DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.
Nota Traductora: Hola chicas! Lamento mucho no estar publicando más de un capítulo por semana, pero en verdad me ha sido imposible traducir más rápido en estos días; espero puedan disculparme. De cualquier forma, publicaré al menos un capítulo por semana, no tengan duda de ello. En este capítulo y en algunos posteriores encontrarán diálogos con acento francés escrito, es decir, cambiando las "r" por "g". A pesar de que siento que a veces puede resultar un poco difícil de leer, creo que es lo mejor, pues como algunas personas me señalaron, ayuda a identificarse mejor con el personaje. Si tienen alguna duda respecto a esa conversación, por favor avísenme y les hago llegar la versión "sin acento fgances" =)
Nota Autora: Ustedes son absolutamente ridículos. Estoy tan abrumada por el amor a ésta historia. Mención especial a las personas que recomiendan la historia en grupos de tumblr y facebook. Muchas gracias a los lectores que han estado conmigo desde el principio, incluso los que llegaron aquí desde H&V, y mucho amor para aquellos que acaban de descubrir ésta historia.
En cuanto a las sugerencias de escribir una versión AU de la historia, donde Voldemort gana y se lleva a cabo la Subasta... ¿Cómo se atreven? Ya tengo bocetados tres capítulos.
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La Forma Correcta de Actuar
Traducción de "The Right Thing To Do" de Lovesbitca8
Capítulo 25
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Hermione revisaba en su mente la tarea de Encantamientos mientras caminaba por los pasillos. Los T.I. . se acercaban y, aunque nadie más parecía inclinado a estudiar o preocuparse por ellos, sabía que era mejor comenzar con antelación.
Utilizaba su tiempo en las rondas de Prefectos para repasar. Había tanto silencio alrededor del castillo a esa hora de la noche -ahora que Umbridge había comenzado con sus "decretos"-, que se hubiera vuelto loca de no tener otra cosa en que ocuparse. Le había preguntado a Ron si quería patrullar con ella, pero por supuesto, dado que su día para las rondas era el Martes, se negó abruptamente.
—¿Por qué iría dos veces? —murmuró mientras comía pudín en la mesa.
¿Para hacerle compañía? Hermione puso los ojos en blanco y continuó enumerando los hechizos creados en la década de 1920. Dobló una esquina hacia el aula de Historia de la Magia y se detuvo a medio paso.
Draco Malfoy tenía a Pansy Parkinson acorralada contra la pared de piedra. La estaba besando. Ella lo tomaba por los brazos.
Hermione parpadeó, sintiendo que su aliento la abandonaba.
La espalda de Pansy estaba contra la pared y sus manos se apretaban sobre los hombros de Draco, retorciéndose en su cabello mientras él atacaba la boca de la chica con sus labios. La mano derecha de Draco sobre su cadera, la izquierda apoyada contra la pared.
Hermione tragó saliva.
Ellos eran... ¡Ellos eran Prefectos, en el nombre de Merlín! Además de miembros del encantador escuadroncito de Umbridge. ¡Sabían mejor que nadie que no debían estar en los pasillos, besuqueándose un Jueves a las 9 p.m.! ¡Déjenlo para su Sala Común, maldita sea!
Pansy sonrió contra los labios de Draco...
Hermione abrió la boca, lista para marchar hacia ellos y separarlos por la fuerza -porque era su deber como Prefecta, por supuesto.
Luego vio como Draco separaba su boca de la de ella, jadeando, exhalando una bocanada de aire sobre el cuello de la chica, y volvía a besarla justo por debajo de la oreja. Pansy emitió un pequeño chillido, mordiéndose el labio.
Hermione no le encontraba el encanto a eso. Cada vez que Viktor intentaba besarla en el cuello, le hacía cosquillas o la lastimaba.
Hermione se dio cuenta de que estaba parada en medio de un pasillo, viendo cómo Draco Malfoy se devoraba a su novia... o a su amante... o lo que sea que ella fuera, refunfuñó. Necesitaba marcharse o ponerse a hacer su trabajo y separarlos.
Dio un paso al frente justo cuando Draco se reacomodó, posicionando una rodilla entre las piernas de Pansy. Se inclinó hacia ella, dejando que su muslo desapareciera entre los de ella, avanzando lentamente, y en el momento en que su pierna rozó la parte superior de sus muslos, Pansy gimió, jadeando y aferrándose a su cabello.
—Draco...
Bien. Eso era suficiente. Hermione entrecerró los ojos a los dos Slytherins.
—Disculpen, —dijo en voz alta. Los ojos de Pansy se abrieron de golpe y Draco retiró los labios de su cuello, pero no se giró para mirarla—. Odiaría interrumpir lo que sea que esté a punto de suceder, pero ya son las 9:08. Y como Prefectos, saben que los estudiantes deberían estar en sus Salas Comunes.
Draco bajó la rodilla, pero mantuvo la mano contra la pared, jadeando. Pansy la fulminó con la mirada y rodeó a Draco, enderezándose la falda.
—Oh, como si tuvieras la más remota idea de lo que estaba a punto de ocurrir, pequeña Sangre Sucia remilgada —Pansy se burló de ella.
—Tengo algunas conjeturas, —dijo Hermione inexpresivamente—. Por favor regresen a su Sala Común-
—¿O qué? —Pansy sonrió—. ¿Nos quitarás puntos? Sabes que no puedes. De hecho, como miembro del Escuadrón Inquisitorial, diría que estás siendo innecesariamente grosera, Sangre Sucia.
