Prisioneras
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La mujer caminó rápidamente tras los pasos de Haru, quien cargaba a la pelirosa entre sus brazos.
Bajaron las escaleras tambaleantes, entre respiraciones agitadas y ojos bien abiertos. Atentos, asustados y con algo de arrepentimiento en lo profundo de su inconsciente intuían que de cualquier forma ya era muy tarde para dar marcha atrás.
- ¿Dónde nos esperan? – cuestionó Mio notado como las luces del hostal se encontraban apagadas y el hombre de admisión se hallaba tendido sobre el mesón con un hilo de sangre colgando desde su oído.
- Tranquila, tengo todo bajo control. – habló Haru caminando hasta una de las habitaciones del primer piso.
- No debiste hacer eso – susurró la castaña.
- ¿hacer qué? – cuestionó Haru en tono desinteresado antes de irrumpir en la habitación.
- Ya lo hablaremos… – exhaló Mio observando a los hombres impacientes dentro del cuarto.
Tres rostros conocidos y temidos. Los observó cada noche dentro de sus sueños, rondando en sus pesadillas; sus piernas temblaron ocultando su cuerpo tras el macizo torso de su esposo. Respiró profundamente conteniendo la respiración mientras sentía como en su nuca comenzaba un sudor frío a reinar por sus poros, hundida en la falsa protección brindada por el castaño, intuía que el hombre se encontraba aún más temeroso que ella misma.
- Ya cumplimos – habló el castaño tendiendo suavemente a Sakura sobre una mesa.
Un hombre rió acercándose hasta la pelirosa para detallar sus facciones.
- Aún no. ¿qué han hecho con el Uchiha? – cuestionó apoyando ambos puños sobre la mesa.
- Está inconsciente – se apresuró en responder Haru.
Los presentes sonrieron complacidos.
- Ya subiremos por él – habló uno de los sujetos parados tras la puerta.
- Nos podemos entretener con su mujer por mientras… -susurró uno de los hombres acercándose hasta Sakura para rozar con sus dedos el desnudo abdomen de la chica.
- No. – negó Mio apresurándose hasta la mesa.
La castaña observó al hombre fijamente a los ojos intentando no parecer desafiante.
- Sakura es muy fuerte, despertará en un par de minutos. Lo que sea que tengan planeado lo deben hacer ahora. – aconsejó sin perder la calma.
- ¿!unos minutos?! –exclamó quien parecía ser el líder de la organización.
- Era la única forma de inmovilizarla, ahora depende de ustedes ¡Quiero a mi hija! –exclamó la mujer golpeando con la palma de su mano la mesa frente a ella.
- Tendrás a tu hija cuando todo haya salido según lo planeado– habló el hombre que aún mantenía su mano sobre el abdomen de la pelirosa haciendo dibujos alrededor de su ombligo.
La castaña apretó los dientes ahogando su frustración, antes de girarse resignada hacia Haru para ser acunada entre sus brazos.
Observaron como el tercero de los individuos se acercó hasta Sakura para realizar unos sellos rápidos y plasmar sus dedos sobre el vientre de la mujer. Se extendieron a través de sus manos cordones de Chakra destellantes, los cuales concentrados en varios puntos se moldearon como heridas de fuego dejando la marca de un tatuaje a través de todo el cuerpo de la mujer, asemejando gruesas cadenas de metal. Parecía quemar ardiendo incandescente sobre la nívea piel de la muchacha. Sakura se retorció con los músculos contraídos, aún en estado de inconsciencia su respiración agitada parecía bombear aire desesperadamente hacia sus pulmones ante el estimulo del veneno aún circulando por sus venas; Trascurridos unos segundos el ninja tambaleó mientras retrocedía acongojado, se veía agitado, claramente para realizar aquello había ocupado gran parte de su energía.
- Muy bien Arata, lo has logrado – habló el líder palmeando la espalda del hombre.
- Nunca creí que funcionaría Hiroki-san, ha sido sencillo - respondió el hombre observando sus manos analíticamente.
- Asao - llamó- ata su cuerpo y asegúrate de callar su boca. Quiero estar muy lejos de Konoha para cuando recupere la consciencia – ordenó Hiroki al hombre que antes había llevado sus dedos descaradamente hasta el vientre de la chica.
