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CAPITULO 34 – PUNTO MUERTO
Año imperial 1185
Ha transcurrido media década desde que la emperatriz Edelgard ascendió al trono de Adrestria, pero Fódlan vive sumido en el caos más absoluto debido a una invasión de las criaturas oscuras a larga escala.
En el Sacro Reino de Faerghus, el rey Dimitri acoge a Rhea y a todos los integrantes, incluyendo a lo que recién se unían, de la Neo-Organización XIII tras la forzosa expulsión de Garreg Mach.
Ellos pretenden formar un frente unificado y deshacer el punto muerto del conflicto mientras la guerra contra el Imperio continua en el oeste.
Mientras tanto, Claude, nuevo líder de la Alianza, hace todo para contener a las criaturas oscuras y los demas soldados de parte de Faerghus, y de la Neo-Organización XIII que invadían su territorio en grandes masas gracias a su astucia para manejar los conflictos de la nobleza de Leicester y demostrar su verdadera imagen de neutralidad.
Aunque tarde o temprano tendría que pedir ayuda a alguien capaz de borrar del mapa a esa gran amenaza.
En ese tiempo, Edelgard crea las Fuerzas de Asalto de las Águilas Negras con el objetivo de defender Fódlan y acabar con la amenaza proveniente de las personas que le han hecho daño a la gente. No tenia intenciones de meterse ni atacar a nadie sin razón alguna pero no tenía otra opción si alguien invadía su territorio con malas intenciones.
A decir verdad, la vida sin la presencia de Sora y Beres había sido muy dura para todos los integrantes del Imperio, la sola presencia de Riku ayudaba a tranquilizar la angustia que sentían por ellos, pero no dejaban de rezar y orar por el regreso de los dos.
— ¡Mi lady! ¡Le tengo noticias! —le avisaba uno de sus soldados.
— ¿Qué pasa? —preguntó Edelgard al respecto.
— Uno de nuestros soldados ha captado a unos misteriosos encapuchados, vestidos de negro asesinando a una gran cantidad de los Heartless y las criaturas oscuras con muchísima facilidad de distintas maneras. —le intentaba explicar otro de los soldados del Imperio.
— Unos misteriosos encapuchados… Los miembros de la Neo-Organización XIII llevan ese atuendo, ¿Por qué razón a sus propias criaturas? —la emperatriz no comprendía los extraños motivos de esos tipos.
— Pues, a decir verdad, no parecían estar de lado de esa gente, mi lady. —aclaraba uno de los soldados intrigado. —Uno de ellos portaba la llave del reino del joven Sora.
¿Acaso escuchó bien? ¿Sus oídos la estaban engañando?
— Esperen un momento, ¿dijeron Sora? —le cuestionaba Edelgard sorprendida por las palabras de sus soldados.
— Si, pero no pudimos mirarles sus rostros porque las capuchas los ocultaba de manera que no pudiéramos identificarlos, pero lo que si pudimos notar era su llave espada. —explicó un soldado relatándoles lo que habían visto en persona.
— Y eso no es todo, también uno de ellos portaba una llave espada más, esa tenía el mismo aspecto que la espada suprema de la maestra Beres. —remató el otro soldado.
Edelgard no tenía palabras para expresar la sorpresa que le estaban dando, por un lado se cuestionaba por que los misteriosos encapuchados abatían a los Heartless, Nobodies, y los Unversed que invadían los distintos lugares de todo Fódlan, pero por el otro lado no dejaba de sospechar que de alguna manera, Sora y Beres podrían estar más cerca de lo que pensaba.
— Entiendo, pueden retirarse. —dijo la emperatriz pidiendo estar sola, necesitaba procesar la información que se le acababa de dar.
— ¡Si, señora! —dijeron los soldados en unisono retirándose del cuarto del trono.
Edelgard tenía cabellos recogidos colgando unos cuernos en ambos lados por medio de una cabecera elegante, llevaba un vestido rojo carmesí y una capa unida del mismo color, en verdad se habia convertido en toda una hermosa emperatriz con el pasar de los años.
Se tenia que hacer la idea de que Sora y Beres habian desaparecido para siempre de la faz de la tierra, pero no podia aceptar que estaban muertos, porque despues de todo, debido a su conexión entre corazones, sabia muy bien que estaban vivos y sanos en alguna parte.
— Sé que volverán… Puedo sentirlo… —murmuró Edelgard segura de ese hecho.
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Por otro lado, en el patio del monasterio, se podía ver a algunos integrantes de las Fuerzas de Asalto de las Águilas Negras teniendo el sparring.
Riku entrenaba con Felix en un pleno duelo de espada, los dos se habian convertido en unos guerreros bien duros y letales durante ese tiempo que practicaban sparring.