Hermione reprimió su comentario y observó a Draco enderezarse, alejarse de la pared y voltearse para mirarla con ojos ardientes.
—Yo diría que tienes razón, Pansy.
Hermione bufó.
—Diez puntos menos para Gryffindor, por cuestionar la autoridad de dos miembros del Escuadrón Inquisitorial, —declaró Pansy.
—Diez puntos menos por cada miembro del Escuadrón, diría yo, Pans.
¿Veinte puntos por hacer su trabajo?
—Ustedes dos son ridículos. —Caminó alrededor de Pansy y continuó por el pasillo, completando su ruta de patrullaje. Hermione se giró hacia la pareja—. Si vuelvo a encontrarlos besuqueándose por los pasillos después del toque de queda, les daré detenciones.
Pansy se burló de ella, y Draco, con el cabello revuelto y la corbata torcida, sonrió de lado y dijo, —No puedo esperar, Granger.
Hermione lo miró fijamente y giró sobre sus talones, caminando por el largo pasillo hacia la izquierda, consciente de que sería observada por el resto de su camino.
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—¿Que hiciste qué?
Hermione hizo una mueca. Intentaba contarle a sus amigos desde la cocina, mientras freía unos huevos.
—Yo... apliqué para Malfoy Consulting Group.
Sólo se escuchó el golpe de los pies descalzos de Ginny contra el suelo y la silla de Harry arrastrándose.
—¿Cuándo?
Hermione cascó un huevo, dándoles la espalda.
—Como a la 1:00 a.m. de anoche. —Arrojó la cáscara de huevo al fregadero y se limpió las manos con una toalla.
Había estado nerviosa toda la mañana. Se despertó aterrorizada, cuestionándose lo que había hecho, y ahora, justo cuando había dejado de cuestionarse y comenzaba a hacerse a la idea, les contaba a Ginny y Harry. Para que pudieran interrogarla.
—¿Por qué? —La voz de Harry. Hermione tragó saliva y se dio la vuelta.
—Fue convincente. Me recordó que quiero salvar al mundo. —Se encontró con los ojos de Harry detrás de sus lentes. Sus cejas habían desaparecido bajo su cabello desordenado.
—Entonces, ¿dejarás tu puesto en el Ministerio y todas tus opciones de ascenso para convertirte en el perro faldero de Malfoy? —Harry la miró con el ceño fruncido.
—No seré el perro faldero de Malfoy. Seré la Consultora en Jefe de Relaciones con No-Magos. —Hermione puso las manos sobre sus caderas. Y los ojos de Harry se abrieron.
—¿Consultora en Jefe? —Ginny susurró—. ¿Y eso qué significa?
Hermione no tenía ni puta idea. Eso era lo que la aterrorizaba.
—Ya- ya lo averiguaré —Se apartó el pelo de la cara—. Pero estaré representando criaturas mágicas, como el caso de los Hombres lobo que me trajo. Creo que voy a discutir frente al Wizengamot-
—Una de tus actividades favoritas, —dijo Ginny amablemente.
—Sí, —dijo Hermione—. Podré buscar casos y causas en las que quiera enfocarme.
—Mientras trabajas junto a Malfoy, —agregó Harry, monótonamente.
—Sí, —dijo Hermione.
Los tres se miraron el uno al otro en la cocina, con los huevos chisporroteando a espaldas de Hermione.
—Creo, —dijo Ginny—, que es un excelente movimiento profesional... —Lo dijo con voz tensa, alzándose al final.
—¿Pero…? —la incitó Hermione.
—Bueno, —Ginny la miró—. Ahora nunca podrás dormir con él.
Hermione parpadeó, tratando de no realinear sus prioridades. Harry tosió y se retiró a la sala de estar.
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Entregó su aviso de dos semanas a Mathilda el Lunes por la mañana. Mathilda no estuvo tan sorprendida como Harry y Ginny. Ella asintió con la cabeza, sonriendo, y le dijo que la echaría mucho de menos.
Aiden fue muy... Aiden al respecto. Chocó los cinco con ella.
El Martes, llegó a casa del trabajo y se dio otra ducha, preparándose para su primera lección con Madame Michele. Le pidió a Ginny que trenzara su cabello para que no fuera un desastre. Escogió su túnica más bonita y sus terribles tacones sensatos. A las 7:45 p.m., atravesó la red Flú para descubrirse a si misma dentro de lo que parecía un saloncito de té.
Miró alrededor de la sala de espera, aliviada de encontrarla vacía. Vagó entre las mesas, mirando los arreglos florales y tocando las tacitas de té. Los cuadros de tacitas colocados en las paredes le recordaban vagamente los cuadros de gatos en la oficina de Umbridge, pero al menos las tazas de té no le maullaban.
Hermione no se atrevió a sentarse. No había ningún sofá para esperar, y tendría que jalar una silla si quería sentarse, por lo que continuó caminando por la habitación en sus tacones sensatos.
A las 8:00 p.m. en punto, la puerta de la habitación lateral se abrió. Una mujer morena y bajita que enfundaba su cabeza en un elegante turbante y con pequeños anteojos colgando del extremo de su nariz levantó una ceja.
—¿Sgta. Hegmione G'angeg?
—Sí, hola.
—Soy Madame Michele.
¿Ésta era la abominable mujer de la que Fleur le había hablado? Apenas le llegaba a la nariz.
