Los personajes son de Masashi Kishimoto y la historia es de Martina Bennet, NADA de lo que hay aquí es, algo que No me pertenece
CAPÍTULO 9
―No entiendo para qué me haces venir, cuando podía perfectamente llegar sola al aeropuerto ―increpó Sakura, mientras acomodaba la maleta junto a la mesa de juntas de la oficina de Sasuke.
―¿Para qué quieres llegar al aeropuerto? ―Se supone que vamos a viajar a York, y Eva ayer habló de unos vuelos, así que… ―Sakura se detuvo cuando su mirada se posó en las escaleras que daban al helipuerto―. ¡Oh, Dios! No me digas que vamos a viajar en la cosa que está allí arriba ―dijo lo último señalando con un dedo hacia el lugar donde imaginaba, se encontraba el helicóptero.
―Claro que sí. Cuando Eva hablaba de vuelos se refería a los permisos para despegar y aterrizar. ―Sasuke sonrió al ver que Sakura aún no había bajado la mano
―. Nena, demoramos más llegando al aeropuerto y embarcando, que en el propio vuelo si viajamos en avión. Sakura tragó en seco y miró a Sasuke con el ceño fruncido.
―¿No tienes un avión privado o algo así? ―Yo no. Cuando los vuelos son largos viajo en la aerolínea de la familia. Considerando que solo reservamos para volar en primera clase, tenemos que esperar a que la otra se llene; no nos gusta monopolizarlos sin ninguna necesidad ―contestó Christopher, encogiéndose de hombros.
―¡¿Tu familia tiene una aerolínea?! Sakura estaba asombrada. Una cosa era un avión, y otra muy diferente una aerolínea. Le pareció demasiado como para procesarlo fácilmente.
―Es de mi tío Joseph en realidad. Es una pequeña ―explicó mientras recogía unos documentos y los guardaba en un maletín ejecutivo―. Era piloto por pasatiempo. Siempre llevaba a mi tía Elizabeth en sus vuelos; cuando ella murió, él no volvió a pisar ningún avión de la compañía, prefiere volar en cualquier otra.
―Lo entiendo. ―Claro que Sakura sabía lo que era perder a una pareja; si bien no lo había sentido en carne propia, sí lo había hecho a través de su madre―. Y ¿cómo se llama la aerolínea? ―Saku Airlines.
―¿Saku? La universidad también lleva el nombre de Sakura ―comentó Sakura. ―Mi bisabuelo, quien fundó la universidad, le colocó el nombre de su esposa, y mi abuelo el nombre de su madre a su hija ―explicó Sasuke. ―Ha habido muchas «Sakura» en tu familia. Sasuke se le acercó, y la miró fijamente.
―Y todas han despertado grandes pasiones en sus hombres. Sin esperar respuesta abandonó la oficina. Sakura se quedó mirando la puerta con el ceño fruncido. Las palabras de Sasuke le parecieron más una amenaza que un comentario casual. La semana siguiente iría a migración, y todo se arreglaría. Estaba segura de no haber cometido ningún delito y sus documentos no eran una falsificación, por lo que consideraba que dando la cara, todo se solucionaría más rápido que por medio de un abogado.
Pensó que era mejor no atormentarse con los comentarios de Sasuke. Podía jurar que él solo lo hacía para provocarla, y ella no se amargaría su vida en las pocas semanas que le quedaban en ese país. En ese momento tenía otra preocupación, una más próxima y que la angustiaba más que cualquier comentario mal intencionado de su jefe. Media hora después, Sakura se aferraba fuertemente al brazo de Sasuke, al tiempo que mantenía los ojos cerrados.
―No sabía que le tenías miedo a las alturas ―dijo Sasuke por el micrófono que estaba unido a los audífonos, luego de apagar la conexión con el piloto.
―No le tengo miedo a las alturas, es solo que nunca me había montado en uno de estos… ―Sakura se interrumpió cuando el helicóptero empezó a elevarse. El vacío que sintió en su estómago fue mucho más fuerte que el de un avión cualquiera.
En el momento no supo qué le impidió gritar como una posesa por la sensación que experimentó, y cuando sintió a Sasuke forcejear para zafar su brazo, su rostro se tornó rojo por la vergüenza. Mientras su estómago sufría los efectos del ascenso, ella había hincado los dientes, inconscientemente, en el brazo de Sasuke.
―¡Maldición, Sakura! ―se quejó él frotándose el brazo―. Nunca había conocido a una mujer con la mandíbula tan fuerte como la tuya.
―Lo siento, lo siento, es que… ¡Oh, Dios! Sakura volvió a aferrarse al brazo de Sasuke. Si bien no le gustaba demostrarle esa familiaridad, en ese momento su vida valía más que cualquier prejuicio.
―Tranquila, preciosa. Solo estamos girando ―explicó Sasuke riendo. Zafándose de nuevo del agarre de Sakura, la rodeó con el brazo y la atrajo a su pecho―. Relájate, tienes el cinturón puesto y las puertas están bien cerradas. Mejor abre los ojos y disfruta de la vista. Sakura, que se aferraba con fuerza al saco de vestir de Sasuke, abrió primero un ojo y luego el otro con temor. En el momento lo único que divisó fue el cielo londinense, y solo cuando bajó un poco la vista, pudo observar la ciudad como tal.
―¿Ese es el Big Ben? ―Así es. ―Sasuke sonrió, ordenó al piloto que sobrevolara la zona y la apretó más contra su pecho―. Y junto a él, el Palacio de Westminster. Esa de ahí atrás es La Abadía, y por este lado… ―Le señaló para que mirara hacia el lado de su ventanilla―, está el puente del mismo nombre. Ese de ahí es el llamado El Tesoro de su Majestad, que es el departamento gubernamental del Reino Unido…
Uno a uno Sasuke fue nombrándole a Sakura los grandes monumentos y edificaciones importantes que sobrevolaban. Ella miraba todo con fascinación. Nunca se imaginó poder sobrevolar Londres en un helicóptero. La vista era magnífica, aunque desde tierra se podían ver con más detalle, desde el aire era como observar una maqueta perfectamente diseñada.
