CAPITULO XIV

Antes de la Luna

Durante cientos de años se esparció una leyenda entre los practicantes de artes marciales, específicamente de los que adoptaron el Muay Thai como parte de su vida. Esta historia nos contaba las hazañas de un tigre usuario de este peligroso arte marcial, era el mejor y todos los animales en la selva lo respetaban. Un día escuchó de los monos, rumores sobre la llegada del guerrero más poderoso de las tierras lejanas, muchas historias rodeaban a este misterioso luchador, desde un poder y tamaño descomunal hasta lo imparable que resultaban sus mortíferos ataques.

El tigre se desprendió de sus más preciadas pertenencias y abandonó a su tribu para encontrarse con este misterioso guerrero.

Viajó por semanas enteras hasta llegar a un bello Edén, lleno de flores y plantas exuberantes que eran regadas constantemente por el rio Mekong, brindando un hermoso paisaje que invitaba a regocijarse.

Cansado por su largo viaje, el tigre decidió descansar un momento y sin pretenderlo cayó en un sueño profundo. Despertó a media noche, cuando escuchó unos pesados pasos y a la maleza romperse. El tigre se levantó de golpe y por fin pudo conocer al misterioso guerrero, un enorme dragón que estaba preparado para la lucha.

"Escuche que me has estado buscando" dijo el misterioso guerrero y sin mediar más palabras, ambos luchadores se enfrascaron en un combate mortal que se extendió por días. La agilidad del tigre era contrarrestada por la resistencia del dragón y solo el poder podía definir al vencedor.

Tras una semana de lucha, los dos combatientes estaban terriblemente heridos, pero sin negarse a rendirse, durante un breve momento se detuvieron, justo antes del atardecer, ambos se quedaron observándose mutuamente a los ojos, respirando con dificultad. Esta pequeña pausa les permitió observar a su alrededor, el bello jardín en donde se encontraban había desaparecido por completo, dejando únicamente una tierra seca y árida.

Demasiado tarde habían comprendido que su deseo por vencer había acabado con la belleza y la fragilidad del lugar. Ambos luchadores perdieron el deseo de seguir luchando y cayeron al suelo, muertos, dejando un legado de destrucción, mientras el sol moría con ellos y la luna nacía para ver triste como quedaba únicamente destrucción en el desolado lugar.

A modo de recordatorio, hay un solo día cada año en que el sol, al momento de morir en el atardecer, llega a su punto más grande justo antes de desaparecer del horizonte y la luna, apenas naciendo, se asoma tímidamente justo frente a él, reflejando una pequeña esperanza de que después de la muerte, puede nacer nuevamente la vida y la belleza.

Esta era la leyenda conocida como "Antes de la Luna".

Esta historia era contada a los niños que querían aprender Muay Thai, para que aprendieran que había cosas más importantes que ganar a toda costa, pero con el paso del tiempo la historia se iba diluyendo, causando que se olvidara cada vez más.

Sagat ignoraba la veracidad de la leyenda, pero había un lugar en toda Tailandia que encajaba con esta descripción: Sam Phan Bok, un lugar ubicado al norte del país, a orillas del rio Mekong hecho completamente de roca y cuyo nombre significa "tres mil lagos poco profundos".

El gigante tailandés llegó al desierto que estaba más allá del rio y contempló el extraño escenario que se mostraba ante él, Tailandia era conocida por sus enormes y frondosas selvas, por lo que una zona árida era algo increíblemente extraño. Sagat se quedó de pie, sin moverse, mientras su mente rememoraba los acontecimientos pasados.

Habían pasado 6 meses desde que se llevara a cabo el torneo del Guerrero Mundial orquestado por Shadaloo, y muchos eran los rumores del enfrentamiento final que acabó con Bison. Unos decían que la joven agente de la Interpol logro asesinarlo, otro decían que la aparición y la fuerza combinada de dos luchadores con ropas rojas y blancas lo destruyeron y unos pocos mencionaban la sorpresiva llegada de un misterioso guerrero oscuro con un mortal ataque final.

Sea cual fuere la respuesta, Shadaloo había caído, se arrestaron a los principales cabecillas y las bases esparcidas alrededor del mundo habían sido desmanteladas. Todo volvía poco a poco a tomar su lugar… excepto Sagat.