—Hola. Encantada de conocerla, Madame Michele. —Hermione avanzó un paso, apartando con torpeza su abrigo y bolso para extenderle la mano.
Madame Michele miró su mano extendida, luego la tomó con mano enguantada y levantó la barbilla.
Oh cielos. ¿Estrechar la mano no estaba permitido? ¿Debería haber hecho una reverencia?
La pequeña mujer soltó su mano y le sonrió. —Pog favog, venga a mi oficina. —Madame Michele se hizo a un lado, invitándola con un gesto para que Hermione entrara.
Hermione se sentó frente al escritorio en la esquina. Otra encantadora habitación bien ventilada.
Madame Michele se deslizó hacia su silla y a Hermione la asaltó la duda de cómo un cuerpo tan pequeño podía moverse con tanta elegancia. Madame Michele movió su varita y una Vuelapluma se materializó a su lado.
—No pgeste atención a la pluma, Sgta. G'angeg.
Hermione regresó en el acto sus ojos hacia la pequeña mujer, sabiendo que había adivinado exactamente lo que había estado mirando.
La mujer frunció los labios, mirando algo en su escritorio. Se mantuvo en silencio por varios minutos. Hermione no sabía hacia dónde mirar, pero sabía que debía ignorar la pluma. Había una ventana detrás de Madame Michele, así que mientras esperaba que sucediera algo, observó las nubes a la deriva.
Madame Michele levantó el periódico que estaba leyendo en su escritorio, y Hermione vio que era el Profeta del Sábado por la mañana. La primera plana la miró fijamente mientras Madame Michele leía la sección central del periódico, y Draco sobre el escenario, sosteniendo su copa de champaña en alto, brillaba.
Había leído el artículo el Sábado, pero a Skeeter le habían dado prácticamente todo el periódico para hablar sobre la Gala de Víspera de Año Nuevo en la Mansión de Narcissa Malfoy. La imagen de Harry, Ginny y ella brindando y bebiendo aparecía en la página 2, y otra foto de ella hablando con el Ministro de Magia Alemán en la página 4. Narcissa, Draco, Harry y Blaise también tenían algunas fotografías. Una frase resaltada citaba "¡Espléndida noche!" -Hermione Granger. Bueno, suponía que era en parte cierta.
Madame Michele sostuvo el papel entre sus dedos. —Eges una mujeg impgesionante, Sgta. G'angeg.
—Oh, hum... gracias.
—Oh, hum... g'acias. —Madame Michele dejó caer el periódico. — ¿Es así cómo gesponde a un cumplido?
Oh. Sí, ahora podía ver a qué se refería Fleur.
—Gracias, Madame Michele —se corrigió.
—¿Entonces cgees que eges una mujeg impgesionante? —Sus ojos negros la perforaban desde la parte superior de sus pequeñas gafas.
—…¿No?
Madame Michele le dirigió una sonrisa condescendiente y se levantó de su escritorio. Hermione también se levantó.
—Tomemos un poco de té. Quiego conocegte mejog. —La mujer se deslizó alrededor de su escritorio y condujo a Hermione al salón de té. Hermione la siguió, observándola caminar en sus tacones bajos. Madame Michele se detuvo apenas cruzó la puerta de su oficina y tomó el abrigo y bolso de Hermione. Los colocó en el perchero—. Pog favog, elige la mesa que quiegas.
Hermione miró las doce mesas del saloncito y eligió la mesa grande del centro. Jaló la silla lo más silenciosamente que pudo y se sentó. Una vez que estuvo sentada, Madame Michele se alejó de ella y fue al carrito de té. Agitó su varita y una bandeja de pastelillos y galletas flotó hacia Hermione, aterrizando en el centro de la mesa. La pequeña mujer calentó el agua con su varita y una vez que silbó, Madame Michele llevó la bandeja a mano con la tetera, la leche y los edulcorantes.
Puso la bandeja sobre la mesa sin magia, y se sentó frente a Hermione. Como era una mesa para seis personas, ambas estaban bastante lejos una de la otra.
—Háblame de ti, Sgta. G'angeg.
Hermione parpadeó. Madame Michele había cruzado las manos sobre su regazo y la estudiaba.
—Yo... Bueno, mi nombre es Hermione Granger, —podría haberse hecho un Auto-Avada ahí mismo—, y crecí aquí en Inglaterra. Soy hija única. Mis padres son muggles, pero a la edad de once años. recibí mi carta de Hogwarts...
Hermione miró a la pequeña mujer del turbante. Ella no dijo nada, pero continuó observándola.
—Así que... fui a Hogwarts, donde conocí a Harry Potter y Ron Weasley, dos de mis amigos más cercanos. Y a pesar de... los problemas... y las guerras... salimos de allí con vida. —Hermione sonrió, intentando parecer inteligente frente a Madame Michele—. Ahora trabajo para el Ministerio, o más bien, hum, trabajaba para el Ministerio, pero acabo de aceptar un puesto en Malfoy Consulting Group.
Hermione hizo una pausa, preguntándose cuánto tiempo se suponía que debía hablar sobre sí misma. Cuando Madame Michele asintió con la cabeza y se tocó la barbilla con los dedos, se preguntó si debería pedirle que le contara algo sobre ella. ¿Era una cosa de ida y vuelta?
—Gracias, Sgta. G'angeg, —tarareó Madame Michele—. Te las ag'eglaste paga pasag pog alto cada detalle integesante sobge ti misma, enfocándote en lo más tedoso.