―Tienes que ver esto de noche ―comentó Sasuke aún sonriente―. La iluminación hace que la vista sea impresionante.
―Gracias por todo esto, Sasuke. Jamás habría tenido la oportunidad de ver algo así ―dijo Sakura, apartándose un poco de él sin soltar su agarre. Sasuke la miró a los ojos con intensidad. ―Te dije que puedo poner el mundo a tus pies si así lo deseas.
―No eches a perder este momento, por favor. Sakura lo miró con algo de súplica y exasperación. Ese tema estaba cerrado para ella, era algo que no tenía futuro, por lo que no valía la pena perder tiempo hablando de ello. Sasuke no le contestó, solo giró su cabeza y se quedó mirando a lo lejos, sin expresión alguna en el rostro. Ella lo observó por unos segundos más. «Tus silencios me asustan», pensó, aunque no sabía el por qué. Algo dentro de ella le advertía de las tormentas que se podían esconder bajo esa aparente calma; sin embargo, mientras él no decidiera hablar y contarle qué era lo que pensaba en realidad, a ella solo le quedaba rogar porque lo que fuera que estuviera formándose, no la tomara como su objetivo, como su presa. Varios minutos después se encontraban sobrevolando los campos de Keyston.
Las diferentes tonalidades de verdes, divididas en cuadrados, rectángulos, y otras figuras geométricas, mostraban un panorama rural hermoso. A Sakura siempre le había gustado el campo más que la ciudad.
El olor de la tierra húmeda por el rocío de la mañana, el verde extendiéndose por doquier coloreando las perfecciones de la naturaleza, el sonido de los animales en el bosque, todo eso la hacía recordar a su padre y las veces que la llevaba de paseo. Habían sido los años más felices de su vida; y aunque sintiera que estaba traicionando el tiempo que pasó con su padre, no podía negar que agradecía haber conocido a personas como Naruto, Jason y Sussana, quienes se convirtieron en su familia.
―¿En qué piensas? ―preguntó Sasuke acariciándole el brazo. Aún no la había soltado, y ella por precaución, seguía levemente aferrada a él.
―En mi padre ―susurró―, y en cómo ha cambiado mi vida desde su muerte.
―¿Para bien o para mal? ―preguntó Sasuke con tono preocupado. ―No lo podría decir realmente, solo cambió. Conocí personas que ahora son muy importantes en mi vida.
―Sakura sonrió al pronunciar esas palabras. ―Entre esas personas está Sussana, supongo. Sakura rio al escuchar el nombre de su amiga. Tenía varios días que no hablaba con ella y le hacía mucha falta. Tendría que llamarla para contarle que había viajado en helicóptero, y que, si todo salía bien, pronto estaría con ella. Asintió en respuesta al comentario de Sasuke.
―Me gustaría conocerla. ¿Cuándo crees que pueda viajar? ―continuó él.
―Lo que tiene reunido es para los gastos de la universidad ―respondió Sakura, mirando distraídamente un pequeño grupo de casas junto a unos grandes pastizales.
―Nadie está hablando de dinero. ―Sasuke se encogió de hombros―. Es cuestión de tiempo y disposición, los gastos corren por mi cuenta. Sakura se enderezó por completo en su asiento, y le soltó el brazo. Al parecer volvían a lo mismo del control sobre los amigos y eso la disgustaba.
―Te he dicho muchas veces que no me gusta que hagas eso. De nada te servirá tu dinero conmigo.
―Puedo asegurarte, Sakura que el dinero es muy eficiente al momento de conseguir lo que deseas. Otra amenaza que Sakura dejó pasar por alto. Si bien sabía que Sasuke no era solo lo que mostraba, ella como una joven que no conocía las grandes pasiones y los poderes que las acompañaban, creía que solo eran eso, formas de amedrentarla, sin algún actuar peligroso. «Perro que ladra no muerde… Solo quiere asustarme para que acceda más pronto», pensó, sin saber cuán equivocadas podían ser sus palabras.
―Quién mejor que tú para decirlo, ¿no es así? ―dijo sarcásticamente, y giró su cabeza con brusquedad para dejar de mirarlo. Sasuke suspiró y se acercó un poco a ella.
―Mejor olvidemos el asunto del dinero, que me enfermo cada vez que te molestas conmigo ―pidió en tono suplicante.
Cuando Sakura giró para verlo de nuevo, lo encontró con una mirada de niño bueno y un leve puchero en la boca. Ese hombre era capaz de cambiar la expresión de su rostro con una facilidad asombrosa, y lo que más le sorprendía, era que en ninguna de esas facetas lograba atisbar algún signo de falsedad; obviamente no era experta en ello, no obstante, a simple vista, todas sus emociones le parecían honestas. Esa cara era capaz de derretir el corazón de cualquier mujer, y en ella se estaba mostrando un leve ablandamiento.
Bajó la vista un poco, miró sus labios y una sensación de deseo se empezó a formar en su vientre. Su cuerpo quería volver a experimentar la sensación del beso en el Pub, su primer beso, dado precisamente por esos labios que la provocaban de nuevo. Sin ser consciente de lo que estaba haciendo, lamió su labio inferior lentamente, como saboreando el recuerdo de aquel beso que tanto deseaba repetir. Sasuke de inmediato cambió su expresión a una de total picardía, en su boca se extendió una sensual sonrisa, y acercó su rostro al de ella.