La melena del peliplateado había llegado hasta su espalda y por el ejercicio que solía hacer, había ganado una masa muscular considerable en los brazos, como Terra.
Felix, también cambio físicamente, se habia convertido en un joven adulto como todos los demás integrantes.
— Bien, eso te hace un guerrero letal, Riku. —dijo el mencionado elogiando sus reflejos rapidos con la llave espada.
— Tu tambien, Felix. —respondió el peliplateado chocándose los puños.
— ¿Te enteraste de que un grupo de encapuchados mataron a un centenar de Heartless y demás criaturas oscuras? —le mencionó Felix la noticia que corría por todo el monasterio.
— Sip, ¿pero me pregunto en cómo es que no siguen a Xehanort ni a sus secuaces si llevan el abrigo negro? No me cabe en la cabeza de que hayan matado a sus propias criaturas. —comentó Riku intrigado.
— No lo sé, pero lo que llama la atencion, es que los soldados afirman haber visto a uno de ellos portar la llave espada de Sora, y el otro porte una más, pero del mismo aspecto que la espada de la maestra. —argumentó el peliindigo de igual manera.
— La espada de Sora… —Riku trataba de encontrar la razón de ese suceso… —No, eso no es posible… Solo Sora, Roxas y Xion pueden portarla.
— Oh… ¿Qué tal si Sora… tal vez sea uno de los encapuchados y lo haga a escondidas? —declaró Felix de forma sospechosa sobre las acciones del chico.
— Conociendo a Sora… creo que es capaz de cualquier cosa, él puede arreglárselas por si solo. —el peliplateado entendió las palabras de su camarada.
— Tienes razón, es un genio. —coincidió Felix con sus palabras.
No sabían el por que, pero tenían la sospecha de que Sora podría estar cerca de ellos, solo que no se percataban. Nadie, absolutamente nadie de ellos sabía de su paradero.
Por otra parte en el patio de monasterio, un hombre de larga melena negra entrenaba con un chico de cabellos azules con una coleta en la parte de atrás de la cabeza, este llevaba ropas azules acompañada de una capa.
— Bien, sigue así, Seliph. —lo felicitaba el pelinegro por su astucia.
— Gracias, Shannan, ¿Y tú Leif? ¿Quieres comenzar? —respondió el peliazul sonriendo, además de preguntarle al chico si quería entrenar.
— Por supuesto, amigo. —accedió el mencionado dispuesto.
Y así ambos chocaron las espadas entrenando como los guerreros solían a hacer.
Los tres habían llegado al monasterio de Garreg Mach hace un año atrás buscando refugio, al parecer estaban huyendo de unos malvados que querían sus cabezas y con la autorización de Edelgard, Seliph y los demás encontraron el dicho refugio en donde se instalarían por un tiempo en lo que se preparan para combatir a los responsables de sus desgracias. Ademas, se habían unido a las filas de las Fuerzas de Asalto de las Águilas Negras.
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Sacro Reino de Faerghus
Las malas noticias no paraban de llegar para el Rey Dimitri, quien ahora portaba un parche en uno de sus ojos, se miraba demacrado debido a sus habituales pesadillas.
— Señor, estamos perdiendo mas hombres a manos de esos encapuchados, son muy rapidos y nos estan matando sin darnos un respiro. —le avisaba uno de los soldados visiblemente atemorizado. — Y lo peor es que tambien son capaces de eliminar a los Heartless que manda a luchar.
—Ya veo, puedes retirarte. —respondió el rubio dejándolo retirarse.
El soldado se retiró del lugar y eso puso a pensar a Dimitri, ¿Quiénes eran los tipos que mataban a sus unidades y los Heartless y a las demás criaturas oscuras?
— ¿Qué piensa hacer, señor? —preguntó Dedue por la próxima acción a tomar.
— Prepararnos para tomar el monasterio de Garreg Mach. — ordenaba Dimitri una invasión, mostrándose obsesionado con la iniciativa. —Quiero la cabeza de Edelgard y de cualquiera que defienda a esa desgraciada. Con Sora y la maestra muertos, será mucho más fácil llevar a cabo nuestra misión.
— Si señor, sus deseos son órdenes. —accedió el peliblanco sin chistar.
— Parece que estas muy decidido a matar a la emperatriz. —le comentó el joven Xehanort en tono monótono.
— No te metas en esto, Xehanort, me importa un carajo lo que les hagas a los demás, pero la puta emperatriz es mía y soy el único que puede matarla. —Dimitri le exigía que no metiera mano en sus asuntos.
— ¿Te das cuenta de lo bien que te hace unirte a la oscuridad, Dimitri? —apareció Rhea tras el portal en tono malvado.
