Mansión Cullen — Afueras de Forks — Jueves 31 de diciembre de 2009 — 11:48 PM
— Venga chicos cada uno a su lugar que ya queda muy poco —se oyó la voz de Esme intentando poner orden dentro del caos que se había formado en un momento.
Bella y Edward estaban sentados en uno de los sofás, cada uno cargaba a una bebé, Bella tenía a Emma entre sus brazos que dormía tranquilamente pese a todo el ajetreo que la rodeaba, y Edward, como siempre, cargaba a Sissi perdiéndose en sus enormes ojos marrones como los de su madre.
— ¿Me dirás alguna vez que es lo que tienes con Sissi? —preguntó Bella en un susurro— Emma y yo nos tendremos que poner celosas como continúes así.
— ¿Pero tú la has visto? —preguntó Edward como si fuese evidente.
— La veo cada día Edward, es mi hija —repuso ella con el ceño fruncido.
Edward bufó y colocó a Sissi al lado del rostro de Bella.
— Si es que… ¡sois iguales! —dijo fascinado— no es tan raro que me atraiga más, es tan parecida a ti, estar con ella es como estar contigo al cuadrado.
— ¿Y qué pasa con Emma? ¿La quieres menos? —preguntó Bella.
— ¡Claro que la quiero igual! —no dudó en aclararlo— es solo que Sissi es… diferente, tengo una conexión especial con ella. Pero quiero a Emma, con todo mi ser, como a ti —se acercó un poco a Bella y besó sus labios lentamente.
— Bueno, a ver… —los interrumpió Emmett— todavía no son las doce… faltan unos minutos para que puedas hacer eso… Eddie ¿no te puedes aguantar?
Edward lo miró con los ojos entrecerrados y Bella soltó una risita.
— ¡Ya es hora! ¡Ya es hora! —gritó Alice.
— ¡Diez! —todos gritaron al unísono.
— ¡Nueve!— Edward sujetó una de las manos de Bella entre la suya.
— ¡Ocho!— Bella lo miró y le sonrió con ternura.
— ¡Siete! —Emmett abrazó a Rose por la cintura la atrajo hacia su pecho.
— ¡Seis! —Alice de un salto de sentó en el regazo de Jasper apoyando su cabeza en uno de sus hombros.
— ¡Cinco! —Carlisle y Esme compartieron una mirada cómplice.
— ¡Cuatro! —Sissi decidió hacerse notar en ese instante y soltó un gorgojeo alegre.
— ¡Tres! —Edward y Bella sonrieron mientras miraban a sus hijas, una durmiendo y la otra sonriendo.
— ¡Dos! —un silencio sepulcral inundó la gran mansión.
Solo el sonido de las campanas de un reloj anunciando la medianoche rompió esa calma.
— Feliz año nuevo —susurró Edward contra los labios de Bella antes de probarlos… probarlos y devorarlos, sintiendo como Bella contestaba a su toque.
— ¡A ver, a ver, a ver!— interrumpió Emmett— Eddie… ¿qué va a ser esto? ¡Déjala respirar tío!
Rose apareció en ese instante y le dio un coscorrón.
— Déjalos tranquilos Emmett —gruñó la rubia para después sonreírles a Edward y a Bella.
Después de unos minutos ambas bebés dormían, así que fueron acomodadas en unas pequeñas cunitas que Esme había colocado en la antigua habitación de Edward. Ellos estaban en la gran sala, disfrutando de las bromas, los chites y las anécdotas que salían de la boca de cada uno de los miembros de la familia.
— ¿Lo hacemos ahora? —preguntó Edward a Bella en un susurro.
— ¿Crees que es el mejor momento? —preguntó Bella un poco intimidada.
— Si no estás segura podemos hacerlo en unos días, cuando creas que estás preparada —la tranquilizó Edward.
— Estoy preparada, es solo que estoy nerviosa…
Emmett, que estaba junto a ellos oyó la conversación y sonrió con suspicacia. Pero cuando iba abrir la boca para hacer una de sus típicas bromas Rose lo fulminó con la mirada haciendo que se callase de inmediato.
— ¿Entonces? —volvió a preguntar Edward.
Bella sonrió y apretó su mano con un poco más de fuerza.
— Vamos allá —dijo con una sonrisa.
Edward se la devolvió y sin soltar su mano se puso en pie y tiró de ella para que se colocase a su lado.
— Bueno… familia —dijo para llamar la tención de todos, que en seguida se callaron y los miraron expectantes— veréis, como bien dicen "año nuevo, vida nueva" y Bella y yo este año vamos un dar un paso más en nuestra relación...
— ¡Vais a tener sexo! —gritó Emmett a todo pulmón haciendo que todos se sobresaltasen para, acto seguido, rodar los ojos
— Emmett… ¡idiota! Cállate —dijo Alice en tono amenazante.
— Después de esta interrupción… —dijo Edward mirando mal a su hermano— seguiré a lo que importa —respiró hondo y miró a Bella, que estaba sonriendo sonrojada, no pudo evitar devolverle la sonrisa— Bella y yo vamos a casarnos.
Toda la casa se quedó en silencio de nuevo, y una sonrisa comenzó a curvar cada una de las bocas de los presentes, hasta acabar en una radiante sonrisa que mostraban su felicidad ante ese acontecimiento.
Alice se abalanzó sobre Bella y la rodeó con sus pequeños brazos, en cuanto Rose se acercó para hacer lo mismo, Alice sujetó con fuerza la mano izquierda de Bella para ver su anillo.
— ¿Cómo no me he fijado antes en que llevabas este pedazo pedrusco en el dedo? —preguntó intrigada— ¿Cuánto tiempo hace que lo tienes?
Bella miró a Edward con una sonrisa, en ese momento él estaba recibiendo los consejos de Emmett de cómo hacer que un matrimonio durase, y le faltaba muy poco para estallar en carcajadas ante los consejos de su hermano. Bella se sintió completa en ese momento, tenía lo que siempre había deseado, dos hijas preciosas y perfectas, un futuro marido al que amaba con cada fibra de su ser y una familia a la que adoraba y por la que daría lo que fuese. ¿Qué más necesitaba para ser feliz? Muy sencillo, que todo continuase como lo estaba en ese momento.
— Lo tengo desde la noche de navidad —dijo Bella con una sonrisa.
— ¿Y por qué yo no sé nada de esto hasta ahora? —preguntó Alice indignada.
Bella solo se encogió de hombros y buscó seguridad en la mirada de Edward, no se sentía preparada para lidiar con el mal humor de Alice en ese momento.
— Alice… déjalos tranquilos —dijo Esme con ternura— es su vida y ellos deciden como hacer las cosas.
— Pero… —intentó protestar ella.
— Pero nada señorita —la cortó Esme— y ahora échate a un lado que tengo que abrazar a mi nueva hija.
Bella se dejó envolver por los maternales brazos de Esme, sintiendo ese calor especial que desprendía esa mujer. Esme era tan dulce y tan… madre, que en ocasiones perdía la cabeza y de verdad pensaba que era su madre realmente.
— Gracias cariño —le susurró Esme a Bella en el oído— gracias por traer más felicidad a mi familia.
Bella sintió un nudo en la garganta y las lágrimas luchando por salir de sus ojos.
— ¡Familia! —gritó Emmett— esta buena noticia merece un brindis —dijo entregándole una copa de Champagne a cada uno.
— Por Edward y Bella —dijo Carlisle sonriendo a la vez que alzaba su copa— por una vida juntos llena de felicidad.
— Y de buen sexo ¡ay! Rose —se quejó Emmett tras recibir un nuevo coscorrón.
