DISCLAIMER: TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHANIE MEYER Y A LA SAGA CREPÚSCULO.
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¡Hooola de nuevo!
Quiero daros las gracias por vuestra paciencia y por vuestros comentarios siempre tan bonitos y tan motivadores. Sé que últimamente estoy actualizando muy lentamente pero 2020 ha comenzado peleón y no quiere darme tregua. Lo repito, no dejaré la historia por mucho que vaya muy lenta actualizando. Os agradezco que continuéis aquí a pesar de todo.
Son unos días muy raros e inciertos los que estamos viviendo. Espero que todas estéis bien y que no hayáis tenido que sufrir la peor cara de esta pandemia. Son días duros para todos, al menos en mi país estamos confinados desde hace semanas, así que espero que este capítulo os sirva para entreteneros un poco.
Os dejo unas cositas en NA.
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CADA CONFESIÓN
BPOV
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Cerré los ojos y respiré hondo varias veces intentando relajarme.
La semana había pasado más rápido de lo que esperaba. Aunque no era algo extraño teniendo en cuenta todos los acontecimientos que teníamos encima. Desde que mi hermano biológico había dado señales de vida el mundo había decidido volverse loco.
Lo primero que hice fue ponerme en contacto con nuestros abogados para que tomaran las medidas legales necesarias para protegernos de su chantaje. Por mucha curiosidad y esperanza que tuviera en él, no tenía ningún interés en que jugara conmigo. Edward no confiaba en él y eso era algo a tener en cuenta. Además, mi cuerpo seguía temblando cada vez que miraba su foto publicada en los diarios, se parecía demasiado al degenerado que me engendró.
Todo eso se mezcló con los preparativos de la fiesta de Swan's Networks, que se celebraría finalmente esta noche. Tenía muchas ganas de darle el reconocimiento que Carl y Ernest merecían pero, por otra parte, ser el centro de atención hacía temblar mis piernas más que cualquier problema familiar.
Respiré profundamente de nuevo.
Cuando abrí los ojos volví a ver la columna del diario en el que hablaban de mi proceso de adopción y mi respiración se aceleró a pesar de mis esfuerzos previos por controlarla. Lo que siempre había temido se estaba haciendo realidad. La prensa revoloteando a mí alrededor intentando hacer negocio con mis desgracias, justo esta semana que no podía evitarlas porque también nos interesaba salir en sus páginas para dar voz a nuestra empresa y sus nuevas estrategias.
Necesitaba relajarme o la tensión acabaría conmigo. Mi cuerpo estaba rígido y el dolor de cabeza no me abandonaba desde que saltó la noticia.
Volví a respirar hondo, centrándome únicamente en mi respiración olvidando la realidad en la que estaba sumida. Iba por mi quinta inhalación cuando sentí el toque en mis hombros de esas manos que había aprendido a conocer y a amar. Sentí que mis nervios se esfumaban por el simple hecho de tener a Edward a mi lado, ayudándome a soportar mejor estos días, y especialmente horas caóticas.
Edward masajeó mis hombros en silencio acompañando mi ritmo respiratorio.
-No sé cómo te voy a dar las gracias. – confesé apoyando mi cara en su mano.
-Dejando de torturarte leyendo esta mierda. – susurró girando mi silla para poder ver su tenso rostro.
Edward no lo estaba pasando demasiado bien estos días. Le costaba delegar en mí toda la gestión legal del chantaje de mi hermano. Aunque no lo decía, tenía la sospecha que no confiaba en que fuera a ser todo lo dura que él le gustaría. Por mucho que intentara mantenerse neutral y apoyar mis decisiones, cuando lo observaba, sin que él lo supiera, podía ver su frente arrugada por la preocupación y su pelo desordenado por ese gesto nervioso que lo acompañaba desde pequeño.
-Esta noche tenemos la cena y quería estar preparada para las preguntas que pudieran hacerme. – le expliqué intentando ser comprensiva con él y no enfadarme por su reclamo.
-No te haces ningún bien. Además no tenemos planeado hacer ninguna declaración, ya lo habíamos hablado. Unas fotos y poco más. – me recordó Edward con el rostro serio.
-Hemos invitado a la prensa, no nos van a preguntar solo por lo que nosotros queremos. - rebatí. - Omitiendo todo lo que dicen me hago más débil si me sorprenden con sus preguntas. –
Edward y yo habíamos tenido varias discusiones respecto a cómo manejar a la prensa. Ninguna había llegado a mayores pero, sin duda, estaba comenzando a crear un clima complicado cada vez que salía a relucir el tema en questión.
-Dejémoslo. – se rindió después de un silencio. - ¿Cómo nos organizamos esta noche? – preguntó intentando cambiar de tema.