Los ojos de Hermione se abrieron. ¿Tedioso?
Madame Michele se levantó y deslizó a un lado la parte superior de la tetera. Metió una cuchara y agitó tres veces en sentido del reloj, luego llevó el recipiente hacia la taza de Hermione. Una vez que había servido las dos tazas, dijo, —¿Leche, Sgta. G'angeg?
—Sí, gracias.
La mano de Madame Michele colocó la leche a la derecha de su taza de té. —¿Azúcag, Sgta. G'angeg?
Hermione descubrió que no había miel en la mesa, así que la miró y respondió —Hum, sí, gracias.
Madame Michele levantó una ceja hacia ella. —No tomas azúcag, Sgta. G'angeg, así que pog favog, pídeme lo que gequieges.
Hermione tragó saliva. —¿Tiene miel, Madame Michele?
Madame Michele sonrió. —Ouí —La mujer agitó su mano y la miel apareció en la mesa. Madame Michele esperó mientras Hermione vertía la leche en su taza y sumergía la cuchara en la miel tres veces. Hermione estaba sudando cuando finalmente agitó su taza, la cuchara golpeteó contra la taza sólo una vez, afortunadamente.
Hermione miró a Madame Michele, que seguía de pie a su lado, sonriéndole al tarro de miel.
El corazón de Hermione se hundió en su estómago mientras se preguntaba cuántas veces habría visto a Draco colocar tres cucharadas de miel en su té. Hermione se sonrojó y miró hacia abajo.
Madame Michele retiró la leche, volvió a sentarse y preparó su té. Hermione vio cómo se movían sus manos. No tenía barniz de uñas, pero habían sido recortadas y limadas. Hermione jaló una de sus cutículas.
Madame Michele recogió su taza de té, trayendo el platito consigo, y dijo, —Eges una mujeg demasiado geconocida como paga pgopogcionag detalles tgiviales. Cualquiega que te solicite "sabeg más de ti" estagá poniendote a pgueba o coqueteando contigo, Sgta. G'angeg.
Hermione frunció el ceño.
—No fgunza el ceño.
Hermione relajó su rostro.
—Sgta. G'angeg, ¿pog qué está aquí?
Hermione inmediatamente se carcajeó. Bajó la mirada hacia su taza de té, ahora avergonzada por reírse a carcajadas. Disciplinó sus facciones y volvió a mirar a Madame Michele. Trató de recordar la respuesta de Lucius Malfoy a esa pregunta.
—Estoy aquí para aprender las elegancia social de la comunidad Sangre Pura que no me fue enseñada cuando era una niña. Estoy aquí para aprender a integrarme mejor en sociedad.
Madame Michele asintió con la cabeza y miró su taza. —Integ'agse… —bebió un sorbo de té. Colocó su taza sobre la mesa y se levantó de su silla—. Sgta. G'angeg, nuestga lección de hoy ha tegminado.
¿Qué? ¿Cuándo había comenzado?
—¿Disculpe? —Hermione se puso de pie—. ¿Hice algo mal?
—No, no, Sgta. G'angeg, —Madame Michele agitó la mano y dos pergaminos volaron desde la oficina hacia sus manos—. Nunca asumas que eges la culpable. —Miró el primer pergamino y lo leyó; asintió, dobló el papel y se lo entregó a Hermione.
—Estudie esto, y geg'ese mejogada.
—¿Qué es? —preguntó Hermione, sin saber si debería abrir el documento allí.
—Tus notas.
¿Notas? Los ojos de madame Michele estaban sobre la segunda hoja de papel entre sus manos.
—¿Tgabajas en una libgegía el fin de semana?
—Hum, sí, —dijo Hermione, preguntándose qué habría en el segundo trozo de papel. Madame Michele la miró alzando una ceja. Hermione se corrigió a sí misma—, Sí, Madame Michele. Así es.
—Te pgog'amagé con la Sgta. Tguesdale paga el Jueves pog la noche entonces, —dijo—. Y el señog DuBois le pedigá que pgog'ame una cita el sábado o el domingo pog la mañana.
Hermione frunció el ceño. —¿Con la Srta…?
—Tguesdale. Tu maestga de baile.
Los ojos de Hermione se abrieron. —Oh, no... yo sólo... —se detuvo—. Sólo tomaré clases de modales con usted, Madame Michele. No tomaré otras lecciones por el momento-
—Sgta. G'angeg. —Madame Michele se quitó las gafas y las colgó del cuello con una cadena de gemas. Sus ojos estaban cansados, pero eran francos—. La hegencia se tgansfegigá ésta noche a las 9 p.m..
Hermione sintió que su pecho se congelaba.
—Pego sólo una décima pagte. —Madame Michele frunció los labios—. El pgóximo magtes, a las 9 p.m., se tgansfegigá otga décima pagte. Y así sucesivamente. —La mujer dirigió su mirada hacia ella—. Siempge y cuando asista y apgrenda sus lecciones ésta semana. Todas ellas.
Hermione abrió la boca, emitió un sonido de indignación y sintió que su sangre hervía. Apretó el puño alrededor de las notas de Madame Michele y miró al piso, quemando un agujero en él. Su mandíbula estaba apretada mientras pensaba en las múltiples formas en que desearía matar a Lucius Malfoy. Una pequeña mano alzó su barbilla.
Cuando se encontró con sus ojos, Madame Michele colocó una mano sobre la parte superior del pecho de Hermione, justo debajo de su cuello, con dos dedos descansando suavemente sobre su garganta. Los ojos de Hermione se abrieron, alarmados.
