SDisclaimer: Los personajes usados acá no me pertenecen.

Advertencias: Yaoi.

.

.

.

Danza entre titanes

Por St. Yukiona

.

.

.

Vorkúta I: La alabanza al caos

.

.

.

.

Vokúta era una ciudad minera situada en la región de Komi en la República Rusa. Esta ciudad se encuentra a 50 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico así que no es sorpresa que Viktor esté con diez chamarras encima y apenas tenga movilidad mientras se encuentra cortando leña para llevarla al interior de la pequeña cabaña. Echa humo por la chimenea y quiere decir que Yuuri ya despertó y seguramente debe estarse preguntando dónde está. Yuuri siempre es un poco más perezoso para despertar, para salir del letargo y poner ambos pies en la tierra antes de empezar con sus labores del día sin embargo se enfada si despierta solo en la cama, y es cuando los pequeños berrinches inician. El moreno nunca ha sido de los que reclaman en voz alta pero sí que ponen morritos haciendo que el mundo gire a su alrededor buscando averiguar qué es lo que les sucede, en ese juego, Viktor es campeón invicto.

No suda pero se pasa la mano enguantada sobre la frente enrojecida como si recogiera su sudor. Mira su trabajo y toma los leñones que ha hecho del tronco, son unos diez, con eso será suficiente. Si necesitan más tendrá que salir pero de momento es suficiente. Camina sobre la vereda que ha limpiado antes y que lleva hasta el pórtico de la pequeña construcción que los resguarda. Sonríe a Yuuri que le devuelve la sonrisa desde la mesa que está acomodando con platos y vasos.

—Lo lamento, salí a cortar leña —anuncia Viktor mostrando la madera y Yuuri suspira acercándose para tomar ésta y llevar algunos trozos al fogón y otro a la chimenea.

—Te he dicho que yo lo puedo hacer, tú no debes estar a la intemperie —murmura Yuuri al tanto que la deja en el piso junto al resto de la leña que tienen como reserva.

Vorkúta tiene su origen en 1932, cuando se abrieron allí campos de trabajos forzados. A partir de la década de los años 30, los prisioneros del Gulag trabajaron construyendo el pueblo y explotando los yacimientos de carbón que existían en las cercanías.

El pequeño poblado había estado envuelto en un sinfín de desastres humanos trágicos como en 1953 cuando un alzamiento de prisioneros dejó una escena de masacre y violencia a su paso cuando el ejército rojo intervino y el NKVD. Después de aquello varios centros de trabajo forzado fueron cerrados y aunque no hubo una intervención como tal de las Naciones Unidas, Rusia prefirió no llamar más la atención en aquel lugar y desde entonces había funcionado como una ciudad minera más. O al menos hasta que muchos habitantes que huían de las operaciones militares cerca del Donbás empezaron a llegar hasta convertirla en una villa más animada y viva que en sus años como centro de detención. Por otro lado tras la llegada de los Kaiju y la destrucción de Moscú con uno de los asteroides, Vorkúta como gran parte de las regiones de Rusia empezó a quedar deshabitada. Aunque en realidad la aparición de Kaiju fue erradicada en su totalidad Vorkúta no pudo recuperar su popularidad ni mucho menos la vitalidad que le distinguió en algún momento, sin embargo, Viktor y Yuuri habían encontrado ahí un remanso de paz momentáneo.

Uno de los encantos de Víctor era saber liársela con lo descuidado que podía llegar a ser Yuri con su cuerpo, desde subir de peso en forma desconsiderada como hacerse lesiones pequeñas por cosas realmente idiotas, y eso que el propio Víctor era el maestro de las irreverencias de la vida; no obstante la desgracia seguía al japonés como la miel era perseguida por las abejas Dentro de un jaeger podía ser un dios unificado pero fuera de él era una historia totalmente diferente. Le costaba entender al ruso como el japonés había sobrevivido tanto tiempo en un ambiente militar donde se peleaba contra enormes monstruos dentro de grandes robots con corazones nucleares sin haberse sacado un ojo o un pulmón como mínimo, aunque conociendo a Yuri, no debía de subestimarlo, era cuestión de tiempo para que encontrara el modo. Sin embargo, de momento, tenían un problema que resolver antes de volver a una base militar.

