Dedicado a Gorritz Yari.


Capítulo 26

Mentiras

La música era ruidosa, hace ya un par de horas que su cerebro no procesaba del todo lo que se oía en aquella sala. Sentía su sangre hervir, sabía que estaba borracha, pero siguió bebiendo aquel alcohol azul, que era dulce y quemaba su garganta. Vio a lo lejos a Kakarotto, y quizás era el alcohol, pero le pareció que el joven de ahora 17 años era bastante atractivo. Lo oyó reír escandalosamente mientras se echaba una pata de algún animal asado a la boca, masticaba con la boca abierta y la joven Cauli dejó de verlo guapo.

Dejó de servirse el líquido en un vaso y empezó a beberlo desde la boca de la botella. Estaba en plena celebración del día del nombre del príncipe Vegeta, el alcohol y la comida estaban a la orden de la noche, no había limitaciones y todos los saiyajin de la corte e invitados, como ellos al ser parte de su escuadrón de elite, celebraban con entusiasmo al heredero a la corona, menos ella. Sintió como el líquido quemaba su garganta después de insensibilizarla, dejó la botella sobre la mesa y suspiró, volteó hacia la silla en la tarima, donde el príncipe debería estar, pero estaba vacía hace un par de horas, solo el rey junto a su consejo, estaban en esa dirección. La noche de celebración ya llevaba unas cuantas horas, y la mayoría de los saiyajin no tenía intención de retirarse, pero él sí.

Intentó hablar con él, ser amable o llamar su atención, sin embargo, nuevamente fue rechazada. No se atrevía a declarársele, su presencia imponente le impedía acercarse con la intención de revelarle su interés, ser de su escuadrón no había hecho nunca la diferencia, quizás el único avance real era que él sabía su nombre. El príncipe era inalcanzable, nadie sabía lo que pensaba, siempre distante, inexpresivo, sentía que estaba a miles de metros lejos de él. Debía rendirse, no tenía sentido seguir pensando que él le daría alguna chance de estar juntos, lo mismo que había llamado su atención, era lo que la alejaba. El príncipe había construido un gran muro a su alrededor, y solo un par de personas tenían acceso a estar cerca de él, más que su padre el rey, y Teeb.

Se había esforzado mucho para mantener el rendimiento de sus compañeros y así no ser descartada del escuadrón, en cada misión intentó entablar alguna relación más profunda y personal que el de líder-subordinada. Eran años que había compartido con él, y aun así no sabía nada, sus gustos, sus sueños o motivaciones, nada. Eran dos desconocidos. Volvió a beber y esta vez se tomó todo el contenido, tenía ganas de llorar, sabía que debía prepararse para que en cualquier momento anunciaran a una prometida, quizás la elegiría el rey pues el príncipe no tenía interés en hembras, o al menos eso parecía. Nadie sabía de la vida íntima del saiyajin de sangre real, había muchos rumores rondándole, pero no creía en ninguno. El príncipe ya tenía 21 años, su misma edad, y era un buen momento para buscarle pareja, sin embargo, no se había anunciado ninguna competencia o declarado algo al respecto, era como si fuera una roca preciosa que estaba fuera del alcance de cualquiera en ese planeta. Era así, se dijo, el príncipe estaba en otro nivel, nadie era lo suficientemente bueno para él.

—Cuanta energía—oyó a su espalda, volteó por unos segundos, pero el dueño de aquella voz arrogante caminó un par de pasos más y se sentó a su lado, con dos botellas de alcohol en sus manos.

—Lárgate—dijo sin mirarlo—pero deja las botellas—y estiró su brazo derecho hacia el costado de la mesa para poder alcanzar la botella azul.

—Es raro que te embriagues—murmuró el saiyajin alto de melena larga, Cauli lo miró estrechando los ojos, Raditz siempre la molestaba, y no estaba con ánimos de soportar sus burlas— ¿Decepción amorosa, quizás?

—Oh maldito bastardo—soltó sonriéndole, pero mirándolo con desprecio. A veces sentía que su desagradable compañero era más listo de lo que aparentaba y eso le molestaba. Su sonrisa divertida le irritaba y no estaba de ánimos para tolerar sus burlas.

—Vengo en son de paz—respondió el saiyajin, encogiéndose de hombros y sin dejar de sonreírle.

Cauli borró su sonrisa, pensó en pararse e irse de allí. Había compartido antes con el guerrero, pero siempre acompañada del resto de sus compañeros y Bulma, no se sentía muy segura de estar a solas con él. No le agradaba, siempre la molestaba y ella a él, sin embargo, confiaba en él como compañero de escuadrón. Abrió la botella sin decir una palabra, y bebió el contenido directamente del recipiente, Raditz soltó una carcajada al verla y la joven no se molestó, permitió que la acompañara en esa deprimente noche. Bebieron por más de dos horas, ella ya estaba bajo los efectos del alcohol cuando él llegó, y su compañía más las botellas, hizo que su borrachera aumentara.

Cuando se dio cuenta de que la fiesta había terminado, ya estaba en medio del bosque de los gigantes, en plena madrugada, tocándose con Raditz. No supo en qué momento había salido del palacio y había volado hacia allí con él, no lo recordaba, era como si hubiera perdido un fragmento de su memoria. Su cuello era lamido y mordisqueado, estaba apoyada en un tronco de un árbol y el saiyajin la tenía aprisionada entre la madera y su cuerpo. La joven reparó allí, en ese momento, en que los pectorales de su compañero lucían como un fuerte muro, él era más alto y fornido que el príncipe, se sentía menuda entre sus brazos, y le gustó.

Quizás era el alcohol en su sangre, pero se dejó llevar por las caricias del saiyajin. Parecían desesperadas, sin embargo, podía detectar que, en cada toque, su compañero parecía ser cuidadoso. Estaba conteniéndose, podía notarlo en sus quejidos graves. Sus manos grandes cubrían cada parte de su cuerpo, la armadura empezaba a estorbar y no dudó en ayudarlo a quitársela. A esa hora de la madrugada, el frío no fue problema para sus pieles calientes, él la tocaba con vehemencia, ella lo imitaba y antes de siguiera meditarlo, estaba con su traje abajo hasta sus rodillas, al igual que Raditz.

Sus manos abarcaban grandes espacios de su cuerpo, cubrían por completo sus senos y cuando el guerrero se cansó de tocar, empezó a probarlos. Cauli suspiraba entregándose al momento, sus manos rodeaban el cuello fuerte de su compañero e intentaba con su pierna derecha empujarlo a su núcleo, él entendió rápidamente. Raditz la levantó sin problema con una mano, pero con su uniforme aun atorado en sus rodillas le era imposible acceder a su tesoro húmedo, por lo que en cosa de segundos ambos se ayudaron para deshacerse de la prenda, al menos de una pierna para poder concretar ese encuentro. Cauli terminó completamente desnuda delante de su compañero, el resto de su traje estaba estancado en su tobillo izquierdo, pero no molestaría. Ella se afirmó de sus hombros, y él volvió a levantarla con sus fuertes brazos, afirmándola con el derecho y con la mano restante, bajó sus pantalones para dejar libre a su miembro erecto, no hubo palabras, solo jadeos y gruñidos salvajes que interrumpían el silencio en el bosque. Él probó su humedad frotando su pene en su intimidad, pero la joven no estaba para juegos previos ni seguir esperando.

—Ya mételo—exigió frunciéndole el ceño, ignorando el hecho de que ambos a esas alturas, estaban conscientes y actuando bajo sus propias decisiones. El alcohol ya se había borrado de su torrente sanguíneo, así eran los saiyajin, tenían resistencia para muchas sustancias, y aunque se embriagaran, no duraba mucho el efecto.

—A sus órdenes—respondió el guerrero en un grave susurro.

La primera embestida fue un poco dolorosa para la joven, pero nada que no hubiera soportado antes, aquel ardor no era nada comparado a sus entrenamientos o castigos del príncipe, al recordarlo, sintió una punzada de culpa recorrerle el cuerpo al mismo tiempo que su compañero se mecía sobre ella, haciendo que su espalda chocara levemente con el tronco del árbol. Se abrazó al cuello del guerrero y borró de sus pensamientos la figura del heredero, debía desprenderse de su apego a él, no podía seguir estancada a un saiyajin que no la reconocía como tal, debía avanzar. Los labios de Raditz en su cuello la ayudaron a olvidarlo por completo, y aquel momento improvisado, se repitió por dos veces más en esa madrugada.


(…)


Cuando el sol iluminó su rostro cansado, y reconoció el lugar en el que estaba, todos los recuerdos de sus encuentros sexuales vinieron a su memoria, no fue fácil obviarlos pues aún estaba recostada en el pasto, desnuda y abrazada a Raditz. Se alejó como si su piel quemara, miró a su alrededor buscando su ropa y en menos de tres minutos, ya estaba con su traje y armadura, se elevó en el aire, aun confundida y antes de alejarse, volteó hacia atrás, viendo a un dormido Raditz, sin enterarse de su huida.

Le echó la culpa al alcohol, sin embargo, sabía que no era del todo así. Se había dejado seducir por la noche, el festejo y el enorme guerrero, estaba dolida por el rechazo constante del heredero, había sido un cúmulo de factores que habían dado por resultado esos encuentros inesperados… la culpa invadió su menudo cuerpo, necesitaba platicarlo con alguien por primera y última vez, y borraría de su memoria aquella noche. Sabía quién era la única persona con la que podía conversar de cosas tan triviales y que no la juzgaría, y con la única que sentía esa confianza, voló sin premeditarlo hacia el palacio.

Era temprano, el sol recién estaba tocando la fachada del castillo, y sabía que ella seguramente estaría durmiendo, pero era una urgencia, y luego no tendrían tiempo para hablarlo. Incluso siendo el día después a la gran fiesta del heredero, éste no tenía misericordia y empezaba con las rutinas de entrenamiento de forma regular, no había excepciones a menos que salieran a una misión, y ella estaba todo el día en el laboratorio o en su corporación, y casi nunca tenía noches libres.

Entró al castillo sin mirar ni saludar a nadie, aun podía oler en el ambiente el alcohol, la comida y el sexo. Repulsivo, pensó, sin embargo, sus propios pensamientos le jugaron una mala pasada, pues seguramente ella olía igual. Pensó en ir a su casa y darse un baño, pero lo descartó de inmediato, no podría darle explicaciones coherentes a su padre. No vivía en una familia aprehensiva, ni menos recatada, como cualquier familia saiyajin, sin embargo, no estaba en condiciones ni con ánimos de explicar nada en ese momento.

Fue directamente a la nave-hogar de su amiga, el sol aun no iluminaba esa parte del castillo, subió por la rampa a paso rápido y tocó insistentemente el timbre. Pasó al menos quince minutos esperando, voló por alrededor de la máquina y buscó señales de su amiga por las ventanas, pero no vio rastros de la científica. Si no estaba en su nave a esas horas ¿Dónde? Cauli frunció el ceño, como si eso la ayudara a pensar una respuesta, quedaban dos lugares por revisar. Sin perder más tiempo, caminó hacia su laboratorio. Sin embargo, ella tampoco estaba allí, había algunos trabajadores en el lugar, y por lo relajados que lucían, supuso que la joven aun no pasaba por esos lados.