Asao tomó a Sakura entre sus brazos y la tendió sobre la alfombra ubicada en el centro de la habitación; a su vez Arata cargó sobre sus brazos dos alfombras más y se dispuso hasta la puerta.
- ¡esperen! – exclamó Haru- ¿Cuándo tendremos a Zuki? – cuestionó soltando el agarre de sus brazos alrededor de Mio.
-Vendrán con nosotros – respondió el hombre tras una leve pausa mientras observaba como Asao enrollaba la gruesa alfombra alrededor de Sakura ocultando completamente su menudo cuerpo- y allí se las entregaré.
Haru asintió incapaz de protestar. No lo reconocería a viva voz, pero aquellos hombres atemorizaban su espíritu.
Se dispusieron hasta la salida del cuarto separándose apenas hubieron salido del hostal. En aquella travesía tan solo habían tardado no más de 6 minutos, Mio pensó que Sakura debía estar despertando dentro de aquella alfombra. Su cuerpo se tensó ante aquella sensación, tragó saliva aferradose a la mano de su amado mientras se dirigían rápidamente hacia las afueras de la aldea.
- Debes tomar a Zuki apenas la veamos – susurró Mio apoyándose lo más posible cerca del oído de Haru.
- Lo sé – respondió el castaño atrayéndola aún más contra su cuerpo.
- Si pretenden ir por su hija deberán seguir nuestro ritmo – amenazó Hiroki acelerando el paso entre la gente a su alrededor.
Mio los observó entre la gente. Trascurrían las 10 de la noche, la oscuridad sobre sus nucas parecía lo suficientemente sombría para disimular su cometido. Más aún aquellos hombres se habían encargado de llevar varías alfombras entre sus brazos asemejando comerciantes ambulantes de telas, lo cual coincidía a la perfección con sus vestimentas.
- No entiendes – susurró nuevamente Mio.
Haru la observó analizando nervioso la actitud de sus escoltas.
- Sasuke debe estar por despertar, si es que ya no lo ha hecho… – susurró la mujer logrando petrificar el espíritu en su esposo.
- ¡¿de qué hablas?! – cuestionó nervioso intentando mantener el silencio.
- Creció en un nido de serpientes – respondió la castaña acercándose aún más hasta el hombro de Haru- durante su estadía en la guarida, cada noche se inyecto una pequeña dosis de los venenos más letales con el fin de conseguir cierta inmunidad a las serpientes – relató la chica observando no ser escuchada por los demás- siempre ha sido un genio y le ha sacado el mayor provecho a sus circunstancias...
- ¿por qué no me lo has dicho antes? – cuestionó el hombre perdiendo la paciencia.
- Porque no pensé que le enterrarías un cuchillo de una forma tan cobarde – susurró la chica apretando los dientes- ellos nos entregarían a Zuki y luego Sasuke rescataría a Sakura – comentó la mujer.
- Sakura no es nuestro problema, nunca lo fue. – espetó el castaño.
- Desde hoy créeme que si lo es – concluyó Mio apresurando el paso.
- No te preocupes, a esta altura Sasuke debe estar desangrado – susurró el muchacho alcanzando a la mujer.
- No. Perderá algo de sangre pero claro que no podrías acabar con él tan fácilmente. – largó la mujer en una clara señal de enfado- Despertará y estará muy enfadado.
- Es humano, sangra como tú y como yo – argumentó el castaño- si no lo idealizaras…
- ¿Qué tanto hablan? –cuestionó Arata interponiéndose entre la pareja- con esta mujer tan bonita lo que menos haría sería hablar tanto – habló risueño dirigiendo una mirada hacia Mio.
Haru contuvo su indignación consciente nuevamente de su debilidad. Exhaló rogando porque todo aquello acabe lo más pronto posible mientras se apresuraban a cruzar la frontera.
Los hombres se adentraron en el bosque e inmediatamente cubrieron los ojos de la pareja para ocultar el recorrido hasta su escondite. Mio al contrario de Haru mantuvo silencio sin protestar aquella medida, sus manos sudaban y el calor en su cuello se extendía a lo largo de su pecho, sin embargo intentó parecer imperturbable enfocandose únicamente en su objetivo, recuperaría a Zuki aunque aquello le costara la vida; Caminaron a ciegas durante largos minutos hasta que la muchacha percibió el calor en su hombro y la luz tenue a través de la venda en sus ojos. Lo comprendió inmediatamente, donde sea que estuviesen su camino estaba siendo iluminado por antorchas; De pronto inhaló un aroma conocido, tierra húmeda, goteras, raíces y lodo bajo sus pies, dedujo que aquello sin duda era un camino subterráneo que les permitirían cruzar la frontera sin ser descubiertos.