Ambos se sentaron frente a su pequeña mesa para dos personas donde reposaban dos platos, dos vasos, dos juegos de cubiertos y comida suficiente para ambos. Viktor estira la pierna de la prótesis y siente cierto descanso, Yuuri lo puede ver en sus ojos.

—¿Cómo te sientes hoy? —susurra Viktor al sentir la mirada de Yuuri sobre él.

—Mejor —responde.

El albino trata de encontrar la mentira en aquella afirmación pero no la encuentra y se rasca la nuca.

—Nadie te va a odiar si te tomas más días, Yuuri.

—Pero mientras estamos aquí jugando a la casa probablemente más pilotos están muriendo —rezonga con voz neutra, es una discusión que tienen constantemente desde hace una semana que están en Vórkuta por orden de la mariscal.

Yuuri ha sufrido un trauma craneal cerrado con respuesta moderado durante la caída en medio del atentado en las costas donde fueron rescatados Viktor y él por el escuadrón de Altin, y aunque Yuri Plisetsky se aferró en ser él quien cuidara de Yuuri mientras se recuperaba por completo la mariscal decidió que fuera Viktor el que se hiciera cargo, después de todo, eran cercanos, se conocían y Viktor estaba capacitado para actuar en caso de ser necesario. Viktor recordaba con satisfacción el rostro de odio, rabia y celos del rubio al verlos trasbordar el avión que los llevaría hasta aquella zona segura y remota.

—Te enviaremos alguna postal, Yurio —dijo Viktor mientras se despedía y tuvieron que coger a Yuri de la cintura antes de que se le tirara encima al albino para patearle el culo hasta la muerte. Ahora en Vorkúta a Viktor le queda el tener que ver de cerca la evolución de Yuuri y parte de ello es hacer que se quede ahí mismo, porque conociéndolo es capaz de secuestrar el primer avión, camión o caballo que encuentre y lo pueda llevar hasta el frente de guerra. Porque así es Yuuri y Viktor sabe perfectamente que se siente un inútil.

El desayuno prosigue en silencio y el celular de comunicación de emergencia suena. Viktor le dedica una mirada a Yuuri que se ha tensado en su asiento mirando el dispositivo que descansa sobre la barra que divide el ambiente de la cocina con la sala y la zona donde está el comedor, en el fondo hay un pasillo que lleva a la habitación de Viktor, la de Yuuri y el baño que comparten. Es un lugar pequeñito pero acogedor, perfecto para mantener el calor de la forma rudimentaria que están practicando.

Viktor se incorpora después de susurrar un: "Con permiso", y camina cojeando hasta el teléfono para responderlo y salirse de la casa. Katsuki odia que haga eso pero no le queda más que apretar su cuchara y seguir consumiendo el estofado que logró preparar con los escasos insumos que le quedan. No puede sencillamente ignorar la amenaza que péndula sobre la tierra y él sentado comiendo estofado.

Mira la comida, y el apetito se le ha ido.

Yuuri se la vive en su habitación, a veces sale para hacer compañía a Viktor que lee en la sala cerca del fuego, después ambos entrenan un poco pero es difícil con el frío mordiéndoles las ganas. Algunas tardes se han quedado en silencio mirando chisporrear el fuego y compartiendo el calor de una manta, otras veces más sencillamente han dormido hasta el hartazgo, sin tener que despertar a media madrugada sobresaltados por la alarma de un kaiju rompiendo la tranquilidad.

Ahora mismo, Yuuri reflexiona solo un poco todo lo que ha pasado, lo que ha ocurrido. Sus ojos abriéndose de golpe en medio del viaje del helicóptero mientras un kaiju era atacado sin piedad por un poderoso jaeger, las manos de Viktor aferrándolo contra sí y Yuri mirándolo preocupado de cerca, el rubio sosteniendo un arma con sus manos temblorosas y todo el mundo dando vueltas.

Alguien le decía en aquel momento que iba a estar bien y a él no le quedaba nada más que creerle a esa voz. ¿Pero por qué se lo estaban diciendo? Cuando llegaron hasta los andeles de la base todo era un caos mayor al que recordaba y fue recostado en una camilla y fue llevado hacia la sala médica y fue revisado con ojo crítico por todos los doctores mientras sus oídos aún pitaba el estruendo del kaiju abriéndose paso entre las entrañas de la tierra, y su corazón aún tenía una inyección de vértigo, sobre todo cuando recordó al kaiju y se quiso incorporar para ir a abordar su jaeger y buscar acabar con aquella amenaza, en aquel momento muchas manos le sostuvieron para dejarlo contra la cama nuevamente inmovilizándolo, imposibilitándolo de ir. Viktor observándolo de cerca con ojos preocupado.

