Disclaimer:
La serie Naruto (tanto manga como anime) son propiedad de Masashi Kishimoto. Las letras y citas incluidas en el texto son propiedad de sus respectivos autores.
House of Crows pertenece a SilverShine, yo sólo me ocupo de la traducción.
La imagen de la portada lleva por nombre White Raveny es propiedad de Nat Jones.
Advertencias:
Clasificación M: Contenido adulto tal como lenguaje, sexo, etc.
La Casa de los Cuervos
Capítulo 29
Traición
Soy el salvajismo encerrado en una jaula,
Soy una fuerza creciente que mantuviste fija.
Soy un árbol que busca al sol.
Por favor, no me contengas.
Otro grito de alegría vino de una de las orillas del río mientras una cascada de cohetes se elevaba desde el otro lado para explotar y llenar el cielo nocturno con destellos de los colores del arcoíris. Aún si Ino disfrutaba mucho del espectáculo, no podía evitar temblar ligeramente contra el helado aire. Incluso si había conseguido apretarse entre Shikamaru y Chouji en esta manta, y se había formado una verdadera jaula de calor corporal, todavía había nieve en el suelo e invierno en el aire, e Ino dudaba que le estuviera haciendo algún bien a su piel.
—Tengo frío. —Se quejó innecesariamente.
—Deberías intentar usar ropa. Es grandiosa. —Choji aconsejó.
—¿Oh, sí? —¿Había detectado una indirecta sobre su vestimenta? —Si lo tienes, lúcelo. No voy a tener estas piernas el resto de mi vida, ni tampoco un abdomen tan fabulosamente tonificado.
—¿Quizás debería lucir también mi abdomen tan fabulosamente tonificado? —Chouji se preguntó, tomando los bajos de su grueso suéter.
—No. —Shikamaru dijo con firmeza.
—¡Cúbrete! —Ino chilló, horrorizada. —Se supone que esto es un evento para toda la familia.
Otra serie de estallidos encendieron el cielo y Shikamaru gruñó mientras echaba un vistazo a la multitud iluminada rodeándolos. Había algo más que desagradable y no apto para las familias ocurriendo a lo largo del río si alguien ponía atención. —Nah. —Dijo a Ino. —Todo el mundo está celebrando porque Iwa retrocedió y nuestros peleadores regresaron. Pero es ingenuo, si me lo preguntas. Hasta que escuchemos que Iwa diga directamente que la guerra se terminó, todo lo que están haciendo es reagruparse o algo. La pelea comenzará de nuevo en algunas semanas. O incluso días.
—Disfruta del descanso mientras dura. —Ino le dijo con sabiduría.
Él dio un molesto chasquido con su lengua. —¡¿Cómo podría?! La Hokage me tiene atrapando cuervos. Cada cuervo que pasa cerca de Konoha tiene que ser capturado o asesinado.
—Qué raro. —Chouji comentó.
—Con los rumores diciendo que el Sindicato se comunica usando cuervos, y después de ver que los invasores que destruyeron los puentes se convirtieron en cuervos, probablemente tenga razón de actuar así. Iwa quizá se haya retirado por ahora, pero los espías siguen operando. En serio quiere que los atrapemos.
—Dime sobre eso. —Ino suspiró. —Creo que está exagerando con eso de tenerme abduciendo gente al azar e invadiendo sus cerebros para descubrir si son miembros del Sindicato o no.
Él se encogió de hombros. —¿Puedes culparla? La gente ha muerto por el agua contaminada.
—Y son la razón por la que no puedes encontrar puerco fresco por aquí. —Chouji gruñó.
—Pobre Chouji. —Ino palmeó su hombro. —El racionamiento seguro nos pega más fuerte a unos que a otros.
—Tú estás disfrutando el régimen obligatorio, ¿Verdad? —Shikamaru dijo con la voz plana.
—Seguro. Es lindo tener a alguien más contándome las calorías. —Replicó con descaro.
Chouji comenzó a olfatear el aire frío. —Sabes, es gracioso que cuando comienzas a hablar sobre comida… comienzas a olerla… —Murmuró.
—No puedo oler nada. —Shikamaru le dijo.
—Chicos, juro que alguien está teniendo una parrillada por aquí. —Chouji se levantó, girándose en círculos para intentar localizar la fuente.
—Está alucinando. —Ino susurró con preocupación a Shikamaru.
—Mejor voy con él entonces. —Susurró también, levantándose.
—¡Espera- no- Shikamaru! —Ino protestó, dándose cuenta que su capullo de calor le había abandonado y ahora estaba expuesta al frío por todos lados. —¡Chouji! ¡Regresa!
No estaba bien. Cuando Chouji olía su comida favorita, no podía ser arrastrado de regreso. Ino envolvió los brazos alrededor de sus piernas y tembló. Ahora era todavía más difícil disfrutar de los deslumbrantes fuegos artificiales sin sus amigos para proveerle calor y entretenimiento.
Estaba resignándose al prospecto de que tendría que buscar a alguien más para acurrucarse, cuando otro ruidoso rubio colapsó junto a ella. —¡Hola, Ino!
—¡Naruto! —Le saludó alegremente. Él era un mamífero de sangre caliente, y eso era justo lo que necesitaba ahora. —¿Cuándo regresaste?
—Esta mañana- aunque tuve que ayudar a reconstruir el último de los puentes de regreso. —Le dijo, y ella podía ver que él había estado bebiendo gracias a la alegre mirada en su rostro y su absoluta impermeabilidad al frío a pesar de no tener abrigo. —¿No te importa que me siente aquí? Aunque Sakura no esté aquí…
Una corriente de ansiedad recorrió a Ino ante la mera mención de su amiga mutua. —Supongo. —Murmuró. Por favor, no hables de Sakura, rogó en silencio. Había temido la llegada de este chico a su hogar por la pura y sencilla razón que uno de sus principales temas de conversación era sobre una chica de la que tenía terminantemente prohibido hablar por la Hokage.
—¿Todavía está en esa misión? —Naruto le preguntó con curiosidad. Claramente no estaba abierto a ruegos psíquicos.
—Sí… ocupada, ocupada, ocupada, ¡Así es nuestra Sakura! —Ella dejó salir una risa estrangulada. Mierda, si este tipo descubría que su chica favorita estaba ocupada por su embarazo…
—Espero que esté bien. —Suspiró. —Parecía enferma cuando se fue.
—Oh, estoy segura de que ella está… bien. —Al menos esto era seguro. Kakashi enviaba actualizaciones semanales a la Hokage a través de sus invocaciones asegurándoles que Sakura estaba bien. Había dejado más o menos en claro que ella no regresaría a Konoha al menos hasta que el bebé naciera, pero si ella regresaría con él nadie sabía.
—Tampoco he visto a Kakashi-sensei desde que regresé. —Naruto lamentó, echando un vistazo a su alrededor. —¿También sigue en su misión?
Ino comenzó a sentir pánico. —Yo- uh- no- creo que no-
—¡Oh, hey! ¡Ahí está Tenzou! ¡Él sabrá! —Naruto tomó un puñado de nieve del suelo y lo lanzó a través de la oscuridad para golpear a un desprevenido hombre en la cabeza.
