Capítulo XXXV

Sir Roderick de Diot cumplió su palabra y les llevó a un pequeño cobertizo abandonado al que se accedía por un pasadizo secreto que, como aseguró en varias ocasiones, solo él conocía, secreto que no le importaba compartir con "su señoría". Allí permanecieron varias horas, tapados con una manta que lograron encontrar y acurrucados para entrar en calor, pero sin dormir. El fantasma se había tomado su papel en serio y no se separaba de ellos. De tanto en tanto salía para comprobar que no aparecía nadie, aunque aseguraba que estaban tan bien escondidos que era imposible.

-¿Albus? ¿Hola? ¿Candence? –Otro intento desesperado por encontrar a sus amigos. –¡Joder! –Tiró el Walkie al suelo, pero no se rompió. Esos trastos parecían indestructibles, y Jake creía que Candence tenía algo que ver con eso. ¿Cómo conseguiría saber tantos hechizos? Jake solo esperaba que eso le hubiese ayudado a sobrevivir.

-Ya está amaneciendo –dijo Scorpius mientras miraba por una ventanita que había en la parte superior de una de las paredes. -En un rato los estudiantes empezarán a salir de las salas comunes para ir a desayunar. Saldremos entonces y buscaremos a McGonagall. Gracias por ayudarnos, por cierto, Barón Sanguinario. -Sir Roderick no le hizo caso.

-Sir Roderick –le llamó Jake –no has hablado con Scorpius en toda la noche. ¿Porqué?

-Odio a los niños, mi señor. Pero le contestaré si eso os place.

-Yo soy un niño…

-Mi señor puede ser lo que le plazca. –Jake no comprendió bien las palabras de su nuevo amigo.

-Oh, pues genial…-Su mirada volvió inmediatamente al Walkie. Algo le decía que esta vez sería diferente. –¿Albus? ¿Estás ahí? Por favor, responde…

-¿Jake? –Los dos amigos sintieron un alivio infinito al oír la voz de Albus. Era la suya, no había duda.

-¡Albus! –Scorpius y Jake lo gritaron al unísono. –¿Cómo estás? ¿Y Candence? ¿Dónde estáis?

-Jake –La voz que sonó no era más la de Albus, sino la de su padre. El señor Potter parecía serio y cansado. - ¿Dónde estáis? Iré a buscaros. –Jake sonrió con alivio, ya había amanecido.

El señor Potter tenía cara de no haber dormido toda la noche. Jake imaginó que su aspecto y el de Scorpius sería parecido. Se habían encontrado enfrente de la Sala Común de Sytherin, a pesar del temor que les había inundado a Scorpius y Jake al pensar que debían volver por allí. La compañía de Sir Roderick había servido de ayuda, aunque ambos sabían que un fantasma en materia de ataque y defensa es completamente inútil. Cuando se encontraron con el señor Potter, además, no habían visto a un solo alumno por los pasillos, y eso que ya había bastante luz. Debían de ser las siete de la mañana, o incluso un poco más tarde, si el día había amanecido nublado. Pero no había nadie. Ni siquiera Albus y Candence se encontraban con él.

-Os pedí que permanecieseis en la Sala Común –Les dijo completamente serio.

-¡Vino a buscarnos allí! –Saltó Jake, enfadado de que aquél adulto pareciese no comprender todavía nada.

-¿Quién?

-¡El falso Hamsley! –gritaron Scorpius y él. La expresión del señor Potter se volvió aún más seria.

-¿El falso Hamsley? Escuchad, ayer os hice caso sin preguntar nada, pero hoy necesito que hablemos y que me conteis todo lo que sabeis.

-¿Albus y Candence no le han contado nada? –Scorpius parecía extrañado.

-Pues…Estaban muy cansados. –Dijo sin más. –Iremos al despacho de McGonagall y nos lo contareis a los dos. Solo os pido este último esfuerzo.