El único lugar que quedaba era la corporación, y ésta se encontraba a una hora de distancia del palacio. No alcanzaría a ir a platicar y regresar a tiempo al entrenamiento matutino, pensó en enviarle un mensaje por su comunicador, y así poder asegurar un tiempo por la tarde y conversar, pero lo descartó. Necesitaba hablar con ella ahora, en su entrenamiento tendría que ver a Raditz y no sabía cómo lidiar con ello. Tragó en seco al pensarlo, caminó por los pasillos pensativa y sin darse cuenta, estaba regresando hacia la nave de su amiga. Cuando se percató, se detuvo más allá del cruce, no tenía sentido seguir avanzando, se dio media vuelta y pensó en ir a casa, para poder quitar el olor a la fiesta, pero al oír unos pasos suaves a lo lejos, levantó la mirada y vio a nada menos que a Bulma.

—Hey—saludó Cauli al verla. La joven levantó la mirada y se cubrió en su bata, notó como aceleró el paso para poder llegar a su lado.

— ¿Qué haces por acá a esta hora? —Preguntó sonriéndole.

—Lo mismo podría preguntar—murmuró Cauli, notó su cabello despeinado y sus mejillas acaloradas, pero la fragancia acida que desprendía su amiga fue el principal delator. —Veo que pasaste una noche… alocada.

—Eh—Bulma sonrió nerviosa, no tenía sentido negarlo. No esperaba encontrarse con alguien a esas horas, había seguido esa rutina en incontables ocasiones—sí—reconoció, comenzó a caminar hacia su nave y giró donde su amiga— ¿Ibas a verme?

—Sí—asintió la joven saiyajin—necesito conversar… un poco. Un consejo—murmuró nerviosa, Bulma parpadeó sorprendida, pocas veces tenía la oportunidad de presenciar a Cauli actuando como una chica cualquiera.

—Vamos a desayunar a mi nave—invitó la humana.

No dijeron mucho en el camino, ambas iban aletargadas por lo que vivieron en su noche, cuando llegaron a la nave, Bulma ingresó la clave de acceso en el panel y entraron en silencio. Cauli notó que la sala de estar no estaba tan desordenada como otras veces y eso le causó cuidado, no había explicación aparente para su "orden", y la palabra orden y Bulma no iban en la misma oración. Lo único que se le ocurrió, fue que la joven no estaba pasando mucho tiempo en su nave, y eso llamó aún más su atención. Era notorio que su amiga venía de una noche similar a la suya, pero al ver su nave le hizo pensar que esas noches eran más comunes para la humana que para ella.

—Iré a darme una ducha rápida—habló la joven—pon agua a hervir mientras—Cauli no se opuso, nunca lo hacía. Bulma tenía un don para dar órdenes, pues no parecía que las daba, ella nunca protestaba, ni ninguno de sus amigos, a excepción de Raditz que siempre se quejaba de lo mandona que se había vuelto la científica, al recordarlo, sintió sus mejillas sonrojar, pues a su mente no venía el guerrero sarcástico ni molestoso, sino el saiyajin que la tomó con fuerza contra el árbol en el bosque, que la tocó con intensidad y que gruñía en su oído.

Cerró sus ojos unos segundos, pudo oír a la distancia el agua caer, su amiga ya había iniciado la ducha, caminó hacia la cocina y encendió la estufa para poner la tetera con agua. Se apoyó en el mueble cercano y se quedó viendo el fuego quemar el metal. No podía obviar el calor que recorría su cuerpo ni la vergüenza que sentía, todo era muy reciente y no se creía capaz de ver al guerrero sin demostrar que le afectaba lo que había pasado.

Bulma se dio una ducha rápida, pues antes de que la tetera hirviera, ella se asomó por el umbral de la cocina, secando su cabello turquesa con una toalla.

— ¿Qué prefieres desayunar? —Preguntó mientras se acercaba a la nevera y abría la puerta para revisar que había dentro—queda… eh—no había mucho en su interior, su novio arrasaba con toda su comida y eso que no se quedaba a dormir. Habían tomado como costumbre pasar las noches en la habitación del príncipe, era más cómoda para ella, pero él seguía yendo a verla o a veces la iba a buscar y en esos momentos, su nevera sufría las consecuencias—tengo galletas.

—Lo que sea—se encogió de hombros. Bulma la miró unos segundos, intentando descifrarla. Con solo ver su semblante, pudo suponer que más que pedir un consejo, lo que buscaba era desahogarse. Hacía tiempo que no compartía un momento con su amiga, entre el trabajo y su noviazgo, casi no se hacía espacio para estar con sus amigos y se sintió mal por eso.

Se apresuró en sacar las tazas y platillos, la tetera hirvió antes de terminar y fue Cauli quien apagó la estufa. Tardó cinco minutos en organizar el desayuno simple, pero que ambas ameritaban. Se sentaron en la sala comedor de su nave, su amiga cargó las galletas y ella lo demás. Cuando se instalaron, la joven saiyajin preparó su té con calma, Bulma la miraba fijamente, lucía pensativa y afligida, no se imaginaba qué podía afectarle a ese punto.

— ¿Y bien? —Comenzó la científica— ¿Me dirás qué te pasó? —le agregó un par de cucharadas de azúcar a su taza y levantó la mirada hacia la saiyajin.

—Sí…—asintió sonriéndole—verás—cuando observó a la joven, la vio concentrada en ella y eso la cohibió un poco—estuve con un chico ayer…

—¡Oh por dios! —Exclamó, al mismo tiempo que sacudía su taza, esparramando el líquido caliente— ¿Tuvieron sexo? —Sabía la respuesta, los saiyajin no conocían el término noviazgo y el "estar con alguien" se traducía a eso, relaciones sexuales. Era primera vez que su amiga le confesaba algo así, lo que le hizo pensar en su experiencia sexual— ¿Era tu primera vez?

—¿Eso es importante? —Preguntó extrañada, mientras tomaba un par de galletas y se las echaba a la boca.

—P-pues… eh… supongo—tenía que dejar a un lado los sentimentalismos, lo sabía, pero le era difícil. A pesar de haberse criado en ese ambiente, sus costumbres terrícolas no se iban del todo, y era en momentos como ese que se daba cuenta de lo distintos que eran.

—No para mí—respondió sin mirarla—fue mi primera experiencia, pero no tiene importancia—se encogió de hombros, convenciéndose a sí misma de sus propias palabras, cuando por eso estaba allí y necesitaba hablarlo.

—Pues… ¿Al menos lo pasaste bien? —Preguntó bebiendo un sorbo. Vio las mejillas de la saiyajin sonrojarse y soltó una carcajada ruidosa, avergonzándola aún más— ¡Oh dios! ¡Sí que lo pasaste bien!

—Bu-bueno… sí—lo admitió apenada—¿Tú también lo pasaste bien? —Bulma borró su sonrisa, no podía reconocer que siempre lo pasaba bien con él, no sin recordar que mantenía una relación con el único saiyajin que a su amiga le había interesado de verdad. No era culpa la que sentía, pues su noviazgo con Vegeta había empezado mucho antes de saberlo, pero se sentía mal por ocultárselo.

—Sí—asintió sonriéndole—pero, comamos. Necesitamos recuperar las fuerzas—Cauli le sonrió en respuesta, y sin siquiera pensarlo, preguntó.

—¿Con quién tienes sexo? —Bulma detuvo sus movimientos, levantó la mirada hacia su amiga y sonrió nerviosa—No sabía que estabas saliendo con alguien.

—N-no es nada importante—se encogió de hombros—fue un desliz con Raditz, no se volverá a repetir—y sonrió nerviosa, cerró sus ojos sin dejar de reír y al hacerlo, se perdió la reacción de Cauli, quien la miró paralizada, sin comprender del todo sus palabras, sus labios se entreabrieron, sin pensar en qué preguntar, en qué decir primero, su amiga le estaba mintiendo, pero ¿Por qué? Sintió su vientre tensarse y de pronto las galletas ya no se le hicieron apetitosas, era como si un nudo se le hubiera formado en el estómago que le impidiese seguir comiendo. — ¿Y tú…? ¿Quién fue el afortunado?

—No lo conoces—respondió de forma automática y cuando sintió la oceánica mirada de la joven en su rostro, agachó la mirada a su taza de té—es de otro escuadrón, con el que solemos competir…—Bulma asintió, pero la joven no lo notó, no se atrevía a mirar a la cara a su amiga después de haber mentido así, pero la humana no parecía estar afectada por mentirle a ella, levantó la mirada con disimulo, y la vio sacar galletas sin culpas, entonces, no pudo evitar preguntarse desde cuando su "amiga" le ocultaba esas cosas.

—Ya veo ¿Y porque te complica? —Cauli se obligó a mirarla de frente, debía actuar normal. Descubrirla mintiendo no era grave, se sentía dolida porque no le tenía confianza, pero no podía juzgarla si no sabía sus motivos.

—Que… alguien se entere, o como reaccionar cuando esté con él—murmuró dudosa.

—Bien… si te lo topas, haz como si nada pasó. No le des importancia al tipo, ellos lo hacen todo el tiempo—dijo sonriéndole con seguridad, tanta que deslumbró a la saiyajin. Cauli en ese momento se percató de la experiencia que tenía la joven con el género opuesto, a diferencia de ella que no había tratado con muchos saiyajin, la humana parecía conocerlos y eso le causó cuidado. Aun recordaba lo afligida que estaba cuando supo de las competencias por estar con ella, se veía todo muy lejano ahora ¿En qué momento ella había madurado? Se sintió de algún modo atrasada, como si su amiga estuviera pasos delante de ella.

—Sabes mucho… de hombres—murmuró, mirándola con interés— ¿Hace mucho que tienes estos deslices con Raditz? —Preguntó haciendo énfasis en el nombre del saiyajin.

—No… a veces—se encogió de hombros—sé de hombres por las novelas que me dejó mi madre. Se creen dueños del universo, y con un toque nuestro, hacen lo que queremos.

—Ah… las novelas—asintió pensativa.

No se quedaron mucho tiempo, Cauli había perdido el apetito y necesitaba volver a su casa a darse un baño antes de iniciar el entrenamiento de esa mañana, por lo que se fue a los quince minutos después de aquella falsa plática. Aunque quería restarles importancia a las palabras de su amiga, no podía dejar de pensar en su mentira, y en cuestionarse las veces que pudo haberlo hecho antes. Le era inevitable dudar de ella, y de su amistad.

Tuvo suerte al llegar a su casa, pues su padre ya se había marchado. Se dio una ducha rápida y cambió su armadura, aun podía oler el alcohol y la esencia de Raditz en ella. Sintió sus mejillas sonrojarse al recordarlo, lanzó la armadura a la canasta de ropa sucia y salió de su casa volando hacia el palacio nuevamente. Cuando regresó al castillo, el movimiento ya había empezado, había mucha servidumbre limpiando y ordenando el desastre por la fiesta del heredero, pasó de largo hacia la zona de entrenamiento. Oyó pasos a su espalda, pero lo ignoró, de pronto su vientre se tensó al pensar que podía ser su compañero y giró con disimulo, volteó hacia el frente bruscamente al confirmar sus sospechas.