Siendo esta una forma poco educada de llamar la atención de alguien, Tenzou se giró con cautela para fijar en el par una expresión de confusión. Se separó del grupo de jounin con los que estaba hablando y caminó hacia ellos. —¿Hay algo que necesiten? —Preguntó mientras se acercaba, una botella de cerveza en su mano. —¿O sólo fue parte del abuso general que sufro?
—Tú eres amigo de Kakashi-sensei, ¿No? —Naruto le preguntó. —¿Lo has visto por aquí últimamente?
Tenzou miró a Ino por un momento, luciendo perfectamente casual. Cuando él habló, sin embargo, su voz se había elevado algunas octavas. —¿Kakashi? —Repitió. —Creo que está en una misión con Sakura justo ahora.
—¿Con Sakura? —Naruto les dio a ambos una mirada confusa, pero Ino cuidadosamente se giró así él no podría ver la tensión en su rostro. —Bueno… ¿Qué están haciendo juntos?
Tenzou se encogió de hombros. Él tenía la creencia de que si Sakura sabía lo que le convenía, ya hubiera puesto una orden de restricción contra ese hombre desde mucho tiempo atrás.
Por otro lado, Ino frunció el ceño lastimeramente, todavía decepcionada porque Sakura hubiera pedido a Kakashi entre toda la gente para acompañarla en uno de los periodos más difíciles emocional y físicamente hablando de la vida de una mujer. ¿Qué con 'las chicas deben ayudarse'? Había pedido a Kakashi porque tenía un estúpido enamoramiento hacia él…
Naruto echó un vistazo a los dos, ligeramente confundido ante el silencio casi… culpable que esa pregunta había dejado. —¿De verdad Sakura está bien? —Preguntó.
—¡Sakura está bien! —Ino dijo en voz alta. —¡Es la misma de siempre!
—Y Kakashi solo está ayudándole porque es un buen tipo. —Tenzou agregó. —Sí, ¿Qué otra razón necesitaría además de esa?
Ahora Naruto parecía más preocupado. —De acuerdo… creo. —Murmuró. —Um- veo a Sai. Mejor voy a saludarlo. Disculpen.
Él escapó con rapidez, lo que era entendible dada la repentina frialdad de parte de ambos que ponía a la nieve alrededor de ellos en vergüenza. Ino suspiró con alivio mientras él desaparecía a través de las multitudes, contenta de ya no estar en peligro de soltar información delicada, pero todavía temiendo la inevitable 'siguiente ocasión'. Ino honestamente no quería vender a Sakura, pero iluminar al ignorante de manera compulsiva era algo para lo que había nacido.
Tenzou se sentó junto a ella.
—¿Alguna vez has tenido que guardarte un terrible secreto para ti mismo? —Ino le preguntó de la nada. —¿Porque si la gente se entera de lo que tú sabes alguien saldría herido, pero no puedes evitar sentir que la gente debería saber lo que sabes porque sería lo suficientemente importante para herirlos en primer lugar? —Ella suspiró contra sus rodillas. —¿Sabes?
—Ni en lo más mínimo. —Tenzou dijo cortante. —No estoy guardando ningún secreto y si alguien te dice lo contrario, están mintiendo.
Se sentaron en un taciturno silencio por un rato, observando las magnificentes explosiones en el cielo, cada uno pensando en sus terribles secretos y por cuánto tiempo exactamente podrían aguantar ahora que alguien como Naruto estaba de vuelta en la aldea.
Entonces Tenzou tosió y se inclinó hacia ella. —¿Quieres ir de nuevo a mi casa? —Preguntó, de una forma en que probablemente él creía era casual.
Ino le dirigió una mirada horrorizada, como si no creyera su atrevimiento al hacerle una invitación tan sucia en un momento como este. Eso hasta que recordó cuánto frío tenía, y luego se encogió de hombros y dijo: —De acuerdo.
Un ceño fruncido se había acomodado en el rostro de Tsunade. A través de la ventana de su oficina ella observaba el distante espectáculo de los fuegos artificiales del otro lado del río- cada explosión de color que venía luego de un mudo pop, una señal de cuán lejanas estaban las celebraciones.
—¿Estás segura? —Le preguntó silenciosamente a Shizune.
Su asistente/aprendiz miró las notas en su mano. —Todos nuestros espías en Iwa están reportando lo mismo. —Dijo de nuevo. —No hay error alguno. El Tsuchikage fue asesinado por uno de sus consejeros, y fue hecho bajo el nombre del Sindicato.
—¿Esa es la razón por la que ellos retrocedieron? —Tsunade preguntó.
Shizune asintió. —El tiempo sugiere eso, sí. Pero ¿Qué significa para nosotros…?
—¿Quién sabe? —Tsunade suspiró, girándose hacia la lista de perfiles en su escritorio. —El nuevo Tsuchikage no será menos agresivo que el pasado pero sin el apoyo del Sindicato, quizás estén menos inclinados a atacarnos de nuevo.
—Eso es bueno, ¿No? —Shizune dijo con esperanzas.
—Posiblemente. Pero el hecho de que el consejero más importante del Tsuchikage fuera un miembro del Sindicato me preocupa. —Replicó son suavidad. —¿Tendrán una agenda contra todas las aldeas? Prefiero que mis enemigos sean predecibles… no que se giren como perros rabiosos contra sus propios aliados.
—¿Quizás haya un problema dentro de la misma organización? —Shizune preguntó. —¿Una traición?
—Quizá. No podemos especular. La mitad de nuestra información ha resultado ser falsa en estos días. Primero Kakashi me dice que el primer ataque vendrá de la frontera del País de la Hierba, y viene a través del Agua. Luego uno de los espías en Iwa reporta que poseen el Biju de seis colas, sólo para resultar ser propaganda. Tenemos suerte de que se hayan retirado. Necesitamos tiempo para recobrarnos. —Tsunade rodó los hombros y levantó una mano. —¿Estos son los últimos perfiles?
Shizune pasó sobre ellos. —Debe haber algo en estos… no lo sé. Shikamaru los seleccionó en base a algunas palabras claves asociadas con el Sindicato.
Tsunade pasó una mano sobre la pila, abriendo las carpetas para poder ver los nombres y rostros relacionados con cada nuevo perfil. Uno le llamó la atención, tenía algo familiar… un rostro enmascarado con salvaje cabello blanco y unos profundos y oscuros ojos. No había nombre, sólo un tipo de alias como todas esas creaturas parecían moverse. Karasu. Cuervo.
Tsunade parpadeó y sacudió la cabeza. —Puedes irte a casa, Shizune. Seguiré buscando algo…
El día en que Sakura supo que su plan había finalmente funcionado fue uno en que llegó para servir la primera comida del día y encontró solamente a la familia Zuru. Era como solía ser el comedor antes de que el Clan Hatake hubiera llegado, e inmediatamente supo que algo estaba sucediendo, y a la primera oportunidad se movió a través de la casa para obtener información.
A través de una de las ventanas divisó una conmoción en el patio y se apresuró a bajar para ver. Varios grupos de personas se habían reunido- principalmente sirvientes y personal del jardín, pero también parecía que la mayoría del Clan Hatake. Sus ojos aterrizaron primero en Kakashi, pero él como todos los demás tenía puesta su atención puesta en algo en medio del patio. A través de las gruesas murallas de cuerpos, Sakura no podía descifrar que era lo que había capturado el interés de todos.
