Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a vampbirch.
6 de octubre, 2012
9:00 a.m.
La sensación de martilleo en mi cabeza es como nada que había sentido antes. Mis ojos, pesados con sueño, luchan contra la luz de la mañana que entra por mi ventana. Cierro los ojos e inhalo profundo, sintiendo mis músculos tensarse al reconocer el aroma familiar a vainilla y lavanda.
Mis ojos se abren de par en par y mi corazón se saltea un latido.
Ella volvió.
Aun vestida, calzada, con su cabello extendido sobre mi almohada, y labios en forma de puchero mientras duerme, está aquí. Volvió. Sus ojos están rojos como si los hubiera estado frotando, así que no dudo que estuvo llorando toda la noche.
"Solo quiero que esto termine."
Trago con pesadez, sin creer todavía que dije algo así.
Cuando lo dije, lo dije en serio. Pero al segundo que salió de mi boca, me arrepentí. Quizás ella sabe esto. Por eso volvió.
No puedo evitar observarla. Mis ojos se enfocan en el hogar de Canal Tres.
Una y otra vez me dije a mi mismo que nos estoy haciendo un favor al no sentir al bebé patear.
Aun así, no puedo evitar estirar mis dedos hacia él. La razón de cada duda.
Sigue doliendo. Puedo pasar una eternidad fingiendo evitar esto, pero no hace ninguna diferencia.
—No sé qué estamos haciendo contigo —susurro. Descanso mi mano en la parte baja de su estómago, donde la vida ocupa su lugar—. Solo espero que lo hagamos bien.
Ocurre como antes. Un pequeño empujón, un golpecito.
Una patada.
La vida se mueve para hacerme saber que está allí. Como si pudiera olvidarme de él así de fácil.
Nunca quisimos hacernos esto.
Nunca quise esto para Bella, y espero que ella jamás haya querido hacer esto por mí.
Lo queríamos por él.
Entonces, ¿por qué era tan difícil?
La respuesta parecía algo obvia.
Intentamos ser racionales. Intentamos que nuestros sentimientos se metan en el camino.
Queremos dejar claros nuestras intenciones. Queremos hacer lo correcto.
Entonces, ¿por qué era tan difícil? ¿Por qué dudábamos? ¿Por qué ella no confiaba en ellos lo suficiente? ¿Por qué yo no? ¿Por qué me importa demasiado dónde va a ir él, o lo que ella quiere? ¿Por qué no alejarse ahora y dejar de preocuparse?
Porque lo amamos, y yo no puedo vivir sin ella.
Mi dolor, su angustia, mi desconfianza, sus dudas—no sé qué propósito tiene además de separarnos. Ni siquiera sé cómo terminará cuando él no esté, o si llevaremos con nosotros por siempre esta decisión.
Ella se despierta lentamente, observándome con sus ojos hinchados. Acercándome, atraigo su cuerpo contra el mío y envuelvo mi brazo a su alrededor.
—No lo quise decir. —Hablo sobre anoche—. Lo siento, no quise…
—Perdón —jadea, tomando mi camiseta en sus puños—. Por favor, no me dejes.
—Jamás. —La abrazo con fuerza y escondo mi rostro en su cabello. Canal Tres se mueve entre nosotros, recordándonos que está aquí—. Por favor, deja de correr lejos de mí. —Entierro mis dedos en su hombro como si pudiera atraerla más cerca así—. Solo dame una oportunidad para decir lo que quise decir. Sé que soy malo para esto, pero solo dame la oportunidad.
La siento asentir contra mi hombro.
—Dime.
Lo hago.
Comienzo con la fuente de mis problemas: las dos personas a la que estamos confiando nuestro mundo. Le digo a Bella que no quería que ella fuera ayer porque no debería tener que ir sola, no que no confío en ellos.
—¿Confías en ellos? —Está sorprendida.
—Bueno… creo que podría —explico—. Quizás sí lo hago, de una forma. No puedo decir si me siento así por el bebé, o si realmente confío en ellos.
—Quizás estamos siendo irracionales porque nos importa demasiado Canal Tres —murmura, frotando la piel expuesta debajo de su camiseta.
—Estamos siendo imparciales —concluyo—. Quizás deberíamos involucrar a alguien más que nuestros padres. Alguien de afuera.
—¿Qué pasa si seguimos sintiéndonos así cuando nazca, Edward? —pregunta, preocupada—. ¿Y si no confiamos en ellos del todo para ese entonces?
—Entonces no lo dejamos ir.
—¿Así de simple?
Asiento.
—No lo daremos.
—No, daremos más —termina—. Pero eso es una locura, ¿no? Ellos quieren hacer esto si es legítimo, Edward. No podemos fingir confiar en ellos, eso es… cruel.
—Y nosotros lo haremos si ellos son legítimos.
