Los personajes no son míos , yo solo los tomo para crear mi historia.
aviso:
Algunos personajes no son tan fieles en sus personalidades como en los libros.
Esta es una historia ficticia.
Y vivieron felices, comieron perdices.
Pov Edythe.
—Fue un cúmulo de circunstancias, pero al fin todo se redujo a... Beau —explique alegremente, noto como la mirada se había posado con incredulidad hacia mí.
Nuestra familia y los dos invitados restantes permanecían sentados en el gran salón de los Cullen mientras, más allá de las ventanas, oscurecía el bosque.
Vladimir y Stefan habían desaparecido antes de que hubiéramos dejado de celebrarlo. Ambos estaban de lo más decepcionados con el giro final de los acontecimientos, aunque ellos habían disfrutado de la cobardía de los Vulturis, querían vengarse, pero verlo irse había endulzado su frustración.
Berenice y Tua enseguida se pusieron a seguir el rastro de Amun y Kebi, ansiosos por hacerles saber el feliz desenlace del conflicto. Estaba segura de volver a verlos, al menos a Berenice y a Tua... Ninguno de los nómadas se demoró demasiado. Petra y Charles mantuvieron una breve conversación con Jessamine antes de marcharse también.
Las reencontradas amazonas también se habían mostrado impacientes por regresar a su entorno lleno de vegetación, pues se les hacía muy difícil vivir lejos de sus amadas selvas, aunque fueran más reacias a marcharse que el resto de los huéspedes.
—Debes traer al niño de visita —había insistido Zafrina—. Prométemelo, jovencita.
Eli había presionado su mano en la nuca de Beau, mientras me miraba a mí también en gesto de súplica "Podemos ir, por favor". Beau se rio.
—Por supuesto, Zafrina —convine.
—Seremos grandes amigos, Eli —aseguró la indómita mujer antes de partir en compañía de sus hermanas.
El éxodo continuó con el aquelarre irlandés.
—Bien hecho, Sheehan—la elogió Carine mientras se despedían.
—Ah, el poder de las ilusiones vanas... —respondió el con sarcasmo mientras ponía los ojos en blanco—. Por supuesto, esto no ha terminado —añadió, esta vez hablando en serio—. Los Vulturis no van a perdonar lo ocurrido.
Hice una mueca, al recordar los pensamiento de dos reinas de los Vulturis, como querían venganza por la humillación que había tenido.
Podía decir con seguridad que ellas, no hubieran tenido de obstáculo Beau, nos hubieran masacrado.
—Se han llevado un buen revolcón y su confianza se ha resquebrajado, pero sí, estoy segura de que algún día se recobrarán del varapalo y entonces imagino que intentarán darnos caza por separado... —concluyó con ojos entrecerrados.
—Archie nos avisará cuando intenten asestar su golpe —repuso Sheehan con aplomo—, y volveremos a reunimos en tal caso. Tal vez haya llegado la hora y nuestro mundo esté preparado para liberarse de los Vulturis.
—Tal vez llegue ese momento —replicó Carine— y estaremos juntos de ser así.
—Sí, amiga mío, así será —convino Sheehan—. Aunque yo solo meta la pata, ¿cómo vamos a fallar todos juntos?
Y luego soltó una gran carcajada.
—Exactamente —dijo Carine, que abrazó a Sheehan para estrechar a continuación, también despedirse de un abrazo de Lil—. Haced lo posible por hallar Alexandra y explicadle lo sucedido. No me seduce la idea de que se pase toda una década escondida tras una roca.
Sheehan soltó otra risotada. Mathuin procedió abrazarnos, el aquelarre irlandés se marchó.
El aquelarre de Denali fue el último en emprender la partida. Gerda se marchaba en su compañía, y allí se iba a quedar, de eso estaba bastante segura. Aunque Taras se encontraba algo melancólico al ver que todos sus hermanos tenían pareja menos el, no pudo evitar pensar como se había sentido Beau cuando él estaba solo.
Huilen y Nahuel fueron los únicos en quedarse, pese a que yo esperaba que se hubieran marchado con las amazonas. Carine se sumió en una intensa conversación con Huilen, y estaba fascinada. Nahuel permanecía sentado junto a ella, escuchando mientras yo les contaba a los demás el resto de la historia del conflicto, con lo que había descubiertos entrando a sus mentes.