Alguien le tomó por el brazo cuando intentó avanzar. —Esto no es adecuado para los ojos de una chica. —Un hombre le advirtió sin ser cruel. Fue sólo entonces que Sakura se dio cuenta que había estado moviéndose. Sólo había hombres reunidos alrededor del objeto que había despertado tal curiosidad; las chicas y mujeres estaban con la espalda pegada a lo largo de las paredes del patio, y yendo contra su instinto de kunoichi, Sakura se obligó a retroceder a la entrada de las caballerizas donde Aki y Kaoru estaban de pie junto con algunas sirvientas de las cocinas. A veces era difícil recordar que ella estaba en una cultura mucho más conservadora y tradicional que aquella en la que había crecido.
—¿Qué sucede? —Preguntó.
—Es horrible. —Kaoru dijo, sus manos puestas cerca de su boca. —Es un cuerpo. Apenas puedo ver. —Pero incluso mientras decía eso, sus ojos se movieron hacia el punto donde el presunto cuerpo estaba en caso de que alguien se hiciera a un lado y le permitiera echar un pequeño vistazo.
—¿Alguien fue asesinado de nuevo? —Sakura preguntó con curiosidad.
Aki sacudió la cabeza. —No aquí. Es el cuerpo de uno de los consejeros principales del Tsuchikage… varios de ellos llegaron hace un rato, diciendo que él había asesinado a su Kage. Dicen que él era uno de los hombres de Karasu.
—Dijeron 'Aquí lo tienen de vuelta' y que querían que les regresaran todo su pago. —Kaoru agregó, todavía viendo con atención. —Oh- ew- ¡Hay mucha sangre!
Sakura intentó verse horrorizada y con cierto nivel de asco que encajaría con alguien que había escuchado de un asesinato que no tenía que ver para nada con su persona en lo más mínimo.
Internamente sólo pudo sentir satisfacción. Había estado preocupada luego de pasar más de una semana sin escuchar nada, lo que significaría que algo había surgido e interrumpido su plan e impedido su objetivo. El cuervo que había enviado con la orquídea roja había regresado con las garras vacías y se acomodó en su lugar luego de un par de días, pero ninguna palabra sobre un intento de asesinado se había escuchado.
—¿Entonces el Tsuchikage está muerto? —Preguntó Sakura, sólo para asegurarse de que había escuchado bien.
—Eso parece. —Aki dijo, asintiendo. —Parece que se han retirado también de la guerra con Konoha. No confían ya en nosotros y no van a pelear solos, así que podría ser…
Los ojos de Sakura se movieron de nuevo hacia Kakashi. Él lucía tan molesto y preocupado como cualquier otro que rodeaba el cuerpo, y él parecía estar hablando en voz baja con otro pariente de cabello blanco. Pero tenía que estar complacido. Él podía actuar bien, pero debajo justo ahora él tenía que ser el bastardo más feliz en el feudo entero. Ella casi sonreía. ¿Cuántos hombres podrían ponerle un in abrupto a una guerra y dejar a todos alrededor de él ignorantes de ese hecho?
Alguien llevó una gruesa manta café y envolvió con ella el cuerpo, y en el momento fue recogido y sacado de la vista, así que la multitud comenzó a dispersarse. Siempre había trabajo que ser hecho. Nadie podría quedarse aquí todo el día curioseando, incluyendo a Sakura y las otras sirvientas, así que con gran reluctancia ella comenzó a moverse de vuelta hacia la casa. Pero antes de que pudiera entrar a través de una de las puertas de los sirvientes, ella dirigió otra mirada sobre su hombro buscando a Kakashi… y lo vio viéndole directamente a ella.
Impulsivamente sonrió, incapaz de detenerse. Era la sonrisa que ella siempre le daba luego de que una misión hubiera sido exitosa y todo hubiera salido de acuerdo al plan. Pese a todas sus diferencias y dificultades, justo ahora eran compañeros de equipo de nuevo, celebrando otra victoria para el Equipo Konoha.
Sin regresarla, él retiró la mirada.
—Vamos. —Kaoru le regañó por bloquear la puerta.
—Lo siento. —Sakura se disculpó.
—¿Le estabas sonriendo a Kakashi-sama? —Kaoru se burló.
Sakura se sonrojó. —No lo estaba.
Aki las miró con confusión mientras bajaban las escaleras hacia el sótano. —¿Qué?
—Creo que está encariñándose con Hatake Kakashi. —Kaoru continuó en el mismo tono de burla que antes. —Él es realmente un caballero.
—No me gusta. —Sakura negó enérgicamente. —Ni siquiera ligeramente.
—Sakura y Kakashi, sentados en un árbol, b-e-s-á-n-d-o-s-e. —Kaoru gritó. —Primero viene el amor, luego el matrimonio, luego viene el be- ¡Ow!
Sakura le soltó el cabello. —No te atrevas a terminar eso. —Sakura le advirtió casi con seriedad. —¡No me gusta Hatake Kakashi!
Aki parpadeó sus oscuros ojos sobre ella. —Bien. —Dijo ella. —Habrá problemas uno de estos días, Sakura, y él estará en medio de todo eso. Dormir con él es una cosa, pero no te encariñes con él. Y por todos los cielos, asegúrate de que él no se encariñe de ti, o él sólo te arrastrará consigo.
—Aguafiestas. —Kaoru le dijo.
Sakura se mostró de acuerdo, pero por lo demás sintió que Aki había dado muy cerca del blanco.
Una sonrisa no era mucho, pero siempre parecía calentarle desde el interior. Quizás era porque ella sonreía para él muy pocas veces estos días, pero… incluso cuando habían sido amigos cercanos, todas sus sonrisas parecían disparar algún tipo de reacción química en su sangre. Una reacción que invariablemente hacía algo a su cerebro que le hacía querer hacerla sonreír para él con tanta frecuencia como fuera posible. Era más difícil estos días, pero tal vez ella tuviera un punto débil por hombres que salvaban aldeas junto a ella.
Sin embargo, Kakashi tenía que seguir con esa dura expresión ensayada. Había un cadáver en sus manos y un contacto roto con Iwa, y aunque Karasu se veía calmado y casi placido mientras dirigía su clan, era claro que quizá nunca había estado tan molesto como estaba en este momento.
—¿Alguien ya checó los aviarios? —Karasu preguntó con la voz baja.
—Sí. —Seito respondió. —Todas las aves están aquí.
—Eso no quiere decir nada. —Kakashi apuntó. —Alguien pudo enviarle la orden de matarlo hace días. El ave pudo tener tiempo de sobra para regresar antes de que el agente llevara a cabo el plan.
—¿No estarás sugiriendo que uno de nosotros es responsable de esto? —Uno de sus tíos demando, totalmente incrédulo.
—Kakashi tiene razón. No podemos descartarlo. —Karasu dijo pragmáticamente. —Sin embargo, parece que Atashi actuó por su cuenta, o que él fue usado como chivo expiatorio por alguien más que descubrió su conexión con nosotros. Eso es todo lo que aceptaré por ahora. No vamos a dejar que el miedo o la paranoia nos vuelquen uno contra otro en una cacería de brujas innecesaria; quizás esa haya sido la intención de Iwa. Eso, y que sé que confío con mi vida en cada uno de los presentes.
Kakashi miró al suelo.