Edward seguía encabezonado en que deberíamos ir juntos. Argumentaba que, incluso, aunque no fuéramos pareja, si queríamos proyectar la imagen de una directiva firme debíamos dejarnos ver compenetrados en todo, nuestra llegada también. Una noche se dedicó a pasarme decenas de fotos de altos cargos de varias empresas importantes llegando juntos a sus fiestas para demostrar su punto. Mi teléfono echaba humo entre fotos y quejas por no estar conmigo. Desde que la prensa comenzó a seguirme por el escándalo lo había obligado a volver a su casa, cosa que tampoco estaba asimilando demasiado bien. ¡Cómo si a mí no me costara estar separada de él!
-Nos encontraremos allí. –reafirmé sonriendo por su insistencia. Estaba segura que hasta el último minuto intentaría salirse con la suya.
-Eres demasiado cabezota. – se quejó con un puchero demasiado similar al de Alice.
-Tendremos toda la noche para estar juntos. – le animé a lo que me contestó alzando una ceja incrédulo.
-Prométemelo y reservaré una habitación en el hotel ahora mismo. Te advierto que no aguanto una noche más durmiendo separado de ti. –dijo sacándome una sonrisa. – No te rías. Eres cruel Isabella Swan… realmente cruel. – añadió mientras se acercaba lentamente hasta mí para acorralarme con sus brazos y besarme.
¡Cuánto lo necesitaba!
-Te lo prometo. – le dije seriamente cuando se separó.
-Igualmente buscaré la forma de vengarme por todo lo que me estás haciendo pasar. –contestó divertido mientras lo veía buscar en su teléfono. Eché un vistazo para comprobar que, efectivamente, estaba haciendo la reserva de la habitación.
-Edward no me hagas hablar….- le repliqué recordando la mañana en que despertamos juntos en casa de sus padres. Esme, al parecer, no me había encontrado en mi habitación cuando fue a buscarme para bajar a desayunar. Según Edward, él nos cubrió y disimuló muy bien cuando su madre le preguntó. La cara de los Cullen no dejaba lugar a dudas, no se creían ni una palabra de su hijo.
-Algún día se iban a enterar y te recuerdo que fuiste tú quién se coló en mi habitación. – me recordó una vez acabó con su trámite. Volvía a recuperar su humor.
-¿Has reservado una habitación? – pregunté entre incrédula y divertida.
-Claro. Lo has prometido. – sentenció como si se tratara de la primera ley de la constitución antes de acercarse para darme un rápido beso y marcharse a trabajar a su despacho.
El gran inconveniente de ser la jefa de una gran corporación era que no disponías de muchos momentos de calma durante la jornada laboral pero hoy lo agradecía, al menos me impedía pensar en la gala de esta noche y así mantenía mis nervios a raya.
Tenía la costumbre de trabajar con la puerta abierta, me permitía ser consciente del paso del tiempo. Había aprendido a aislar el ruido de toda la gente trabajando y los teléfonos sonando mientras me dedicaba a solucionar todo lo que tenía pendiente por eso me sorprendió el estrepito de la puerta cerrarse de golpe.
Levanté mi cabeza para encontrar a Rose mirándome con cara seria. Algo había pasado y apostaba que tenía nombre y apellido de mujer.
Jessica había sido un auténtico dolor de muelas desde la vuelta de vacaciones. Rose la tenía acorralada, no se fiaba de ella y había ido restringiendo su trabajo. No habíamos vuelto a notar movimientos extraños pero los que accesos a los servidores desde casa de sus padres eran más que suficientes para que Rose no quisiera correr ningún riego. La apoyaba completamente.
-Me ha amenazado. – declaró indignada y enfada antes de sentarse en el sofá de siempre, era nuestro rincón particular de reuniones.
-¿Cómo dices? – pregunté yendo hasta su lado.
-Jessica me ha dicho en un tono que rozaba la amenaza que o le volvía a dar las responsabilidades que tenía o nos denunciará. – me explicó Rose.
-Ella no es quién decide en esta empresa qué puesto ocupa cada persona. – comenté cada vez más desbordada por su actitud.
Desde nuestra vuelta de Nueva York, y su consiguiente ruptura definitiva con Edward, había optado por una postura pasivo agresiva en contra de Rose y de mí que estaban colmando mi paciencia. Sabía por compañeros que se dedicaba a criticarnos a nuestras espaldas y a poner en entre dicho nuestras decisiones. Había decidido jugar sucio con la máquina de rumores. Rose y yo habíamos optado por hacer un frente unido limitando sus responsabilidades y derivándolas a personal de confianza, a la vez, que hacíamos oídos sordos a los rumores que inventaba.
-Lo sé. Eso le he dicho pero dice que la ley está de su parte y no sé que más cosas porque he dejado de escucharla para no provocarme jaqueca. – añadió Rose con cara de hastío. –
Jessica era un problema añadido a todo el coctel de estrés que gestionaba estos días. El mantener este asunto al margen de conocimiento de Edward lo complicaba más si cabe. Comenzaba a temer que llegara el momento en el que no pudiera llevar con falsa calma estos dolores de cabeza y acabara explotando.