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Intentó activar su Sharingan en el instante en que Haru pronunció aquellas palabras junto a su oído, sin embargo su vista se nubló en una marea de formas y colores en lo que no pudo descifrar si habían sido las aspas en sus ojos o simplemente parte de su imaginación; la respiración pesó sobre su pecho como si una tonelada de asfalto presionara su cuerpo cargándolo contra el suelo, no podía sentir dolor sin embargo comprendió que en su costado el calor adyacente provenía indudablemente de una herida profunda. Tranquilizó sus sentidos intentando confiar en que las habilidades de Sakura eran inmensamente poderosas como para ser abatidas tan fácilmente. Sin embargo inevitablemente el miedo se instauró calando en su interior de una forma más profunda que la estocada entre sus costillas.
Bajo aquellos pensamientos intentó mantenerse despierto antes de ser consciente de la realidad en su estado; Intentó atraer a sus recuerdos todo lo conocido acerca de aquella serpiente, su hábitat, sus colores, su veneno, su antídoto. La vislumbró encerrada entre las jaulas de Orochimaru, vislumbró las gotas de su veneno en tubos de ensayo. Recordó llevando a su habitación pequeñas muestras, recordó la cantidad de veces que se inyectó aquella toxina en sus venas, recordó a Mio junto a él fascinada por el amarillo en el reptil… Lo perpetuó en una fumarada de imágenes y destellos a medida que su respiración se regularizaba y el cemento sobre sus pulmones se tranquilizaba dando paso a un profundo dolor. Pulsaba como el demonio, con cada inhalación se volvía insostenible su capacidad para continuar respirando. Abrió los ojos sorprendido ante su propia agonía en el momento en que se dejó llevar a la somnolencia, impresionado ante lo cerca que estuvo la puñalada de su corazón no se podía dar el gusto de descansar.
Comenzó a mover su mano a medida que recobraba la panorámica a su alrededor. Inhaló bruscamente en un gruñido desesperado por recobrar el movimiento de su cuerpo. Parecía una mala broma, se preguntó cuánto veneno habría utilizado Mio para tumbarlo, normalmente una mordida habitual no lo perturbaría de una forma tan desgarradora, aquello debió ser una doble dosis mortal.
Su sensibilidad física regresó en conjunto con la movilidad en sus dedos, aprovechó aquello para cargar su peso contra el suelo en un intento por sentarse. Transcurrieron al menos tres minutos antes de poder lograr erguirse apoyado contra la mesa mientras su respiración agitada resonaba en la habitación en conjunto a un centenar de maldiciones mientras observaba el espectáculo a su alrededor; la mesa servida con platos a medio comer, las sillas desparramadas y la puerta entre abierta, una escena que trasgredía su capacidad para mantener la mente en blanco. Lo había decidido, los mataría.
Su vista fija en el espacio entre abierto hacia el exterior, fue perturbada por una nota sobre la mesa, tirada entre la comida, manchada del rosa de las frutillas y absorbiendo el almíbar mezclado con veneno; se apresuró a recogerla rápidamente entre sus dedos girándola para descifrar las letras escritas entre las manchas de comida que amenazaban con disolver el papel.
"No saben de Sarada.
Recuerda cada vez que en tus pensamientos se instaure el inevitable odio, que los hijos no deben pagar por los pecados cometidos por sus padres.
Tú lo sabes tan bien como yo. "
El muchacho arrugó el papel entre sus dedos sintiendo como la adrenalina recorría sus venas conforme la vitalidad recobraba en su interior. Rebuscó en los bolsillos de su capa el rollo de vendas que siempre llevaba consigo. Lo desenrolló a duras penas cubriendo su torso con la tela, la amarró con ayuda sus dientes presionando fuertemente. Una vuelta, dos vueltas, tres, cuatro; Bajó las escaleras notando la oscuridad a su alrededor, sintiendo aquel aroma a campo de batalla, aquel expelido por la sangre coagulada en charcos; observó al hombre tumbado sobre el mesón, hundido en su propia vida yacía tieso. Un estimulo necesario para recordar la naturaleza de aquellos hombres, no se iban con juegos, no tendrían a Sakura prisionera, ellos esperarían el momento y la asesinarían.