―Yo también deseo repetir ese beso, preciosa. Esas palabras, escuchadas por medio de los grandes audífonos que llevaba puestos, vibraron en todo su cuerpo como ondas de placer esparcidas por cada célula. Quiso besarlo, quiso acortar la distancia que había entre los dos, apartar los micrófonos que se encontraban cerca de sus labios y besarlo sin importarle quién era él, ni ella, ni dónde se encontraban. S
asuke pasó una mano por la cintura de Sakura, y la atrajo a su cuerpo lo más que el cinturón de seguridad permitió. ―¿Alguna vez te han besado en pleno vuelo, Sakura? En el momento justo en el que Sasuke se apoderaba de sus labios, la razón de Sakura se reactivó y la hizo apartarse con rapidez. Si permitía ese segundo beso, estaba segura de que ese viaje sería todo un infierno para ella.
Él aprovecharía su debilidad y sería capaz de meterse en su habitación, no a dormir, sino a seducirla, a provocar lo que él ya seguramente sabía que bullía en su interior, y ahí ya no tendría salvación alguna. No podía aseverar que su razón pudiera combatir contra su deseo, por lo que prefería prevenir antes que lamentar. Después de todo, su tiempo ahí estaba llegando a su fin. Sasuke al ver el rechazo, cerró los ojos, y con un suspiro de resignación, se enderezó en su asiento.
―¿Crees que de haberme conocido ―comenzó con claras intenciones de evitar alguna respuesta insultante por parte de ella―, tu padre me…? ¿Crees que le caería bien?
―¡Obviamente, no! Se había librado por poco de volver a caer en el juego de su jefe, y eso la tenía más molesta consigo misma que con el propio hombre. Sasuke se acercó nuevamente para susurrarle al oído sin ninguna necesidad, pues el pequeño micrófono junto a su boca, permitía que entre los dos escucharan cualquier sonido.
―Entonces somos la pareja perfecta.
―Esperó a que ella girara su cabeza, y cuando así lo hizo con una expresión interrogante, él completó―: En pareja que se respete, el suegro odia al novio. Le guiñó un ojo, y con una carcajada se acomodó en su puesto, decidido a no importunarla por el momento.
―Eres insoportable. ―Es una de mis mejores cualidades. ―Sonrió con satisfacción y giró su cabeza para mirar por la ventanilla. Aunque Sakura seguía molesta, tuvo que hacer un gran esfuerzo para no sonreír con las últimas bromas de Sasuke. Se mordió el labio y, no queriendo tomar de nuevo el brazo del hombre a su lado, se aferró a su asiento y se dedicó a admirar el paisaje que se extendía muchos metros bajo sus pies. El vuelo duró una hora y media, por lo que, a los pocos minutos, el piloto informó que se acercaban al aeropuerto de Yorkshire, donde aterrizarían.
―Cuando aterricemos colócate la chaqueta antes de salir. La temperatura aquí es un poco más baja que en Londres ―indicó Sasuke entregándole la prenda que se encontraba en el asiento delantero. Sakura asintió, acomodó la chaqueta en sus piernas, y poniéndose nerviosa por el aterrizaje, se aferró de nuevo al asiento.
―Si quieres, de regreso podemos viajar en tren ―comentó Sasuke, sonriendo de manera comprensiva. ―Nunca he subido a uno, pero estoy segura que es mucho mejor que esto. ¿Estás seguro que no te importará hacerlo?
―Por ti haría cualquier cosa, mi… Sakura. Sasuke le acarició la mejilla con un dedo. Sakura le agradeció con una suave sonrisa y giró el rostro para prepararse para el momento de descender. Luego de un aterrizaje algo tenso para Sakura, abandonaron el helicóptero y subieron a una limusina parecida a la de la familia, aunque algo más pequeña, y tomaron la Elvington Ln rumbo a York.
Serían solo unos cuantos minutos, por lo que Sakura se dedicó a observar los grandes campos de cultivo que se extendían a cada lado de la carretera, hasta donde la vista alcanzaba. Minutos después llegaron al Cedar Court Grand, un hotel y spa cinco estrellas, ubicado en el corazón de York frente a las antiguas murallas de la ciudad. Al arribar, un botones se acercó para recoger el par de maletas y guiarlos a la recepción.
―Es hermoso ―comentó Sakura, admirando la fachada de la edificación que estaba toda cubierta en ladrillos expuestos, y tenía un aire de elegancia antigua y sofisticación.
―El sábado antes de irnos te mostraré la ciudad ―prometió Sasuke, colocándole una mano sobre la espalda para guiarla al interior del hotel. Se acercaron a recepción, Sasuke indicó sus nombres a la joven vestida de negro, y mostraron sus documentos. ―Señor Uchiha, lamentablemente ha habido un error con la habitación de la señorita Haruno. Sakura frunció el entrecejo. No le gustó cómo sonaron esas palabras.
―¿A qué se refiere con eso? ―Se adelantó a Sasuke.
―Señorita, al parecer su reservación no fue ingresada con éxito y solo se registró la suite Penthouse como única habitación para… ―Se detuvo por un momento mientras revisaba su pantalla―. El señor y la señora Stone.
―¡¿Qué?! ―gritó Sakura sin poder evitarlo. Sintió una punzada de dolor en la cabeza. Estaba segura de que terminaría con un derrame cerebral antes de lograr volver a su país.
―Nena, cálmate. Estás armando un escándalo por nada ―le reprochó Sasuke suavemente.
―¡Esto es obra tuya, estoy segura! ―habló entre dientes, mientras su cara se tornaba de un color rojo, muestra de la rabia que sentía.
―Yo no hice las reservaciones. Si quieres llama a Eva y pregúntale qué sucedió. Si bien Sasuke le entregó su teléfono celular, algo en la expresión de su rostro le indicaba que no era tan inocente como aparentaba. Sakura le arrebató el teléfono de las manos y buscó rápidamente en la lista de contactos; al par de timbrazos la mujer contestó.