—Eso fue sutil—le oyó decir, mordió su labio inferior y sus mejillas se ruborizaron, pero no se detuvo, en cambio, el guerrero aceleró sus pasos para llegar a su lado. —Debo reconocer que me dolió no encontrarte en la mañana—siguió diciendo, con un toque de burla y la joven ya no pudo ignorar su presencia.

Se giró bruscamente e intentó tomarlo desde su armadura, le costó por la diferencia de altura, pero el saiyajin se lo permitió. Tomó el cuello de su traje y lo acercó a su perfil, su ceño estaba fruncido y sus mejillas sonrojadas, sin embargo, su vergüenza y malhumor la motivaron a actuar. Ver su sonrisa burlesca y su mirada arrogante no le ayudaba a controlarse.

—No vuelvas a decir una palabra respecto a eso—murmuró entre dientes—no te atrevas a decirle a alguien—la sonrisa burlona del saiyajin se borró, con su mano derecha se deshizo del agarre de la joven, la fuerza medida que ejerció fue suficiente para que Cauli lo soltara.

—¿Acaso te da vergüenza? —Preguntó alzando la barbilla, intentando no demostrar la rabia que empezaba a emerger en su interior, ya que, sabía la respuesta.

—Por supuesto—respondió mirándolo a los ojos. Negro contra negro, los ojos de Raditz eran grandes y afilados, nunca se había detenido a observarlos y tuvo que esquivar su mirada al notarlo—puede enterarse el príncipe, y si eso pasa… nunca tendré una oportunidad con él.

—Aunque se enterase ¡Jamás te hará caso! ¡Entiéndelo! —Exclamó molesto, estaba diciendo más de la cuenta, pero en ese momento de humillación, porque así lo sintió, el que se avergonzara y encima siguiera pensando en el príncipe como una opción, lo decepcionó y llenó de rabia, por lo que no se detuvo a pensar en lo que diría— ¡Él ya tiene a otra con la que folla y jamás la cambiará por ti! —Y apenas soltó aquella declaración, quiso recoger sus palabras y tragárselas. Acababa de exponer a su amiga por su enojo, estaba mal. Frunció el ceño molesto, Cauli lo sacaba de quicio, no prestó atención a la cara perpleja de la joven, le dio la espalda y siguió su camino, respiraba profundamente, intentando calmarse.

—¿Qué dijiste? —Preguntó Cauli, lo vio avanzar sin prestarle atención y se debatió en ir encararlo, o tomarse un momento para digerir lo que acababa de oír.

Lo vio alejarse, sabía que debía moverse y llegar a tiempo a la sala de entrenamiento, pero su cuerpo no se movía. Las palabras de Raditz se repetían una y otra vez en su cabeza, su príncipe… con alguien. Nadie tenía información sobre la vida privada del heredero, pero la convicción con la que el saiyajin de melena larga soltó esa declaración, le hacía contagiarse de su seguridad. Le hacía creerle, y al hacerlo, su pecho dolía, mucho. Sin embargo, su mente trabajó a velocidad y a lo única conclusión que llegó fue que debía confirmar de alguna forma esas palabras, no podía avanzar si no sabía la verdad. Ya se había decidido antes a intentar olvidar al príncipe, pero si se enteraba de que tenía una relación, lo sacaría para siempre de sus pensamientos.


(…)


Leía el último informe y no lo procesaba, ella siempre estaba al 100% en todo, pero esa tarde se sentía distraída. No dejaba de pensar en si era una buena idea seguir mintiéndole a Cauli, se sentía incómoda y, sobre todo, una pésima amiga. Se insistía a sí misma que lo único malo que estaba haciendo era el no decirle que con quien estaba manteniendo una relación amorosa, se trataba del príncipe. Ella había empezado su relación con él mucho antes de saber de los sentimientos de la saiyajin hacia Vegeta, debió decirle apenas supo lo que sentía, ocultar lo suyo era primordial para estar tranquilos, pero el asunto con Cauli era diferente. Ella era su amiga, no la delataría ni mucho menos la juzgaría, y esconder aquello era feo, sentía que casi se estaba burlando de ella y no le hacía sentir bien al respecto, al contrario, sentía culpa.

Iba a hablarlo con Vegeta, él debía saber lo que estaba pasando, más que nada para que le diera una opinión y, sobre todo, porque lo involucraba directamente. Ya podía suponer qué le diría, pero prefería compartirlo con él. Aun recordaba la pequeña discusión que habían tenido cuando la encaró por contarle a Raditz, sonrió al pensarlo. A pesar de que no estaba de acuerdo en que él lo supiera, entendió sus motivos y también la relación de amistad que tenía con el guerrero de melena larga. O al menos lo intentaba, pues Vegeta no tenía amistades y no sabía los códigos que rodeaban a ese tipo de relación, se atrevía a decir que ella era su amiga, pero su relación íntima hacía que las cosas fueran un poco diferentes.

Después de un par de horas de escribir y enviar documentos, envió un mensaje a Teeb para notificarle que se iría a su nave. No pasaron más de cinco minutos para que el saiyajin llegara a su lado. Se sentía segura en el palacio, pero tanto el saiyajin escolta como su novio, le exigían no andar sola por los pasillos ni en ningún lado del planeta, y lo entendía. La situación con Turles la había superado, ya no tenía miedo y no se sentía con culpa, todos los que sabían lo que había pasado la trataban con naturalidad y eso la ayudó a sobrellevarlo, y el apoyo de Vegeta fue imprescindible. Su novio jamás la inculpó por nada, al contrario, ver esas medidas de precaución que tenía con su escolta la hacía pensar que eran los únicos que se sentían culpables por lo que le había pasado.

De Turles nunca más supieron. Habían dado la orden de capturarlo con vida o muerto, incluso habían puesto una recompensa por su cabeza, pero no había señales de él. Sus sobrinos creían que había cometido algún tipo de fraude, y la mayoría de la población pensaba igual. Solo el consejo, Teeb y Vegeta, sabían lo que había pasado. Lo único bueno que rescataba de lo que había pasado, era que las leyes en el planeta habían cambiado, Bardock se esmeró por realizar un proyecto de ley que velara por los derechos y deberes de todos los seres, incluidos los débiles y de otras especies. El imperio saiyajin estaba un poco más civilizado que antes, y solo un poco, porque seguían con sus barbaridades y salvajismos, pero eran parte de su cultura, por lo que había entendido al menos.

— ¿Irás a tu nave? —Preguntó Teeb, la vio asentir sin mirarlo, al mismo tiempo que recogía algunas carpetas y salía del laboratorio, él siguiéndole— ¿No irás a ver al príncipe?

—No—respondió—tengo cosas que hacer—Teeb alzó ambas cejas al oírla, pensó fugazmente que quizás estaba enojada, pero sus rasgos no parecían alterados por lo que lo descartó rápidamente—no he ordenado mi nave en semanas…

—Ah ya veo—asintió para sí mismo. El escolta la miró por el rabillo del ojo, Bulma lucía diferente, había crecido, se dijo. Ya no era la chiquilla risueña que corría por los pasillos o hacía escándalos cuando algo no le parecía bien, buscaba otras herramientas para conseguir lo que quería, además, teniendo al príncipe en la palma de su mano, siempre conseguía sus objetivos. Su corporación estaba funcionando hace medio año, y le estaba yendo bien, aún faltaba llegar a la mitad de los planetas que tenían comercio con los saiyajin, pero todas las reseñas de los productos eran positivas.

Teeb la dejó en la puerta de su nave, esperó que la joven entrara y salió de la zona. Sabía que no era necesario avisarle al príncipe, pero lo hizo de todas formas, al final, al que le rendía reportes y avisos era al heredero en vez de al rey.


(…)


Sus pasos eran sigilosos, no se podían oír a pesar de ser lo único que se movía a esa hora por esos pasillos. Lucía su traje sin armadura ni capa, pues había llegado a su cuarto dispuesto a darse una ducha cuando recibió la notificación de Teeb. No le sorprendió, era normal que cada cierto tiempo a su mujer le dieran esos arrebatos que al principio no lograba comprender, y que ahora ya no le daba más vueltas de lo necesario. Si decía que quería ordenar en su nave, entonces así era. Sin embargo, no le permitiría pasar la noche allí.

Cuando llegó al área verde, las luces de la nave seguían encendidas. Subió por la rampa con calma, y al llegar a la puerta, digitó la clave de seguridad que había memorizado apenas se la habían entregado. La máquina ronroneó por el esfuerzo, le pareció por un segundo que había sido más ruidosa que de lo habitual, pero no le dio importancia, seguramente Bulma ya lo había notado y pensaría en hacerle mantención. Cuando la entrada estuvo completamente abierta, ingresó, se encontró con la sala de estar medio organizada, había sectores que estaban limpios, otros que tenía una pila de libros y revistas que desconocía, y los trapos y escobas tiradas en medio de la sala.

—¿Bulma? —Preguntó alzando una ceja, oyó su voz desde su habitación y caminó hacia allí.

—Estoy ordenando un poco —le comentó la joven, cuando ingresó al cuarto que conocía igual que su propia habitación. En la cama había más ropa de la que había visto jamás, de diferentes colores, formas y tamaños, parpadeó con sorpresa y luego buscó a la mujer que le alteraba su mundo. Estaba sentada en el suelo, rodeada por más prendas y tenía una remera en sus manos, que intentaba doblar con rigurosidad.

—¿No puedes hacer eso durante el día? —Preguntó frunciéndole el ceño, la joven giró hacia él por unos segundos y luego volvió su atención a la ropa en sus manos—Tienes todo el día para esa mierda ¿Por qué elegir el momento en que nos vemos?

—Durante el día debo ver el laboratorio y la corporación, príncipe —dijo lo último con un tono suave, intentando aparentar sumisión ante él, y funcionaba. Vegeta dejó de mirarla con molestia y buscó un espacio para sentarse en la cama.

Siempre era así, él hacía lo que ella quería o pedía. No sabía desde cuando había resultado ser así, quizás desde después de haber tenido sexo con ella, que había caído por completo a sus pies. O tal vez desde el incidente con el hijo de puta de Turles, o ambas habían influenciado en ello. Antes, era seguro con sus decisiones, si decía algo, lo cumplía y, sobre todo, evitaba demostrarle que ella era su talón de Aquiles, pero ya nada de eso importaba entre ellos. Ya no era necesario esconder lo que sentía por ella, aparentar indiferencia o mero interés sexual, eso había quedado en el pasado, moría y vivía por esa loca mujer, su mujer. Y sabía que era recíproco, la principal diferencia era que, ella llevaba el mando de la relación y no le molestaba, siempre y cuando la mantuviera contenta, él estaba bien con eso. No quería verla llorar nunca más, no quería hacerla sufrir por nada en el mundo, si era necesario humillarse por sus pedidos, lo haría, para el joven heredero, lo único que realmente importaba era su relación con la humana. Se esmeraba por cuidar de lo suyo, evitaba hacerla enojar e intentaba con todas sus fuerzas, brindarle seguridad y felicidad.

—Pero es el único momento en que estamos juntos —insistió, pero usando un tono relajado en su voz.