Activó su Sharingan y analizó el cuarto intentando localizar la presencia de su mujer. sin embargo no halló nada en absoluto, ella había desaparecido. Decidió no dar aviso a Naruto, aquello debía solucionarlo inmediatamente, no estaba dispuesto a dejarlos escapar. Menos cuando su fama los precedía por huir cual lombriz bajo la tierra. Cada minuto contaba.
Caminó a través de la aldea hasta ubicarse en las afueras de Konoha, observó a su alrededor sin notar nada que sorprendiera su poder ocular. Meditó aquello quieto, escuchando el bosque, sintiendo cada hoja, oyendo el soplido del viento a través de los arboles; el simple pensamiento de imaginar a Sakura con aquellos hombres nublaba inmediatamente su concentración hundiéndolo en la incertidumbre. Subió a un árbol para observar su entorno, sin embargo no encontró nada.
Descendió de las alturas para caer sobre la yerba, se inclinó apoyando una rodilla en la tierra observando las pisadas que atravesaban el espeso verde. Su palma tocó la tierra sintiendo las vibraciones de la muchedumbre proveniente del centro de la aldea. Podía sentir la presencia de Mio en todo aquel lugar, parecía caminar frente a sus ojos, sin embargo no habían rastros físicos de su andar; maldijo golpeando el suelo bajo su puño. Entonces lo holló. El sonido vació de la tierra hueca bajo sus pies.
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Observaron cómo desenrollaban a Sakura de su prisión dentro de la alfombra. Su cuerpo sellado completamente se desmoronó boca abajo contra el lodo; Mio observó a su alrededor, aquel era un lugar similar al conocido por ella durante su rapto. Sin embargo notó que esta vez se trataba de una cueva bajo tierra tal cual lo había presentido en un inicio.
- ¿Dónde está Zuki? – cuestionó Haru apenas quitaron la venda de sus ojos.
Uno de los hombres recogió a la pequeña de entre unas mantas amontonadas en el suelo. se encontraba con la boca amordazada para ocultar sus llantos mientras sus ojos enrojecidos destacaban entre un rostro cubierto de lo que parecía una mezcla entre saliva y lagrimas; Mio llevó sus manos hasta su pecho antes de correr en busca de tu hija arrebatándosela a Hiroki de los brazos.
La apretó contra su cuerpo entre lágrimas y besos aferrándose a ella con todo el ímpetu de su amor; Haru se unió a su abrazo rodeándolas sin intentar contener su emoción.
- Vayámonos , salgamos de aquí – susurró el muchacho besando la frente de sus mujeres.
Ya nadie los observaba, los hombres se habían centrado completamente en la pelirosa, aquello tranquilizaba al castaño, sin embargo Mio observó a la ninja medico luchar contra los tres hombres en un intento vano por no ser atada.
Los hombres habían levantado a Sakura del barro y quitado su mordaza para llevarla hasta un tronco enterrado en lo profundo del suelo. la amarraron allí ante la sorpresa de la pelirosa al notar su cuerpo taladrado por tatuajes y marcas de sellos nacientes en su abdomen. Se percató de aquello a medida que intentaba liberar su cuerpo. Sin embargo su esfuerzo fue inútil al notar como su chakra había desaparecido por completo, incluso sus reservas ocultas tras el sello de su frente se encontraban sumidas entre cadenas, dormido hasta para el mínimo jutsu; se rindió cuando su vista se topó con la mirada cristalina de la castaña abrazada a los pequeños brazos de una bebé cubierta de tierra y moretones. Su corazón se intranquilizó al imaginar que barbaridades le habrían hecho pasar a esa pequeña niña, lejos de sus padres y en aquella prisión de tierra manejada por los engendros de sus captores.
Ambas mujeres se observaron durante el trascurso de los minutos en que la pelirosa era atada de pies y manos, antes de que uno de los hombre se acercara a la pareja para cubrir sus ojos nuevamente con vendas.
- Los sacaremos de aquí – habló Hiroki – Asao llévalos lejos.
- ¡Por qué yo! – exclamó el hombre- deja que me divierta un poco con la chica – susurró acercandose al espacio entre las piernas de Sakura.