Los tres se dirigieron hacia el despacho de la directora sin decir nada más. Una sensación de vertigo les recorrió cuando subieron por las escaleras de acceso a las Mazmorras. El hueco seguía abierto y estaba completamente oscuro. Solo imaginar lo que tendrían que haber pasado sus dos amigos…

-Señor Potter-preguntó Scorpius cuando hubieron llegado al piso principal y la luz de la mañana les acogió amablemente –¿Encontrasteis a Ewan?

-Sí –Pensaron que diría algo más, pero pasaron los segundos y se fue haciendo evidente que no pensaba dar más detalles. Jake supuso que si le hubiesen encontrado vivo el señor Potter no tendría aquella expresión cansada y de culpabilidad que tenía en ese momento. Notó a su lado cómo Scorpius, que seguramente había llegado a la misma conclusión que él, lloraba silenciosamente, y se sintió culpable por no llorar también. Pero él nunca lloraba. Es cosa de chicas y punto. Y además, lo único que podía sentir en ese momento era alivio por haber sobrevivido y por saber que sus amigos se encontraban bien. Solo quería poder ver a Albus y a Candence, abrazarles y pedirles perdón por no haber ido con ellos. Aunque pensándolo mejor, si hubiese ido con ellos quizás la cosa habría acabado peor. Al fin y al cabo era a él a quién buscaba.

La profesora McGonagall tenía la misma expresión cansada que el señor Potter. A diferencia de la noche anterior se encontraba sola y de pie. Jake pensó al verla que había envejecido diez años en una noche y al girarse hacia el señor Potter pensó exactamente lo mismo. ¿Qué habría ocurrido? No se atrevía a preguntarlo en voz alta. Aquél hombre no era el amable señor que le había llevado de compras por el Callejón Diagon con su familia y le había invitado a un helado: era el Jefe de Aurores. Y si había conseguido encontrar ternura en la profesora McGonagall en alguna ocasión, seguro que esta no iba a ser una de ellas.

-¿Cómo encontrasteis aquella entrada? –Les preguntó como si se tratase de un interrogatorio. No siquiera les había permitido sentarse. Era una situación extraña, porque la profesora McGonagall siempre guardaba las formas y sin embargo no dejaba de mirar de un sitio a otros, caminando en círculos y contagiando su nerviosismo a todo el mundo.

-Sabíamos que Ewan había desaparecido cerca de las Mazmorras porque… le habíamos visto justo antes por esa zona. –Fue Scorpius quién se atrevió a hablar. -Además, Candence dijo que las goteras eran sinónimo de que algo extraño pasaba. –La profesora McGonagall se giró repentimanete hacia ellos al oir el nombre de Candence.

-Y Albus siempre se tropezaba con el escalón. –Añadió Jake.

-Sí, eso también.

-¿Goteras? –Fue el señor Potter quién hizo la pregunta.

-Sí, había goteras de vez en cuando…-Continuó Scorpius- Hagrid se ha pasado el curso llevando cubos allí.

-Dijisteis que tuviésemos cuidado con Hamsley…-Continuó la profesora McGonagall con un hilo de voz. Cada vez parecía más cansada.

-No es Hamsley, en realidad.

-Desde luego que no. –Dijo ella completamente hundida- Hemos encontrado su… ¿Cómo sabíais que no era él?

-Porque… Porque… -Jake sabía que le tocaba a él, pero no tenía ni idea de cómo explicarlo. Ni siquiera tenía muy claro cómo había sucedido todo- Es complicado de explicar, profesora. Creo que vi cómo el falso Hamsley mataba al verdadero. ¡Pero estaba muy oscuro y no lo recodaba bien! Lo recordé ayer por la noche… Le juro que lo primero que pensábamos hacer hoy era hablarlo con usted y con el señor Potter, pero Candence dijo que quizás Ewan seguía con vida y quiso entrar por el agujero y buscarle… -Una vez más, la profesora McGonagall se giró repentinamente hacia él con aquella última frase.

-¿Hay algo más que queráis contarnos? –Dijo ya sin fuerzas.