—Todas las noches estamos juntos —refutó ella—espera un poco ¿Sí? Organizo la ropa de temporada y saco lo que está en la cama.

—No nos quedaremos aquí —dijo mirándola con seriedad, Bulma dejó de doblar el vestido que ahora tenía entre sus manos y lo observó—no dormiré aquí. Tu cama es demasiado pequeña —ella sabía a qué se refería, a menudo la molestaba por ser inquieta para dormir, condición que había empeorado con el tiempo, no sabía porque, pero si él no la abrazaba, ella terminaba usando más de la mitad del colchón y con los brazos y piernas abiertas. Muchas veces empujó al príncipe fuera de la cama, o le quitaba las mantas. Definitivamente su cama no era un buen lugar para ambos, el lecho del príncipe era el que mejor lo resistía.

—Bien —acató y siguió doblando la ropa.

Vegeta esperó por quizá media hora. Cuando la joven se levantó, notó que no había avanzado mucho en su idea de ordenar, había dicho que dejaría la ropa de temporada organizada, pero él no lo supo diferenciar. La joven fue al baño antes de salir, por lo que la esperó por otros cinco minutos. Salieron juntos de la nave, él caminando delante de ella, casi como si la protegiera de cualquier cosa, o al menos así se sentía la joven.

Bulma no pudo evitar sonreír mientras miraba su espalda ancha. Desde niña que oyó cuentos de fantasía, donde la joven princesa era salvada por el apuesto príncipe y eran felices para siempre. Cuando conoció a Vegeta, lo primero que pensó era que él no lucía como el príncipe de los cuentos, pero ahora que tenían una relación, se decía a menudo a sí misma, que al final de cuentas, ella ya tenía a su príncipe azul y estaba segura de que tendrían su final feliz, si estaba al lado de él, todo estaría bien. A veces pensaba que lo de ellos podría agotarse, ya fuese por el tiempo que estaban juntos, las peleas o que alguno conociera a alguien más, pero todo seguía igual que antes. Llevaban juntos casi 7 años de relación, y en ningún momento sus sentimientos se vieron afectados, o los de él, porque podía verlo, Vegeta la amaba profundamente. La cuidaba, la mimaba a su manera y siempre le daba en el gusto, sentía a veces que la princesa era ella, al menos para él y eso le hacía adorarlo todavía más, se sentía muy afortunada.

Los pasos del príncipe se detuvieron en seco cuando oyó un comunicador sonar, pero no fue el suyo. Levantó la mano derecha hacia Bulma, en señal de que no se moviera. Aun no llegaban al cruce entre ambos pasillos para llegar a su cuarto, cuando su propio comunicador se hizo oír ruidosamente, fueron como micro segundos en que el saiyajin le pareció haber oído antes el ruido del aparato.

—¿Pasa algo? —Preguntó la joven, se acercó despacio hacia él y lo vio sacar su comunicador y revisarlo—¿Vegeta?

—Es una misión —comentó sin mirarla, mientras leía en la pantalla la información—partimos al amanecer.

—Oh… —no le gustaba cuando salía del planeta, y sabía que a él tampoco, si fuera por ellos, se quedarían juntos todo el día, acompañándose en sus trabajos y entrenamientos, pero no se podía. No por ahora al menos, Vegeta siempre le hablaba del futuro, y a ella le gustaba oírlo. Él le había dicho que cuando fuera rey, no se esconderían nunca más, y que ella sería capaz de dar órdenes al igual que él, que sería su compañera definitiva y que, por lo mismo, debían ser padres cuando eso pasara. Ninguno sabía cuándo el rey le daría la corona, por lo que a momentos Bulma prefería seguir escondiéndose, pues no quería ser madre tan joven, no se lo había comentado a su novio, al verlo siempre tan entusiasmado con el tema, le hacía pensar que solo lo desmotivaría si se lo decía.

—Vamos, no tenemos mucho tiempo —le dijo girando hacia ella, al mismo tiempo que le dedicaba una media sonrisa, de esas que la hacía estremecer. Su forma de seducción era directa, pero había gestos y miradas que no sabía si las hacía apropósito, pero en ella tenían efecto y le gustaba.

Lo siguió de cerca cuando doblaron hacia el pasillo que los llevaba al cuarto del príncipe, cuando ya estaban a medio camino, se abrazó a su brazo derecho y él no se lo impidió. A medida que avanzaban, Vegeta no pudo evitar mirar hacia atrás, sin embargo, no sintió ninguna presencia por lo que siguió su concentración hacia el frente y el beso de Bulma en su mejilla, sorprendiéndolo, le hizo olvidar su actitud precavida.

Antes de entrar al dormitorio del saiyajin, ya se estaban besando afuera de la puerta. Vegeta a tientas, pudo girar el pomo de una de las puertas e ingresó con su novia abrazada a su cuello y él se apoderó de su cintura al mismo tiempo, con su pie izquierdo le dio un empujón a la puerta y no alcanzaron a llegar a la cama, la alfombra bastó para ser de soporte.

Estaban ansiosos, la noticia de la misión los había alertado, no se verían en un tiempo, quizás días o semanas, por lo que debían aprovechar el tiempo. Bulma pensó que no estaría mal amanecerse esa vez, después de todo, no se daban ese lujo a menudo con todo el trabajo que tenía cada uno por su lado. No fue un acuerdo hablado, con un par de besos y caricias, lo acordaron. Él besó su cuello a medida que subía su falda, ella introducía sus manos temblorosas de pura impaciencia, por debajo de su camisa y la subía, mientras tocaba sus músculos con desesperación.

Pronto los gemidos femeninos se hicieron oír en la habitación, el saiyajin se encargó de prepararla para lo que se vendría, pasaba su dedo medio e índice por sobre la tela de su ropa interior, y ella se ayudaba meciendo su cadera, haciendo presión en su mano. Habían repetido tantas veces aquello, y ninguno se cansaba, era como si cada acto fuese único e irrepetible a pesar de en esencia ser siempre lo mismo. No necesitaron deshacerse de toda su vestimenta, sacaron las prendas necesarias para poder concretar su encuentro, el primero de la noche al menos.

Se besaron con necesidad, casi con sed del otro, como si no se hubieran tenido en mucho tiempo, cuando la noche anterior habían estado juntos, quizás era una necesidad adelantada al saber de la misión del saiyajin. El solo pensar que estarían alejados, los hacía querer disfrutar cada segundo. No había palabras de por medio a esas alturas, él sabía lo que a ella le gustaba, y ella sabía cómo provocarlo, era un juego que ambos habían aprendido y no había trampas, o aspectos nuevos por conocer. Vegeta sabía de memoria su cuerpo femenino, qué y cuando tocar, y Bulma conocía cada mirada, caricia, quejido del príncipe, y ni así era válido el aburrirse del otro.

Ella como científica conocía bien lo que pasaba por su cerebro durante el enamoramiento, sabía que aquellas hormonas debieron desaparecer hace tiempo, pero lo que sentía por él no se iba. Él había cavado un agujero profundo en su corazón y pensamientos, ya no podía sacarlo de allí y no quería que fuese de otra manera. Mientras se besaban, no dejaba de preguntarse si algún día aquello cambiaría, se reconocía como una mujer positiva, pero esa felicidad era demasiado buena para ser cierta. Sus preguntas no tendrían respuestas, no en ese momento al menos y cuando él fue entrando con suavidad en su intimidad, prefirió descartarlo y centrarse en lo que estaban haciendo, en medio de la alfombra de los aposentos del príncipe.


(…)


Su corazón latía deprisa, no recordaba haberse sentido así antes. La sudoración era fría y excesiva, temblaba y no era de frío, era consciente de cada reacción de su cuerpo, su pecho subiendo y bajando al ritmo de su respiración, con cada inhalación de aire le ardía la garganta, bajando hasta llegar a sus pulmones y el inflarlos era doloroso, casi chocando con su caja toráxica, jamás había sido más consciente de su sistema respiratorio, de su pulso acelerado, la sangre recorría cada parte, y la sentía hirviendo, incluso en su rostro, era tal el calor que sus ojos se desbordaban de lo mucho que le ardían. Sin embargo, lo que realmente le dolía no podía describirse. Su mente estaba hecha un lío, cada idea era más retorcida que la anterior, más macabra y venenosa, pensamientos con los que nunca había lidiado y que dolían, más que un hueso roto, más que un órgano reventado.

La escena se repetía una y otra vez en su cabeza y a pesar de lo reveladora y clara, no la comprendía, no quería hacerlo. Vino a su memoria, cada instante en que compartió con Bulma y el príncipe en el mismo lugar, y estaba segura de que jamás, los había visto platicar ni caminar con aquella cercanía. Su cabeza comenzó a dolerle de tanto pensarlo, sentía como si tuviera una pelota en el interior que golpeaba una y otra vez su frente, de forma insistente. Aún tenía en sus manos su comunicador, al que había apagado con rapidez por la notificación de la misión, por un momento pensó que el príncipe iría hasta donde estaba y le encararía, para su asombro, siguió su camino. Camino que sabía a dónde conducía, pero que nadie tenía acceso más que algún privilegiado, y al parecer, Bulma lo era.

De repente, le faltaba el aire, sentía su pecho oprimirse y cada vez era más difícil respirar y calmar sus latidos. La situación parecía ser clara, pero no se atrevía a siquiera idear la oración en su cabeza ¿Por qué su amiga iba a los aposentos del príncipe a esas horas de la noche? Abrió su boca exhalando ruidosamente e inhaló con fuerza, intentando acaparar la mayor cantidad de aire que sus pulmones le permitieran. Sabía qué debía hacer, pero sus piernas solo temblaban mientras se apoyaba en la pared fría. Había ido a ver a la humana, se había decidido a encararla por su mentira aquella mañana, las amigas no debían mentirse y con aquella determinación, decidió ir a hablarle, pero al parecer, Bulma escondía mucho más.

Su mente aguda necesitaba atar los cabos, pero su «yo» consciente no se atrevía a hacerlo, no quería encontrarse con aquella horrible verdad, no quería desmenuzar esa mentira, quería cerrar sus ojos y que, al abrirlos, todo eso se borrara de su mente. Pero no sería así, aquella incertidumbre era real, también la traición de Bulma, su pecho se oprimió con fuerza al pensarlo y sin premeditarlo, se alejó de la pared y caminó hacia el cruce de aquellos pasillos, que ahora se le hacía incómodo reconocer lo cerca que estaban y entonces otra idea vino a su mente. Ellos venían caminando juntos desde el pasillo que llevaba a la nave-hogar de Bulma ¿El príncipe la visitaba en su propio hogar? ¿Por qué? Bulma visitaba sus aposentos y él los de ella, sus ojos escocieron e intentó contener las lágrimas, mientras sus pies se movieron hacia el pasaje donde antes su amiga y el príncipe, se habían ido.