—Ag'iba el gostgo, Sgta. G'angeg. No escondas tu fugia. Digígela. Contgólala. —Ojos negros la perforaban, y Hermione no podía respirar—. Y lo más impogtante, no escondas esto. —Hermione sintió un ligero toque en su garganta—. Es tu única agma.
La mujer quitó la mano de su cuello y Hermione sintió que un peso desaparecía, recobró el aliento en su cuerpo mientras miraba los ojos firmes pero amables de Madame Michele.
¿Qué demonios había sido eso?
—Conozco a Lucius Malfoy desde hace mucho tiempo, Sgta. G'angeg. —Madame Michele frunció los labios—. No eges la pgimera pegsona en seg chantajeada pog él y no segás la última. Obtendgá lo que quiege, de una fogma u otga. —Le tendió el segundo trozo de papel a Hermione—. Elige el camino fácil.
Parpadeando rápidamente, Hermione miró hacia abajo para encontrar el horario para el resto de su semana. Recibiría clases de baile el Jueves por la noche, lecciones de organización de eventos los Sábados o Domingos por la mañana, y tendría que reunirse con un decorador de interiores el Sábado durante el almuerzo. Esa sería su vida durante las próximas diez semanas.
Soltó un suspiro agitado, intentando recordar lo que Madame Michele acababa de decirle sobre dirigir su ira y no reprimirla. Miró a la pequeña mujer.
—Gracias, Madame Michele. ¿Cómo debo pagarle por la clase de ésta noche?
—Ya ha sido pagada, mademoiselle.
—Oh, por supuesto que no, —gruñó Hermione—. Por favor envíe la factura a mi dirección personal y devuélvale el dinero del Sr. Malfoy. No lo aceptaré.
Madame Michele le sonrió y asintió. Hermione tomó su abrigo y su bolso, arrojó polvo a la chimenea y regresó a casa.
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Cualquier sentimiento afectuoso que Hermione había desarrollado por Madame Michele al final de la lección se aplastó rápidamente cuando leyó sus notas. Al parecer, la Vuelapluma había estado escribiendo todo el tiempo.
No deambules por una sala de estar ajena.
¿Apretón de manos?
¿Halagos?
No mires por la ventana como tonta.
Nunca elijas la mesa más grande para dos personas.
No tamborilees las piernas bajo la mesa.
No es necesario ponerte de pie cuando otra mujer se levanta.
Por todos los cielos, ¿qué clase de zapatos son esos?
No tartamudees –conoces tu propio cerebro y debes saber qué es lo que quieres decir.
La lista continuaba, llenando todo el pergamino. Hermione lo arrojó al suelo con exasperación. Lo recogió de nuevo cinco minutos después.
Recibió la factura por lechuza poco después de llegar a casa. Su mandíbula se abrió de golpe. Quizás debería haber dejado que Lucius se encargara.
Luego recordó que había pasado por alto la cifra de su salario en el contrato de Draco, que era tres veces su paga actual del Ministerio; y reconoció que, de hecho, podría pagar los honorarios de Madame Michele una vez por semana durante diez semanas. Por supuesto, no tenía idea de cuánto costarían las clases de baile, las clases de organización de eventos y las clases de decoración de interiores.
Obtendgá lo que quiege, de una fogma u otga.
¿Qué era lo que querría Lucius?
Hermione se mordió el labio y miró la pared de su habitación que solía ser el Muro Malfoy. Había pensado que Lucius quería que se mantuviera alejada de Draco. Que esas clases eran su castigo por haberlo desobedecido. Pero ahora no estaba segura.
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La Srta. Truesdale terminó siendo la persona más horrible que Hermione había tenido el disgusto de conocer.
En la lección de baile del Jueves, su autoconfianza fue tan severamente golpeada por esa marchita exbailarina que Hermione se comió un tarro entero de helado ella sola.
La Srta. Truesdale le aclaró a Hermione que necesitaría mucho más de diez semanas para ponerse al día, y no obtuvo satisfacción alguna al ver a Hermione moverse durante toda la clase. No fue hasta que la Srta. Truesdale la llevó a la barra de ballet y comenzó a guiarla en un calentamiento de ballet muggle, que la miró con algo distinto al disgusto. Los dos años de ballet que tomó cuando tenía seis años volvieron poco a poco a su mente, y al menos fue capaz de recordar las posiciones.
Recibió una carta el Viernes -mientras atendía sus adoloridas piernas-, dirigida a la Srta. Granger. Encabezada con el membrete M.C.G. y de puño y letra de Draco, aunque parecía bastante... genérica.
La carta detallaba un poco más la información que ni el contrato original ni el papeleo cubrían. El primer día para todo el personal sería el Lunes 17 de Enero, entrando en funciones a partir de la siguiente semana. También invitaba a todos los Consultores en Jefe a comenzar a instalarse en sus oficinas el próximo Lunes. Proponía una reunión informal de bienvenida el Martes o Miércoles por la noche, para que todos los Consultores en Jefe pudieran interactuar.
Hermione respondió de inmediato, explicándole que el Martes no funcionaba para ella, pero que el Miércoles por la noche le parecía bien. Frunció el ceño, pensando en su próxima lección con Madame Michele, y en las otras nueve aún por cursar. Una lechuza regresó más tarde. Draco decía que la noche del Miércoles era la opción más conveniente para la mayoría.