— ¿Así que el tigre del Muay Thai no cayó junto con Shadaloo?

Una semana después del torneo, Dhalsim se encontraba frente a frente a Sagat, batiéndose en duelo, solo como los luchadores podían hacerlo.

— ¿Decepcionado?

—Si…

Sagat arremetió contra el maestro del yoga, interrumpiendo su oración y logró conectar su poderosa patada. Dhalsim retrocedió unos pasos, recuperándose rápidamente.

—…Pero de haberte unido a Shadaloo en primer lugar.

Las palabras tomaron por sorpresa al gigante, que también le generó oprobio esa situación. Dhalsim aprovechó el momento de duda para continuar el combate estirando su puño para golpear a Sagat en el rostro de manera sorpresiva.

—Has cambiado, rey del Muay Thai…

Sagat realizó un contundente contrataque que culminó con un puñetazo en la cara de Dhalsim, que cayó al piso debido al impacto.

— ¿En serio?

—… Pero para bien ¿Qué te llevo a cambiar?

Sagat cerró su puño lentamente.

—Ahora que el torneo acabó, puedo ver que tan ciego he sido… estaba obsesionado buscando vengarme de Ryu por dejarme esta cicatriz que permití que la furia y el odio fueran mi combustible al luchar— Sagat alzó la mirada al cielo—Olvide que el honor de pelear contra oponentes dignos y llevar al límite mente y cuerpo son toda la motivación que un verdadero campeón necesita.

Sagat dio media vuelta, dando la espalda a Dhalsim.

—Desperté de mi antigua locura, entrenare y continuare hasta volverme más fuerte, no por venganza, sino por mi propio bien— Sagat giró, esperando una respuesta de Dhalsim, pero el guerrero Hindú ya no se encontraba ahí, algo que el tailandés ya esperaba, pero aun así no pudo contener una sonrisa, dio un fuerte respiro y siguió con su entrenamiento autoimpuesto, perfeccionando ataques ya conocidos y preparando nuevas técnicas —Nos volveremos a ver Ryu, y será en verdad la más grande batalla de la historia.

— ¡Sagat!

La voz regreso la mente de Sagat. Ryu había llegado por fin.

El luchador japonés dejó caer en el terroso suelo su acostumbrada bolsa que llevaba en todos sus viajes, se colocó sus guantes color marrón y apretó aún más el cinturón negro que tenía cuatro kanjis que formaban la frase "rápido como el viento, silencioso como el bosque, agresivo como el fuego e inamovible como montaña".

Sagat dio vuelta y notó que la apariencia de Ryu había cambiado un poco después de todo este tiempo, ya no era aquel jovencito, ahora era todo un guerrero curtido, su masa muscular se había incrementado, su cabello se había oscurecido un poco, su mirada mostraba un carácter mucho más frio, más serio y la cinta blanca en su frente la había cambiado por una color rojo.

—Sabía que encontrarías este lugar.

—Me contaron la leyenda cuando era joven, y escuche rumores que se trataba de este lugar.

Sagat tenía los brazos cruzados, como muestra de superioridad, Ryu amarró con fuerza la cinta roja en su cabeza y el sol se hacía cada vez más grande en el horizonte, mientras las oscuras nubes se movían a gran velocidad por el extenso desierto, en donde predominaban los colores cálidos, el marrón, naranja y rojo, generando un espectáculo visual único en Tailandia, en donde los verdes y azules de la vegetación predominaban en todo el país.

Sagat adoptó la posición de combate al igual que Ryu y se quedaron inmóviles por varios segundos, estudiando y analizando a su contrincante. Sagat podía sentir como su respiración se alteraba y las venas de sus puños resaltaban cada vez más, por otro lado Ryu mostraba una mirada fría, carente de emociones, su cuerpo subía y bajaba de forma casi imperceptible al ritmo de su respiración.

"Maldición" Era el pensamiento que se formaba en la mente del Tailandés, las gotas de un sudor frio se deslizaban por su frente a la vez que tenía que abrir sus puños y ventilarlos para que el sudor de sus manos se disipara y no generara ningún problema. Había esperado tanto este momento, la oportunidad de vencer al luchador que lo dejó cicatrizado y el miedo había llegado de forma tan súbita ¿Qué tal si todavía no estaba listo? ¿Y si era derrotado nuevamente? ¿Todo lo que tenía era suficiente?