-Tengo otra mala noticia… - la voz de Rose cortó la deriva de mis pensamientos. Le hice un gesto para que continuara preparándome para añadir otro punto a mi interminable lista de problemas. – Jessica se ha enterado de lo tuyo con Edward o tiene una sospecha realmente firme. Lo da por hecho, el otro día la escuché hablando con alguien por teléfono al salir. – me explicó.
Siempre había temido este momento. Ahora solo quedaba esperar para descubrir cómo se lo tomaba, aunque mi instinto me decía que no iba a ser precisamente bueno.
-Maravilloso. ¿Hay alguna cosa más que pueda pasar esta semana? – pregunté irónicamente. –
-No pienses en ella ni dejes que te afecte. – me aconsejó Rose quien se había convertido en mi mejor y única consejera sobre este problema. No quería involucrar a Edward. Su relación amorosa con Jessica ponía a la empresa en problemas si quería jugar sucio. A saber qué clase de falsos reclamos sería capaz de inventarse.
-Esperemos que se quede en nada pero algo me dice que no tendremos tanta suerte. - confesé.
-Pienso igual que tú – dijo seria. - Quizás deberías poner a Edward en sobre aviso…. Algo me dice que va a acabar siendo un problema para la empresa. – me advirtió Rose poniendo en palabras lo que mi mente me chillaba a gritos.
El problema era precisamente ese, no quería que Edward dentro de este asunto bajo ningún concepto. Mis inseguridades no lo querían en nada que tuviera que ver con Jessica. Aun cuando los veía cruzarse en la empresa o comentar algo en las reuniones mi mente volvía a las horas que estuvo ilocalizable cuando lo de mi hermano explotó ayudándola a hacer una mudanza.
-No quiero meterle en esto hasta que no haya más remedio. – declaré. Por su gesto supe que no estaba de acuerdo conmigo pero no dijo nada.
-Seguiré vigilándola. –contestó determinada. –¿Ya lo tienes todo preparado para esta noche? – preguntó más animada.
-Alice lo ha hecho por mí. – contesté sabiendo la suerte que tenía que mi mejor amiga fuera tan buena diseñadora, me evitaba tener que preocuparme aún más cosas. – Me ha dicho cierta persona que se ha cambiado la guardia para venir a la fiesta… Corre el rumor que hasta ha estado practicando los pasos de baile. – Rose no pudo aguantar más tiempo la compostura y acabó soltando una audible carcajada.
-¿El rumor? ¿Qué ha hecho? – preguntó divertida.
-Ha encontrado un tutorial por internet y lo hemos estado practicando en casa hasta que se ha aprendido todos los pasos. Me debes una sesión con el fisioterapeuta, amiga. – bromeé con ella.
- Prometo que bailaré con él. – contestó sin poder ocultar el placer que sentía por los actos de Emmet.
-Mis pies y yo te lo agradecemos. Ha mejorado mucho. – abogué a favor de mi amigo.
Rose no tardó en marcharse, era un día con mucho trabajo y habíamos decidido cerrar un poco antes para tener tiempo para prepararnos para la fiesta de la empresa.
Las horas de gestiones se mezclaban con las preocupaciones. Normalmente mi única inquietud sería la prensa y el intentar no caerme mientras me escondía de la multitud para que nadie se atreviera a ponerme en el mimbrete de sacarme a bailar, pero hoy no tendría tanta suerte en ese aspecto. Aunque todo empalidecía cuando pensaba Jessica y mi hermano. Esos dos estaban, sin duda, en el pódium de honor de mis pensamientos negativos.
Escuché unos toques en la puerta.
-¿Te llevo a casa? – me preguntó Edward con la voz dulce asomando su cabeza por la puerta de mi despacho.
Sonreí por su inquebrantable insistencia. Ojalá nunca se rindiera conmigo a pesar de lo irracional que era con él.
-He traído mi coche… - le recordé apagando el ordenador. – Además, tu hermana me espera en su casa para arreglarme y no creo que le guste verte por ahí… sabes que anda un poco celosa. – bromeé haciéndolo rodar los ojos. Los hermanos Cullen y sus peleas estaban convirtiéndose en mi mayor entretenimiento.
-Alice debería entender que te ha monopolizado durante años es su hora de compartirte. – se defendió infantilmente mientras me acercaba a él. Sentí sus brazos a mí alrededor aplastándome contra la pared del pasillo. – Te echo de menos. – me dijo antes de besarme sin darme opción a oponerme.
Tampoco encontré fuerzas para hacerlo una vez sus labios tocaron lo míos encendiéndome de pies a cabeza. Me aferré a su espalda dejando que fuera mi ancla a todo en esta vida mientras me dejaba llevar por el bienestar que me provocaba.