Su clase de decoración de interiores el Sábado por la tarde y su clase de organización de eventos el Domingo por la mañana fueron adecuadas. Parecía no haberles agradado mucho a sus instructores, y Monsieur DuBois la hizo sentir como si estuviera haciéndole perder su tiempo. Su segunda lección con Madame Michele fue muy parecida a la primera. Madame Michele la recibió de la misma forma. A las 8:00 p.m. en punto, la puerta de la oficina se abrió y Madame Michele le preguntó si tenía alguna duda.
—Yo... bueno... —Hermione respiró hondo y cerró los ojos.
No tartamudees.
—Sí, Madame Michele. Quisiera que me explicara la forma apropiada de saludar, si estrechar la mano no está permitido.
La comisura de los labios de Madame Michele se torció y dijo, —Si puede estgechag la mano, Sgta. G'angeg, pego debes haceglo como una dama. No como un caballego.
Eso había sido demasiado vago. La maestra de modales percibió su confusión, así que dijo, —Sgta. G'angeg, ¿cómo está usted? —La mujer levantó la mano, pero no giró la palma hacia afuera, como se hacía en un apretón de manos tradicional. Con la palma de la mano inclinada hacia abajo, los dedos delicadamente laxos -al igual que solicitaba la Srta. Truesdale-, y se acercó a Hermione.
La única opción de Hermione era tomar la mano de la mujer con su propia palma hacia arriba, como si estuviera a punto de besar su anillo. —¿Cómo está, Madame Michele? —Los dedos de Madame Michele se aferraron entre los suyos, por lo que sólo sus dedos se tocaron, no sus palmas.
Hermione se sintió ridícula. Se sintió ridícula la mayor parte de la noche. Madame Michele le ordenó a Hermione que por favor sirviera el té. Hermione parpadeó y se dirigió a la esquina de la habitación, regresando con el carrito de servicio. Sabía que Madame Michele la estaba mirando y sabía que la Vuelapluma garabateaba furiosamente en la habitación contigua.
Intentó recordar todo lo que había hecho Madame Michele la semana anterior, sabiendo que esa era la prueba.
Su lista de notas esa noche fue el doble de larga.
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Necesitaba túnicas nuevas. Casi gritó de frustración el Miércoles por la noche cuando nada en su armario le quedó bien. Estaba a punto de conocer a sus nuevos compañeros de trabajo, las personas con las que estaría trabajando estrechamente, y no tenía nada que ponerse. Tenía ropa muggle, atuendos muggles formales, pero ¿quería conocer a todo el mundo gritando "Soy nacida de muggles"?
Se vistió con su túnica azul. Era la más cómoda y amaba ese color.
Las oficinas de M.C.G. estaban en Westminster, bastante cerca de la sede del Ministerio. Los invitados ingresaban por una puerta etiquetada "Entregas" que se abría hacia un vestíbulo con un ascensor que los llevaba directamente al piso superior. Hermione pidió el ascensor y se miró los pies, respirando profundamente.
Por lo menos necesitaría comprar zapatos nuevos.
—¿Hermione Granger?
Se giró para ver a un hombre de mediana edad que portaba un maletín entrando por la puerta de "Entregas". Hermione no lo reconocía.
—¿Sí, hola?
—Escuché que se uniría a Malfoy Consulting. —Tenía una sonrisa cálida—. Soy Wendell Wentworth. Consultor Administrativo. —Le extendió la mano y Hermione olvidó por completo las instrucciones que le dio Madame Michele la noche anterior cuando estrecharon manos—. Trabajaré de cerca con el Sr. Malfoy en casos de Recursos Humanos, Finanzas, y cosas por el estilo.
El corazón de Hermione volvió a latir en cuanto se dio cuenta de que "el Sr. Malfoy" era Draco, no Lucius.
—Oh, encantador. —Hermione se acomodó el bolso más arriba en su hombro—. Yo estaré a cargo de supervisar las Relaciones con No-Magos; criaturas mágicas, muggles…
—¡Qué espléndida idea! —Wentworth sonrió radiantemente—. ¡Y usted es la bruja perfecta para ese trabajo! —A Hermione ya le caía bien. El hombre llegó al ascensor y ambos lo abordaron—. Sabe, Srta. Granger; creo que usted y yo somos los únicos Gryffindor hasta ahora, ¡así que tendremos que mantenernos unidos!
Hermione sonrió, preguntándose si, de hecho, estaría tomando un ascensor hacia el Nido de las Serpientes.
Las puertas se abrieron para revelar un penthouse amplio y abierto. Había un mostrador de recepción inmediatamente frente a ellos, cubículos dispersos en el centro del piso y puertas que conducían a oficinas privadas cubriendo las cuatro paredes. Las ventanas que permitían ingresar luz natural se alzaban orgullosamente entre las oficinas, y había plantas en cada rincón. La habitación parecía estar viva.
—Después de usted, Srta. Granger, —dijo Wentworth. Y Hermione recordó quién era y salió del ascensor.
Una mujer regordeta de pelo negro se levantó de la parte posterior de recepción.
—Sr. Wentworth, Srta. Granger. Bienvenidos. —La mujer no sonrió—. Soy Dorothea. Gerente Administrativa. La próxima semana, en cuanto lleguen las recepcionistas, me encontrarán en esa oficina—. Apuntó con un dedo grueso a la oficina sobre el hombro izquierdo de Hermione, justo a la derecha de los ascensores. Hermione se alegró internamente de que esa pequeña gruñona no fuera la que recibiría a los visitantes...