Se quedó de pie observando la elegancia que desprendía la alfombra y los candelabros, no era cualquier pasaje, era el que la guiaría hasta la alcoba del heredero a la corona. Tragó en seco, y comenzó a caminar, intentando controlar los temblores de su cuerpo, mientras daba un paso tras otro, momentos tras momentos, se fueron presentando en su cabeza. Recordó cada escena que presenció, y al hacerlo, fue consciente de detalles que su ingenuidad pasó por alto. Desde que el príncipe siempre fue paciente con la humana, el tiempo que fueron compañeros de equipos y aquella pelea sin sentido, cuando vieron a Broly abrazándose con Bulma ¿Había sido aquello una escena de celos? Las palabras de Raditz la golpearon con fuerza, justo en el momento en que llegó a la puerta de los aposentos reales. No había escoltas, ni servidumbre, solo estaba él y ella, la podía escuchar reír, y gemir.

«¡Jamás te hará caso! ¡Entiéndelo! ¡Él ya tiene a otra con la que folla y jamás la cambiará por ti!» le había dicho el guerrero de melena larga, y mientras los oía jadear, empezaba a comprender que todo ese tiempo, se rieron de ella. Cerró sus ojos con suavidad, ignoró la lágrima caliente que rodó por su mejilla, ya no podía seguir ignorando la cruel verdad, Bulma y el príncipe tenían encuentros sexuales.

Siempre pensó que el día en que anunciaran una pareja definitiva para el príncipe sería el día en que ella quedaría destrozada al saber que nunca lo tendría. Ahora sabía que el heredero estaba follando con alguien más y no le dolía, lo que le quemaba por dentro era la mentira y traición de Bulma. Ella sabía lo que sentía por él, siempre lo supo, se atrevió a llamarse a sí misma como su amiga, a enseñarle cosas, confió en ella para que al final, todo fuese una farsa ¿Cuántas veces le mintió? ¿Cuántas veces se rio de ella en su cara? ¿Desde cuándo la estaba traicionando? No se inmutaba para mentirle, eso no era amistad, ella misma se lo había enseñado… eso no era amistad. Cerró sus ojos con fuerza, las lágrimas se desbordaron una tras otra, pero no las sentía, no era consciente de las reacciones de su cuerpo. Lo único que avasallaba todo su interior, era la rabia.

Frustración, tristeza, indignación, ira. Todo un remolino de sensaciones se acumuló en su cuerpo, que normalmente fuerte, no pudo aguantarlo. Sentía que sus extremidades se iban debilitando, a medida que los gemidos de ella y los gruñidos del príncipe aumentaban de decibeles, la joven saiyajin se desmoronó. Cayó al suelo, colapsada, y sollozó sin importarle ser oída, al menos por breves segundos se lo permitió. Antes de siquiera procesar sus emociones, cubrió su boca con su mano silenciándose, y frunciendo el entrecejo, poniendo todo el esfuerzo que su cuerpo necesitaba, se puso de pie. Dejó libre su boca y mordió su labio inferior con rudeza, cubrió sus oídos rápidamente, evitando oír más de aquella traición, y corrió de regreso al cruce entre pasillos.

Una vez fuera del pasaje real, volvió a dejarse caer en el suelo. Su llanto no cesaba, su pecho dolía tanto ¿así sufrían las protagonistas de las novelas que vio con Bulma en las tardes libres? La punzada en su pecho fue más intensa al pensarlo ¡tantas cosas que vivieron juntas! A su memoria vino cada momento con ella, cada carcajada, discusión, bromas y comidas, su sonrisa… ¿desde cuándo se reía de ella? Volvió a preguntarse. Su respiración poco a poco se agitó, su pecho subía y bajaba debido a los sollozos, aquella pena jamás la había sentido antes. Ni siquiera pensaba en que el príncipe se acostaba con otra chica, eso lo había aprendido a soportar desde hace mucho, pero ¿con Bulma? ¿por qué con ella? Entre tantas mujeres, saiyajin o alienígenas ¿por qué Bulma? Tenía tantos motivos para desear que eso no fuera así. En parte, porque ella era su amiga, no podía soportar pensar que ella había estado con el hombre por el que moría y penaba, era imposible no sentir celos en una situación así, sin embargo, lo que más dolía era la traición. El engaño, esa misma mañana se había reído de ella ¡le mintió descaradamente!

—Nunca fue Raditz —susurró y algo se quebró en su interior. Quizá la empatía, tal vez la amistad que tuvo con ella, o el dolor que le embriagó, lo que fuese que había despertado en la joven, se consumió dejando paso a un único pensamiento—esto no se va a quedar así.


(…)


Estaba cansado, los proyectos de leyes que Bardock había redactado y el consejo aprobado, eran al menos 30 y debía leerlos antes de firmar. Suspiró derrotado, tenía 57 años y ya quería dejar el reino a cargo de su hijo, ceder la corona en vida ¿sería muy mal visto? Medio sonrió al pensarlo, lo cierto era que al ser el primer rey que tenía la raza saiyajin, nunca antes habían tenido ceremonias de sucesión ni protocolos para ello, pero era extraño dejar su cargo si estaba sano. El cansancio mental no era una excusa, sin embargo, sabía que su hijo lo haría mucho mejor ¿Cómo no hacerlo? Vegeta tenía educación, lo había preparado desde que salió de la incubadora para ser el siguiente en el trono, él no había tenido esa guía, se crío en otros tiempos después de todo. Su hijo continuaría su legado, su reino era joven, pero el príncipe se encargaría de que prosperara y se convirtiera en una gran potencia, no tenía dudas de ello.

Los golpes en la puerta fueron continuos, aun así, lo pillaron desprevenido. Observó la hora en el reloj digital de la pantalla portátil que descansaba a unos centímetros de las carpetas con los proyectos, y frunció sus espesas cejas ¿quién osaba con molestarlo a esas horas de la madrugada?

—Adelante —dijo en un tono monótono, a esas horas podía darse ese lujo.

Después de unos segundos, la puerta de madera se abrió y entró uno de los soldados que custodiaba la puerta, le reverenció al instante en que se asomó. Caminó hasta quedar unos metros de distancia de su escritorio y se arrodilló.

—Mi rey —habló con tono formal—un soldado solicita una audiencia.

—¿A estas horas? Despáchalo, que la solicite mañana y según mi agenda, lo puedo atender. —Ladró con el ceño arrugado y volvió su atención al documento en sus manos, pero el soldado no se movió. Levantó la mirada hacia él otra vez y esperó a qué se fuera, en cambio, el soldado carraspeó su garganta y habló.

—Es un saiyajin de elite, miembro del escuadrón del príncipe. Dice que tiene información que debe saber con urgencia.

El rey guardó silencio, su intuición trabajó rápido. No era solo lo de la información urgente lo que había llamado su curiosidad, fue el hecho que, de algún modo, involucraba a su hijo al ser del mismo escuadrón de él. Su mente trabajó rápido, los únicos soldados con los que trabajaba su hijo se trataban de los hijos de Bardock, el de Paragus y el de Tuce, un general del cuadrante sur.

—Hazlo pasar.

El soldado se puso de pie antes incluso de que terminara de hablar. No alcanzó a darle otra mirada al documento, cuando oyó pasos acercarse, levantó la mirada a tiempo para ver a la saiyajin caminar hacia él. La joven se arrodilló a cierta distancia, recordaba haberla visto en varias oportunidades en el aeropuerto espacial, pero no recordaba su nombre a pesar de ser miembro original del escuadrón de su hijo.

—Sé breve —habló y con su mano derecha, le indicó que se pusiera de pie. La joven se reincorporó con gracia, notó que tenía los ojos hinchados y rojizos, pero no le prestó demasiada atención.

—Cauli, miembro del escuadrón elite del príncipe —se presentó. No tenía miedo, tampoco nervios, solo un profundo rencor que necesitaba sacar de su cuerpo.

—Prosigue —contuvo el suspiro, y miró con disimulo la hora en su tableta digital, buscando medir el tiempo que le daría a la saiyajin.

—Lamento importunarlo, alteza —comenzó diciendo—pero lo que debo decirle, es de suma urgencia.

—Ve al grano —soltó escondiendo el cansancio.

—Sí —asintió la joven, suspiró profundamente y escupió, intentó no titubear, dijo todo con rapidez, casi sin respirar—el príncipe y Bulma, mantienen una relación personal en secreto.

El rey frunció el ceño, no escondió la confusión que pintó sus rasgos. Relamió su labio inferior y carraspeó la garganta.

—¿Relación personal? ¿a qué te refieres, joven? —cuestionó—sé clara. —Sin embargo, a pesar de no entender sus palabras, su corazón latía deprisa, y los nervios aumentaron paulatinamente.

—Tienen encuentros sexuales —murmuró con su voz átona.

—No —dijo sin pensar—eso es imposible. Mi hijo y Bulma no tienen ese tipo de relación, yo los conozco.

—También creí conocerlos —susurró para sí misma, pero el rey la oyó de todas formas—si va ahora al cuarto del príncipe, los encontrará juntos. Seguramente se quede allí, pues partiremos en una misión al amanecer —apretó sus manos en puños al pensarlo.

—Estás muy segura de tu información —dijo con desconfianza—¿cómo es que sabes de esto y hace cuánto?

—Me acabo de enterar —tragó en seco y lo observó fijamente, intentando no dejar salir sus emociones personales—los vi caminar juntos hacia los aposentos del príncipe, decidí seguirlos… fue hace unos minutos atrás, creí que debía saberlo.

El rey no respondió. Se quedó viendo a la joven, sin parpadear, analizando sus rasgos, su voz, tono y movimientos, cada gesto no verbal, buscando mentiras. No encontró nada, por el contrario, la vio expuesta, y aunque no la conocía, podía notar lo mucho que le afectaba la situación, no entendía por qué, pero no le importaba, no en ese momento.

—La corona agradece tu lealtad —soltó por fin—puedes retirarte. —La joven asintió y le reverenció, antes de salir, el rey volvió a hablar—…Y Cauli, te ruego discreción. Nadie puede enterarse de esto. —La saiyajin volvió a asentir, y salió de la sala.

Sus ojos negros vagaron por la habitación, como si buscara algo o a alguien en particular, sus pensamientos no estaban ordenados, pero su cuerpo entero reaccionaba a la información que le acababan de dar. Le temblaban las manos, tenía los labios sellados, como si quisiera aprisionar el grito que quería salir desde el fondo de su garganta. Su corazón no dejaba de latir con fuerza, como si hubiera dado mil vueltas alrededor del palacio y que, por su edad y el descuido en su entrenamiento, no resistiría como antes ¿hace cuánto que no sentía aquello? el corazón llegaba a dolerle en el pecho, sentía como si se lo estuviesen apretando, un golpe tras otro, dificultándole la respiración. Sus ojos le ardían, seguramente por el trabajo en exceso, pensó. Le crispaban los dientes, ni siquiera era consciente del sonido que hacían al chocar. Pasó varios segundos en blanco, quizás un minuto o dos, en el que el ardor de sus ojos le fue imposible de soportar y terminó refregándoselos con ambos dorsos de sus manos, entonces sintió la piel húmeda por el llanto que se asomaba por sus lagrimales, pero lo ignoró. Lo único que tenía claro era la sensación de traición que se había calado en su pecho.