La mujer sorprendida abrió la boca para protestar pero se encontró a si misma más débil de lo pensado, recordando las atrocidades descubiertas por ella misma en el cuerpo de Mio, ultrajada de todas las formas posibles, se sintió culpable al no apoyar su recuperación con algo más que ayuda física, tal vez si otras hubiesen sido la circunstancias ella habría apoyado a la mujer brindándole apoyo emocional y psicológico.. En aquel entonces nublada por los celos únicamente la había visto como a una arpía. Comprendió entonces que Tsunade había tenido razón desde el primer momento, ella jamás debió participar en aquel proyecto una vez hubo descubierto su relación personal con la paciente.
Apretó los dientes a medida que el hombre recorría sus muslos con la mirada.
- He sido claro – repitió Hiroki- Arata se merece inaugurar a nuestra nueva huésped.
Los hombres discutieron a medida que Asao se retiraba del lugar empujando a la pareja hasta la salida. Sin embargo, de pronto Mio retiró la venda de sus ojos y se giró para observar fijamente a Sakura.
- Esperen – habló firme- me quedaré con Sakura – susurró temblorosa.
- ¿!de qué hablas!? – exclamó Haru consternado bajando la venda de sus ojos.
Mio entregó a su pequeña a los brazos de su esposo y camino hasta Hiroki.
- ¿crees que esto es una reunión con invitados? – cuestionó el líder de la organización tras una risa satírica.
- Por favor – suplicó la castaña arrodillándose.
Haru la tomó desde el brazo y la elevó bruscamente.
- Vienes conmigo no tienes opción. – ordenó el castaño exhalando perturbado.
- Haru, no puedo regresar a casa y seguir con nuestras vidas como si nada hubiese ocurrido – susurró la mujer- lo siento. – se disculpó mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas.- Ellos tienen razón.
- Yo no veo problema – habló Asao - ¡no olviden quien es esta mujer!
- Me importa una mierda – habló finalmente Hiroki tras un silencio- llévate al hombre y a la niña.
- ¡no! –exclamó Haru.
- Escúchame – habló Mio entre sollozos- lamento no haber sabido corresponder tu amor …
-¡no! No te despidas ¡demonios! –gritó Haru nuevamente.
-Sé que cuidaras de Zuki – susurró Mio besando a su hija.
- No me iré sin ti – susurró el hombre besándola mientras sus lágrimas descendían a través de su rostro- por favor, puedes retractarte aún.
- Es mi culpa que esta mujer esté aquí y Zuki ya está a salvo… si de esta forma debo pagar el daño cometido….-declaró la mujer bajando la mirada, sin embargo fue interrumpida súbitamente.
- Los mataré a los tres en este momento – amenazó Asao acercándose a la pareja con un Kunai en su mano.
Su mirada demente atravesó sus sentidos; Haru apretó sus ojos antes de atraer a Zuki contra su pecho.
- Vete, ahora. – ordenó Mio poniendo nuevamente la venda en los ojos de su esposo.
- Te amo – declaró el hombre antes de besarla castamente en los labios.
Haru fue llevado a través del túnel de vuelta al exterior, con la pequeña en brazos y las lagrimas descendiendo por su cuello se sintió impotente al no poder rescatar a su mujer de un destino inevitable. Lo sabía, aquella sería la última vez en que se verían.
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Atadas contra el mismo tronco, de espaldas entre sí, ambas observaron a los hombres frente a ellas, atemorizadas exhalaban con dificultad a medida que sus miradas chocaban con los ojos arrebatados de sus raptores.
- Tranquilo Arata, te prometo que podrás disfrutar a la rosadita – declaró Hiroki- pero en este momento necesito asegurarme que no vienen tras nosotros, si el Uchiha nos encuentra no tenemos posibilidades contra él. Primero debemos cumplir nuestra misión.
- En ese caso matémosla inmediatamente – respondió el ninja sin dejar de observar a la pelirosa.- luego me divierto con ella ...
- No. Quiero que sufra, que su cuerpo se encuentre magullado, herido, destrozado. – declaró el líder- no es contra ti, bonita – habló dirigiéndose a sakura- necesito que entiendas que esto es más grande que una simple venganza. Nosotros hemos pasado nuestras vidas intentando encontrar a nuestros familiares perdidos, una vez que los hallamos éstos se encontraban destrozados, algunos jamás fueron encontrados… bebes, niños, esposas… -susurró el hombre- lo único que hemos buscado en nuestras vidas es una compensación, aquellos que nos han dañado no merecen vivir, sus vidas no estaban por sobre las de nuestros familiares ¿o sí?