—Dicho eso… —Karasu suspiró. —Esto tiene que ser arreglado. Sin el apoyo de una aldea principal, no tenemos oportunidad alguna contra Konoha, e Iwa es la única que está dispuesta y lista para pelear con nosotros.
—Ya no más. —Alguien apuntó con la voz plana.
—Esto es un mero malentendido, es todo. —Karasu dijo encogiéndose de hombros. —Fácilmente corregible si nos acercamos al nuevo Tsuchikage y les explicamos la situación con honestidad. Demonios, el nuevo tipo quizá sea mucho mejor para nosotros que el anterior.
—¿Crees que podamos convencerlo? —Kakashi le preguntó.
Karasu se encogió de hombros de nuevo. —No nos quitará nada intentarlo.
—Podría, si deciden asesinarnos apenas nos vean. —Replicó. —Nos han designado ahora como enemigos. No sería seguro-
—Nadie te está pidiendo que vengas. —Karasu replicó cortante. —No podrías venir de cualquier manera. Eres un criminal de guerra por ahí y no dejaríamos una buena impresión si voy a hablar de paz con un hombre que asesinó a un ciento de sus hombres en la guerra pasada. Buen trabajo con eso, por cierto.
Kakashi ignoró el halago. —¿Vas a ir a Iwa?
—Ah… inmediatamente, creo, antes de que ellos comiencen a desear su dinero de vuelta. Mejor me voy a empacar algunos calzoncillos. —Él ondeó la mano hacia el resto. —Necesito veinte hombres o así, y una o dos damas de prenda, así estaremos bien.
—Karasu. —Kakashi le gritó. —Ten cuidado.
—Quizás el que debería tener cuidado seas tú, Kakashi. ¿No sería mejor que te regreses a Konoha por un tiempo y mantengas la cabeza baja? —Él le dio una sonrisa beatifica antes de girarse para comenzar a dar los nombres de aquellos que se moverían con él.
Ahora que ya no estaba siendo necesitado, Kakashi se fue. No sabía a donde estaba moviéndose, sólo sabía que quería algún lugar más silencioso y aislado, y antes de que se diera cuenta estaba caminando a través del jardín para tomar asiento en una de las bancas de piedra cerca de uno de los muchos estanques. Sin nadie más a su alrededor, sólo él, la brisa, y los peces koi. El único sonido era el agua cayendo de un canal de bambú, y el ocasional sonido pesado del kakei mientras se llenaba, inclinaba y caía contra las piedras.
Después de un rato, Kakashi desconectó esos ruidos, demasiado envuelto en sus propios pensamientos como para percibir algo más lejano que su propia nariz. Todo había funcionado de acuerdo al plan, no había forma de negar eso. Karasu no había alimentado el pensamiento de traición desde dentro, lo que significaba que el cuello de Kakashi estaba a salvo por el momento. Pero el hombre todavía era un peligro para los otros y para él mismo. Karasu era alguien que tenía toda la fuerza tranquilizadora de un ninja de élite y el carisma que sólo el hijo de un hombre de negocios emprendedor podía poseer. Él podría tener al nuevo régimen de Iwa comiendo de su mano en poco tiempo.
Konoha todavía no estaba a salvo.
Pero sólo había un límite en lo que Kakashi podía hacer…
Con un suspiro él presionó su rostro contra las manos, sintiéndose cansado y envejecido y casi irracional por sus deseos de querer ir a su hogar. Y no sólo el hogar filosófico que se movía junto con sus personas amadas; él quería ir a su hogar material –el que tenía su cama, su escritorio, en su aldea, donde él había vivido toda su vida. Ese era su hogar. Él no era un nómada, no como el resto de su familia. Como su padre él añoraba un lugar y una vida donde la gente que él amaba estaba reunida y protegida.
¿Por qué Karasu no podía entender eso?
Justo entonces escuchó pasos que se acercaban. Kakashi levantó la cabeza y miró justo a tiempo para ver a Sakura emerger desde detrás de un grupo de bambú. Estaba sonriendo, con un poco de timidez. Bueno. Al menos alguien sonreía hoy además de Karasu.
Ella se sentó junto a él en la banca, algo que hacía con más lentitud y cuidado esos días, y siempre a una distancia prudencial. —¿Funcionó? —Fue todo lo que ella preguntó.
—Sí. —Dijo él. —Y Karasu está llamando a la mayoría del clan y yéndose.
El rostro de Sakura encontró la forma de verse más brillante. —Tenías razón. —Sonaba contenta. —Dijiste que se irían.
Era como los días del pasado cuando solía halagarlo con facilidad. Normalmente lo hubiera apreciado, pero justo ahora sentía que era el hombre que menos lo merecía en el mundo. Quizás él hubiera preferido que ella todavía siguiera ladrándole y golpeándole con mopas en la cabeza. Pero siempre había oportunidad de que terminando esta conversación ella lo arrojara en el estanque.
—Tienen la intención de hacer las paces con Iwa. —Dijo con cansancio. —Toma cerca de una semana llegar ahí… quizás una o dos más convencer al nuevo Tsuchikage de confiar de nuevo en el Sindicato, y dentro de un mes estaremos de vuelta donde comenzamos.
—Quizá no. —Sakura dijo, remarcablemente resistente a su pesimismo. —¿Crees que Konoha confiaría en alguien que asesinara a su Hokage?
—Si supieran que ellos no son los responsables… tal vez.
—No creo que eso vaya a pasar. —Dijo llevándole la contraria, haciendo a un lado su rostro mientras echaba un vistazo a los coloridos peces. —Pero… ¿Quizá deberíamos tomar la oportunidad para ir a Konoha?
Él sintió algo duro acomodarse en su estómago. —Hm. —Dijo no tan casualmente. Así que ella quería seguir. —¿No era el punto de huir a este lugar esconder tu condición de todo el mundo? —Apuntó apaciblemente. —Tienes más de seis meses ahora, así que ¿En verdad crees que nadie se va a dar cuenta?
—Estos días ese es el menor de mis problemas. —Murmuró.
—¿Todavía planeas darlo en adopción? —Le preguntó.
—Sí. —Dijo con la voz plana, sin ningún pensamiento real o sentimiento detrás de su respuesta. Su embarazo seguía siendo un tema sensible y uno que visiblemente le desagradaba hablar con él.
Pero ella sólo podía seguir evadiendo el tema por cierto tiempo. —Creo… —Comenzó con cuidado luego de inhalar a profundidad. —Creo que, si eso es lo que quieres, deberíamos usar las semanas que vienen para encontrarle al bebé buenos padres.
Sakura parpadeó hacia él, sorprendida. —Oh. —Fue todo lo que ella dijo.
Él esperó. —¿No estás de acuerdo? —Presionó.
—Supongo. —Dijo, pero sonaba insegura.
—¿No quieres encontrarle buenos padres? —Preguntó. —¿No planeabas dejarlo en un pórtico al azar y dejarlo al destino, verdad?
—¡Por supuesto que no! —Respondió de mal humor. —Sólo… sólo creí que tenía más tiempo. Sólo tengo veintiséis semanas.
Él se encogió de hombros. —Eso sólo quiere decir que tienes poco más de dos meses. ¿En verdad quieres procrastinar hasta que esté en tus brazos y no sepas qué hacer con él?
Por un momento ella batalló para encontrar las palabras, así que optó por verlo con enojo. —¡No necesito que estés organizando mi vida! —Gruñó. —¡No recuerdo haberte pedido eso!
