¡Nuevo capítulo! Lo prometido es deuda. Seguiré actualizando lo más pronto que me sea posible. Espero les guste
Disclaimer: Todo lo que te resulte familiar o conocido, ya sean nombres, eventos, acciones, etc. son completamente obra de Rowling o Meyer. Lo demás es puro invento mío.
Habían pasado tres días desde el regreso de Carlisle y todo estaba volviendo a la normalidad, o al menos así lo percibía Narcissa. Todos se mostraban más tranquilos y un aire de actitud renovada había inundado la residencia; incluso Narcissa podía sentir que algo en ella había cambiado levemente, y estaba segura de que se debía a lo ocurrido a lo largo del día que Carlisle había vuelto. En primer lugar, Narcissa ya no pasaba todo el tiempo en su habitación estudiando, se sentía con más libertad de acomodarse en otros espacios de la mansión, y esto provocó que notara que los vampiros, en algunas ocasiones, gustaban de quedarse completamente estáticos, como estatuas, al principio se asustó, pero los Cullen le explicaron que era algo perfectamente normal en ellos. Narcissa se sabía diferente, al menos un poco, sin embargo, no podía darse el lujo de olvidar el verdadero motivo del por qué se encontraba ahí. A pesar de todo, Narcissa seguía siendo una Black y tenía una tarea que cumplir; la vida seguiría para ella después de los Cullen y aun deseaba su vida de ensueño.
Otro de los cambios que pudo notar en ella y en los Cullen, fue en su modo de relacionarse, por ejemplo: Jasper ya no se mostraba tan incómodo en presencia de la bruja, incluso llegaron a mantener cortas conversaciones; también, durante una de las cenas, Emmett y Edward trataron de explicarle las reglas de los deportes muggles, incluso intentaron que Narcissa los viera por televisión, pero ella seguía siendo una bruja orgullosa y no le apetecía tener algo que ver con la tecnología muggle. Le permitió a Alice entrar en su clóset, entendía que su modo de vestir no coincidía del todo con la moda actual de los muggles, pero a la pequeña vampiro le parecía algo terrorífico usar túnicas o capas, y Narcissa no comprendía aquella necesidad de vestir con colores tan extravagantes. En definitiva, Narcissa no lograba comprender a los Cullen, y mucho menos ellos a ella, sin embargo, la bruja sentía que podía mantener una buena relación con ellos, no porque se viese obligada, sino porque de verdad le nacía entablar una relación amistosa con sus anfitriones
En cuanto el patriarca de los Cullen volvió, todos tenían dudas acerca de dónde había estado y que había hecho, a lo que él se limitó a responder que había viajado por Reino Unido, intentando despejarse y aclarar sus emociones. Narcissa no le creyó, de hecho, nadie parecía creerle, pero se conformaron con aquella vaga respuesta, incluso Edward, que a pesar de haber leído su mente, optó por aceptar la excusa de su padre.
Narcissa estaba en la sala, tomando una taza de té y leyendo la gran carta que su madre le había enviado, agradecía a Merlín que su madre no fuera dada a mandar vociferadores, ya que aún no tenía la confianza suficiente como para que los Cullen escucharan cómo la regañaba. Su madre estaba molesta por no haber respondido las cartas de Lucius, su prometido había enviado en los últimos tres días, al menos, 15 cartas y tan pronto como la bruja las recibía, las destruía. No tenía ánimo para leer cientos de líneas donde se disculparía por sus acciones, prometiéndole lo inimaginable. Levantó la mirada: sobre la mesa de centro aún seguía su anillo de compromiso, dejó todo de lado y lo tomó entre sus dedos.
-Esto es lo único que me recuerda qué es lo que estoy haciendo aquí. -Se dijo a sí misma y colocó el anillo en su dedo. Agradecía infinitamente que Edward no pudiera entrar en su mente.
Movió su varita y toda su correspondencia volvió a su habitación, en la noche le respondería a su prometido y a su madre, y le agradecería a Bellatrix por haber hecho que retiraran las fotografías de esa revista. Al terminar con su bebida, miro hacia la ventana, pensando en su familia y Lucius.