—Archie le facilitó a Sulpicia la excusa necesaria para abandonar la lucha. Probablemente, habría seguido adelante con su plan original de no haber estado tan aterrada por Beau.
—¿Aterrado ella...? ¿De mí? —salto, muy escéptico.
No pude evitar negar con cierta diversión, un poco de tristeza que Beau no fuera capaz de ver cuanto potencia tenía su don, un que tenía admitir que él nunca tuvo que mostrarle a nadie que era el capaz de hacer, Beau no había tenido la necesidad de mostrarse, no le gustaba destacar.
Le dedique una sonrisa, tierna. Aunque estaba frustrada por que Beau no se reconociera, yo me iba encargar que se diera cuanta que los Vulturis estaban aterrorizados con él.
—Los Vulturis no han librado una lucha limpia en veinticinco siglos, y nunca, nunca, han combatido en una batalla donde estuvieran en posición de desventaja, en especial desde que Alec y Jane se incorporaron a sus filas. Sólo han tomado parte en masacres sin oposición.
«Deberíais haber visto qué aspecto ofrecíamos a sus ojos. Jane priva a las víctimas de los sentidos y los sentimientos mientras se celebra el simulacro de juicio. Así nadie sale por pies cuando se anuncia el veredicto. Pero nosotros seguíamos allí: preparados, alerta y en superioridad, y teníamos dones sobrenaturales de nuestra parte mientras que Beau anulaba los suyos. Sulpicia sabía que, al tener a Zafrina de nuestro lado, eran ellos quienes iban a quedarse ciegos en cuanto comenzara el combate. Estoy seguro de que habríamos sufrido unas pérdidas terribles, pero las suyas no habrían sido menores, y existía una alta posibilidad de que ellos perdieran. Nunca se habían enfrentado a esa eventualidad y no estaban dispuestos a hacerlo ahora.
—Resulta difícil sentirte cómoda cuando estás rodeado por mujeres lobo del tamaño de un caballo —espetó Eleanor mientras palmeaba el brazo de Jules.
Ésta le devolvió una enorme sonrisa.
—Lo primero que les detuvo fueron los lobos —dije Beau. Como intentado quitarse las miradas.
—Por supuesto —coincidió Jules. Con una enorme sonrisa y alegre.
—Totalmente de acuerdo —admití como Athenodora se había escogido en sí misma, recordado como su antiguo marido había librado una muerte de verdadero lobo.—. Ésa era otra imagen que jamás habían presenciado. Los verdaderos Hijos de la Luna no se mueven en manadas y no suelen tener mucho control de sí mismos. Diecisiete enormes lobos disciplinados era una sorpresita para la que no estaban preparados. De hecho, a Athenodora le aterran los licántropos, por que vio como Cayo casi muere con unos de ellos.
Beau me había hablado de los hombre lobos, claro no había tomado mucha relevancia cuando me lo dijo. Pero ahora que había visto los pensamiento de Athenodora, era otra de cantar. Seres bastante sorprendente.
Archie se había sentado al lado de Beau. Se inclinó hacia delante mientras se echaba a reír y le guiñó un ojo.
Beau le devolvió la mirada en complicidad.
Pero una mirada irritada apareció en cara de Beau.
Okey, está molesto…
No pude evitar entender Archie, para él había sido verdaderamente doloroso dejarnos, especial saber que su familia sufría al estar a ciegas.
Archie suspiró.
—Hala, suéltalo todo, desahógate.
—¿Sabes lo preocupado que estaba por ustedes?
Archie parpadeo, no era lo pensaba que iba tener. La verdad asta yo estaba impresionada por la respuesta de Beau.
—Archie nos conocemos desde décadas. No sabía porque lo hacía, ni mucho menos si ibas volver. Pero eres mi hermano y mejor amigo, creo merezco un poco confianza que tu seguridad para mí era lo primero. Aunque pudiste decirme que había esperanza, aunque soy un horrible mentiroso.
Beau abrazo a nuestro hijo despacio, él se estremeció.