Nos separamos lentamente. El pulgar de Edward trazaba caricias en mi piel mientras nuestras frentes continuaban unidas como si no quisiera separarse de mí. Se había vuelto una costumbre los últimos días.
-Nos veremos en unas horas y no me separaré de tu lado. – dijo hipnotizándome con la intensidad de sus ojos verdes que ahora más que nunca eran mi criptonita. –
Sonreí como una idiota incapaz de decir nada. Edward me robaba la voluntad y la inteligencia.
-Así me gusta que lo pongas fácil. – añadió con su gesto de medio lado que acabó de desintegrar mi voluntad. – Tenemos una cita, pequeña. –sentenció dejando un beso en mi frente antes de recorrer mi brazo con su mano hasta que nuestros dedos quedaron entrelazados. Tiró de mí camino a la salida.
No quedaba nadie en la oficina así que mis nervios se relajaron y me permití el lujo de apoyar la cabeza en el hombro de Edward mientas esperábamos el ascensor en un silencio reconfortante. En el fondo lo que necesitaba era esto. A Edward a mi lado para que mis preocupaciones y mis pensamientos catastrofistas se esfumaran. Continuamos todo el trayecto en silencio, era como si Edward supiera que esta quietud era más efectivas para mi alma y mi seguridad que cientos de palabras.
Me acompañó hasta mi coche pero antes de que pudiera ni sacar las llaves para abrirlo me paró.
-A las ocho en la puerta del hotel. No te retrases ni un minuto porque no pienso ceder ni un segundo de esta noche. - Edward sonaba seguro y decidido. Parecía haber tomado una decisión sobre algo de la que aún no había sido informada. Quizás esta noche lo descubriría.
-Allí estaré. Lo prometo. – le aseguré poniéndome de puntillas para poder alcanzar sus tentadores labios y besarlo como merecía.
Conduje hasta casa de Alice dejándome inundar por la paz que me habían regalado esos minutos con Edward.
Jasper me esperaba con una taza de té en la mano al abrirme la puerta. Su cara, siempre serena, dejaba entrever un ligero tic en la ceja, cosa que solo quería decir que Alice estaba más nerviosa de lo habitual. Tanto que incluso su relajado talante no lo podía compensar.
-No digas nada… solo tomate el té y déjala que haga a su voluntad. Solo así saldremos con vida de ésta. – me advirtió mientras me acompañaba hasta su habitación dónde Alice me esperaba entre un mar de ropa. Si no fuera porque la conocía hubiera salido huyendo.
Así pasamos las pocas horas que teníamos hasta la cena de gala, probándonos vestidos y maquillándonos como si fuéramos dos adolescentes que iban a su primer baile de instituto.
-Estás perfecta. – me admiró Alice al acabar situándome delante del espejo en el que me había prohibido mirarme durante lo que ella había llamado "instante creación". Lo de instante era el mayor eufemismo que había sentido en mucho tiempo.
Alice había cedido y a petición mía escogió un vestido de un color discreto, ya sería el centro de atención por mi cargo, no necesitaba más. Finalmente habíamos elegido un color verde oscuro con el escote en forma de corazón y una gran lazada sobre el hombro derecho que le daba un toque de distinción que me había robado el corazón. Y, aunque no lo dije en voz alta, lo que más me gustó fue la elección del color que resaltaba sobre mi blanca piel… era como llevar a Edward conmigo. Decidimos hacer un moño trenzado y algo despeinado acompañado de un maquillaje sutil que solo resaltaba un ahumado en mis ojos. Era diferente a lo que acostumbraba a llevar, incluso cuando me arreglaba, pero me gustaba el cambio. Era una versión elegante y sofisticada de Isabella Swan, digna de la representación de Swan's Networks.
Alice iba maravillosa sin perder su toque identitario. Había elegido un vestido corto de color amarillo oscuro incapaz de decir adiós a un verano que estaba a punto de extinguirse. Jasper iba elegantísimo con su traje oscuro y lo envidié un poco, para un hombre siempre era más sencillo y cómodo vestirse para ocasiones como ésta.
Un elegante choffer nos llevó hasta el hotel Hilton que acogería la fiesta. Jasper y yo disimuladamente le dimos doble de propina a ese bendito hombre por entretener a Alice con sus preguntas sobre la velada de esta noche. Nos permitió descansar después de horas intentando contener infructuosamente la emoción de mi amiga.
No sentí el coche pararse, mi atención estaba centrada en la cantidad alarmante de periodistas que se agolpaban en la puerta con sus cámaras y micrófonos. Obviamente, Swan's Networks tenía poder de convocatoria, no por nada era una de las principales empresas del país, pero nunca había congregado a tanta gente. Obviamente estaba delante de las consecuencias de las recientes noticias sobre mi vida privada. Cogí aire sabiendo que era el momento de ser valiente e inteligente y darle la vuelta a la situación. Podíamos sacar ventaja.