-Narcissa- Alguien la llamó por detrás, la rubia volteó: era Carlisle. - ¿Te importaría si hoy comenzamos antes?
Narcissa sonrió y aceptó. Con Carlisle de vuelta, también se habían reanudado sus sesiones semanales donde el vampiro le explicaba todo acerca de los de su especie.
- ¿En tu despacho? - preguntó al levantarse.
-Si, por favor. -Contestó Carlisle. -En un momento te alcanzo.
Narcissa caminó hacia el despacho, tratando de recordar dónde había dejado sus notas. Entró en la habitación, parecía como si el vampiro no hubiera desaparecido toda una semana. Ese despacho era muy diferente al de su padre, tenía mucha más luz y cientos de libros, no tantos como la pequeña biblioteca que tenía en casa, pero aun así tenía un número considerable en los estantes; y lo que más le llamaba su atención: todos los cuadros que adornaban la habitación, lo único bueno del arte muggle es que se podían apreciar mejor los detalles, sin que el protagonista del cuadro estuviera papaloteando por ahí y enojándose si alguien se aproximaba demasiado. Pero sin duda, su cuadro favorito era el más pequeño, el que no llamaba la atención y retrataba, en tonos sepia, a Londres en 1650.
-Me gustaría tener un mejor recuerdo del lugar de mi juventud. - dijo Carlisle, sobresaltando a Narcissa, que claramente no había escuchado al vampiro entrar en la habitación y mucho menos notó cuando llegó a su lado. – Lo siento.
-No importa. -Narcissa sonrió levemente. – Me gusta tu despacho. -Narcissa continuó mirando los demás cuadros. -También tus pinturas ¿Tú las pintaste?
-No. -Carlisle la seguía de cerca. Sonrió amablemente al oír la pregunta de la bruja. -Uno de mis pasatiempos es coleccionar arte.
-Por supuesto que ese es tu pasatiempo. -Narcissa afirmó a modo de burla, lo miró y ambos se dedicaron una amplia sonrisa.
- ¿Por qué lo dices así? - Carlisle soltó una ligera carcajada y se cruzó de brazos, mirando directamente a la rubia, claramente divertido.
-No lo sé, tienes un aura de sabiduría -Narcissa sonrió. -Además, no olvides que yo estuve aquí. -Sin pensarlo, Narcissa se acercó y señaló la cabeza del vampiro.
-Créeme que jamás lo olvidaré. -Carlisle tomó con delicadeza la mano de Narcissa y la bajó lentamente. La bruja intentó retirar su mano pero él la retuvo, incluso él la tomó con ambas manos.
-Lo siento. -Narcissa lo miró, sus ojos dorados la atrapaban. -De verdad espero que no me odies por lo que pasó.
-Ya te he dicho que no. -Carlisle sonrió y apretó levemente la mano de Narcissa. -Solo quiero que sepas que estoy completamente agradecido por haberme abierto los ojos.
-Y yo solo quiero que sepas que no lo hice adrede. -Se encogió de hombros. – Aunque me parece increíble que en una semana todo se haya arreglado.
-No es que todo se haya arreglado, sino que tú me diste el impulso necesario. – Ambos se miraron en silencio por un momento. Todos los Cullen eran hermosos a su manera, Narcissa tenía que reconocerlo, pero sin duda Carlisle era su favorito. - ¿Empezamos? - Narcissa asintió y Carlisle la llevó hasta uno de sus cuadros, aun sin soltar su mano.
-Los olanes te quedan bien. -dijo Narcissa al reconocer a Carlisle en dicha pintura, que mostraba un cuarteto de hombres que, desde lo alto de un balcón, miraban con calma el caos reinante a sus pies.
-Gracias. -Carlisle soltó la mano de Narcissa, acción que la tomó desprevenida. - Por lo que tengo entendido, ya dominas todo lo que necesitas saber sobre los vampiros. -Narcissa miró el retrato. -Ahora es tiempo de que los conozcas a ellos.
