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LA CENA

Bajó a desgana. Janet le había dejado uno de sus preciosos vestidos y le había recogido el pelo pero no se sentía con fuerzas para abordar la larga noche que le esperaba. Para ella no había nada que festejar.

En cuanto entró en el salón, buscó a sus primos y se posicionó junto a ellos. Si iba a hacerlo, sería al lado de su propia familia. Por su bien y el de su tranquilidad. Janet y sus planes le preocupaban.

-Estás muy guapa, prima - le dijo Charlie sonriendo - Ese vestido te sienta muy bien.

-Es de Janet - se encogió de hombros fingiendo desinterés. Pondría su plan en marcha - Ha sido muy amable al prestármelo. Tal vez deberías sacarla luego a bailar para agradecérselo. Sería un poco raro que lo hicese yo.

-Será un placer hacerlo - su sonrisa se amplió - También ella es muy bonita.

Candy lo miró sorprendida por su respuesta. Había esperado un poco más de reticencia por su parte, después de todo eran de clanes rivales. Su primo le guiñó un ojo y regresó a la conversación que mantenía con Anthony.

Fue el turno de Alistair para alabarla y se sintió igual de incómoda que con Charlie. Siempre había buscado los elogios por sus hazañas con la espada y no por su belleza.

-Te advierto que yo no seré tan fácil de convencer como Charlie - le dijo antes de que pudiese hablar - Janet es hermosa pero no tengo intención de alimentar falsas esperanzas, que creo que es lo que pasaría.

-Vaya. ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi primo?

-Tu primo se ha enamorado de mi hermana - intervino Charlie, provocando un sonrojo casi imperceptible para quien no lo conociese, en Alistair - Y por lo que he podido ver, el sentimiento es mutuo.

-¿Es eso cierto?

-Patty es única - se encogió de hombros, sonriendo.

-Por Dios. Es cierto. Jamás creí que llegaría este día. Pero, ¿sabes?- quiso burlarse de él un poco - Bailar con alguien no implica que debas casarte con ella.

-Es un alivio saberlo - le siguió la broma.

-Déjalo, Candy - habló Charlie - Si no baila con Janet, mejor para mí.

-¿Te gusta Janet?

-La pregunta es, ¿a quién no le gusta Janet? - rió - Es una joven asombrosa. Y no sólo hablo de su belleza. He tenido la ocasión de hablar con ella y me ha impresionado.

-¿Casi tanto como cuando gritó ayer? -se burló Alistair.

-Eso fue pura emoción - la defendió Candy.

-Me pregunto si será tan efusiva... - Charlie dejó la frase inconclusa y Alistair rió.

Candy frunció el ceño pero prefirió ignorar aquel comentario. No quería meterse en una conversación que terminase poniéndose demasiado obscena. Con los hombres ya se sabía donde acababa todo. Aún así lanzó una advertencia a su primo.

-Es mi amiga. Si le haces daño, responderás ante mí.

-Esa es una amenaza a tener en cuenta - le dijo Alistair serio, cuando Charlie se rió - Yo de ti no enfadaría a Candy.

-Conozco su interés por las armas.

-No sólo es interés. Es buena - lo interrumpió - Muy buena.

-Le llevo años de ventaja, Stear.

-Cuando quieras medimos nuestras habilidades, primo - lo desafió Candy ofendida.

-Mañana por la mañana - concretó él, burlándose después - Si eres capaz de levantarte después de una noche de baile.

-Primo - lo miró fijamente - haré que te tragues tus palabras.

Durante la cena, habló animadamente con Alistair. Él le contó sobre Patty y todas las veces en que la había desafiado a hacer algo de lo que ella se creía incapaz.

-Patty siempre llamó mi atención cuando éramos pequeñas - sonrió con nostalgia - No por lo evidente, claro. Sino por su espíritu luchador. No dejaba que nadie le dijese que no podía hacer algo.

-Pues ahora es todo lo contrario - admitió Alistair con pena.

-Se creyó enamorada de alguien cuando tenía diez años. Lo seguía a todas partes deseando que él se fijase en ella pero él sólo la despreció y se rió de ella - le explicó - Fue muy cruel y ella se encerró en sí misma desde entonces.

-Yo ni siquiera la recordaba - se avergonzaba de ello y Candy pudo notarlo - La habría defendido de ese desgraciado.

-Es normal que no la recordases. Antes de eso, Tom, Charlie y tú sólo teníais ojos para las espadas. Y después apenas salía de su alcoba.

-¿Qué fue de él?

-Mi tía se encargó de él - rió - Lo envió a casa de sus hermanos. Creo que no lo pasó bien allí pero tampoco quise informarme con demasiado detalle. A mí me importaba mi prima, no él.

Alistair asintió satisfecho. Candy pudo ver que realmente amaba a su prima y se alegró por ellos. El carácter abierto y despreocupado de Alistair era lo que su prima necesitaba para recuperar la confianza en sí misma.