Viktor sosteniéndole la mano.

Viktor suplicándole que no lo dejara.

No, nunca más.

Hace abdominales y la cabeza le da vueltas, quiere dejar de pensar en los sucesos de esa noche pero es una reacción en cadena, una vez que inicia no puede parar y recuesta con cuidado su cabeza en el piso. Le dijeron que no se esforzara que guardara reposo y que no hiciera ejercicio pero no puede hacerlo, no ahora. Desde aquel día hasta ese momento han pasado tres semanas: Dos las pasó en observación constante en una sala de medicina del cuartel y la última semana en un pueblo escondido en la fría Rusia. Se supone que un médico irá a verlo en tres días más, darle una valoración para que pueda incorporarse o dejarlo más tiempo en el congelador. Entiende que debe de aguardar hasta recuperarse pues una contusión en su cabeza puede desencadenar una serie de consecuencias en el enlace, consecuencias fatales para él, para su compañero y el resto de las personas, pero es inevitable no querer salir de ese congelador corriendo.

Mira el techo con fijeza.

Después está el asunto con Viktor, que aunque ha mantenido religiosamente su distancia no puede evitar pensar que en la cercanía diaria están recuerdos de memorias aprendidas y vividas juntos. Ninguno de los dos lo ha dicho pero es inevitable no pensar que justamente así era como estar casados, y sería gracioso de referir si es que ellos dos en realidad no estuvieran casados, porque están casados pero no juntos y sus corazones son lío. Son esposos que se besan y se aman pero no pueden estar unidos porque sus ritmos siempre van a diferentes tiempos y las cosas nunca resultan como ellos quieren.

Poco recuerda de lo que ha ocurrido durante la cita antes del ataque del kaiju pero al parecer algo grande paso pues Viktor le insistió por un tiempo en si no recordaba aunque fuera solo un poco de ella. Yuuri creyó que era una jugarreta por parte de Viktor para hacerlo caer en alguna especie de chantaje, sin embargo, tras pedirle que se detuviera de mencionarlo el albino no volvió a aludir aquella salida.

Escucha la puerta de la sala cerrarse. Yuuri se incorpora del suelo y siente un ligero mareo. Aspira por la nariz pues se ha levantado de golpe y ha sido una pésima decisión. Viktor habló mucho tiempo por el celular y seguramente hay noticias de la base, así que no duda en salir a su encuentro, pero cuando abre la puerta de su habitación Viktor está ahí plantado con los ojos llorosos y el corazón temblándole en las manos.

—Vik...

Quiere hablar Yuuri pero Viktor se abalanza sobre él. Lo aferra en sus brazos. Lo cubre con su cuerpo haciéndolo entrar a la habitación. Yuuri no entiende lo que pasa pero lo abraza de regreso porque sabe que Viktor necesita de ese calor que comparten. Viktor está mojado de su ropa y su mejilla se siente fría cuando hunde su rostro contra su cuello y alcanza a rosarle. Le contagia el frío que recogió de fuera y Yuuri lo abraza más fuerte.

Pasa uno, dos, tres segundos y el albino no puede dejar de abrazar al menor con fervor extraño. Quiso disculparse por algún motivo pero Viktor niega y se restriega más contra el menor. Viktor gira su rostro y besa la mejilla ajena, después la nariz y buscó la frente contraria cerrando los ojos para recargarse ahí, sus manos tiemblan y sostienen la cara de Yuuri que sigue sin saber qué ocurre, y aunque la ansiedad ha empezado a reptar lentamente no pregunta, deja que Viktor haga y después hable.

—No fuiste tú... menos mal no fuiste tú... —repite aunque es una obviedad Yuuri cae en cuenta en algo—. No fuiste tú... —vuelve a decir Viktor cerrando sus ojos, en un mantra que susurra en ruso, en japonés, en chino, inglés y español, un método para consolarse a sí mismo—. Por favor... que no te ocurra eso... porque... no fuiste tú... ¿cierto? —lo aprieta por los hombros con más fuerza y Yuri suspira con el corazón contraído pues se imagina que ha pasado y no quiere preguntar quién fue porque seguro también se derrumba y si se derrumba los dos van a estar jodidos.