Miré a mi teléfono que marcaba las ocho en punto y al levantar la vista hacía la entrada todos esos periodistas se esfumaron, solo veía a Edward esperándome elegantemente en la entrada.
Estaba espectacularmente atractivo y elegante. Llevaba un traje negro de corte clásico que le quedaba perfectamente. Miraba nervioso su reloj. Era el momento de salir y cumplir mi promesa con la única persona con la que quería estar en este momento.
Cogí aire antes de abrir la puerta y dirigirme hasta Edward Cullen. El mejor vicepresidente que jamás me pudo regalar papá y sin duda el hombre más paciente que pude elegir para compartir mis días.
La mirada de Edward se fijó en la mía iluminándose y supe en ese instante que estaba enamorada de él. Siempre lo había estado pero estaba vez era tan profundo que me sentía como si una ola enorme me hubiera engullido dejándome sin capacidad para negar o para luchar contra ello. La Bella que siempre había luchado contracorriente contra lo que le provocaba Edward Cullen ya no existía. No podía luchar contra algo tan fuerte y puro porque sería negarme la felicidad.
Mientras acortaba, paso a paso, la distancia que me separaba de Edward me daba cuenta de lo tonta que había sido negándole a Edward la oportunidad de chillar a los siete vientos nuestro amor. Si algo tendría que haber aprendido de la muerte de papá es a vivir sin desperdiciar el tiempo y eso era lo que estaba encabezonandome en hacer sin darme cuenta.
-Estás deslumbrante. – me aduló nada más llegar a su lado. Con un gesto tan natural en una pareja pasó su mano por mi cintura hasta acercarme a su costado. Lo miré sorprendida y por su semblante estaba tan sorprendido como yo por su acto. Me limité a sonreír e intentar no mirarlo embobada como siempre que estaba tan cerca de él.
-Vamos a conjunto. – comenté secretamente en referencia al color de sus ojos. Edward captó la referencia sonriendo de lado mientras centraba su mirada en los periodistas que estaban delante de nosotros.
Contestamos algunas preguntas de rigor mientras esperábamos que Carl y Ernest llegaran e ignoramos la mayoría que preguntaban sobre mi hermano. Notaba los dedos de Edward trazando círculos en mi espalda relajándome cada vez hacían referencia a mi antigua vida. Ambos ignoramos magistralmente todo ese veneno.
Fueron unos minutos que se hicieron eternos pero finalmente nuestros flamantes trabajadores llegaron. Sonreí al verlos llegar con extravagantes pajaritas tal y como prometieron el día que nos despedimos en Nueva York.
-No os puedo decir lo atractivos que estáis juntos porque las palabras se quedan cortas. – me dijo al oído Ernest cuando me abrazó a modo de saludo.
-Aunque no tan elegantes como vosotros y vuestras pajaritas. – bromeé. – Vamos a que nos hagan una foto para la eternidad. – le empuje para que se colocaran entre Edward y yo.
Estaba realmente orgullosa que Ernest y Carl hubieran decidido compartir con nosotros su trabajo. Ellos eran mi primera apuesta en Swan's Network. Con ellos algo cambió, comencé a notar esta empresa como mía. Si por algo deseaba que todo fuera perfecto esta noche era por estos dos genios que habían decidido quedarse con nosotros cuando tenían a todo el mercado detrás de su producto. Se lo merecían, mucho más después del intento de demanda de plagio, era mi agradecimiento. Ellos eran los verdaderos protagonistas.
En el interior nos esperaban un grupo de periodistas de prensa especializada con los que compartimos una breve charla sobre nuestra interfaz de comunicaciones. Los detalles técnicos los habíamos expuesto en un documento que habíamos enviado previamente a todos los interesados pero era interesante poder contestar de primera mano las dudas.
-Veo que tú y Edward finalmente estáis juntos… Enhorabuena. – me dijo Carl mientras dejábamos que nuestros compañeros acabaran de responder a las últimas preguntas.
-¿Cómo lo sabes? – pregunté sorprendida por su segura declaración.
-En Nueva York se lo dije a Ernest pero no estaba seguro, tenía la sensación que aún no os habíais atrevido a dar el paso pero ahora es un secreto a voces. Solo un ciego no se daría cuenta de cómo te mira ese hombre. – me explicó subrayando, una vez más, que tenía que parar el sinsentido de negar nuestra relación lo antes posible.
-Supongo que no tiene caso decirte lo contrario. Aún estamos en pañales, pero sí, estamos juntos. – confesé sintiendo como el aire llenaba mis pulmones de paz.
-Me alegro por vosotros, solo un consejo no se lo digáis a Ernest o acabara enterándose toda la ciudad en menos de una hora. – me dijo secretamente mientras veíamos como los protagonistas de nuestros cuchicheos se acercaban a nosotros.