—Pueden buscarme para cualquier problema administrativo, como salarios, programación de trasladores, y cosas por el estilo. Estoy a su disposición para cualquier cosa que necesiten. —La voz de Dorothea no coincidía con sus amistosas y útiles palabras—. Como pueden ver, nuestros Investigadores, Analistas y Consultores Asociados ocuparán la mayoría del espacio central. —Dorothea hizo un gesto hacia los cubículos en el centro del piso—. Sr. Wentworth, su oficina está por aquí, cerca del Sr. Malfoy.
Hermione siguió el dedo de Dorothea mientras señalaba la esquina izquierda, opuesta a los ascensores. La oficina del señor Malfoy.
—Y Srta. Granger, —Dorothea se giró, señalando a la derecha, justo detrás de ella—. Su oficina está justo aquí.
Una oficina en la esquina. Una oficina en la esquina que estaba tan lejos de la oficina de Draco como era físicamente posible. Hermione supuso que era lo mejor.
Dorothea pareció despedirlos al sentarse de vuelta en su escritorio, hojeando una carpeta. Wentworth le envió una sonrisa y se despidió, dirigiéndose a su oficina. Hermione se giró y vio la puerta de su privado. Entre los ascensores y su oficina había un sofá, una pequeña sala de espera. Hermione sonrió, pensando en los clientes que esperarían una cita con ella. Tal vez llegarían personas sin cita; gente que esperaría todo el día por un momento de su tiempo libre.
Se acercó a su oficina y vio la placa de identificación en la oficina contigua a su izquierda.
Blaise Zabini
Marketing y Relaciones Públicas
Hermione suspiró, preguntándose cómo lograría trabajar así.
Abrió la puerta y encontró una oficina el doble de grande que su habitación. Sus cejas se alzaron y sus labios se separaron mientras observaba el escritorio de madera de cerezo, con armarios a juego en la parte posterior, y una pared entera de estantes vacíos a su derecha. Había dos enormes ventanales con vista a la calle Whitehall, una en cada pared exterior de la oficina esquinera.
La alfombra era mullida bajo sus pies, y Hermione se quedó parada en su puerta por varios minutos, observando los acogedores asientos frente a su escritorio, y el cálido matiz de las paredes, pensando en lo poco impositiva que parecería detrás de ese escritorio. Se vería cándida y abierta.
Se dirigió a la esquina más alejada, para contemplar la vista que tendría desde su escritorio. Miró la madera de cerezo y finalmente cayó en cuenta. Los dormitorios de Gryffindor. A eso le recordaba la madera.
Hermione sonrió y se sentó en su escritorio, acariciándolo con los dedos.
—Hermione Granger: La Compra Corporativa.
Levantó la vista para ver a Blaise Zabini apoyado contra el marco de su puerta. Sostenía una taza de té y tenía cruzados los tobillos.
Zabini le sonrió de lado.
—¿Compra Corporativa?
—Claro. Tienes la oficina de la esquina, el mejor salario, el sector más privado. Vendiste tu alma al diablo, sí que lo hiciste.
Hermione levantó una ceja. —Y si tu oficina está justo al lado de la mía, ¿en qué te convierte?
Zabini se llevó el té a sus oscuros labios. —En alguien con suerte. —Le guiñó un ojo mientras bebía un sorbo.
Hermione frunció el ceño mientras el rubor ascendía por su cuello.
—Blaise. —La voz de Draco. Hermione se irguió e intentó parecer ocupada, a pesar de que estaba claramente en medio de una conversación con Blaise, sin nada sobre su escritorio.
—Mi señor, —dijo Blaise, despegándose de la puerta para hacer una profunda reverencia. Hermione sólo podía distinguir el hombro de Draco.
—Cuando se te asigna una oficina, es de esperarse que te quedes en ella.
—Pero prefiero por mucho la vista en este lado del edificio, —dijo Blaise, con una sonrisa demasiado diabólica para el gusto de Hermione.
—Como Consultor en Jefe de Marketing y Relaciones Públicas, te necesito cerca de mí. Sal de esa oficina. —Su voz era firme.
—Sí, señor Malfoy. —Blaise hizo un saludo militar, le guiñó un ojo a Hermione y salió por completo de su puerta.
Entonces, ¿le habían asignado a Blaise una oficina al otro lado del edificio, pero había trasladado sus pertenencias y su placa de identificación a la oficina contigua a la suya? Hermione le sacudió la cabeza a las estanterías vacías. Sus estanterías vacías.
El movimiento desde la puerta llamó su atención y Hermione levantó la vista para ver a Draco asomar la cabeza.
—Buenas tardes, Granger.
—Oh, sí, hola.
Draco desapareció. Hermione se dio una palmada en la frente.
Decidió respirar y reacomodar su mierda interna. Era una profesionista y necesitaba comenzar a comportarse como tal.
Se levantó de su escritorio, con la intención de fisgonear a entre sus archiveros cuando escuchó un golpe en el marco de la puerta. Por Dios, vaya que había movimiento ahí.
Se giró para encontrar a un hombre delgado de gafas elegantes inclinándose hacia su oficina.
—¿Srta. Hermione Granger?
—¿Sí, hola?
—Soy Corban Hartford. Representante de Malfoy Consulting. —El hombre entró por completo en su oficina y Hermione pudo apreciar su atuendo sofisticado.