―¿Qué quieres? ―Eva, ¿me puedes explicar por qué hay reservada una sola habitación a nombre del señor y la señora Stone? ―Sakura ni siquiera respiró al formular toda la pregunta. Eva soltó una fuerte carcajada sin contemplación alguna.
―¡Esas cosas solo te pasan a ti, Sakura! ―Volvió a reír―. Yo no tengo nada que ver con eso. Solo llamé a la agencia y di las indicaciones. Si la chica que me atendió era una estúpida, no es mi culpa.
―Eva, por Dios, no me salgas con esas. Tú más que nadie sabes que no puedo dormir en la misma habitación que Sasuke. ―La voz de Sakura sonaba suplicante y angustiada.
―Mira, Sakura, eso se soluciona pidiendo que te den otra habitación y ya está. No tiene complicación. ―Se escuchó en el fondo una voz que le indicaba a Eva que podía seguir a algún sitio―. Tengo que colgar, estoy aprovechando los días de libertad para consentirme un poco. Tranquilízate y pide otra habitación. La mujer colgó sin decir más. «Eva tiene razón: estas cosas solo me pasan a mí», pensó con angustia; sin embargo, todavía le quedaba la opción que ella le había dado. Se acercó de nuevo a la recepcionista.
―Señorita, debe haber alguna otra habitación para mí. Cualquiera, no importa qué clase sea.
―Permítame un momento. ―La mujer tecleó unas palabras y revisó en su pantalla―. Lo siento, señorita Haruno, no hay ninguna habitación disponible. Ahora mismo se está llevando a cabo una convención de médicos especialistas en cardiología infantil, y el hotel está totalmente ocupado. Solo la suite Penthouse está disponible, y es la que está reservada para ustedes dos.
―Señorita, entienda, este hombre y yo somos jefe y asistente, no marido y mujer ―explicó, señalando a Sasuke sin siquiera voltear a mirarlo.
―Lo siento, señorita Haruno. No puedo hacer nada. Permítanos disculparnos con usted y con el señor Stone por el error cometido. De esa manera fue como se solicitó el registró y no está en nuestras manos poder ayudarla. ―La mujer hablaba sinceramente y con algo de vergüenza, por lo que Sakura asintió con una media sonrisa para indicarle que la entendía, y se giró hacia Sasuke.
―Debes estar feliz.
―No me puedo quejar ―respondió Sasuke, encogiéndose de hombros y ostentando una sonrisa de satisfacción en el rostro. Sakura se acercó a él y lo miró de forma amenazante para tratar de enfatizar sus palabras.
―Procura no pasarte de listo conmigo, Sasuke Uchiha, porque juro que mientras duermas, tomo el abrecartas de tu portafolio y te castro. Sasuke sonrió cínicamente, haciendo caso omiso de la amenaza de la chica.
―¿Por qué querrías deshacerte del que será tu juguete favorito? ―Le guiñó un ojo, y giró a su derecha para ir a la zona de ascensores. Sakura tomó aire profundamente. Sentía rabia con Sasuke, pues, aunque no estaba segura, sospechaba que él tenía algo que ver en todo el asunto, aun así, lo que más temía era su propia fortaleza. Sabía que ese hombre era capaz de hacer caer en sus brazos, rogando por placer, a la más pura e inocente de las vírgenes.
Ella había empezado a desearlo desde que él le rozó los labios con la lengua, aquella vez en la oficina. Parecía ilógico para Sakura desear a un hombre que rara vez soportaba, pero al mismo tiempo comprendía que el cuerpo no atendía a las razones de la mente, más cuando era provocado por alguien tan sexy como él.
Lo siguió al ascensor privado que conducía directo a la habitación ubicada en el último piso, y al llegar a este, Sakura sintió como si entrara en la guarida de un lobo que está dispuesta a devorarla. El mayordomo de la suite, un hombre alto, rubio, y casi de la misma edad de Sasuke, se presentó ante ellos como Henry, y se ofreció a mostrarles las diferentes estancias. Sakura notó cómo Sasuke colocó posesivamente una mano en su cintura y la acercó a él. Ella intentó zafarse, aunque él no se lo permitió, por lo que decidió dejarlo pasar por el momento, para no discutir delante del otro hombre. Todo el lugar era puro lujo.
Tenía un salón con cómodos sofás y un escritorio en madera; todo en colores sutiles y una decoración elegante. Al entrar a la zona del dormitorio, lo primero que Sakura observó fue lo que en la guarida del lobo sería el equivalente a la piedra sobre la cual el animal pensaba devorarla: una cama súper-king vestida con lujosas sábanas de algodón egipcio.
«Ni loca me meto a esa cama con este hombre», pensó, tratando de convencerse de ese hecho. Al menos agradecía que existieran dos cuartos de baño, porque no quería tener sorpresas desagradables mientras se duchaba. Cuando el mayordomo se retiró, Sasuke aflojó el agarre y se giró para mirarla.
―Ese hombre va a estar revoloteando fuera de esta habitación por si necesitamos algo. ―Se acercó aún más a ella para acentuar sus palabras―. No te quiero ver andando ligera de ropa por la suite, y mientras te duchas, si yo no estoy aquí, cierra primero la puerta de la habitación. No quiero que él escuche cómo el agua cae sobre tu cuerpo.
―Estás completamente loco ―dijo Sakura entre dientes.
―Solo haz lo que te digo si no quieres averiguar muy rápido, cuán loco estoy. Sakura notó que no bromeaba, y aunque estaba dispuesta a hacer lo que él decía, no porque se lo ordenara sino porque era lo más lógico, se giró bruscamente y se encaminó a la cama para sacar unas cosas de su maleta.