—Dije que te ayudaría. —Él miró de reojo la prominente curva de su vientre y rápidamente se fijó en la fuente kakei. —No sería justo que lucharas con esto sola, y dudo que esto sea sencillo. Entre más pronto hagamos los arreglos, mejor.
—¿Entonces cómo propones que hagamos esto? —Preguntó, como si temiera la respuesta.
—Estaba pensando que podríamos ir a Amegakure. —Le dijo con vaguedad. —No sería mi primera opción, pero está a un día de distancia a pie, lo que sería lo mejor para ti. Y aunque no es la aldea más prospera, la gente ahí es tan buena y decente como la gente que podrías encontrar en cualquier lado.
Por un rato ella se quedó callada, retorciendo compulsivamente el borde de una de sus mangas. —¿Qué hay de la contaminación? —Preguntó con la voz gruesa. —E-escuché que algunos niños se enferman por culpa de ella.
—Sólo son rumores. —Le aseguró. —Más o menos como lo que dicen sobre los niños en Konoha: que son tinas de manteca sobrealimentadas.
—Oh. No sabía que así es como la gente piensa de Konoha. —Gruñó.
Él dejó salir un débil suspiro y la miró. Se había puesto pálida y algo vacante desde que habían comenzado a hablar, y sus manos estaban enlazadas con fuerza sobre su vientre. Era entendible que estuviera nerviosa sobre esto, pero también sentía que había algo más. —¿Estás segura de que es lo que quieres? —Le preguntó de nuevo.
Ella se giró a medias hacia él, pero sus ojos permanecieron fijos en algún punto frente a ella. —Si nos quedamos en el País de la Lluvia, la familia Zuru nunca me dejará en paz. —Puntualizó.
—No voy a darles oportunidad de que se metan.
Ella sacudió la cabeza como si él no lo entendiera. —Creen que el niño es su heredero –no me van a dejar irme a Ame sin utilizar todos sus recursos. —Dijo. —Podrían enviar miembros de tu propio clan a buscarme.
—No te van a lastimar si estás bajo mi protección. —Él notó que ella seguía sin estar del todo convencida por él ni por su plan. —Probablemente no regresaremos aquí, Sakura. Si vamos a Ame, hay una posibilidad de que podamos quedarnos ahí hasta que el bebé nazca.
Sakura le miró con hastío. —¿Sabes que podría contactar a Konoha desde Ame, no es cierto…?
Él sabía eso perfectamente bien. El final de la guerra vendría, y también el final de este embarazo, y no podía arriesgarse a que el bebé ganara la carrera y naciera aquí mientras el conflicto continuaba. Además… ya había señales de que ella confiaba lo suficiente en él como para que pudiera confiar en ella. Y como ella había dicho, a veces necesitabas confiar cuando la realidad ofrecía pocas alternativas. —Entonces estoy poniendo mi vida en tus manos, ¿No? —Dijo silenciosamente con una débil sonrisa.
La mirada que ella le dio fue pensativa, sin embargo, cuidó demasiado que fuera ilegible. Gradualmente se giró y se empujó para levantarse. —¿Cuándo nos vamos? —Preguntó. —Necesito tiempo para despedirme de mis amigas y para ver al doctor-
—Mantén las despedidas cortas y no le digas a nadie a dónde vamos. —Le advirtió. —Empaca tus cosas y nos iremos esta noche una vez que Karasu y su grupo se hayan marchado.
Ella asintió vagamente y comenzó a dejarlo atrás. Su yukata le rozó las rodillas y repentinamente él le tomó la mano para detenerla. El contacto la sobresaltó, y ella miró hacia los dedos que tomaban con soltura los de ella… pero no se lo quitó de encima.
—¿Estás segura de que esto es lo que quieres? —Preguntó él, observándola con atención.
Ella tragó con fuerza, mirando entre él y su mano. —No puedo quedármelo. —Susurró. —Pero no puedo estar feliz sobre ello, si eso es lo que estás esperando.
—¿Te estás encariñando con él? —Preguntó con curiosidad.
—No, pero… —Ella torció el gesto como si no pudiera encontrar las palabras y se frotó la mano que él había tocado como si no se diera cuenta. —¿Es esto lo que tú también quieres?
La pregunta le tomó desprevenido. —¿Qué? —Él dejó salir abruptamente.
—Este también es tu bebé. —Le recordó. —¿No crees que será raro tener un niño… un hijo al que nunca verás y del que nunca escucharás de nuevo, y que sólo sabrás de él que vive en algún lugar del País de la Lluvia? ¿Qué nunca sabrás si vivirá una vida feliz o si tiene hijos propios, o si enferma terriblemente no mucho tiempo después de que lo adopten y muere pronto?
Ella realmente había pensado en esto. Le estaba comiendo visiblemente, y ahora firmemente había cerrado los labios para dejar de vomitar sus preocupaciones.
—Yo… no había pensado en esto. —Admitió.
—Este bebé no te importa, ¿Verdad? Sólo quieres salirte de esta, ¿No? —Le preguntó con la voz plana. —Te envidio.
—Sakura…
—Estaré lista para irme esta noche. —Dijo abruptamente, alejándose de él. —Estoy segura de que serás capaz de encontrarme cuando quieras.
Kakashi observó a Sakura y su sombre desaparecer bajo la cobertura de los árboles, su paso totalmente transformado por el peso extra que cargaba. Observarla caminar había sido una de las vistas que más disfrutaba, especialmente en los días en que ella pasaba de usar faldas para usar shorts cortos o mallones. Su trasero era una pieza de arte cuando se movía de lado a lado, suave y en forma, y no tan firme como para rebotar deliciosamente cuando la nalgueaba juguetonamente –algo que había hecho con mucha frecuencia cuando tenía la excusa de estar borracho.
Ahora, sin embargo, solo sentía pena por ella y su camino de ocho horas hacia Ame.
Creía que era correcto tener al menos una última revisión antes de un viaje grande, aunque el doctor quizás estaba deseando ahora que no se hubiera molestado. Él parecía ser una de esas personas que eran algo delicadas sobre tener huellas digitales en las pantallas de sus computadoras, y Sakura no estaba ayudando al apuntar algo en la pantalla cada tantos segundos.
—¿Eso es normal?
—Sí.
—¿Está seguro?
—Sí.
—¿Qué hay de eso? Nunca antes había visto eso.
—Eso también es normal.
—¿Se supone que hay cinco piernas?
—Esas no son piernas, y tampoco esto.
—Oh.
Ella dejó caer la mano y vio la imagen en el ultrasonido. La forma en ella era definitivamente más parecida a un bebé que antes, pero mientras antes había sido difícil conectar la imagen en la pantalla con la vida creciendo dentro de ella, ahora era demasiado posible. Cuando la cosa en la pantalla pateó, ella la sintió.
—Él hace eso mucho. —Le dijo al doctor. —¿Eso es-?
—¿Normal? Sí. —Interrumpió con la voz plana. —Sentirás puñetazos y patadas con más frecuencia. Significa que está activo y eso es algo bueno.
No para su pobre vejiga. Aun así, estaba aliviada de escuchar que todo era tan normal como debía ser. Ella miró al doctor. —¿Estará bien si viajo? —Preguntó cuidadosamente.