De alguna manera, verlo así de preocupado por él le deja claro dos cosas: Le importa a Viktor y Le importa Viktor. Porque se le estruja el músculo en su pecho, sabe que alguien ha muerto o ha salido herido y le complace egoístamente a Yuuri saber que Viktor se siente así por él. Se esfuerza por sonreír acercando sus labios a los ajenos, chocándolos con los del ingeniero buscándole hacer saber de una manera más real que ahí está acompañándolo en el inicio del mundo, o el fin, lo que fuera.

—No fui yo... —recita sobre la boca del ruso robándose el aliento frío que se escapa de él ante la risa nerviosa al borde las lágrimas de la angustia y alivio.

El mayor suspira sobre esa boca sin alejarse, abriendo los ojos para encontrarse los avellana que le observan con fijeza y conspiración. Relame sus labios y roza de paso los de Yuuri antes de volverse a encontrar en un beso conflictivo que se derraba voraz. Katsuki entierra sus manos en las frías ropas ajenas y Viktor se deja estrechar aún acunando el rostro de Yuuri, ladeando sus rostros para que sus bocas encajen mejor de lo que ya lo hacen. Siente como tiran de su chamarra y sólo así Viktor logra dejar ir aquella prenda que cae pesada al piso detrás de él.

Un beso se le cuela a Yuuri al cuello y cierra los ojos entreabriendo los labios enrojecidos mientras sus uñas rasgan con impaciencia el otro abrigo que Viktor lleva encima. Viktor escucha el erótico ruido de Yuuri que silencioso acalla cuando aprieta los labios reprimiéndose para no hacerse notar. El albino lo toma como una invitación antes de flexionarse y cargar sin problema a Yuuri.

—¡Viktor! —se queja Yuuri pues sabe sobre la prótesis y debe doler cargar pero al albino no le importa llevarlo hasta la cama, depositándolo con fragilidad movimiento sobre una superficie blanda que se hunde ante el peso de los dos.

Viktor deja una rodilla, la buena, flexionada sobre el colchón y Yuuri se acerca a él para buscar hambriento sus labios. ¿Qué no estaban peleados? No lo saben, afuera nieva y adentro el sol que ambos producen de sus pieles buscándose arde. Las manos de Yuuri se hinca para quedar a la misma altura de Viktor y sus manos se apresuran a quitar un abrigo, el sueter, la camisa de leñador, la térmica y todo lo demás. Sus ropas fueron despojando con presura y Viktor en cambio derriba a Yuuri contra la cama para cogerle el pie y retirarle con cuidado los calcetines. Yuuri siente que enrojece hasta las narices pues hace mucho tiempo que no está en la cama con nadie. Desde que se separó de Viktor no ha permitido la intromisión de forasteros nocturnos por más cabos y superiores que se le insinúan.

Cierra los ojos cuando siente los labios aún fríos de Viktor besar su empeine, ahí donde tiene un tatuaje y entierra sus uñas en las palmas de sus manos. Siente su vientre contraerse y su entrepierna raspar contra sus bóxers cuando lamen la tinta de la piel de su pie antes de dar una mirada y notar como Viktor lo mira cual depredador. Las manos del albino viajan hasta el elástico del pants térmico que usa para deslizarlo, y echar a fuego el deseo que en esos momentos sienten y es lo único que les queda para saberse vivos.

—¿Puedo continuar? —es la voz ronca de Viktor el que lo lleva de regreso a la tierra y Yuuri lo mira sediento, con los ojos oscurecidos por el deseo acumulado así como la nieve que cae lenta y cadenciosa.

Los dedos largos de Víctor parecían saber de memoria el recorrido desde la nuca hasta la espalda baja donde los glúteos del piloto se unían, haciendo que este sólo se estremeciera por la propia anticipación con sus manos encajadas y enredadas en las sabanas lavanda que recubría la cama donde dormía, mojándose las ganas y el deseo de que siguiera. Su deseo endurecido entre sus piernas y la cabeza perdida en un punto blando en medio del desierto de nieve que los rodea. La chimenea sigue airosa proporcionando calor pero lejos de ella se debe sentir un frío que ellos no sienten porque se han sumido a su propio deseo.