—Conozco tu don, quizás no como tú mismo, o Edythe. Pero si se sobre tus puntos ciego, tuviste buscar algo no sabéis, todo al mismo tiempo para el resto no descubriera. Pero no se quizás un mensaje que estabas bien, o que ibas estar a salvo.
Jessamine sonrió cuando sintió que Archie lucia aliviado por Beau no estuviera enojado.
—Tenía que protegerlos—dijo Archie feliz—Tenías que estas preparo para sacar a Eli
Archie se rio que se dejó oír por toda la habitación. Todos sonreímos al volver a escuchar esa música de nuevo. Había visto como Beau le decía que lo echo de menos, pero no lo quería decir.
—También yo te eché de menos, así que perdóname, e intenta contentarte con ser el superhéroe del día.
Todos se rieron de nuevo y Beau intento ocultar su rostro en pelo de Eli.
No pude evitar retomar el análisis, y alabando a Beau cuando podía, y que gracias a su escudo los Vulturis habían querido marchar. Miraba de vez en cuando mi esposo con admiración. Como había tenido a mi disposición las peleas de los Vulturi por la mente de Sulpicia y demás miembros de los Vulturis, podía ver cuan impresionados por el escudo de Beau.
Todos miraban a Beau, estaba claro. Estos vampiros tenían bastante edad como saber que el don de Beau era gran impedimento para lastimar algún aquelarre.
La mirada más difícil de ignorar era precisamente la Nahuel, el chico no había dejado de mirar a Beau, y Eliest. Se sentía triste, pero también se estaba perdonando a sí mismo, por la muerte de su madre, a él le hubiera gustado tener un padre como Beau y una madre como yo.
Miré a Beau pude notar como está decayendo, parecía cansado mientras aun observaba a Eliest, el levanto la mirada con cansancio.
—Deberíamos acostar a Eliest...
—Quizá sea buena idea —convine enseguida—. Estoy convencida de que no ha descansado bien la noche pasada con tanto ronquido.
Sonríe a Jules, esta puso los ojos blanco con burla y luego bostezo.
—Hace la torta de tiempo que no duermo en una cama. Mi vieja estaría encantada de tenerme de nuevo bajo su techo, os apuesto lo que queráis...
Me levante para abrazarla, ella se estremeció por el frio, pero me devolvió el abrazo.
—Gracias, Jules.
—Estaré cuando lo necesiten, pero eso ya lo sabes.
Se puso en pie, despidió de Beau con un abrazo también, para después besar la frente de Eliest.
—Os veo mañana, tíos. Supongo que ahora todo va a ser un muermazo, ¿no?
—Espero que sí, de corazón —conteste.
Beau me paso a Eliest, para que yo lo cargaba no pude evitar besar su coronilla, feliz. Era tiempo de que volviera a ser una niño, protegido y seguro durante los pocos años de su infancia.
La voz de Beau me saco mis pensamiento felices.
—Ah, una cosa, Jess —comento mientras nos dirigíamos a la puerta.
Ella se hallaba entre Archie y Earnest, y no sabía por qué, pero la imagen parecía más hogareña de lo normal.
—¿Sí, Beau?
—Era necesario causar tanto miedo en el pobre hombre. —Beau lo miro con cierta diversión—¿Por qué el señor Jenks se quedó helado de miedo nada más oír tu nombre?
Jessamine rio con picardía, en su mente se hallaban bastante imágenes de un hombre algo gordo, llena de miedo, mientras mi hermana se encarga de pedir documentación.
—La experiencia me dice que el miedo es un incentivo más fuerte que la expectativa de lucro para que funcionen ciertas relaciones laborales.
Beau bufo, no parecía impresionado por la respuesta de su hermana, aunque una parte de mi sabía que Jess no volvería a tener otro contacto con el hombre que había hablado Beau, al menos que otro humano tomara la documentación Jess se iba encargar dejar claro no se podía meter con la familia Cullen.
Besamos y abrazamos a todos los miembros de nuestra familia antes de darles las buenas noches. Antes de partir pude ver una visión de Archie. Una visión que hubiera sido humana me hubiera mantenido solo concentrada en ella.