—Depende de a qué te refieras. —Dijo, frunciendo el ceño con preocupación.
—Digamos… de aquí hasta Amegakure. ¿Cree que es seguro? —Preguntó.
El hombre que crónicamente tenía un rostro en blanco limpió el explorador y lo acomodó en su lugar. —Tienes que tomarlo con calma. —Dijo lentamente. —Normalmente no lo aconsejaría, pero en tu caso… bueno, si tomas descansos con regularidad y vas a tu ritmo, deberías estar bien. Aunque necesitas que alguien vaya contigo.
—Tengo eso cubierto. —Suspiró. —Gracias.
No había mucho más que pudiera hacer por ella más que ofrecerle el nombre un buen doctor en Ame, y tan pronto como el gel fue retirado de su vientre él estaba sacándola por la puerta como si fuera un invitado que estaba tomándose su tiempo para irse. Ella tenía la sensación de que no quería meterse mucho en sus problemas. Si alguien sabía que él le había animado a irse, quizás estaría en problemas una vez que ella desapareciera.
Mirando su reloj, ella notó que todavía tenía muchos deberes que hacer antes de que pudiera comenzar a empacar su mochila. Todavía tenía que doblar prendas y sacudir, y arreglar flores y alguien tenía que volver a medir a las gemelas porque habían crecido de nuevo, y Sakura era la única que tenía el valor de lidiar con ellas y-
¿Y ese que venía por el camino hacia ella era Karasu?
Sakura discretamente miró a su alrededor, pero con el lago a un lado y el grueso bosque en el otro, no había forma de que pudiera evitarlo sin ser totalmente obvia. Él ya le había visto. De hecho, mientras se acercaba ella notó que él comenzaba a sonreír.
Siguiendo con la etiqueta propia de los sirvientes, Sakura tuvo que hacerse a un lado del camino para hacerle espacio y hacer una reverencia. Desafortunadamente, siempre parecía que esto hacia que la gente con la que menos quería hablar quisiera hablar con ella.
—¿Visitando al doctor? —Le preguntó alegremente, disminuyendo la velocidad.
—Sí, Hatake-Sama. —Murmuró. Luego se le cruzó un pensamiento… porque este camino sólo conducía a un lugar. —¿Usted también va a verlo, señor?
—Sí. Tengo tos. —Y él tosió, aunque el médico dentro de Sakura creyó que sonaba forzado. —Estoy contenta de ver que una chica como tú está tomando con seriedad su salud. Definitivamente serás una buena madre.
A Sakura no le gustaba la forma en que él le veía. No era de manera pervertida, tampoco era de la forma en que Toshio le veía como si estuviera pensando en hacerle cosas perversas y horribles a su cuerpo. Era más parecido a la forma en que alguien veía una espada antes de comprarla. De cualquier forma, se sentía lo suficientemente inapropiado como para dejarle una sensación incómoda entre los omoplatos. —Gracias, Hatake-sama. —Murmuró de nuevo.
Él comenzó a girarse, para mucho de su alivio, antes de decidir repentinamente que había recordado algo. —Oh. —Dijo., mirando en algún lugar sobre su cabeza. —Creo que Reika se quedará aquí. No te alarmes, pero ella ha expresado un fuerte deseo de asesinarte, así que tal vez querrías mantener tu espalda contra las paredes mientras yo no esté.
Sakura se quedó parada, incrédula. —¿Q… qué?
—Me temo que más o menos has monopolizado a su prometido. —Dijo con tristeza. —Estoy seguro de que si él te deja ella estará inclinada a perdonarte, pero como dije, cuídate de ella. La reconocerás cuando la veas, por supuesto. Ella será la que estará detrás de las cortinas con el cuchillo. Jaja.
Y luego continuó su camino.
Sakura se quedó de pie en el camino por un largo rato, intentando procesar lo que le había dicho. Reika, la bonita y petulante chica que había visto por primera vez en Jonan… ¿Era la prometida de Kakashi? ¿Una que la quería muerta? No- ¿La que él había visto en Jonan y con la que quizá se había encontrado, exactamente el día anterior a acostarse con Sakura?
¿No eran primos?
—Ew… —Susurró, temblando para sí misma mientras continuaba.
Ella intentó no pensar sobre ello demasiado mientras se apresuraba a terminar sus tareas, después de todo dejaría este feudo esta noche y después los amantes rechazados no importarían mucho una vez que estuvieran en Ame. Pero cuando llegó el momento de servir la cena puso atención a la mujer que siempre se había sentado junto a Kakashi… y ya fuera porque Sakura estuviera le estaba mirando por primera vez a consciencia, o porque Karasu estuviera ausente, parecía que hubiera una atmosfera más que pesada alrededor de la mujer de cabello plateado.
Cuando su mirada se posó en Sakura era fría y absolutamente vil. Sakura siempre había pensado que era por la ocasión en que había puesto los ojos en blanco a la mujer en el espejo. Ahora ella se daba cuenta que Reika le veía así por una razón completamente diferente –léase como quien estaba junto a ella.
Si ellos estaban comprometidos, no había señal alguna de ello. Apenas se veían el uno al otro, nunca hablan, y la única ocasión en que Kakashi se giró hacia ella y le preguntó si le podía dar la salsa, ella sólo pareció gruñir y evitar su mirada.
Pero ¿Eso era porque Sakura se había metido entre ellos? ¿Habían sido amantes antes? ¿Habían dormido juntos? ¿Habían hecho más cosas juntos que las que habían hecho ella y Kakashi?
Reika finalmente pareció notar que estaba siendo observada y fijó su mirada en Sakura con dureza. Con todavía más lentitud una sonrisa amplia cruzó su rostro detrás de su copa de sake. No era amigable. Sakura había sido golpeada con más ternura y amabilidad que la que esta sonrisa ofrecía. Voy a matarte, decía. Lentamente.
Fue solo interrumpida cuando Kakashi le devolvió la salsa con un complacido "Gracias".
Sakura ya sabía que había gente en esta casa que la quería muerta. Ella no estaba complacida de ver que tenía que agregar a otra persona en la lista, pero se repitió a sí misma que estaba bien. Ella se iba esta noche. Kakashi le había prometido que nada le sucedería y tenía que admitir que necesitaba un guardaespaldas… necesitaba un guardaespaldas.
El resto de la tarde estaba libre para Sakura, y mientras las otras chicas trabajaban, Sakura se concentró en empacar. Mientras antes se había concentrado en empacar lo básico y lo de primera necesidad antes que otra cosa, ahora Sakura se encontró checando sus mejores vestidos para seleccionar cuáles se llevaría. Presumiblemente Kakashi se encargaría de la comida, agua y el dinero. Sólo necesitaba empacar sus pocas pertenencias que le quedaban en este lugar ya que él había confiscado su última mochila llena de suplementos.
Pero principalmente, Sakura sabía que tenía que verse presentable en Ame. Si ella fuera a conocer a los futuros padres de su niño, no quería hacerlo con un yukata sucio y arrugado que oliera a sudor. Necesitaba lucir como alguien presentable que quizás hubiera sido una buena madre si no fuera por circunstancias mitigantes. Si la gente la veía y pensaba 'No voy a tener el hijo de este tipo de mujer', quizá moriría de humillación.
Ya era suficientemente malo que el viejo y desaliñado Kakashi fuera con ella.