—Pensé... pensé que no ibas a hacerlo... —aunque era un comentario en la voz estrangulada sonaba más a una súplica mientras su trasero se alzaba de a poco buscando más contacto, contacto más profundo. Los dactilares de Víctor trataban de hacerse espacio en el interior ajeno mientras la otra mano sostenía la cadera para inmovilizarlo en una tortura que extrañaba.

—No... no lo íbamos a hacer —contesta con la voz igual de afectada por toda la revoltura de sentimientos y reacciones que era en ese momento en que sus ganas empezaba a despertar de a poco dentro de su pantalón, era algo que ocurría cada vez que tenía a Yuuri frente a él en esa forma, y a pasado tanto tiempo desde que lo sostuvo desnudo contra una cama que quiere dar el recorrido largo, asegurarse que está vivo y no en una pesadilla que empezará apenas abra los ojos.

—Viktor... —las caderas de Yuuri se mueven con lentitud extrama, quería sentirlo, absorberlo por completo, sus dientes marcando su cuerpo y sus manos tirando de su cabello. Sus ojos se nublan de a poco. Intoxicado por el placer que sabe está por venir.

—Shh... —pide vertiendo más líquido frío entre los glúteos para facilitar el trabajo. El menor gimotea al tanto el otro abandonaba por completo la actividad sólo para sustituir los dedos por algo mucho más grande que llegaría a una profundidad ideal para abstraerlo de la horrible realidad que los abraza constantemente.

Gime alto y las lágrimas se escurren mojando la almohada, se abre todo en él como una flor en plena primavera, rompiendo con esa abstinencia impuesta.

Jadeos y gritos sofocados empiezan a aflorar cuando de apoco el miembro empieza a ser empujado en su estrecha intimidad que sólo conocía un hombre. Empujándose con más y más fuerza. A Viktor le encantaba cuando empotraba a Yuuri y este parecía negarse a querer hacerlo pues ciertamente el sexo mermaba el rendimiento dentro de las actividades pero cuando era la hora de dormir y veía a Yuri tomando agua en vez de leche sabía que esa noche iba a necesitar de él, también cuando tenía un mal día y necesitaban la reconciliación entre las sabanas. Pero lo que más le gustaba, lo que más le excitaba al ruso, era cuando el japonés parecía tan complaciente y dispuesto a dejarle hacer su santa voluntad: protegerle y amarlo hasta el cansancio. Pero ahora, ahora no es ni una ni otra, es sólo Viktor añorándole y arañando las ganas que se han quedado en noches solitarias tocándose sin cesar esperando satisfacerse. Tan cerca y tan lejos.

Yuuri se estremece al rozar de su próstata que se retuerce si es que es posible, se inflama y espera ser estimulada.

—Em-empezaré a moverme... —anuncia el mayor cuando su pelvis choca de lleno contra el trasero ajeno. Yuuri ni siquiera puede responder debido a la agitación que sentía en todo su cuerpo gracias a las dimensiones que le habían penetrado con delicadeza. Pero a pesar de que la hinchazón amenazaba con crecer aún más debido a las contracciones de aquella intimidad Viktor no se mueve hasta que Yuri, con el rostro clavado en la almohada ahogando ahí el fuerte quejido que había nacido desde su garganta, responde con un suave movimiento separando su rostro de la blandes de la almohada, de sus labios colgaba un hilo de saliva y su vista totalmente sosegada.

La imagen le pareció lasciva al ruso por lo cual sin tardanza empieza a danzar, con los dedos hundiéndose en la pálida piel del japonés, y su boca clavando besos delicados y dulces, haciendo de él un desastre.

El cabello cenizo danzando por todos lados y pegándose a los costados de su rostro y frente. Las caderas arremetiendo contra el cuerpo del japonés que sólo atina a gemir y salivar como animal encelo. Acariciar la piel de su joven amante, recorrerle y sentirle debajo de las palmas de las manos, enterrar las uñas y darse cuenta que era totalmente real, que no había nada de ficticio en ello y que por más que deseara de sentirse así de preocupado no iba a lograrlo.

Nikiforov no se saca de la cabeza las palabras de Mila avisándole sobre el fallecimiento de dos jóvenes pilotos, y le duele porque compartió con ellos mesa en más de una ocasión, sin embargo agradece que no fue Yuuri pero nada le asegura que no vaya a ser él en un momento dado. La vida no la tienen comprada y ahora mismo al que empotraba salvajemente contra la cama, al que ahora mismo giraba para dejarlo de frente a él, con la expresión perdida y los labios entreabiertos, puede morir sin más.