— Si… Estoy decidido a vengarme de aquellos que me dejaron traumado de por vida… —dijo el rubio riendo de la misma manera, en verdad estaba literalmente cegado por la ambición y deseos de desquitarse con quien le daba la gana. —Dedue, dile a los soldados que se preparen, porque tomaremos el monasterio por la fuerza en este mismo instante.
En efecto, Dimitri estaba decidido a tomar esa iniciativa de mil brutales maneras posibles y la única manera viable para él era asesinando a diestra y siniestra a todos y cada uno de los soldados del imperio, o cualquiera que se interponga en su camino.
Fue así como todo el ejército de Sacro Reino de Faerghus y Neo-Organización XIII se movilizó y emprendieron el camino hacia el monasterio con ese propósito.
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Monasterio de Garreg Mach
En la sala del trono, Edelgard observaba con intriga la forma que el ejército de Dimitri se acercaba con rapidez a las puertas grandes del monasterio para luego intentar romperlas con suma brutalidad y asi irrumpir con violencia en la zona.
— Hubert, avisales a todos y reúne a todo el ejército, tenemos que defender el lugar. —le indicó la emperatriz preparándose para pelear.
— Si, señorita Edelgard. —accedió su mayordomo.
En un abrir y cerrar de ojos, todo el ejercito imperial estaba reunido en el patio para defender todo el monasterio de la invasión.
— ¡Debemos defender este lugar que es nuestro hogar! ¡Todo lo que es nuestro, nuestras costumbres! ¡Nuestro Fódlan! —dictaminó Edelgard como la emperatriz que era. — Si la maestra Beres y Sora estuvieran aquí, nos dirian que acción tomar, pero no podemos rendirnos, sin pelear. Y tampoco defraudarlos. ¡Asi que demos lo mejor de nosotros! ¡Hasta la victoria siempre!
— ¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE! —exclamaron sus demás compañeros más que motivados a pelear por la noble causa.
Justo en ese preciso segundo, el ejército de Dimitri logró romper la puerta e irrumpir en el lugar para llegar hacia donde estaban Edelgard y los demás soldados.
— Vaya, vaya… tienes un gran número de soldados, El… —dijo el rey de Faerghus mirándola de forma intimidante.
— No permitiré que cometas más locuras, Dimitri. —Edelgard intentó advertirle que dejara lo que estaba haciendo mientras podía.
— Ahora que no tienes a tu querida maestra y a tu amiguito a tu lado, todos ustedes morirán a pedazos. —dijo Vanitas en tono malvado amenazando con matar a quien sea.
— ¡Sora y la maestra volverán, creemos en ellos! —exclamó Ashe molesto por las palabras que el pelinegro.
— Felix… no puedo creer que te hayas unido a ese ejército de porquería. —se escuchó una voz que este supo identificar de inmediato.
— Padre… ¿Por qué? —le cuestionó el tipo, visiblemente enojado. — ¿Por qué te uniste a ellos?
— Niño tonto, te uniste al bando equivocado y dejaste a tu propia familia atrás. —lo regañaba su padre, Rodrigue.
— ¡No pienso servir al idiota de Dimitri! ¡No después de la forma que celebraste la muerte de tu propio hijo! ¡Si quieres pelear conmigo y que te mate pues adelante! —espetó Felix enfadado con su padre, nadie podía culparlo por hablarle así, la muerte de un hijo no es algo que se deba tomar a la ligera y tampoco celebrar.
— Es el deber de un padre castigar las faltas de sus hijos, Felix. Tienes que morir aquí y ahora. —Rodrigue le dictaba sentencia a su propio hijo, en verdad ese tipo no tenía ni una pisca de empatía, cosa que lo enfadaba más.
— Dimitri, te olvidas que tienes a un portador de la llave espada. —declaró Riku mostrando su llave espada.
— No te metas, tengo que acabar con esa hija de puta. —amenazó el mencionado apuntándole con la lanza, dispuesto a hacerlo pedazos.
— Pues tendrás que pasar sobre mi cadáver. —lo retó el peliplateado.
— Bueno, me los llevaré a los dos al infierno, ¡soldados ataquen! —ordenó Dimitri aceptando el desafío dando asi el comienzo la batalla por el monasterio.
Ambas fuerzas chocaron con suma violencia golpeándose entre ellos acumulando así el gran número de heridos en ambos bandos. Riku y Dimitri estaban frente a frente lanzándose miradas asesinas en lo que chocaban sus respectivas armas.
Edelgard se enfrentaba a Rhea de igual manera, esto era un brutal ajuste de cuentas entre ambas.
— ¡Rindete, sabandija! ¡Todo Fódlan estará sumido en la oscuridad! —espetó la peliverde mientras chocaban intensamente sus armas.