Tragó con dificultad ¿podía llamarlo una traición como tal? No alcanzó a pensarlo, a su mente vino cada momento en que compartió con Bulma, desde que era una niña hasta la última vez que la había visto durante esa semana. Ya no era una niña caprichosa y chillona, era una mujer joven, audaz e inteligente, alegre a pesar de todo lo que había vivido y trabajadora, su sonrisa… ¿Cuántas veces le regaló su sonrisa? ¿cuántas veces se burló de él con su bella sonrisa? Volvió a tragar, pero el nudo en su garganta le incomodaba «¿desde cuándo?» se preguntó, apretó sus manos en puño y bufó exasperado «¿desde cuándo me ves la cara de imbécil?». Era fácil para el rey creer en las palabras de la saiyajin a pesar de nunca imaginar algo así ¿por qué? Hacía memoria, y podía contar con las manos las veces que su hijo y ella compartieron en una misma habitación ¿lo suyo había empezado en el viaje al asteroide Novax 67? Compartieron bastante en ese viaje, y casi al instante de preguntárselo, las palabras de la joven resonaron "¡el príncipe no es gay!", había afirmado con absoluta convicción ¿se debía a que ellos tenían una relación?

Intentaba recordar, cada detalle, mirada, cruce de palabras, gestos… pero nada venía. Bardock se lo había advertido antes ¿por qué no le prestó atención? ¡ah! Por su hijo… creía firmemente que su hijo jamás se fijaría en Bulma, no de esa manera al menos. Siempre actúo indiferente con ella, creyó firmemente que el príncipe había madurado y que por ello ya no reaccionaba de forma explosiva con la presencia de ella. Su consejero se lo dijo muchas veces y lo hizo callar siempre, jamás pensó que aquello se le regresaría como un fuerte golpe en el rostro ¿qué había entre ellos? ¿qué tan seria era su relación? Bardock le insistió muchas veces que lo que su hijo sentía hacia Bulma eran etapas de la unión ¿era así? ¿era posible que se diera entre especies diferentes? Le faltó la respiración de repente.

¿Desde cuándo? Volvió a preguntarse y la ira le saludó. Se sentía estúpido, lo que fuese que había surgido entre sus hijos, había pasado bajo su techo, frente a sus narices y no se dio cuenta. Sus hijos. Ella no era su hija, pero no podía evitar sentir aquella sensación molesta, la indignación por saber que lo que había cuidado tanto tiempo, había sido profanado quizá desde hace cuánto y él no pudo evitarlo. Entre tantas mujeres en las que se pudo fijar su único hijo ¿por qué debió ser Bulma? Debería estar tranquilo al confirmar que su hijo definitivamente no estaba interesado en machos, pero ni siquiera podía detenerse en ello, no dejaba de cuestionarse: ¿cómo había pasado? ¿quién buscó al otro? ¿desde cuándo? Se repitió.

Necesitaba respuestas, no podía dejar que aquello le carcomiera el alma y, sobre todo, debía pararlo. No permitiría que sus hijos, no, que su hijo se involucrara con una científica de otra especie, no lo había criado para eso, quiso convencerse. Cuando se decidió, ya había amanecido. Se había pasado toda la madrugada pensando, cuestionándose, sintiéndose un completo idiota, no dejaría que todo ello continuara. Ni siquiera firmó el documento que había leído antes de que entrara la saiyajin con semejante información, lo dejó caer a la mesa del escritorio y se reincorporó con rapidez, había estado muchas horas en la misma posición, por lo que sus huesos crujieron cuando se movió y sus articulaciones dolieron, el paso de la edad estaba siendo más cruel con él que con cualquier saiyajin de su edad.

Sus pasos resonaron en la habitación, caminó a paso rápido y abrió la puerta del salón, los guardias de turno se sobresaltaron al oírlo y le reverenciaron a la brevedad. Ignoró sus saludos y retomó el rumbo hacia la nave de la joven. A esa hora ella no estaría en pie, necesitaba enfrentarla y pedirle explicaciones, aquello no lo dejaría pasar. Sentía que, en todo momento, su corazón bombeaba fuerte, su sien se había perlado en sudor, y el calor se había instalado en cada rincón de su cuerpo, en el estómago sentía como si se hubiera tragado un banquete para cien saiyajin sin un trago de agua o alcohol. No estaba controlándose, la compostura la había perdido y no le importaba, lo único que necesitaba era detener esa aberración que estaba pasando a su espalda. Por suerte, no había mucho movimiento en el palacio y nadie presenció su arrebato.

En menos de diez minutos, llegó al sector más alejado y solitario del castillo. El terreno que antes había sido de su mujer, la tierra rigurosamente cuidada y trabajada, que, sin pensarlo, le había entregado a la humana para que se instalara. La joven había cuidado con el mismo ímpetu las plantas y árboles, había plantado otras verduras y flores, sintió el nudo en su garganta al volver a ese sitio. Casi nunca lo visitaba, desde que Lisab había muerto, lo hacía recurrente, pero una vez que dejó a Bulma vivir allí, recordaba haberla visitado una o dos veces. El sol aun no golpeaba el césped ni la nave, había una brisa fresca que le sacudía algunos mechones. Dio una profunda bocanada de aire, buscando la determinación que, en ese momento, no sentía. Se había movido con la idea de obtener respuestas, pero ahora que estaba tan cerca, se congeló ¿y si lo que se encontraba era peor de lo que pensaba?

Sacudió su cabeza, y caminó hacia la rampa. Subió dando zancadas largas, llegando a la puerta en solo cuatro pasos. Al quedar frente a la entrada, tocó el timbre un par de veces y esperó. Pasaron unos minutos, agudizó el oído, pero no escuchó ningún ruido proveniente del interior de la nave. Impaciente y molesto, insistió diez minutos más, entre tocar el timbre y golpear la puerta. Bufó resignado ¿cómo podía tener el sueño tan pesado? Si o sí debía estar durmiendo, a esa hora no trabajaba ni en su compañía ni en el laboratorio, "si va ahora al cuarto del príncipe, los encontrará juntos", la voz de la joven saiyajin resonó en su cabeza, como un eco que no dejaba de repetirse. Se dio la vuelta lentamente, sus movimientos se tornaron automáticos, cada paso, cada respiro, todo lo hizo de forma ausente, mientras las palabras de la saiyajin se le repetían una y otra vez, atormentándolo.

Volvió por el pasillo, caminando lentamente, intentando postergar de forma inconsciente lo que estaba por presenciar. Llegó al cruce entre pasajes, y volvió a lamentarse, ellos estaban demasiado cerca y ni siquiera había reparado en ello. Siguió el recorrido, observó las paredes pulcras, extremadamente limpias, la alfombra refinada que cubría el centro del pasadizo, las piezas de arte y cultura saiyajin que se exhibían cada ciertos metros, lo mejor de lo mejor estaba en el sector del palacio de su hijo, siempre fue así, se esmeró por darle la mejor educación, alimentación, entrenamiento, cada cosa que pidió y necesitó, todo le entregó. Buscó una y otra vez cubrir sus necesidades intimas, y él siempre lo excluyó ¿Por qué ya tenía con quien explorar todo ello? ¿era eso? Cada pensamiento que lo asaltaba, terminaba con una única idea en mente: se habían burlado de él, se sentía estúpido y traicionado.

Cuando se detuvo frente a la puerta, se quedó en su sitio inmóvil, mirando la madera rojiza ¿estaba seguro de entrar? Si se encontraba con ellos ¿qué haría? ¿qué diría? Tragó en seco, necesitaba saber, necesitaba enfrentarlos, pero no se sentía capaz. Llevó su mano derecha a su frente y respiró profundamente un par de veces, tenía que afrontar la situación, a los niños, debía… debía ser rey sin excepción. Debía prepararse para lo que fuese, podía encontrarlos en el acto, o tal vez nada, quizá la joven se había equivocado y Vegeta estaba con alguna criada o concubina personal que escondía muy bien, de la que nadie estaba enterado…no ¿cómo era posible que nadie se diera cuenta de ello? No tenía sentido «así como escondió su relación con Bulma» le respondió una vocecita en su cabeza. Levantó el rostro con osadía, su mano dejó de temblar y la posó en el pomo, giró con rapidez y la abrió de golpe. Suspiró ruidosamente, se encontró con ropa esparramada de su hijo y… observó fijamente las prendas coloridas, su pecho se apretó y los latidos de su corazón se volvieron dolorosos y difícil de soportar, llevó su mano hasta su corazón y sobó con movimientos circulares, la respiración se le dificultó de repente y todo en la habitación daba vueltas, y a pesar de sentirse débil, siguió avanzando. Al llegar a la puerta hacia la habitación, se quedó de pie unos segundos y con su mano libre, la abrió con suavidad, y se asomó por el umbral, esperanzado, a pesar de estar viendo todas las evidencias, seguía ilusionándose, pensando que todo eso era mentira.

Y aun en la distancia, pudo identificar su melena turquesa entre las sábanas elegantes de su hijo, y su rabia resurgió como un volcán en erupción. Su rostro se volvió rojo, su entrecejo se arrugó al punto de que cada extremo de sus pobladas cejas parecía tocarse, sus dientes rechinaron y por primera vez desde hace 20 años, su cola se desanudó de su cintura y se sacudió con violencia, azotando el viento ruidosamente. Sus ojos negros vagaron por toda la habitación, fijándose en el desorden en las ropas de cama, en la bandeja con aperitivos a medio comer, la toalla húmeda en el suelo, entonces reparó en que su hijo no estaba allí. La misión, se explicó a sí mismo, Cauli le había dicho que estarían juntos toda la noche, pues el príncipe partiría al amanecer, y ya había pasado casi una hora desde que el sol había salido.

Caminó hasta la cama dando pasos sonoros, haciéndose notar, pero la joven no se despertó, solo consiguió que se acomodara más entre las sábanas y la ira creció en el rey.

—¡¿Qué diablos haces en la habitación de mi hijo?! —gritó tan fuerte, que la garganta le quedó ardiendo. La joven pegó un brinco en su sitio, miró somnolienta hacia todos lados, hasta que reparó en su presencia. Cualquier rastro de letargo desapareció en el cuerpo de la joven. Vio el rostro de la que alguna vez fue una niña, cambiar entre sorpresa y miedo, abrió sus grandes ojos y lo contempló en silencio, al mismo tiempo, se cubría con la sábana, escondiendo su desnudez y el rey no pudo seguir conteniéndose ¡estaba todo allí! era evidente lo que había sucedido en esas paredes, olfateó el aire encerrado sin ventilar y la esencia ácida mezclada con sudor, solo le corroboró lo que ella no se atrevía a decir. La respuesta a su pregunta no era necesaria, solo agravaba la falta, pero el rey la quería, le urgía saber cada detalle de su mentira.

—¿Q-qué hace aquí? —preguntó nerviosa la joven, abrazándose con más fuerza, temblaba y no podía dejar de verlo. Jamás en el tiempo que llevaba en el planeta, había visto al monarca furioso como ahora, sus ojos negros no se despegaban de los suyos, su cola se meneaba de lado a lado y no lentamente como lo hacía la del príncipe, se sacudía con violencia, parecía otra persona. Sus ideas no estaban ordenadas, lo único que tenía en mente era que alguien llegara, no quería estar a solas con el padre del príncipe.

—Es la habitación de mi hijo —respondió rechinando los dientes—la que debe dar una explicación eres tú ¿qué mierda haces en su habitación, en su cama, cubriéndote con sus sábanas?