-¿Todo bien? – preguntó Edward cuando llegó a mi lado.
-Mejor que nunca. – le aseguré sonriendo tranquila. Su rostro se relajó al instante y sus ojos verdes brillaron más oscuros de lo habitual.
-Más tarde me explicarás todo, pequeña. – dijo curioso mientras acariciaba mi mano levemente.
Le guiñé un ojo como respuesta mientras indicaba a mis tres acompañantes que me siguieran hasta la gran sala en la que se celebraría la fiesta.
Cuando cruzamos el umbral todo estaba más que perfecto. Sin lugar a dudas, todo el mundo había hecho un gran trabajo durante estas semanas. Las mesas estaban situadas alrededor de la sala dejando una zona libre en medio en la que ahora mismo los invitados que iban llegando se agolpaban en pequeños grupos.
Pude vislumbrar a Rose haciéndose cargo junto con los organizadores de algunos detalles a un lado. Iba con un traje chaqueta rosa y con una camisa blanca que le sentaba maravillosamente. Su melena rubia al aire sería la envidia de la mayoría de presentes toda la noche.
A otro lado estaban los Cullen hablando con Christofer Rowling, el notario de papá. Él había sido el encargado de descubrirnos que Edward y yo estábamos obligados a entendernos. Miré a Edward señalándole hacía dónde estaban sus padres y sonrió de la misma manera que lo había hecho yo. Quién nos iba a decir que acabaríamos así.
-Esas semanas fueron una pesadilla y cuando te dio por volver casi me fulminas con la mirada... – recordó Edward ahora mucho más divertido que entonces.
-Tampoco tú fuiste el mejor comité de bienvenida. – me defendí inocentemente.
Edward rodó los ojos ante mi comentario pero no dijo nada, nos fuimos acercando junto con Carl y Ernest a saludar a nuestros invitados y trabajadores.
Me descubría buscando a Jessica entre el gentío. Después de la conversación con Rose estaba mucho más alerta de lo habitual. Además mis inseguridades renacían con más fuerza en estas situaciones en las que yo era tan poco hábil y ella se sentía en su habitad natural.
No sé si Edward notó mis miedos pero volvió a dejar una caricia furtiva en mi espalda acompañada de una sonrisa tranquilizadora. Se la devolví.
Sin más todo pasó en un borrón.
No habíamos parado ni un momento, incluso cuando estábamos cenando seguíamos haciendo negocios. Ya fuera consolidando ante nuestros principales inversores la imagen de una dirección fuerte y unida como ante nuestros clientes vendiendo nuestro prototipo. Era como si lleváramos en una reunión durante horas pero vestidos elegantemente. Por suerte, habíamos incorporado a nuestro equipo a Rose que enérgicamente apoyaba todo el trabajo que hacíamos tanto Edward como yo.
Salía del baño pensando en lo mucho que iba a disfrutar de un baño caliente cuando toda esta velada acabara cuando me topé con Jessica esperándome en el pasillo. Iba vestida con un elegante y bastante discreto vestido negro de tirantes. La había visto durante toda la noche vigilándonos disimuladamente mientras hacía que se entretenía con sus compañeros de trabajo. El ajetreo me había permitido no hacerle mucho caso pero sin lugar a dudas ya no podría ignorarla más. Estaba más que dispuesta a decirme algo, lo más seguro a escupirme su veneno.
Me paré dispuesta a no dejarme acobardar.
-Enhorabuena por la fiesta, está siendo un éxito. – me dijo Jessica después de observarme detenidamente, como si no lo hubiera hecho lo suficiente durante toda la noche. Estaba en la mesa con James Witherdale cosa que me hacía temblar. Lo último que necesitaba era un tándem maléfico en mi contra. Por suerte no quedaban en mi línea de visión lo que me permitió ignorarlos eficientemente.
-Gracias. – contesté intentando controlar mi temperamento. – Espero que la estés disfrutando. – añadí cortésmente intentando librarme de ella.
-Nunca has sabido disimular. – me limité a guardar silencio. No pensaba rebajarme al nivel que estaba buscando. La dejaría hablar hasta que se cansara. – Al final tienes a Edward para ti, como siempre has deseado. – Cogí aire preparándome para lo que tanto tiempo llevaba esperando. Su venganza. -
Al fin y al cabo si algo había tenido claro era que Jessica nunca dejaría ir a Edward sin luchar, al parecer había decidido morir atacando.
-Nunca he compartido mi vida contigo, tampoco lo haré ahora. – respondí lo más calmada que pude. No era ni el momento ni el lugar para decirle lo que realmente deseaba. Tampoco pensaba confirmarle mi relación. Si con simples conjeturas era capaz de soltar tanto veneno no quería ni pensar qué haría si supiera la verdad.