—¿El Representante de una Compañía de Representantes? —Hermione sonrió—. Entonces usted debe ser el mejor. —Hermione estrechó su mano y él golpeteó sus lentes, sonriendo.
—Hoy tendré reuniones privadas con todos los Consultores en Jefe respecto a su contrato y su documentación. ¿Tiene tiempo ahora?
—Si, por supuesto —Hermione se giró hacia su bolso y comenzó a sacar el paquete que Draco le había enviado por correo la Víspera de Año Nuevo que incluía el contrato y los lineamientos—. Siéntese.
Al girarse de nuevo Corban Hartford estaba cerrando suavemente la puerta de su oficina. Qué extraño era tener una oficina con puerta en lugar de un cubículo. Qué extraño era estar reunida a puerta cerrada.
Corban tomó asiento y abrió la carpeta que llevaba.
—Muy bien, entonces tiene el contrato original. —Los ojos del hombre voltearon hacia sus dedos, donde Hermione sostenía el documento—. Hemos agregado algunos apéndices que con gusto puedo discutir con usted si necesita alguna aclaración o desea negociar algo. —Su voz se elevó al final, como si fuera la décima vez que pronunciaba el mismo discurso. Tal vez así era.
Continuó con voz un tanto perezosa. —Ahora, Srta. Granger, tenga en cuenta que, aunque mi obligación recae en MCG y en el propio Sr. Malfoy, ahora usted está bajo el amparo de MCG. Por lo tanto, ahora soy también su Representante. Puede acudir a mí si tiene alguna pregunta o si necesita alguna asesoría legal, no sólo como empleada, sino también para situaciones personales. La única ocasión en la que no podría Representarla es si usted llega a presentar una demanda en ontra de Malfoy Consulting Group o del Sr. Malfoy. Pero mi trabajo el día de hoy, —golpeteó con los dedos el contrato y los apéndices—, es asegurarme de que no exista razón alguna para encontrarnos en extremos opuestos de una Corte. —Corban le sonrió ligeramente.
El cerebro de Hermione zumbó con todas las diferentes ideas que volaron sobre su cabeza. Todas las formas posibles en que podría encontrarse luchando contra M.C.G. En la corte. Luchando contra Draco.
—Muy bien, de acuerdo.
Corban pasó una página en la carpeta. —Por lo tanto, aquí tenemos las Normas Laborales, el Acuerdo de No-Divulgación, la Política de Conflicto de Intereses, la documentación sobre Acoso Sexual, incluido el Contrato de Amor, la Cláusula de No-Competencia y, por supuesto, su Declaración de Obligaciones.
Hermione parpadeó.
—Hum... Hay un par de términos allí que necesitará explicarme.
—Por supuesto, —dijo Corban, quitándose las gafas para limpiarlas. Luego comenzó un discurso donde definía las Normas Laborales. Después definió por completo el Acuerdo de No-Divulgación. Para cuando comenzó con la Política de Conflicto de Intereses, la rodilla de Hermione estaba rebotando debajo de la mesa, ansiosa por hacerlo acelerar. Sabía perfectamente lo que era una puta Política de Conflicto de Intereses.
—Con la documentación sobre Acoso Sexual, encontrará la normativa común, —dijo, rascándose la sien—. Cualquier queja puede dirigirla a mí o a la Sra. Bulstrode de Administración, —Hermione cayó en cuenta de que debía ser Dorothea, y pensó en esa desafortunada amalgama genética—, o puede completar una queja anónima y enviarla directamente al Ministerio, para que el caso sea examinado por una fuente externa.
Hermione parpadeó. —Sí, muy bien. ¿Y qué fue lo que dijo sobre un Contrato de Amor?
—Oh sí, —Corban Hartford agitó la mano, como si ese tema no fuera lo único interesante que había dicho durante los últimos diez minutos—. La Política sobre el Contrato de Amor ayuda a establecer algunos lineamientos en el lugar de trabajo para los colegas que se involucran románticamente. Estamos pidiendo a todos los empleados que nos den a conocer cualquier relación romántica actual o pasada con un compañero, y si dos empleados llegan a involucrarse sentimentalmente, nos lo comuniquen de inmediato.
—Oh, por supuesto. —Eso no sonaba tan mal...
—Todas las relaciones entre Gerentes y las personas a su cargo están prohibidas, por supuesto, ya que afectaría la relación laboral. Si un Gerente y un miembro de su personal deciden involucrarse, es el Gerente quien deberá renunciar a su puesto, y encontrar empleo en otro lado.
El rostro de Hermione se tensó. Los ojos del Representante examinaron los suyos, y Hermione pudo ver cómo asumía que estaba confundida.
—Como, por ejemplo, —continuó, acomodándose los lentes—, Si usted se involucra con un sujeto que es uno de sus Consultores Asociados en el Departamento de Relaciones con No-Magos -¡o una mujer! ¡No es mi intención asumir nada!-
Corban sonrió. Era bastante tierno, y Hermione en verdad quería matarlo.
—Si usted comenzara una relación con alguien en un nivel inferior al suyo, una vez que haya sido comunicado, usted tendría que renunciar a su puesto como Consultora en Jefe para seguir saliendo con esa persona. —Corban cruzó una pierna—. ¿Tiene sentido para usted?
Hermione se miró a sí misma en el reflejo de las gafas del hombre, y entendió que Draco sería quien tendría que renunciar a Malfoy Consulting Group en caso de que ambos decidieran encontrar la forma de estar juntos.
Hermione tragó saliva. —Me hace sentido perfectamente.