Bulma respiró con pesadez, no dejaba de observar al hombre que alguna vez vio como un padre, ni siquiera podía explicarse, formular alguna oración, su voz estaba atorada en su garganta ¿qué podía decir? miró fugazmente por la habitación, la toalla del príncipe estaba en la alfombra a los pies de la cama, él se había ido y ahora estaba sola enfrentándose al rey. Frunció sus delgadas cejas ¿qué quería que le explicara? La escena delante de ambos era bastante obvia. Respiró profundamente y abrió la boca para hablar, pero su mente no enviaba las señales correspondientes, se sentía vulnerable. Se cubrió lo que más pudo con la sábana y se abrazó con fuerza, evitando que la tela cayera, el rey ni siquiera la miraba como una mujer, lo podía notar, lo que había en sus ojos era rabia, no veía nada más.

—Te hice una pregunta —continuó el rey, sus ojos estaban desorbitados, parecían que en cualquier momento se le caerían. Bulma se hizo pequeña de pronto, y el rey le pareció como un monstruo que acecha en el armario y que sale cuando sus padres no lo ven. La habitación dio vueltas a su alrededor, sus ideas no se ordenaban y lo único que pedía, era que Vegeta volviera y le ayudara a confrontar la situación. Lo que más temían se había vuelto real, el rey había descubierto su relación de la peor forma posible.

—¿Qué quiere que le diga? —terminó preguntando, agachando la mirada, como una niña pequeña que es descubierta en una travesura.

—¡¿Qué mierda haces aquí?! —gritó, asustándola. La joven dio un brinco en su asiento, sintió sus ojos humedecerse y miraba a todos lados, buscando auxilio. Entonces en el fondo, vio a Teeb asomarse por la puerta principal. Se sintió aliviada de pronto, como si su escolta pudiera defenderla de lo que fuera que planeaba el rey. Aun así, le dio valor ver al saiyajin que se aproximaba con cautela al ver la gravedad de la situación. Lo vio escribir en su comunicador, y rogó a su dios que a quien le escribía, fuera a Vegeta.

—¡Pasé la noche aquí! —respondió con un grito agudo, cerrando los ojos, evitando ver su enojo. Pero lo único que reflejaron los ojos negros del rey, fue la decepción.

Sintió de repente que había vivido todo ese tiempo en un engaño. Creyendo que tenía todo bajo control, que tarde o temprano su hijo sentaría cabeza y se haría cargo del reino, dejaría descendencia y él podría descansar tranquilo con esa idea. Que Bulma seguiría trabajando para él, haciendo crecer la economía del reino gracias a su tecnología de punta, y que, con ello, el futuro de los saiyajin estaba asegurado. Irónicamente, jamás pensó ni esperó que la joven algún día tuviera una pareja o familia, ahora la realidad le golpeaba directo en el rostro ¿Cuándo perdió el control? ¿Cuándo se volvió un idiota fácil de engañar? Sus manos temblaron, su cola se quedó estática y sus dientes rechinaron, miró a la joven en su sitio que evitaba sus ojos y lo entendió. Le había dado demasiadas confianzas, su hijo tuvo razón cuando ella llegó al planeta, nunca debió ser considerado… si solo la hubiera tratado como una especie más bajo su servicio, nada eso hubiera pasado. Quizá no habría sobrevivido más de cinco años, pero no se habría involucrado en ningún aspecto con la corona… porque ahora, era tarde. Ella lo había embaucado, su inteligencia y su personalidad le había destruido en tantos sentidos. Los protocolos los había dejado pasar, le había cedido tierra que era importante para él, le había dejado un guardia para cuidar su integridad física, ahora su trabajo era monetizado… tanto le había entregado ¿para qué? ¿para que se metiera a la cama de su hijo? ¿con eso le pagaba? Había seducido a ambos, a su hijo y a él en diferentes maneras, a su hijo lo había embrujado con sus encantos femeninos ¿y él? Él… él la creyó parte de su familia. Nuevamente la idea de que sus hijos se habían acostado lo asaltó, y el asco y la rabia arrasaron todo a su paso.

Su mano se movió con rapidez, directo al rostro de la joven, sin medir la intensidad del golpe, pero antes de tocarla, una sombra se coló por delante, llevándose el manotazo directo en el costado. Fueron segundos, en los que el rey comprendió con rapidez, que Teeb se había interpuesto entre ambos. Respiró agitado, con más rabia que antes, su cola azotó el aire con fiereza y observó como la joven exclamaba sorprendida al tener encima al guardia.

—¡Teeb! —exclamó la joven al ver al saiyajin casi recostado sobre su regazo, apoyando su rostro en su hombro, notó la mano del rey marcada en su brazo izquierdo, la zona se había vuelto roja con rapidez y se hinchó en la parte de los dedos. Si ese manotazo le hubiera llegado a ella ¿qué habría pasado? Sintió el sudor frío recorrerle el espinazo, tenía la ligera sospecha de que no lo habría podido soportar.

—¡Su majestad, por favor! —habló el soldado volteándose lentamente, mientras extendía sus manos delante de la joven, como un escudo humano.

—¡¿Qué significa esto, Teeb?! —cuestionó alzando la voz—¡Hazte a un lado! ¡Es una orden!

—¡Pudo quebrarle el cuello! —refutó el soldado. Para esas alturas, Bulma había comenzado a llorar sin siquiera darse cuenta. Las lágrimas caían una tras otra, le era difícil de procesar lo que estaba sucediendo. El rey los había descubierto, estaba molesto y ¿le había intentado golpear? Su respiración se hizo lenta, veía la espalda ancha de Teeb que le escondía y lo único que podía pensar era en que necesitaba a Vegeta junto a ella.

—¡No es asunto tuyo! No protejas a esa zorra —el llanto y miedo pasó al segundo plano para la joven. Bajo ninguna circunstancia, toleraría aquello ¿por qué, cada vez que se enojaban con ella, la insultaban así? Arrugó el entrecejo y limpió sus lágrimas con el dorso de su mano derecha.

—¡No soy ninguna zorra! —le gritó, asomándose por el hombro derecho de Teeb—¡Vegeta y yo nos amamos! Y aunque no le parezca —hablaba rápido, sin medir sus palabras ni la repercusión de éstas—¡lo hecho, hecho está! Nada de lo que diga puede borrar lo que pasó.

—¡Maldita malagradecida! —exclamó furioso—te di cobijo, te protegí, te cuidé y ¿así me lo pagas? ¡Seduciendo a mi hijo! ¿por tu culpa, Vegeta nunca quiso involucrarse en ningún tratado de alianzas ni dejar un heredero? ¿tú estabas detrás de todo? ¡maldita oportunista!

—¿Protegerme? —se preguntó con ironía—¿le recuerdo todo lo que me pasó en su maldito planeta?

—Bulma, por favor, guarda silencio —le susurró Teeb, y por primera vez desde que le conocía, lo vio nervioso.

—¡Zorra oportunista! Estás lavándole el cerebro a Vegeta —le apuntó con el dedo y Bulma solo pudo abrir la boca con sorpresa, su acusación la dejó sin habla —haces lo que quieres con él, a cambio de sexo ¿dónde aprendiste eso? ¿hace cuánto tiempo que tienes embrujado a mi hijo?

—¡S-su hijo no es imbécil! Él es capaz de elegir y decidir ¡No tenemos la culpa de habernos enamorado! —su voz a esas alturas sonaba quebrada, y no dejó de llorar en ningún momento.

—¿De qué mierdas hablas? ¿Amor, enamoramiento? Esas cosas no existen en el pueblo saiyajin —dijo negando—si Vegeta se involucró contigo, es porque lo sedujiste ¡Lo manipulaste! Y eso no lo permitiré nunca más.

—Somos adultos —respondió rechinando los dientes—no puede prohibirnos nada.

—Soy el rey —su tono era severo, y en sus rasgos no había rastro del saiyajin que fue alguna vez con ella. Bulma contuvo el aliento, observó fijamente sus ojos negros y los notó tan distintos a los de su príncipe. Vegeta siempre mantenía un muro alto que lo protegía, se mantenía distante y frío, pero no con ella. A ella le mostraba su verdadero ser, en cambio el rey, no lograba descifrarlo, solo veía rabia y descontrol—Vegeta me debe obediencia, tú me debes obediencia. El maldito planeta entero, me debe obediencia. Y te vas ahora mismo de mi planeta.

El cuerpo de la joven se congeló. Cualquier idea intrépida o respuesta con argumento sólido, se le olvidó apenas le oyó ¿la estaba echando? Lo primero que pasó por su mente era en como vería nuevamente a Vegeta, qué le diría, como podían afrontar lo que estaba cayendo sobre ellos, luego, sus ideas se esfumaron y llegó la rabia, la frustración ¿por qué le pagaban con ese trato, después de haber hecho tanto por el maldito pueblo saiyajin? Respiró agitada, sentía sus mejillas calientes e imaginaba que lucían sonrojadas, pero no le importó. Miró a su alrededor, buscando su ropa, y recordó que estaban en la otra habitación, se envolvió un poco más en las sábanas y sin dejar de fruncirle el ceño, habló.

—No tengo ningún problema, lo único que me mantenía aquí era su hijo y mi corporación —soltó orgullosa—y mi corporación me la puedo llevar, y su hijo… —sonrió burlesca—me seguirá a donde vaya.

—¿Eso crees? —soltó en un susurro amenazante—tu corporación se queda, no sacarás nada de este planeta y Vegeta es leal al reino, a su reino. Seguirás trabajando para mí, si es en una celda, pues así será. No volverás a ver a mi hijo.

—Corporación capsula, soy yo —respondió seria, para ese momento, el llanto había cesado, estaba haciendo uso de su mejor autocontrol, no dejaría que viera lo mucho que le habían dolido todas sus acusaciones—quédese con el inmueble. Es lo último que tendrá de mí. —Se movió hasta la orilla de la cama opuesta de donde estaba el rey, arrastrando la sábana consigo mientras se envolvía en esta—veremos cuanto tiempo tarda en encontrarme para llevarme a una celda, porque yo no trabajaré ni un mísero día más para usted.

El rey alzó ambas cejas con sorpresa, su atrevimiento había llegado muy lejos y era su culpa ¿y como no sentirse así? Si él la protegía, le daba crédito por su trabajo, y encima, tenía al príncipe de su parte, había jugado bien sus cartas y eso había incrementado su ego, pero no lo permitiría nunca más. La observó buscar sus cosas, ajena a su escrutinio, como si la discusión que acababa de suceder no tuviera importancia, como si sus órdenes no valieran nada ¡maldita mocosa! Preso de la ira, levantó su mano para atacarla con una esfera de energía, pero el escolta de la joven se puso delante entre ellos, lo empujó con su hombro y extendió su mano hacia ella, Bulma lo notó y se quedó estática en su sitio, con los ojos bien abiertos, el sonrojo de sus mejillas se esfumó en cosa de segundos y antes de poder lanzar el halo de luz, sintió un agarre fuerte proveniente desde atrás, giró bruscamente al mismo tiempo que cerraba su palma, Bardock le sostenía los brazos y le miraba asombrado y asustado.