-A Edward nunca le han gustado los escándalos… No creo que esté dispuesto a aguantar mucho más el circo que tienes a tu alrededor… Quizás ahora aun tiene ciertos beneficios, por eso de la novedad… pero acabará en cuanto se canse de tus constantes problemas. – atacó tan ruinmente que ni siquiera yo había aventurado tal osadía.
-Te lo dije una vez, te lo repito ahora. No me preocupa tu opinión. – le respondí intentando pasar por su lado pero me cortó el paso.
-¿Cómo de segura estás de su amor por ti? – me increpó en un tono que me congeló las entrañas. – ¿De verdad crees que de ignorarte toda la vida ahora de repente está loco por ti…? – preguntó mordazmente. Aguanté estoicamente a que acabara intentando no chillarle lo ridícula que me parecía. –
-No te voy a dar ninguna explicación, grábatelo en la mente. – me defendí.
-Supongo que si tan fuerte es vuestra relación te habrá explicado lo qué pasó el otro día. – dijo haciéndose la desentendida aun sabiendo muy bien lo que hacía.
-No te voy a dar ninguna explicación. Malgastas tu tiempo. – contesté esta vez más enfadada. No quería que sus palabras, seguramente mentiras todo, enturbiaran mi mente y mucho menos mi relación con Edward.
Esta vez no le di la oportunidad de continuar con su discurso, la aparté a un lado y seguí mi camino.
Estaba alterada. Por mucho que intentara mantener la calma, por dentro era un volcán a punto de explotar. Caminaba con el paso fuerte, la mandíbula tensa y mis pensamientos en una falsa calma. Sabía que todo lo que había dicho Jessica era mentira, sólo quería que desconfiara de Edward. Seguramente estuvo molestándolo a propósito para después aprovecharlo como arma. No iba a dejar que una persona vengativa hiciera añicos la confianza que tenía en Edward.
Entré en el gran salón. Edward estaba rodeado de varios empresarios de la ciudad. Debería ir hasta allí y hacerme valer como presidenta de Swan pero en este momento estaba fundida anímicamente. Necesitaba unos minutos para recuperar las fuerzas que Jessica me había robado. Una copa de champan bien frío me ayudaría.
Edward me guiñó un ojo, en cuanto me vío, aprovechando la ventaja que le daba su altura adivinando mi indecisión. Le señalé la mesa en la que estaban sirviendo bebidas y con una sonrisa discreta asintió dándome las fuerzas que necesitaba para no ir con él y tomarme un tiempo libre.
Pedí una copa disfrutando de la lentitud del camarero al servirla. Cada segundo era un regalo para mi paz interior.
-Hola preciosa – escuché la voz de Emmet detrás de mí e instintivamente sonreí.
-Hola de nuevo, galán. – respondí haciendo alusión a todas las miradas sedientas que había despertado a su paso durante toda la noche. Rose estuvo a punto de aniquilar a más de una pero eso no había detenido a nuestras compañeras a mirar a Emmet descaradamente. Las entendía, estaba muy guapo con su esmoquin.
-¿Cansada? – me preguntó cogiendo otra copa para después retirarnos un poco del lugar.
-Sí, aunque estoy muy contenta por lo bien que está yendo la celebración… ¿No crees? – pregunté repasando mentalmente cómo a pesar de mis miedos e inseguridades había conseguido desenvolverme entre la multitud de extraños.
Aunque sin ayuda de Edward no hubiera sido igual. Una vez más.
Pero ahora en lo último que quería pensar era en él. Porque inevitablemente me llevaba a la conversación con Jessica y no quería volver a ponerme nerviosa.
-Estoy muy orgulloso de ti. – declaró sincero. Su mirada brillaba diferente cuando lo estaba. – Y aún lo estaría más si estuvieras bailando. – añadió guiñándome un ojo.
Definitivamente estaba fuera de mi alcance entender la obsesión de Emmet por el baile. ¿Cómo era capaz de movilizar su enorme cuerpo cuando yo no podía dar ni cinco pasos sin tropezar? Estos días había mejorado mucho. Lo había visto bailar con Rose durante la noche y lo había hecho realmente bien. Había descubierto una ventaja de ser la presidenta de Swan's en una fiesta como esta y era que pasabas tanto tiempo socializando y haciendo negocios que no tenías tiempo de bailar. De hecho ni Edward ni yo habíamos tenido ni dos minutos para poder dedicarnos ociosamente a compartir un baile.
Sorprendiéndome a mi misma lo eché de menos. Hubiese sido bonito pasar unos minutos en brazos de Edward olvidándome de todo lo demás.
-Oh… Tengo grandes planes para bailar… Tan solo dame un par de vidas más para comenzar. – bromeé intentando que no notara mi estado de ánimo. Emmet tenía demasiada facilidad para adivinar qué pasaba por mi cabeza y no quería que se preocupara. Mi plan para él es que se marchara con Rose, a poder ser de la mano, y se dejaran ya de tonterías.