-Solo que el falso Hamsley entró ayer en la Sala Común de Slytherin.

-¿De verdad? ¿Os vio? –Jake estuvo a punto de decir que sí, pero se fijó en la expresión que le puso Scorpius. Él solía tener mejor criterio que Jake en estas ocasiones.

-Nos escondimos en el agujero de la chimenea y salimos de la Sala Común en cuanto pudimos. No nos vio.

-Hicisteis bien –La profesora McGonagall sonrió por primera vez, pero su expresión se volvió a torcer enseguida. Acto seguido alguien llamó repentinamente a la puerta y povocando cierto estruendo entró Hagrid en la habitación.

-Profesora… El minsitro está aquí.

-Dígale que pase… qué remedio.

Un hombre joven y sonriente entró en la sala junto a Hagrid. Saludó cortésmente a McGonagall y al señor Potter pero en realidad sólo miraba a Jake.

–Tendréis hambre…-Dijo enseguida la profesora McGonagall, quien seguramente querría hablar en privado con aquél hombre- quizás todavía quede algo de desayuno en el Gran Comedor.

-¿Sabes quién era ese hombre? –le preguntó Jake a Scorpius mientras se dirigían al Gran Comedor. Seguía sin haber nadie por los pasillos, lo cual era extrañísimo. La profesora McGonagall le había pedido a Hagrid que les acompañase al Gran Comedor y aunque Jake había protestado diciendo que ellos sabían llegar solitos, la expresión de la directora no admitía réplica. Al fin y al cabo, un asesino andaba suelto.

-Ni idea…-Respondió su amigo, que caminaba mirando al suelo con lágrimas en los ojos. Jake no tenía ni diea de cómo consolarle, sobretodo porque entendía que lo que Scorpius sentía no era solo tristeza por la pérdida de un amigo, sino rabia por sentirse en cierta manera culpable e impotencia por no haber podido hacer nada por él en todo este tiempo.

-Era el Ministro de Magia, Samuel Hootes –respondió Hagrid. Aquél nombre, Samuel… Jake recordaba cómo la profesora McGonagall lo había nombrado una vez durante sus clases particulares. –Lleva un montón de años gobernando, la verdad. Y eso que es jovencísimo. La gente le adora, aunque a Harry no le cae muy bien. Supongo que son personas muy distintas.

-No dejaba de mirarme…-dijo Jake, en realidad para sus adentros.

-¿A ti? Supuse que miraba al joven Malfoy, Jake.

Cuando entraron en el Gran Comedor comprendieron dónde se encontraba todo el mundo. Las cuatro mesas estaban repletas de alumnos, igual que en el Banquete de Bienvenida del primer día o en la cena de Halloween. Todo el mundo estaba allí sentado. Jake miró corriendo a la mesa de profesores. Había algunos asientos libres. El de la profesora McGonagall, evidentemente, y el de Hagrid… También el de Hamsley. Jake respiró hondo. Ahora que la directora sabía que era un impostor, seguramente hubiese huído o quizás hubiese decidido utilizar otro aspecto para pasar desapercibido.

Hagrid les llevó directamente a la mesa de Slytherin y por un momento todo pareció que iba bien. Albus les miraba desde su asiento en la mesa y junto a él había dos asientos libres, que seguramente había estado reservando con mimo toda la mañana. Su amigo parecía serio y mientras se dirigían hacia él Jake pudo comprobar que era el único. Todo el mundo hablaba en voz alta y se reía como si fuese un día de fiesta cualquiera, y sin embargo la soledad que transmitía Albus era insoportable.

Nada más llegaron hasta él Albus le abrazó y luego, para sorpresa de Scorpius, también le abrazó a él.

-He pasado mucho miedo- les dijo en voz baja, y Jake pudo notar que tenía los ojos rojos de llorar.

-¿Qué sucedió? ¿Os encontró? –preguntó Scorpius.

-No… No lo sé. –Miró al suelo.

