus llamó:

–Helen querida ¿si fueron a la librería tú porque no traes nada?

La niña sonrió, más su mejillas parecían las de una ardilla y los adultos dedujeron que esa Weasley tenía mucho de los Dursley.

–Mi prima se gastó su dinero en ranas de chocolate porque mis tíos ya no la dejan comer tanto dulce, dicen que se le caerán los dientes. –hizo una observación Miria.

–... –sonidos incomprensibles de parte de Helen y Miria asintió:

–Bueno me prestó algo, porque no me alcanzó para todo lo que yo quería.

Teresa vio a Miria y optó por no intervenir, pues ciertamente todas les dieron de sus galeones, porque esa niña literalmente comía libros. Y no es que los padres de esta, no ganaran bien. Uno era auror y la otra abogada, más Miria era como Helen con la comida.

Helen se pasó el resto de ranas y se estaba atorando, más Remus le dio de su té.

Helen hizo gestos después de tomarlo y vio al licántropo.

–¡Está amargo, tío!

Remus rió divertido.

–No cariño, es que con todo el dulce que te comiste ya nada te va a saber igual.

La niña se asustó.

–¡¿De veras?! ¡Ya nunca, nunca!

Teresa decidió intervenir antes de que a su prima le diera un sincope.

–Solo por unos momentos.

Helen recobró todo el color y se sentó junto a su tío Harry y Clare. Harry quería mucho a su sobrina y es que a pesar de tener ciertas facciones de los Dursley; la franca camaradería y lo divertido era todo Weasley. Y ella juraba y perjuraba que Teresa y Clare eran su primas dos veces o sea de parte de su padre y de su papá.

–Demos gracias a Merlín por la parte Claymore que las hace no engordar tanto. –opinó Draco.

Todos los adultos estuvieron de acuerdo, aunque sospechaban que eso le tenía sin cuidado a Helen. Deneve se sentó junto a su mejor amiga y esta le sonrió brillantemente. Ese par eran como las dos caras de una moneda. Theodoro vio con ternura a su hija y sobrina.

–Ya que llegaron, les tengo una muy buena noticia. –Las niñas pusieron atención– Las practicas serán dos veces por semana y con todas juntas.

Un ruido de hurras se escuchó y el grupo fue visto de reojo por los otros comensales, pero a nadie le importó.

Teresa e Irene decidieron que ya en casa contarían lo sucedido, ahí no era un buen lugar.

Con los días de entrenamiento, junto con las casa, decididos. El grupo se despidió y al ver como Theo corría detrás de Helen sin soltar a Deneve y Miria todos pensaron que el trato no fue muy lucrativo para él.

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Irene en cuanto cruzaron la chimenea subió corriendo a su habitación. Sirius la vio y le preguntó a su esposo.

–¿Sera capaz de esconder los libros?

Severus vio a su pareja y negó:

–No, es más inteligente que eso.

El Black decidió confiar en la sensatez de Severus, que le recordó.

–Bueno ya que nos dejó un momento a solas, quiero hablar contigo.

Severus arqueó una ceja, pues no era muy seguido que el Black se pusiera en ese plan serio. El animago agarró la mano del pocionista y lo llevó a la salita donde tomaban té.

Lo sentó a su lado y besando los nudillos de este preguntó:

–¿Qué sucede Sev? Te he notado algo raro. Sabes que puedes decirme lo que sea...

El aludido vio a su pareja y la sinceridad en esas pupilas grises y no supo el motivo, pero comenzó a llorar. Sirius lo atrajo en un abrazo, acariciando la espalda de este. Después de unos momentos Severus se calmó un poco y se aclaró la garganta.

–Ese es el problema.

–...

–Que no tengo ni puñetera idea de lo que me sucede. Sé que estoy preocupado porque Irene ya entrara a Hogwarts...

–Pero Sev, tú estarás ahí.

–Lo ves. Eso lo sé. Sé que si bien no podré estar todo el tiempo con ella, podre verla, más... ¡No lo sé!

Sirius se alejó un poco de su esposo y se rascó la nuca.

–Recuerdas esa advertencia a los chicos, hace años.

–... ¿Cuál de todas?

–La de cuidarse para no tener más hijos.

–Si. ¿Y?

Sirius se sonrojó y esperó por el golpe de Sev al decir...

–Nosotros no nos hemos cuidado.

–Pero han sido años y... ¡Dementores! Tú crees que... ¡¿Las hormonas?! ¡Yo no pedí nada a la magia!

Sirius vio como clavó una mirada iracundo en él y alzó las manos negando:

–¡No, no, yo tampoco!

–¡¿Entonces?!

Sirius se cruzó de brazos y se encogió de hombros.

–Ambos somos magos y... pues ya.

Snape se palmeó la cara frustrado y si bien el animago dio una explicación simple, también era muy cierta.

–Soy mestizo. –aún se resistió.

–Pero con antepasados sangre pura.

Severus se levantó como resorte y caminó fuera de la sala.

–Voy a mi laboratorio, debo hacer la prueba de...

En el pasillo que subía a las escaleras, se encontraba Irene parada. Severus se quedó callado. La niña se adelantó unos pasos y lo abrazó.

–Sería genial tener un hermano o hermana menor.

Sirius se recargó en el dintel de la puerta con los brazos cruzados y sonrió.

Severus volteó a verlo y correspondió la sonrisa.