Sakura negó con la cabeza.
- Me alegro que lo entiendas. – continuó Hiroki- los hemos buscado uno a uno, ellos libres han rehecho sus vidas, felices… se han dedicado a olvidar el pasado, todos dentro de una falsa atmósfera de paz infundada inicialmente por Konoha, de ahí surge precisamente aquel primer problema, Sasuke Uchiha ha desbaratado nuestra organización a tal punto en que ya solo somos tres miembros, con nosotros morirá el dolor de nuestros hijos inocentes.
- Estoy segura de que sus hijos no estarían orgullosos de lo que han hecho – habló Sakura pero fue detenida con una bofetada por parte de Arata.
- Escúchale – ordenó el hombre.
- Es precisamente ese pensamiento, nuestros hijos no estarían orgullosos… claro que no … ¡porque están muertos! – gritó Hiroki- él no comprende nuestro dolor y hemos encontrado la forma de expresar este sentir… a través de la perdida de un ser amado.
- Sasuke los comprende – declaró la pelirosa- pero hay otras formas.
- ¿confiar en vuestros gobiernos? – cuestionó Hiroki- ¿para que los perdonen como han hecho con Orochimaru?
La pelirosa calló cerrando los ojos, nada de lo que hicieran sería suficiente para tranquilizar las mentes de aquellos hombres. Podía empatizar con su dolor, sin embargo aquello no la salvaría de lo imperturbable de sus convicciones.
- Basta de conversaciones Hiroki- san, tenemos el tiempo en contra - replicó Arata.
- Si - respondió el líder tras unos segundos de silencio- vigilarás la entrada norte y yo la entrada sur, nos reuniéremos aquí en media hora – ordenó antes de girarse hacia la salida sur - si hay alguna señal del Uchiha, vienes aquí y las matas.
Arata asintió caminando hacia la salida norte a paso veloz. Deseaba más que nunca regresar rápidamente.
Las mujeres una vez solas exhalaron liberando la carga en sus pulmones; Sakura apoyó su cabeza sobre la estaca y cerró los ojos intentando localizar su Chakra.
- Lo que has hecho ha sido muy estúpido – susurró la pelirosa de pronto logrando sorprender a Mio, quien se encontraba perdida observando el lodo sobre el cual estaba sentada.
- Lo sé -susurró Mio- pero estoy cansada de huir, de traicionar... de cualquier forma mi interés por la vida decreció hace muchos años...agradezco haber liberado a Zuki de la carga de mis pecados.
La pelirosa recordó a la pequeña sobre los brazos de Haru, acunada contra el pecho de su padre inundada en lágrimas, con su cabello desordenado y su rostro cubierto de lodo.
Suspiró apesadumbrada apretando los dientes.
- Malditas bestias -blasfemó- Cuando me libere juro que aplastaré sus caras contra esta mierda en la que estamos sentadas - susurró Sakura indignada tras unos minutos en silencio.
La castaña soltó una carcajada.
- ¿liberarte? - cuestionó la mujer incrédula.
- Por supuesto, no creerás que les permitiré las cosas muy fáciles - habló la pelirosa con convicción en cada silaba.
Las chicas callaron a medida que transcurrían los segundos.
- Sasuke no podrá sentir tu Chakra, lo han bloqueado - confesó Mio tras exhalar audiblemente- pero logrará sentir mi presencia.
Sakura se giró para observarla. Su gesto torcido en enfado pareció aliviarse a medida que sus ojos se toparon con el perfil de la mujer.
- Yo no necesito que me salven - susurró la pelirosa mientras en su mente maquinaba las opciones disponibles.
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Hola!
Perdón por demorar !
Todo bien por acá, espero que ustedes y sus familias también se encuentren saludables!
GRACIAS POR LEER!
GRACIAS POR COMENTAR!
En este capitulo ocurrieron muchos eventos de introspección, espero que no les aburra.
No olviden dejar sus opiniones, comentarios, criticas, amor, odio, todo todito, incluso si estan aburridas contarme de sus vidas.
Un abrazoooo
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