Disclaimer: ninguno de los personajes de Naruto me pertenece.

Advertencia: lenguaje vulgar, violencia, lime, muerte. AU (en el mundo ninja).

Notas: los hechos son cambiados a mi gusto, algunas de las cosas del anime son respetadas en la historia, muchas otras no.

"..." escenas superpuestas.

Mención a la letra de 'Fly', de SwS.


Casi una semana y media después, la aldea y el resto de los países regresaron a su tranquilidad y movimiento habitual.

El ninja copia se había marchado, dejando atrás una vida para dar comienzo a su etapa como ninja retirado, en compañía de alguien más.

Hinata ya le había informado de la fecha de su parto, que graciosamente coincidía con la de Karin. Naruto estaba que desbordada de felicidad, incluso juraba que el Uchiha tenía algo muy parecido a una sonrisa en el rostro.

Estaban reunidos en el patio de la residencia Uzumaki-Hyuga. Los pequeños hijos de la generación correteaban libres entre las flores que decoraban el lugar, riendo y llenando el ambiente con alegría. Por su parte, se encontraba sentada junto a Sakura, observando a lo lejos como la pelirroja intentaba hacer que su esposo probara un dulce.

—¿Nunca te dolió? —interrogó la castaña, refiriéndose a los otros dos.

—No —respondió, casi de inmediato—. Supongo que en algún momento entendí que merecía más que ver siempre su espalda.

Meditó aquella respuesta. Estaba feliz, no sólo porque su amigo tuviera a su lado, una mujer como Sakura, fuerte e inteligente, si no que también gracias a ello, tenía una nueva amiga.

Ino y Hinata se acercaron a ellas, la rubia sostenía un vaso con sake entre sus pálidas manos, tenía una sonrisa divertida en el rostro. De esas que para ninguna significaba algo bueno.

—Tenten —llamó, la Hyuga se veía apenada, como si ya supiera de que se trataba todo eso—. ¿Cuándo piensas darme sobrinos? No me hago más joven, y Yoshino quiere nietos, muchos nietos.

La castaña se sonrojo, hasta el momento no había pensado en tener hijos, después de todo se sentía una mujer completa. Su tienda, su renombre y ahora, Shikamaru.

—Todo a su tiempo, Ino —contestó, insegura—. Veremos.

La rubia hizo un puchero, ¡ella quería una hermosa niña que hiciera pareja con su pequeño Inojin! Después de todo, Chou-Chou parecía odiarlo por completo.

—Quita esa cara, puerca —le dijo la Haruno, poniendose de pie—. Vamos con los chicos —la tomó del brazo en cuanto notó que el Nara comenzaba a acercarse, la esposa del Hokage también vió eso, y tras una mirada cómplice, las tres abandonaron a la experta en armas para irse con sus esposos que hablaban animadamente frente a la parrilla.

El azabache ocupo el lugar en el que antes solía estar la de cabellos rosas, estaba nervioso, las manos le sudaban a mares y no podía dejar sus piernas quietas.

—Cariño —murmuró la fémina—, ¿ocurre algo?

La miró apacible, bueno, en realidad todo lo contrario. Luego de tanto tiempo, Shikamaru creía que su estrategia fallaría por completo.

—Quiero que hablemos.

—Claro, ¿de qué?

—No, aquí no —tomó su mano y ella se dejó guiar. Aún después de abandonar la casa y caminar varios metros más allá, se sorprendió cuando llegaron frente a su tienda, ¿tanto sólo para hablar?

—Shika, ¿qué sucede?

Lo cierto es que su plan era mucho más simple que derrotar a un Akatsuki inmortal, o rescatar a una princesa o liderar toda una división shinobi. Sólo tenía que llevarla al lugar en dónde todo había comenzado, tan simple cómo eso y aún así, pensaba que todo estaba saliendo terriblemente mal.

—Quiero, yo- —balbuceó, mientras buscaba algo en sus bolsillos—. Escucha, yo no, bueno, no voy a arrodillarme —comenzó—, estas cosas se me hacen muy cursis, pero Sakura me dijo que, que te gustaría...que tal vez-.

—Shikamaru —interrumpió, nunca lo había oído hablar tanto, al menos no de esa forma, torpe y descuidada—, ¿a qué quieres llegar?

—Tenten, me gustas —murmuró. Ella lo miró, entre maravillada y cómo si eso fuera lo obvio—. Tú, bueno, ¿quieres casarte conmigo?

Eso sin duda alguna, no se lo esperaba.

Él le entregó una pequeña cajita de color negro, allí había un anillo tan sencillo cómo lo eran ellos dos, pero que significaba muchas cosas.

No sabía que decir, las palabras se habían quedado atoradas en su garganta. Nunca había pensado estar en esa situación, después de todo, por momentos había creído que su ajado corazón nunca podría recomponerse.

Pero allí estaba, y era, aunque poco convencional y muy al estilo perezoso de Shikamaru, sumamente perfecto.

—Si no quieres —murmuró—, yo lo entenderé. Si eres feliz así, yo también lo seré.

—No, yo, si —respondió abrupatamente—. Si, si quiero.

Se sentía, por primera vez en la vida, infinito. Entendió aquello que le había dicho su padre, "cuando encuentras lo que más importa, nunca debes dejarlo ir", y él había dejado ir demasiadas cosas, pero esa no sería la ocasión.

Estaba preparado, había quemado todos esos muros que había construido en su interior. Volvería a poner todas las piezas de su corazón roto.

No regresaron a la fiesta, y nadie preguntó sobre su ausencia. Había anhelado el momento de volver a sentir su cuerpo junto al suyo.

Mientras veía la brisa besar su piel, deseó que ese momento nunca acabara. Se sintió completo, la forma en la que sus ojos achocolatados brillaban al estar con él.

Estaban destinados, creyó, aún si nunca había creído en algo tan burdo como el destino.

Acarició su piel, besó su vientre, sus piernas y sus pechos. Pensó como es que un actor tan vulgar como ese, podía ser tan único y hermoso. Se fundió en ella con placer, amando cada centímetro de su piel, rugió su nombre sobre su cuello y la besó con pasión.

Concluyó, al sentir su respiración calmada mientras descansaba sobre su pecho, que deseaba volar alto y hacerlo con ella sería mucho más fácil. Todo lo era.

Fin de la tercera parte.