-¿No lo sabes? –Albus iba a responder, pero se quedó callado al notar que todo el mundo en el Gran Comedor se había quedado en silencio. La profesora McGonagall acababa de entrar por la entrada de profesores y se había dirigido hacia el atril, posiblemente para dar un discurso. Scorpius y él se sentaron en sus sitios y nada más lo hicieron Jake se dio cuenta de otra cosa: enfrente suyo había otro asiento libre, el de Darragh.

-Buenos días a todos. –Empezó la profesora McGonagall. Todos los alumnos le miraban sonrientes, quizás esperando que podría darles algún día libre de clases, o algo así. Sin embargo, la seriedad de la directora hizo que poco a poco todo el mundo rebajase sus sonrisas y empezase a preocuparse. –Siento mucho que los Jefes de sus casas les hayan hecho levantar tan temprano y que hayan tenido que pasar una mañana tan estupenda aquí encerrados. Sin embargo, las circustancias así lo han requerido.

Se hizo una pausa en la que todo el undo comenzó a murmurar. Jake pudo escuchar el nombre de Ewan en varias ocasines dicho por sus compañeros de mesa.

-Debo comunicarles algunas terribles noticias. Las más duras que he tenido que comunicar desde que soy directora de este centro. Y no encuentro una forma fácil de decirlas, si les soy sincera. En primer lugar, todos ustedes deben saber que ayer por la noche fueron hayados dos cadáveres en este castillo. El primero correspondía al que fue su compañero, Ewan Nott. –Los susurros volvieron, esta vez más fuertes, pero duraron pocos segundos. Jake pensó con tristeza que la curiosidad por saber quién era el segundo cadáver era mayor que la trsiteza por la muerte de Ewan. –La segunda persona que fue hayada muerta fue el que ha sido durante muchos años profesor de esta casa y un gran amigo mío, el profesor Hamsley. Sin duda perdió la vida intentando ayudar al joven Nott.

Volvieron los murmullos. Todo el mundo se hacía preguntas. Todos menos ellos tres, que ya conocían las respuestas.

-Las causas de estas dos muertes todavía están por aclararse, pero deben saber que se baraja seriamente la hipótesis del asesinato. –Por primera vez desde que había comenzado a hablar la voz de la directora tembló. Se estaba poniendo cada vez más nerviosa –Además, anoche uno de los alumnos de este colegio fue atacado mientras dormía en las habitaciones de Slytherin. Actualmente se encuentra estabe en el hospital de San Mungo y con un poco de suerte le darán el alta en los próximos días.

Daba la sensación de que había acabado su discurso. Jake miró hacia la mesa de Slytherin en busca de comida. Aún quedaban algunas cosas, pero nada realmente rico. Se había acabado el bacon y los huevos revueltos y solo quedaba un poco cereales y zumo de piña. ¿Quién coño desayuna con zumo de piña? Vió un bollito cerca de Harmony, quien por cierto lloraba desconsoladamente, y extendió la mano para cogerlo. Sin embargo, la voz de McGonagall le interrumpió.

-Por último, hay otra terrible noticia que deben conocer. –La directora hizo una pausa y tragó saliva- Anoche desapareció otra alumna de este colegio. Actualmente los aurores están peniando el castillo buscándola, por lo que nosotros permaneceremos aquí para no entorpecer sus labores de búsqueda. Tras todos estos hechos no me queda otro remedio que aceptar que Hogwarts no es un lugar seguro para ustedes. A lo largo de la tarde, los padres de todos ustedes vendrán a buscarles al castillo para llevarles a sus hogares. Algunos padres se encargarán de acompañar también a aquellos alumnos cuyos padres sean muggles y no puedan venir a buscarles. El castillo permanecerá cerrado hasta que se pueda garantizar de nuevo su seguridad.

-¿Quién? ¿Quién ha desaparecido? –preguntó Jake. Una terrible sensación le carcomía por dentro y por más que mirase a la mesa de Gryffindor no conseguia encontrarla. Albus había vuelto a llorar.

-¿Tú quién crees, Jake?