-A los Vulturi. -dijo Narcissa repasando cada uno de los protagonistas del cuadro.
-Aro, Marcus y Caius. -señaló a cada uno en la pintura.
Carlisle le explicó a Narcissa, a grandes rasgos, acerca de la legislación vampírica, los mitos sobre los vampiros que fueron propagados por los mismos Vulturi y los que nunca fueron capaces de sofocar. Conforme Carlisle le explicaba su historia y la manera en cómo expandieron su poderío, a Narcissa le parecía sumamente extraordinario cómo tres vampiros se impusieron a una cantidad indefinida de seres como ellos, y cómo fueron formando su propia guardia; pensó que a pesar de todo, los Vulturi tenían ciertas similitudes con el Señor Tenebroso, similitudes que tendría que usar a su favor el día que los conociera en persona.
- ¿Por qué decidiste dejarlos? -preguntó Narcissa, una vez que Carlisle terminó con su explicación.
-A pesar de no compartir el mismo estilo de vida, me sentía muy solo y decidí viajar al Nuevo Mundo. -Narcissa lo miró, el vampiro no había despegado su vista del cuadro. -Y fue en América donde conocí a toda mi familia, donde me casé… -Carlisle de nuevo la volteó a ver y le dedicó una amplia sonrisa. Para Narcissa, el ver a Carlisle sonreír de esa manera, le daba la confianza suficiente para saber que él no volvería a recaer al recordar su pasado con Esme. - ¿Has viajado fuera del continente, Narcissa?
-No, nunca he dejado el Reino Unido. -Narcissa tocó su anillo y comenzó a darle vueltas. -Lucius me había prometido ir a Francia por nuestra luna de miel, pero después de todo esto, no sé si ese siga siendo el plan.
-Es una lástima. - Carlisle la miró, ella enarcó una ceja, no le preguntó qué es lo que había sucedido exactamente con su prometido, y supuso que Rosalie o Edward le habían contado algo. -Hay tanto lugares maravillosos fuera de aquí. – Narcissa suspiró y sonrió
-Pensé que lo decías porque te habían contado… -
-Calma. -Carlisle puso su mano sobre el pequeño hombro de Narcissa. La rubia lo miró, y por primera vez, el vampiro le pareció verdaderamente alto, haciéndola sentir demasiado pequeña a comparación de él. -Si lo hicieron. Y me enoja bastante que alguien pueda lastimarte de esa manera.
- ¿Gracias? No sé que más decir al respecto. -Carlisle apretó levemente el hombro de la bruja antes de soltarla. -Solo quiero dejar todo atrás y que todos ustedes dejen de sentir lástima por mi
-Tienes todo este tiempo para hacerlo. -Le sonrió y fue hacia su escritorio de perfecta caoba. – No olvides la maravillosa ventaja que tienes al estar aquí, puedes poner tu vida en pausa. - Tomó unos papeles y comenzó a leerlos. -Y nadie siente lástima por ti. -La bruja sintió un cambio leve en la actitud de Carlisle, primero se mostraba amable y comprensible, y ahora parecía distante y reservado, por lo que se preguntó si un vampiro podría presentar una doble personalidad.
- ¿Por qué todo el mundo dice eso? – Rodó los ojos y fue hasta el escritorio, donde él tenía libros abiertos y muchos papeles regados. - ¿Qué es todo esto? -dijo levantando una hoja con un dibujo extraño en ella.
-Lo decimos porque es cierto, Narcissa. -Carlisle sonrió de nuevo sin despegar la vista de su lectura. – Y eso es un dibujo que hice del riñón humano. -Narcissa de inmediato soltó la página, como si de verdad hubiera tenido un riñón entre sus manos. -De verdad, nadie siente lástima por ti, creo que es admirable lo que haces.