―No pienso dormir en esta cama contigo ―declaró Sakura en tono tajante
―. Así que, si estás empeñado en dormir en ella, yo lo haré en uno de los sofás de afuera, o en el de aquí para no incomodar al mayordomo.
―Dormiré en el sofá ―refunfuñó Sasuke con su típico tono de niño regañado, y abandonó la habitación sin decir más. Sakura se giró para darle el frente a la enorme cama y suspiró.
―Solo espero no encontrarte sobre ella a media noche ―murmuró para sí misma. Al poco rato bajaron a almorzar al salón comedor. Sakura pudo comprobar que lo de la convención de médicos era cierto, al ver a hombres y mujeres con batas blancas pasearse de un lado a otro. Luego de almorzar, Sasuke le pidió que se cambiara de ropa. Debían recibir a los ejecutivos con los que se reunirían en uno de los pequeños salones del hotel.
La tarde pasó entre presentaciones de propuestas y charlas de negocios. Sakura solo tenía la tarea de estar junto a Sasuke para alcanzarle cualquier documento, e incluso algunas veces, él se acercaba a ella para comentarle o explicarle algún asunto del que se estuviera hablando. En el corto tiempo que había estado trabajando para él, pudo darse cuenta de que le gustaba todo lo referente a los negocios.
Mientras ayudaba a Sara había aprendido bastante, y aunque no tenía aún la capacidad para entender en su totalidad la reunión en la que se encontraba, sí se atrevía a dar su opinión sobre la viabilidad de algún proyecto o sobre cierta idea, así fuera solo una de forma general. No obstante, en ese momento su mente no se hallaba centrada en la presentación ni en las palabras que se decían. Su atención yacía más que todo en el hombre a su lado, su jefe. Lo miraba de reojo, para que él no se diera cuenta que estaba observándolo.
La forma de Sasuke de sentarse, de mover las manos cuando hablaba, de ladear la cabeza cuando algo no lo convencía o de parpadear si estaba de acuerdo con un comentario, era algo fascinante para Sakura. Si bien no había estado con él antes en una reunión ―por lo general solo entraba, dejaba algo y volvía a salir―, en ese momento que podía verlo actuar como el gran empresario que era, se percataba de cuánto podía ese hombre llegar a gustarle de verdad; no solo físicamente, sino un interés que iba más allá de su cara, su cuerpo o su dinero.
Lo que a ella verdaderamente le importaba era la esencia misma, y al verlo dominar a esos hombres sentados a su alrededor, de forma cortés, aunque firme, sin algún tipo de titubeo, le hizo desear poder extender su mano y tomar la de él, para decirle que podía contar con ella, así solo fuera para apoyarlo en las simples tareas que su escasa experiencia le permitía.
―Sakura, si estás aburrida puedes ir a relajarte en el spa o salir en la limusina a donde desees. El chofer está a tus órdenes ―le susurró Sasuke durante una presentación.
―No, quiero estar aquí, me gusta esto ―le contestó de vuelta con una pequeña sonrisa. Sasuke también sonrió y asintió. Al terminar la reunión, los hombres se despidieron con respeto de Sasuke y con afecto de Sakura. El menor de ellos tenía unos cuarenta y cinco años, y todos estaban encantados con la chiquilla hermosa e inteligente que Sasuke tenía a su lado, porque, aunque ella no participó de la reunión, sí se integró a la conversación posterior, en la que todos le preguntaron por América, y asuntos referentes a su economía. Ella, que estaba acostumbrada a escuchar de esos temas por Naruto y las noticias, se desenvolvía lo mejor que podía ante ellos, tanto así que le pidieron a Sasuke que la llevara al día siguiente, y la hicieron prometer que almorzaría con ellos para continuar charlando. Mientras comían juntos en el salón del hotel, Sasuke le dijo lo orgulloso que se sentía de ella, y que una vez regresara a Londres, se lo contaría a Naruto personalmente, pues estaba seguro que él se
sentiría igual.
―¿No has pensado en dedicarte a esto al igual que Naruto? ―le preguntó Sasuke mientras cenaban solos.
―Me gustan las matemáticas. He notado últimamente que esto me gusta también, pero sigo prefiriendo mi elección original y es algo que ya tengo planeado desde hace tiempo.
―A lo que sea que te dediques, estoy seguro que serás la mejor ―aseguró Sasuke con una sonrisa, y ella le agradeció con una igual. Al poco rato que terminaron de cenar, Sakura decidió quedarse a leer en un pequeño espacio del primer piso del hotel, que hacía las veces de sala de descanso. A esa hora eran pocas las personas ubicadas en los sofás, por lo que pudo tener un momento para relajarse a su manera. Al menos eso le dijo a Sasuke, cuando lo que en verdad quería, era alargar lo más posible el tiempo que le quedaba para entrar en esa habitación, sola con él y sus hormonas.
―Sakura, son las diez y treinta de la noche, vamos para que te acuestes. Ya es muy tarde. Sasuke hablaba de una forma tan conciliadora, que a Sakura le daban ganas de sonreír.
―No te preocupes, ve a acostarte tú, yo no tengo sueño todavía y el libro está en lo mejor, quiero saber qué sucederá ―explicó, mostrándole su ejemplar de Jane Eyre. Era la segunda vez que lo leía, solo que Sasuke no tenía por qué saberlo. Él asintió no muy conforme y se marchó.
Sakura no supo en qué momento se quedó dormida, solo se percató que al despertar, ya no se encontraba en el salón de descanso, sino en una cama grande y suave. Se frotó los ojos para aclarar la vista y giró la cabeza a su derecha para ver la hora: era casi la una de la mañana.
―Lo siento, no quería despertarte. Sakura se sobresaltó al escuchar la voz de Sasuke a su lado. Estaba acostado junto a ella, vestido solo con un pantalón de pijama largo. Sakura observó su propio cuerpo, y jadeó angustiada al darse cuenta que ya no estaba usando la ropa de la tarde, sino una bata de dormir corta.