Ama a ese Yuuri vivo, con sus mejillas sonrojadas y el sudor perlándole la frente. De estrecha cintura y caderas firmes. Ese que ya enredaba sus piernas entorno a sus caderas y gemía desflorándose la garganta al llamarlo, pidiendo por más. Al mismo al que le daba complacencia haciendo que la velocidad fuera inmoral al grado que sus testículos, hinchados y listos, golpearan su trasero.

Víctor sigue penetrando mientras que Yuri se toca descaradamente. Su miembro está endurecido a base de pura estimulación y ahora no puede dejar pasar la oportunidad de regalarle una vista a Viktor que lo acompañara por noches enteras. Yuuri masturba su propio falo al ritmo de locos al que estaba siendo sometido, su boca pronto fue ocupada por los dedos de su marido que no conforme con estarlo poseyendo también quería mantenerle la boca llena de él, sus dedos juguetearon con la lengua del japonés que perverso sigue el juego sin problema, enganchando sus ojos en los claros del mayor, sólo para un segundo después saberse tocado en sus pezones por los mismos dedos que estuviese lubricando. Su saliva servía de lubricante para que la presión en sus tetillas no fuera tan brusca, aunque eso no quitaba que el mayor se ensañara con ellas, apretándolas y jalándolas, arrancando nuevos gemidos y jadeos.

—Oh... Yuri... —la ronca voz de Víctor llena la habitación acallando de momento los gemidos del menor que sólo se detuvieron para deleitarse de su parte favorita del sexo, el instante en que su amante gruñía, parecía convulsionar en una fiebre que poco después lo consumía y terminaba por volverse tibia esencia llenando el interior del patinador oriental.

Es un sueño donde las estrellas están detrás de sus párpados que cierra y el mundo le pita en los oídos.

—Mierda... —bufa el japonés mientras eran ahora las manos del ruso que no satisfecho con haber terminado él, cogía el miembro con todo y su mano para empezar la debacle, dándolel a debida atención. El sólo hecho que Víctor lo tocara era motivo suficiente como para correrse, pero el que lo tocara para masturbarlo, era motivo más que suficiente para sentirse en el paraíso.

Gime su nombre tan alto, que el universo contiene la respiración para después dejarla ir en una exhalación profunda acompañando el orgasmo húmedo y cálido que se derraba sobre el vientre que jamás verá vida.

Yuuri sonríe, Viktor parece ido, transportado a otro lugar.

Dos minutos después, Víctor y Yuri se encuentran hechos un revoltijo de semen, sudor y carne, acaramelados el uno contra el otro, regalándose besos íntimos y caricias que no buscaban provocar más sino resarcir el ritmo natural de las cosas.

—Estás muy pensativo, Victor... eras más hablantín después del sexo... —aclara Yuri preocupado mientras que hacía pequeños dibujos amorfos sobre el pecho de su amante. No hay lugar para saber qué pasara después, por el momento quieren mantener la esencia que hay en torno a ambos.

—Sólo... sólo pienso, sí eso me hubiera llegado a pasar... o si te pasará a ti... —le duele más lo último pues era la que tenía una probabilidad de impacto más grande, si él moría no pasaba nada, iba a dormir sin saber nada más del mundo terrenal, pero si Yuuri llegase a morir... probablemente él mismo acababa el mundo sin necesidad de ayuda de los kaiju, es un pensamiento deprimente para después del sexo y lo sabe pero es inevitable.

—Hmp... pues sí eso me pasa... seguiré viviendo aquí —Yuuri deja su mano sobre el pecho de Viktor.

Viktor le mira y sonríe con cierta incertidumbre. Sobre todo cuando ve como Yuuri se incorpora para quitarle el pantalón que se ha dejado puesto. Viktor no opone resistencia y se deja desvestir por completo, pero se queda sin palabras ni sabe cómo reaccionar en el instante en que Yuuri con cuidado de conocedor le quita la prótesis, acaricia su muñón y se vuelve a recostar contra su pecho. Nikiforov recibe a Katsuki entre sus brazos. Besa la cabeza oscura del japonés. Mañana que abrieran los ojos, verían qué hacer con el desastre que han hecho hoy.

.

.

.

¡Nos leemos pronto!

¡Gracias por leer!

St. Yukiona.

Que los ama de pulmón, páncreas y todo lo demás.