—Sakura-chan, ¿Qué estás haciendo? —Kaoru le preguntó desde el marco de la puerta.
Sakura le miró con algo de tristeza. —Estoy empacando. —Dijo.
—¿Te… te vas? —Kaoru le miró con sorpresa por un momento, no entendiendo, hasta que repentinamente corrió hacia ella. —¡No, no, no, no puedes irte! ¡Te asesinarán!
—Kakashi va conmigo. —Sakura le explicó con paciencia.
Kaoru pareció todavía más confundida. —¿Por qué?
—Él va a escoltarme y asegurarse de que esté bien.
—No, quiero decir, ¿Por qué te ayudaría…?
—Él no es tan mal hombre una vez que lo conoces. —Sakura le dijo.
—Aki no va a estar feliz. —Kaoru le advirtió. —Ella piensa que eres demasiado cercana a él, si escucha que se van a fugar-
—No vamos a fugarnos (*)—Sakura dijo con rapidez y firmeza. —Sólo que… necesitamos hacernos cargo de algo.
La otra chica asintió, sus ojos entrecerrados. —Ah… te refieres al bebé.
—Sí. El bebé.
—Lo extrañaré. —Suspiró. —¿Quién será mi amuleto de buena suerte ahora?
—Tendrás que encontrar otra barriga que frotar.
—¿La barriga de quién necesita frotarse? —Aki había entrado en la habitación, y Kaoru inmediatamente se giró antes de que Sakura pudiera abrir la boca, y le explicó a la otra chica lo que estaba sucediendo con más palabras de las necesarias.
Aki no se veía contenta. —No creo que sea seguro irse a solas con él. —Susurró.
—No tengo opción. —Sakura insistió. —Si me quedo, estoy muerta. Él es el único que es capaz y está dispuesto a ayudarme a salir de aquí.
—Ella tiene razón. —Kaoru dijo encogiéndose de hombros.
—Estaré bien. —Sakura agregó. —Tú no lo conoces como yo. Él es de confianza.
Aki parecía todavía más preocupada. —Eso es lo que Yui dice de Toshio.
Hablando de Yui… —Quizá no deberíamos decirle que me voy. —Sakura dijo en voz baja. —Tiene… conflicto de intereses. No quiero que Zuru envíe gente detrás de mí antes que pueda dejar feudo.
—No es como si ella quisiera darte un beso de despedida. —Kaoru apuntó.
Yui estaría saltando de alegría y bailaría al escuchar que Sakura se estaba yendo, y tal vez se sentiría algo decepcionada porque se fuera con la vida intacta. Pero Sakura no esperaba que entrara mientras terminaba de hacer sus maletas. Por alguna razón no había visto a Yui en estos días. Cuando se cruzaban Yui nunca le dirigía la mirada, y se le ocurrió a Sakura que tampoco le había escuchado hablar en su presencia.
Sin embargo, Sakura estaba feliz de finalmente poder irse. Yui quizá hubiera sido menos problemática pero todavía existía demasiado peligro en este lugar, y haría lo que fuera para llegar a Ame: un lugar que había añorado en orden de evitar la opresión de Kakashi. Ahora él finalmente confiaba lo suficiente en ella (o se sentía lo suficientemente culpable) para llevarla él mismo.
Ame… con sus abundantes torres de transmisión de radio, aves mensajeras comerciales y bares de ramen.
Las otras dos chicas le ayudaron a seleccionar sus vestidos más favorecedores y los accesorios, y le dijeron repetidamente que se levantara el cabello –le hacía verse más madura. Sakura confiaba en su buen gusto. Y cuando todo quedó empacado finalmente y la conversación había tocado diferentes tangentes (hasta llegar a cómo sería pintar gatos), la puerta de la veranda se abrió.
Las chicas se quedaron en silencio y miraron hacia el hombre de pie ahí.
Todo lo que Kakashi dijo fue: —Sakura.
Tiempo de irse.
—Las extrañaré. —Susurró a Kaoru y Aki mientras les abrazaba –la primera tuvo dificultades para dejarla ir.
—¿Nos escribirás, verdad? —Preguntó.
—Lo intentaré. —Sakura dijo, ignorando el ceño fruncido de Kakashi de desapruebo. Los ojos de Kaoru ya estaban lagrimeando, y Sakura tenía que admitir que los suyos también estaban un poco húmedos, aunque esto probablemente era gracias a las hormonas. Aki estaba mucho más estoica, tal vez sólo porque seguía mirando con desconfianza a Kakashi.
Sakura se giró hacia él. —Estoy lista. —Dijo.
—¿No te va a dar frío? —Le preguntó, echándole un vistazo.
—Oh, deja de fastidiar, mamá. —Dijo con impaciencia, alarmando a las dos chicas detrás de ella que ni en sueños se atreverían a hablarle así a uno de los del clan Hatake sin que hubiera una dolorosa retribución.
Kakashi sólo se encogió de hombros y miró a las chicas. —Gracias por cuidar de ella. —Les dijo.
Ahora ambas parecían alarmadas.
—Cu-cuide de ella, por favor. —Aki consiguió decir.
—Lo haré.
Sakura ondeó la mano una vez más antes de seguir a Kakashi a lo largo del edificio del personal para encontrar el camino que dejaría atrás las cocinas y la llevaría a la escalera. La luz estaba desvaneciéndose con rapidez y Sakura casi podía ver que la mayoría del viaje sería en la completa oscuridad del bosque tropical.
—Hay animales salvajes rondando por aquí en las noches, ¿Sabías? —Dijo conversadoramente.
—'Stá bien. —Él se encogió de hombros. —Estaré bien mientras te tenga para que los asustes.
Sakura se paró en seco. —Bastardo… —Así que así sería este viaje, ¿Eh?
Cuando llegaron a la escalera, Sakura titubeó. Finalmente había sucedido. La primera vez que había llegado al feudo y había cruzado esta cosa, se había preguntado cuántos meses tendría que tener para que resultara una dificultad para ella, y ahora finalmente estaba aquí intentando ver los dedos de sus pies y preguntándose si le sería físicamente posible subir esto. No se sentía bien…
Sintiendo el problema, Kakashi saltó los escalones y aterrizó del otro lado y le ofreció su mano. Sakura le frunció el ceño. Él probablemente pensaba que esto era terriblemente caballeroso pero ningún caballero se vería así de contento consigo mismo.
—Sólo lo haré para complacerte. —Dijo ella, tomándole la mano con reluctancia mientras subía los escalones de piedra con cuidado y se apretaba para pasar por un hueco que era mucho más estrecho de lo que recordaba. —Podría hacerlo sola.
—Mm. —Inteligentemente decidió no decir nada sobre la forma en que ella tuvo que tomarle la mano mientras bajaba.
Ahora estaba de camino hacia Amegakure. Ella recordaba lo que el jardinero le había dicho sobre la ruta. —Si seguimos por aquí, llegaremos a un camino que conduce directamente a Ame. —Le dijo a Kakashi, apuntando al desgastado paso que se abría entre árboles y arbustos que ella había usado la primera vez que había intentado huir a Ame.
—Bien. —Kakashi dijo. —Pero tenemos que ser silenciosos. Algunos de los de mi clan estarán patrullando estos bosques.