Hablamos y trabajamos en nuestros malentendidos.
Le digo que ella quiere involucrarse todo lo posible en sus vidas, y yo siento que podemos confundirlos si hacemos eso. Le digo que nunca fue que no me importara; ella intenta demasiado conocer a las personas que le íbamos a entregar la otra vida.
—¡¿Cómo aprendo a confiar en ellos entonces?!
Entonces peleamos por nuestros malentendidos.
—Es como si quieres dejarme atrás. —No puedo evitar mi volumen—. Ayer actuaste como si no quisieras saber nada conmigo.
Bella comienza a llorar. Quiere que termine también. Dice que siente como si todo esto me pesara, y que llevo mucha culpa en mis hombros.
—Soy Edward Cullen —me introduzco formalmente, ofreciendo mi mano. Ella ríe entre lágrimas.
Nos arreglamos y nos besamos.
Y porque somos dos adolescentes sin supervisión con una cama debajo de ellos, nuestras prendas terminan en el suelo junto con nuestros problemas.
Las volvemos a recoger quince minutos después.
—Sé que es ridículo —me dice mientras la ayudo a ponerse los jeans que tenía puestos antes de que me distraje—. Pero cuando todos comenzaron a tocar a Canal Tres y tú eras el único que no lo hacía, me dolió. Sé que solo lo hacías para que sea más fácil, así que pensé que podía hacerlo sin involucrarte mucho. Ayudarte a que te sea más fácil.
—Bella eso es una locura —susurro, pero se me hace más fácil entenderla. No es loco. La dejé de tocar para que sea más fácil—. Estamos en esta juntos.
—Juntos —concuerda—. Pero si puedo hacer que te sea más fácil si no…
No la dejo terminar. Ya sé a donde va con esto, y no soy ese tipo de chico.
—Cállate.
Ella luce casi aliviada, como si realmente pensó que iba dejarla hacer esto sola.
—Deja de hacerme favores —digo, mientras estamos recostados en la cama, nuestros dedos enlazados sobre la incubadora de Canal Tres—. Solo me lastimas cuando te alejas de mí, loca.
Discutimos los posibles escenarios mientras ella come cacao en polvo con sus dedos de la misma forma que las personas comen Fun Dip.
—¿Y si… no lo damos en adopción? ¿Y si, no estamos locos, y Vic y Jim son unos dementes? —pregunta alrededor de su dedo lleno de chocolate—. ¿Dejo la escuela o algo para cuidado?
—No —digo de inmediato—. Nadie va dejar nada.
—Oh, mierda —susurra, con ojos bien abiertos—. No puedo creer que estemos hablando de esto. ¿Te das cuenta lo loco que es? Yo… ni siquiera sé cómo cuidar de un gato.
Frunzo el ceño.
—Lo del Sr. Meowgi fue un accidente —le recuerdo—. Y si, esto es un compromiso un poco más largo que eso.
Nuestras conversaciones se extienden por todo nuestro sábado.
—¿Puedes ver a Jim como padre? —pregunta mientras revuelvo el armario del baño, intentando encontrar antiácidos para que su estómago se sienta mejor. Ella levanta una caja de Pepto—Bismol—. ¿Qué es esto? ¡Parece leche de frutill… ah! —Suelta una arcada y me extiende la caja.
—Creo que podría… Vic parece llevar los pantalones en la relación, Jim se inclina hacia ella demasiado —observo. Coloco Pepto en una taza para ella—. ¿Crees que pelean mucho?
—No lo sé —murmura—. Espero que no. ¿Crees que Vic es una loca del control?
Niego con la cabeza.
—No la conozco demasiado.
—¿Es malo que estemos hablando de ellos?
—Creo que sería malo si no estuviéramos hablando sobre ellos, Bella.
Sigue así por horas. Discutimos todo y nada, y todo otra vez. Nombramos imperfecciones simples de Vic y Jim pero acordamos que son pequeñas. No tenemos razón para desconfiar de ellos. En papel, son perfectos, en persona, no estamos muy seguros, pero parecen perfectos allí también.
Siento a Canal Tres patear dos veces. Una vez cuando ayudo a Bella a vomitar, apartándole el pelo, y otra vez cuando estamos sentados en el sillón.
—Solo patea cuando estoy alrededor tuyo —me dice mientras juega con mi cabello—. Mi corazón late fuerte cuando estás conmigo y el bebé se pone loco y comienza a bailar.
Es difícil no sonreír.
—¿Duele?
Hace su cabeza hacia un lado.
—A veces. Imagina que te golpeen por dentro con un pomelo. Pero tiene brazos y piernas, y sabe karate bebé. ¿Sabes karate?