Esa noche Irene leyó felizmente "El Dragón moteado de Merlín" a sus padres o mejor sería decir a su hermanito o hermanita en el estómago de su papá Sev.

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La puerta de su despachó se escuchó y si bien no le agradaba ser interrumpido se dijo que solo debía ser alguien con buenas noticias. Rimt dejo lo que leía y esperó. Dae se veía muy entusiasmado, el nuevo Inefable no mostraba mucho, pero era normal con los novatos, si bien Rubel ya tenía un par de años con ellos, no era muy comunicativo.

–¿Y qué pasa? –preguntó Rimt.

–Señor es algo maravilloso, lo que tanto esperamos. –Rimt se preguntó si ese loco Dae se enteró de las niñas Potter, más...– Llegó una niña. Rubel la trajo, pero es... perfecta, me atrevo a decir que será la más poderosa de las Claymore.

Rimt se incorporó de su silla y siguió al entusiasmado Dae. Y al ir por los pasillos vio a Rubel.

–¿Coincides con el entusiasmo de tu compañero?

El mago asintió lentamente...

–Lo hago, sin embargo no estoy muy emocionado, porque, usted sabe Claymore fuerte... Kakuseisha igual de fuerte.

Dae chasqueó la lengua:

–No pensemos en cosas negativas y enfoquémonos en que podría deshacerse de los Despertados que hay en este momento.

–¡¿Tanto así?! –ahora si cuestionó intrigado Rimt.

–Ya lo verá señor.

Los tres Inefables arribaron al lugar donde se alojaban las novatas que aún se estaban acostumbrando o pasando por el tratamiento para ser Claymore.

Dae señaló a una de las habitaciones y ellos se acercaron. En ella, una las jóvenes recién llegadas se hallaba tranquilamente reposada en posición de loto. Sus facciones ya totalmente cambiadas a las de una guerrera. Rimt la vio y ciertamente hasta él que era un mago, distinguió el monstruoso yõki que la niña despedía.

–Es fuerte, pero ¿Qué la hace especial? –cuestionó incrédulo Rimt.

–Señor la traje hace tres días. –respondió Rubel.

–¡¿Qué?! –profirió el jefe de los Inefables.

–Si. Y ya es una guerrera. –confirmó Dae

–El lapso de transfiguración... –se dijo Rimt.

–No le fue ni remotamente doloroso o traumático. –manifestó Dae.

Rimt le echó otro vistazo a la niña y se fue por el mismo camino. Dae y Rubel no lo siguieron.

–Ves, te dije que era especial. –afirmó el hombre con el rostro deformado.

Rubel se retiró igualmente; a él solo le parecía que esa chiquilla era otro monstruo.

Por su parte Rimt se cuestionó si esa niña era como las Potter o ¿Qué era?

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Teresa concluyó con su relato. Clare cabeceaba en el sillón y Remus la llevó a su cuarto.

Harry veía a su hija mayor y terminó por acercarse a donde ella estaba sentada y se hincó frente a ella.

–Sé que ustedes actuaron para ayudar, pero...

–¿Hicimos mal?

Teresa casi nunca era insegura, más con sus padres era eso: Una niña, una niña aprendiendo a vivir.

Harry negó y siguió:

–No, sin embargo a pesar de saber que las entrenamos bien, tenemos miedo.

–Creo que aunque crezcan y sean unas guerreras, si así lo deciden... –agregó Draco– Siempre temeremos por nuestras niñas y su seguridad.

Teresa asintió y respondió.

–No debemos actuar si no hay adultos con nosotros, pero ese yōma escaparía y lastimaría a más magos y brujas.

–Eso es verdad. –opinó Lucius.

–Ustedes nos han enseñado que lo que tenemos en nuestro cuerpo y la magia que lo controla no es malo.

–Y no lo es. –dijo tajante Harry. –Nunca pienses que tienes algo malo.

–Si papá, he leído y escuchado de la guerra y como luchaste... lucharon en ella. Yo tengo la espada Gryffindor que lo prueba...

Draco negó ante el recuerdo de ese momento.

–Eso no quiere decir que tu deber es salvar al mundo. –añadió el de ojos verdes.

–Papá..., papás, abuelos... –Remus ya estaba de vuelta en la habitación– No es mi deber, pero deseo hacerlo, algo en mi corazón así me lo grita. Pero no lo haré si ustedes no están de acuerdo. Porque Clare y yo... todas nosotras somos valientes porque sabemos que ustedes están siempre ahí para y con nosotras.

Harry dejó caer la cabeza sobre el pecho y Teresa se asustó, pues creyó que su padre no estaba de acuerdo, sin embargo Draco se levantó y caminó hasta donde su esposo se hallaba...

–Harry... esto no es tu herencia o tus genes... bueno un poco, pero no debes verlo como algo negativo. Mi valiente León. Ellas son nuestras hijas y así como nosotros lo hicimos en su momento... Se lanzaran al huracán por que tiene poderosas y firmes cadenas que las sostendrán siempre, para que no se pierdan.

–Vaya que si se lanzan al peligro, aún recuerdo Yo no me quiero esconder papá, quiero quedarme en Londres... –masculló Lucius.

Remus rió discretamente y Draco se sonrojó. Teresa bajó del sillón y abrazó el cuello de su padre moreno, mientras el rubio los rodeaba a los dos.

...


Muchísimas gracias Ana Luisa y Lunática Drake Darck.