―¿Qué…Qué me hiciste? ―preguntó aturdida, pensando en que Sasuke la había desvestido para cambiarla de ropa.
―Yo no te cambié, puedes estar tranquila. Dos empleadas del hotel te ayudaron. Por lo que me informaron, te despertaste en el proceso, solo que tenías tanto sueño que caíste rendida nuevamente. Sakura suspiró aliviada. Recordaba vagamente la cara amable de las dos mujeres que le indicaban que levantara los brazos; sin embargo, la presencia de Sasuke en la cama no le permitía relajarse
―¿Por qué no estás en el sofá? ―preguntó sin atreverse a mover un músculo. No estaba molesta, en realidad se encontraba asustada.
―Quería verte dormir. Sasuke le apoyó suavemente una mano sobre el abdomen, provocando que se tensara aún más. Intentó apartarlo empujándolo en el pecho, solo que él no se lo permitió, y rodeándola por la cintura, la estrechó contra su cuerpo.
―Sakura, no me apartes, por favor. Te necesito, no imaginas cuánto ―rogó, mientras iniciaba una sección de besos apasionados sobre la lozana piel de su cuello.
―Sasuke, no ―pidió. Él ignoró la súplica de la chica y se acomodó totalmente sobre ella. Acomodando una pierna entre sus muslos, los separó al tiempo que se apoderaba de su boca con un beso intenso.
akura gimió al sentir el cuerpo de Sasuke presionando el suyo, pero lo que más la conmocionó en el momento, fue el bulto duro y grande que apretaba contra su vientre bajo, contra su intimidad. Como las veces anteriores, su mente inició una lucha feroz contra su cuerpo, y mientras se llevaba a cabo la contienda, Sasuke aprovechaba para tomar sus brazos y levantárselos por encima de la cabeza.
―Quiero saborearte, Sakura. Déjame saciarme de ti. Esa petición provocó en Sakura lo que más temía: la inclinación de la balanza a favor de su cuerpo. Sasuke volvió a tomar su boca. Los movimientos de sus labios eran apasionados, llenos de necesidad, de deseo. Presionando un poco con su lengua, hizo que Sakura abriera los labios y lo recibiera gustosamente, para que él pudiera recorrer con ella toda su boca. Sus caderas comenzaron entonces a moverse rítmicamente, una y otra vez, al tiempo que con su lengua entraba y salía de la boca de Sakura como si con ella la poseyera.
Ella tenía los ojos cerrados. Poderosas lenguas de fuego lamían todo su cuerpo, y en el lugar en que el miembro de Sasuke presionaba con cada movimiento, podía sentir cómo una lava ardiente empezaba a bullir, preparándose para la inminente erupción. Sasuke, que no solo deseaba saborear su boca, liberó sus labios, comenzó a bajar por su barbilla y luego su garganta, dejando un camino de besos ardientes que hacían estragos en la poca razón que a ella le quedaba. Cuando finalmente liberó sus brazos, fue para empezar a apartar los tirantes de la bata que Sakura tenía puesta, sin dejar de besar la piel del nacimiento de sus pechos.
―Sasuke, yo nunca… Sakura no pudo terminar de hablar, pues uno de sus senos fue cubierto por la boca de Sasuke. Ella jadeó con fuerza y arqueó su espalda en un movimiento instintivo de su cuerpo. La lengua de Christopher se movía en círculos alrededor de su pezón, que para ese momento ya era una dura piedrecita color rosa.
―Lo sé… ―respondió Sasuke, mientras movía su boca al otro pecho para hacer lo mismo con él. Sakura podía sentir la necesidad que él tenía de reclamar sus senos como suyos. Los dientes le rozaban por momentos la sensible piel, y eso la hacía emitir gemidos y jadeos, mientras tomaba aire para no ahogarse en su propio deseo. Necesitándolo más cerca, le aferró la cabeza con sus manos y la apretó más contra su pecho, solo que él tenía otros planes para su propia boca. Zafándose de las manos de Sakura, Sasuke bajó hasta posesionarse en medio de sus piernas, y levantó su cabeza para mirarla. Sakura estaba completamente agitada.
Su pecho desnudo ―brillante por la saliva que él había dejado al saborearla― subía y bajaba de forma irregular, al tiempo que su mente era un caos incapaz de enlazar ideas u ordenar movimientos lógicos. Desde esa posición pudo ver en la mirada de Sasuke, que sus ojos azules se veían mucho más oscuros de lo normal. El deseo estaba explícito en su expresión, y la necesidad y la locura se mostraban claramente en sus facciones.
―Lo sé… ―repitió―. Esta noche no voy a tomarte, solo voy a saborearte, a beber de ti.
―Y pronunciando esas palabras, levantó el pijama de Sakura y enterró la cara entre sus muslos. La chica jadeó tan fuerte que se podría decir que fue más un grito. En ese momento se percató de que aún conservaba las bragas, y aun así, eso no era impedimento para Sasuke, quien succionaba, lamía y mordía suavemente toda la intimidad de Sakura oculta bajo la fina tela. Sin embargo, Sasuke no se conformaba con solo saborear la tela, quería más y lo obtendría. Tomando las bragas con las dos manos, las haló hacia abajo y la sacó rápidamente por las torneadas piernas.
―Dios, ¿qué estoy haciendo? ―susurró Sakura. Si bien se encontraba impresionada por su manera de actuar, no impidió que Sasuke, ignorando sus palabras, volviera a enterrar su cara en su sexo, haciéndola gritar. Sasuke la atacaba con una necesidad voraz que encendía sus sentidos y entorpecía su razón. Sonidos de goce y lujuria provenían de entre sus piernas: succiones, lamidas, gemidos del mismo Sasuke, formaban una música salvaje y alucinante, que a Sakura la hacía suspirar y gemir a su vez, sin control. Bajó la vista hacia donde se concentraba su locura, y pudo ver el cabello de Sasuke mezclándose con sus rizos oscuros.