-Oh... Claro… - comenzó su réplica imitándome. – Es mucho mejor quedarte aquí, tamborileando tus dedos contra el mantel intentando disimular que no hay algo rondando tu cabeza que no te deja sonreír con tranquilidad… - sentenció amable dando de pleno en el centro de la diana… o de mi corazón.
Le miré sabiendo que no necesitábamos de palabras para tener esta conversación y en medio de esa muda charla escuché los acordes de nuestra canción.
La sonrisa de mi eterno amigo cambió. Ahora era como la de un niño pequeño que sonreía orgulloso después que el plan que había orquestado a espaldas de todo el mundo saliera a la perfección.
-Pero… - dijo Emmet haciéndose el misterioso. – Una canción familiar comienza a sonar y sabes que no puedes negarte. – añadió ofreciéndome su mano que acepté sin dudarlo.
Nos dirigimos a la pista de baile mientras notaba como mi ánimo se aligeraba gracias a la música que tantos buenos recuerdos me traía junto con la compañía de mi mejor amigo, mi fiel compañero de batallas.
Comenzamos a bailar.
-Además, tú misma lo has dicho… soy todo un galán. – dijo antes de darme una vuelta para acabar apoyada magistralmente en su pecho. – Aquí me tienes, destilando estilo y carisma – se alabó divertido haciéndome soltar una carcajada – Y me tienes solo para ti.
-¿Sólo para mí? ¡Guau! – le seguí la broma. Sabiendo que para él significaba lo mismo que para mí. Éramos como hermanos.
En estos momentos, seguramente, todos los presentes estarían pendientes de nuestro pequeño espectáculo pero me daba igual. Me lo estaba pasando bien y era todo lo que necesitaba en estos momentos.
-¡Qué demonios! Somos jóvenes y la vida sigue. – exclamó - Quizás no haya matrimonio. Quizás no haya sexo. – añadió con cara de espanto. Esta vez sí levanté la vista para ver a varias personas observándonos descaradamente, entre ellas la cara seria de Edward. – Pero te puedo asegurar que siempre tendremos….Nuestra canción. – acabó mientras me lanzaba para que girara justo cuando la música llegaba a su momento álgido.
Una carcajada salió del fondo de mí ser calentándome el corazón.
-Pobre Rose… - dije cuando volví a recuperar mi aliento.
-Pobre Edward… Pobre de mí que me juego la vida cada vez que me acerco a ti. – bromeó dándome otra vuelta.
-No dejes que esta noche se acabe sin decirle que quieres tener una relación sería. – le aconsejé viendo como Rose nos miraba divertida, negando con la cabeza ante los movimiento de Emmet.
-No dejes que quien te ha llenado la cabeza de dudas te haga dudar de él. – me replicó esta vez aconsejándome él a mí. –
-Estás enamorado de ella. – le dije sabiendo que me entendería.
-Estás pérdida por él. – Respondió sin fallarme.
Y con esta confesión todos mis miedos se esfumaron.
Con cada confesión hacía mi relación con Edward más real.
Con cada confesión las palabras de Jessica perdían fuerza.
Levanté de nuevo mi vista buscando al hombre que tanto me había dado estos meses y le sonreí intentando trasladarle la fuerza de mi amor. Esperando que pudiera entenderme a pesar de no usar palabras.
Edward me sonrió de vuelta.
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[**]
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NA:
Espero que os haya gustado. Es un poco largo pero con el confinamiento espero os sirva de entretenimiento.
Unas cositas:
más seguro es que más de una lo hayáis notado mientras lo leíais pero la escena de Emmet y Bella es casi una copia de la escena del baile final de LA BODA DE MI MEJOR AMIGO. Una de mis pelis preferidas de la infancia que recientemente la volví a ver y no pude evitar incluirla.
semanas haciendo revisión de los capítulos me he dado cuenta que en un momento de la historia, sin ser consciente, le he cambiado el nombre a CARTER y ha pasado a llamarse CARL. Pido disculpas por la confusión. Cuando acabe haré una revisión y lo cambiaré.
unos días vi un video en YT de JAVIER RUESCAS sobre CREPUSCULO. Ha hecho una relectura de la saga y ha cambiado el punto de vista según lo que sintió con la primera lectura. A mí me ha hecho reflexionar como los autores / lectores de FF hemos cambiado la personalidad de los personajes originales a nuestro antojo, seguramente eliminando lo que no nos gustaba de ellos… Simplemente me pareció muy curioso verlo y quería compartirlo con vosotras por si queréis animarlo a verlo y mirar en perspectiva.
LA PRÓXIMA ACTUALIZACIÓN SERÁ LO ANTES POSIBLE. SIGO SIN PODER DECIROS MÁS PORQUE VOY ESCRIBIENDO AL DÍA.
Cuidaros mucho,
¡Nos leemos en el próximo!