Le cuento que mi padre nos llevó a mi hermano y a mi a karate cuando éramos niños. Ella me pregunta por él y le cuento todo sin perderme nada de la historia. Le cuento de cuando me enteré que se había muerto, de cómo mi mamá nos tuvo que sacar a Emmett y a mi del colegio. Ni siquiera me había dado cuenta que no estaba hasta que llegamos a casa y que vi su camioneta no estaba estacionada en la entrada.
—Él quería ser doctor y salvar vidas, como mi mamá. —Le digo que mi mama igual pago sus cuentas aun después de haber muerto. Como tuvo que encontrar una forma de hacerse cargo de nosotros, trabajar, y pagar las cuentas.
Bella está sollozando cuando termino, y no sé cómo explicárselo a mi madre cuando llega a casa.
—Es…Es…Esme. —Llora ella, tratando de respirar entre el llanto—. Te… te amo.
Mamá suelta su cartera y la abraza.
—Cariño, sé que te encuentras emocional ahora mismo… —Me mira inquisitivamente y yo solo me encojo de hombros—. Pero necesitas calmarte, estás muy alterada.
Un rato después, mamá ordena pizza y Bella ya no se encuentra tan triste para cuando llega. Comemos en la pequeña mesa de mi cocina mientras mi novia se sorbe la nariz y tantea su comida. Mamá luce cansada, no come y tantea su pizza como Bella. Me pregunta qué hicimos todo el día.
—Hablamos.
—¿Sobre?
—Quedarnos el bebé.
Mamá deja caer la rodaja de pepperoni en su mano, totalmente desprevenida.
—Van… ¿Van a quedárselo?
—Queremos seguir con la adopción, Esme —susurra Bella. Observa su servilleta, probablemente nerviosa por decirle a mi madre esto—. Pero no queremos entregarlo a alguien al que no podemos o no confiamos del todo.
—¿Se les hace difícil confiar en ellos?
Bella y yo nos quedamos en silencio por un momento, mirándonos nerviosamente antes de volver a ella.
—Es… es que pensamos que íbamos a sentirnos más confiados de lo que estamos. No creímos que sería tan difícil.
No puedo decirle a mi mamá que creo que no confío en ellos. Creo que no podría confiar en nadie que quiera adoptar a Canal Tres.
—Nos caen bien —sigue Bella—. Solo que no sabemos si le pueden dar la vida que queremos para él.
Mi mamá alza sus cejas.
—¿Qué tipo de vida quieren para él? —pregunta, mirándome.
—Queremos todo para él, pero creo que su felicidad es lo más importante —respondo en un susurro—. Sabemos que pueden proveer. No estamos preocupados que le vaya a faltar algo.
—¿No creen que Victoria y James son felices? —pregunta.
—No lo sabemos, Es —murmura Bella, sonrojándose—. Solo… no lo sabemos.
Se inclina sobre la mesa y toma la mano de Bella.
—Mírenme, lo dos —demanda. Trago con dificultad, y me fuerzo a mirarla. Nunca he visto a mi madre tan seria. Sus labios están firmes en una línea, sus cejas fruncidas, sus ojos bien abiertos y suplicantes—. Cariño, no puedo obligarlos a hacer algo. Los admiro mucho por tener el corazón de hacer esto, pero tienes que recordar por qué querían darlo en adopción en primer lugar. Tenían un objetivo, ¿no? ¿Entregárselo a alguien que le diera una buena vida?
Bella, boquiabierta y ojos ensanchados, asiente lentamente.
—S…Si.
Mi madre asiente.
—No sé qué hace que duden de ellos, pero si escuchan a sus corazones y les dice que no deben hacer esto, deben escuchar más de cerca. No puedo detenerlos, pero puedo decir que esta elección es suya y solo suya. Y si tus padres no están de acuerdo con eso, siempre tendrás un hogar aquí con nosotros. No soy perfecta, pero haré todo lo que pueda para ayudarte cualquiera sea la decisión.
Los ojos de Brightside brillan con lágrimas, las suaves curvas de sus mejillas enrojándose.
—¿Por qué es tan complicado?
—No se supone que es fácil, cariño —murmura mamá, besando sus manos antes de dejarlas en la mesa. Vuelve a tomar su lugar y se vuelve hacia mi—. Sé que quieren lo mejor para él, pero ustedes saben cual será. No tu madre, —Mira a Bella—, ni tu padre, y ni yo.
Suspira, bajando sus manos hacia su regazo.
—Mamá —murmuro. Ella levanta la vista cuidadosamente y me mira—. Gracias.
Sonríe suavemente.
—Todavía tienen algo de tiempo. Esperemos que cuando llegue el momento, sabrán si es lo correcto.
Bella frunce el ceño.
—¿Y si no? ¿Y si…?
—¿Qué dije? —pregunta mamá, señalándola—. Deja de pensar en los demás por un momento y piensa en lo que tú quieres.
Bella no dice nada.
Me pregunto si es posible que ella deje de pensar en los demás.