―Ah, Sasuke… En un rápido movimiento, él le pasó los brazos alrededor de las caderas y la acercó más a su cara, obligándola a levantarlas un poco para tener más acceso a su placer. Con la lengua enroscada la penetró, gimiendo en el proceso.
―¡Sasuke! Sakura no lograba formar una frase coherente. Sus manos se hallaban fuertemente aferradas a las sábanas de la enorme cama, y sus caderas se balanceaban sin permiso al ritmo de la invasora. Podía sentir cómo su cuerpo se quemaba por dentro, cómo algo desconocido para ella se formaba con fuerza en su vientre, y la hacía retorcerse de pura pasión y lujuria.
―No puedo… No puedo más. Sasuke no se compadeció de su ruego, por el contrario, atacó con más vehemencia, entrando y saliendo sin piedad. Ella no creía que aguantaría por más tiempo, y aunque sentía que iba a explotar, deseaba hacerlo sin importar las consecuencias. Su cuerpo anhelaba esa liberación que solo la boca de él podía provocar en ese momento. En un fuerte apretón de los labios de Sasuke en su punto más sensible, y luego de un jalón, el mundo de Sakura estalló.
Todo en la habitación desapareció, la cama en la que se encontraba acostada, la pequeña bata que tenía enrollada en su cintura, incluso el aire que respiraba ya no le llenaba los pulmones. Solo existían ella y el placer tan intenso que la invadía. Su cuerpo se convulsionaba sin control, sus caderas temblaban aún sujetas por los brazos de Sasuke, y los jugos que emanaban de su sexo, eran bebidos y saboreados por la boca del hombre, quien estaba empeñado en no desperdiciar la más mínima gota.
―Deliciosa… ―gimió él. Minutos después, su cuerpo comenzó a relajarse. La realidad fue tomando forma, y su respiración empezó a normalizarse; El problema radicaba en que ese era precisamente el momento en que la culpa atacaba, y su cabeza iniciaba su función de recriminarla por lo que acababa de suceder. Sasuke se acomodó a su lado e intentó abrazarla, pero Sakura se giró para darle la espalda.
―Sakura…
―Ahora no, Sasuke, por favor. ―La voz de Sakura salió entrecortada. Estaba llorando.
―No te arrepientas de esto.
―Te lo suplico… Déjame sola ―pidió en medio de un sollozo. Sasuke suspiró y se levantó de la cama. Antes de dirigirse al sofá en el que se suponía debía dormir, se volvió para mirarla.
―De nada te servirá arrepentirte. Se encaminó de nuevo al sofá y se acostó en silencio. Sakura se acurrucó en la cama y se cubrió con la sábana. Su cabeza era un completo caos. Nunca había experimentado un placer tan penetrante como ese, y ni en sus sueños más eróticos podía encontrar imágenes como las que sus ojos acababan de contemplar; y eran precisamente esos mismos ojos los que derramaban lágrimas de confusión.
No era exactamente arrepentimiento como pensaba Sasuke, era desconcierto total por no sentirse arrepentida. Si bien no se encontraba feliz por lo sucedido, estaba segura que, si pudiera volver el tiempo atrás, le permitiría a Sasuke hacerle lo mismo. Su sollozo se hizo más fuerte ante ese pensamiento, por lo que procuró amortiguarlo con la almohada. Su tormento se acrecentaba al pensar que, si Sasuke hubiera querido hacerla suya en ese momento, ella no se lo habría impedido; no por opción de su mente o su corazón, sino por dictamen de su propio cuerpo.
Ese hombre tenía la propiedad de manipular una parte de ella que nunca había tenido la necesidad de controlar. No podía seguir permitiendo esa situación, ella no sería una más en la lista de Sasuke Uchiha. Tenía que darse a respetar y lo haría; no iba a dejar que su cuerpo le ganara de nuevo. Ella era una mujer, aunque joven aún, madura y razonable, y no estaba dispuesta a seguir cayendo en los juegos eróticos de un hombre como Christopher, así tuviera más experiencia que ella. Entre cavilaciones, reproches y más sollozos, Sakura se quedó dormida.
Cuando despertó, unos cuantos rayos de sol se filtraban por las lujosas cortinas. Aunque sentía los ojos algo hinchados por el llanto, su cuerpo se hallaba relajado a pesar de lo sucedido hacía varias horas. Miró la mesa de noche y se dio cuenta que faltaba una hora para el medio día. Volvió la cabeza en la almohada y se encontró con una rosa roja sobre un papel doblado. Apartó la rosa y tomó la nota para leerla.
No te preocupes por la reunión, yo te disculparé con los presentes. Tienes reservado un día en el spa para que te relajes. Pide todo lo que desees. No salgas sola del hotel, y mucho menos sin avisarme. C S. PD: ¡Toma el maldito día de spa y no me contradigas!
―¡Y aparte de todo tiene el descaro de darme órdenes! ―exclamó Sakura en voz alta. «No es solo su culpa, Sakura, tú se lo permitiste», le recriminaba su conciencia. ―Pero, ¿qué mujer se podría resistir a un avance como ese? ―Se cubrió el rostro con las manos y negó con la cabeza―. Estoy peleando conmigo misma. Sakura pensó que quizá Sasuke tenía razón en lo del spa. Nunca había ido a uno. Lo más cercano a dicha experiencia eran las sesiones de belleza que tenía con Sussana en su habitación, por lo que decidió primero almorzar con los ejecutivos, y luego ir a que la consintieran; después de todo, no tenía por qué privarse de verlos de nuevo y charlar amenamente con ellos; sin contar con el hecho de que le demostraría a Sasuke que, aunque siguiera sus consejos o sus órdenes, lo haría cuando deseara y no cuando él lo dispusiera. Sabía que no podía mostrarse asustada o tímida ante su jefe, pues él aprovecharía eso para acosarla y tratar de seducirla de nuevo. Así muriera por dentro, tenía que mostrarse segura y sin algún tipo de complejo ante él.