No era el momento para dudas, aclaró su mente y se precipitó al combate.

Ryu esquivó con facilidad los primeros puñetazos que Sagat lanzó sin control pero con gran fuerza, dio un giro sobre sí mismo y atacó con una mortífera patada sobre la cual el luchador japonés saltó sin problema alguno. En el aire Sagat intentó golpearlo, creyéndolo vulnerable, pero fue sorprendido por la patada huracanada de Ryu, "Tatsumakisenpukiaku" que conectó tres veces en su cara antes de caer al piso.

Apenas habían pasado 30 segundos y ya estaba perdiendo la batalla.

Ryu no tenía ninguna intención de ser derrotado, preparó su proyectil de energía y al grito de "Hadoken" liberó la espectacular bola de fuego azul que se movía a gran velocidad. Sagat, sin tiempo de pensar preparó su proyectil tigre y lo arrojó con ambas manos, impactando a centímetros de él contra el hadoken del guerrero de keikogi blanco. La explosión de energía luminosa fue espectacular, hasta que Ryu salió de en medio de ella ejecutando una patada voladora con su pierna izquierda que agarró a Sagat con la guardia baja, golpeándolo y arrojándolo por el polvoso terreno.

El gigante tailandés se levantó, pensando que la distancia generada podría ayudarle a recuperar el ritmo del combate, pero un hadoken que estalló justo en el piso frente a él le negaba la oportunidad de recuperarse.

Sagat cayó al piso, todo estaba borroso y no podía escuchar sonido alguno, su único ojo solo podía distinguir la silueta rojiza del sol que estaba siendo cubierto por las oscuras nubes y su mente amenazaba con cerrarse ante la cálida y segura oscuridad.

— ¿Por qué peleas?

Sagat estaba nuevamente en Tailandia, enfrentando a Dhalsim.

— ¿Es por tu ego? ¿Es por Shadaloo? ¿Tienes una causa noble a la cual defender?

Sagat miró como el maestro del yoga lo sermoneaba, le causaba gran incomodidad pero no tenía una respuesta para él.

—La respuesta no me la tienes que dar a mi… te la tienes que dar a ti mismo.

Sagat miró sus maltratadas manos y levantó la vista solo para ver que Dhalsim nuevamente había desaparecido.

—No puede ser que el gran Sagat haya perdido tan rápido.

Giró su cabeza y vio a la joven Sakura, y detrás de ella estaba Chun-Li y Guile… y había otra sombra… era aquel misterioso soldado… Charlie.

— ¿En serio este era el gran guerrero que esperaba derrotarme?

—Incluso yo le di una paliza.

Dan apareció frente a él, dando saltos y jugueteando con técnicas ridículas de lucha.

—Cada vez te vuelves más débil.

Eagle lo sorprendió por la espalda.

—Acéptalo Sagat, eres un perdedor, sin mi eres nada.

Bison se teletransportó justo frente a él.

—Eso… no… es… —Sagat sintió como la furia se apoderaba de él nuevamente, pero la enfocó toda en su puño y golpeo a Bison con todo ese poder acumulado —… ¡Cierto!

Sagat despertó, giró sobre sí mismo y de forma instintiva ejecutó sin pensar su nuevo movimiento especial: "El genocidio tigre" golpeando de forma fortuita al luchador japonés con una combinación de su "rodillazo y uppercut del tigre". Sagat cayó al suelo con gracia y luchaba por controlar su respiración, todo había sido un sueño, una alucinación sin importancia… ¿o no? Las dudas en su interior parecían presentar una batalla tan intensa como la que estaba sosteniendo con Ryu y un recuerdo del sueño se había alojado en su mente… ¿Por qué luchas?

Ryu se recuperó rápidamente y ejecutó una serie de patadas que el gigante tailandés apenas podía esquivar con dificultad. El japonés lo abrumaba con sus ataques pero, aunque no lograban conectar ningún impacto, si estaban cansando a su rival que ya empezaba a jadear. Sagat, consciente de esto, sujeto a Ryu de su keikogi blanco y lo arrojo por los aires, lejos de él.