Eleanor se encontraba sentada en una silla, con pequeño bulto en su regazo, tenía una mirada que jamás hubiera creído que Eleanor tuviera. Una mirada llena amor y, pero el de más puro que pudiera existir. Al lado suyo se encontraba Royal viendo tanto a su esposa, como el pequeño bulto, lucia feliz, una mirada paternal.
La visión era lejana, tan lejanas que podrían ser años, hasta décadas. No había fecha, Archie no sabía cuándo pasaría, era un punto ciego. Pero aun así no pude evitar sonrisa se escapará de mi cara. Beau estaba haciendo cambio en el interior de sus hermanos, y sus padres. Algún día, quizás no era pronto. Pero algún todos se sentirían completos.
Jessamine no pudo evitar sonreír, y reírse. La emoción que había sentido de Archie había sido lo suficiente para ella se riera feliz. La mayor emoción que ella considera una de las mejores.
Esperanza.
Tras cruzar el río, caminamos cogidos de la mano a un ritmo apenas más veloz que el de los humanos. No había prisa. Beau lucia calmado, solo quería disfrutas de nuestro de paz.
—Debo reconocer que en este momento Jules me tiene muy impresionada —dije dándole un apretón en su mano
—Las lobas ya no causan el mismo impacto, ¿eh?
—No me refería a eso. No ha pensado en todo el día que, de acuerdo con lo expuesto por Nahuel, Eliest habrá alcanzado su plena madurez en sólo seis años y medio.
Beau hizo una meca como pensándolo.
—Ni lo ve de ese modo ni tiene prisa por que crezca. Únicamente desea su felicidad.
—Lo sé. Como te he dicho, es impresionante. Me fastidia mucho decirlo, pero al niño le podría haber ido peor.
El suspiro, sonriendo un poco a regañadientes.
—No voy a pensar en eso hasta dentro de unos seis años y medio.
Me carcajee.
—Edythe, note algo. Estoy agradecido con Nahuel por su comportamiento de hoy, pero tanta miradita me resulta rara. Quisiera saber el por.
Sonríe para mis adentro, sabía que Beau notado la mirada de Nahuel.
—Ah, te miraba a ti.
Beau asintió, sabiendo que era a el quien más miraba.
—¿Y por qué...?
—Porque estoy vivía, y luchaste para así siguiera —conteste en voz baja.
—No te sigo.
—Toda su vida. —trate de explicar—... se ha acostumbrado a pensar en él como una criatura diabólica, un asesino por naturaleza. También sus hermanas mataron a sus madres al nacer, pero a ellas no les preocupa nada de eso porque el tal Joham las ha criado con la idea de que los humanos son poco más que animales y ellos, dioses. Pero es Huilen quien ha educado a Nahuel, y Pire era la persona a quien Huilen más quería. Eso ha dado otra forma a su perspectiva, y en cierto modo, él se odiaba a sí mismo.
—Qué triste —murmuro.
—Entonces, llega y nos ve a nosotros tres, y comprende por vez primera que ser casi inmortal no tiene por qué ser necesariamente perverso. Me mira a mí y piensa en lo que podía haber sido su madre.
—Tú eres la ideal perfecta en todo —admitió Beau sonriendo.
Bufé, pero me volví a poner seria.
—Cuando te mira, ve lo que hubiera sido si su padre hubiera tenido más humanidad en sí mismo. Ve lo que hubiera pasado si su padre, hubiera amado a su madre.
—Pobre Nahuel —musito.
Suspiro, podía ver la compasión en sus ojos, como ahora podía comprender a Nahuel.
—No estés triste por él. Ahora es feliz. Hoy, al fin, ha empezado a perdonarse.
Beau sonrió, me regala una sonrisa tranquila, y calmada. Mi familia se había reunido y a mi hijo le aguardaba un futuro infinito por delante. Iría a casa de mi madre al día siguiente para que viera que la dicha había reemplazado al miedo en mis ojos y así también ella sería feliz.
Pero el hecho más significativo en esta oleada de felicidad era el más seguro de todos: iba a estar con Beau para siempre.
No tenía interés alguno en revivir las últimas semanitas, pero debía admitir que me hacían valorar lo que tenía más que nunca.