Al verla entrar al salón comedor, Sasuke saltó de la silla y se apresuró a salir a su encuentro. ―Te dije que no era necesario que vinieras. No quiero que te sientas mal por…
―Lo que pasó anoche, Sasuke, no tiene importancia. Eso no me va a impedir reunirme con ustedes, al menos para almorzar.
―No puedo creer que estés tan indiferente a lo que sucedió ―inquirió con el ceño fruncido. ―No soy indiferente, solo estoy resignada a aceptarlo, y te aseguro que no se repetirá ―respondió Sakura entre dientes.
―¡Yo no me arrepiento! ―Ese es asunto tuyo, no mío. Se apartó de él y caminó hacia la mesa para saludar a los empresarios. A las siete de la tarde, Sakura se encontraba acostada sobre la cama, mirando fijamente el techo de la habitación. Nunca se imaginó que unas hábiles manos, combinadas con piedras volcánicas, aceites esenciales y lociones, pudieran hacerla sentir como si flotara sobre nubes de algodón.
―¿Puedo pasar? ―preguntó Sasuke al entrar a la habitación.
―Ya lo hiciste ―contestó Sakura sin emoción alguna.
―¿Cómo te fue en el spa? ―Morí y renací. Sasuke rio ante la simple respuesta de la chica. Se acercó a la cama y se sentó junto a ella.
―No me toques, no quiero quitar esta sensación de relajación en mi cuerpo con una rabieta. ―Sakura hablaba sin despegar la vista del techo. Tenía puesta un pijama de pantalón largo y una blusa de tirantes. Sus brazos estaban extendidos a los lados y sus piernas completamente estiradas.
―Puedes estar tranquila, no vengo a importunarte, solo quiero saber si ya cenaste. Yo lo hice con tus nuevos amigos. Sakura sonrió ante ese comentario. ―Son personas muy amables. Me caen bien. ―Lo que me mantiene tranquilo es que todos son mayores y te ven como a sus hijas. Sakura cerró los ojos por un momento y suspiró.
―Sasuke, no empieces, que si se me quita esta sensación que tengo, tendrás que pagar otro día mañana ―advirtió Sakura sin moverse ni mirarlo. Sasuke rio con fuerza, se levantó de la cama y caminó hasta colocarse al pie de esta.
―Por mí puedes hacer lo que desees siempre y cuando sepa dónde estás. Y si para que te tomes otro día tengo que molestarte ―dijo Sasuke maliciosamente―, ¿qué mejor que con un beso? Y agachándose rápidamente, le besó la punta del dedo gordo del pie derecho. Sakura se mordió el labio para no reír y sacudió el pie como si tratara de apartar un insecto. Sasuke soltó una carcajada y se dirigió a la puerta de la habitación.
―¡Ordenaré que te traigan la cena! «Es tan difícil estar enojada con él por largo tiempo», pensó Sakura con pesar. Esa noche, Sasuke no durmió en la habitación sino en uno de los sofás de la sala, por decisión propia. Sakura se lo agradeció en silencio. Al día siguiente en la mañana, Sakura probó nuevos tratamientos de Belleza y relajación que no había tenido tiempo el día anterior. Se encontraba tan relajada que decidió almorzar en la habitación, y despedirse de los ejecutivos de Gray & Jones en la tarde, al término de la última reunión.
―Podemos irnos ahora en helicóptero, o esperar hasta mañana para hacerlo en tren. Tú decides ―comentó Sasuke luego de haber despedido a los hombres, quienes en una semana recibirían la primera consignación de la inversión acordada
. ―Sasuke, no es necesario que hagas estos sacrificios por mí… ―Se detuvo por un momento y frunció el ceño―, ¡Un momento! Sí tienes que hacerlos, por todo lo que me has hecho pasar. Así que nos iremos mañana en tren y esta noche dormirás de nuevo afuera.
―Como el perro que soy.
―Como el perro que eres ―concordó Sakura, para enseguida gruñir con desesperación al descubrir su juego―. ¡¿Por qué tienes que convertir mis reproches en una burla?! ―Porque me gusta verte patalear como niña chiquita. Sakura golpeó el suelo con el pie, inconscientemente, y mientras Sasuke reía, ella se dirigía furiosa al ascensor. El sábado antes de partir, Sasuke decidió hacer primero un recorrido por la ciudad en la limusina, para que Sakura pudiera conocerla un poco. Pasaron por lugares históricos de la ciudad como la Catedral de Todos los Santos, el Museo del Castillo de York y la Abadía de Santa María.
―¿Estás segura que no quieres bajar y conocerlos por dentro? Podemos viajar en la tarde sin ningún problema. Sakura negó con la cabeza.
―No es necesario, no te preocupes. En realidad, lo habría preferido; no obstante, también quería llegar rápido a su apartamento y alejarse lo más posible de él. Luego del recorrido, regresaron casi por la misma vía al hotel, pues la estación de trenes quedaba a pocas calles. Viajaron en un espacio privado en el vagón de lujo de la empresa Cross Country Trains.
El viaje tardaría cerca de dos horas y media hasta la estación de King's Cross en Londres, tiempo en el que Sasuke, sentado al frente, se dedicó a revisar unos documentos en su computadora, mientras ella tomaba decisiones importantes. «Está decidido, el lunes voy a la oficina de migración a resolver mi problema. Esta situación ya no admite más espera.»