Sagat cayó de cuclillas y su mano tocó el suelo mientras que la otra era llevada hacia su pecho, justo donde estaba la enorme cicatriz. Podía sentir como esta resaltaba al tacto y por un instante su mente lo llevó de nueva cuenta al momento justo en el que quedó marcado, podía saborear la sangre, el dolor y la humillación. Recordaba cada segundo de aquel encuentro, en el que luchaba por nada más que su ego. Ya había peleado por orgullo, por furia, por odio, por venganza, incluso por capricho de otros, ¿Por qué peleaba justo ahora?

Ryu nuevamente preparaba una bola de fuego que Sagat decidió evadir en el último segundo, se levantó, con su mano aun en la cicatriz, el guerrero japonés decidió atacarlo por el aire, cayendo con un poderoso puñetazo, que apenas pudo ser esquivado por el gigante… que aún tenía la mano en su cicatriz.

Sagat podía sentir como el odio lo motivaba nuevamente, pero esta ocasión era diferente, en lugar de ser consumido por él, le daba dirección, lo moldeaba y le daba un propósito. Enfocó toda su energía en su mano y la cerró, encapsulando todo el poder en su puño, que resplandecía con líneas de energía en una tonalidad anaranjada.

Ryu se percató demasiado tarde, aunque trató de mantener la distancia, Sagat lo sorprendió nuevamente con el uppercut del tigre, pero maximizado con el poder de su furia bien dirigida.

El japonés apenas podía levantarse de aquel golpe cuando el gigante tailandés ya estaba atacándolo nuevamente, ahora con un devastador codazo en el cráneo seguido con un gancho que lo levanto del suelo y continuó con un poderoso rodillazo que lo alzó aún más por los aires, aprovechó estos segundo para que sus manos se llenaron de energía, fulgurante y resplandeciente, que aprovechó para golpear a Ryu durante su caída y finalmente lanzarla en forma de un formidable proyectil tigre que impactó completamente en el cuerpo del japonés, que salió despedido violentamente por los aires, como si fuera un muñeco de trapo, cayendo a varios metros de Sagat.

El gigante observó la nube terrosa que levantó el cuerpo de su oponente al caer, estaba exhausto pero satisfecho, no creía capaz de repetir una demostración de poder como esa, cuando vio una silueta levantarse de en medio del polvo.

Su blanco keikogi ahora estaba completamente sucio y roto en la parte superior, mostrando su torso herido, la sangre corría por su frente y apenas parecía sostenerse en pie, pero Ryu parecía esbozar una sonrisa, amarró con más fuerza su cinta en la frente, quizá para evitar mas sangrado y nuevamente adoptó la posición de combate.

Sagat estaba completamente sorprendido, había dado lo mejor de sí y su oponente aún seguía en pie, no podía creerlo. Pero su mente nuevamente lo transporto al pasado, a aquel fatídico encuentro primero. El castigo que Ryu había soportado fue inhumano, pero se había negado a rendirse, al igual que ahora. Este era exactamente el mismo oponente que lo había derrotado, era el sobre quien debía alzarse victorioso.

Sagat también sonrió y corrió hacia Ryu, que también empezó a correr.

El combate se intensificó, las partículas de polvo saltaban con cada movimiento de los guerreros y las gotas de sudor se mezclaban con la sangre a cada golpe.

El sol había llegado a su punto más crítico, mostrando un gigantesco perímetro que, incluso las nubes, era imposible cubrir, un espectáculo casi tan sorprendente como el combate que se llevaba a cabo frente al astro rey.

Sagat golpeó con su rodillazo tigre, logrando que Ryu retrocediera, pero algo inusual ocurrió, Ryu formó su bola de energía, pero en lugar de crear una esfera azul, era color dorado, como si se tratara de un pequeño sol, una energía brillante que lanzó a gran velocidad, una verdadera bola de fuego que estalló en llamas al impactar en el cuerpo de Sagat, derribándolo de forma inmediata.

El golpe fue duro pero en menos de un segundo las llamas se extinguieron completamente, no era fuego real, no causaba quemaduras, pero si era un impacto doloroso, Ryu, al igual que Sagat, también tenía guardadas algunas sorpresas.

El gigante tailandés se levantó y observó a Ryu, ambos oponentes sabían que se acercaba el final de la lucha, que debían darlo todo en este, el asalto final, que determinaría al vencedor de la contienda.