La casita era un remanso de paz iluminado por la plateada luz azulada de la luna. Acostamos a Eli en su cama y la arropamos con suavidad. El niño sonreía en sueños.
Me quité del cuello el regalo de Sulpicia y lo dejé en una esquina de su habitación. Eli podría jugar con él cuando quisiera. Le gustaban los objetos centelleantes.
—Una noche de celebración —murmure mientras ponía mis brazos en su cuello para alcanzar sus labios.
—Espera —vacilo, dio un paso alejado.
Lo mire sorprendida, era casi por regla general que Beau nunca se alejaba de mis caricias.
—Quiero que veías algo —me informo, y sonrió un poquito al observar mis expresión de perplejidad.
Me tomo de la cara con sus dos manos, y cerró los ojos, para concentrarse.
No había pensamiento, más de lo Eliest en nuestra casa, ya había podido controlar mi don como no se disparar a cualquier pensamiento.
Pero ahora había nuevo corrientes de pensamiento, procedía a otra mente, a una que nunca había leído antes, era tan diferente y tan… calmada, al mismo tiempo con matices fuertes de que pusiera intención. Era los pensamiento de Beau.
—¡Beau! —susurre asombrada.
Beau sonrió, con alegría. Mientras el torrentes de recuerdos se introducían en mi mente, la primera vez que me había visto, la primera vez que había estado en prado aceptando que los dos nos amábamos, el alivio cuando me encontró a salvo y sin daño en estudio de ballet. Me mostro con emoción cuando me esperaba con impaciencia el día de nuestro matrimonio, como lo único que quería era tomarme en brazos, lo tonto que se sentía por tener miedo. Los precioso momentos vividos en la Isla Earnest, cuando había tocado nuestro hijo con mi piel humana…
Además, tenía recuerdos mucho más agudos y perfectamente definidos: mi rostro nada más abrir los ojos a la nueva vida, al amanecer interminable de la inmortalidad, aquel primer beso, esa primera noche...
De pronto, no encontré control en mí misma, salte hacia sus labios, el perdió la concentración porque ya no sentía más su pensamiento, lo único que podía pensar era permanecer ahí.
—¡Upa! ¡Lo solté! —suspiro.
—Te he oído —dije, jadiando—. ¿Cómo...? ¿Cómo lo has logrado?
—Fue idea de Zafrina. Practicamos en varias ocasiones.
Estaba ofuscada. Parpadeé dos veces y sacudí la cabeza.
—Ahora ya lo sabes —comento, restándole importancia y con un encogimiento de hombros—, nadie ha amado tanto como yo te quiero a ti.
—Casi tienes razón —esboce una sonrisa. Estaba seguro de que tenía los ojos bien abiertos.—. Conozco sólo una excepción.
—Tramposa.
Comencé a besarlo otra vez, pero me detuve, quería escucharlo de nuevo, era casi una necesidad escucharlo.
—¿Puedes volver a hacerlo? —inquirí suplicante, Beau era reservado, siempre lo seria. Lo amaba por eso.
Me hizo mohín.
—Es muy difícil.
Lo mire suplicante.
—La más mínima distracción me impide aguantar.
—Me portaré bien —prometí. O al menos lo intentaría.
Frunció los labios y entorno los ojos, pero luego me sonrió.
Apretó las manos sobre mi cara una vez más, Ah… ahí está su pensamiento de nuevo. Pero los recuerdos me embargaron fueron demasiado, era nuestra primera noche en esta vida nueva, se estaba demorando en los detalles. Me di por fracasada cuando mi cuerpo no se controló volví a buscar sus labios con urgencia, perdiendo el hilo de sus pensamiento.
—Maldita sea —refunfuñe mientras el me devolvía el beso, y se desliza por debajo de mi barbilla.
—Tenemos todo el tiempo del mundo para perfeccionarlo —me recordó avanzando hacia la cama.
—Por siempre y para siempre jamás —murmure gratamente.
—Eso me suena a gloria.
Y entonces continuamos apurando con alegría esa pequeña pero perfecta fracción de nuestra eternidad.
HE, terminado.
Espero que hayan gustado. aun estoy pensando en poner algunos curiosidades en unos capitulos mas, pero por hora ya esta terminado.