—¡Alteza! —exclamó el consejero—¡sea razonable! —suplicó, en su voz se oía la desesperación. Bulma reaccionó a tiempo al verlo, seguramente Teeb le había mensajeado en vez de a Vegeta, tenía sentido. Recogió un poco la sábana que se arrastraba en el suelo y corrió hacia la salida, debía aprovechar la interrupción del padre de sus amigos.

—¡¿Razonable?! ¡Se acostó con mi hijo! —gritó mirándolo con rabia. Bardock no lo soltó, esperó no ver a Bulma en la habitación para dejar de forcejear con su rey.

—¡Debemos conversar con ellos! Atacarla no le ayudará a nadie…—insistió sin dejar de mirarlo—por favor, alteza. Sea razonable, entiendo su desconcierto, pero debemos…

—Esa perra no seguirá viendo a mi hijo —exigió en tono amenazante—y él —apuntó a Teeb, que estaba en el suelo, mirándolo expectante—manda a ese traidor a una celda.

El grupo de soldados que llegaron a los aposentos junto con el consejero, le obedecieron sin perder tiempo. Se acercaron con movimientos precisos, el rey se hizo a un lado junto a Bardock y observó cómo entre cuatro saiyajin, tomaban a Teeb y lo arrastraban fuera del dormitorio. El consejero más leal a la corona guardó silencio, dio una mirada rápida a la cama, la bandeja con alimentos y el olor a sexo y sudor que aun deambulaba por la habitación del príncipe, y a pesar de lo delicada que era la situación, a él no le sorprendió. No quiso mirar al rey, no quería que viera su rostro impávido, que decía en todos sus rasgos un "se lo advertí", pues desde el principio, pudo notar la atracción que el príncipe sentía por la joven, pero el rey siempre fue ciego, sordo y mudo, jamás quiso prestarle oído y la última vez que lo intentó, le ordenó no volver a hablar del tema y ahora allí estaban, descubriendo la relación secreta entre el heredero y la presidenta del departamento tecnológico, de la peor forma inimaginable. Se venían duros días para el rey, se venían días difíciles para el reino. Ya podía ver la disputa que iniciaría, pues el príncipe no dejaría ir a la joven. Bardock lo sabía, sabía que lo que al rey le molestaba era la mentira, pero, sobre todo, que fuese Bulma la que estaba con su hijo, pero lo que no estaba viendo, era que lo que habían descubierto era la punta del iceberg. El príncipe no tenía algo fugaz con la joven humana, lo de ellos era más serio de lo que imaginaba el rey, y estaba seguro que decírselo ahora, solo sería provocar más al monarca.


(…)


No recordaba haber corrido tan rápido en su vida. Ni siquiera en una misión donde su integridad física estaba expuesta. Lo cierto era que, a pesar de estar desnuda y cubriéndose solo con una sábana, Bulma corrió a toda prisa por el pasillo hasta llegar al cruce, y doblar hacia el pasaje que la guiaba a su nave. Debía huir. No sabía cuánto tiempo más Bardock podía distraer al rey, quizá lo hacía a propósito, o realmente era una maravillosa oportunidad para ella, lo cierto era que necesitaba salir del planeta a toda velocidad. El rey no solo la había echado, también intentó atacarla en dos oportunidades, si no hubiera sido por Teeb y luego Bardock, seguramente no hubiera sobrevivido ese encuentro.

¡Maldita suerte la suya! ¿Cuándo iba imaginar que el día comenzaría así de mal? De todas las veces que pensó e idealizó oficializar su relación, diciéndole de lo suyo con el príncipe a todo el mundo, incluyendo al rey, nunca pasó por su cabeza ese resultado. Si bien, la opción de que se opusiera siempre estuvo, no creyó que reaccionaría así de mal. Tragó con dificultad, no era el momento de pensar en ello, debía salir del planeta lo antes posible. A medida que avanzaba hacia su nave, recordó el grupo de soldados que había visto llegar con Bardock ¿para qué estaban allí? su corazón latió deprisa, el miedo se esparció por cada centímetro de su menudo cuerpo y el sudor frío recorrió su espalda. Si el rey daba la orden, esos soldados la podían atrapar en cosa de minutos. De pronto, el llegar a su nave se le hizo eterno.

El sol ya había golpeado las plantas y la enorme esfera metálica, cuando llegó al terreno que estaba al aire libre. Por un momento, sintió como si lo estuviera viendo por primera vez, se vio ahí, de pequeña, junto al rey, cuando se lo había entregado para vivir allí. Sus ojos se llenaron de lágrimas, y su pecho se encogió, dando espasmos repetitivos a medida que el sollozo aumentaba sin poder controlar, la visión se le nubló y caminó un poco a ciegas. Su respiración agitada le dolía en el pecho, subió la rampa dando pasos largos y puso la clave de acceso con los dedos temblando. La puerta tardó en abrirse, o al menos bajo la situación, se le hizo lento. El ronroneo de los engranajes le hizo estremecerse, no esperó que se abriera del todo e ingresó con rapidez. Presionó el botón rojo para cerrarla, y se quedó de pie observando el césped, las plantas, su regadera rosada, la manguera desordenada cerca del huerto y el rastrillo oxidado por dejarlo afuera. Sus ojos zafiro no parpadearon hasta que la puerta cerró y dejó de ver todo su trabajo en el jardín. Ella nunca fue buena cuidando plantas, decidió hacerse cargo porque quería mantener el legado de su madre, aun recordaba sus hermosos jardines que cuidaba con esmero. Aquel trozo de tierra tan bien cuidado, parecía importante en el castillo y quiso mantenerlo así, ahora nada de eso importaba.

Se movió hacia el panel de control y observó los botones y palancas. Tomó la negra, la que hacía de ancla a tierra, y la movió hacia arriba. Encendió el motor y sin dejar de temblar, y llorar, inició el despegue. Se puso el cinturón, le costó con los pliegues de sábanas que se mal doblaban en su cintura, pero lo consiguió a tiempo, y en un minuto exacto, la nave tembló completa, comenzó el ascenso y entró sus patas metálicas, y Bulma estalló en llanto. Entre gimoteos y gritos, la joven y su nave salían de la atmosfera del planeta que le había dado asilo desde que tenía cinco años. El grito le desgarraba la garganta, apoyó sus manos al borde del panel de control y no dejaba de llorar, pensando en todo lo que había dejado atrás, y que ya no volvería a ver.

Aquel pasaje que, con solo un pequeño desvío, podía llevarla hasta él. Sus amigos, que no tuvo la oportunidad de despedirse ni explicarles nada, el rostro de Raditz sonriéndole, Kakarotto bromeando con alguna cosa que solo a él le divertía, el semblante sereno de Broly, la mirada comprensiva de Cauli. Ni siquiera le había contado a su amiga que estaban enamoradas del mismo hombre, no había tenido oportunidad de disculparse con ella. Los soldados que siempre la miraban mal cuando iba a molestar al salón principal, pero que, en el fondo, la estimaban y ella a ellos. Era la costumbre, la cotidianidad. Llegar al salón, ver al rey ocupado y aun así darse el tiempo de responder sus preguntas, de reír con ella y de echarla del salón cuando se volvía tediosa ¡El rey! Sus palabras crueles resonaron en su cabeza ¿realmente creía todo ello? ¿Qué había engatusado a Vegeta? Su pecho se apretó, provocándole dolor en su corazón, le costaba respirar, el hombre que alguna vez vio como una imagen paterna, la odiaba y la había echado de su castillo, de su planeta y le prohibía ver a su hijo, al único hombre que amaba. El rostro sonriente de esa mañana, que la besó con dulzura antes de irse ¿perdería a la persona que más amaba otra vez? no. Sus padres jamás volverían, pero tenía una oportunidad con Vegeta y no lo dejaría ir, aunque el rey se volviera su enemigo.

Aun temblando, tomó su comunicador y le arregló algunos ajustes, para que pudiera captar la frecuencia con mayor alcance y, le bloqueó el número de registro, así no podrían rastrearla, tardó diez minutos en hacerlo. La nave estaba por salir de la atmosfera, debía apresurarse o no captaría bien la señal del comunicador de Vegeta, rastreó su comunicador y le escribió, contándole lo sucedido. Esperó que el sueño no le ganara al príncipe, que a pesar de no haber dormido mucho la noche anterior, pudiera vencer la hibernación de su nave y despertar por la notificación de su mensaje. No era solo por ellos, temía por la vida de Teeb y no sabía qué había pasado con él o que pasaría con el soldado. Sus dedos temblaban, y cuando envió el mensaje, recién se percató de algunas faltas ortográficas, de que se había comido algunas letras, pero con los nervios y ansiedad del momento, no le importó. Lloró nuevamente, y sin dejar de hacerlo, configuró su nave en modo oculto. Lo que le había dicho al rey era cierto, si intentaba buscarla, no lo conseguiría.

Se desplomó en su asiento, observó el espacio vasto y oscuro, con sus miles de millones de estrellas y constelaciones, se sintió pequeña de pronto. Otra vez estaba sin un hogar, otra vez sola. Sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas, y antes de caer un par de gotitas por su mejilla, el comunicador vibró. Se sobresaltó en su silla y miró el aparato, abrió la ventana de mensajes y sonrió.

—No… —susurró—no estoy sola. Vegeta nunca me dejará sola. —Se dijo en voz alta, convenciéndose, dándose apoyo. Releyó el mensaje una y otra vez y suspiró. El nudo en su estómago se formó al instante, saber lo que haría el príncipe no le aliviaba, pero a la vez, era lo único que podían hacer. Solo temía por él, rezó por primera vez desde que su planeta había sido destruido, y lo único que pidió, fue por el bienestar de Vegeta.

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N/A: Lamento mucho tardar tanto con la actualización de este fic, al tenerlo terminado en mi cuadernito de Jon Snow, que no me nace redactarlo. Soy lo peor.

Volviendo al cap, espero que no les haya sacado de onda lo que pasó, o las reacciones de los personajes, intenté describirlas lo que más pude para que se entendiera, espero haberlo conseguido. El rey, está dolido y se siente traicionado, a pesar de ser saiyajin, él en parte crío a Bulma y que esté con Vegeta, no le hace para nada de gracia. Cauli... una mujer despechada y traicionada por su mejor amiga es peligroso, pero no tiene la culpa. Todo se orilló para que la verdad saliera a la luz así. Quedan alrededor de 5 cap o menos, para finalizar el fic. Sé que he demorado mucho, y que ya no estamos los mismo que empezamos con el fic, pero bueno, lo terminaré e intentaré que sea decente.

Quiero agradecer infinitamente a Gorritz Yari, sin su apoyo, no podría estar en estos momentos conectada ni publicando el cap. Muchas, pero muchas gracias!

Espero leernos pronto, y que estén todos muy bien, ojalá que el cap les ayude a lidiar con la situación a nivel mundial por el covid-19 x-x

Nos leemos y saluditos!

PD: lloré mucho escribiendo lo de Bulma al final, ando muy sensible hahaha y lloré demasiado, que tonta xD debo decir, que me gustó que Bulma se sintiera la princesa por como la trata Vegeta :'3 en este fic es bonita su relación.