Sagat nuevamente llevó su mano hacia su cicatriz y rememoró de nueva cuenta aquel momento, controlando y manipulando su ira, convirtiéndola en energía para no perder y nuevamente su mano se llenó de poder, mientras Ryu cerró sus ojos abrió sus manos, aspiró profundamente y tras estar completamente inmóvil por un momento, abrió sus ojos, cerró sus puños y dio un fuerte paso frente a él, levantando grandes cantidades de polvo y su mano derecha se llenó de la misma energía azul que usaba para formar su Hadoken, la absorbió completamente hasta que desapareció, dejando un leve vapor azul y rastros de electricidad.

Ambos oponentes se miraron, sin notar que la figura de la Luna se había formado en el horizonte mientras luchaban, quedando exactamente frente al moribundo sol.

De forma súbita corrieron y antes de la inminente colisión ambos ejecutaron sus movimientos especiales, el uppecut del tigre y el puñetazo del dragón se conectaron en el aire, liberando todo el poder acumulado, formando un impresionante flash luminoso que dejó en blanco aquel escenario. Por un momento la leyenda cobro vida y si alguien hubiera estado presente, atestiguando aquella batalla, hubiera afirmado que quienes pelearon no fueron personas, sino los seres de aquella leyenda tan antigua que volvían a medirse entre ellos para determinar quién era el verdadero vencedor.

Pero a pesar de la espectacularidad ellos seguían siendo humanos, tenían límites y ambos parecían haber alcanzado los suyos. Tanto Ryu como Sagat cayeron pesadamente al piso, inmóviles, inconscientes, al menos en apariencia. Ryu se levantó lenta y dolorosamente, temblaba y le costaba mantenerse en pie, pero a pesar del dolor se acercó al cuerpo inerte de su oponente.

Poco a poco el gigante tailandés recuperó la conciencia, solo para ver a Ryu erguido justo frente a él. No podía creerlo, lo había dado todo, superando incluso sus propios límites y no había logrado prevalecer, Ryu seguía siendo superior. Sagat ni siquiera notó la mano extendida frente a él y al tratar de levantarse sintió un terrible dolor que le impidió ponerse de pie, obligándolo únicamente a sentarse en la tierra.

Ryu quedó de pie junto a él, mirando al Sol morir y a la Luna alzarse sobre el cielo nocturno.

—Te agradezco este combate Sagat, estoy impaciente por nuestro próximo encuentro.

— ¿De que estas hablando? Demostraste ser superior a mi ¿Acaso de estas burlando?

Ryu guardó silencio por un momento, sin quitar la vista del horizonte.

—Todavía no soy un maestro, Sagat, solo soy alguien que sigue aprendiendo, alguien que disfruta luchar y que aprende algo nuevo de cada combate —Ryu bajó su mirada, dirigiéndola hacia Sagat —La gente se comunica por medio de su voz, del canto o del arte, nosotros nos comunicamos por nuestros puños, nuestros miedos, nuestras dudas e inseguridades, están ahí, en cada golpe que damos y recibimos, así es como vivimos, como aprendemos, como crecemos.

Ryu tendió nuevamente la mano hacia Sagat, que opto por aceptarla y levantarse.

—No lo entiendo, luche como nunca pero tú sigues y sigues.

—Tus puños estaban desesperados en no perder, pero nunca estuvieron enfocados en ganar, y aun así me llevaste al límite, y por eso siempre estaré agradecido.

Ryu hizo una reverencia al estilo japonés, Sagat estaba sumamente confundido pero también imitó el acto y se inclinó.

—Tienes razón, he peleado por diferentes motivos y hasta el día de hoy me di cuenta de lo vano que fue todo, de lo vacío que he estado, yo solía pelear por gozo, el placer de la lucha y planeó volver a hacerlo.

—Y estaré esperando nuevamente ese combate Sagat, cuando ambos hayamos aprendido cosas nuevas que nos permitan continuar luchando. Recuerda, la derrota, la victoria no importan, lo que importa es el combate.

Ambos oponentes se miraron de forma desafiante, sabían que nuevamente se enfrentarían y lo darían todo en el campo de batalla, y no podían estar más emocionados.

—Una última cosa Ryu… ¿Has escuchado de un guerrero llamado… "Akuma"?

Ryu quedó completamente atónito, se diría que casi asustado, mientras la oscuridad de la noche cubría completamente aquel inusual desierto y las nubes ocultaban la luz de la Luna.