— ¡Jamás! ¡He jurado limpiar toda esta zona de la oscuridad que tú y esos bastardos andan sembrando! — declaró Edelgard lanzándole una mirada asesina.
— ¡Callate! —bramó Rhea llegando a lastimarla en un brazo, haciéndola caer al suelo.
La emperatriz se encontraba gravemente herida de esa zona por lo que Lysithea, ingrid y Dorothea tuvieron que sacarla rápido de ahí.
—Resiste, Edelgard. —dijo la pelicafé mientras contenían a los Heartless y algunos soldados de Faerghus.
La situación se tornaba critica para las Fuerzas de Asalto de las Águilas Negras, el número de heridos subía y Xehanort, Thales, Vanitas y Kronya hacían el trabajo sucio.
Riku cayó herido por el swing diagonal que Dimitri le aplicó en un brazo y apenas podia defenderse usando el otro.
La tensión aumentaba a medida que más Heartless, Nobodies y algunos Unversed aparecían por todas partes para hacerles la vida un infierno, en pocas palabras, todo el ejército de Edelgard estaba acabado.
—Todos ustedes están acabados… —sentenció el rey de Faerghus levantando la lanza con el propósito de ejecutar al peliplateado.
— ¡Riku! —exclamaron los chicos del imperio horrorizados ante la inminente ejecución de su camarada.
— Adios… —Dimitri estaba a punto de matarlo cuando de pronto…
Unas bolas de fuego aparecieron de la nada golpeando a las criaturas oscuras desapareciéndolas con suma facilidad.
[KINGDOM HEARTS III BGM: Scala Ad Caelum]
De inmediato surgieron unas explosiones de hielo del suelo eliminando a las criaturas oscuras de tamaño gigante, y no solo eso, a una gran cantidad de las demás con rapidez.
Unos grandes rayos sacudieron todo el lugar llegando a herir a Rhea y a toda la Neo-Organización XIII.
Luego un fuerte viente mandó a volar a varios soldados de Faerghus demasiado lejos, y probablemente matándolos para la sorpresa de muchos presentes y el shock para la Neo-Organización XIII.
— ¡¿Quién fue?! ¡¿Quién está lanzando estas monstruosidades?! —vociferó Dimitri furioso intentando buscar al responsable de esos ataques.
Pero entonces recibió unas grandes y brutales embestidas por medio de unos ataques rápidos, dando asi el tiempo para que Riku se alejara lo más rápido de su casi ejecutor.
— ¿Quién hizo esto? —preguntó Ingrid boquiabierta al igual que todos los demas.
— Yo no fui, no puedo crear ese tipo de rayos. —se defendió Dorothea negando ser responsable.
Nadie sabía con certeza quien había sido, pero al menos estaban agradecidos por la paliza que el ejército del reino habia recibido.
Pero entonces… ocurrió algo inesperado.
— Pero si son… —expresó Annette
— Son esos encapuchados. — remató Felix viéndolos aparecer en la escena.
Era verdad, esos eran los dichosos encapuchados que entraban al patio del monasterio, eran seis. ¿que intenciones tenían? ¿A que fueron?
Lleno de ira, Dimitri se levantó a confrontar a uno de ellos, el que precisamente portaba la llave espada de Sora.
— ¡Te voy a matar! —vociferó corriendo hacia él para intentar matarlo.
Pero entonces, el tipo del traje negro hizo un gran contraataque haciendo que la lanza se le saliera de las manos y así le diera una tremenda paliza a base de varios espadazos y con el golpe final lo mandara lejos y este cayera al suelo.
— Señor, esto va a reventar, tenemos que irnos. —le pidió Dedue retirarse del lugar lo mas pronto posible.
— Esta bien, ¡Retirada, soldados! —accedió Dimitri sin mas.
[FIN DE LA CANCION]
Ya con el ejercito de Faerghus fuera, el monasterio fue defendido sin ninguna sola baja en las fuerzas imperiales, sin embargo, tenían que desenmascarar a los seis encapuchados y hacer que se identificaran para ver si son enemigos o aliados por seguridad.
— Ustedes seis… —Edelgard se ponía frente a ese misterioso grupo junto a los demás para cumplir con el protocolo del lugar. —Como la emperatriz de Adrestia, les ordeno que se identifiquen de inmediato, o de lo contrario nos veremos obligados a encerrarlos en el calabozo.
El encapuchado que estaba en frente asintió con la cabeza mirando a sus demas compañeros, quienes estaban de acuerdo con la seña que les daba.
Fue entonces, cuando estos revelaban sus rostros, los semblantes de las fuerzas de asalto cambian por completo a sorpresa y shock.
— Pero si son… —dijo Edelgard mostrándose shockeada por lo que acababa de ver.
FIN DEL CAPITULO 34