- ¿Por qué dibujas riñones? -Narcissa se sentó en una de las sillas frente al escritorio. – Y no me refería a si sentían lástima por mi o no, Carlisle. -Él levantó la mirada y la posó en ella. -Pero ahora que lo mencionas ¿por qué crees que es admirable lo que hago? – La rubia sonrió ampliamente, le gustaba recibir halagos.
-Soy doctor, Narcissa. -Dijo Carlisle, como si fuera lo más obvio del mundo. – Conforme pasa el tiempo la medicina se actualiza, y si quiero seguir ejerciendo mi profesión, tengo que estar al día. -La rubia enarcó las cejas, no le estaba agradando para nada el tono de voz que el vampiro había utilizado, así que se levantó y caminó hacía él, Carlisle simplemente la miró en silencio. -Y lo que admiro de ti es la fuerza que tienes para sobrellevar todo esto, por tu compromiso.
-Los médicos muggle dejarían de ejercer si nuestras pociones y hechizos estuvieran a su alcance. -Narcissa se recargó en el escritorio, y de nuevo él la miraba con sus ojos dorados, tan fijamente que a Narcissa le empezaba a gustar eso. -Y no creo que necesite fuerza para estar con Lucius, sino paciencia.
-Entonces agradezco que no se expongan, porque me quedaría sin trabajo. -Carlisle la miró con diversión y volvió a dedicarle una gran sonrisa. -Y no me refería a tu prometido, me refiero a tu familia. -El vampiro tomó la mano de Narcissa, la que llevaba su gran anillo de compromiso. -Este anillo es un compromiso con tu familia, no con Lucius. -A Narcissa le parecía tan irreal que Carlisle pronunciara el nombre de su prometido. -Y admiro que eres capaz de lo que sea por proteger a tu familia.
-Tal vez tengas razón. -Narcissa sonrió de lado y desvió la mirada del vampiro. Carlisle se acomodó a su lado, también recargándose en el escritorio y sin soltar su mano, comenzó a recorrer la pequeña mano de la bruja con sus dedos fríos, a la rubia no le molestó, sentía un leve hormigueo tras cada trazo que el vampiro realizaba sobre su mano. La bruja lo miró, y de nuevo, ambos se miraban en silencio, Narcissa de verdad gustaba del color dorado de sus ojos y comenzaba a sentir que le gustaba estar ahí, con Carlisle.
- ¡Carlisle! -Edward entró abruptamente en el despacho, Narcissa se asustó y retiró su mano rápidamente. Sin embargo, Carlisle cerró los ojos, inhaló con fuerza y miró a su hijo. -Necesitamos hablar.
-Pudiste haber tocado la puerta, no todos tenemos los sentidos tan desarrollados. -Narcissa miraba a ambos vampiros, que se miraban fijamente, parecían estar manteniendo una conversación con la mirada. -Supongo que es todo por hoy.
-Continuamos después, Narcissa. -dijo Carlisle, ella lo miró y él frunció los labios.
Narcissa asintió, pensó en recoger sus apuntes, pero en esa ocasión no había tenido oportunidad de anotar nada. Así que simplemente se limitó a salir del despacho, Edward ni siquiera la miró ¿Acaso había hecho algo malo? Ella sabía que no, esperaba que no. En cuanto salió del despacho de Carlisle, escuchó a Edward decir:
-Carlisle, no puedes hacer eso. - Y en seguida cerró la puerta en su cara.
La bruja caminó lentamente hacia a su habitación, no entendía qué era lo que Carlisle no podía hacer ¿No estaría listo para volver? ¿No podía verla? Sintió su estómago revolverse, quería ayudar pero no sabía cómo. Suspiró y recordó lo que había sucedido en el despacho, sonrió al pensar en cómo Carlisle había tomado sus manos, en la delicadeza que había empleado y el hormigueo que provocó su tacto. ¿Por qué lo había hecho? Pero lo que era más importante preguntarse ¿Por qué ella lo permitió?
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De nuevo les mando buenas vibras para que en estos tiempos todo esté bien, les deseo a todos buena salud y que se cuiden lo más posible. Les mando un gran gran abrazo.
