Pasaron los días y el plan de George para quedarse con la herencia de nuestro príncipe iba marchando bien, el veía como el patriarca firmaba documento tras documento, el joven se sentía una vil basura por traicionar la confianza de aquel hombre que lo consideraba como a un hijo quien lo había ayudado a salir de ese hoyo en el que se encontraba cuando fue adoptado por la familia Andrew, conforme se acercaba a su objetivo a George se le oscurecía cada vez más el corazón, en ocasiones los remordimientos lo hacían plantearse si en verdad vale la pena realizar actos tan bajos para alcanzar una felicidad cuya base es la deslealtad.
En la colina de Pony se encontraba una Candy con el corazón latiendo apresuradamente por que sabía que vería a su príncipe y no estaba equivocada, precisamente en ese instante en el que veía ese cielo azul con nubes blancas apareció de repente frente a ella muy cerca de su cara ese rostro hermoso que tenía los ojos más bellos que ella había visto y no pudo hacer otra cosa que sonreír de manera amplia mostrando su felicidad a la vida y dijo en un suspiro:
—estas aquí... Príncipe
A Will se le subieron los colores al rostro por volver a escuchar ese sobrenombre que si bien no le molestaba si lo incomodaba por que ser llamado de esa manera era un tanto cursi pero decidió olvidar ese pequeño inconveniente por que nadie había escuchado que lo llamaban de esa forma y de algún modo sería un secreto solo de ellos dos, después sonrió con timidez y contesto —hmmmm no soy un príncipe
—¡oh! Que rato pareces un príncipe
—¿por qué lo dices?... Acaso has visto alguna vez a un verdadero príncipe
—si muchas veces... En los libros de cuentos que la hermana María nos lee por las noches antes de dormir
—¡oh! Pero pequeña los cuentos son solo eso cuentos
El príncipe se atrevió a decirle pequeña a la diminuta Candy lo que ocasionó cierta inconformidad en la niña y se levantó con cierta inconformidad para medirse con el cuerpo alto y atlético de Will para demostrarle que no era tan ¡pequeña! La rubia al ver que estaba fracasando en su cometido decidió pararse de puntitas para de algún modo no quedar tan bajita al lado de su príncipe aprovechando que él estaba distraído viendo unas ardillas que corrían por el bosque y la niña dijo con suficiencia —ves no soy tan pequeña casi te llegó a los hombros
—si, aunque te faltan todavía como cinco centímetros... Sabes te recordaba más bajita
—pues ya ves que no es así... Y cinco centímetros es casi nada
El príncipe sabía que había algo que no cuadraba porque recordaba perfectamente que su ángel estaba más exquisita la última vez que la vio y una persona no puede crecer tan rápido en tan poco tiempo así que decidió observarla a conciencia y pudo dar con el detalle de sus pies que estaban de puntitas y sin poderlo evitar río a carcajadas mientras le acariciaba las mejillas sonrojadas a Candy y dijo —eres astuta— despues con cierta coquetería mencionó— me gusta que seas ingeniosa
Candy al ser descubierta sintió cierto pesar pero al ver como su príncipe se reía intento enojarse pero no pudo en vez de eso empezó a reírse con él, pero después de que él mencionó que le gustaba su forma de ser, la niña se inundó con una felicidad indescriptible, cuando Will le dió un beso en su naricita respingada a ella se le sonrojaron las mejillas, siempre era Candy quien le daba besos al joven Andrew sin saber lo que sus labios inocentes provocaban en él, pero ahora que era ella a quien besaban no pudo evitar sentirse sin voluntad y dispuesta a todo con tal de hacer feliz a su príncipe.
Más tarde en la mansión Andrew se encontraba Luisa despidiéndose de su amiga Rosemary —gracias por invitarme a tomar el té
—no hay de que, ya sabes que eres bienvenida
—me retiro y otra vez gracias por tu amabilidad
—ya Luisa... Por cierto George se encuentra en el despacho, por si quieres saludarlo
—si, creo lo voy a saludar... Ya tiene días que no lo veo
—es normal en él, aveces desaparece
Con una sonrisa Luisa se alejó de Rosemary para después deshacerse de su chaperona y de esa manera poder encontrarse con George sin testigos, al abrir la puerta pudo vislumbrar al hombre de sus sueños, risueña se dirigió hacia él para adueñarse de sus labios y preguntó —como van nuestros planes
George correspondía a las atenciones de la dama mientras contestaba —bien... Pero no crees que estamos siendo muy extremos
—no... ¿por qué dudas? Sabes que no le haremos daño a nadie, yo aprecio a tu familia
—por que sería un robo
—no... Más bien serías el albacea de la familia Andrew, solo necesitamos el apellido por su prestigio y su poder. Ellos van a vivir como reyes gracias a tu trabajo y el mío porque yo jamás te dejaría solo con las responsabilidades de llevar un imperio como lo es la fortuna Andrew
—mas sin embargo no me siento orgulloso de lo que estoy haciendo
—ya verás que cambiarás de opinión cuando estemos casados y tengamos nuestra propia familia
—eso espero, que en verdad valga la pena
—por cierto ¿cómo sigue tu mamá?
—mucho mejor
—fue desconcertante que se haya desmayado repentinamente
—no... En realidad ella está muy enferma
—¿ qué tiene?
—no se sabe a ciencia cierta... Pero con el paso del tiempo su cuerpo se deteriora y no sabemos como ayudarla, es frustrante no ver mejorías en su salud
—esta desahuciada
—¡no! Sí, quizás... —con un nudo en la garganta George contesto —mientras este viva hay esperanzas
Con una sonrisa maliciosa Luisa contesto —pero si se muere sería un estorbo menos para nuestros planes
Cuando el joven escuchó estás palabras deshizo el abrazo de Luisa para alejarla abruptamente de él, sus ojos que contenían amor ahora eran fríos como dos témpanos de hielo, sentía que le hervía la sangre al saber que a esa mujer que consideraba su madre le deseaban la muerte, con la mandíbula tensada se dirigió a la dama que tenía en frente —sera mejor que te vayas
La señorita quería encararlo, pero al ver tanta determinación por parte de George decidió no contradecirlo, su sexto sentido le indicaba que no debía tensar más la cuerda por que si lo hacía la rompería y todos los avances que habían logrado se derrumbarian, decidió mejor poner una cara de arrepentimiento y pedir disculpas mientras se despedía dándole un beso en la mejilla de la cara inexpresiva de su amado que no correspondió ante su acto de paz, él en cambio se mantuvo firme. Luisa salió del despacho dejando a un George aún más confundió, pensando si realmente podría apoderarse de lo que le corresponde a Will, y si él podría alcanzar la felicidad formando una familia con Luisa, la familia que no tuvo cuando él era niño.
Continuará...