—Lo sé. —Ella se había encontrado con ellos algunas veces. Kakashi levantó una ceja hacia ella, pensando en lo que ella realmente quería decir, y ella levantó los hombros de manera defensiva. —¿Por qué me tomas? Por supuesto que intenté escapar.
—Tenlo en cuenta, cuando Karasu no está en casa algunos de ellos pueden ser bastante irritantes. —Él suspiró.
—¿Qué quieres decir?
—Estoy seguro de que lo descubriremos. —Le dijo con pesadez, animándola a moverse y a tomar el liderazgo.
Ellos no hablaron mientras caminaban, y Sakura intentó moverse silenciosamente pero algunas partes del suelo eran demasiado frágiles y gruesas con las hojas caídas y plantas. Si ella no estaba haciendo crujir viejas ramas, estaba cruzando a través de lirios y plantas de araña, y no por primera vez extrañó su chakra. Con su chakra podría caminar por el paso en completo silencio como Kakashi, y no necesitaría caminar enfrente de él como si fuera prisionera o alguien demasiado débil como para cuidarse la espalda.
No fue sorpresa alguna que después de algunos minutos, Kakashi le tomara del brazo y le hiciera retroceder detrás de él hasta que estuvo posada contra el contrafuerte de un árbol gigante. La razón fue la llegada de dos jóvenes de cabello negro de pie sobre ellos en las raíces del mismo árbol gigante.
—Bien, bien, ¿Ahora tenemos dos ratoncitos merodeando? —Dijo uno.
—Oye, ¿No es Kakashi-sama? —Comentó el otro.
—¿Se va, Kakashi-sama? —Preguntó el primero.
—Sip. El deber me llama. —Respondió con ligereza, aunque la mano que sujetaba la muñeca de Sakura lo estaba haciendo con mucho más fuerza que su tono casual. —¿No fueron con Karasu?
—Nah, él quiere estirados de la casa superior principalmente. —Uno de ellos dijo como si nada. —Nos dijeron que cuidáramos el feudo… que nos aseguremos que no se vaya quien no debiera.
Kakashi inclinó la cabeza. —Estoy seguro de que están haciendo un gran trabajo. Ahora, si me disculpan, en serio debo irme. No quiero llegar tarde.
Ambos hombres se rieron ante esto. Sakura se dio cuenta que la reputación de Kakashi como alguien que siempre llegaba tarde no era sólo fuente de diversión entre sus colegas de Konoha.
—Clásico. —Se río entre dientes uno de los vigías. —Pero en serio, tiene que dejar a la chica.
Kakashi se enderezó. —Ella viene conmigo.
—¿Es ella la que carga con el heredero de Toshio, cierto? Nah, ella no tiene permitido el irse. —Dijo el centinela. —Y mírela, parece que dentro de poco lo saca. No puede andar paseando chicas en esa condición.
—Sólo tengo seis meses. —Sakura protestó.
—¿En serio? —Respondió el hombre. —Estás mucho más gorda de lo que esperaba.
La mano de Kakashi se apretó de nuevo sobre ella para evitar que se fuera encima del hombre. —Ella viene conmigo. —Dijo de nuevo. —No es un problema.
Ellos se encogieron de hombros. —Son órdenes de Karasu.
—Él no va a echar de menos a una sirvienta. —Kakashi razonó.
Los dos centinelas se miraron. —No. —El que estaba a la izquierda dijo. —No lo entiende. Las órdenes de Karasu son que ella específicamente no puede irse.
Las cejas de Sakura se juntaron con confusión. ¿Qué demonios le importaba a Karasu si ella iba o venía?
—¿Por qué Karasu está tan interesado en ella? —Kakashi les preguntó.
—Él quiere tenerla después de usted. —El vigía de la izquierda dijo. —Eso es todo.
—¡Qué enfermo! —Sakura siseó. —No soy un juguete que puede ser pasado-
Los dedos de Kakashi presionaron contra sus labios, silenciándola. —La traeré de vuelta entonces. Sólo necesito hacerme cargo de algunos asuntos y regresaré con ella en una semana o así. ¿Eso está bien? Karasu no necesita saberlo.
—¿Por qué necesita que ella le acompañe en sus asuntos?
Sakura se sacó la mano de Kakashi. —Tengo mis propios asuntos. —Les dijo. —Quiero visitar a mi amiga. Está enferma. Probablemente la conocen –ella es la cabeza del personal que fue envenenada hace un tiempo.
Ellos asintieron. —Oh, sí. Ella. Qué pena.
—Kakashi-sama fue lo suficientemente amable para decir que me acompañaría. —Continuó. —No planeo ir a ningún lado. De cualquier forma no puedo ir a ningún otro por favor, déjenme ver a mi amiga.
Ellos parecían reluctantes, pero principalmente apáticos. —Supongo que… si Kakashi-sama está con ella, estará bien. —Uno dijo.
—De acuerdo. —Dijo el otro. —Pero no le diga a Karasu que les dejamos partir.
—Gracias. —Kakashi dijo cortante, tomando a Sakura de la muñeca. —Vámonos.
Ellos no hablaron de nuevo hasta que estuvieron lo bastante lejos del árbol gigante y el camino con las lámparas apareció ante ellos. Sólo cuando Kakashi le liberó el brazo y disminuyeron su velocidad.
—Eres una buena mentirosa. —Le dijo a ella, quitándose de la capa algunas orugas gruesas como salchichas.
—Puedo decir lo mismo de ti. —Replicó, incapaz de eliminar el tono cínico en su voz. Él era el rey de los mentirosos después de todo, mintiéndole a su aldea por años mientras posaba como el peor mentiroso en el mundo con sus penosas excusas.
—Touché. —Murmuró, fijándose en el camino sobre el que andaban. Las lámparas punteaban su longitud y desde su punto en la colina el camino se estiraba, volviéndose una serpiente naranja que se perdían entre distantes valles y montañas.
Sakura se sintió cansada con solo verlo.
—Son ocho horas desde aquí hasta Ame. —Kakashi dijo. —Si te sientes cansada, nos detendremos. Si te duele algo, dime y te cargaré.
Ella se río. —Me gustaría verte intentarlo.
Él sonrió en respuesta y movió la cabeza para sacarse el fleco de su vista. Su cabello estaba poniéndose algo largo. Ella tendría que recordarle visitar a un barbero una vez que llegaran a Ame. —¿Continuamos? —Preguntó.
Sakura comenzó a caminar.
Siguiente Capítulo: Amegakure
(*) La palabra que ocupa Kaoru es 'eloping', que en inglés significa fugarse para casarse.
¡Hola a todos!
Gracias por su enorme paciencia, ¿Cómo los trata el confinamiento? Espero que tengan muchos fics para leer porque este no hay manera de que lo actualice más rápido jajaja
Muchas gracias por continuar leyendo la traducción y sus amables comentarios ^^
Respecto a la historia, bueno, ya vieron que al menos han conseguido llegar fuera del Feudo, pero el título promete que lo habrán logrado ¿Y después? ¿Qué pasará con nuestros héroes? ¿Podrán irse así como así rumbo a Amegakure sin repercusiones? ¿De verdad lograron parar la guerra? ¡Jo! Ya quiero que lean los siguientes capítulos~ ¡Me esforzaré para traducir con mayor rapidez y subir con más frecuencia!
Pasen una bonita semana y espero les haya gustado el capítulo ^^~