-¿Qué haréis cuando tengas que regresar a Inveraray?

-No lo sé - se veía preocupado y Candy se arrepintió de preguntar - No quiero alejarme de ella pero tengo obligaciones en Inveraray. Y dudo que ella quiera abandonar a su familia.

-Es complicado - admitió.

-Encontraré el modo de hacerlo sencillo, Candy - la miró decidido - No voy a dejarla escapar.

-No deberías - le sonrió.

Cuando empezó el baile, Candy quiso retirarse discretamente. Había recorrido parte del camino hacia la salida cuando divisó a Charlie bailando con Janet. Parecían absortos el uno en el otro, hablando animadamente mientras se movían por toda la pista.

-¿No estarás pensando en escabullirte, prima? - Alistair la tomó por la cintura y la arrastró con él al centro del salón - Necesito a alguien con quien bailar que no tenga intenciones de obtener algo más.

-Siempre puedes decir que no, Stear - rió, sujetándose a él para bailar, a regañadientes.

-Sería demasiado incómodo tener que hacerlo - le guiñó un ojo - No estoy habituado a negarles nada a las mujeres.

-Ya - entornó los ojos - Espero por tu bien que no lastimes a Patty.

-O me las veré contigo - rió - Lo sé. Pero puedes estar tranquila. Para mí ya no hay nadie que no sea ella.

-Todavía no me lo creo - rió también - Mi Stear enamorado.

Él le sonrió y la hizo girar por la pista hasta que sintió los pies doloridos y necesitó reponer fuerzas sentándose.

-Eres incansable - protestó.

-Pero te gusta - rió - Admítelo.

-Baila conmigo - los interrumpió Albert, tendiéndole una mano.

Candy lo miró sorprendida. No lo había visto en toda la noche. O tal vez es que había estado demasiado centrada en su conversación con Alistair. Lo observó y no pudo por menos que admirar su apostura. Estaba impresionante con su nuevo kilt. ¿Serían los colores de su clan? Hasta ahora siempre había llevado los de los MacDonald. De ahí que lo creyese uno de ellos.

Sintió la mirada de Alistair sobre ella, esperando su respuesta. Si le decía que no, estaba segura de que aquellos dos hombres acabarían enfrentándose. Uno no aceptaría su negativa y el otro trataría de defenderla, aunque se valiese por sí misma.

Decidió que prefería no llamar la atención sobre ellos y colocó su mano sobre la de Albert. Éste la ayudó a levantarse y la llevó gentilmente hasta la pista. Con el único contacto de sus manos, el corazón de Candy comenzó a bombear sangre, tan raudo que le había acelerado la respiración sin haber realizado ningún esfuerzo. Cuando le rodeó la cintura con el brazo, se le detuvo en seco unos segundos para luego reiniciar su frenética carrera.

-¿Te diviertes? - le preguntó él, acariciándole el rostro con su aliento.

-Hasta ahora sí - logró decir sin vacilación. Se le había erizado la piel allí donde su hálito la había rozado.

-Entonces tendré que hacer que siga siendo así - le sonrió - O tal vez, mejorar tu noche.

-No hay nada que puedas hacer que mejore mi noche.

-¿Segura? - la apretó contra él en el siguiente giro.

-Bueno - dijo conteniendo la respiración - Si desaparecieses, la mejorarías considerablemente.

-Sólo si tú desapareces conmigo, querida.

Candy jadeó al escuchar sus palabras. No había pretendido hacerlo pero su cuerpo actuaba por iniciativa propia junto a Albert desde su primer beso y eso la frustraba. Odiaba perder el control.

-¿Eso es un sí? - la miró divertido.

-Eso es un piérdete solo - le espetó.

-¿Sabes que así sólo logras retrasar lo inevitable?

-¿Por qué haces esto, Albert? ¿No entiendes que me iré pronto y que lo que creas que hay entre nosotros terminará?

-Ser el segundo hijo de un gran laird te enseña a tomar las cosas cuando llegan sin preguntarte el por qué o el por cuánto - su intensa mirada la mantenía atrapada en ella - Estoy dispuesto a admitir que me atraes. No sé por qué ni por cuánto, pero lo tomaré igualmente.

-¿Y yo no tengo nada que decir al respecto? ¿Y si me niego a darte nada? - lo desafió, a pesar de que sus palabras le habían reblandecido las piernas y habían acelerado más a su ya exaltado corazón.

-Eso sólo lo hace más interesante - le mostró aquella sonrisa socarrona que tanto la enfadaba.

-¿Que te rechace lo hace interesante? - alzó una ceja - Entonces esto será de lo más entretenido para ti.

En cuanto terminó de hablar, le pisó con ímpetu un pie y lo empujó provocando su caída. Se giró en redondo y salió del salón sin mirar atrás. La risa de Albert la acompañó hasta que traspasó la puerta. Estaba tan enfadada que deseaba golpearlo una y otra vez hasta acallar sus detestables carcajadas.

CONTINUARA